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The road to Majorca V — Eli

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The road to Majorca V — Eli

Mensaje por Heimdall R. Fitzgerald el Vie Sep 15, 2017 12:47 pm

"La última noche" — Night — Cala d'Egos

Un verano entero, en familia, los tres solos. No fue un camino de rosas, hubo tantas discusiones que se perdió la cuenta, y se abusó tanto de los vetos que finalmente decidieron anular el sistema. Heimdall mudaba de piel constantemente, por culpa de sus siestas sobre la arena y bajo el sol, mudó a una tonalidad rojiza durante gran parte de la estación. Exploraron la isla y los alrededores, quemaron hogueras en la costa y conocieron a un grupo de magos españoles bastante simpáticos. Los celos estuvieron presentes durante todas las vacaciones, alternando entre un amigo u otro, sin decidirse del mismo modo que la muchacha en medio de ambos. James se derrumbó en más de una ocasión, quiso marcharse y quiso contar la verdad a Elizabeth, aunque Heimdall le persuadió a base de extorsiones y promesas vacías, como llevaba haciendo durante dos años.

Nada malo superaría lo bueno. Heimdall fue feliz, sintiéndose acompañado durante cada día, sin extrañar la privacidad o el espacio personal, siempre influido por su fundamentado temor al abandono. Echaría de menos la bella cala que escogieron como hogar, la tienda de campaña, el mar mediterráneo; Por suerte lo mejor, la compañía, seguiría junto a él. —Tantos recuerdos en esta playa..— dejó ir con semblante melancólico, añadiendo un último leño a la hoguera que posteriormente encendió con magia. —¿Recuerdas la tercera semana, cuando me retaste a beberme un pack entero de cervezas?— preguntó. Sus pasos le guiaron hasta unas rocas sobre la orilla, el mar arrastró una ola que le mojó los dedos de los pies. —Vomité aquí— recordó jocoso, señalando la mayor roca, cubierta de moho.


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Re: The road to Majorca V — Eli

Mensaje por Elizabeth H. Wellesley el Vie Sep 15, 2017 1:26 pm

Parecía increíble lo pronto que había pasado el verano, aquellos tres meses, que según Elizabeth se harían largos y cansados, se había esfumado en un abrir y cerrar de ojos. Sin duda había sido una de las mejores vacaciones de su vida, había reído hasta llorar, había cantado hasta quedarse sin voz, había saltado y jugado con el agua cual niña pequeña invadida por la ilusión, había formado castillos de arena junto a Heimdall, había conocido lugares nuevos e increíbles pero, sobre todo, había conocido sentimientos inexplicables. También había aprendido a tocar algunas notas con la guitarra del irlandés e incluso había sentido cierto interés por temas que antaño no creía ver importante.
En definitiva, unas vacaciones sensacionales, increíbles, únicas. Rodeada de personas maravillosas, extraordinarias y llenas de alegría. Era precisamente eso lo que Elizabeth necesitaba en su vida, alguien que le proporcionara felicidad, buenos momentos y, sobre todo, paz.

Contempló fijamente las llamas que avivaban la hoguera mientras recordaba brevemente los mejores momentos del verano. Sonrió y asintió a las palabras de su amigo, estaba completamente segura que nunca olvidaría aquella hermosa cala donde había pasado por todas las emociones existentes. -Intento borrar esa imagen tuya de mi cabeza, es lamentable- bromeó y vaciló mientras acortaba distancia entre el joven. Dejó que sus pies se enterraran sobre la arena una vez frente a él, alzó la mirada y fingió estar pensativa. -Prefiero quedarme con aquel momento en el que aquella chica te dio calabaza- rió con crueldad y dejó caer una mano sobre su hombro en modo de consuelo -Admite que te salió mal la jugada. Creías que así me joderías la noche pero, en realidad, me hiciste reír mucho- añadió de forma divertida retrocediendo los pasos que segundos atrás había avanzado. -Creo que tenía novio..supongo que es la única opción por la que alguien te rechazaría- soltó casi sin pensar mientras se dejaba caer de cuclillas cerca de la hoguera. -¿Cuál ha sido tu momento favorito? ¿Con cuál te quedarías?- formuló mordiéndose el labio inferior mientras pensaba la respuesta de su propia pregunta.
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Re: The road to Majorca V — Eli

Mensaje por Heimdall R. Fitzgerald el Vie Sep 15, 2017 1:47 pm

Las olas se desvanecían con la misma rapidez que los días de verano, la diferencia era que las olas volvían en cuestión de segundos, y las vacaciones tardarían un año en hacerlo. La brisa soplaba con menos clemencia que durante los inicios de la época estival, cada vez más gélida, pronto la playa dejaría de ser un lugar idóneo para vivir. —No creo que me diera calabazas intencionadamente, tengo la impresión de que alguien trató de espantarla a mis espaldas— contestó, proyectando, pues Heimdall sería capaz de hacer algo semejante. Y lo había hecho, en innumerables ocasiones. Bajó la mirada para observar la mano de Elizabeth sobre su hombro, extrañamente reconfortante. —¿Insinúas que nunca me he acostado con una chica que tuviera novio?— preguntó, alzando ambas cejas, como enfrentándose a un reto. Avanzó detrás de Elizabeth, acercándose nuevamente al foco de calor que suponía la hoguera, sentándose sobre la arena en posición india.

Mientras pensaba en una respuesta, sus ojos celestes se extraviaron entre el torrente de llamas. —No lo sé, han sido varios meses— trató de hacer memoria para responder seriamente, aunque más de una vez sintiera la tentación de soltar una chorrada comparable a la del vómito. —Una noche igual que esta, junto a una hoguera parecida, estábamos los tres juntos. Nos pusimos de acuerdo en vestirnos de blanco, escribimos nuestros deseos en un papel y los quemamos en el fuego— relató con una sonrisa sincera. —Después quisimos tirarnos al mar con la ropa puesta, y como eres una aguafiestas dijiste que no querías, así que te cargamos entre los dos y te tiramos al agua... chillaste como una nutria en celo— la anécdota terminó con una carcajada burlona. —¿Y la tuya?


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Re: The road to Majorca V — Eli

Mensaje por Elizabeth H. Wellesley el Vie Sep 15, 2017 3:00 pm

La pequeña brisa obligaba a Wellesley a apartar cortos mechones de su cabello de sus labios. Aspiró aire y cerró los ojos aprovechando que era la última noche en aquel confortante lugar. Añoraría las vistas, el olor a mar, la calor durante el día y el frio por la noche, extrañaría mirar las estrellas y la enorme paz que transmitía la zona. Extrañaría demasiadas cosas, entre ellas a las personas que había tenido el placer de conocer durante su estancia allí, añoraría la casa y los cuidados que James le regalaba cada noche antes de dormir. También extrañaría las comidas, el ambiente e incluso sus costumbres.

Impresionada, se señaló así misma con la boca abierta. - ¿Te refieres a mí? ¿Y por qué haría eso? ¿Crees que me importa tus ligues absurdos?- contra atacó fingiendo no importarle en absoluto. Lo cierto era que sí le importaba las relaciones de Heimdall, sí se interesaba por saber con quién salía o con quién se veía cuando no estaba con ella, sin embargo, esa era una información que nunca revelaría.
De repente, sintió un pinchazo en el estómago y un desagradable malestar que invadió el resto de su cuerpo. Conocía al joven y era consciente de aquella fama que había cogido, no obstante, jamás hubiera imaginado que la situación llegase a más, a tal punto de meterse en la cama con distintas mujeres. Una mueca de asco se reflejó en su rostro. -¿Lo has hecho?- preguntó dudosa de saber si quería conocer realmente la respuesta. -Es asqueroso. Perdería la poca fe que tengo en ti- aseguró con desgana y agachó la cabeza con disimulo obligándose a no pensar en aquello. La sola idea de imaginar a Heimdall con varias mujeres le producía náuseas y celos, una envidia que odiaba reconocer y una repulsión que le incitaba a desearle un poco más.

Pensativa, se dejó caer al lado del chico de ojos azules, pero su posición fue diferente a la suya. Ésta encogió las piernas y las abrazó protegiéndolas del frío. Escuchó con atención sus palabras y no dejó de sonreir durante toda la anécdota. -Mi momento favorito fue aquella noche que nos sinceramos, fuimos capaces de tirarnos las máscaras y hablar con el corazón. Nunca olvidaré vuestras palabras, vuestras miradas, jamás me había sentido tan querida. ¿Recuerdas lo que dije? Quizá parecía estar exagerando pero sois lo mejor que tengo- volvió a revelar desviando la mirada al único presente allí. -Recuerdo que brindamos y estuvimos toda la noche riendo como si fuéramos las personas mas felices del mundo solo con tenernos. Me hicísteis sentir como en casa, y aquella sensación nunca la olvidaré- añadió sentimental y acto seguido carraspeó tumbando todo el cuerpo sobre la arena. -Está bien, ya paro- bromeó y alzó la mirada hacia la enorme oscuridad del cielo. -¿Sabes qué? Siento estar viviendo la escena de alguna película cuyo título no recuerdo-  permaneció en silencio intentando hacer memoria. -Aquí tumbada junto a una hoguera, observando las estrellas..me siento como la protagonista de la historia. Era muy pequeña pero nunca olvidaré aquel perfecto baile bajo la luz de la luna. Parecían ser felices, nada les importaba y los envidiaba- confesó sonriente mientras continuaba fantaseando. Decidida, se incorporó del suelo y caminó hasta Heimdall, lo miró desde arriba y extendió la mano. -No puedes decir que no, es el último día y, por lo tanto, tiene que ser diferente y especial- murmuró convencida de que aceptaría y le regalaría su propia película aquella noche.
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Re: The road to Majorca V — Eli

Mensaje por Heimdall R. Fitzgerald Ayer a las 7:03 am

Francamente sincero, se disponía a responder afirmativamente cuando el añadido de Elizabeth consiguió que reculara, mordiéndose la lengua. La opinión ajena le importaba lo suficiente como para contenerse, y no quería arriesgarse a perder la mencionada fe que depositaba en él. —No— murmuró casi inaudible, sin insistir respecto a un tópico que pretendía dejar atrás. Se propuso ahorrarse disputas y piques absurdos, pues no quería desperdiciar el último día de las vacaciones, aunque tratándose de ellos lograr no discutir resultaba casi utópico.

Relató la anécdota sentado frente a la hoguera, disfrutando de la melodía natural que emergía de la unión del crepitar de la leña y la colisión de las olas contra las rocas. Echaría de menos la canción de fuego y agua, una compañera más en las vacaciones veraniegas. Los labios de Heimdall formaron una fina línea mientras escuchaba el relato de Elizabeth, cuya primera oración consiguió que se sintiera como el monstruo que realmente era. Irónicamente, el recuerdo favorito de la inglesa se trataba de una farsa, ninguno de los dos amigos se quitó la máscara para dar a conocer su verdadera faz, el esperado "sincericidio" nunca tuvo lugar. Y esperaba que continuara siendo así. «También sois lo mejor que tengo, por eso no puedo ser honesto con vosotros», se guardó el pensamiento para evitarse la interrupción y las ineludibles explicaciones que conllevaría pronunciarlo en voz alta. Dejó de prestar atención a la leña consumiéndose para contemplar a su amiga mientras dejaba ir el sentimental discurso, corriendo el riesgo de emocionarse. —Sí, mejor para— correspondió la broma, aunque gustosamente pasaría la noche entera escuchando hablar a Elizabeth sobre las mismas cursilerías que también sentía.

Deberían prohibirte ver películas románticas— se burló, alzando la mirada para seguir observándola aun cuando se levantó de la arena. Aceptó su mano y el ofrecimiento que conllevaba, levantándose también y dedicando unos segundos a sacudirse la arena del cuerpo. —No puedo decirte que no— admitió osado. Envolvió su cintura y afianzó el contacto entrelazando los dedos sobre su espalda. El gesto resultó inofensivo, aunque Heimdall lo asumió tremendamente atrevido teniendo en cuenta su grado elevado de sobriedad y su falta de arrojo en lo referente a su mejor amiga. —Quieres que bailemos sin música— afirmó en voz baja, levantando los pies para mecerse suavemente bajo el amparo de la luna, arrastrándola consigo. —y en mi casa también lo propusiste tú, si llego a saber que te gustaba tanto la idea te hubiera sacado a bailar alguna vez en los bailes del colegio—. Lo sugirió en un tono jocoso, aunque era algo de lo que aún se arrepentía.

Danzaron en silencio, acompasados por el latir de ambos corazones. —¿Cómo sigue tu película, debo decirte que estás hermosa bajo la luz de la luna?— preguntó al cabo de un rato. Mientras bailaban la mirada de Heimdall se perdió tras el hombro de Elizabeth, reparando en la tienda de campaña que se hallaba ubicada a unos metros de ellos, se le secó la boca al pensar que James se encontraba ahí, ajeno a lo que ocurría entre sus mejores amigos. Egoísta, trató de deshacerse de la culpabilidad, forzándose por devolver la atención a su bella compañera de baile. —¿Es nuevo?— preguntó sobre el colgante que resplandecía bajo la luz de luna. Una sospecha encendió sus recelos y, arqueando la ceja, se separó para cuestionar a Eliza con la mirada.



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Re: The road to Majorca V — Eli

Mensaje por Elizabeth H. Wellesley Ayer a las 3:36 pm

En un instante fugaz, se encontró envuelta entre los brazos de su mejor amigo, mirándolo atónita y desconcertada. Aquellas denominadas mariposas revolotearon constantemente en el interior de su estómago, sus alas se movían casi al ritmo de su corazón, rápido y constante. Fijó la mirada en aquellos orbes azules que la miraban de forma especial, dulce y delicada. Había dejado atrás el Heimdall reprimido para dar paso a alguien más decidido y confiado, alguien dispuesto a someterse a sus cursiladas con tal de hacerla feliz. Así era precisamente como se sentía, feliz, ilusionada. Tranquila, calmada y llena de paz, sentimientos que había provocado la melena rubia que posaba para ella y bailaba a paso lento. Debía admitir que aquella tranquilidad no se debía a la enorme luna resplandeciente, ni tampoco al relajante sonido del mar, sino más bien al bailarín que sujetaba su cintura.
Segura, se dejó llevar y sonrió espontáneamente ante su comentario.  -Sabes que no bailaría en público- respondió en un tono bajo mientras dejaba descansar sus brazos encima de sus hombros con atrevimiento. -Apuesto a que si hubiese ocurrido tal cosa, habrían sacado rumores de que estábamos juntos- bromeó recordando los tantos y tantos de rumores que los alumnos inventaban cada día para tener algo de qué hablar.
Sin más,  Elizabeth comenzó a tararear una preciosa música para crear un ambiente mejor. Con timidez, logró que claro de luna de Debussy fuese el único sonido en el lugar. Apartó los brazos para apoyar ambas manos sobre sus hombros nuevamente, lentamente las deslizó hacia su espalda notando como el rubor de sus mejillas se hacían presente y rezaba porque la oscuridad de la noche lo ocultara.

Tras unos largos segundos, se vio obligada a detener la melodía y a fijar sus ojos en los suyos. -No, sin embargo, no estaría mal que saliese de ti- murmuró divertida, mirándole, esta vez, de una forma más insinuante y atractiva. Desconcertada, no supo qué decir para no estropear aquel momento, por lo que apostó por ignorar la realidad. -Bueno, no en teoría- contestó insegura anhelando aquel cuerpo que se había alejado de ella y había dejado de proporcionarle el calor que necesitaba. Ansiosa de volver a encontrarse a unos centímetros de él, sería capaz de inventar un nuevo final de aquella película y recrearla a su manera. Caminó lentamente hacia él y rozó su mano concienzudamente. -Hay algo más en la película- susurró como si de un secreto se tratara. Con el pulso a mil por hora y las mariposas revoloteando, se armó de valor para pronunciar lo que su mente deseaba y su corazón callaba. -Él la mira fijamente y aunque no hacen falta palabras para saber qué quiere decir, se atreve a pronunciarlo en voz alta; le promete amor eterno y, finalmente, la besa..- concluyó con un final inventado mientras abandonaba la mirada del suelo para posarla en los ojos cristalinos del irlandés. Enmudecida, desvió la atención a sus labios y se perdió en el laberinto de sus perfecciones..
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