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Inopportune, annoying, cute black dog.— Sirius

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Inopportune, annoying, cute black dog.— Sirius

Mensaje por Alaska D. Rizzo el Sáb Jul 29, 2017 1:24 am

La ducha era definitivamente el lugar y momento favorito de Alaska. A veces, cuando las pesadillas la embriagaban y la depresión amenazaba con regresar, corría a meterse bajo la enorme regadera de su habitación sólo para relajarse, para sentirse en casa; siempre, y sin excepción, el truco  funcionaba: las perfectamente templadas gotas de agua chocando contra su piel de porcelana le hacían consciente de que ya no era la chica vulnerable que debía ser bañada en una tina en San Mungo.

Sin embargo, aquella tarde, la rusa había decidido que su ritual sería más largo que de costumbre, más por placer que por necesidad. Llevaba ya más de treinta minutos bajo la suave cascada de agua tibia, con el cabello acaramelado pegado a su espalda desnuda, el rostro alzado, disfrutando del repiqueteo húmedo en sus mejillas.
De ser por ella, se hubiera quedado ahí horas, pero un movimiento fuera llamó su atención, y atrajo a la inquietud para perturbar su calma. Intentó ignorarlo, pero minutos después lo volvió a oír. Y aunque ya no estaba segura de si en realidad estaba ahí, o era sólo su constante paranoia, terminó por decidir salir. Hizo que se apagara la regadera con un movimiento de manos, practicándo hacer magia sin varita, y cuando caminó a las puertas de cristal que separaban la ducha del resto del cuarto de baño, estas se abrieron y cerraron ante su correcto paso. Escurrió su larga cabellera con ambas manos, mientras una toalla blanca se enrollaba a su ya esbelto cuerpo. Cualquiera que la viese podría identificar la mejora en su estado y el cambió físico tras dejar San Mungo.
Salió, y mientras desarrugaba el borde de la tela, que ni siquiera rozaba sus rodillas, escuchó otro ruido, esa vez directamente de su cama. Inmediatamente alzó el rostro, y lo único que alcanzó a hacer fue a soltar, en un grito agudo, un ya conocido nombre.

— ¡SIRIUS BLACK!
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Re: Inopportune, annoying, cute black dog.— Sirius

Mensaje por Sirius Black el Miér Ago 09, 2017 11:46 am

Para su suerte Lyanna no estaba durmiendo cuando la lechuza arribo con la primera carta de Alaska, porque no había podido contener las intensas carcajadas al leer cada palabra que la rusa había escrito de manera torpe, infantil y nerviosa, parecía que se complicaba con sus propias palabras creyendo que el moreno las malinterpretaría cuando ni siquiera se le había pasado por la cabeza pensar que Alaska pudiera sentir algo por él, al menos de manera amorosa, pero aun así la castaña se había carcomido la cabeza de mil maneras diferentes, y sumamente divertidas para el merodeador que se reía mientras leía, disfrutando cada línea ante los ojos curiosos de su pequeña, quien imitaba sus carcajadas mientras extendía sus pequeñas manos hacia el pergamino entre las manos de su padre.

Alaska era quizás la primera chica que lo había llevado a la zona de amistad de manera exagerada y repetida, cuando él ni siquiera había pretendido salir de ahí, porque últimamente no le importaba verse en ningún tipo de relación amorosa con nadie, ya que eso solo significaba problemas, y él solo tenía ojos para la mocosa que arrugaba ahora la carta que había terminado de leer. No podía negarlo, las palabras de su amiga le habían producido tanto gracia como algo de ternura, pero no pensó más al respecto antes de volverse a jugar con Lyanna, o al menos así quiso hacer hasta que otra lechuza llego con una segunda carta.

- Tu tía es un idiota, Ly –Bromeó divertido mientras negaba entre risas al culminar la segunda carta- Bien, monstruo, creo que es hora de que te quedes con tu tío Ricadiño, de seguro le encantara la visita –Ante sus palabras y la sonrisa de Sirius, Lyanna celebro divertida, por lo que él merodeador no tuvo mayores problemas de desaparecer de la academia por unas cuantas horas.

Apareció sin problema alguno en la habitación de la rusa, escudriñando con la mirada todas las fotografías y las diversas decoraciones que daban un cálido y delicado ambiente al cuarto, se quitó su chaqueta y lentes dejándolos en una silla a un costado, pasando a llevar un marco de fotografía que se cayó en el suelo, frunció el ceño recuperándolo con un rápido movimiento de varita antes de encogerse de hombros; daños resueltos. Se estiro con pereza, antes de realizar la misma acción que acostumbraba a hacer al visitar a James, se lanzó sin miramiento sobre la cama de la rusa, quedando recostado de lado, con una pierna flectada y utilizando uno de sus brazos como apoyo, dando una imagen sumamente sensual, totalmente contraria a la sonrisa casi maliciosa y divertida que adornaba su perfecto rostro.

Liberó una carcajada encantadora al escuchar el grito de la joven al llegar, y aunque no esperaba un saludo así de entusiasmado ni una preparación semejante ante su llegada no pudo evitar pensar que podría acostumbrarse a ello. Su sonrisa aumento con picardía mientras recorría el cuerpo, aun húmedo, de la joven con sus ojos, casi siguiendo el recorrido de las gotas de agua que aun resbalaban por su piel- Vaya, está si es una bienvenida, te has lucido Alaska, no creí que supieras como complacerme, pero me has sorprendido gratamente –Bromeo a posta, sabiendo que solo conseguiría que la joven lo friendzoneara aún más en su próxima carta.
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Re: Inopportune, annoying, cute black dog.— Sirius

Mensaje por Alaska D. Rizzo el Miér Ago 09, 2017 11:54 pm


El grito de Alaska había sido más de sorpresa y reclamo que de alegría y entusiasmo. La situación en sí le parecía tan irreal, que no había encontrado otra manera de reaccionar que gritando. Aunque para muchos parecería burla que la heredera de los Rizzo no encontrarse racional aquella imagen, la realidad era esa; Alaska había cambiado mucho desde la guerra, tras las pérdidas descomunales, y uno de sus más notables cambios había sido la desaparición de sus actos promiscuos. Simplemente no quería tener nada que ver con nadie, no de ese modo. La compañía masculina – y femenina – más allá de lo amistoso ya le había traído suficientes problemas y sufrimiento en el pasado, no quería pasar por ello de nuevo, a eso, específicamente, se debían sus raras cartas al moreno que acaparaba su vista en ese instante. Alaska lo apreciaba y no quería que las cosas se cagasen por su antigua reputación, pues, a fin de cuentas, ella había conocido a Sirius en Hogwarts, y no precisamente sólo de vista.

Respiró hondo, abriendo la boca para hablar de nuevo, sin poder realizar la acción, manteniendo sus labios, húmedos, entreabiertos. Sirius Orion Black era padre, y el mejor amigo de la persona, viva, más cercana a ella, pero aquello no le quitaba que fuese igualmente de atractivo como de descarado. Se sintió cohibida de inmediato, pequeña ante su intensa mirada y risueñas palabras. Sin embargo, sin importar cuantas guerras sufriera, Alaska seguía siendo Alaska, y su alma slytherin nunca desaparecería:
— ¿No creiste? Vaya, eso habría que preguntárselo al Sirius de dieciséis años — contraatacó, siseando y arrastrando las palabras, igual que Cassandra.
Más la rusa no podía mantener el acto como hubiese hecho en otro tiempo. Tan pronto se cruzó de brazos, pareció recordar la realidad de su situación: estaba desnuda frente a Sirius. Lo único que evitaba que el le viese como había llegado al mundo, era una toalla blanca que apenas le cubría hasta la mitad de los muslos. Inmediatamente, las mejillas y los pómulos de la rusa se tornaron rojos cual tomate, dejando entre ver y resaltando las acarameladas pecas que hacia poco habían comenzado a salir en aquella zona.
— Sirius Orion Balck, eres la persona menos oportuna de este universo ¡te escribí que no respondieras! — rabió entre balbuceos, buscando con la mirada su varita, tratando de recordar donde la había dejado antes de irse a la ducha — Por si no sabías, esto cuenta como responder ¡es incluso peor! — resopló, caminando en dirección al ex-león, con la tela fuertemente apretada a su cuerpo por la zurda — La maldita vergüenza que me haces pasar — chirrió entre dientes.
Aquel asunto quizá le incomodaba demás. La realidad, era que no quería que Sirius la escudriñara lo suficiente como para notar sus marcas. Las marcas que tenía en los brazos tras intentar quitarse del camino. O las cicatricen en sus piernas causadas por mortífagos. Alaska no quería que Sirius la viese diferente, como una víctima, alguien a quien cuidar, ya lo habían hecho demasiado tiempo.

— Te odio — entre cerro los ojos al hablarle, aún colorada. Su varita descansaba entre las piernas del moreno, y la castaña definitivamente no metería las manos ahí. Menos en los paños que no llevaba puestos. No tenía ropa en su habitación, y para abrir el armario, necesitaba su varita — Tendré que poner hechizos protectores a mi casa para que no aparezcas aquí cuando me estoy bañando — balbuceó, apartando la mirada de los músculos que se marcaban en el brazo que Sirius utilizaba de apoyo. Estaba lo suficientemente cerca como para percibir su olor, y aquello la dejaba intranquilia — Mi varita... Está, este... Ahí — señaló su entrepierna con la mano que no sostenía la toalla, alcanzando a rozar la rodilla de su pierna flexionada.

Definitivamente, Alaska no podía estar más roja y muerta de nervios.

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Re: Inopportune, annoying, cute black dog.— Sirius

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