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And now we're four ― Privado

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And now we're four ― Privado

Mensaje por Noëla Coster-De Haes el Jue Oct 19, 2017 10:44 am

Octubre 22. Irlanda.

Me siento como una vaca. ―empezó Noëla Coster-De Haes, arrellanándose una vez más en una de las sillas del comedor. Era la segunda vez que buscaba acomodarse en menos de cinco minutos. No hallaba forma de sentarse desde la noche anterior, y eso no conseguía más que sacarla de sus casillas. A pesar de que ello duraba poco más de diez minutos. Ya no era cuestión de hormonas como en los primeros meses de gestación, en ese momento se trataba más de hacerle guiños a la tranquilidad para no tener complicaciones en las últimas semanas. Ironía en estado puro, de la más fina que involucraba a la belga y al sosiego en una misma oración. ―¿Sería canibalismo? ―en su derecha sostenía un tenedor con un trozo de Rochefort a medio comer, dibujando un vaivén frente a sus labios. ―Quiero decir, estoy comiendo queso, tomando yogurt y siento que estoy convertida en una vaca. ―tan descomplicada como siempre, tan poco canónica dentro de las mujeres embarazadas. Y, sobre todo, tan famélica que iba ya por la tercera ración de su desayuno siendo ya media mañana.

Sus labios, curvados en una naciente sonrisa ladina; sus hombros, encogidos en gesto pícaro. ―Lo cual te convierte a ti en el toro. ―apuntó a Robert con el tenedor como si se tratase de un arma. Extraño, pensó la mestiza. Extraño que, luego de casi treinta semanas en descanso, no recordase cómo sostener una cuando su vida hubiera dependido tanto de ello hacia menos de un año. Ingrato el tiempo que pasaba como si nada, como si los mortales no merecieran otra cosa que efímeros guiños de minutos. ―Aunque con ese cabello tan largo no estoy muy segura. ―dirigió la diestra hasta sus labios, acabando con lo que quedaba del queso.

Una sonrisa, más inocente, se dibujó en su rostro de oliva. Una sonrisa mientras recordaba cómo se hubo despertado durante la madrugada con acuciantes ganas de probar el queso con el que su madre solía despertarlos a su mellizo y a ella durante las festividades navideñas. A ella, a Ragnor y luego al pequeño Henrik. No quiso despertar a su prometido, no quería actuar en un gesto egoísta y durante varios minutos se regañó que aquel antojo era mental. Que no se trataba nada más que de una treta de su subconsciente que se encontraba jugueteando con las memorias que atesoraba. Y así pasó más de diez minutos, regañándose y observando, devota, cómo el pecho del irlandés subía y bajaba con un ritmo que en lugar de arrullarla la hacían sentirse afortunada. La más afortunada de todo el planeta. Mas no pudo soportar los veinte minutos. Al cabo de unos cinco más, sintiendo su boca hecha agua tuvo que despertar a Robert y encargarle su nuevo antojo.

Y ahí estaban, comiendo queso belga a media mañana. ―¿Crees que parezco una vaca? ―preguntó con seriedad.
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Re: And now we're four ― Privado

Mensaje por Robert D. McKinnon el Jue Oct 19, 2017 11:19 am

Las horas en vela habían sido un síntoma muy acusado en los últimos meses y no precisamente porque Noëla lo mantuviese ocupado hasta cuando necesitaba dormir, sino más bien por la necesidad de compaginar un trabajo con todo el trabajo de una casa que precisaba, en cierta medida, de un control y una organización a la espera de la acogida de algo grande que estaba por acontecer en la vida de ambos. Bélgica e Irlanda se habían unido no sólo en un amor fruto del tiempo vivido, sino por la unión de un corazón que ambos llevaban años queriendo jurarse al otro. Y eso, ataviado a la ansiedad de no saber exactamente cuándo iba a suceder todo mantenían la cabeza del auror completamente ajetreada y sin amueblar. Todavía necesitaba tiempo no para lo que estaba por venir, sino por lo que estaba por llegar.

— Canibalismo será cuando no tengamos tiempo ni para nosotros y acabemos rendidos por las noches, ahí no te vas a ver de otra que queriéndome comer. — indicó el irlandés, notando por primera vez lo que aquello significaba y el doble sentido que podían llegar a tener sus palabras — Es decir... bueno, ya me entiendes, no me explico muy bien. — a fin de cuentas Robert no era muy dado a soltar cuestiones de aquel tipo y todavía se avergonzaba de siquiera insinuar acciones que no se le habían pasado por la cabeza más cuando la necesidad obligaba. Y tanto que obligaba porque los caprichos de aquella que tenía delante y que seguía brillando con luz propia, iluminando sus mañanas, tardes y noches, lo llevaban por una calle que pese a no ser amarga si costaba transitar. Más no obstante no dudaba ni distaba en ninguna de sus ensoñaciones, tratando por todos los medios de darle un embarazo lo más socorrido y cómodo que podía, tanto por tiempo como por disponibilidad. Ragnor había hecho efecto y su ayuda, sin duda, había sido encomiable. Y lo seguiría siendo.

Frunció el ceño, recorriendo la cocina con prisa, dejando nuevamente una bandeja cubierta con el queso que ella quería esa mañana y degustando lentamente el trozo que se había llevado por completo a la boca, devorándolo con gusto — ¿Tengo pinta de querer embestirte? — nuevamente el rubor acudió a sus mejillas, sacudiendo la cabeza y, por ende, su cabello que se alborotaba en un flequillo rebelde que no parecía tener muchas ganas de quedarse fijo en su lugar — Hoy no es mi día, definitivamente no es mi día. — susurró, dejando un leve beso entre risas en la coronilla de Celaena, la cuál parecía disfrutar no sólo del queso sino de la situación. Había tomado por costumbre observarlo de mientras dormía y en más de una ocasión había sentido la atenta mirada de ella cuando el despertador sonaba. La alarma cautelosa que lo despertaba y le recordaba todos los días que debía ponerse en funcionamiento, más acusada cuando el antojo llamaba a la puerta de uno de sus más preciados tesoros — No pareces una vaca, ni nada por el estilo. — hizo una pausa, pensando sus palabras por no querer salir mal parado de la escena pintoresca que aquella mañana se vivía en la casa de los McKinnon — Tu cuerpo lleva meses acomodándose para eso, es normal que se ensanche un poco, volverás a tu figura cuando todo pase. — indicó, sin estar muy convencido del todo — ¿O acaso yo parezco un fantasma a causa de mis ojeras? O un toro... — rodó los ojos, sacando varios trozos de porcelana que conformaban la vajilla de la casa, haciendo las veces de amo de casa conforme la mañana avanzaba, tranquila como siempre.

No era raro recibir la visita contigua de los padres de ella, que curiosos observaban el trato que en la casa se llevaba diariamente. Sin embargo todo parecía estar más tranquilo que de costumbre. En el exterior el Sol despedía diferentes retazos de luz entre nubes que se sentían vaporizadas, y un ligero cantar de algún que otro pájaro rezagado animaba el resto de la casa — ¿Cómo te sientes igualmente? Es un no parar continuo, y supongo que no te ha dado tregua en ningún momento. — comentó, acercando la palma de su mano al vientre de ella, embobándose por el latir y el pataleo de algo en el interior que también daba los buenos días.
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