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Come with me [Dom]

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Come with me [Dom]

Mensaje por Ekaterina Petrova el Jue Jul 27, 2017 5:16 pm

Recuerdo del primer mensaje :

06 de Jun. 19:00 hrs

Las tonalidades rojizas del cielo lograron cautivar su atención por completo en un determinado momento, haciéndole imposible el continuar avanzando. Con ambas manos dentro de su abrigo permitió que sus ojos se pasearan por las pinceladas de diversas gamas anaranjadas, rojas e incluso amarillas que tenían lo alto durante aquellas horas de la tarde, estableciendo el inicio del ocaso en el horizonte. Sonrió, removiendo los lentes que había llevado hasta hace poco, retomando su andar permitiendo que el viento del atardecer removiera sus cabellos sin preocuparse de como pudieran lucir realmente.

Hace semanas había planeado aquel día, había hablado con Fio para que le ayudara, cerciorándose de que su hermano no tuviera la brillante idea de trabajar aquel día, organizó todo en el hospital para poder ausentarse sin ningún inconveniente, había dejado personal a cargo ante cualquier posible urgencia, porque aquel día no se permitiría volver al trabajo por nada del mundo. No obtuvo mayores problemas, puesto tendía a rechazar sus días libres, por lo que prácticamente la obligaban a salir de urgencias o de su despacho, así que pedirse un día y medio fue fácil de conseguir, solo esperaba que todos los arreglos que había hecho realmente funcionaran y le dejaran celebrar junto a Domenico una vez más, como en antaño, cuando cada año vivían juntos esas fechas especiales. Liberó un suspiro nostálgico, pesado, que se apegó en su pecho con una sensación de vacío, como cada vez que se sumía en las perdidas de años atrás, perdida que era mejor no analizar demasiado.

Alejo aquellos atolondrados pensamientos y sin más siguió avanzando hasta llegar a aquellos hermosas casas en Chelsea, subió las escaleras con paso calmado, y extendió su mano para tocar el timbre, deteniéndose leves segundos solo para acomodar un mechón rebelde de cabello castaño. Presiono el botón y en cuanto la puerta se abrió ante ella, esbozó aquella sonrisa que siempre estaba dedicada únicamente a él, natural, encantadora y perfecta que dotaba a su hermoso rostro de un brillo especial- Regalo sorpresa a domicilio  -Bromeo, guiñándole un ojo con aire coqueto y casual, extendiendo sus brazos a ambos lados, antes de dar un paso hacia el frente y abrazarle, aferrándose a él por menos tiempo del que reconocería que deseaba- Buon compleanno, mi Dom…  -No pudo evitarlo, aquellos vocablos siempre eran pronunciados aquel día, y sus labios los liberaron antes de que pudiera ser consciente de ello. Le estrecho unos pocos segundos más  antes de obligarse a dejar caer sus brazos y dar un paso hacia atrás- Espero estés listo.
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Re: Come with me [Dom]

Mensaje por Ekaterina Petrova el Vie Jul 28, 2017 10:33 pm

Tener la posibilidad de caminar una vez más junto a él de aquella manera la reconfortaba, poder sentir la calidez de su cuerpo apoyándola a cada paso mientras su mano la aferraba con firmeza delicada y cuidadosa le otorgaba una paz agradable que había extrañado, ya que solo él podía producirla. Por un mero momento, por un efímero segundo parecía que las cosas no se habían torcido por afán del destino, que sus caminos no se habían visto separados por años, que volvían a ser los adolescentes despreocupados y enamorados de antaño, pero sabía que aquella no era la realidad. Sus ojos se cerraron por unos segundos en los que sonrío sinceramente mientras asentía a sus vocablos, también se alegraba de tenerlo en su vida una vez más, sin importar el tipo de relación que tuvieran; el tenerle a su lado era suficiente.

Rio por lo bajo mientras retomaban su andar‒ Entonces te lo pediré cada año… y no podrás negarte ‒Declaró su macabro plan campantemente. Si todo lo que necesitaba para verle sonreír, aunque fuera un poco, que se permitiera relajarse y disfrutar de su cumpleaños era pedírselo, así lo haría. Sabía lo difícil que aquella y muchas otras fechas podían ser para él, todo el dolor que significaban, pero no por eso querría que se sumiera siempre en aquella oscura culpa que lo amenazaba constantemente. Quería darle un momento de paz, un pequeño respiro, solo eso.

Se encogió de hombros con expresión de falsa inocencia una vez estuvo frente a él en las afueras del restaurante, sonriéndole con complicidad. ¿Por qué negarlo? Por supuesto que sabía que no iba a declinar su propuesta, eran años de conocerle, muchos más de los que les habían separado‒ Creo que aun te conozco, no mates mis ilusiones ‒Bromeó, riendo en el instante que sus manos la obligaron a girarse, sosteniéndola con fuerza mientras caminaba. Una de sus manos se posó con suavidad, estrechando la contraria, gozando del agradable tacto que significaba el soporte que su torso le brindaba. Siguió al recepcionista hasta la mesa que había reservado; el lugar perfecto. Y tomo asiento con cuidado antes de entrelazar sus manos para crear un puente perfecto donde apoyar su mentón, observando a Domenico con cierto aire jovial‒ Me tome la libertad de ordenar previamente lo que comeríamos, si gustas pedir algo más una vez visto lo que he solicitado eres libre de hacerlo, señor cumpleañero ‒Esbozo una sonrisa que llego a iluminar sus ojos con dicha en un brillo precioso antes de liberar sus manos, y dejarlas caer elegantemente‒ Está es una de las muchas sorpresas que tengo planeadas para ti hoy ‒La sonrisa se incrementó en su rostro al tiempo que guiñaba uno de sus ojos con aquel característico aire despreocupado y coqueto que la definía.

Si, desde siempre supo que cenarían juntos, por lo que había hecho el pedido previo, incluso solicitando la hora precisa en la que debían servir los platos, no había sido algo difícil de calcular, solo se permitió un desface de quince minutos ante cualquier percance, por lo que los platos no tardaron en llegar; les ofrecieron una entrada de bruschetta, utilizando una clásica receta italiana, un vino que acompañaba perfectamente el plato, y así mismo predispusieron diversos tipos de pasta, lasaña y pizza, variedad de ensaladas, en las cantidades precisas para que pudieran compartir y disfrutar de todo el festín que les ofrecían‒ ¿Deseas pedir algo más? ‒El tono inocente de sus vocablos contrastaba completamente con la mirada victoriosa que le dedicaba al italiano, sonriéndole con sincera felicidad al poder estar junto a él aquel día.
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Re: Come with me [Dom]

Mensaje por Domenico H. De Sica el Sáb Jul 29, 2017 10:33 am

Podría definir la persona de Ekaterina como una especie de bálsamos para sus heridas, siempre estando en el momento y lugar oportunos para proporcionarle su apoyo; la persona en la que, inicialmente, se refugió cuando todo ocurrió y el mundo comenzó a caerse a pedazos a su alrededor pero, también, la persona a la que renunció por voluntad propia cuando se percató de que su vida nunca volvería a ser la misma, al sufrir una serie de acontecimientos que marcaron el camino que debían de seguir sus pasos. No podía decir que se arrepintiera de haberla alejado de él durante todos aquellos años que habían trascurrido puesto que, de lo contrario, no habría podido continuar, no en la situación en la que se encontraba y la dependencia que tenía de ella. Era completamente inútil dejar de tener una relación con ella, en busca de no dañarla con sus propias heridas, pero mantenerla a su lado. Doloroso y egoísta lo mirara desde donde lo mirara. —No confíes tanto en ello, solo te complazco porque acabas de regresar.— bromeó con una media sonrisa en sus labios, permitiéndose hacer lo que pocas personas hacía, bromear o comportarse con naturalidad.

Recorrió con la mirada el restaurante una vez que se hubo sentado y esperaban al camarero que los iba a atender. Sus dedos buscaron la carta, fijando entonces la atención en lo elaborada que estaba, la variedad de platos que ofrecía. Alzó la mirada hacia ella, observándola desde el otro extremo de la mesa, escuchando sus palabras y alzando sus cejas con sorpresa. No había cambiado en absoluto; nunca había dado puntada sin hilo, pocas cosas dejaba al azar. Recordaba como se divertía cuando, estando juntos, ella preparaba algo y acababa saliendo mal por alguna desconocida razón, sus risas siempre la irritaban y se ganaba miradas reprobatorias de enfado que eran, casi instantáneamente, saneadas con un beso por su parte. Dejó caer la carta, alejándola, con dos dedos, a un lado de la mesa. —Comida patria— comentó —, la primera y segunda sorpresa de la noche me están gustando.— concluyó con cierto deleite. No era únicamente la cena sino el hecho de poder compartirlo junto a ella.

Desdobló la servilleta de encima de su plato, colocándola a un lado a la espera de la llegada de los platos. Se vió sorprendido  por la gran variedad de platos que había ordenado, todos en la medida para poder compartirlos para poder probar todos y cada uno de ellos. Llevaba una buena parte de su vida viviendo en Reino Unido pero no terminaba de acostumbrarse a los sabores de allí, el mediterráneo siempre había sido su lugar y las gastronomías eran demasiado diferentes. Apoyó las manos sobre el borde de la mesa  con el último bocado que tomó, mirándola ante su pregunta. —Parece que no me conoces tanto como presumes.— dijo con fingido tono de tristeza. Comida y más comida pero ni rastro de lo favorito del italiano. —Espero que el plan b lo incluya lo que me falta.— anotó haciéndose ligeramente hacia atrás en la silla que ocupaba. . Su hermana y él eran la antítesis en ese aspecto; mientras el italiano disfrutaba de todo aquello que fuera dulce, su hermana detestaba todo tipo de postres fueren del tipo que fueren.
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Re: Come with me [Dom]

Mensaje por Ekaterina Petrova el Sáb Jul 29, 2017 11:46 am

El escucharle bromear era un deleite extra con el que le agradaba contar, sus vocablos en burla acompañados de aquella característica sonrisa torcida lograban que el plan de compartir su cumpleaños valiera la pena, haciendo imposible no dedicarle una sonrisa. No quería asumirlo, pero parte de ella espero una total oposición a salir de su casa y a celebrar un día que tantos dolores podía sacar a la luz, aun así se había esmerado en las ideas y planes para él, sin importar sino resultaba, si quedaba en nada más que en ella teniendo que volver extrañamente a su apartamento una tarde temprano, tal vez tendría suerte y encontraría a su vecino libre para beber un trago y hablar de sus vidas, o pasaría la noche mimando a Frankie mientras leía el nuevo libro que habría comprado; tendría opciones, pero no la que realmente deseaba, no estar junto a él y recorrer diversos lugares que poco tenían de importancia sino contaban con la presencia del italiano.

Por ello encontrarse cenando con él la llenaba de una sincera felicidad, lanzaba miradas sutiles hacia él, sonriendo al escuchar como la selección de comida le complacía, y podía entenderlo. Aun le era extraño vivir en Reino Unido, las cosas y personas eran diferentes, poseían tradiciones extrañas, comportamientos a veces demasiado escandalosos, bebían demasiado té para su gusto y la gastronomía no conseguía satisfacerla, aunque tal vez aquel de último punto podía responsabilizar a la cocina del hospital. Fuera por lo que fuera extrañaba la comida de su país, incluso las exquisitas pastas italianas, pero debía reconocer que estaba sufriendo mucho menos que en Estados Unidos‒ Y vienen sorpresas mejores… ‒Murmuró con diversión, puesto una de las mejores estaba próxima a llegar. Continuó comiendo calmadamente, y bebiendo un poco de vino hasta que los platos se vieron totalmente vacíos.

Y ahí estaba; el reproche que deseaba, el dejo de falsa decepción que ocultaba una realidad, pocas veces eran las que conseguía que Domenico “reclamara” o pidiera algo, por eso cuando lo hacía era algo que se permitía disfrutar, gustaba que de forma directa o no le pidiera algo más. Sonrió triunfante, permitiendo que se llevaran los platos, ya vacíos, sin dejar de observarle con mirada victoriosa y satisfecha, echando su cuerpo hacia atrás lentamente para apoyar su espalda por completo en la silla, dándose una mejor visual de él. Estaba disfrutando aquel momento‒ ¿Desde cuándo disfrutas del postre antes del plato principal?   ‒Su sonrisa se dulcifico en el preciso instante que el garzón volvió con tres nuevos platos y una botella de vino blanco, la preferida de su madre para acompañar un postre. Entre ellos predispusieron un plato grande y dos más pequeños; estos últimos portaban un Spumone, su personal favorito, mediano y crema carsolina, mientras en el plato central había un tumulto considerable y perfectamente acomodado de Cantuccini. ¿Por quién la tomaba? Era obvio que aquello había sido lo primero que había ordenado, recalcándolo más de una vez, porque aquello si debía ser perfecto, era imposible que lo olvidara, si hasta había aprendido a preparar la receta a la perfección por él, luego de demasiados intentos desastrosos que incluían a su padre apagando el fuego con un nuevo modelo de escoba inacabado entre sus manos, pero, ahora podía decir con toda seguridad que los Cantuccini eran quizás lo mejor que podía preparar.

Enarco sus cejas con orgullo, haciendo gala de su mejor sonrisa satisfecha con atisbos de burla ante sus reproches previos, libero un suspiro casi de indignación ante las dudas que había puesto en ellas, pero por sobre todo disfrutando de aquel perfecto momento. La rusa extendió su mano con delicadeza, haciéndose con una de las rebanadas de Cantuccini, llevándola hasta su boca lentamente y dando un primer y exquisito bocado sin apartar su mirada casi desafiante de Domenico, limpió sus labios con su servilleta, depositando el resto del dulce sobre su plato personal‒ Entonces ¿no te conozco tanto como presumo?  ‒Repitió sus palabras, sonriendo completamente antes de negar con su cabeza y dedicarse a disfrutar del exquisito postre luego de mucho tiempo.
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Re: Come with me [Dom]

Mensaje por Domenico H. De Sica el Sáb Jul 29, 2017 1:44 pm

La rutina en aquel día era simple, repetitiva y monótona. Trabajaba, viajaba hasta Florencia donde compartía tarde y cena con Paolo y Fiorella, y, seguidamente, paseaba en el silencio y esplendorosidad de la ciudad, caminando durante horas hasta que acababa cansado y regresaba a casa para, a la mañana siguiente, usar la red flu y regresar a Reino Unido de nuevo. Acabó por convertirse en una rutina sin ningún tipo de interés del italiano que lo realizaba año tras año como si de un autómata se tratara. Lo bueno que sacaba de la situación era el reencuentro con Fiorella tras el largo curso en Durmstrang, por lo demás se había convertido en un verdadero suplicio que prefería que pasara lo más rápido posible. Aquel sería el primer año que no regresaría a Florencia y, por extraño que pareciera, se le antojaba como un gran cambio.

Observó con diversión como ella también se acomodaba en su silla, apoyando la espalda contra el respaldo y fijando su mirada en él. Cruzó los brazos frente a su pecho, estirando las piernas ligeramente, con cuidado de no golpearla, y sin retirar su mirar claro del atrayente contrario. Conocía demasiado la expresión en su rostro, aquella sonrisa de haber conseguido lo que estaba buscando, de ser victoriosa en una batalla que el italiano desconocía de principio a fin. —Disfruto ambos, pero no puedo negar que prefiero un pequeño postre antes que una copiosa comida.— confesó con lentitud, paladeando todas y cada una de las palabras que pronunciaba. En cierto modo se sintió un tanto decepcionado por el hecho que no lo recordaba, cuando estaban juntos en Florencia siempre la llevaba al mismo lugar, donde elaboraban los mejores dulces caseros y típicos de toda la ciudad. —Puede que sin ello no disfrute tanto de m— comenzó a decir con rostro serio, pero a sabiendas que ella sabría que estaba bromeando, cuando regresaron con un bandeja donde estaban dispuestos tres platos con diferentes postres y una botella de vino blanco.

Su expresión cambió a sorprendido, observando los platos pero siendo uno de ellos, con diferencia, el poseedor de toda su atención sobre los demás. Arqueó su mirada hacia ella, alzando ambas cejas pero, finalmente, riendo sin ser capaz de contener la risa que se dejó escuchar. Llevó una mano al puente de la nariz, presionando la zona ligeramente en busca de calmar su risa, respirando por la boca acompañado de un movimiento negativo de cabeza. —Eres increíble.— consiguió articular finalmente. Sus azules ojos se fijaron en el movimiento de su mano, en la sonrisa aún más victoriosa y triunfal que lucían sus labios pero, sobre todo, en su desafiante a la par que orgullosa mirada. Colocó el codo sobre la mesa, apoyando la mejilla contra la palma de su mano; observando, como el que visualiza una interesante película, como probaba su dulce predilecto. —Pensaba que tu favorito era el spumone.— comentó separando  la mano de su rostro y acercándola hasta el plato central, donde se encontraban los cantuccini, y tirando de éste para acercarlo más a su persona. Tomó uno entre sus dedos, examinándolo con la mirada y luego a ella. —Espero que no los hayas hecho tú, aún recuerdo tus fallidos intentos de envenenamiento.— se regodeó ante una de las pocas cosas que la rusa no era perfecta.

Antes de contestar la pregunta metió el dulce en su boca, masticando lentamente en busca de saborearlo, de no perder ningún detalle de una de las pocas cosas que disfrutaba por completo. Estaba claro que lo seguía conociendo aunque hubiera trascurrido más de un lustro desde la última vez que disfrutaron juntos de un momento como aquel.
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Re: Come with me [Dom]

Mensaje por Ekaterina Petrova el Lun Jul 31, 2017 11:00 pm

Decirse satisfecha era no hacer justicia a los sentimientos que la embargaron al reconocer la sorpresa en el semblante del italiano, los que se incrementaron aún más cuando a sus sentidos llegaron aquellas melodiosas notas que significaban la risa de Domenico; aquella carcajada armoniosa e incontenible que tanto la había enamorado en antaño. La cacofonía de su alegría e incredulidad era un eco que no había concebido siquiera desear reconocer aquella velada, pero que minimizaba cualquier futuro escenario que pudieran compartir. Simplemente se quedó embelesada observándole mientras sus carcajadas casi joviales se expandían por el restaurant, apoyando uno de sus codos sobre la mesa mientras recargaba con delicadeza su mejilla contra su mano, siguiendo con atención el movimiento contrario en un intento por acallar aquel sonido que tanto le había llenado. Mantuvo su sonrisa, reconociendo aquel deseo infalible y casi egoísta por volver a escucharle, por poder vislumbrar una vez más aquella sonrisa que tanto había añorado, por quizás, poder mantenerle en aquel estado de despreocupación, aliviado y alejado de los demonios de su pasado que aún seguían consumiendo su presente, oscureciendo cada paso sobre su futuro, como marcas imborrables, como descaradas cicatrices que seguían marcándole sin poder ser borradas a pesar del tiempo que las aconteciera.

Sus ojos azules se abrieron con sorpresa cuando la melodiosa impresión de su acompañante llego a sus oídos, se sobresaltó efímeramente sobre su asiento, abandonando su posición mientras dejaba caer su mano a su regazo, desviando su atención mientras pestañeaba confundida ante aquel estado de enajenación que la había consumido. Alzó el turquesa océano que predisponían sus ojos, sonriéndole con altanería al recuperar su propio control, encogiéndose de hombros mientras hacia un tenue movimiento con su mano derecha‒ ¿Recién lo notas? ‒Se dedico a comer, disfrutando tanto el exquisito sabor del postre favorito de Domenico, como de la maravillosa sensación de victoria que había aumentado su valor ante aquel premio secreto obtenido‒ Sigue siendo mi favorito… ‒Reconoció sonriéndole con sinceridad y alegría al reparar en que aun recordaba aquel detalle, siempre tendía a apoderarse del Spumone, solo y aceptando a compartirlo con él, de vez en cuando, y en poca medida, dependiendo claramente de las atenciones que le prestará a cambio de un bocado de su postre.

Una tenue carcajada se liberó de sus labios mientras se deslumbraba con la acción casi infantil de Domenico al aproximarse el plato de cantuccini, casi como si dijera “esto es mío, el resto lo puedes comer si gustas”. Enarcó una ceja mientras entreabría sus labios relativamente ofendida ante sus acusaciones, articulando palabras silentes que nunca se vieron pronunciadas al no decidirse a que pronunciar‒ Nunca pretendí envenenarte, ¡me esforcé por aprender la receta! No es tan… ‒Sus propias risas acallaron sus fallidos intentos de defensa, y es que aun podía recordar el primer intento de cantuccini, aunque no se parecía en nada al postre favorito de su entonces, novio, se habían quemado por completo, casi había confundido sal con azúcar y el resultado había sido mucho más desastroso de lo que podía recordar, pero aun así había ido mejorando con el tiempo, hasta volverse una experta, y por extraño que pareciera, aun, para aquella fecha, seguía preparándolos, aunque no le hubiera visto ni felicitado por su cumpleaños por seis años. Siempre, aquel día, había un plato de cantuccini en su mesa, un plato que nunca nadie comía‒ No los he hecho yo, pero te sorprenderías al probar los míos ‒Alzó su barbilla con orgullo, desviando su mirada de él y dedicándose a su postre favorito, disfrutando de cada bocado.

En cuanto los platos se vieron vacíos, y al cabo de unos minutos de merecido reposo luego de tan agradable cena, entablo una pequeña conversación de miradas con su garzón antes de levantarse y extender su mano hacia Domenico en el preciso instante que traían sus abrigos una vez más‒ ¿Listo para el plan b?
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Re: Come with me [Dom]

Mensaje por Domenico H. De Sica el Miér Ago 02, 2017 5:54 am

Las personas que poseían la confianza del italiano eran, más bien, pocas. Su hermana era una de ellas pero, como era normal, la posibilidad de mostrarse de la forma que estaba siendo con Ekaterina era complicada teniendo en cuenta la personalidad de su hermana incluso con las personas que quería; con el paso de los años se había acostumbrado a su silencioso y arisco cariño, aceptándolo como algo completamente natural e irrepetible. Sus viejos amigos de Florencia eran diferentes, sabían de la muerte de su hermana y madre pero no de la forma que hubo acontecido por lo que con ellos, en cierta medida, debía de fingir el verdadero malestar que sufría por dentro cada segundo de su vida. Ekaterina era diferente, incluso se sorprendía a sí mismo siendo capaz de bromear con situaciones que acontecieron en un pasado a su lado, un pasado en el que Andrea también estaba pero, ¿cómo tener recuerdos sin ella? Él mismo decidió lo contrario en un arrebato que, muchos denominarían egoísmo, pero que fue más bien altruista. Renunciar a lo que le hacía feliz para no arrastrarla hasta el infierno que estaba viviendo, en el que se había convertido su mundo en un simple abrir y cerrar de ojos.

Bajó la mirada hasta el amplio plato de cantuccini que tenía ante sus ojos. Las orbes claras como glaciales se alzaron del dulce, fijándose en ella. En su sonrisa de superioridad por haber vencido una batalla que ella misma creó en su mente, celebrando una victoria que se veía reflejada en sus ojos. Jugaba dos fuertes bazas para leer a través de su mirada; el hecho de que siempre la conoció mejor que a sí mismo, al igual que a la inversa, y los años de silenciosa observación que cargaba sobre sus hombros, no interfiriendo con las personas, siendo un mero espectador que permanecía impasible y solo se dedicaba a observar y leer a las personas. Y ella era demasiado fácil de leer. Siempre admiró su alegría y positividad, esperaba que no hubiera cambiado, veía que no había cambiado del todo ese aspecto. —No sabía si habrían cambiado tus gustos.— reconoció. —Antes lo era, es más, creo recordar que una vez tu tenedor acabó intencionadamente sobre el dorso de mi mano por no haber ofrecido nada antes de intentar apropiarme de un bocado.— apostilló con notable diversión en su voz, sonriendo con la alegría y naturalidad que había quedado catapultada bajo metros y metros de amargura, que acabó convirtiéndose en una completa y fingida indiferencia por el mundo.

—Lo sé.— dijo inclinándose ligeramente sobre la mesa, extendiendo su brazo y dando dos livianos golpes en la parte superior de su frente. —Sé que te esforzaste en aprender a hacerlos por mí.— apostilló acercando la mano hasta su mejilla, enredando los dedos en un mechón de castaño cabello y llevándolo hasta su oreja para retirarlo de su rostro. Incluso un pequeño mechón como aquel le molestaba cuando le privaba de unos milímetros de su rostro, cuando se entorpecía frente a sus ojos y no le permitía vagar por su mirada azul. Esbozó una media sonrisa, separando su mano de ella y regresando hasta su lugar, volviendo a situarse en su postura inicial, escuchando en su regreso las risas que emergían de sus labios. Meneó la cabeza con resignación. Recordaba con cariño aquellos intentos fallidos, cada bocado de un cantuccini preparado por ella y cada uno de los sobrehumanos esfuerzos que decoraban su rostro intentando disimular el malestar que le provocaron en las primeras ocasiones que, emocionado por su esfuerzo, se precipitaba a tomar una pieza completa del postre. Tomó otro dulce del plato, llevándolo hasta su boca y masticando lentamente, arqueando ambas cejas, con sorpresa, cuando supo que había seguido intentando que le salieran como era debido. —Espero que estés ofreciéndote a prepararlos la próxima vez que nos veamos,— comenzó a decir con total naturalidad cuando hubo terminado de masticar y tragado. —una cena en mi casa donde llevarás el postre.— aseveró con diversión. Él había mejorado, ligeramente, sus dotes culinarias pero, por sobretodo, estaba deseando saber si realmente los años la habían ayudado a preparar el que era su dulce favorito.

Disfrutó de cada bocado, cada vocablo y cada mirada, entreteniéndose de vez en cuando, como no había hecho en años. —¿Y la cuenta?— cuestionó incorporándose y mirando al garzón, que desapareció en el mismo momento que posó sus ojos sobre él. Una mirada reprobatoria se dejó ver en dirección a Ekaterina. —Al parecer. Listo.— indicó con poco convencimiento a la par que tomaba ambos abrigos y la ayudaba a colocarse el suyo. —¿Próxima parada?— cuestionó abriendo la puerta del restaurante para que ella saliera al exterior; caminando por la desierta calle de Chelsea que, a diferencia de su país natal, se convertía en un lugar fantasma cuando el sol caía.
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Re: Come with me [Dom]

Mensaje por Ekaterina Petrova el Jue Ago 03, 2017 1:20 am

No pudo evitar reír ante el recuerdo de aquel fatídico y divertido episodio clasificado como el “intento de homicidio con un tenedor” por un dramático e indignado joven Domenico al que tardó menos de quince minutos en contentar nuevamente. Él sabía sus reglas y las había incumplido, obviamente ella no se iba a contener cuando estaba sacando de su postre sin consentimiento y más aun aprovechando cuando ella desviaba su atención hacia otro lugar, ella podía tolerar muchas cosas, pero su Spumone era su spumon, y en eso pocas veces transaba sin importar lo infantil que pareciera, había sido así desde el primer día en que había pisado Italia y su abuela le había preparado el esponjoso dulce como bienvenida, desde entonces había quedado encantada con el. Aunque Domenico siempre había sido su excepción, compartir el postre con él era incluso mejor que degustar el sabor cremoso del dulce, pero, nunca estaba de más poder pedir una dosis extra de sus atenciones y besos, mayoritariamente por eso había casi “asesinado a su novio” con el letal tenedor.

‒ Lo merecías y lo sabes, no trates de negarlo, aquella batalla la perdiste hace mucho ‒Hablo con falsa seriedad y solemnidad mientras una maravillosa sonrisa iluminaba su hermoso rostro. La indignación por las acusaciones de envenenamiento fue consumida automáticamente por el sutil tacto de su mano sobre su frente, enarcó una ceja tensándose al reconocer la calidez de sus dedos rozando su mejilla al hacerse con unas cuantas hebras de su cabello, sorprendiéndose demasiado al notar cuanto había extrañado aquella pequeña acción que siempre solía realizar en antaño, cada vez que hablaban, cuando estaban uno al lado del otro, en cualquier ocasión, en cualquier lugar  y momento, él siempre se preocupaba de apartar los mechones traviesos de su rostro con cuidado y dulzura, como si deseara mirarla por completo. Recordaba lo bien que se sentía verse reflejada en aquel mar de cariño que sus ojos le dedicaban en antaño, y se maldijo al añorar aquel tenue brillo en su mirar.

Se apresuró en volver al tema central, en no quedarse prendada una vez más de sus ojos, reteniendo aquellos deseos de sumergirse en el pasado que les unía, en tiempos lejanos que ya no eran más que recuerdos agridulces, solo memorias casi olvidadas‒ Espera, ¿Eso quiere decir que tu prepararás la cena? ‒La sonrisa se apodero de su rostro con intensidad, definiendo un brillo de emoción palpable en sus ojos, antes de darle un coqueto guiño de lado, sonriendo divertida y fascinada ante la idea‒ Es un trato, señor chef ‒Afirmó, expectante a poder llevar acabo aquel encuentro, levantándose con calma luego de pedir sus abrigos en silencio. Se encogió de hombros ante la pregunta sobre la cuenta del restaurant, volteándose con delicadeza, permitiéndole que le ayudara con su abrigo, realizando un mínimo movimiento por rescatar su cabello de la prenda antes de girarse sonriente‒ Es tu cumpleaños, es ilegal que pagues, ¿Acaso quieres que vaya a prisión por irrumpir la ley? ‒Bromeó entre risas negando como obvia respuesta a su sumamente seria pregunta, agradeciendo al recepcionista y al garzón antes de salir, abrochando los botones de su abrigo en un estremecimiento debido a la tenue brisa que la atacó al verse nuevamente en la calle‒ Próxima parada; emborracharte ‒Informó con seguridad, posicionándose a su lado mientras caminaban, aferrándose a su brazo con lentitud mientras se apegaba hacia él con calma.

Fácilmente podría haberse aparecido en el bar que había seleccionado, pero aquellos casi veinte minutos de caminata también eran parte de la velada, donde podrían relajarse, reposar de la contundente comida, mientras conversaban y caminaban uno al lado del otro, sin más compañía ni testigo que las estrellas que iluminaban su camino por las vacías calles del barrio.
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Re: Come with me [Dom]

Mensaje por Domenico H. De Sica el Jue Ago 03, 2017 4:17 am

Sus recuerdos estaban plagados de momentos felices que acontecieron al lado de la rusa, momentos que, si bien velaba fervientemente por ellos, no habían sido traídos a su mente desde hacía muchos años; guardados en el pasado, intentando dejarlos atrás, en el lugar al que les correspondía estar. Mas se cernía complicado dejarlos allí desde el mismo momento en el que el destino, infantil e irónico, decidió que la relación entre ambos regresara a su rumbo, no la misma relación que mantuvieron, no un romance del que solo se podían percibir los vestigios que se habían revelado contra él, incapaz de borrarlos por más esfuerzo que pusiera en ello. Acabando por aceptarlos como una importante parte de su pasado, una en la que se hubo permitido ser feliz como ya no hacía, pero no debía vivir en los recuerdos, la relación que ahora los rodeaba era diferente pero, a la vez, la misma.

Una de las pocas personas por las que se preocupaba sin reparo alguno, con las que podía ser él mismo, el joven que quedó atrás y creía más que muerto. Solo permaneció congelado en el tiempo, a la espera de que la persona indicada regresara y, con ella, los recuerdos y el que fue antaño. O al menos una parte del que fue. Tomó otro cantucinni del amplio recipiente, mordiéndolo con cuidado de no deshacerlo todo entre sus dedos. —Deberé tomar todo un día libre para poder hacer una cena digna pero— comenzó a decir, viéndose interrumpido por un coqueto guiño y una sonrisa que hizo que arqueara ambas cejas. —pero es un trato.— acabó por concluir desordenando con su diestra la parte posterior de su cabello; gesto que denotaba relajación y despreocupación, acción poco común en los años que transcurrían.

Subió la cremallera de su cazadora cuando hubieron salido al exterior. Una de las diferencias, y que extrañaba, entre Florencia y Londres era el clima. Aunque luciera como un hombre huraño, indiferente con el mundo, y al que le importaba poco si llovía o no, no pasaba día sin el que se le hiciera raro no tener todo el día al astro rey en el cielo, iluminando todo a su alrededor cuando se dignaba a pisar la calle. La brisa fría que arreciaba en el exterior se le tornaba bien diferente al calor que siempre aparecía cuando la misma acción era realizada en su ciudad natal. Esperó a que ella le indicara donde debían ir ahora, cual era el plan b que había ideado. —¿Emborracharme?— cuestionó como respuesta. Su tolerancia al alcohol era reducida, nunca había tomado más de un par de copas, ni siquiera en su feliz juventud, por lo que no estaba del todo seguro en la idea que acababa de exponer. —No sé si beber es una buena idea.— se permitió agregar girando el rostro hacia ella en el momento que acortó las distancias y se refugió ligeramente contra él. No se podía negar pero tampoco era algo que deseara, fervientemente, hacer. Dejarse en evidencia sería demasiado fácil con un par de copas de por medio.

Aun conversando en el caminar, su mente estaba completamente alejada del lugar. Era el único momento en el que, estando a su lado, había acabado pensando en temas no relacionados con ella. ¿Tan grande era su preocupación? En realidad no tenía nada que esconder o de lo que preocuparse por lo que acabó rindiéndose ante ella, como muchas otras veces hubo hecho. Su caminar cesó cuando llegaron hasta el bar, abriendo la puerta frente a ella y entrando tras su persona, oteando el lugar casi desierto pero acogedor. —¿Nos sentamos en cualquier lugar o también has reservado previamente?— se chanceó de ella, caminando en dirección a una mesa aleatoria del lugar donde fueron atendidos con diligencia. Sus ojos azules se volvieron hacia ella a la espera de que pidiera ya que, a fin de cuentas, ella tenía un mínimo conocimiento superior al suyo sobre bebidas alcohólicas. —Para mi algo sencillo está bien.— indicó antes de que ella fuera capaz de pedir nada para ambos.
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Re: Come with me [Dom]

Mensaje por Ekaterina Petrova el Vie Ago 04, 2017 1:43 am

Las bajas temperaturas eran sus favoritas, su cuerpo estaba totalmente acostumbrado a aquellas inhóspitas temperaturas descendentes, y es que los inviernos en Rusia podían llegar a significar experimentar hasta treinta y ocho grados bajo cero en los días más fríos, siendo su contraparte durante los días calurosos de verano que tendía a repudiar. Estos únicamente le eran agradables al contar con la compañía del italiano a su lado, de lo contrario no disfrutaba de semejantes alzas en el ambiente. Se acomodó bajo su liviano abrigo, reafirmando su andar junto con la información que refería a la siguiente parada, obviamente exagerando al respecto, ya que no podía resistirse a conseguir el desconcierto en la expresión contraria.

Hizo caso omiso a la leve advertencia, era obvio que no pretendía embriagarlo, meramente deseaba brindar por aquella fecha y por poder contar con su presencia y compañía, era una mínima parada, o al menos esa intención inicial mantenía, si el ambiente se tornaba agradable, como siempre que estaba con él, y Dom lo deseaba no tendría problema en quedarse un poco más en el bar. A medida que sus pasos avanzaban, sus dudas comenzaron a materializarse al reparar en la tenue sombra que opacaba los ojos del italiano, manteniéndolo alejado de ella sin importar que caminará a su lado, respondiera sus preguntas o fundamentará con algún comentario audaz. Algo mantenía la mente de Dom ajeno, algo o alguien lo apartaba de ella, y no pudo negar que aquella sensación no fue grata, sin importar que ya hubiera pasado la idea previamente por ella, especialmente aquel día del desfile…

Ignoró todo aquello una vez llegaron a su destino, encogiéndose de hombros ante su pregunta, sonriéndole con calma‒ Donde gustes ‒Le siguió en silencio, reparando en la sobria decoración del lugar, nada demasiado desorbitante, pero con un buen gusto que lograba dar un aire acogedor y cómodo al bar, se alegraba de haber elegido aquel lugar. Removió su abrigo antes de tomar asiento y acomodar sus cabellos hacia un lado, permitiéndoles caer por sobre su hombro izquierdo, dejando al descubierto una sección de su cuello‒ Lo sé… ‒Aseveró inclinando sutilmente su cuerpo hacia él mientras estrechaba su mano delicadamente, en un tenue tacto para tranquilizarle antes de dejarle ir y voltearse de manera encantadora hacia el garzón, que aumento su sonrisa al ver que se comunicaría con ella y no con su acompañante‒ Champagne Krug Vintage Brut, una botella y dos copas, por favor -El perfecto francés broto de sus labios antes de intercambiar el idioma y realizar las siguientes indicaciones con sencillez y elocuencia. No se arriesgaría a pedir algo demasiado fuerte, tampoco es que fuera una experta en beber, meramente lo hacía después de largos turnos y cuando su vecino estaba disponible para una ronda de alcohol y conversaciones diversas.

‒ Es tu cumpleaños, así que brindaremos con algo suave y delicioso ‒Se sorprendió de lo rápido que el joven hizo su aparición con el pedido perfectamente, sumando además un pocillo de porcelana blanca lleno de frutos secos como “cortesía de la casa” según sus palabras en sonrisa dedicada hacia la rusa‒ Muchas gracias ‒Correspondió mientras el joven abría la botella sin mayor ruido ni esfuerzo, sirviendo ambas copas a la mitad antes de dejar la botella dentro de una hermosa fuente repleta de hielo, voltearse una vez más hacia la joven y hacer hincapié en que le llamara ante cualquier necesidad para luego marcharse‒ Entonces ‒Con delicadeza, Ekaterina se hizo con ambas copas y ofreció una a Domenico, sonriéndole con alegría mientras alzaba su cáliz‒ Salud, por ti, mi querido cumpleañero…
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Re: Come with me [Dom]

Mensaje por Domenico H. De Sica el Lun Ago 07, 2017 1:56 pm

Pasar tiempo junto a la rusa era demasiado fácil, no le costaba bromear o reír ante alguno de sus sugerentes y malintencionados comentarios, incluso se permitía, en algunos momentos, dejad vagar su mente por sus recuerdos que habían protagonizado los dos juntos, en las últimas semanas estaba presente, sobre los demás, el referido al momento en el que le pidió que saliera con él, rodeados de una exposición que habría revuelto el estómago de más de un mago, por no hablar de los muggles, y en el que él había planeado que era el lugar indicado para afianzar una relación con la que se había convertido, con el paso de los años a su lado, en la persona que ocupaba todos sus pensamientos. No estaba seguro de si cambiaría  el lugar si pudiera regresar atrás en el tiempo, en cierto modo se habían convertido en dos personas únicas iniciando todo en una exposición tan curiosa como la que los rodeaba.

Aunque intentó mantener una conversación mientras se encaminaban hacia el bar, tenía claro que su actitud había cambiado ligeramente con el mero pensamiento de verse en una situación como aquella; pocas eran las cosas que escondía, no es que fuera a revelar gran cosa en el caso de que una inesperada alegría se apoderara de su ser y cegara sutilmente sus sentidos, pero no era una idea que hubiera manejado en su mente cuando pensó en un plan b junto a Ekaterina.

Retiró su cazadora de cuero, esperando a que ella se desprendiera de su abrigo, y tomó ambos, doblándolos y dejándolos sobre una de las sillas libres que sobraban en la mesa que acababan de ocupar. Se sentó, apoyando la espalda completa contra el respaldo de la silla, con sus inquisitivos ojos azules recorriendo el lugar, posándose sobre algunos clientes que charlaban y bebían. Regresó su atención hasta la mesa propia cuando la mano de la rusa acabó sobre la suya, en un intento de tranquilizarlo en relación a la bebida que sería escogida, no se llegaron a alejar mucho, solo se alzaron ligeramente para observar al garzón de la ocasión, el cual se mostraba complacido con el hecho de tener una cliente como la rusa frente a él, sin duda afortunado de poder disfrutar de su presencia y su voz. No sabía lo sabía a ciencia cierta pero estaba seguro de que seguía llamando la atención allá por donde caminaba, coqueteando y aprovechándose de las miradas y sonrisas que le ofrecían, divirtiéndose con las reacciones que podía tener las personas que la rodeaban cuando aireaba su cabello, esbozaba una sonrisa o dirigía unas palabras amables a su persona. —Champagne.— comentó cuando el garzón se hubo marchado con el específico pedido que realizó su acompañante. Ni siquiera se esforzó por intentar nombrarlo por la etiqueta que pidió, para él todos se asemejaban, aunque tampoco podía opinar al respecto debido a su poco conocimiento de la materia. —No estoy seguro de si lo tendrán, en la mayor parte de los pubs ingleses solo tienen cerveza de mil y un tipo.— informó examinando la barra y luego mirándola a ella con una pequeña sonrisa.

—Me podría acostumbrar a que mi cumpleaños fuera cada día.— apuntilló antes de que el garzón regresara, justamente, con lo que fue pedido. Observó la botella, leyendo la etiqueta y vislumbrando las copas que depositó sobre mesa y fueron llenadas. No volvió a mirarlo, ni siquiera cuando se alejó de la mesa con la proposición de que estaba a su completa disposición, solo alargó el brazo para tomar la copa que ella le ofrecía. —Salud.— coreó alzando también su copa por el cáliz y bebiendo levemente el contenido de ésta. —Diferentes vinos en la cena y ahora champagne— comenzó a decir, dejando la copa sobre la mesa, y apoyando una mano en el borde de la mesa. —Me alegra que no hayas elegido nada inglés, suficiente he tenido con el día a día durante los últimos seis años.— aseveró divertido.
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