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Vulnerability — Privado.

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Vulnerability — Privado.

Mensaje por Eros A. Wright el Sáb Ago 26, 2017 9:25 pm

Recuerdo del primer mensaje :

20 de Agosto.
Wright's Manor, Salones.
Gran Bretaña.

Torcía el gesto, inseguro, tratando de concentrarse en la forma que sus pensamientos recorrían sinuosamente una carretera vertiginosa que hacía un repaso continuo a la historia de su vida. De pie frente a su más preciado amigo, aquel viejo salido y pervertido que pretendía follarse hasta a la más fiera, Pyotr trataba de hacerle recobrar el sentido y el muro que formaba parte de su memoria, de su mente, de aquella cabeza que durante tantos años había sido víctima de la oclumancia y no había dejado salir nada a la luz.

No era capaz de concentrarse. La fría gota de sudor que recorría su frente lo corroboraba, y el sinfín de suspiros y jadeos entrecortados que se escuchaban en el salón principal, en uno de ellos, de la gran mansión de los Wright resultaba cuanto todo nada apetecible — Un respiro, hijo de puta. — terció, llevándose una mano al rostro, sin guardar una compostura que sabía no tenía por qué guardar cuando el contrario lo rondaba en frente. La preocupación de Pyotr, no obstante, lo acusaba en sobremanera, y el vaso de agua que el mismo le tendía con amabilidad cuando su mente había violado la suya le resultaba perturbador. Sin embargo accedió, bebiendo un largo sorbo para acabar tragando por completo el contenido del recipiente de cristal, el cuál dejó a un lado, echándose hacia atrás en el sillón en el que su cuerpo descansaba — Soy la sombra de un pasado que se me antoja perdido a futuro, ¿qué opinas? — ni una palabra salió de la boca de su amigo, el cuál miraba, oteaba al frente, perdiendo sus orbes en la entrada a un salón que, en ese momento, recogía la presencia de una tercera persona que el ex-abogado había tratado de evadir en todo momento.

Lo tosco de la situación rayaba en lo absurdo. La vulnerabilidad de lo que una vez su hubo sentido lo atosigaba. No hizo falta más que un gesto de su cabeza para que la mente del polaco se fundiera con la suya, dándole la orden de aparecerse del lugar, no muy lejos, de forma que la presencia del mismo se sintiera lo suficientemente cerca como para intervenir. Ni un segundo hizo falta para que los deseos del británico tomaran forma, y la desaparición de Pyotr de la escena dejó a un lado la desazón que lo consumía.

Eros no se volvió en su asiento, ni dirigió una mirada a alguien con el que, pese a lo mucho que parecía estar debiéndole desde hacía ya unos cuantos meses, no simpatizaba en lo más mínimo. No había habido necesidad de verse, de gesticular palabras. Ni siquiera lo había visto rondar anciana casa de los Wright en lo que llevaba de estadía en la misma. Alguna que otra vez Cassandra había comentado que había pasado la tarde con el mismo, pero siempre en coincidencia de que el ex-abogado no hubiese estado presente, sino en sus pequeñas visitas a lo que antes había sido su apartamento y ahora se había convertido, otra vez, en una sombra de un pasado que sabía ya perdida — ¿Por qué debería decir que tengo el gusto de volver a verte, Armstrong? — comentó, con fingida calma, tomando el vaso vacío y rellenándolo con su varita, sintiendo el agua refrescar el recipiento y saboreando lo insaboro de una sustancia que resultaba ámbar de dioses cuando la sed apremiaba. A lo lejos, por las galerías, el reflejo de un fantasma lo torturaba con una sonrisa. Marcus sabía perfectamente cuando tenía que aparecer. Eros lo sabía.
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Re: Vulnerability — Privado.

Mensaje por Eros A. Wright el Dom Ago 27, 2017 9:28 pm

Recordaba el fuerte sabor del licor que tenía entre sus manos. Recordaba la forma que tomaba en su garganta, recordaba la forma en la que se movía sinuosamente por la misma cuando lo ingería. Por pura iniciativa, por puro capricho. Por mera satisfacción personal tras una larga jornada de juicios. Pero no hizo nada por tomarlo, aguantando las ganas de acabar lanzando la botella hacia el contrario y acabar, de aquella forma, con uno de los pocos recuerdos que todavía no habían desaparecido de aquella casa que Cassandra estaba desvinculando de cualquier pasado que pudiese recordar. Sentía frío en su espalda ahí dónde los ojos de Anthony lo observaban adecentándose tras el gesto agresivo que el británico le había regalado. Sentía una desazón poco fortuita, y conseguía vislumbrar entre las paredes de su muralla la figura de su hermano materializarse otra vez.

Suspiró, negando varias veces.

— Es imposible, me haces dudar de mis propios pensamientos. — corroboró, asintiendo no obstante pues una parte de si mismo sabía perfectamente que el francés no estaba por la labor de mentir sobre algo de aquel calibre, sobre la importancia que tomaba en aquel preciso instante la noticia que acababa de soltar. Necesitaba al polaco pero el contacto mental había desaparecido. También dudaba siquiera que Anthony no se hubiese tomado la molestia de procurar que no volviese en lo que su presencia seguía estando en la casa — ¿Hasta qué punto piensas que mi cabeza va a dejar pasar algo como esto? ¿Cómo quieres que reaccione? Espero que te estés preguntando por qué no te he maldecido todavía, Armstrong, porque de verdad que es lo que más quiero ahora mismo. — inquirió, amenazante, dándose media vuelta para encararlo nuevamente, acercándose manteniendo una distancia prudencial. En un duelo mágico tenía las de perder no sólo por su condición sino porque, de todos, él pequeño de los Wright siempre había sido el menos habilidoso para los mismos. Pero que estaba dispuesto a hacerlo y arriesgarse a salir nuevamente mal parado... de eso estaba seguro — Sigue siendo demasiado cruel para ti. Qué explicación tan... ¿banal? ¿De verdad quieres que crea que no le habéis dicho nada a Cassandra para volver a protegerla? ¡Sabes perfectamente por lo que está pasando, Anthony! ¡¿Tanto cuesta?! — gritó, ofuscado, separando la distancia nuevamente y empujándolo hacia atrás, sintiendo el golpeteo de las lámparas y los diferentes adornos de las mesas.

Bipolaridad, extrema. Volvió a calmarse, entrecerrando los ojos hasta el punto que sólo un fino hilo, el suficiente para observar sus movimientos, se veía de sus pupilas. Escuchó el relato, escuchó la historia, escuchó las explicaciones. A su lado, desbaratando la muralla, el rostro de Marcus parecía dispuesto a torturarlo una vez más. La sonrisa gélida y petrificada en la silueta de su cara trataba de hacerle ver, de hacerle creer que lo que Anthony le contaba era cierto.

Descabellada la situación, no obstante, parecía cobrar un sentido indiferente porque, pese a la tristeza, el francés viajaba más que nadie desde que la desgracia hubo sucedido. Y Eros, que no había visto nada y que había llorado la muerte de un hermano que lo atosigaba en vida y seguía haciendo de las suyas aún cuando lo creía muerto, deseaba creer que todo era cierto. Muy cierto, tan verdadero. Ciertamente incierto, no obstante, quería sentir el palpitar del corazón contrario. Ardía en deseos de ser legeramente, ardía en sentimientos de conseguir un pensadero — Cómo se que no mientes. Puedo estar muy decaído, muy destrozado, pero que no te quepa duda, Armstrong, de que tengo formas de saber si lo que me estás contando es o no verdad. Pyotr puede venir en cualquier momento y estoy dispuesto a pagar el precio que sea para sacarte esos pensamientos de tu cabeza a base de legeremancia. — no dudaba que costaría, pero entre el oclumante y el legeremago creía ser capaz de hacerlo — Cómo resulta ser un juramento inquebrantable tan... rompible. — terció, no obstante, pues en su cabeza tenía sentido. Nueva calma, proseguida de la tempestad, dejó caer su cuerpo contra el sofá más cercano sintiendo como las piernas le fallaban. La fuerza antaño había sido fuerte, a día de hoy flaqueaba más que de costumbre — Ten por seguro que me vas a llevar a verlo, pero antes quiero pruebas. Mi cabeza sigue creyendo que todo esto no es más que una broma, de muy mal gusto, y que no haces más que volverme loco para usarme a tu antojo. Creo que el sentido descabellado y la terquedad en pensar que todos malpensamos es algo que nos viene de familia, ¿verdad hermano? — preguntó, a la nada, dirigiéndose directamente al francés.

Seguía fulminándolo con la mirada, más el cansancio podía en su organismo.
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Re: Vulnerability — Privado.

Mensaje por Anthony Armstrong el Mar Ago 29, 2017 8:36 pm

Si alguien me lo hubiese contado de la manera en que se lo estoy diciendo a Eros, no sé qué habría hecho…ok, no sé a quién quiero engañar. Sí sé que habría hecho. Sé que lo habría molido a golpes. Cuando se trata de un asunto así, cuando se trata de mi hermano, no dejo que me jodan y me tomen por un deficiente mental. Cuando se trata de alguien importante para mí, la razón falla y la impulsividad me gana. Pierdo el sentido, pierdo la cabeza. Podría convertirme en todo lo agresivo que no soy. Entonces, ¿en qué estaba pensando cuando vine a hablarle así al idiota que tengo delante? No me tomen a mal, no soy ese deficiente mental en el que me convertiría si me hablan de esta manera. No soy imbécil, de hecho, me gusta presumir de mi mente brillante, es solo que a veces no tomo el camino que otros considerarían correcto. Maquiavelo me representa a la perfección, él piensa como yo: el fin justifica los medios.

Así, hay que tomar la situación desde la siguiente perspectiva: si yo estuviese en el lugar del hermano de Marcus, y él viniera a contarme que este último no está muerto, le habría comprado una tortuga para que se montara en ella y se fuera bien lentito a la mierda. Jamás le habría creído, porque no confío en él y él tampoco en mí. Para él, el fin justifica los medios también, pero solo vendría a hablarme de la posibilidad de que Marcus estuviese vivo cuando estuviese muerto y quisiera cagarme psicológicamente. Pero ni aún así. Nadie es tan cruel en esta familia como para jugar con algo como esto. Por ello es que creo fervientemente en que Eros no habría sabido cómo mantener a Marcus vivo en la situación en que la circunstancia se produjo. En cambio, si Eros jamás se acercaría a mí para nada, él sabe muy bien que yo soy capaz de esto, y de más, porque él sabe las cosas que Marcus y yo hemos hecho y porque engañar a la muerte es una de las cosas más básicas que aprendimos juntos. Es como la asignatura de primer año de universidad. “Salir vivo cueste lo que cueste 101”. Ahí estábamos, Marcus y yo nos graduamos con honores de esa materia.

-- No, la verdad es que solo me preguntaba cuántas botellas de este licor quedan en la bodega, porque pienso llevarme unas cuantas. –Respondo con el mismo sarcasmo que recibo de parte del ex abogado. A veces agradezco internamente a la comisión del colegio de abogados por no dejarle practicar otra vez, probablemente pierda todos los casos y la economía de la comunidad mágica se derrumbe. Sí, es cierto, yo podría tomar ventaja de eso porque Eros lleva los negocios de la mayoría de mis competidores, pero también lleva los negocios de Cassie y a ella no puedo ponerla en peligro. Tras escucharlo otra vez, niego con la cabeza y decido que ya no me importan sus gritos. Puedo gritar más fuerte que él, golpear más fuerte que él, pero si lo hago no conseguiré de él lo que quiero. Así que solo me queda una cosa por decir:- Tú, estimado compañero, puedes imaginarte hasta dónde puede llegar mi crueldad. Sin embargo, no sabes hasta dónde puede llegar. –Sí, acabo de comentarles hace poco que él sabe de qué soy capaz, pero no sabe de todo lo que soy capaz.

Muevo mis zapatos de cuero franceses por el suelo de alfombra de alguna clase de animal exótico, repintada, de los extraños gustos del mago que nos reunía allí en su nombre. Primero uno, el otro después. Tomo distancia del inglés porque no quiero tener que contenerme la próxima vez que se acerque a mí para amenazar con golpearme, para tomarme del cuello de la camisa o, en fin, para besarme o lo que sea que haga cuando se enoja. Mi mandíbula es irresistible, tanto como para besarla como para golpearla, pero prefiero que no sea ninguna de las dos si proviene del enajenado mental de Eros. Vuelvo a verter en un vaso aquel licor con aroma a miel. Escucho con cuidado las amenazas y advertencias de él, prefiero guardar silencio por algunos segundos, porque saboreo todo lo que puedo el líquido otra vez.

-- ¿Crees que me importa ese mercenario? –No dejé lugar a dudas de que el polaco me trae sin cuidados, creo que mi cara lo dijo todo.- Puedes traerlo, pero en frente de él lo negaré. Él no será capaz de saber la verdad a través de mí y, créeme amigo mío, que si le cuentas algo de esto a él, a Cassie, o a cualquier otra persona viva, muerta, ficticia, real, fantasma, ser vivo, en cualquiera de los mundos que conoces, te buscaré y te sacaré el cerebro con una cuchara a través de las cuencas de tus ojos. Así que, te lo aseguro, más vale que vuelvas a aprender pronto a ocultar tus pensamientos o me quedaré con todos ellos. –No sé si sonó como una amenaza, como un cuento para niño o si ese tarado habrá entendido alguna parte de lo que dije. Tampoco sé si se lo tomará como una metáfora o en sentido literal. Debería tomarlo como metáfora, aunque es literal. Bebo otra vez.- Esto no es un juego, en el que pueda traerte pruebas de que está vivo. ¿Quieres una foto, un video, un mechón de su cabello? Por favor, Eros. No seas ridículo. –Niego con la cabeza otra vez, ocultando el hecho de que sí quiero usarlo a mi antojo, pero también dejando claro que de mi boca no sale otra cosa que no sean verdades.

Cuando de pronto me doy cuenta de que todavía está viendo a Marcus en la estancia, junto a nosotros, resoplo un poco cansado. ¿Qué ya no tenemos suficiente con que lo vea todo el tiempo, que ahora también hay que seguir aguantando que continúe viéndolo a sabiendas de que está vivo y agonizando en alguna otra parte del planeta? Porque, hasta donde recuerdo, él no está haciendo las preguntas correctas y, en vez de intentar concentrarse, solo está jugando el papel de la víctima. Mis lectores odian a quienes se victimizan. Mis lectores aman a los hijos de puta, como yo.- ¿Todavía no entiendes que el sentido de todo esto es que nadie se entere? ¿Cómo crees que ha sobrevivido todo este tiempo? Es porque nadie lo sabe, porque no hay pruebas. Y no generaré pruebas de ello hasta que logre despertarlo. Ahora, la pregunta es, ¿me vas a ayudar a despertarlo? –Por fin la invitación que todos estábamos esperando. ¿El archirrival se unirá al antihéroe? Porque así es como me veo, como un antihéroe, mi bien personal suele ser el bien común y, cuando estos son opuestos, escojo mi bien personal. Ok, Eros no podría ser mi archirrival porque le falta carácter, fuerza, dominio en la magia. Su único superpoder es ser super-imbécil. Pero, supongo, la idea logra captarse.
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Re: Vulnerability — Privado.

Mensaje por Eros A. Wright el Sáb Oct 07, 2017 2:31 am

La cabeza del abogado seguía siendo un bullidero a información. Un caos, un descontrol, un escándalo infundado por la misericordia poco altruista de Anthony. Era una completa locura, pensar que podrían haber ideado algo de aquella forma rayaba en lo absurdo, en lo bizarro, y sin embargo la seguridad con la que el Armstrong hablaba era el desencadenante final que le hacía ver, en cierto modo, que no le estaba tomando el pelo en lo más mínimo.

— Ese mercenario estaría dispuesto a cualquier cosa por tal de complacerme, no dista mucho de lo enfermizo que resultaba veros a mi hermano y a ti. — pese a que el cariño y la confianza que aún seguía depositando en el polaco era, sin duda, su pilar fundamental para mantenerse cuerdo pese a las idas y venidas — No me consideres tu amigo, Armstrong, el sarcasmo en mi contra es lo último que necesito ahora si de verdad quieres convencerme. — aún cuando, realmente, no hacía falta nada más para convencerlo. El ansia por descubrir si todo aquello era verdad le podía. Era consciente de que la suma de sus posibilidades era más bien negativa, y que si quería siquiera depender de que los demás le reconociesen nuevamente en aquella sociedad, si quería volver a la cordura que siempre lo hubo caracterizado, no le quedaba más remedio que acceder. Pero nunca estaba de más oponer un poco de resistencia pese a que Anthony ya conocía perfectamente la resolución de todo aquel espectáculo que se montaba en su propia cabeza. Maquiavélico, manipulador, tantos adjetivos que demostrar.

Tan pocas diferencias.

Volvió a tomar asiento llevándose una mano a la cabeza. Perdió todo rango de visión y, por ende, todo movimiento que el contrario realizaba en la estancia. Que se llevase lo que quisiera llevarse, no tenía el cuerpo para siquiera impedirle una ligera cometida. Con los ojos cerrados y las imágenes de su hermano y Charlotte vanagloriarse dentro de su cabeza, asintió varias veces, dándose por vencido en una guerra que llevaba años perdiendo batalla a batalla. Ellos siempre iban dos o tres pasos por delante cuando Eros, en su fuero interno, trataba de seguirles el ritmo. Quizás era por ello que la relación con su hermano fue tan digna de odiar — Llevo meses martirizándome, ¿cómo podría negarme por muy descabellado que siga sonando en mi cabeza? — preguntó, alzando la mirada nuevamente, sintiendo la sangre arder dentro de su organismo, buscando por la estancia la clara imagen de aquellos que lo vistaban continuamente, pero sin errar en la presencia. Habían desaparecido, con lentitud y sorna, para dejarlo nuevamente en el mundo que le había tocado vivir y del que todavía parecía acordarse. Todavía. Porque todavía podía significar efusividad, pero también podía resultar ser muy efímero. Distante — ¿Cómo es posible, igual, que nadie haya hecho preguntas antes? Rayas en la ilegalidad, Anthony, si has conseguido sacar su cuerpo sin dar explicaciones al equipo forense de San Mungo. Vale que la causa de su muerte... — y soltó esta palabra con profundo desprecio, con sarcasmo infundado — ...fue muy obvia, muy clara, pero para eso está el equipo de control... se que tus contactos son más que suficientes, y que no te hace falta más que alzar un dedo para que se cumpla lo que requieres. Pero un paso en falso y estás jodido, bien jodido. — terció, con el ceño fruncido, disipando todo resto de dudas y aclarando sus propias ideas — Y llegados ese momento, si alguien se entera, ¿en quién si no vas a confiar? — preguntó, más para si mismo, dándose cuenta de la importancia del papel que cubriría el abogado si todo aquello pasara.

— Lo tenías todo planeado desde un principio, odio que no se te escape ni una. — bufó, levantándose para cambiar de estancia, necesitaba dormir, necesitaba descansar, necesitaba que el contrario se dejase de tonterías. Las mismas que él parecía ver en Eros — No me queda otra opción, sigue siendo mi hermano y... por Merlín, ese hijo de puta. — susurró, nuevamente llevándose una mano a sus sienes, masajeándolas. Necesitando de un respiro para afrontar todo lo que estaba por llegar.
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