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It has been a long time - Privado.

Mensaje por Bastien Fablet el Miér Ago 16, 2017 10:39 am

Flashback.
Primavera del 79.


Era su segundo año en San Mungo, pero tras los últimos tres meses sentía que llevaba allí más de diez años. La cantidad de pacientes era interminable, salían dos para entrar cuatro más. Los medigamos y sanadores no daban abasto y las guardias eran cada vez más largas. El francés había tenido que ayudar en áreas diferentes a la suya, ayudando así no solo al resto de sanadores, sino a los heridos. Corría de un piso a otro, salía de una habitación donde atendía a dos pacientes a la vez para encontrarse con más heridos en la entrada del hospital. En todos sus años de estudios, en sus dos años en el hospital, jamás se había sentido tan sobrepasado como en aquellos últimos meses. Estaba agotadísimo, no sentía los brazos por todas las veces en las que había tenido que mover un paciente de una cama a otra, o para ayudarles a ingresar en el hospital. Era la primera vez que no pisaba su casa en más de una semana. Pero todo ese cansancio físico no se comparaba con todo el cansancio mental que sentía. A veces tenía que tomarse un par de segundos cuando veía más heridos, empapados de sangre, inconscientes, familiares envueltos en llantos, gritos y demás. No era un chico que hubiese pasado nunca ninguna dificultad, todo lo contrario, su vida siempre había sido fácil, por la posición social de sus padres y por su propio carácter que le había llevado a conseguir las cosas que se proponía. Aún así, no había sido nunca un muchacho ingenuo, sabía que la vida no era igual de fácil para el resto de individuos, y la guerra le estaba mostrando esa realidad que ya sabía con puñetazos en la cara. Pero sacudía la cabeza, fruncía el ceño, revisaba sus anotaciones y se dirigía a la siguiente habitación, con calma y manteniendo siempre la cordura, debía estar sereno para muchos de sus pacientes que se desesperaban en sus habitaciones, tras el dolor o la espera. Poco a poco, estaba desarrollando la paciencia que no había tenido nunca.
Podía marcharse tras cumplir sus guardias, su jefe de área así se lo había dicho, pero sabía que aquello no era lo correcto. No iba a poder dormir tranquilo sabiendo que él estaba tranquilamente en su casa mientras en San Mungo alguien podría necesitarle. Tomaba pequeños descansos, de diez minutos como mucho, para poder tomar un café y reactivarse. En su casa no le esperaba nadie, quizá solo las mil cartas de preocupación de su madre, pero él no tenía tiempo para eso.
A sus manos llegó el historial de un nuevo paciente en su área y su estómago dio vuelco tras leer el apellido. – Lefevre. – murmuro para sí mismo con el ceño fruncido, en dirección a la habitación. Aquel apellido pertenecía a una familia que era como su propia familia y leer que uno de ellos estaba en San Mungo le hizo perder esa cordura en la que intentaba mantenerse siempre. Por primera vez en mucho tiempo sintió miedo. Si Gaspard estaba en su área eso significaba que había tenido algún envenenamiento por posición o alguna planta, y la poción adecuada podía ser igual de mortal que un avada kedavra. Pero se había dejado llevar por su preocupación. Estuvo en la habitación de su viejo amigo por más de una hora, charlaron y Bastien le trató sin ninguna dificultad, tan solo era cuestión de tomar el antídoto que debía de ser preparado al momento. Aún así, el sanador le pidió que descansara un rato y el joven auror cayó rendido. Bastien se mantuvo con él por unos minutos, escuchando la respiración del muchacho mientras actualizaba sus anotaciones. En el reloj de la pared marcaba la diez de la noche, su guardia acababa por ese día. Iba a tomarse un café, refrescar su cara y continuaría con su trabajo habitual. Pero en el preciso instante en el que se colocaba de pie, la puerta de la habitación se abrió y la sorpresa que había detrás le dejó inmóvil por dos segundos.
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Re: It has been a long time - Privado.

Mensaje por Apolline I. Lefevre el Vie Ago 18, 2017 5:35 am


-Apolline, es tu hermano, otra vez-

La noticia llegó a oídos de una Apolline agotada, arrastrando consigo el cansancio de una semana dedicada a entrenamientos que si bien no eran intensos, requerían de cierta exigencia para la rubia que se reincorporaba al equipo tras unos nueve días de descanso por su lesión en el hombro en un partido contra los Falmouth Falcons; al recibir el aviso de uno de los compañeros de Gaspard, cualquier signo de fatiga transmutó a preocupación, vistiéndose con una rapidez impropia. Desde que el mellizo de la semi-veela decidió formarse como auror las visitas al hospital mágico se convirtieron en algo que algunos llamarían común, ¿Era la tercera vez en menos de un año? Aun así, la asiduidad nunca harían fácil esa clase de situaciones, a pesar de recibir la garantía del bienestar de su ser querido.

Haciendo uso de la aparición llegó a las puertas de San Mungo, atravesándolas como si de una tempestad se tratara, asaltando a la joven en el mostrador de información y con el nombre de Gaspard Lefevre saliendo a trompicones de sus labios, con una ansiedad que no trató de ocultar; no era hora de visitas pero había sido ingresado recientemente y la insistencia de la rubia fue implacable, logrando el permiso para acudir a la zona de heridos por venenos o pociones. En cuestión de minutos desde su llegada ya recorría los pasillos del ala hospitalario con amplias zancadas, con la reprimenda en su lengua, lista para ser lanzada contra el castaño, ¿Por qué auror? ¿Por qué no pudo volcarse hacia una vida más sosegada? En decenas de ocasiones mantuvieron dicha discusión, ¿Cómo había acabado su querido hermano, ese chico que disfrutaba con la mera actividad de un libro entre sus manos, recorriendo las calles en pos de magos tenebrosos? Ya era tarde para lamentaciones pero nunca desaparecería el enojo nacido de su propia aprehensión.

Sus dedos rodearon el pomo de la puerta, adentrándose tras acometer un par de golpes de nudillo contra la madera tan ligeros que probablemente ni fueron audibles. Las orbes azuladas de la francesa se posaron en primer lugar en el cuerpo que descansaba en la camilla, reconociendo los rizos cobrizos que coronaban las facciones del ojiazul; sin embargo, su mirada se trasladó a la segunda figura presente: un chico alto, de cabello castaño, ataviado con uniforme del hospital -Perdón, es mi hermano- pronunció con un acento galo que ni los dos últimos años en Reino Unido lograron llevarse, disculpándose por la abrupta entrada. A pesar de todo, no retiró la vista del chico pues le era sumamente familiar, hasta que perjuró reconocer aquellos ojos -¿Bastien?- preguntó, incrédula.
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Re: It has been a long time - Privado.

Mensaje por Bastien Fablet el Sáb Ago 19, 2017 10:06 am

Con un interés más propio de un amigo que de su papel como sanador, Bastien echo un vistazo al historial del joven Gaspard, descubriendo así que no era su primera visita a San Mungo. Las instalaciones del hospital eran enormes y cada área se hallaba bien diferenciada, era normal pues que no hubiese coincidido con él hasta entonces. Se alegraba de que aquel muchacho con el que había compartido parte de su infancia, dedicase su vida a cuidar de los demás, al igual que el mismo Bastien, pero a su vez se sintió preocupado por él, sobre todo en tiempos de guerra que corrían. Así mismo, le fue inevitable rememorar su vida Francia, país del que se había ido desligando desde el primer idea que puso un pie en Hogwarts, llevaba demasiados años viviendo en Reino Unido y las pocas veces que volvía a Francia era por insistencia de sus padres. De las dos únicas cosas de las que no había podido desligarse era de su acento francés y de los miles de recuerdos que tenía en el país que le había visto crecer. Pues incluso con muchas de sus amistades había perdido el contacto, con algunos pocos continuaba escribiéndose al menos un par de veces al año, pero de otros había perdido totalmente la pista. Al menos así había sucedido con el joven que descansaba en la cama junto a él y con la rubia acababa de entrar en la habitación.
Había estado tan ensimismado en asegurarse de que Gaspard estuviese bien, de que no le faltase nada, de saber un poco más en cómo le iba la vida, que había tenido la poca delicadeza de no preguntar por la melliza del mismo, por Apolline. Y ahora estaba allí frente a él después de quién sabe cuántos años. – Descuida, está bien. – comenzó a decir, volviendo la mirada al cuerpo del muchacho tras ver a la chica fijamente por más de medio minuto. – Un intento fallido de envenenamiento. Ya le he proporcionado la poción que corta el efecto. Ahora sólo necesita descansar y reponer fuerzas. No tienes nada por lo que preocuparte. – añadió, dándose cuenta de que el muchacho ya no estaba tan pálido como cuando lo había recibido. Comprendía que Apolline estuviese preocupada por el estado de su hermano, recordaba lo cercanos que eran, además de que no era horario de visita y si estaba allí era porque realmente quería saber el estado de su mellizo, por ello creyó que lo mejor era explicarle el estado de su hermano antes de añadir ninguna otra cosa.
Sí. – respondió después de que la chica bisbisease su nombre. Él la había reconocido al instante, después de todo Apolline había sido lo más parecido a una hermana en su vida, la había visto pasar de una bebé a una niña, pero desafortunadamente se había perdido verla pasar de una niña a la mujer que era ahora, y aún así creía ver en ella la misma mirada. – Y tú no deberías estar aquí ahora ¿Cómo has logrado que te dejen entrar? – preguntó frunciendo el ceño, extrañado. Comenzó a recoger sus cosas, tiró el frasco vacio de la poción a la papelera y guardo su pluma en uno de sus bolsillos delanteros. Bastien no era precisamente el alma de las fiestas, no iba abalanzarse a los brazos de la chica y decirle lo muy contento que estaba de verla después de tanto tiempo; él no era así, no era efusivo, cariñoso ni expresivo, la única expresión que podía delatarse en su rostro era el enfado, cuando lo estaba. Una vez que tomó todas sus cosas, volvió la vista a la chica y algo parecido a una sonrisa se dibujo en sus labios. – ¿Me acompañas a tomarme un café? – preguntó mientras caminaba hacía ella.
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Mensaje por Apolline I. Lefevre el Dom Ago 20, 2017 10:26 am

El pronóstico del aprendiz de auror, proporcionado por el chico erguido ante la rubia, llegó en un instante delicado. La preocupación por el varón de los Lefevre precedió a los intereses propios como lo era el dar nombre a las facciones del chico que se le antojaba tan familiar; asintió, asimilando la noticia, ¿Ahora hacían uso de venenos? Depositó una mirada consternada en Gaspard, con el alivio de saber que se recuperaría con algo de descanso y la inquietud por ser sabido un nuevo método por el que tratarían de atacarlo. “Está bien, es lo importante” pensó para sí misma.

Sólo cuando la seguridad del francés fue garantizada se permitió tratar de relacionar las refinadas líneas de su rostro, el cabello castaño ligeramente ensortijado y esos ojos azules con alguna de sus memorias, siendo necesario remontarse a la infancia de la semi-veela para hallar a la persona que tenía ante sí, con los evidentes cambios físicos de transcurso del tiempo. Bastien. Recordaba lo cercanos que fueron de niños gracias a la amistad entre los padres de ambos, de haber encontrado en él una persona de suma confianza hasta que la separación por los estudios fue desligándolos el uno del otro al punto de no saber más allá de lo que los progenitores conversaban entre sí -Casi no te reconozco- una sonrisa abierta y confiada apareció en los labios de Pollie, con la alegría destellando en su mirada de reencontrarse con un viejo amigo -Oh, yo… bueno, en cuanto me llegó la noticia del ingreso de Gaspard vine. Puede que haya insistido de más a la chica en la recepción- la rojez inundó las mejillas de la francesa. Su comportamiento no fue el indicado, era sabido, sin embargo no podía quedarse esperando a la mañana siguiente para ver a su mellizo.

Observó a Bastien dejar la habitación como la encontró al llegar, aún con cierto pudor por encontrarse allí cuando no debía. Hasta que el castaño posó la mirada en ella, con lo más similar a una sonrisa que conocía en sus labios y la propuesta salió de sus labios; por su parte Apolline devolvió la sonrisa, aliviada -Claro- retrocedió unos pasos ya que la puerta seguía abierta y en apenas unos segundos comenzaron a avanzar por los pasillos del hospital -Me alegra que fueses tú quien haya tratado a Gaspard. Seguro se alegró de volver a verte- guardó las manos en los bolsillos de su chaqueta, a pesar de costar un ligero dolor en el hombro el gesto -Tus padres me contaron que decidiste estudiar medimagia, parecían sorprendidos cuando lo explicaron- a pesar del distanciamiento entre ambos magos, el contacto con sus padres permanecía, siendo esa la vía por la que era informada esporádicamente sobre él -Aunque siempre supe que querías hacer el bien- mostró una sonrisa cordial. Puede que Bastian no mostrara la cara amable de la moneda pero no había maldad en su interior -¿Estuviste aquí estos últimos años, no saliste de Reino Unido?- preguntó cuidando donde pisaba, comenzaron a bajar las escaleras hacia la planta principal donde se hallaba la cafetería.
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Re: It has been a long time - Privado.

Mensaje por Bastien Fablet el Dom Ago 20, 2017 6:04 pm

Antes de cerrar la puerta y después de que Apolline saliera, arrastró la mirada por toda la habitación, asegurándose de que todo estaba en orden y de que llevaba todo consigo. Por último, posó la mirada en el cuerpo del muchacho que descansaba, asintió con la cabeza para sí mismo y cerró la puerta con mucho cuidado para no hacer ruido. Estaba tranquilo porque sabía que el muchacho estaba bien, después de todo lo había tratado él y se tomaba el cuidado de sus pacientes demasiado en serio, más aún tratándose de un viejo amigo. Se permitió entonces bajar la guardia e intentar así que todo el peso que sentía en sus hombros se fuera aliviando. – Casi no me reconoces - repitió las palabras que la chica había dicho antes de salir de la habitación, retomando la conversación. – Ha pasado mucho tiempo, supongo. ¿Cuándo fue la última vez que nos vimos? ¿En alguna cena en casa de tus padres quizá? – preguntó, intentado recordar cuanto tiempo había pasado de eso, o de si esa había sido realmente la última vez que se habían visto. Caminando junto a ella, se recriminó el hecho de haber descuidado esa amistad. Se habían distanciado por circunstancias mayores a ellos, Bastien se había ido a Hogwarts y años después ella comenzó sus estudios en Beauxbatons. En ese momento no le parecían razones suficientes para que una amistad como la que habían tenido se descuidara así. Aún así suponía que cada uno había estado ocupado formando sus vidas. –  ¿Qué has estado haciendo con tu vida desde entonces? – en cierta parte le avergonzaba hacer ese tipo de preguntas a alguien con quien había sido tan cercado. El ex slytherin se había pasado demasiados años preocupado nada más que en sus propios estudios y luego en su trabajo. Se había puesto una venda en los ojos para todo lo demás. Comprendió sin problema que la muchacha estuviera allí cuando no era horario de visita. En San Mungo el francés había comprendido que cuando se trataba de seres queridos, las normas podían (y muchas veces debían) ser incumplidas.
Recorrió los pasillos con su amiga a su lado como si se moviese bajo el techo de su propia casa, con una familiaridad natural. Podía caminar por allí casi con los ojos vendados si fuese necesario. Después de todo sentía como si, efectivamente, San Mungo fuese su propia casa. – Estaba un poco desorientado y también le costó reconocerme, pero sí parecía contento. Estuvimos charlando un rato. No le pregunté por ti, lo cual estuvo mal – contesto, bajando los últimos escalones que llevaban a la planta principal donde estaba la cafetería. Lo que escuchó a continuación le hizo fruncir el ceño levemente. – Todo el mundo pareció extrañarse – le confesó, con cierta irritación. – Todos pensaban que acabaría siguiendo los pasos de mi padre en la empresa o que acabaría uniéndome al Ministerio de Magia para sembrar el mal desde sus cimientos y destruir el mundo tal y como lo conocemos– dijo con ironía y rodeando los ojos al acabar. Bastien nunca había sido el muchacho más amable, ni el más carismático, en sus años en Hogwarts había dedicado mucho de su tiempo a atemorizar a sus compañeros de clase con pequeñas bromas y con historias inventadas, pero todo para que le dejasen en paz. Y sus padres, por ese carácter distante que siempre había mostrado, no se imaginaron que su único hijo dedicase sus días a ayudar a los demás. – No quería dedicar mi vida a hacer algo que solo me trajese beneficios a mí – añadió, mirando a la chica y agradecido de que ella recordarse cuales habían sido los planes de vida del francés – Me alegro de que recuerdes eso – confesó. – He estado un par de veces en Argentina, y otras pocas en Francia, pero no he dejado Reino Unido por más de un mes desde que comencé la academia -
Entraron a la cafetería y ambos se dirigieron  a la barra donde dos personas más esperaban a ser atendidos. – ¿Qué se te antoja? ¿Has cenado ya? – preguntó, centrando su mirada en la chica mientras esperaban.
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Re: It has been a long time - Privado.

Mensaje por Apolline I. Lefevre el Mar Ago 22, 2017 11:16 am

No era de extrañar que casi no reconociera al argentino de orígenes franceses. Los años que llevaron sin verse fueron cruciales, la etapa donde a menudo se llevaban los cambios físicos más notorios pero había cosas, como la amabilidad a sus seres cercanos tras la expresión ceñuda de Bastien, que ni si quiera el paso del tiempo pudo alterar -Creo que fue en una cena que organizaron nuestros padres celebrando uno de sus triunfos políticos- la rubia esbozó una sonrisa ante el recuerdo de los mellizos con apenas once años, aún maravillados con su recién ingreso a la institución mágica de Beauxbatons mientras que el castaño esperaba la inminente llegada del ocaso de sus estudios básicos y por ende, graduarse -Seguí los estudios en Francia hasta séptimo, el último curso hice un traslado a Hogwarts y antes de graduarme me llegaron ofertas de varios equipos de quidditch. Juego como cazadora titular de las Arpías de Holyhead- notificó con una mezcla de alegría y orgullo, recordando como desde niña aseguró que sería jugadora de un equipo profesional -Me estoy reincorporando por una lesión, cortesía de un bateador de los Falmouth Falcons- todo aficionado al deporte mágico conocía al equipo británico, famoso por la agresividad del juego de sus jugadores y que en esa ocasión le costó una baja temporal a Pollie.

Continuaron el avance por los pasillos del hospital, mayormente siguiendo al sanador ante el desconocimiento de los giros que debía realizar para llegar a la zona de la cafetería, sobre todo en ese ala hospitalaria que visitaba por primera vez -Ya estás preguntándome directamente, no te preocupes- alegó amable y restando importancia al hecho. Y a pesar de la seriedad con la que inició su respuesta, derivó en una ironía de la que la semi-veela se rió con suavidad dadas las horas de la noche. Bastien quizás no fuera la justa representación del desparpajo pero ni por asomo había maldad en su interior, así es como lo recordaba.

Apolline le dedicó una mirada cargada de cariño, dejando entrever la respuesta a su confesión justo cuando llegaron a la cafetería -Ahora que lo dices, no pruebo bocado desde media mañana- musitó, percatándose entonces del atenuante hambre que clamaba en su estómago -Tomaré un sándwich y agua- decidió tras echar un vistazo por encima a las comidas que ofrecía el sitio, regresando la vista al sanador, apreciando el cansancio que denotaba -¿Estás bien? ¿Cuántas horas llevas de guardia?- no era ningún secreto la colosal cantidad de tiempo que dedicaban en el sector médico a los pacientes y la situación del país, con los mortífagos atacando con cada nueva oportunidad, no debían hacer nada fácil el trabajo -Debes descansar- no esperó a una respuesta a la anterior pregunta para lanzar la sugerencia, como si supiera de antemano lo que iba a decir.

Tras recibir la comida tomaron asiento en una de las numerosas mesas libres, a esas horas de la noche apenas ocupadas por algún trabajador de San Mungo -¿Y estos años? ¿Todo fue San Mungo?- trasladó su mirada curiosa a la improvisada cena, notando sus tripas rugir ansiosas -Estaba hambrienta- suspiró cubriéndose los labios con la mano una vez tragó el primer mordisco, sin demorarse en limpiar sus dedos. Una pequeña manía que tuvo desde la niñez, odiando mancharse los dedos al comer.
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Re: It has been a long time - Privado.

Mensaje por Bastien Fablet el Sáb Ago 26, 2017 11:19 am

De no haberse reencontrado con la rubia en ese momento ya habría vuelto a recorrer a los pasillos del hospital, para asegurarse de que sus pacientes estuviesen bien. Su cansancio se había acumulado en sus hombros, pero aparte de eso estaba seguro de que podría soportar un par de horas más despierto. Tampoco tenía apetito, nunca había sido un joven demasiado hambriento. Tras que la chica ordenara, se limitó a pedir su café negro que desde los últimos meses parecía hacerle menos efecto cuando a la hora de mantenerle despejado se trataba. – Cazadora de las Arpías de Holyhead – comenzó a decir tras sentarse en una de la meses, frente a Apolline. – Eso es arriesgado y peligroso. ¿Una lesión en dónde? ¿Estás bien? – preguntó, con una expresión de preocupación en su rostro. En ese sentido, el rubio era bastante miedica, siempre había sido demasiado cuidadoso cuando se trataba de su cuerpo y aunque le gustaban los deportes, prefería no ir más allá de observarlos. – Fue lo que siempre quisiste hacer – mencionó, recordando como desde pequeños la rubia había querido formar parte de un equipo de quidditch y de las pocas veces que por una razón u otra había accedido a jugar con ella; a Bastien se le daba bien volar, peor poco más. Él, en cambio y en la misma época, cuando alguien preguntaba cuáles eran sus planes de futuro, evadía la respuesta con algún comentario elocuente. – Quizá iré a verte al próximo partido que tengas, cuando te recuperes del todo – añadió, anotándolo mentalmente en su cabeza, siempre y cuando no tuviera guardia.
Se llevó la taza de café caliente a los labios y dio un sorbo. – Estoy bien – afirmó. Tenía épocas mejores, estaba agotado mentalmente, pero estaba donde debía estar y haciendo lo que debía hacer y eso le consolaba. No solía quejarse de su trabajo, después de todo él lo había elegido y si hacia horas de más era por su propia elección. Su trabajo, sus estudios, nunca habían sido motivo de quejas para él. – No demasiadas, quizá once u ocho – contesto, con una de sus manos rodeado la taza caliente. Sinceramente, no llevaba la cuenta, pero sabía que había hecho más de las que le tocaban pues había comenzado antes de la hora. Se permitió recostar la espalda contra el respaldar de la silla. Arrastró la mirada por el lugar, reconociendo a un par de colegas y algún que otro familiar de sus pacientes, pero no demasiados, para después volver a postrar sus ojos claros sobre la figura de su vieja amiga. Asistió con la cabeza ante la pregunta que le hacía la rubia, para luego encogerse de hombros. – Al menos este último año sí. – comenzó a decir, sin añadir nada más. Su vida no era la más interesante, mantenía la cantidad justa de amigos, se juntaba con ellos cuando su mente no podía más y luego volví al trabajo, y él lo prefería así.
La observo cenar y comenzó a negar a negar con la cabeza, con una media sonrisa en los labios, al percatarse de que la chica conservaba gestos de cuando era niña – Mi madre me escribe al menos dos veces al mes, sin falta. Cuando estaba en la academia e insistía en que fuera a verles, me contaba lo mucho que habías crecido y lo mucho que me alegraría de verte y cosas por el estilo… Creo que intentaba usarte para obligarme a volver a casa – le contó, a tono de broma al final pues eran sus propias conclusiones, aunque creía ciegamente en ellas. Después de todo no había sido un secreto para nadie que ambos habían sido muy cercanos. Había apoyado sus ante brazos en la mesa y separando su espalda de la silla.
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Re: It has been a long time - Privado.

Mensaje por Apolline I. Lefevre el Jue Sep 07, 2017 5:01 pm

El joven sanador estaba en lo cierto, ser jugadora de quidditch fue lo que la francesa quiso desde la tierna niñez, el único sueño que tomaba una forma sólida en sus pensamientos a la hora de imaginar su futuro -Casi luxación, pero ya estoy recuperada, de hecho empecé a retomar los entrenamientos algo más suaves que el resto- sonrió para restar preocupación que se denotaba en el rostro de Bastien -Me encantaría que vinieras, avísame y te conseguiré entradas para el mejor lugar, me haría ilusión que vieras algún partido- la última vez que compartieron un rato de juego al deporte mágico por excelencia fue lo más probable en las vacaciones posteriores a la graduación del castaño, antes que se instalara en Reino Unido para su formación; de eso ya habían pasado casi diez años.

Las clareadas cejas de Pollie se alzaron un par de milímetros, con cierta suspicacia a la contestación de Bastien pues contradecía a la forma en la que lucía. Sólo necesitó saber las horas durante las cuales no concilió sueño para confirmar sus sospechas -Por la barba de Merlín, Bastien, deberías irte ahora mismo a dormir- ambos eran lo bastante adultos para tomar esa clase de decisiones, sin embargo, el mismo franco-argentino parecía obviar los límites de su propio cuerpo -Todos se ven afectados de un modo u otro por la situación actual- los labios de la semi-veela hicieron una pequeña mueca de disgusto, siguiendo el recorrido que hizo la mirada ajena para percatarse de los pocos presentes en la cafetería a esa hora; familiares que como ella esperaban mejoría de sus seres queridos o trabajadores que se daban un descanso durante la jornada. La breve anécdota en torno a la señora Flabet sacó una pequeña risa a Pollie, sorprendida en cierto modo -Deberías haberle hecho caso a alguna de sus cartas, me hubiera gustado verte- a pesar de los años separados nunca dejó de ser su amigo de la infancia.

Tomó un sorbo de agua, depositando la botella y dando una segunda vuelta con la mirada a la estancia -¿Vamos a los jardines?- la idea de estar en un lugar con un color que no fuera ese blanco hospital se le hacía demasiado tentadora, incluso a pesar de las tardías horas; agarró lo que le quedaba de sánwich y la botella de agua reanudando un nuevo paseo carente de celeridad -¿Sigues montando a caballo?- sus ojos observaron de reojo, recordando una afición que compartía y que pudo desarrollar a mayores en Beauxbatons, al contar con cuadras con caballos alados.
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