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I problemi non vengono mai sole | Priv.

Mensaje por Domenico H. De Sica el Vie Ago 11, 2017 10:31 am

Recuerdo del primer mensaje :

Finales de junio

Tan solo habían transcurrido dos días desde que le dieron la noticia en Islandia, no solo tendría que ir en misión diplomática junto a Cassandra, sino que tendría que pasar una temporada en Holanda hasta que consiguieran a lo que habían sido enviados. Estaba seguro de que el conocimiento de la noticia no sería bien recibido por la benjamina de los De Sica, de por sí irascible cuando él debía ausentarse durante un tiempo, mucho más si sabía que debía hacerlo en la compañía de una persona que tanto desagrado le provocaba. En aquella  ocasión no quería guardar el secreto para con su hermana, prefería contarle lo que estaba ocurriendo y que no se enterara por terceras personas; si de por sí conocía su reacción prefería no pensar en si se enterara de ello por alguien que no fuera el propio italiano.

Disponía de una semana completa, que le había sido dado para que pusiera todo en orden en su residencia, para hablar con ella pero sabía que cuanto antes abordaran el tema mejor sería, no estaba dispuesto a irse dejando atrás a una molesta Fiorella que, sin duda, no perdonaría fácilmente. Conocía de buena tinta lo ‘emocionada’ que estaba con el hecho de que vivieran juntos, poder compartir tiempo, al fin, juntos ahora que el curso en Hogwarts había terminado y ella se había graduado, por ello se le tornaba mucho peor la situación. Con otras personas le habría sido relativamente fácil comunicar una misión e irse sin más, pero su hermana era diferente, la conocía demasiado bien como para no verse exagerado cuando pensaba tanto la forma y el momento idóneos para hablar.

Dejó sobre la cama los documentos de residencia, y demás detalles sobre la misión diplomática que allí iban a llevar a cabo. En realidad él no debía hacer mucho más que vigilar que la castaña no traicionara a la Confederación, volver a ser, por decirlo de algún modo, el niñero que controlara, en la medida que fuera posible, que Cassandra Wright no comenzara a jugar solo en favor de sus intereses y comenzara a pensar en la misión y los beneficios que podían repercutir en todos si todo iba como debiere. Desordenó su corto cabello con la diestra, cerrando la puerta tras de si y bajando las escaleras en dirección a la cocina. Prácticamente tenía ya todo organizado para su marcha, aunque aún restaran cinco días para que aquello aconteciera, y, no podía negarlo, se sentía inquieto, no por la misión ni la compañía en sí, sino por las personas que debía dejar atrás durante una temporada que tenía un inicio establecido pero no un fin.
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Re: I problemi non vengono mai sole | Priv.

Mensaje por Domenico H. De Sica el Dom Ago 27, 2017 6:43 am

Permaneció impasible, observando, desde la distancia en la que se encontraba, a Fiorella; sabiendo que reacción que aparecería frente a él sería exagerada, debido al conocimiento previo del italiano sobre la personalidad de su hermana, pero, por dentro, siendo todo un nerviosismo que solo provocaba la joven que tenía delante. Por desgracia disponía de las pocas armas que podían dañar al italiano, y no dudaba en usarlas cuando creía pertinente. Dio un paso hacia ella, cesando prematuramente en el caminar cuando lo ordenó, apuntándole con la varita para dar más énfasis a sus palabras. —Fiorella.— volvió a pronunciar pero, en esta ocasión, con voz seria. Los azules ojos del italiano permanecieron fijos en la varita, regresando hasta ella pasados unos minutos. Mostrando indiferencia ante la amenaza, ante el gesto de su hermana.

Volvió a bajar la mirada, fijando la atención en el movimiento frenético de la varita. Su mandíbula se tensó. Los molares inferiores se presionaron con fuerza contra los superiores, dejando a un lado la expresión de indiferencia y cerniéndose más seria. Lo peor era que no habían palabras para re debatirla, se aisló; todos lo hicieron. Cada miembro de la familia De Sica prefirió aislarse con su dolor. Lo siento, Fiorella. Siento aquello, pero no tiene nada que ver con la situación actual.— consiguió pronunciar. —No estoy anteponiendo mi trabajo a mi familia, ¡hago éstas cosas exactamente por mi familia! Porque nadie tenga que pasar lo mismo que lo que pasamos nosotros.— inquirió alzando dos octavas la voz. —Baja la varita.— ordenó sin amedranto alguno en su voz, fijando sus ojos claros en los contrarios.

Avanzó otro paso, cruzándose en su camino Omerón, portador de unos documentos que ni se molestó en identificar. —Amo, he encontrado estos documentos, ¿desea que los guarde o no sirven?— preguntó el elfo casi en un susurro, ofreciéndoselos con voz temerosa. Bajó la mirada hasta éste, percatándose de las copias de los permisos de residencia en los que figuraban su nueva residencia y una copia de con quien los compartiría. No debió haber cedido en llevar al elfo con ellos desde Florencia. —Dámelos.— demandó quitándoselos de la mano.
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Re: I problemi non vengono mai sole | Priv.

Mensaje por Fiorella M. De Sica el Dom Sep 03, 2017 9:47 am

Sometida bajo los influjos de su propia ira, la cordura de la joven italiana comenzaba a tambalearse hacia un peligroso abismo del que no era consciente, siendo la varita el artífice, ese risco sobre el que se sostenía de puntillas y que con una simple brisa la haría caer; ni si quiera la voz de Domenico, capacitado de traer de vuelta a la castaña de esa oscuridad que nublaba su sentido, logró que la amenaza hacia su persona disminuyera. De hecho incrementó, una vez la menor de la familia entró en cólera alzando la voz hacia el rubio como pocas veces había hecho -Tus disculpas llegan tarde- con dificultad, los vocablos escapaban de entre sus dientes; los dedos apretaron el arma, percibiendo las marcas de la madera contra su piel y los impulsos de su fiel y leal varita que permisiva a los impulsos de su dueña, parecía ansiar con mostrar su fama de ser portada por guerreros -No me importan los demás- si desear que Dom permaneciera a su lado la convertía en una egoísta, que así fuera.

Reacia a la exigencia del primogénito mantuvo la varita alzada contra él. Sus nudillos volvieron a palidecer ante la falta de sangre cuando avanzó un paso más y sólo la inesperada aparición de Omerón pareció distar con la tensión que rebosaba entre las cuatro paredes; Fiorella observó, criatura y humano, cuestionando que clase de documentos dejaría su hermano, esa persona tan organizada, a la vista del elfo doméstico -Accio- el conjuro realizado sobre los papeles surtió efecto antes que el rubio lograra evitarlo. En un solo pestañeo, la joven los tenía entre sus manos.

Fue dando saltos en la lectura, destacando palabras clave impresas en el papel. Residencia. Holanda. Domenico H. De Sica. Motivos. Confederación… Cassandra J. Wright.

En el pecho de Fiorella se instaló un colosal vacío, oquedad que fue colmada por un desprecio y un odio que sólo sintió años atrás hacia su progenitora -Así que ésta es tu gran misión- tiró los documentos sin cuidado, clavando sus orbes verdes azuladas contra las de su hermano -Irte por un tiempo indefinido con una bruja culpada de asesinar a su propio padre. Una bruja que actuó como parte del mismo grupo de personas que mataron a Andrea- había una calma en su voz irreconocible, esa que no auguraba un buen desenlance. Un inminente peligro que acecha entre las sombras -¿En qué te convierte eso, Domenico? Esas razones por las cuales defiendes tu trabajo, ¿Dónde quedan? ¿Hasta qué punto te rebaja colaborar con una bruja que mató a su propia sangre, justo como hizo nuestra madre?- a medida que las acusaciones iban acumulándose, aumentaba su tono de voz -¡Por culpa del gobierno que su padre llevaba fuiste arrastrado a trabajar como un maldito perro guardián, a hundirte en una guerra! ¡Y estás tan ciego por tus ideales que no te das cuenta de nada! ¡No les importas a ninguno de ellos! ¡Eres una pieza más de su juego y cuando ya no seas útil te desecharan!- lágrimas cargadas de aversión pendían de los párpados inferiores de la bruja, con su cuerpo sumido en los temblores que el rencor irradiaba por cada poro de su piel, sin bajar la varita que permaneció en todo momento alzada hacia él.

Entonces, hubo un haz de luz. Nació en el extremo de su compañera e impactó contra el pecho de su hermano, lanzándolo por los aires como si no fuera más que un simple estorbo en su camino, actuando por cuenta propia ante los siniestros deseos de una Fiorella fuera de sí. No obstante la visión del ex-auror despedido por los aires la sacudió, despejando su racionalidad para darse cuenta de lo que acababa de hacer -Do... Domenico- la furia fue sustituida por el miedo. La castaña dejó caer la varita, observando sus manos, incapaz de concebir que era la autora de aquel acto.
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Re: I problemi non vengono mai sole | Priv.

Mensaje por Domenico H. De Sica el Miér Sep 06, 2017 6:40 pm

No eran pocas las ocasiones en las que el italiano había sido el blanco de las acusaciones de su hermana, de su incontrolable impulsividad cuando las cosas no iban como ella deseaba que fueran. Y aún más cuando él era el que estaba envuelto en la situación que la estaba molestando. Más no había esperado sus palabras; acusadoras, directas e hirientes. No podía excusarse a sí mismo en que eran fruto del enfado que aprisionaba a la benjamina de la familia De Sica, si habían ido expresadas era porque habitaban en su mente y, siendo las dichas, desde hacía mucho tiempo habían rondado sus pensamientos hasta que fueron, finalmente, liberadas. No había una contestación válida, solo una mirada al infinito. Indescifrable, inaudita.

No era grande el espacio que los separaba pero, en realidad, se trataba de una distancia abismal que se convertía en un agujero negro que todo lo absorbía, evitando así que el italiano pudiera dar, siquiera, un paso en dirección a su hermana. Sus manos permanecieron frente a su rostro, demostrando que no pasaba nada por su reacción pero debía bajar la varita. La intromisión del elfo doméstico no hizo, si más, oscurecer más la situación. Tomó con rapidez los documentos que portaba en sus menudas manos, no siendo capaz de sostenerlos por más de unos segundos antes de que se deslizaran de éstas. —Esos documentos no son de tu incumbencia, Fiorella.— advirtió tornándose entonces su tono de voz en algo más sombrío. No cabía ni un ápice de amabilidad ni de comprensión en sus vocablos, solo exigencia de que estos regresaran a su dueño. —Si quieres saber algo solo debes preguntarlo.— reiteró dando un paso hacia ella pero siendo ignorado por una documentación que parecía interesar en demasía a la benjamina.

Tomó una buena cantidad de aire, siguiendo el trayecto de los documentos y fijando, con posterioridad, su mirar glacial en el contrario. Siendo golpeado por todas y cada una de las palabras que pronunciaba, recibiendo, sabedor de merecerlas, todo lo que tuvo que decir. —¿Te crees juez que puede juzgar lo que hacen los demás?— cuestionó con demasiada calma —Sin saber, siquiera, la mitad de la historia, sin tener conocimiento alguno de la situación y solo hablando por hablar, corrompida por el odio.— siguió hablando con lentitud, sin apartar la mirada de ella y la postura amenazante que aún mantenía. Cerró los ojos apenas unas milésimas de segundo, no siendo capaz de prevenir lo que estaba por llegar. De súbito una fuerte presión golpeó su pecho expulsándolo hacia atrás, haciendo chocar su cuerpo contra uno de los armarios de madera que ocupaban la sala. Su espalda golpeó con fuerza el mueble, haciendo en una de las puertas cediera y varios marcos con fotografías cayeran de los estantes.

Las amplias manos del italiano se sujetaron donde pudieron, llevando una de estas a su pecho cuando consiguió incorporarse, moviendo, con aturdimiento, la cabeza hacia ambos lados en busca de esclarecer que era lo que acababa de suceder. Solo una voz consiguió que volviera a mirarla. Su propio rostro reflejaba sorpresa y confusión ante lo acontecido. Permaneciendo apoyado contra el destrozado mueble. —Me rebajaré todo lo que sea necesario si con ello mi familia está a salvo.— pronunció con falta de aire. Eran muchos los ataques que su cuerpo había recibido, las veces en las que el aliento le faltaba para pronunciar un hechizo, pero no eran nada comparado con la sensación de que su hermana fuera la causante de ello.
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Re: I problemi non vengono mai sole | Priv.

Mensaje por Fiorella M. De Sica el Jue Sep 07, 2017 6:21 pm

La oscuridad que durante más de media década se alimentó del corazón de la italiana tomó el control de su razón, jugó con ella como si de un mero títere se tratase haciendo que perdiera cualquier noción de sentido común; el odio cubrió sus ojos y su corazón, guio sus más tenebrosos impulsos hasta darle una forma inesperada, lanzada contra la última persona que hubiera imaginado. Domenico, su hermano. Aquel por el que se introdujo en el mundo de sombras, en el estudio por hacer de su alma algo inmortal que les ayudara a permanecer juntos; la persona por la que lucharía contra el orden de la naturaleza de estar en sus manos.

La varita cayó al suelo, rebotando repetidas veces hasta rodar por el suelo de mármol, quedando estática una vez dio varias vueltas. Fiorella se encontraba en estado de shock. Normalmente la persona que hubiera cometido la insensatez de atacar al rubio ya estaría inconsciente en el suelo por un agresivo ataque de la castaña; sin embargo, ella había sido la autora, el hechizo salió del extremo de su varita, un acto impulsado por los fuertes sentimientos que la dominaron. Sus manos temblaban abruptamente, siendo visible incluso a una considerable distancia -Dom… yo…- pudo ver la expresión de perplejidad en el rostro ajeno. Lo traicionó. Él nunca dejó de confiar en ella y ahora estaba apoyado contra un mueble dañado, recuperándose de un ataque que no vio venir.

Fiorella sintió la boca seca y su lengua tan densa que en cualquier momento la ahogaría. No pudo seguir mirando a Domenico así que centró su mirada en los brazos que ahora trataban de reposar contra sus costados, algo complicado pues seguía temblando. El corazón le latía con una fuerza que el aire de sus pulmones comenzaba a escasear.

Y sin previo aviso desapareció. Sin varita. Sin disculpas. Sólo con una terrible desazón en su pecho.
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