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Mensaje por Bastien Fablet el Miér Ago 02, 2017 5:17 pm

En los últimos meses había dormido bastante poco, tras los incidentes de abril, la cantidad de enfermos en el hospital se habían multiplicado e incluso cuando las cosas se fueron normalizando, había cogido tal ritmo en San Mungo que no podía parar. Todas las ideas que tenía en su cabeza eran respecto a sus pacientes y el hospital, a los que debía ver aun, a los que estaban en tratamiento, los que se habían marchado ya, etc. Había pasado más de una semana desde la última vez que había ido a su casa, literalmente estaba viviendo en su lugar de trabajo. Tampoco es que tuviese mucho más fuera de allí, probablemente no vería a sus padres hasta navidades, sus amigos insistían en verlo pero no demasiado y en su casa lo único que le esperaba era un fina capa de polvo encima de sus muebles. Y la verdad era que no pensaba en la vida que tenía fuera de San Mungo, porque se había centrado demasiado en la que tenía allí dentro. Estaba cansado, tenía ojeras y estaba más irritable de lo normal, pero se sentía bien, estaba activo y más satisfecho que nunca.
Aquel día debía irse a su casa sí o sí por exigencias del jefe de su área, había intentado poner resistencia, pero al final había desistido. Quizá dormir en su cama por una noche no sería una mala idea del todo. Pero antes de eso, tenía un par de citas con algunos pacientes y debía asegurarse de que el resto estarían bien hasta el día de mañana cuando volviese. Caminó por los pasillos, entro a las habitaciones, se encontró con un par de colegas y cruzó un par de palabras con ellos, cuando hacía esto mismo, al final del pasillo, un par de chicas estaban siendo reprendidas por otra sanadora, a Bastien le bastó con oír “carrera de silla de ruedas” para comprenderlo todo y rodear los ojos, conocía a las dos chicas que estaban siendo reprendidas y justamente con una de ellas tenía su próxima cita. Bastien había tenido que desarrollar una paciencia hacia las personas desde que era sanador, no había sido fácil, pero tras tres años lo había conseguido, sin embargo muchas veces dependía del estado de ánimo en el que estuviese y aquellos días estaba muy agotado como para poder ser paciente. Violet había sido una de esas pacientes que siempre ponía a prueba su paciencia. Entro en la habitación aún vacía de la chica y se sentó en la silla junto a la cama, dándole la espalda a la puerta. Mientras esperaba, con varita en mano, su pluma mágica iba escribiendo palabras en un papel que se mantenía en el aire junto al francés. Guardaba un diario donde escribía todos los síntomas y el progreso de sus pacientes, cada uno de ellos, además de las sugerencias y críticas que recibía de los medimagos, aunque después de tres años tenía la experiencia como para ser uno él mismo, pero sabía que su carácter le impediría ser el jefe de nadie. – Comienzo a pensar que San Mungo te gusta demasiado. – comenzó a decir cuando escucho la puerta detrás de sí, completamente seguro de que se trataría de Violet. – ¿Cuántos años tienes, Violet? – le preguntó a la morena una vez que pudo mirarla a los ojos y alzando una ceja. Conocía a su edad de sobra, pero detrás estaba implícita otra pregunta: ¿alguna vez vas a madurar?
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Re: Troublemaker - privado.

Mensaje por Violet Morgan el Jue Ago 03, 2017 4:52 am

—Solo estábamos pasando el rato, no hemos roto nada— intentó defenderse, estirando el brazo en dirección a Robin para que no la alejara de ella. Debía dejar de ceder ante cualquier plan que su prima le propusiera. —¡Espera!— recriminó mientras las puertas del ascensor se cerraban con el joven medimago y su prima en el interior, un gesto le indicó que debía de regresar a su habitación. Bufó pateando ligeramente la silla con un pie, un gesto de dolor se dejó ver en su rostro segundos después. —Argh— masculló con molestia caminando en dirección a su habitación, encontrándose un inesperado ‘invitado’ cuando llegó hasta el lugar. Su rostro palideció, queriendo retroceder pero siendo demasiado tarde para hacerlo. Una sonrisa contrariada se dejó ver, encaminándose en su dirección cuando una pregunta consiguió que su caminar cesara apenas unos segundos.

Un profundo ceño apareció en su rostro, girando la cabeza hacia otro lado, contrariada por sus palabras. Sabía de sobra la edad que tenía, era su sanador y debía de saberlo sí o sí. Rodó los ojos, con los brazos cruzados bajo el pecho y dejándose caer en la cama, sentándose en el borde de ésta con cara de molestia. Inicialmente había ido completamente segura de que recibiría un regaño por lo que había hecho pero no que cuestionarían su edad tan deliberadamente. Ella era una persona con los pies en la cabeza, bastante madura para la edad que tenía pero no podía negar que era fácilmente influenciable por su prima y siempre se acababa viendo envuelta en problemas debido a ésta, realizando locuras que, aunque inicialmente la divirtieran e hicieran que se lo pasara bien, pasaban demasiado factura frente a los demás que la juzgaban rápidamente. Los padres de ambos siempre lo habían dicho, incluso Hailey y Sebastian lo decían, era madura pero cuando estaba cerca de Robin su influencia la absorbía por completo hasta convertirla en alguien difícilmente reconocible por sus conocidos.

Siguió con los brazos fuertemente cruzados bajo el pecho, mirando en cualquier dirección que no incluyera tener que fijar sus ojos claros en los también azules pero acusadores ojos del sanador. —Tengo dieciséis— respondió de todas maneras, prensando los labios a la par que dejaba caer la zapatillas y subía los pies a la camilla. —Solo estaba intentando entretenerme, ¡ni siquiera tengo un libro que leer! Me tiraría por una ventana sino fuera porque están encantadas y no puedo— comenzó a hablar con tono enfadado, sin levantar la mirada que ahora estaba fija en sus propios pies. —Llevo varios días aquí y creo que estoy bien— agregó con seguridad. Ella se encontraba bien, no había sido usado ningún hechizo contra ella como para que tuviera que pasar tanto tiempo en el hospital mágico.
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Re: Troublemaker - privado.

Mensaje por Bastien Fablet el Jue Ago 03, 2017 10:10 am

Quizá no había sucedido más de unas tres o dos veces a lo largo de los años que llevaba en San Mungo, pero los pacientes se había quejado ante su jefe por la actitud que solía mostrar alguna que otra vez el francés. Cuando los pacientes se mostraban poco razonables, Bastien se mostraba bastante directo y no era nada sutil al momento de decir las cosas, no era maleducado ni mucho menos, nunca alzaba la voz, ni mostraba un trato físico que no fuera el correcto, pero su mirada y sus comentarios no resultaban ser lo más agradables. Y él, más que nadie, era consciente de su actitud, pero la cantidad de cosas por las que había tenido que pasar con sus pacientes eran innombrables, podía hacer una lista. Estaban los típicos pacientes que creían saber más que el sanador o el medimago, aquellos que querían ser atendidos inmediatamente como si el hospital no estuviese desbordado de personas, los que se negaban a seguir el tratamiento y así la lista podía continuar. Las quejas habían sido mínimas, Bastien opinaba que las personas esperaban una sonrisa de oreja a oreja por parte de su sanador, y aquello era bastante complicado teniendo en cuenta de por si la personalidad de quien estaba detrás.
Junto con su varita y pluma, tomo su cuaderno de notas y los colocó en la mesita junto a la cama de la morena. Entrelazo sus manos y las colocó encima de su regazo, escuchando las palabras de la muchacha, sin ninguna expresión en su rostro. Asistió una vez que la muchacha cayó. En cierta parte, la entendía, no era fácil a esa edad mantenerse encerrado en cuatro paredes durante varios días, Bastien había sido joven también y había visto ese comportamiento en sus compañeros, participar en una carrera de silla de ruedas no era precisamente su manera de entrenamiento cuando había tenido esa edad. – Dieciséis. – repitió, tras ponerse de pie. Comenzó a examinar el cuerpo de la chica, palmeando los lugares donde había tenido más lesiones tras la paliza que le habían dado. Qué ser inhumano era capaz de propinar tales golpes a una niña de dieciséis años. El francés no tenía nada en contra de los muggles, pero tras tales comportamientos le era inevitable no tener dudas. – Comprendo que estés cansada. – comenzó a decir mientras continuaba examinándola. – Pero tienes que ser más responsable y consecuente con tus actos. ¿No quieres volver aquí? ¿Quieres irte? Pues mantente en cama como te lo he dicho repetidas veces. Una carrera en silla de ruedas no es parte de tu tratamiento. – hablaba en voz baja, pero en su tono no había amabilidad. No sabía si estaba siendo duro con ella o no, pero si en cierta manera estaba enfadado era porque se preocupaba por ella, y nadie más que él quería verla fuera de allí porque eso implicaría que estaba completamente curada. – Si estás bien o no, es algo que decidiré yo. ¿Cómo pasaste la noche? ¿Ningún dolor? Espero que la ingeniosa idea de la carrera no vuelva a causarte ningún malestar. – la miró por momento, reprochándola solo con aquellos ojos azules que parecían dos cuchillos afilados y que causaban un deje de temor con las dos enormes ojeras que los acentuaban. – Una carrera en silla de ruedas tras recibir una paliza, a quién se le ocurre eso… - bisbiseó en voz baja para el mismo mientras tomaba asiendo una vez más y anotaba un par de cosas en su cuaderno.
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Re: Troublemaker - privado.

Mensaje por Violet Morgan el Lun Ago 07, 2017 2:15 am

Estaba aburrida, no era su culpa que siempre acabara en problemas, ella no los buscaba en absoluto. ¿Qué culpa había tenido que se centraran en ella en el festival? ¿Qué culpa tuvo cuando fue de vacaciones a aquella isla? Simplemente intentaba ser una adolescente como todas las demás, la mayor parte de las ocasiones a regañadientes porque no era muy dada a ir a lugares especialmente concurridos, pero nada le salía bien desde el mismo momento en el que puso un pie en el país europeo. Movió los dedos de los pies, observándolos como si fueran lo más interesante del mundo y, en parte, eran lo más interesante de su mundo en ese momento. Todos preferían a un sanador que les sonriera, les explicara las cosas con calma y no les riñera cuando hicieran cosas indebidas, pero ella tenía mala suerte hasta para eso. Había visto a un par de medimagas jóvenes con rostro amable, casi corrió detrás de ellas suplicándoles, en la segunda ocasión que fue ingresada, para que fueran ellas las que la atendieran; mas no podía seguir humillándose así que regresó hasta el lugar donde le correspondía, frente al sanador que tenía frente a ella en ese momento.

Se removió en la camilla, permitiendo que la examinara, retirando su flequillo hacia atrás para que también pudiera ver la cicatriz que tenía cercana a la  sien. Aun así mantuvo la mirada baja en todo momento, escuchando sus reclamos al mal comportamiento que había tenido hacía tan solo unos minutos, mordiendo el interior de su mejilla ante la rabia de no poder decir nada para re debatirle porque sabía que no había tenido un comportamiento correcto y se ‘merecía’ tal reprimenda. —Soy responsable— murmuró a duras penas con la boca pequeña, con la mirada perdida y gesto avergonzado al haber sido exteriorizado por él el hecho de que no la consideraba alguien responsable. —Cuando acabo aquí no es porque haya actuado irresponsablemente sino por mala suerte, soy responsable la mayor parte del tiempo— se defendió con tono indignado. Lo era. Todos los que la conocían sabía que pensaba mucho las cosas, que era bastante madura; pero también que era demasiado fácil influenciarla cuando se encontraba en un estado de aburrimiento absoluto, como era aquel que la atosigaba desde hacía días por estar encerrada entre las cuatro paredes que suponían sus ‘aposentos’ en San Mungo.

Alzó la mirada, enfrentándose a sus ojos azules, con los propios, apenas unos segundos antes de ser la clara perdedora de una batalla de miradas que solo existía en su imaginación. Él podía ver por fuera como estaban sus heridas, pero solo ella sabía si sentía dolor o no como para tener que permanecer por más tiempo allí. —No me ha afectado en nada la carrera— comentó mostrándole incluso las manos para que viera que, siquiera, un rasguño decoraba su nívea piel —Pasé la noche bien, me tomé la poción que me mandó y me fui a dormir— mintió deliberadamente. No era un problema físico lo que la había despertado en varias ocasiones durante la noche sino los sueños en los que una marabunta de personas se le abalanzaba encima y no era capaz de respirar, tal y como hubo un momento que lo sufrió en sus propias carnes en el festival. —Vaya drama— bufó con molestia. No era como si hubiera estado dándose cabezazos contra objetos o corriendo por su propio pie de un lado para otro. —No tengo ningún dolor— agregó colocando las manos a ambos lados de su cuerpo para tomar un poco de impulso, saltar y ponerse de pie en el suelo con la mala suerte de que quizás si había algo que le seguía doliendo. Un gesto de dolor se reflejó en su cara, apoyándose en el borde la cama cuando sintió que su pierna fallaba pero intentaba fingir que solo era una pose coqueta que ni sabía hacer ni era lo pretendido en algún momento.
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Re: Troublemaker - privado.

Mensaje por Bastien Fablet el Miér Ago 09, 2017 4:54 pm

La empatía no era una de sus cualidades, había sido criado de una manera muy independiente e individual y su actitud a lo largo de los años y de la experiencia no había cambiado mucho, al menos en ese sentido. Incluso habían ciertas emociones que no lograba comprender en las personas en general. Su estado constante era el de indiferencia, pero no una indiferencia hacia las personas en sí, sino hacia las actitudes que tomaban estas, ciertos modos de actuar o respuestas que tuvieran hacia Bastien. Eran un determinado grupo de emociones y de ideas las que le resultaban indiferentes, ni él mismo estaba seguro de cuales eran porque no estaban etiquetadas en su cabeza, sino que dependían de ciertos momentos, situaciones y de las personas que vivieran esa situación con él. Consideraba que lo más importante era la salud, su propio cuerpo y el de los demás, después de todo era el envoltorio en el que tendría que estar toda su vida, y quizá esa era una de las razones por las que se había hecho sanador. Todo lo que iba más allá, las cuestiones emocionales, las relaciones humanas, se le escapaban un poco de las manos, y se mostraba así su falta de empatía, aunque era cierto que desde que trabajaba en San Mungo había aprendido de las personas, sus comportamientos y eso le había ayudado no a ser empático, pero si a comprender un poco más a las personas. Él había amado y amaba, no había sentido odio, pero si repulsión y rechazo, sentía aburrimiento, agotamiento pero no tenía deseos que no fuese capaz de manejar, dejarse llevar por impulsos no era algo que acostumbrase, siempre intentaba ser racional y era un cuestión que en San Mungo le daba problemas, pues evidentemente el hombre era un ser racional, pero también podía ser irracional muchísimas veces y esas situaciones en las que sus pacientes, ya fuese por el cansancio o el dolor, no entraban en razón, eran situaciones que le sacaban de quicio y le costaba un sobre esfuerzo manejarlas, no perdía la calma, eso jamás, pero no era igual de comprensivo o agradable que el resto de sus compañeros de trabajo. Evidentemente, ese no era el caso con Violet, era una adolescente que acababa en el lugar incorrecto en el momento incorrecto como podía pasarle a cualquiera, aunque la situación de la silla de ruedas era lo que incordiaba al sanador. No consideraba que fuese una chica irresponsable, sino que en ese día no había tomado la decisión de hacer lo que era más responsable.
Rodeó los ojos al escucharla hablar de la mala suerte, pues eso no era algo en lo que él creía. – ¿Cómo has acabado en el pasillo con la silla de ruedas? Porque esa decisión la habrás tomado tú, ¿no? – comenzó a decir, mientras examinaba las heridas en la nuca de la morena. – No estoy diciendo que estés aquí porque seas responsable o no, obviamente la razón de eso no es tu culpa. Simplemente digo que no ha sido buena idea dejar la cama y convertir el pasillo en una pista de carrera. Yo más que nadie quiero que te vayas de aquí, porque quiero que estés completamente sana. – mientras hablaba buscaba la mirada de la muchacha, cuando dio con ella no apartó sus ojos de los de ella. No quería sonar como si fuese su padre, pero quería que comprendiese el por qué de su pequeño sermón y enfado, para que así aquello no le volviese a ocurrir. – Si quieres algún libro para entretenerte, solo tienes que decírmelo. No sé si te interesen los libros de historia muggle, porque son los únicos que tengo aquí, pero si no puedo intentar encontrarte otro tipo de género. – se encogió de hombros tras su oferta, mientras seguía examinándola.
Una vez que se sentó y apuntó en su cuaderno, escuchó las palabras de la morena sin hacer mucho caso, asistiendo simplemente cuando la escuchó decir que había dormido toda la noche y que se había tomado toda la posición, que era la parte que a él le interesaba. La miró de reojo cuando se puso de pie la morena y en seguida frunció el ceño tras ver el pequeño saltó que daba y seguidamente su cara de dolor. Se levantó en seguida y la ayudó a volver a la cama inmediatamente. La acusó con la mirada una vez que estuvo de vuelta a la cama. – Está noche te traeré otra posición para el dolor. – dijo en un tono de voz muchísimo más seco, mientras le examinaba ambas piernas. – ¿Aquí? – le preguntó mientras la tocaba con mayor y menor intensidad en diferentes áreas de la pierna hasta que la morena puso cara de dolor una vez más.
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Re: Troublemaker - privado.

Mensaje por Violet Morgan el Vie Ago 11, 2017 8:59 am

¿En qué momento había pensado que era una buena idea ir de intercambio? Había tenido más percances en un solo curso que en el resto de su vida, ni siquiera tenía claro como acababa metida en todo aquel tipo de problemas, se encontraba de bruces con ellos sin previo aviso. Suspiro pesadamente, cerrando los ojos mientras regresaba a tomar aire que llenó sus pulmones con diligencia. Sus labios se prensaron hasta formar una fina línea de culpabilidad, solo esperaba que no le dijera a sus padres, o su hermano, lo que había pasado allí o volvería a ser castigada, otra vez. Aún recordaba el incidente, durante las vacaciones de primavera, en la isla, y como fue castigada cuando le dieron de alta en el hospital mágico. Miró hacia otro lado, fijando su mirada clara en la ventana de la habitación y en cuantas ocasiones había pensado lanzarse al vacío cuando el aburrimiento la consumía poco a poco en los días que Robin no iba a visitarla; y, aunque adoraba su presencia y al menos no se sentía completamente sola, no quería que siguiera saltándose clases usando la excusa de que iba a visitarla a San Mungo. —Me retaron…— contestó en un susurro casi inaudible. Así era ella, una persona responsable que era demasiado fácil de picar o de convencer cuando la retaban con alguna absurdez, madura para mil cosas pero, para otras tantas, solo era una chica de su edad a la que le gustaba cometer locuras y divertirse como la que más. Y aquello no hacía más que acentuarse si se tenía en cuenta que la persona que siempre estaba a su lado era alguien que la influenciaba de la peor forma posible y conseguía que dejara su lado responsable a un lado siempre que estaban juntas.

Inclinó el rostro hacia un lado para que pudiera examinarla con facilidad, apretando las manos contra sus rodillas. —Lo siento, sé que no ha sido una buena idea… es una suerte que no haya pasado nada…— acabó por disculparse con su voz saliendo como un ligero murmullo casi inaudible. Estaba haciendo demasiadas cosas mal, quería volver a Estados Unidos donde dominaba por completo el terreno, con sus amigas de allí, lejos de la mala suerte que, en todos los aspectos, le estaba proporcionando el nuevo continente. Sus preocupaciones se habían basado en ser la más inteligente de su curso, en aprender cada día una criatura nueva… pero ahora nuevos pensamientos atoraban su mente y no la dejaban pensar con claridad. Lo odiaba. Lo miró de reojo, bajando la mirada cuando se percató de que la estaba mirando directamente a los ojos, completamente intimidada por de los ojos contrarios, ella, que no se dejaba amedrentar por nada. —Me gustan las criaturas mágicas, pero no me importa leer historia nomaj, creo que es interesante todo lo que los rodea— comentó intentando esbozar una inocente sonrisa en sus labios, arrepintiéndose después de decirlo. No debía comentar tan abiertamente que le interesaba el mundo nomaj, no todas las personas se lo tomaban igual de bien.

De poder volver atrás en el tiempo no habría cambiado de idea respecto de la carrera de sillas de ruedas pero sí en el hecho de saltar de la cama frente a él y hacerse daño. No había que ser un genio para saber que acababa de meter la pata. Literalmente. Mordió su labio inferior con fuerza, sujetándose en la cama antes de que la ayudara a regresar hasta ésta de nuevo, obligándola a tumbarse  para poder examinarla. —Ha debido de ser un tirón por estar todo el día acostada— se defendió como buenamente pudo, apretando las manos contra la cama, estrujando las sábanas entre sus dedos, cuando los dedos del sanador se cernieron en torno a su tobillo. Un tirón muscular en el tobillo, era un genio cada vez que pasaba un segundo. Apretó los dientes, intentando retirar la pierna para que no siguiera tocando donde le dolía. —Ayer no me dolía…— comenzó a decir a duras penas con la mirada fija en sus piernas —creo— agregó con malestar —es difícil saberlo cuando no te dejan salir de la cama— siguió diciendo, apartando la mirada y removiéndose en la cama con notable incomodidad.
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Re: Troublemaker - privado.

Mensaje por Bastien Fablet el Miér Ago 16, 2017 4:10 pm

Sus amigos de la infancia, cuando no tenían más de nueve años y hacían cualquier tipo de locuras, solían decirle que era un señor mayor en el cuerpo de un niño. No fue hasta que entró a Hogwarts y se volvió competitivo cuando sus travesuras tuvieron lugar, antes de eso fue un muchacho que se sentaba a observa a su grupo de amigos meter la pata. Alguien os pillará, solía decirles repetidas veces. Sus amigos se subían a lo más alto de los árboles mientras él se quedaba debajo asegurándose de que ninguno fuera a caer (aunque solía decirles que quedaba allí para ver como caían y poder reírse), corrían por las carreteras detrás de gatos mientras el joven rubio corría justo en el borde de la misma, no quería que un coche se lo llevará por el camino. Era él quien los delataba y muchas veces se llevaba el castigo, sus padres no iban a castigarlo de manera severa, siempre lo habían consentido en exceso y por ello no le importaba asumir los problemas de sus amigos. Ese quedarse atrás del grupo de niños se debía simplemente a que no quería dañar ninguna parte de su cuerpo, era el único que tendría toda su vida y no quería estropearlo, además de que durante esos años había sido extremadamente presumido y consideraba su rostro lo más valioso. Aquella vanidad la había ido perdiendo con los años, pero ese exceso de cuidado por su cuerpo no. Por el contrario, el tipo de problemas en los que se había metido en Hogwarts eran de otro tipo y por razones diferentes, sus travesuras no eran para divertirse, sino para pararle los pies a los demás y mostrar que él no era débil ni mucho menos. Ahora sabía que siempre lo había hecho para causar miedo en su resto de compañeros y que así le dejasen en paz con sus libros.
Esos recuerdos venían a él porque jamás había hecho cosas como el inconveniente con Violet y la silla de ruedas teniendo en cuenta su estado. Había atendido muchísimas veces a adolescentes, e incluso magos más jóvenes, por intentos fallidos de hacer posiciones cuyos fines eran alguna broma, o por haber manipulado a una planta venenosa. Él jamás había hecho algo así. Y no estaba del todo seguro, pero no recordaba haber ido a San Mungo nunca como paciente, había ido alguna vez para visitar a amigos o familiares y durante sus años estudiando para ser sanador, pero nunca como paciente. Y no es que no hubiera enfermado nunca, pero habían sido malestares que no requerían una asistencia médica especifica. Durante sus años en Hogwarts había pasado algunas noches en la enfermería, era cierto, por peleas y pociones fallidas, pero no por ninguna idea descabellada como enfrentarse al sauce boxeador. Le parecía pues que sus amigos de Francia habían tenido razón, Bastien era un viejo de ochenta años en el cuerpo de un joven.
-La próxima vez intenta no cumplir tus retos cuando estés recuperándote. – añadió simplemente cuando la morena confesó que la habían retado. Su propia competitividad y los retos habían sido la razón de que acabara alguna vez en la enfermería cuando estudiaba, incluso a sus veintiséis años le costaba decir que no a un reto (mientras no fuera descabellado), así que se mordería el labio inferior y no haría comentarios. Lo único que esperaba de ella es que no aceptara ningún otro reto cuando se estaba recuperando de otro altercado.
Dejó de tocar su tobillo cuando vio su reacción en el rostro de ella. – O quizá ha debido ser por algún movimiento brusco cuando arrastrabas la silla. – comenzó a decir, mirándola con los ojos entrecerrados. – Quizá solo necesites para una noche más aquí, pero para ello necesito que te cuides, estés en cama y me prometas que no habrán retos. – le dijo en voz baja y con un cierto aire de paternidad. Tomo otra vez su cuaderno y a punto las cosas que debía de traerle: la posición de la noche anterior, una pomada para aliviar el dolor en su tobillo y un libro. Le sorprendió que la joven mostrara un mínimo de interés en el mundo nomaj. Mentalmente la guerra del año anterior parecía no haber acabado, pero Bastien era un joven liberal que se había interesado en el mundo muggle desde muy joven por la influencia de su padre. Incluso solía coleccionar objetos nomaj, los encontraba interesantísimos y pasaba horas intentado descifrar cómo funcionaban y cuáles eran sus funciones. Así que la respuesta de la chica le había sorprendido para bien. – Libro nomaj será entonces. Todas sus guerras son interesantes aunque muchas veces las razones de ellas son disparatadas, en eso no se diferencian mucho de nosotros. Sin contar los artefactos que suelen usar para ellas, como los cañones, un arma enorme del que sale piedras que pueden derrumbar paredes. – le comentó con la mirada perdida en la ventana frente a él, recordando lo último que había leído. Había tomado asiento unos segundos atrás y volvió a apuntar cosas en su cuaderno sobre el estado de Violet.
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