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Comfortable, miserable | Privado [FB].

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Comfortable, miserable | Privado [FB].

Mensaje por Robert D. McKinnon el Sáb Ago 05, 2017 10:46 am


Finales de Marzo.
Tres semanas después de la noticia.
Reino Unido, Coster-De Haes Place.

Llevaba meses evadiendo cualquier contacto que no fuese el de su prometida o tener noticias relacionadas con Marlene — lo cuál significaba pasar bastante tiempo preguntando por el padre de su nieta —. Eso implicaba, en cierta forma, no saber nada sobre Ragnor. Ni sobre sus hijas, a las cuáles llevaba ya tiempo sin ver, ni tampoco sobre la condición del belga que cargaba sobre su espalda una situación semejante, por no decir casi idéntica, a la que portaban los hombros del irlandés. Ambos habían perdido mucho en la batalla de Salvio Hexia, y aunque los acontecimientos ya se remontaban a antaño, el pecar y la duda, el dolor y la desolación por todo lo que habían sido seguía corrompiendo sus mentes.

Robert, ataviado con un polo de manga corta con el cuello desabrochado por el calor inminente del barrio londinense donde se encontraba la casa del que ahora no era ni más ni menos que su cuñado, palabra que para Robert tenía una connotación bastante extraña. Sin embargo Ragnor nunca dejaría de ser su hermano, su amigo, su confidente y la única persona a la que mantuvo informado durante su ausencia por tantos años de la vida de Marlene. Y cuanto más le debía, menos capaz se sentía de ocultarle las cosas. Y lo hacía, por ello la culpa lo carcomía. Porque la confianza seguía estando, pero no estaba muy seguro de cuál sería la reacción del belga cuando se enterase de que, finalmente, Lena y él habían decidido formar una familia. Familia que había llegado por sorpresa, pues ninguno de los dos fue consciente de la causa hasta que fue demasiado tarde. Y nunca antes algo así le había proporcionado tanta alegría.

Con una sonrinsa ancha, deambulando por los adoquines de un encerado bastante cuidado, la casa de los Coster-De Haes no le resultaba desconocida. Hacía tiempo que no la pisaba, y cierto era que la última visita no había acabado del todo bien, pero guardaba la esperanza de salir ileso de la mansión al finalizar el día. Con un golpe, quizás dos, pero Robert no se opondría. Ragnor estaba en su derecho de golpearlo si así lo quería. Los arbustos de la entrada, perfectamente alineados y cuidados, te dirigían hacia una entradilla bastante agradable, cómoda y con un pequeño banco de madera con una mesa de té donde suponía, antaño, las chicas pasaban su tiempo libre cuando el jardín no era de su agrado. Volvió a sonreír, la añoranza era su más preciado tesoro aquel día. Y llamó a la puerta, golpeando varias veces con sus nudillos, haciendo tronar en el interior un ligero estruendo que no entendía muy bien por qué se producía, obviando el timbre pues pocas personas llamaban a aquella casa como lo hacía Dalerick.

No dudaba que Ragnor comprendería al instante quién llamaba a su puerta.
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Re: Comfortable, miserable | Privado [FB].

Mensaje por Ragnor V. Coster-De Haes el Mar Ago 08, 2017 7:00 am

-Papá, ¿Puedo ir mañana a casa de Katie?- la petición, endulzada con la tierna voz de Agnes, interrumpió de forma repentina la conversación que estaban teniendo padre e hija durante el ya regular paseo de cada tarde por el parque cercano a la vivienda familiar, situada en un barrio muggle -¿Todo el día?- inquirió el belga con sus ojos añiles entrecruzados con los verdes contrarios. Los intentos por mostrar cierta severidad hacía mucho que fueron inútiles cuando se trataba de sus pequeñas -Por favor- el mohín en los labios de Agnes junto a la escasa resistencia que ponía a ciertas peticiones de las niñas, le hicieron sonreír -Iré a por ti antes de la hora de la cena- decidió pactar con la castaña que se lanzó a sus brazos con los agradecimientos escabullendo eufóricos por sus labios. Y, vencido por el calor que lo embargaba, rió como pocas veces hacía mientras la abrazaba.

Y como pactaron, a esas alturas del día posterior la menor de los Coster-De Haes su ausentó de la casa, dejando a Ragnor en una soledad que le era vieja amiga. El silencio era un grato compañero para dedicarse a sus estudios personales; lecturas que abandonó en un pasado debido a los numerosos inconvenientes que encontró como rector de Salvio Hexia, robando por completo su tiempo.

En la privacidad de su despacho el número de libros, pergaminos y cartas se extendían a lo largo y ancho de su escritorio sin aparente orden. La mirada del belga, intensa, repasaba línea por línea diversos documentos históricos, ¿Qué estudiaba con tanto interés? Duendes. Una sociedad de criaturas por encima de los mismos magos quienes, en su egocentrismo, parecían obviar el talento que escondían o no quisieron atestiguar, dadas las disputas en la antigüedad por los deseos de la comunidad de duendes por hacer uso de varita. Una sociedad recelosa por el pasado y a la que le costaba acceder incluso desenvolviéndose en su lengua; de entre todos los que conocía, sólo podía considerar amigos a un par de duendes, siempre respetando su concepto de la propiedad.

Un deseo se apoderó de sus pensamientos, hasta que estos se vieron interrumpidos por el sonoro golpe de una puerta. De unos nudillos contra la madera, siendo específicos. Y pocas personas se paraban en el umbral de ese modo.

En el frente del rubio se formó una línea de consternación pues no esperaba visita alguna. Dejó todo lo que estaba haciendo para caminar hacia la entrada, con la sospecha ya nacida en su pecho y expandiéndose por cada recóndito lugar de su ser, ¿Podía ser? Con su zurda aprisionó y giró seguidamente el pomo de la puerta, dejando al descubierto la inesperada visita que lo esperaba con una amplia sonrisa en el rostro -Robert- como de costumbre no fue fácil descifrar la expresión en las facciones del belga aunque sus ojos solían delatarlo, mostrando estupor -Hacía mucho que no venías- una evidencia que necesitaba ser destacada. Se echó a un lado para así dar paso al irlandés al interior, con la preconcebida idea que su visita no era un simple saludo.
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Mensaje por Robert D. McKinnon el Lun Ago 14, 2017 12:22 pm

Ausente, en parte, la cabeza del irlandés vagaba entre un sinfín de explicaciones que barajar ante las cuestiones que el belga seguramente pondría en mesa y serviría con capa y espada durante la retuerta que signficaba volver a verlo tras, literalmente, meses desaparecido. Suspiró, acomodando el bajo de su camisa y colocando las mangas de la misma en su sitio, tratando de mantener una imagen desentendida pero elocuente, capaz de llevar una conversación sin deambular por caminos que no gustarían nada a Ragnor.

Pero al cuerno con Merlín, era obvio que la conversación tomaría aquel camino bastante rápido.

El chirrio de una puerta bien cuidada lo alertó, aún con aquella sonrisa presente en el rostro, y trató de mantener la compostura ante el rostro conocido que le abría la puerta. ¿Cansado, quizás? No llegaba a descifrar el estado anímico de su más fiel confidente durante tantos años de su vida, tampoco compartía el hecho de que ambos se veían exactamente igual con el paso de los años pese a que el contrario era cuatro años menor. Y, sin embargo, el aluvión de necesidad por estrecharlo en un fuerte abrazo se abrió paso ante la cordialidad que el irlandés, antiguo ex-auror, rebosaba por los cuatro costados. Ajeno a si la comodidad llamaba a la puerta de Ragnor, se adelantó lo suficiente como para llevar a cabo tal proeza, y estrechando con fuerza sus dos manos por detrás del belga para regalarle un abrazo tras tanto tiempo, volvió a suspirar y atajó el proceso, cortándolo en lo que sus cuerdas vocales volvían a dejarse aclarar — Por Merlín, Ragnor, te ves igual que de costumbre. — mintió, a expensas de que en la fisionomía del ex-rector el cambio seguía estando presente, pero sin dejar ataviar la conversación por un sendero tortuoso que a ambos les dolía en sobremasía.

Aceptó la invitación, dando varias palmadas en el hombro de su compañero, con firmeza, y entró por aquel recibidor que tantos recuerdos le profesaban. Marlene había pasado más tiempo de vida con su tío que con su padre, y las paredes de aquel lugar dejaban ver el recuerdo de la pequeña corretear por los pasillos ante la ausente mirada de su padre. El mismo Ragnor contaba, continuamente, en cartas todas aquellas vivezas. Y recordarlas no era más que una buena forma de recuperar el deseo por volver a reunificar una familia — Ni siquiera piso mi casa en los últimos meses, amigo mío. — comentó, preguntándose si Ragnor no sabría de sus viajes a Bulgaria sobre la fecha, si Lena habría comentado algo o alguna carta habría llegado hasta su despacho cuando menos lo hubiese esperado — Mucho trabajo, mucho lío... muchas cosas, como siempre, estar ajetreado y desaparecer de la faz de la Tierra es algo a lo que te tengo acostumbrado. — torpemente, tristemente. Casualmente. Esbozó una media sonrisa, reculeando en su lugar y abriéndose paso a un salón que, no obstante, apenas reconocía — ¿Qué tal las niñas? — terció, abriendo paso a una conversación que, seguramente, terminaría por devolverle más de un golpe de derecha... izquierda.
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Mensaje por Ragnor V. Coster-De Haes el Dom Ago 20, 2017 10:56 am

Desconcertante, extraño, ese era el modo de describir la inesperada de Robert a las puertas de la vivienda familiar del Coster-De Haes, esas que siempre estuvieron abiertas para el irlandés y, aun así, pocas ocasiones fueron honradas con la presencia del auror; en un pasado defendió fervientemente su partida, forzado por aquellos enemigos que se ganó a lo largo de los años al punto de serle arrebatado dos de los mayores tesoros de su vida, lanzado a la tesitura de dejar a su única hija lejos de su protección ante el peligro que suponía la mera presencia en la vida de una pequeña Marlene. El tiempo desplazó a los antagonistas de su crónica, no obstante, su ausencia se mantuvo -No es la frase que hubiera escogido- su tono ambiguo se vio alterado por confusión, originada en ese abrazo que llegó con la misma celeridad que se fue. Un gesto que hubiera recibido de buen agrado meses atrás y que ahora, ante el desconocimiento de su paradero durante meses, parecía esconder hipocresía en sus ojos añiles.

Avanzó parsimonioso una vez cerró la entrada de la casa. A escasos pasos de diferencia del rubio hasta alcanzarlo, repasando su anatomía con la mirada en busca de algún detalle pasado por alto en la primera impresión; lo adelantó únicamente para dirigirse al salón de la casa, considerándolo más idóneo que el hall. No perdía detalle de sus palabras pero sería un engaño decir que postraba toda su atención. Cada vocablo le era de sobra conocido, esas disculpas modificadas en frases compuestas -Algunas costumbres se mantienen- plácido pero acertado, su atención se vio desviada por unos segundos en recoger unos dibujos que Margaret hizo la noche anterior y el ejemplar de “Criaturas Fantásticas y Dónde encontrarlas” que estuvo leyendo esa mañana antes de irse.

La mirada de Ragnor se cruzó de nuevo con la de Robert. Añiles contra acianos. -Ezster vendrá en unos días por las vacaciones de Pascua, está deseando pasar la semana con nosotros, quiere mostrarme como ha avanzado en todas las materias, especialmente en DCAO- a pesar del orgullo que pudiera ocasionar sus habilidades como bruja, la fijación de la primogénita por la profesión de un gran número de sus familiares le inquietaba desde hacía años -Agnes hoy fue a pasar el día a casa de una de sus amigas del colegio muggle hasta la hora de la cena, trato de pasar más tiempo con ella, sobre todo porque el próximo curso ya entrará en Hogwarts-

Retirado el pequeño desorden ocasionado por la benjamina, el belga permaneció en pie, cansado de mantenerse en una silla frente a un ingente número de pergaminos. El pulgar de su zurda movía un anillo en su índice, en su posesión desde la mayoría de edad como obsequio de su progenitor -Robert, sabes que no me gustan las formalidades infundadas. Ya tengo suficiente con estar entre políticos- objetó, depositando la mirada en él -¿Qué te ha traído a mi casa? No menosprecio tu visita pero sabemos que si sólo hubiera sido para saber del estado de nuestras vidas, habrías enviado una carta- maldito el conocimiento sobre una persona que ofrecían los años. La confianza podía ser traicionera y, a pesar de convertirse en un fuerte pilar para cualquier clase de relación, podía volverse en tu contra.
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Mensaje por Robert D. McKinnon el Dom Ago 27, 2017 6:14 am

De un palabrerío innecesario, así lo hubiese dotado el belga en cualquier momento. Y no tardó en llegar la clara afirmación de que así lo pensaba, y que las visitas del irlandés no traían consigo más que noticias que, en muchas ocasiones, nadie quería escuchar.

No obstante paseó su mirada por la estancia, repercutiendo su mirada en los recuerdos de la familia que el viejo rector había forjado de una situación quizás tan peliaguda como la suya propia. O más, incluso, pues no sólo tuvo que sacar a sus hijas adelante, sino que se vió como guardián de sus propios secretos con la custodia de una sobrina que en ningún momento pensó le tocaría cuidar. La relación entre ambas familias siempre había sido digna de admirar, el ambiente cariñoso y la burbuja afable en la que ambas se habían desarrollado era encomiable. Sin embargo la forma en la que se habían sucedido las cosas restaba importancia a todo lo demás, y el destino crujía los huesos de la mortandad en la que, desgraciadamente, todo el entorno familiar se había movido. Resopló, con una media sonrisa — Todas las costumbres siguen manteniéndose, y la verdad, amigo mío, entiendo perfectamente que me repliques indirectamente de esta manera. — comentó, alzando ambas manos, sintiéndose claro culpable de la situación. El relato de las pequeñas de la casa, no obstante, le hicieron ensanchar la media sonrisa. Como el belga había dicho, algunas costumbres se mantenían, y las propias de las hijas de Ragnor no habían cambiado en lo más mínimo. Ya más altas, más maduras y mayores, parecían empezar a sentir la necesidad de no tener que depender tanto de su padre, y eso en cierto modo seguramente estaría afectando al belga que, acostumbrado a tenerlas siempre cerca, observaba cómo poco a poco sus pequeñas hacían y deshacían sin la figura paterna.

Pero siempre volvían. Robert nunca había vuelto.

Manteniéndose en su lugar para no molestar de mientras Ragnor recogía el desorden, barajaba en su cabeza diferentes formas de hacerle entender la situación actual, esa que estaban viviendo no sólo en su cabeza, sino en la de todos. Nadie sabía nada, ni siquiera Marlene se había enterado todavía. Y aún así no estaba del todo seguro de cómo reaccionaría — Me quedé sin pergaminos, y no había tinta en el tintero. — bromeó, dándole un golpe en el hombro, cariñosamente. Las cartas habían sido el método más eficaz de tener que enfrentarse a la pequeña figura que había sido Marlene durante la mayor parte de su infancia, observarla de cerca torturaba el deseo de poder abrazarla. Las cartas habían sido sus más fieles amigas — Sabes perfectamente que no hay nadie en el mundo, aparte de ti, que conozca todos y cada uno de mis secretos, te confiaría mi vida. — indicó, abriéndose paso entre un camino lento pero necesario, tomando asiento en uno de los sillones y en espera, realmente, que Ragnor hiciera lo propio también — Hay... ¿nuevas noticias? Buenas, descuida. — terció, como advertencia, pues últimamente todas habían sido desgracias unas tras otras — No hay que alarmarse, simplemente... supongo que es complicado, incluyen a Noëla y claro, no estoy muy seguro de ser el indicado para contarte. — frunció el ceño, haciendo una pausa para tomar aire y, desde el lugar en el que se encontraba, vislumbrar las reacciones en el cuerpo contrario — No me andaré con más rodeos, Ragnor, tu hermana está embarazada. — y calló, de golpe, simulando un silencio sepulcral que bien podía ser el de su propio funeral en aquel preciso momento.
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Mensaje por Ragnor V. Coster-De Haes el Vie Sep 01, 2017 10:59 am

Quien conociera al belga, sabía que no era muy dado a las bromas -al menos, a partir de ciertos puntos en su vida- y que se desenvolvía mejor por los comentarios irónicos o las verdades sobradas de sinceridad, construidos con una base previa. Por ello miró al irlandés alzando una ceja, sin añadir comentarios, ¿Qué iba a decir? Acomodó las cosas de Agnes en su zurda mientras atendía a las palabras del experimentado auror, con un asentimiento casi imperceptible a medida que hablaba; los años de amistad superaban la década y el tiempo junto a una conexión fraternal desde inició propició la confidencialidad entre ambos magos a los puntos de albergar cada secreto ajeno, a cuidar de su propia sangre. Todo cuanto decía era cierto. Sin embargo, seguía esperando recibir los motivos de su visita.

Tomó asiento en el sillón adverso al de Robert, con el interrogante despuntando en su mirar añil. Noticias. Era un alivio saber que se trataba de buona nuova pero el consuelo fue momentáneo, el tiempo que el nombre de Noëla entró en la ecuación que el rubio le planteaba; los ojos de Ragnor, refulgentes, exigieron sin necesidad de palabras la parte restante de lo que tenía por decir. Aunque, siendo honestos, casi hubiera preferido ser por una vez, un ignorante.

Su hermana estaba embarazada. Celaena estaba embarazada.

No supo decir en qué momento exacto de la conversación el codo del metamorfago se apoyó en el posabrazos, cubriendo sus labios con el puño cerrado. Mantuvo dicha postura por medio minuto sin pronunciar palabra, completando el silencio que se creo tras los vocablos de Robert; el estatismo era digno de una escultura al punto de agudizar la vista para comprobar que seguía respirando. Tan sólo un pensamiento se repetía en su cabeza una y otra vez, taladrando su mente al igual que la continua caída de una gota sobre una piedra, erosionándola. Hubo una pequeña oscilación que delató que volvía a estár presente y no sumido en un estado de shock; se levantó, ocupando su mano con el libro de su hija e iniciando un andar premioso, como si necesitara sopesar cada paso hasta que se puso a la altura del hechicero. Posó la encuadernación en un pequeño mueble contiguo, aún sin pronunciarse al respecto. Fue cuando se liberó de esa carga, que giró el cuerpo y su puño cruzó la distancia con una pasmosa rapidez, asestando directamente contra la mandíbula del irlandés, movido por un impulso primario -лệße- gruñó en una lengua desconocida para una gran parte de la población, áspera, mientras abría y cerraba la mano, sufriendo las consecuencias de su propia rabia.
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Re: Comfortable, miserable | Privado [FB].

Mensaje por Robert D. McKinnon el Vie Sep 15, 2017 11:46 am

El tiempo, efímero, parecía querer recordarle las largas horas que había pasado durante tantos años respirando un aire que le incomodaba por la lejanía que mantenía con todo lo que, hasta ahora, había sido su familia. El silencio del belga perpetuado por una reacción un tanto condescendiente que consistió en no moverse apenas un milímetro cuando la noticia salió de los labios del irlandés taladraba sus propios tímpanos. Y el ansia por saber si exactamente todo aquello sería aprobado o, en cualquier caso, respetado terminaron por reventarle el pecho con una respiración agitada que se veía alterada con todos y cada uno de los movimientos de Ragnor, el cuál parecía haber reaccionado tarde a todo aquello.

O quizás la asimilación había sido más larga de lo debido.

Dolor, extraña sensación cuando la memoria no le fallaba y recordaba la última vez que ambos habían compartido un roce fortuito que no había hecho más que afianzar el cariño que se tenían y la confianza con la que jugaban. El cuerpo del belga, completamente virado, hizo tronar por completo el rostro del irlandés el cuál, completamente atónito, no se esperaba dicha reacción. Más bien esperaba un golpe mucho más directo a su estómago, de aquellos que dejan sin respiración — Por Merlín. — murmuró, apesadumbrado y con el rostro desencajado, sintiendo como en su boca el amargo sabor a sangre empezaba a hacer presencia y su saliva se agolpaba como queriendo sanar una zona que no dejaría de doler en varios días y, seguramente, dejaría marca. Una marca que le preocupaba mucho más que el hecho de que Ragnor no sostuviese la idea de que Celaena estuviese embarazada. Pues difícil era contener al varón, pero más difícil era contener a su melliza.

Sin saber exactamente qué decir o hacer movió su mandíbula sintiendo la quemazón. Acomodándose, no obstante, sin devolver un golpe que seguramente se había merecido por el secreto tan puro que por varios meses habían guardado, observaba al contrario con la mirada perdida en sus orbes, tratando de descifrar qué pensaba exactamente. No había entendido la maldición que había soltado, ni mucho menos preguntaría por su significado porque intuía no era nada bonito — No voy a decir que no me lo merecía. — indicó, frunciendo el ceño con una mano en la mejilla, allí donde el golpe había sido duramente encajado — Pero si que espero, al menos, que comprendas la situación y respetes lo que ha pasado. Esa criatura que viene en camino es tan familia mía como tuya, Vaelor. — sentenció, serio, más con ese brillo de cariño, afecto... con esa impaciencia por esperar que su más viejo amigo le diese un abrazo que sellara, finalmente, la comprensión de la noticia.
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Mensaje por Ragnor V. Coster-De Haes el Miér Sep 20, 2017 10:46 am

Un intenso dolor recorría todo su brazo, concentrado en los nudillos que habían impactado contra el anguloso rostro del auror bajo los impulsos primitivos de los que se vio víctima al escuchar sus palabras; incluso con los calambres que atolondraban sus dedos, la frase se repetía en su cabeza, taladrándola, llegando a crisparlo, como si de una campanilla de viento bajo una fuerte ventolera se tratase. Ignoró por completo la queja del irlandés pues se encontraba en otro lugar, evocando la imagen de su hermana, esa mujer que siempre demostró ser demasiado contemporánea para su época y que en ocasiones le hizo pensar que nunca disfrutaría de la maternidad más allá de cualquier similitud que le pudiera ofrecer ver a sus sobrinas cada largo tiempo.

De forma automática cerraba y abría el puño tratando de aliviar la aflicción que ahora padecía, logrando hacerse una idea prematura que durante unos días le sería complicado sostener incluso una pluma y pronto la piel que cubría esa delicada zona se tornaría cárdena. Con una respiración profunda logró recuperar el control de sí mismo, ese que no sólo se vio perdido en el golpe acometido contra Robert sino en los tonos que su cabello adoptó, de intensos rojos, como si las mismas fraguas del infierno se hubieran vertido en su cabeza; el rubio grisáceo regresó, a la vez que a sus oídos llegaban las palabras del ojiazul, esas que no respondió en primera estancia. Sacó su varita, con intención de hacer uso de magia pero fue incapaz de sostenerla. Por ello se vio obligado a abandonar el salón por un minuto, regresando con dos bolsas de contenían comida congelada -Aliviará el dolor y con suerte evitará una gran inflamación- su voz no sonaba amistosa, tampoco abarrotada de rencor. Por el contrario había logrado volver a esa calma que lo caracterizaba.

-Me ofende que pienses que no comprenda y respete la situación. Conociendo a mi hermana, sabes que dentro de la terquedad, soy más flexible que ella- comentó con despreocupación, obviando que ahora hablaba de la madre de su hijo/a y que acababa de esculpir su puño en su pómulo. Caminó, por un par de minutos, sin un propósito en concreto. Caminar le ayudaba a pensar o eso se decía. Finalmente se acercó a Robert, colocando la mano sobre su hombro para ejercer una presión que si bien le costó un ligero dolor, decidió ignorar -Supongo que ahora somos más familia que nunca, Dalerick- siempre les uniría el lazo que Margaret y Samantha formaron en el pasado, ese que los años y las desgracias no debilitaron; ahora, ese lazo era más sólido que nunca -Me alegro por vosotros. De verdad- lejos de la pobre capacidad de expresión que poseía el belga, su voz transmitía aquello que sus facciones no alcanzaban -¿Cuándo lo supieron? ¿Cómo está Noëla? ¿Y tú?- ahora llegaban las preguntas pertinentes.
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Re: Comfortable, miserable | Privado [FB].

Mensaje por Robert D. McKinnon el Sáb Oct 07, 2017 3:00 am

Aceptó la bolsa que le tendía con cierta parsimonia, casi a punto de esperarse un nuevo golpe de derecha que le rompiese la otra parte de la mandíbula y terminara por dejarle un buen color morado en su rostro que, al llegar a su casa, se encontraría con la furia hecha persona si Lena se enteraba — Lástima que igualmente vaya a dejar marca. — comentó, acercando una de las bolsas a la zona dolorida, sintiendo una ligera quemazón para posteriormente recorrerle una oleada de alivio que, pese a estar acostumbrado pues los golpes en los últimos meses habían estado siempre a la orden del día, nunca dejaban de agradarle.

Frunció el ceño, con el rostro completamente desencajado y observándolo ir y venir en la habitación — Comprende que con tu reacción espere cualquier cosa menos comprensión, aunque no dudaba que terminarías dándote cuenta de que la situación no es tan grave. — hizo una pausa, volviendo a hacer presión en la zona con la bolsa de comida — De hecho no es para nada grave, es algo que a tu hermana le ha venido de repente y parece estar afrontándolo con miedo. Si he venido aquí, aparte de para avisar, es porque es ahora cuando más apoyo necesita. Y la distancia se me hace insalvable en ocasiones, no quiero perderle el ojo de encima. — inquirió, apoyando la mano que tenía libre en el posabrazos del sillón, tratando de erguirse un poco para poder acomodarse y colocar el bajo de su camisa que, dado el repentino golpe, había salido fuera de su lugar — El destino ha querido que no te puedas librar de mi, Ragnor, creo que ya vives acostumbrado a eso. — rodó los ojos, esbozando una sonrisa, devolviendo el gesto complaciente y amistoso que el belga le proporcionaba una vez que las paces, que nunca habían estado erradas, volvieron a hacer mella en la situación.

Tomando en consideración sus preguntas, lo observó más terminó por agachar la mirada — Me enteré hace... cosa de un mes, aproximadamente, no llega a los veinticinco días realmente. — comentó, sintiendo el agua emanar de la descongelación de la bolsa que dudaba pudiese volver a llevar a la nevera, hoy tocaban guisantes con ternera — Y está bien, aunque no me soporta. — empezó a reír, levemente, para estar en carcajadas posteriormente — Tengo que empezar a ducharme más constantemente. — bromeó, con la cabeza aún gacha y el sentimiento de sobrecogimiento recorrerle — No quiero cometer el mismo error nuevamente, no me lo perdonaría. — mencionó, alzando ya por fin la cabeza, observando aquellos ojos que parecían juzgarlo con la mirada pero que no hacían más que comprenderlo y ayudarle a soltar todo lo que se le estaba pasando en aquel momento por la cabeza — Por eso es que no quiero perderla de vista, y el trabajo se me complica, ¿me echarás un cable, hermano? — imploró, prácticamente, a espera de una respuesta que ya conocía.
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Mensaje por Ragnor V. Coster-De Haes el Sáb Oct 14, 2017 5:59 am

La expresión del metamorfago se mantiene impasible aunque relajada, al borde de esbozar una ligera sonrisa cuando escucha al irlandés en referencia al golpe -Me temo que esta vez mi tendencia a la racionalidad se vio nublada- no necesitaba perjurarlo, ya estaban el mejilla y los nudillos como prueba evidente de los hechos. Se sorprende al escuchar que Noëla está llevando la situación con cierto temor. Con la de cosas a las que se ha enfrentado y teme a una criatura inocente creciendo en su vientre, o los cambios radicales que supone; va a pronunciarse pero entonces escucha una frase breve, probablemente involuntaria, que lo desconcentra -¿Hablas del de cristal o el real? Creo que llegas un poco tarde- tras la aparente inocencia de la cuestión se esconde una sonrisa un tanto macabra en los labios de Ragnor, esa que asoma por primera vez en el encuentro. Ni si quiera se disculpa por lo cruel de su comentario pues se ha convertido en algo cotidiano entre los mellizos desde que perdieron sus respectivas extremidades en la guerra -El destino es un particular caprichoso, cierto- ese que parecía empedernido en enlazar la vida de ambos magos de un modo u otro, con lazos cada vez más fuertes.

Removió la mano bajo la bolsa congelada, retirando la misma por unos segundos para no quemarse la piel. En todo momento seguía el hilo de la conversación, mostrando cierta confusión al escuchar que no le soportaba y las duchas -¿Olores?- trató de adivinar, rememorando los embarazos de Agnes años atrás -Tampoco te dejaría cometer los mismos errores, porque no te lo perdonaría- el ambiente estaba relajado una vez las tensiones fueron liberadas, sin embargo, en la mirada del belga se podía apreciar que sus palabras eran sinceras. Vio crecer a Marlene con la ausencia de sus padres, extrañar la figura de un padre que tendría que haber estado ahí para ella y, aunque ahora era una joven luchadora, no deseaba que su futuro sobrino ni su hermana pasaran por ello; sabía de sobra como era crecer con la ausencia de una figura paterna. Marlene. Ezster. Agnes. Eran ejemplos dentro de la misma familia -Haré todo lo posible- no hubiera necesitado pedirlo, Ragnor estaría ahí para todo lo que necesitaran.

Se alejó unos metros, acercándose a una vitrina que guardaba en su interior todo lo necesario para tomar una copa, sacando un par de vasos y una botella de whisky de fuego, moviéndolos hacia el mueble donde dejó previamente los cuadernos de Agnes. Ya servido, se lo ofreció al auror para luego sostener uno para sí mismo -Por la familia- inesperada, una sonrisa afectiva curvó los labios del viejo rector, esas que rara vez mostraba a otras personas que no fueran sus pequeñas -¿He de estar preparado para la visita de una airada Celaena, cierto?- preguntó una vez bebió parte del contenido, haciendo referencia a la mandíbula ajena y que probablemente en las siguientes horas tomaría un feo color -¿Marlene sabe que va a ser hermana mayor?-
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