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Vulnerability — Privado.

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Vulnerability — Privado.

Mensaje por Eros A. Wright el Sáb Ago 26, 2017 9:25 pm

20 de Agosto.
Wright's Manor, Salones.
Gran Bretaña.

Torcía el gesto, inseguro, tratando de concentrarse en la forma que sus pensamientos recorrían sinuosamente una carretera vertiginosa que hacía un repaso continuo a la historia de su vida. De pie frente a su más preciado amigo, aquel viejo salido y pervertido que pretendía follarse hasta a la más fiera, Pyotr trataba de hacerle recobrar el sentido y el muro que formaba parte de su memoria, de su mente, de aquella cabeza que durante tantos años había sido víctima de la oclumancia y no había dejado salir nada a la luz.

No era capaz de concentrarse. La fría gota de sudor que recorría su frente lo corroboraba, y el sinfín de suspiros y jadeos entrecortados que se escuchaban en el salón principal, en uno de ellos, de la gran mansión de los Wright resultaba cuanto todo nada apetecible — Un respiro, hijo de puta. — terció, llevándose una mano al rostro, sin guardar una compostura que sabía no tenía por qué guardar cuando el contrario lo rondaba en frente. La preocupación de Pyotr, no obstante, lo acusaba en sobremanera, y el vaso de agua que el mismo le tendía con amabilidad cuando su mente había violado la suya le resultaba perturbador. Sin embargo accedió, bebiendo un largo sorbo para acabar tragando por completo el contenido del recipiente de cristal, el cuál dejó a un lado, echándose hacia atrás en el sillón en el que su cuerpo descansaba — Soy la sombra de un pasado que se me antoja perdido a futuro, ¿qué opinas? — ni una palabra salió de la boca de su amigo, el cuál miraba, oteaba al frente, perdiendo sus orbes en la entrada a un salón que, en ese momento, recogía la presencia de una tercera persona que el ex-abogado había tratado de evadir en todo momento.

Lo tosco de la situación rayaba en lo absurdo. La vulnerabilidad de lo que una vez su hubo sentido lo atosigaba. No hizo falta más que un gesto de su cabeza para que la mente del polaco se fundiera con la suya, dándole la orden de aparecerse del lugar, no muy lejos, de forma que la presencia del mismo se sintiera lo suficientemente cerca como para intervenir. Ni un segundo hizo falta para que los deseos del británico tomaran forma, y la desaparición de Pyotr de la escena dejó a un lado la desazón que lo consumía.

Eros no se volvió en su asiento, ni dirigió una mirada a alguien con el que, pese a lo mucho que parecía estar debiéndole desde hacía ya unos cuantos meses, no simpatizaba en lo más mínimo. No había habido necesidad de verse, de gesticular palabras. Ni siquiera lo había visto rondar anciana casa de los Wright en lo que llevaba de estadía en la misma. Alguna que otra vez Cassandra había comentado que había pasado la tarde con el mismo, pero siempre en coincidencia de que el ex-abogado no hubiese estado presente, sino en sus pequeñas visitas a lo que antes había sido su apartamento y ahora se había convertido, otra vez, en una sombra de un pasado que sabía ya perdida — ¿Por qué debería decir que tengo el gusto de volver a verte, Armstrong? — comentó, con fingida calma, tomando el vaso vacío y rellenándolo con su varita, sintiendo el agua refrescar el recipiento y saboreando lo insaboro de una sustancia que resultaba ámbar de dioses cuando la sed apremiaba. A lo lejos, por las galerías, el reflejo de un fantasma lo torturaba con una sonrisa. Marcus sabía perfectamente cuando tenía que aparecer. Eros lo sabía.
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Re: Vulnerability — Privado.

Mensaje por Anthony Armstrong el Sáb Ago 26, 2017 9:47 pm

La situación se había convertido en insostenible. Con la indisposición de Nöela, la lejana presencia del príncipe árabe y la dead-line a la vuelta de la esquina, necesitaba de alguien en quien confiar. La lista, cuanto menos numerosa, cuanto menos probable de significar dignidad en confianza. Cuando eso se presentaba, y ya no tenía más opciones, la más eficaz de todas era pasar a la lista de personas en quienes menos confía. Porque, si ya no tenía más opciones, significaba que alguien le apuntaba con la varita a la yugular, con la maldición asesina en la punta de la lengua.

Mi querido amigo, cuando alguien te apunta con la varita para matarte, no te rindes. Le quitas la mierda de varita y le apuntas en la jodida cabeza.

Al alcanzar el hall principal de la mansión de los Wright, se sacudió las cenizas de sus hombros y mangas casi por inercia. Escuchaba la armoniosa voz de Eros señalando improperios a un tercero, invitado de él, que supuso de inmediato que no se trataba de Cassandra. Lo cual significaba, favorablemente, que ella no estaba. Eso afirmaba su suposición previa de que ella estaría en alguna parte de Londres intentando arreglar las finanzas de Dulcis Viae Group. Caminó con su tranquilidad habitual, como si a cada paso se estuviera comiendo el mundo que yacía a sus pies postrado.- Siempre es un placer verte, polaco. –Pronunció mientras ambos abogados se quedaban observándolo y antes de que el huésped se apareciera en otro lugar que, a decir verdad, no le importaba demasiado. Pero, a juzgar por las miradas, debería ser cerca.- Antes de que entremos en ello, quizás quieras aflojar un poco más la correa de tu perro siberiano. Lo que tengo que decirte no requiere audiencia. –Armstrong no fingía calma, porque él estaba tan calmado que parecía nada podría afectarle.

Se acercó hacia un pequeño bar y se sirvió de un licor que, podía notarlo, hacía tiempo no se tocaba. Era el licor favorito de Marcus y bajo ese techo parecía como consagrado a él.- Ni requiere que te pongas de pie, en lo absoluto. Creo que, si tienes la cordura suficiente, podemos hablar como dos hombres adultos. –Hizo un ademán con la mano tras tomar el vaso y meterse la otra al bolsillo. Vacío. Jamás dejaría de notar eso. Se giró medianamente para observar el sitio al que el abogado estaba mirando, lugar que se encontraba vacío, luego volvió su mirada hacia él con el mismo gesto impasible.- Se trata de Marcus.
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Re: Vulnerability — Privado.

Mensaje por Eros A. Wright el Dom Ago 27, 2017 6:00 am

El abogado, que todavía torturaba su propia mente con recuerdos que iban y venían y no le dejaban siquiera respirar, seguía con la vista al frente, en un punto perdido de la habitación, observando cómo Marcus movía a su antojo varios retales de cortina y se camuflaba, eternamente, con el soliloquio interno que Eros pregonaba continuamente en su cabeza.

La presencia de Anthony, altanero, galán, un rompecorazones y poco merecedor de un futuro que se le había regalado — a pensamientos del británico — lo sacaba de quicio. Su mera presencia, aquellos orbes azules juzgándolos a cada nueva palabra que salía de aquella garganta con la que el canoso en más de una ocasión había soñado con estrangular... sacudió la cabeza, apartando un reguero de impertinencia, de malas maneras. Con el Armstrong las cosas nunca habían sido buenas, y las palabras trataban de herir al contrario y viceversa — Si piensas que debo aflojar la correa supongo que no es importante siquiera que le diga que se vaya, pero por respeto, quizás, o educación, le he dejado aparecerse en la habitación contigua por si necesito algo. Si verdaderamente no requieres de una audiencia entonces supongo que sabrás comportarte para que así sea. — bufó, con el rostro aún perdido en la sombra de su pasado. No obstante el movimiento del francés por la sala lo sacó de su ensoñación, haciendo desaparecer momentáneamente el cuerpo fantasmagórico de su hermano que, no sin antes despedirse, había tratado de devolverle a varios años atrás, en reuniones forzadas que los tres mantenían no sólo por el futuro del apellido, sino por el futuro de Cassandra.

— No pensaba hacerlo, comprende que mi cordura no de para tener el motivo suficiente como para ponerme a tu altura, sería rebajarme. — inquirió, manejando sus palabras, viendo cómo el contrario dedicaba parte de su monólogo a prestar atención a una copa de licor que él mismo se había servido, sin permisos, sin dimes, sin diretes. Aquella casa, en desgracia ajena, era básicamente la suya propia. Si no la pisaba en aquel momento, era por el canoso. Resopló, por lo bajo, tomando en consideración hacer desaparecer también el vaso de agua, sintiendo cómo la mente del polaco lo atraía a sus brazos para, calmadamente, tranquilizarlo y no dejarlo caer en las provocaciones altaneras del francés que lo seguía observando como a un bicho raro. Tuvo el punto concreto y necesario para acertar su mirada a la de él, penetrante, y trató de centrarse en lo que le contaba. El mero nombre de aquella persona que volvió a materializarse esta vez al lado del Armstrong lo sobrecogió. Sentía celos de la cercanía, del trato que Marcus todavía parecía regalarle. Parecía torturarle — ¿Qué ha hecho Marcus ahora? — preguntó, con un brillo de nostalgia y cabezonería. El nombre del que una vez fue su hermano lo seguía de continuo no sólo en su día a día, sino también en sus sueños. La tormenta cesaba internamente cuando el polaco aparecía, pero de mientras tanto el descontrol en su psique seguía tejiéndole demasiadas fantasías. Y parte de ellas no se iban porque el canoso así no lo había querido — Suficiente tengo con saber que ahora controlas mi vida. — juzgó pues en parte, sin querer reconocerlo, era verdad.

Y una parte de él, dejando de lado el orgullo, se sentía agradecida.
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Re: Vulnerability — Privado.

Mensaje por Anthony Armstrong el Dom Ago 27, 2017 5:17 pm

Lo observó de medio lado mientras cataba con parsimonia el licor que enjaulaba el cristal. Dulce, pero el alcohol lograba atraer más su olfato que el color ámbar o las notas de miel que seducían su nariz y su estómago. Bebió un poco, lo tuvo un par de segundos en su lengua y luego tragó. Beber ese licor era igual que estar al lado de su viejo amigo.- Dile que se vaya. Si hay algo que necesitas, yo te lo daré. –No sonaba irónico, ni tampoco con algún mensaje escondido. Lo único que estaba pidiendo con ello era un poco de confianza, de lo contrario dudaba en sobremanera que pudiese contarle lo que estaba a punto de decir. Se movió por el salón hasta sentarse en el sillón que estaba justo frente al antiguo abogado. Allí bebió otra vez, justo antes de que recibiera ese ataque gratuitamente. Sonrió, con algo de diversión, y alzó su copa como si estuviera brindando con él.-Nice try. –Comentó antes de dejar la copa sobre la mesa circular que estaba en medio de ambos. Por una única vez intentó no comenzar la guerra antes de hablar, pero eso no resultó. Si no fuese porque no tenía a nadie más a quien recurrir, se habría puesto de pie, habría soltado algo que lo enfurecería y, solo entonces, se habría marchado. Pero esta ocasión era diferente.

-- Por favor, Eros. Dile a tu amigo que se vaya. Si vine en ausencia de Cassie, es porque es algo que ni siquiera ella puede enterarse. El polaco tendrá que saber vivir con ello. –Insistió otra vez. Ignoró el hecho de que le estuviera echando en cara que tenía su vida controlada, debería sentirse agradecido. Pero, ya que estaba allí por asuntos completamente distintos, no se refirió a ello.- No es algo que ha hecho ahora. Sino algo que hizo antes de….irse. –Se veía en su cara que había tardado en escoger las palabras correctas para referirse al tema.- Y lo que hay que hacer con ello.
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Re: Vulnerability — Privado.

Mensaje por Eros A. Wright el Dom Ago 27, 2017 5:29 pm

Desde allí a lo lejos parecía otear la figura contraria con cierta reticencia a hacer caso a sus palabras. En otras condiciones, en otra ocasión quizás, el abogado no hubiese tardado mucho en ponerse a su altura sin sentir ese sentimiento que lo mantenía cohibido en todo momento desde que el psiquiátrico en Escocia apareció en su vida. Sin embargo, ahora mismo, la necesidad por mantenerse recogido y acunado gracias a la presencia de Pyotr en su cabeza que trataba de mantener tranquila su psique en todo momento era un punto a su favor. Y, sin embargo, no tuvo más remedio que hacer caso al francés.

— Viejo amigo... ya lo has oído. — inquirió, con un sentimiento encontrado y el reproche duradero que el polaco le dejó a su cabeza antes de desaparecer. Suspiró, sintiendo el peso de sus propios pensamientos nuevamente, corroborando que la figura de Charlotte y la de Marcus se veían más nítidas sin la presencia del polaco, entendiendo así que verdaderamente era un alivio poder contar con la sensación austera que el mismo le causaba. Cerró los ojos, llevando su mano a su frente y masajeando, con soltura, sus propias sienes para paliar el dolor de cabeza que comenzaba a aflorar — Espero que tengas una buena razón para todo esto, Armstrong, conseguirás que estalle mi cabeza. — indicó, sintiéndose indefenso ante la atenta mirada del francés que, nuevamente, daba un sorbo a aquel licor que tan ambarino y lejano le resultaba al británico. Marcus, a un lado de Anthony, reposaba su propia mano sobre el hombro del moreno. Charlotte, sonriente, deambulaba por el lugar haciendo y deshaciendo, danzando entre la brisa que la propia corriente de las habitaciones les regalaba. Y Eros, atento, no perdía concentración en todos y cada uno de sus movimientos.

Volvió a la realidad, nuevamente, al escuchar las palabras de Anthony. Un escalofrío recorrió su espina dorsal — No me sorprendería en ningún momento de todo lo que ese a quien tienes a tu lado ha dejado antes de irse... tampoco entiendo tus palabras si está justo ahí a tu... — volvió a sacudir la cabeza, negando varias veces para si mismo, respirando y manteniendo controlada la respiración en todo momento, evitando el dolor causante de su locura — No importa, qué tienes que decirme, Anthony. — hacía meses que no pronunciaba aquel nombre, años que se había prometido no tener que ver nada con él. Nada de nada.
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Re: Vulnerability — Privado.

Mensaje por Anthony Armstrong el Dom Ago 27, 2017 6:42 pm

Lo observó al otro lado de la mesa, de arriba abajo, con un brillo de confusión en los ojos, con una mueca en los labios que parecía no saber qué decir. Eros no era el mismo que hacía años solo podía acabar gritándole o echándole unos varios improperios encima con el objetivo de hacerlo desaparecer de su campo visual. Tuvieron que pasar muchos años hasta que Anthony se diera cuenta que su odio no venía de ninguna otra parte que de un nido de celos por ser tan cercano a Marcus. Cuando los tres estaban en Slytherin, Anthony tenía recuerdos de haber pasado buenos momentos con el abogado, quien entonces estaba perdidamente enamorado de Charlotte. Recordaba haber hecho algunos viajes junto a Anette, Charlotte, Soleil, Dalila, Marcus, Eros y él mismo, a la cabaña en el lago en Noruega, propiedad de los Armstrong. Allí, quizás, había sido la primera vez que probó marihuana con quien tenía en frente, rieron a carcajadas por nada y con el paso del tiempo fueron alejándose hasta llegar a una relación que no tenía nada de relación. Era un continuo de ira infundada y miradas asesinas. Anthony no lo entendió, hasta que un día lo hizo.

-- Eros, Marcus no está aquí. –Soltó cuando, por fin, se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo. Le costó dos segundos darse cuenta, más porque ya sabía de las alucinaciones de quien alguna vez había sido su amigo, que porque lo hubiese notado en ese momento. Para darle el alta, en la clínica le habían comentado de que veía a ciertas personas y muchas veces lo habían escuchado hablando con Marcus, con Charlotte, incluso, a veces, con Cassandra. Con el otro abogado.- Lo que tengo que decirte, necesito que lo tomes con la mente aclarada. Si hay cualquier cosa que pueda hacer para que puedas sentirte mejor, por favor, dímela. Algún lugar en el que prefieras estar, algo que desees comer… –Anthony Armstrong, una de las mentes brillantes de su generación, un mago experimentado e inteligente, no tenía ni la más puta idea de cómo arreglarle la cabeza al hermano de su amigo.-…beber, lo que sea. Esto es delicado. Y, debes comprender, que si pudiera no decírtelo, no te lo diría. –Porque así era. No tenía a quién más recurrir.
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Re: Vulnerability — Privado.

Mensaje por Eros A. Wright el Dom Ago 27, 2017 7:18 pm

Tosió, echando en falta un vaso de agua, y calmándose como pudo consiguió, nuevamente, alzar una pequeña muralla en su cabeza que evitaba, de alguna forma, que las figuras que tanto le perseguían desaparecieran casi por completo. El destello fugaz de la sonrisa de Charlotte lo atacó por otro lado, y la solitud necesaria para satisfacer su propia cordura, de la cuál carecía en aquel preciso instante, había desaparecido. Y, con ella, la desazón que lo consumía diariamente por dentro. A día de hoy todavía no estaba completamente seguro de si conseguiría, de algún modo, volver a ejercer un puesto que añoraba tanto como el ladrar del polaco cuando veía a una rubia bien de cerca y su campaña se extendía hasta empalmarse por completo. Rió, ante lo bajo de su propia crudeza y la mente voladora que trataba de fijarle el rumbo de pensamientos incoherentes. Necesitaba al polaco, en cierta forma, pues era el único capaz y capataz de controlar su mente a antojo para, en demasía, ayudarlo a tranquilizarlo. La paz que respiraba cuando Pyotr estaba cerca lo acusaba en sobremanera, y la figura del mismo aparecer y desaparecer delante de sus propios ojos en aquel preciso instante lo devolvió de nuevo a la falsa realidad.

— Cállate, Armstrong, no dictes lo innecesario, se perfectamente eso. — más su mente no quería que lo supiera. Se percató de la situación del contrario, ajeno a lo que pasaba en su cabeza, y recordó como los tres eran expertos oclumantes. Todos por la misma consecución y la misma autonomía: mantener una mente bien despejada y abierta tan sólo a intromisiones que les beneficiaran. Y sin embargo, allí mismo, Eros no se reconocía — Lo que tienes que decirme tendrá que ser de esta manera pues has ayudado a que la tranquilidad de la que disponía se esfumara cuando Pyotr ha salido disparado por aquella puerta. — alegóricamente hablando pues en ningún momento había tenido que cruzar el umbral, tan sólo le había hecho falta aparecerse para ello. Lo que tenía que saber ni Cassandra podría, la intriga, el aroma del misterio que se formaba entre ambos adultos lo trasladaba a una situación de penuria que no llegaba a comprender, y respirando hasta el borde de sentir cómo la muralla se erigía con dificultad, fue capaz de contener el impulso de levantarse para golpear con su propio puño aquel rostro tan impoluto que lo miraba tan desinteresadamente. Más interesado, en cierta forma, en lo que allí estaba pasando.

— Soy tu última baza, ¿qué tan duro debe ser para ti, querido? Pensar que puedas estar volviéndote loco de pensar que soy la última persona a la que verdaderamente recurrirías... te ves desesperado. — indicó, con sorna en sus palabras, adornando todos y cada uno de los vocablos con la habilidad con la que él lo hacía ante lo extenso de un vocabulario bien cuidado gracias a la práctica y el trabajo en un campo tan sofisticado durante los años — Puedes empezar, entiendo la gravedad de lo que sea que esté por llegar, Anthony. — indicó, volviendo a calmar su osadía, tratando de empatizar con la última persona con la que, verdaderamente, querría.
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Re: Vulnerability — Privado.

Mensaje por Anthony Armstrong el Dom Ago 27, 2017 7:50 pm

-- No necesitamos a Solzhenitsyn para esto. –Repitió otra vevz y desvió la mirada. La razón, más allá de que no confiaba en él, era porque no quería ser juzgado. Con lo que estaba haciendo, con lo que iba a decirle a Eros, ya se tenía ganado el odio de Cassandra y de Thomas, además de muchos otros en su vida, lo sabía de antemano y, aunque quisiera seguir retrasando el momento en que todos le dieran vuelta la espalda, no podía hacerlo. Cuando se metió en ello sabía que llegaría el momento, solo que no sabía que llegaría tan rápido, ni que se sentiría tan solo. Era la razón por la cual quería a la menor cantidad de personas involucradas en el asunto. Pero, viendo de frente a Eros, se preguntaba si realmente era una buena idea envolverlo en el caso.

Negó con la cabeza en cuanto Eros replicó a sus palabras, convirtiéndolas en una bocina poco agradable justo tocando en sus oídos. Sintió un silbido pitar en ellos, un mareo inconsciente por la presión. Se apretó sus lagrimales con el índice y pulgar de su diestra intentando aclarar la vista.- Eros, lo que realmente estoy tratando de decirte aquí, es que no soy tu enemigo. ¿Ok? –Dijo ya más cansado por intentar de hacer las cosas bien. Su paciencia, generalmente, conocía un límite más lejano. Pero con Eros, a lo largo de los años, se le había ido corriendo la línea hasta llegar a tan solo un paso de distancia. Ahí yacía la borrosa línea de la prudencia y la tolerancia, la que el Wright siempre venía y la desvanecía con un pie jugando a empolvar el piso.- A estas alturas ya deberías saberlo. –Suspiró pesadamente, mirándolo mientras apoyaba la cabeza en la mano izquierda, su brazo lo mantenía apoyado en el borde del sillón.- Lo único que no he podido hacer por ti es hacer que te devuelvan tu licencia de abogado, pero es porque el colegio de abogados quiere que pases una segunda prueba de idoneidad de carácter. Y para eso debes prepararte, no zambullirte en la cabeza de alguien más buscando tranquilidad. –comentó haciendo alusión a su relación insana con el otro abogado, claramente. Suspiró otra vez, desviando la mirada.- Vale, pero no he venido a hablarte de eso. Yo no soy abogado, no puedo decirte qué debes hacer para pasar ese examen. – Finalizó poniéndose de pie porque estar sentado le estaba poniendo nervioso.

Caminó pocos pasos hasta ponerse detrás del sillón y se apoyó con ambas manos en él, mirando el piso. La vida le había preparado para decir miles de cosas, cuales menos directas, algunas fingiendo ser verdad, pero esta en especial no sabía cómo declararla. No conocía ningún otro método, porque Anthony Armstrong es una mente brillante, pero también un hijo de puta y también un imbécil. Un imbécil que no tiene remedio.

-- Marcus no está muerto.
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Re: Vulnerability — Privado.

Mensaje por Eros A. Wright el Dom Ago 27, 2017 8:29 pm

Se reclinó, como pudo, tratando de acomodarse a la sensación que le producía saber — el regocijo interno — que estaba consiguiendo de algún modo calmar esa sed interna que trataba de hacerle ver cosas dónde no las había. Las palabras del francés lo condicionaban, de cierta manera, y le producían una quemazón a la altura del pecho que no estaba seguro saber controlar. El impulso por lanzarle una imperdonable seguía perdurando en ocasiones, pero la calma y tranquilidad que se había propuesto mantener para tratar de paliar esa necesidad que Pyotr acallaba con su presencia en la mente del británico le hacían entre ver todo lo contrario. Eso y el hecho de que, nuevamente, se sentía en deuda con el Armstrong — Lo se, hace meses que dejaste de importarme hasta ese punto. — inquirió, frunciendo el ceño al hacer una pausa para tomar aire y reacondicionar sus palabras — Quiero decir, nunca me has importado, entiendes lo que te digo. — sabía perfectamente que el contrario era capaz de mantener una conversación adulta sin ningún tipo de problemas y no le costaría, en ningún momento, entender a lo que se refería.

Volvió a cerrar los ojos llevándose la mano a la frente, pausando las palabras de Anthony en su cabeza y apoyando su cabeza en el alto respaldar del sillón en el que se encontraba sentado. El nombre de una academia de abogados que parecía dispuesta a hacerle la vida imposible seguía haciendo mella en su autonomía. La cordura no dejaba pie a siquiera dejarlo concentrarse en una lectura liviana de varios minutos. Trató de obviar sus comentarios, agradeciendo que finalmente fuese él el que diese punto final a un relato del que, verdaderamente, no tenía nada más que decir. Hacer y deshacer era su punto, el cómo los demás conseguían las cosas se escpaba de su jurisdicción cuando los abogados entraban en estima. ¿Cómo estafas, chantajeas, o tratas de convencer a una institución de aquel calibre? La legalidad estaba presente en su día a día, evadirlos era complicado — Por algo trato de entrenarme, ¿o qué pensabas que hacía el cabrón en esta sala antes de que vinieses? Mi mente está débil, Anthony, tú más que nadie debes comprender lo que eso significa. Lo que significaría. Incluso Cassandra ha visto cosas que no debería haber visto por culpa de mi debilidad, por mi cordura escueta y por la forma en la que la muralla ya no toma forma. No estoy en mis mejores momentos, pero trato de poner remedio, me alegra saber que no vas a interponerte en mi manera de hacer las cosas. — no obstante el gesto de agradecimiento estaba presente.

Sin embargo el ambiente se caldeó, el misterio parecía estar a punto de ser revelado y recibir la noticia fue como vaso de agua fría. El verlo levantarse implicaba lo peliagudo de la situación. Los ojos de Eros, abiertos de par en par, tomaron la noticia con incredulidad, y su rostro se tornó serio. Una fina mueca en sus labios lo hicieron levantarse, con cansancio, acercándose hasta el francés para atajarlo por el cuello de la camisa, apretando la misma con fuerza — ¿Estás de broma? ¿Crees que es divertido hacer alusión nuevamente a mi cordura? ¿Crees que soy un bufón que os entretiene con todo esto? — inquirió, con ojos entornados y mejillas pálidas que parecían cobrar una viveza fruto del calor del enfado. Marcus no estaba muerto, ¿a quién quería engañar ahora? Si se trataba de una broma de muy mal gusto, o si pensaba de aquella forma hacerle ver lo loco que resultaba para el resto pensar que el británico veía los cuerpos de aquellas personas que ya se habían ido, estaba muy equivocado. Lo soltó, con brusquedad, dándose media vuelta en busca de aquel lugar donde el licor descansaba, atajándolo con sus manos y observando el líquido ambarino que descansaba en su interior. Un trago hubiese sido suficiente, pero seguía débil. Muy débil. Y las recaídas nunca habían sido buenas — Resulta sádico y demasiado cruel incluso para ti. — susurró, con furia.
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Re: Vulnerability — Privado.

Mensaje por Anthony Armstrong el Dom Ago 27, 2017 9:09 pm

Lo dudaba, no podía no hacerlo. Era lo menos que podía hacer, cuando cada vez que estaban en una habitación juntos terminaban lanzándose mierda de un extremo al otro. Pero, claro, en cierta medida saber que Eros no se sentía interesado por él era más un alivio que una ofensa. Significaba que toda la mierda era por arrastre de Marcus, era como una extensión para él. Si tan solo el menor de los hermanos supiera cuánto el mayor se preocupaba por él, cuánto siempre lo mantenía presente. Si tan solo Eros supiera que el día en el que Marcus Wright dejó de estar a la cabeza de la familia, Anthony se había preocupado por él igual como si fuera su hermano. Porque, aunque no quisiera reconocerlo el hombre sentado frente a él, Anthony también lo consideraba familia sin importar cuántas veces estuvieron a punto de golpearse…o las veces que lo hicieron.

Cuando lo vio pararse con el rostro casi desfigurado, retrocedió dos pasos en los que no fue capaz de evitar que el otro lo tomara del cuello de la camisa. Lo miró a los ojos, con seriedad, pero sin miedo. Estaba intentando encontrar locura o insensatez en sus orbes, pero todo lo que pudo encontrar fue furia. Habría sonreído si con ello no lo hubiese molestado más, porque pensaba haber encontrado un punto de cordura dentro de toda su enajenación mental.- ¿Me ves riéndome? No me estoy divirtiendo con esto. –Dijo tomando sus brazos para que lo soltara justo cuando él lo hizo, por lo que no tuvo que proyectar demasiada fuerza. Negó con la cabeza y se llevó las manos al cinturón, tomando una posición como si se tratara de una jarra.

Lo observó cruzar el salón hacia el alcohol con preocupación. Se acercó algunos pasos pero, ya que no sirvió ni una gota, no dijo nada. Sabía que no podía impedir que bebiera de aquel licor de otra manera que no fuera ocupando la fuerza, por lo que se alegraba de no tener que hacerlo. Se alegraba por el bien de la conversación.- Ya que me conoces, y sabes que es incluso demasiado cruel para mí, entonces también sabes que es cierto. –Habló pasándose una mano por la cabeza, desordenando sus cabellos castaños y canos. Alguna que otra hilacha blanca en su cabeza delataba la edad que su cuerpo no.- Marcus está sedado, está durmiendo. Bebió una poción de muertos en vida y la maldición que le lanzó Cassie no lo tocó. –Se acercó otros pasos más a él, lentamente, como alguien que se acerca a un animal herido y bravo.- Nosotros sabíamos que ella intentaría matarlo, no cuándo, pero lo sabíamos. Era el último reto que le tenía preparado Voldemort a ella. Ideamos un plan, no sabíamos si resultaría, íbamos a ciegas, pero resultó. Él está bien, con buen pulso, buena presión arterial, se le está suministrando vitaminas, proteínas, en general, todo lo que necesita para que su cuerpo siga funcionando, pero entre más tiempo me demore en despertarlo, menos probabilidades hay de que despierte. –Explicó lentamente, atento a sus movimientos, porque no sabía si era capaz de sacar su varita e intentar algo en ese preciso momento. Ok, sabía que sí era capaz, pero esperaba que no lo hiciera.- Era necesario que se montara todo esto para que el juramento inquebrantable que él mantenía con ella se disolviera, también para que el psicópata de Voldemort no tratara de matarla si ella se negaba. –Añadió luego de unos pocos segundos de silencio.

Se alejó para poder tomar su vaso y beber de un trago el poco contenido de alcohol que le quedaba. Su cuerpo estaba tenso, podía sentirlo en cada fibra de sus músculos.- Puedo llevarte a verlo, si quieres. Pero es un viaje largo y verlo ahí es incluso más fuerte que lo que te estoy contando. Incluso para mí que he sabido esto todo el tiempo. –Finalizó cerrando sus manos sobre el vaso, haciéndolo desaparecer entre ellas.
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