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Comfortable, miserable | Privado [FB].

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Comfortable, miserable | Privado [FB].

Mensaje por Robert D. McKinnon el Sáb Ago 05, 2017 10:46 am


Finales de Marzo.
Tres semanas después de la noticia.
Reino Unido, Coster-De Haes Place.

Llevaba meses evadiendo cualquier contacto que no fuese el de su prometida o tener noticias relacionadas con Marlene — lo cuál significaba pasar bastante tiempo preguntando por el padre de su nieta —. Eso implicaba, en cierta forma, no saber nada sobre Ragnor. Ni sobre sus hijas, a las cuáles llevaba ya tiempo sin ver, ni tampoco sobre la condición del belga que cargaba sobre su espalda una situación semejante, por no decir casi idéntica, a la que portaban los hombros del irlandés. Ambos habían perdido mucho en la batalla de Salvio Hexia, y aunque los acontecimientos ya se remontaban a antaño, el pecar y la duda, el dolor y la desolación por todo lo que habían sido seguía corrompiendo sus mentes.

Robert, ataviado con un polo de manga corta con el cuello desabrochado por el calor inminente del barrio londinense donde se encontraba la casa del que ahora no era ni más ni menos que su cuñado, palabra que para Robert tenía una connotación bastante extraña. Sin embargo Ragnor nunca dejaría de ser su hermano, su amigo, su confidente y la única persona a la que mantuvo informado durante su ausencia por tantos años de la vida de Marlene. Y cuanto más le debía, menos capaz se sentía de ocultarle las cosas. Y lo hacía, por ello la culpa lo carcomía. Porque la confianza seguía estando, pero no estaba muy seguro de cuál sería la reacción del belga cuando se enterase de que, finalmente, Lena y él habían decidido formar una familia. Familia que había llegado por sorpresa, pues ninguno de los dos fue consciente de la causa hasta que fue demasiado tarde. Y nunca antes algo así le había proporcionado tanta alegría.

Con una sonrinsa ancha, deambulando por los adoquines de un encerado bastante cuidado, la casa de los Coster-De Haes no le resultaba desconocida. Hacía tiempo que no la pisaba, y cierto era que la última visita no había acabado del todo bien, pero guardaba la esperanza de salir ileso de la mansión al finalizar el día. Con un golpe, quizás dos, pero Robert no se opondría. Ragnor estaba en su derecho de golpearlo si así lo quería. Los arbustos de la entrada, perfectamente alineados y cuidados, te dirigían hacia una entradilla bastante agradable, cómoda y con un pequeño banco de madera con una mesa de té donde suponía, antaño, las chicas pasaban su tiempo libre cuando el jardín no era de su agrado. Volvió a sonreír, la añoranza era su más preciado tesoro aquel día. Y llamó a la puerta, golpeando varias veces con sus nudillos, haciendo tronar en el interior un ligero estruendo que no entendía muy bien por qué se producía, obviando el timbre pues pocas personas llamaban a aquella casa como lo hacía Dalerick.

No dudaba que Ragnor comprendería al instante quién llamaba a su puerta.
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Re: Comfortable, miserable | Privado [FB].

Mensaje por Ragnor V. Coster-De Haes el Mar Ago 08, 2017 7:00 am

-Papá, ¿Puedo ir mañana a casa de Katie?- la petición, endulzada con la tierna voz de Agnes, interrumpió de forma repentina la conversación que estaban teniendo padre e hija durante el ya regular paseo de cada tarde por el parque cercano a la vivienda familiar, situada en un barrio muggle -¿Todo el día?- inquirió el belga con sus ojos añiles entrecruzados con los verdes contrarios. Los intentos por mostrar cierta severidad hacía mucho que fueron inútiles cuando se trataba de sus pequeñas -Por favor- el mohín en los labios de Agnes junto a la escasa resistencia que ponía a ciertas peticiones de las niñas, le hicieron sonreír -Iré a por ti antes de la hora de la cena- decidió pactar con la castaña que se lanzó a sus brazos con los agradecimientos escabullendo eufóricos por sus labios. Y, vencido por el calor que lo embargaba, rió como pocas veces hacía mientras la abrazaba.

Y como pactaron, a esas alturas del día posterior la menor de los Coster-De Haes su ausentó de la casa, dejando a Ragnor en una soledad que le era vieja amiga. El silencio era un grato compañero para dedicarse a sus estudios personales; lecturas que abandonó en un pasado debido a los numerosos inconvenientes que encontró como rector de Salvio Hexia, robando por completo su tiempo.

En la privacidad de su despacho el número de libros, pergaminos y cartas se extendían a lo largo y ancho de su escritorio sin aparente orden. La mirada del belga, intensa, repasaba línea por línea diversos documentos históricos, ¿Qué estudiaba con tanto interés? Duendes. Una sociedad de criaturas por encima de los mismos magos quienes, en su egocentrismo, parecían obviar el talento que escondían o no quisieron atestiguar, dadas las disputas en la antigüedad por los deseos de la comunidad de duendes por hacer uso de varita. Una sociedad recelosa por el pasado y a la que le costaba acceder incluso desenvolviéndose en su lengua; de entre todos los que conocía, sólo podía considerar amigos a un par de duendes, siempre respetando su concepto de la propiedad.

Un deseo se apoderó de sus pensamientos, hasta que estos se vieron interrumpidos por el sonoro golpe de una puerta. De unos nudillos contra la madera, siendo específicos. Y pocas personas se paraban en el umbral de ese modo.

En el frente del rubio se formó una línea de consternación pues no esperaba visita alguna. Dejó todo lo que estaba haciendo para caminar hacia la entrada, con la sospecha ya nacida en su pecho y expandiéndose por cada recóndito lugar de su ser, ¿Podía ser? Con su zurda aprisionó y giró seguidamente el pomo de la puerta, dejando al descubierto la inesperada visita que lo esperaba con una amplia sonrisa en el rostro -Robert- como de costumbre no fue fácil descifrar la expresión en las facciones del belga aunque sus ojos solían delatarlo, mostrando estupor -Hacía mucho que no venías- una evidencia que necesitaba ser destacada. Se echó a un lado para así dar paso al irlandés al interior, con la preconcebida idea que su visita no era un simple saludo.
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Re: Comfortable, miserable | Privado [FB].

Mensaje por Robert D. McKinnon el Lun Ago 14, 2017 12:22 pm

Ausente, en parte, la cabeza del irlandés vagaba entre un sinfín de explicaciones que barajar ante las cuestiones que el belga seguramente pondría en mesa y serviría con capa y espada durante la retuerta que signficaba volver a verlo tras, literalmente, meses desaparecido. Suspiró, acomodando el bajo de su camisa y colocando las mangas de la misma en su sitio, tratando de mantener una imagen desentendida pero elocuente, capaz de llevar una conversación sin deambular por caminos que no gustarían nada a Ragnor.

Pero al cuerno con Merlín, era obvio que la conversación tomaría aquel camino bastante rápido.

El chirrio de una puerta bien cuidada lo alertó, aún con aquella sonrisa presente en el rostro, y trató de mantener la compostura ante el rostro conocido que le abría la puerta. ¿Cansado, quizás? No llegaba a descifrar el estado anímico de su más fiel confidente durante tantos años de su vida, tampoco compartía el hecho de que ambos se veían exactamente igual con el paso de los años pese a que el contrario era cuatro años menor. Y, sin embargo, el aluvión de necesidad por estrecharlo en un fuerte abrazo se abrió paso ante la cordialidad que el irlandés, antiguo ex-auror, rebosaba por los cuatro costados. Ajeno a si la comodidad llamaba a la puerta de Ragnor, se adelantó lo suficiente como para llevar a cabo tal proeza, y estrechando con fuerza sus dos manos por detrás del belga para regalarle un abrazo tras tanto tiempo, volvió a suspirar y atajó el proceso, cortándolo en lo que sus cuerdas vocales volvían a dejarse aclarar — Por Merlín, Ragnor, te ves igual que de costumbre. — mintió, a expensas de que en la fisionomía del ex-rector el cambio seguía estando presente, pero sin dejar ataviar la conversación por un sendero tortuoso que a ambos les dolía en sobremasía.

Aceptó la invitación, dando varias palmadas en el hombro de su compañero, con firmeza, y entró por aquel recibidor que tantos recuerdos le profesaban. Marlene había pasado más tiempo de vida con su tío que con su padre, y las paredes de aquel lugar dejaban ver el recuerdo de la pequeña corretear por los pasillos ante la ausente mirada de su padre. El mismo Ragnor contaba, continuamente, en cartas todas aquellas vivezas. Y recordarlas no era más que una buena forma de recuperar el deseo por volver a reunificar una familia — Ni siquiera piso mi casa en los últimos meses, amigo mío. — comentó, preguntándose si Ragnor no sabría de sus viajes a Bulgaria sobre la fecha, si Lena habría comentado algo o alguna carta habría llegado hasta su despacho cuando menos lo hubiese esperado — Mucho trabajo, mucho lío... muchas cosas, como siempre, estar ajetreado y desaparecer de la faz de la Tierra es algo a lo que te tengo acostumbrado. — torpemente, tristemente. Casualmente. Esbozó una media sonrisa, reculeando en su lugar y abriéndose paso a un salón que, no obstante, apenas reconocía — ¿Qué tal las niñas? — terció, abriendo paso a una conversación que, seguramente, terminaría por devolverle más de un golpe de derecha... izquierda.
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Re: Comfortable, miserable | Privado [FB].

Mensaje por Ragnor V. Coster-De Haes Ayer a las 10:56 am

Desconcertante, extraño, ese era el modo de describir la inesperada de Robert a las puertas de la vivienda familiar del Coster-De Haes, esas que siempre estuvieron abiertas para el irlandés y, aun así, pocas ocasiones fueron honradas con la presencia del auror; en un pasado defendió fervientemente su partida, forzado por aquellos enemigos que se ganó a lo largo de los años al punto de serle arrebatado dos de los mayores tesoros de su vida, lanzado a la tesitura de dejar a su única hija lejos de su protección ante el peligro que suponía la mera presencia en la vida de una pequeña Marlene. El tiempo desplazó a los antagonistas de su crónica, no obstante, su ausencia se mantuvo -No es la frase que hubiera escogido- su tono ambiguo se vio alterado por confusión, originada en ese abrazo que llegó con la misma celeridad que se fue. Un gesto que hubiera recibido de buen agrado meses atrás y que ahora, ante el desconocimiento de su paradero durante meses, parecía esconder hipocresía en sus ojos añiles.

Avanzó parsimonioso una vez cerró la entrada de la casa. A escasos pasos de diferencia del rubio hasta alcanzarlo, repasando su anatomía con la mirada en busca de algún detalle pasado por alto en la primera impresión; lo adelantó únicamente para dirigirse al salón de la casa, considerándolo más idóneo que el hall. No perdía detalle de sus palabras pero sería un engaño decir que postraba toda su atención. Cada vocablo le era de sobra conocido, esas disculpas modificadas en frases compuestas -Algunas costumbres se mantienen- plácido pero acertado, su atención se vio desviada por unos segundos en recoger unos dibujos que Margaret hizo la noche anterior y el ejemplar de “Criaturas Fantásticas y Dónde encontrarlas” que estuvo leyendo esa mañana antes de irse.

La mirada de Ragnor se cruzó de nuevo con la de Robert. Añiles contra acianos. -Ezster vendrá en unos días por las vacaciones de Pascua, está deseando pasar la semana con nosotros, quiere mostrarme como ha avanzado en todas las materias, especialmente en DCAO- a pesar del orgullo que pudiera ocasionar sus habilidades como bruja, la fijación de la primogénita por la profesión de un gran número de sus familiares le inquietaba desde hacía años -Agnes hoy fue a pasar el día a casa de una de sus amigas del colegio muggle hasta la hora de la cena, trato de pasar más tiempo con ella, sobre todo porque el próximo curso ya entrará en Hogwarts-

Retirado el pequeño desorden ocasionado por la benjamina, el belga permaneció en pie, cansado de mantenerse en una silla frente a un ingente número de pergaminos. El pulgar de su zurda movía un anillo en su índice, en su posesión desde la mayoría de edad como obsequio de su progenitor -Robert, sabes que no me gustan las formalidades infundadas. Ya tengo suficiente con estar entre políticos- objetó, depositando la mirada en él -¿Qué te ha traído a mi casa? No menosprecio tu visita pero sabemos que si sólo hubiera sido para saber del estado de nuestras vidas, habrías enviado una carta- maldito el conocimiento sobre una persona que ofrecían los años. La confianza podía ser traicionera y, a pesar de convertirse en un fuerte pilar para cualquier clase de relación, podía volverse en tu contra.
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