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The good or the bad news first? | Ciarán Byrne {FB}

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The good or the bad news first? | Ciarán Byrne {FB}

Mensaje por Míra Z. Creagh el Mar Ago 15, 2017 1:14 pm

septiembre de 1979

Prensó los labios, observando con seriedad y dureza a la persona que tenía frente a ella. Sus nudillos se tornaron de color blanquecino en torno a la manija de su preciado maletín. No sabía en que momento tomó la decisión de ir hasta allí, de ceder ante las peticiones de ser de ayuda en aquella ‘misión’. Ella nunca creyó en los gobiernos, siempre se quiso mantener completamente alejada de todo lo que llevara unido la palabra política pero, a pesar de ello, allí estaba. En Azkaban con un maletín que resguardaba un potente veritaserum al que se tendría que enfrentar algún reo que ella misma prefería ni saber su identidad. Algo que ni siquiera estaba testado y ni ella se encontraba segura de los efectos que podría tener en una persona, ¿cómo se postuló para aquello? ¿En qué momento de enajenación accedió? Retiró su mirada esmeralda hacia el extremo opuesto de la sala antes de asentir con la cabeza y salir de la estancia, soltando un suspiro en el mismo momento que se encontró en el exterior.

El nauseabundo olor llenó sus fosas nasales pero lo prefirió antes del sin oxígeno que había tenido que soportar segundos antes. Giró ligeramente sobre sus tacones, mirando hacia ambos lados del pasillo a la espera de los aurores que se suponía la debían de esperar allí. Definitivamente estaban desprestigiados por algo. Frunció el ceño comenzando a caminar por el pasillo que quedaba a su derecha, algo le decía que debía de ser por allí o que, con suerte, se encontraría con alguno de los aurores que no ocupaban su puesto de trabajo. Caminó un par de pasos, sintiendo la oscuridad y el frío rodearla. Frotó sus manos, mirando en todas direcciones y, finalmente, decidiendo regresar sobre sus pasos hasta donde estaba en un inicio antes de perderse por completo en los entresijos que alimentaban Azkaban.

En el mismo momento que se giró una presencia se mostró ante ella. Gritos de pánico se arremolinaron a su alrededor y la checa, sin poder responder ante lo que estaba sucediendo, dejó caer el maletín de sus manos en un intento de sacar su varita; pero el miedo se apoderó de ella congelando su cuerpo hasta conseguir que sus dedos solamente llegaran a rozar la punta de la varita y quedar completamente perdida, sintiendo como cada molécula de su cuerpo se retorcía, su cuerpo se helaba y todo se difuminaba en una serie de imágenes que golpearon su mente con violencia provocando que decenas de escenas, gritos y lágrimas se sucedieran ante sus ojos pero solo consiguiendo que una escena de todas aquellas destrozara por completamente su mente…


15 julio de 1969

Las manos de la checa resbalaron por su abdomen, una vez más, mientras caminaba con nerviosismo entre las cuatro paredes de su habitación, la cual se había convertido en su cárcel personal. Aunque fuera escasamente de dos meses y medio su cuerpo y su actitud no habían dado un cambio radical como para levantar sospechas de aquellas personas con las que más tiempo pasaba, quizás su rostro denotaba cierto cansancio que la misma rubia atribuía al estrés de los exámenes con total naturalidad. El estrés y el calor eran verdaderas razones que se podían sumar a sus repentinos bajones de tensión o malestar general por el embarazo mas, ¿quién iba a pensar que ella, precisamente ella, escondería algo como aquello?

Quería volver a darle una razón para sonreír de nuevo, no ser, simplemente, catalogada como su pareja sino comportarse completamente como tal y conseguir que fuera de nuevo feliz a su lado. Sabía de buena tinta por lo que estaba pasando y comprendía sus sentimientos o su actitud, pero ello no conseguía que la checa desistiera en sus intentos por alegrarle aunque solo fueran unos segundos del día con una buena noticia como la que tenía, poder volver a disfrutar de sus abrazos, sus besos y la tenue sonrisa de la que se enamoró desde el segundo uno. Enredó el dedo índice de la diestra en sus cabellos, formando un tenso tirabuzón, y repitiendo tal acción cada pocos segundos mientras esperaba que llegara su pedido en la cafetería pero, en especial, por los nervios que recorrían todo su cuerpo cada vez que alguien pasaba al interior del recinto o frente a la puerta de éste. Mordió su labio inferior. Ansiosa. Nunca había estado tan nerviosa como se encontraba en aquel momento; pocos momentos de su vida le habían provocado aquel estado de ansiedad, no saber que palabras decir, como actuar cuando estuviera frente a él. Por suerte o por desgracia en las últimas semanas no se habían podido ver tanto como a ella le habría gustado. Lo había echado tanto de menos que tenía momentos en los que por su cabeza pasaba la idea constante de dejar absolutamente todo lo que estaba haciendo en aquel momento e ir junto a él, pero ambos tenían demasiadas ocupaciones y responsabilidades en ciertos momentos del año por lo que lo mejor era que se ocuparan de sus asuntos antes de poder volver a verse.

Aun así ella ya había terminado con todo hacía varias semanas pero no se sentía capaz de dar el paso hacia adelante, ni siquiera tras la conversación con su mejor amigo que lo único que consiguió fue alterarla aún más hasta el máximo de conseguir que estuviera completamente asustada durante días, encerrada entre sus cuatro paredes que la protegían de todo el mal que pudiera estar acechándola fuera de estas. Pero, ¿qué podía hacer? Era algo que no iba a poder esconder eternamente y que, siendo sinceros, no quería hacer ni por un segundo más. Estaba embarazada, era feliz por ir a tener un bebé con la persona de la que estaba enamorada y sabía que sería con quien pasaría el resto de sus días, sus temores estaban fuera de lugar, ni sabía por qué estaba tan aterrada con todo. Su madre lo achacaba a las hormonas, estar más sensible, confusa, darle vueltas en su cabeza hasta a las cosas más sencillas y simples del mundo.

Frente a otras personas podía ser egoísta, no importarle lo que les pasara a los demás y solo estar centrada en su felicidad, pero aquel no era el caso cuando se trataba de Ciarán. Simplemente no soportaba que le pudiera ocurrir algo, en su mente no cabía ni una pequeña preocupación que tuviera que ver con otra cosa cuando a él le ocurría algo; además de que el mero hecho de pensar que le podía pasar algo y de que ella no podría ayudarlo era suficiente como para sentir que algo se rompía dentro de su pecho.

Esbozó una pequeña sonrisa cuando el mesero regresó hasta ella dejando un vaso con granizada de limón. No sabía si era solamente el calor de la ciudad de Londres, o si también se habían sumado sus intensos nervios, pero su corazón latía desbocado y sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas por más que presionara las palmas de las manos contra éstas en busca de relajar su rostro. Si seguía así no necesitaría ni abrir la boca para que él supiera que algo estaba sucediendo y que no era solamente un encuentro entre ambos. No sabía si él llegaba tarde -lo cual era demasiado improbable-, si ella llegó demasiado pronto, la hora que era, si no había acabado entrando en otro lugar diferente debido a los nervios. Solamente quería gritarlo, decírselo, saber su opinión, su reacción cuando las palabras salieran atropelladamente de sus labios. Tomó una amplia bocanada de aire antes de llevar la caña de su granizada a sus labios.
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