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You don't belong here | Violet Morgan.

Mensaje por Sigrún Svanström el Mar Jul 25, 2017 12:31 pm

13 de junio de 1980.

     Su llegada a Reino Unido no había sido anunciada ni buscada. A nadie le importaba que estuviese pisando suelo inglés o cuánto tiempo se quedaría. Ni siquiera el tutor legal que le habían asignado —por desgracia seguía siendo menor de edad— tenía el más mínimo interés por ocuparse de dónde metía o no sus narices una jorobada. La única persona dispuesta a preocuparse altruistamente por ella era su madre y seguía a miles de kilómetros de distancia, en Noruega, arreglando sus propios problemas maritales, que no eran pocos. De todas formas ni siquiera eso tenía trascendencia alguna.

     Sigrún se había cansado de esperar. En todos los sentidos concernientes a la palabra. Si estaba sola, sola habría de buscarse caminos y formas de sobrevivir. No le quedaba otra. Se levantó del sofá y caminó con los pies torcidos hacia las ventanas. Desconocía cuántos pisos habían sido edificados en el hotel. Ni siquiera se interesó por los fundadores. Vio a la gente deambular por la calle y tomó por sí misma la decisión de salir a explorar dijera lo que dijese su institutriz. No le costó nada confrontarla. Astrid Olafsdóttir era una mujer ambiciosa, pero cobarde. Había aceptado el trabajo de cuidar de Sigrún simple y llanamente porque tenía esperanzas en que le aportase algún beneficio a corto plazo sin mover un dedo. A fin de cuentas era lo mismo que apostar todo a una carta. Si Sigrún se convertía en la bruja que todos vaticinaban, una hechicera con talento y poder, Astrid se adjudicaría el mérito de su evolución. Si fracasaba, tampoco perdería nada que lamentase perder. A pesar de eso, Astrid era incapaz de sostener la mirada a Sigrún; el asco que le producía su rostro deforme era superior a cualquier aspiración egoísta.

     Sigrún abandonó el hotel apenas veinte minutos después y se perdió en las calles del Londres mágico. Algunos se giraban a mirarla, otros reían su avistamiento y unos pocos la ignoraban. Iba vestida como los cánones mágicos exigían, con un vestido negro de corte medieval, sencillo, sin adornos ni ceñimientos que la incomodasen. El clima de Londres, aunque frío, no lo era tanto como en Noruega, y eso le permitió llevar una capa mucho más fina de lo que acostumbraba. Roja como la sangre, el color de Durmstrang, y con el símbolo del Instituto mágico bien visible en el pecho. Sus pasos eran lentos por obligación, pero seguros. La especialidad de Sigrún, la misma de la que tanto se vanagloriaba Durmstrang, eran las Artes Oscuras. Sólo había un lugar en todo Londres dedicado a las Artes Oscuras.

     Encontró el Callejón Knocturn triste, patético y deprimente. El suelo empedrado estaba lleno de polvo y los edificios habían sido construidos de tal forma, que el escaso sol londinés era incapaz de alumbrar nada. En Knocturn siempre era de noche, y la rara vez que el día se abría paso era gris y tétrico. Sigrún vio razonable que los magos ingleses creyeran que todo lo referente a las Artes Oscuras era perverso si el lugar más emblemático de estas tenía el aspecto de albergar un asesino en cada esquina. Lo que más irónico le resultó fue que su apariencia no desentonaba. Claramente era un rostro desconocido, pero deforme como las almas de aquellos que rondaban el callejón. El emblema de Durmstrang en su capa era, además, una invitación a que la dejasen en paz. Que no le pusieran la mano encima, pues bien era sabido cómo y en qué eran entrenados sus alumnos desde que ponían un pie en la escuela norteña y nadie se atrevía a cuestionar su suerte subestimando siquiera al más joven e inexperto. Sigrún comenzó a sospechar, incluso, que algunos creyeron erróneamente que el origen de su deformidad había sido precisamente resultado de ese entrenamiento. No iba a ser ella quien les sacase de su error dadas las circunstancias.

     Entre tiendas de libros, abalorios e incluso varitas prohibidas, Sigrún encontró un mínimo remanso de paz que se vio truncado al pasar la primera hora. En la calle de al lado comenzó a formarse revuelo. Alguien gritaba, o para ser correctos, chillaba de manera estridente palabras que no comprendía en su totalidad. Y aunque bien era cierto que nunca se sentía cómoda con los escándalos, la curiosidad picó esta vez lo bastante como para que Sigrún se dirigiese hacia allí.
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Re: You don't belong here | Violet Morgan.

Mensaje por Violet Morgan el Miér Jul 26, 2017 12:12 pm

Para muchos podría ser una sorpresa que la estudiante de intercambio aún se encontrara en Reino Unido, ¿por qué no había regresado a Estados Unidos junto al resto de alumnos? Regresar había sido una pérdida de tiempo, aún tenía la mayor parte del verano para disfrutarla junto a su familia, para recorrer las clases de Nueva York, perderse entre las inmensas venidas de la ciudad que nunca dormía. Pero, por el momento, algo había llamado poderosamente su atención, y era bien conocido por todos que cuando algo se metía en la cabeza de la estudiante, se tornaba realmente complicado que se marchara de buenas a primeras.

Por suerte, o por desgracia, el callejón diagón se encontraba relativamente vacío en las temporadas de verano, al menos las que distaban tanto del curso en Hogwarts, por lo que no tendría que esperar detrás de alguna señora que bombardeara con preguntas absurdas como si el libro era adecuado, si su precio era excesivo o si no conocía algún lugar en el que los vendieran de segunda mano. Le molestaban las impertinencias como aquellas pero, sobre todo, odiaba pensar en el hecho de volver a sentirse rodeada de personas. Si cerraba los ojos aún podía recordar lo acontecido dos meses atrás, como se vió atrapada en la muchedumbre, los gritos, las carreras y llanto que rugían en sus oídos como si aún estuviera en el lugar que sucedió todo. Sus rodillas apoyadas contra el suelo mientras unas mujeres se cebaban a golpes contra ella por la ‘sospecha’ de que se trataba de alguien de sangre mágica. Las lágrimas, los latidos de su corazón saltando como histéricos contra su pecho. Respiró profundamente por la nariz, meneando la cabeza, pero llevando sus dedos hasta la cicatriz que había quedado cerca de su sien izquierda.

—Deja de pensar en eso.— se recriminó, en voz alta, a sí misma. Caminó con seguridad ojeando algunos de los escaparates que encontraba a su paso pero sabiendo cuál era su destino; los azules ojos de la estudiando bajaron hasta su reloj de pulsera con tan mala suerte que chocó con una mujer a los pocos segundos de distraer su mirar del camino. Alardeando de su torpeza tropezó ligeramente con sus propios pies y dio un paso hacia atrás, en un intento de no caer, para sujetarse en la pared más cercana. —¡Perdón!— exclamó inmediatamente  —No estaba mirando por donde caminaba— continuó diciendo en tono de disculpa, inclinando la cabeza ligeramente hacia delante. Un fuerte tirón, como era de esperar, la pilló completamente desprevenida; gritando a la par que su bolso se separaba de ella y se alejaba en manos ajenas.

Desgraciadamente su reacción fue más lenta que lo deseado, su cuerpo no se movió hasta pasados unos segundos en los que el ladrón ya había girado la calle. —¡Espera!— gritó entonces, corriendo tras de él lo más rápido que podía, intentando intuir por donde se debía de haber metido hasta que vislumbró su capa en la bocacalle del callejón knockturn. «No, ¿de verdad?»,quiso gritar con rabia. A diferencia del que ella quería frecuentar, los oscuros callejones de knockturn no estaban completamente vacíos, siempre se encontraba de bruces con alguien que murmuraba, se apretujaba contra la pared o reía de forma siniestra.

Su respiración se aceleraba a cada zancada, buscando encontrarlo con mayor visibilidad y cuando lo hizo. —¡Bombarda!— conjuró cerca de los pies del hombre, con el intento de hacerle caer, no herirlo, ni mucho menos. Rodó por el suelo, soltando su bolso, y gritando como si lo hubiera matado. Una ingente cantidad de vocablos surgieron de la boca del ladrón que gritaba como un histérico, señalándola, acusándola. En poco tiempo los curiosos se arremolinaron en torno a ellos dos, cuchicheando mientras los miraban. El rostro, de por sí impávido, de la estudiante palideció, acercándose con pasos lentos y tortuosos al lugar donde se encontraba su pertenencia y poder tomarla. —Él ha sido el que ha robado— sentenció en voz alta, presionando el bolso contra su cuerpo, girándose y huyendo, entonces ella, a la carrera de aquel lugar. Posiblemente todos se conocieran allí, ella era la extraña.
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Re: You don't belong here | Violet Morgan.

Mensaje por Sigrún Svanström el Jue Jul 27, 2017 11:41 am

     Sigrún apenas alcanzó la desembocadura de la calle cuando vio a un hombre girando la esquina. Bajo el pliegue de su brazo oscilaba el cordel de un bolso que claramente no le pertenecía. Aquel apunto le habría sido totalmente indiferente, incluso molestado en su ingenuidad, de no ser porque no fue lo único que atisbó. Detrás del hombre emergió una muchacha que no aparentaba mucha diferencia en edad con respecto a la propia Sigrún. La chica estaba furiosa y alzó instintivamente su varita. Sigrún hizo lo mismo llevada por un acto reflejo inconsciente. Sólo se detonó la primera, y todo lo que aconteció a continuación sucedió casi a cámara lenta. Sigrún giró el rostro y cerró su único ojo sano a tiempo de evitar ser cegada por la explosión que la chiquilla robada lanzó a los pies del ladrón. Cuando volvió a abrirlo, vio que había recuperado el bolso y estaba siendo señalada por el propio delincuente como quien señala a un sicario. «Tienes problemas», fue lo único que alcanzó a señalar la mente de Sigrún. Desconocía por completo cómo funcionaba la ley mágica en Reino Unido, pero si el propio ladrón se atrevía a gritar, y con ello, atraer a las autoridades, no debía ser algo bueno.

     Sigrún se dio la vuelta. Ni siquiera supo por qué actuó de la forma que lo hizo, sino que se dejó llevar por el instinto más allá de cualquier necesidad de estúpido compañerismo. Dobló hacia la derecha, hacia un atajo que ya había descubierto antes, y tal y como sospechó pudo interceptar a la bruja causante del revuelo. Sigrún cambió su varita de mano y extendió la derecha hasta que sus dedos atrofiados se aferraron al cuello de la ropa de la chica como si de una garra se tratase. A pesar de ser una lisiada, gozaba de bastante fuerza, quizá fruto de su sangre nórdica. Tiró de ella sin miramientos hacia el callejón sin ser consciente de lo que la visión de su propio rostro pudiera ocasionar al entendimiento de la muchacha.
     —Llamas demasiado la atenssión —le recriminó con un fuerte acento del Este—. No vayass por la caie prinssipal. Es lo que ellos esperran que hagas.

     Señaló con el atrofiado mentón hacia un lugar concreto. Había sombras moviéndose contra las paredes, pero estas no poseían autonomía alguna, sino que iban bien ancladas a las figuras de los desalmados que eran sus dueños. Sigrún soltó la ropa de la chica con un gesto hosco y comenzó a alejarse con los pies torcidos en la dirección contraria. Claramente pretendía rodear el foco de atención valiéndose de la estructura caótica y decadente del Callejón Knockturn. Cuanto más rápido caminaba, más se acentuaba la cojera de la que se veía presa a causa de sus deformidades, y también mayor era la dificultad al respirar sin agotarse en el proceso. Apoyó una mano en la pared para descansar. Tenía un color ceniciento, aunque tal vez fuese realmente ceniza proveniente de las chimeneas. No desencajaría lo más mínimo con el resto de suciedad de la calle. En un momento dado hubo de  detenerse abruptamente cuando un trozo del tejado bajo el que caminaban se desprendió e impactó contra el suelo.
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Re: You don't belong here | Violet Morgan.

Mensaje por Violet Morgan el Jue Jul 27, 2017 1:22 pm

Su corazón latía tan desbocado, su cuerpo se resentía con cada zancada, sus pensamientos y cavilaciones quedaban atrás conforme corría por los pasillos de aquel ‘prohibido’ callejón. «Regla número uno, Violet. No debes ir a lugares como el bosque prohibido, la cabeza de puerco o el callejón knockturn, ¿entendido? Sé que eres una chica lista y no lo harás», las palabras de su padre retumbaban en su cabeza como una advertencia pero ya estaba recorriendo las estrechas calles, cruzando intersecciones y siendo observada por todo aquel con el que se cruzaba. Lo siento, pensó.

Apretó el bolso contra su cuerpo, cruzando una calle y llegando a una más amplia que, supuso, debía ser la principal y la que la llevaría más rápidamente hasta el callejón diagon. Sus pasos se volvieron más rápidos, aunque pesados y con un tenue arrastre de pies, conforme caminaba. Escuchaba gritos tras ella. Giró el rostro, en busca de estimar la distancia a la que se podrían encontrar, cuando se enganchó con algo. Un gancho muy posiblemente. Gritó presa del pánico, volviéndose en dirección al objeto para desenredarse pero gritando más fuerte al percatarse de que no se trataba de un gancho sino de una persona que la acababa de coger y tirar en dirección a un callejón subsidiario. —¡Por Morgana!— gritó completamente alterada, víctima de la ansiedad y los nervios del momento. Ni si quiera se paró a mirarla, se asomó desde el final del callejón en busca de sus perseguidores pero volviéndose hacia ella cuando habló. —¿Tú quién…?— Sus ojos se abrieron como platos, el aire abandonó sus pulmones y sintió que podía caer redonda al suelo. Iba a morir. Definitivamente nadie estaba así por jugar a las muñecas. Iba a morir cien por ciento segura.

Las sombras se proyectaron en la calle principal, acercándose peligrosamente al lugar en el que ambas se encontraban. Ya no podría salir allí y correr porque la pillaría en pocos minutos por lo que apretó los labios y, haciendo de tripas corazón, corrió en la dirección que le había indicado segundos antes. Miraba en todas direcciones, corriendo sin mirar ni un segundo hacia atrás. No tenía ni la más remota idea de como saldría de allí pero, por el momento, esconderse era la mejor solución de la que disponía. Un golpe provocó que girara el rostro, fijando su mirada en la figura que la seguía, la misma que, al menos pensaba, la había ayudado. Apretó los dientes y regresó hasta ella. —¿Estás bien?— preguntó en tono bajo, sin mirarla ni un segundo, con la mirada fija en su mano contra la pared y la teja que se había desprendido de las alturas. —Deberíamos escondernos— habló, convirtiendo el ‘debería esconderme’ en un ‘deberíamos escondernos’. —¿Sabes dónde… hay una casa abandonada, un comercio, una… salida al callejón diagon?— Quizás la última pregunta debería haber sido la primera, en vez de esconderse huir, salir de allí lo más rápido posible.
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Re: You don't belong here | Violet Morgan.

Mensaje por Sigrún Svanström el Jue Jul 27, 2017 7:26 pm

     Sigrún evadió en todo momento la mirada de la muchacha. Era demasiado pura. Demasiado inocente. Demasiado distinta a cualquiera que hubiese conocido antes, pero sobretodo a ella misma. No dolía ni martirizaba su conciencia saber perfectamente adónde dirigirse en ese callejón por mera intuición, pero atenazaba su pecho el ardor de la incomodidad, de sentirse observada y posiblemente juzgada por alguien con una moral superior a la suya. Alguien que todavía no había sido tocada por la magia negra o la crueldad del mundo exterior a la burbuja que rodeaba las mentes de los niños. Por supuesto que se dio cuenta de cómo la miró en cuanto reparó en su rostro desfigurado. Y por supuesto que bajó la mirada y le dio la espalda. Siempre lo hacía, y lo más triste era que ello no se debía a pena alguna, sino a la predisposición de no incomodar a nadie con su presencia.

     Notó los nervios de la chica tan claramente como el tañido de una campana de advertencia. Por eso decidió tomar las riendas de la situación y mantener la calma por las dos. Alguien debía hacerlo si pretendían salir de un problema en el que claramente estaba envuelta desde que optó por ayudar a la víctima y no al ladrón. A saber por qué. Maldita la hora que decidiera pisar ese callejón justo ese día y en ese momento. No obstante, la voz de la chiquilla la sacó de sus maldiciones internas y aguzó su mente.
     —Hay una tienda —dijo con rapidez, procurando hacerse entender lo mejor posible a pesar del acento—. Es una botica. Está a dos calles de distanssia, si no recuerrdo mal.

     Sigrún sorteó la teja que casi le cayó encima y siguió caminando lo más rápido que podía. Lo mejor que era capaz. Hasta que de repente echó hacia atrás la mano para detener a su insólita compañera de huida. Se llevó un dedo a los labios, le hizo señas para que esperase y salió sola a la calle en cuestión, siendo asaltada al instante por las preguntas de quienes la encontraron y que obviamente pretendían averiguar el paradero de la chica antes de que ésta hablase con las autoridades. Sigrún pudo haberla delatado. Pudo haber señalado exactamente dónde estaba y librarse de cualquier problema. Pudo haberlo hecho, pero no lo hizo.
     —Se fue por allí —indicó quejicosa, mostrando un camino erróneo. Los perseguidores, entre los cuales se hallaba el propio ladrón, la creyeron. No sólo porque Sigrún fuese buena mintiendo, sino porque ninguno de ellos se planteó cuestionar la palabra de una jorobada. Especialmente una que llevaba el emblema de Durmstrang en el pecho.

     Sigrún se mantuvo parada, a la espera, aguardando a que se marchasen. Cuando les perdió de vista y el camino estuvo totalmente despejado, regresó sobre sus pasos y llamó a la chica. Tal y como predijo, sólo debieron cruzar dos calles en diagonal —que era, en sí misma, la estructura de todo el Callejón Diagon y adyacentes— para llegar hasta la mencionada botica. Como el resto de edificios, aquella tienda tenía un aspecto tremendamente herrumbroso, y sin embargo inspiraba muchísima más confianza que todas las demás por las que hubieron pasado. En un cartel gastado por el tiempo y las inclemencias podía leerse "Boticario del Sr. Mulpepper". Una campanita tintineó en cuanto Sigrún abrió la puerta. Ambas brujas fueron recibidas por calderos y estanterías repletas de ingredientes para pociones.  Muchos olores se entremezclaban en el ambiente, pero ninguno de ellos resultaba desagradable.
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Re: You don't belong here | Violet Morgan.

Mensaje por Violet Morgan el Miér Ago 02, 2017 5:59 am

Después de reaccionar de aquel modo se sintió realmente mal, ella no era así, no era nadie para juzgar a los demás pero no podía negar que el sobresalto que le causó fue imposible retenerlo dentro de su cuerpo así como fueron inevitables sus pensamientos en relación a que iba a morir puesto que no pensaba que una persona pudiera haber acabado de esa forma siendo alguien bueno. Más la había ayudado. Sin conocerla se había ofrecido, arriesgándose a ser encontradas juntas, a esconderse, huir entre los callejones oscuros que, a su ver, eran todos iguales.

Estaba cerca de ella pero no lo suficiente como para que pudiera alcanzarla, aunque la hubiera ayudado aún estaba asustada y no sabía si había algo escondido detrás de sus buenas intenciones. Mordió su labio inferior con fuerza, notado la boca seca y el corazón aun latiendo tan rápido que sentía todas y cada una de sus palpitaciones en las sienes, golpeándolas con fuerza y provocando que le doliera la cabeza por momentos. Asintió lentamente con la cabeza, alejando las manos de ella, dejándolas caer a los lados de su cuerpo con cierta incomodidad, y volviendo el rostro hacia el final de la calle que ambas estaban recorriendo a la carrera. Comenzó a andar cuando ella lo hubo hecho, intentando acompasar sus pasos a los contrarios, sin mirarla demasiado puesto que aún no se acostumbraba a su rostro en la penumbra, ¿sería así o peor a la luz? Meneó la cabeza como negativa, no quería seguir pensando en aquello, solo deseaba salir de aquel lugar lo más rápido posible.

Volvió la mirada hacia atrás, a la espera de ver a sus perseguidores corriendo tras ellas, por aquella razón no se percató de que su compañía había cesado en su caminar e impactó contra su espalda, o lo que se supone que debía serlo. —Lo siento— susurró dando dos pasos hacia atrás a la par que se retiraba los castaños bucles de cabello del rostro. Volvió a retroceder cuando voces llegaron hasta ella, las oceánicas orbes de la estudiante de intercambio se dirigieron hacia ella, fijándose en su gesto de silencio que provocó que se pegara a la pared deseando poner mimetizarse con esta o desaparecer. En el mismo momento que giró en la esquina cerró los ojos con fuerza y, en apenas unos segundos había desaparecido para dejar, en su lugar, a una joven zarigüella que se escondió entre dos botes de basura. Podía haber huido de aquella forma pero no tenía ni la menor idea de hacia donde ir. Esperó en silencio, escondida. Ni siquiera tenía idea de cuantas normas estaba saltándose en apenas unos minutos.

Cuando regresó salió de su escondite, enredándose en sus piernas para darle a entender que era ella y no cualquier alimaña que pudiera vivir en aquel sucio y oscuro callejón. Corrió entre las sombras, pegada a la pared, intentando no perderla de vista y perderse. Todo le parecía igual a su alrededor, se quedó parada frente a la tienda que hubo comentado, entrando, con desconfianza, tras ella y mirando todo con curiosidad y miedo a la vez, alejándose de ella para inspeccionar con la mirada el lugar en el que se encontraban. Calderos, hierbas aromáticas colgadas de finas cuerdas, estanterías con una buena variedad de frascos de ingredientes para pociones. Se alejó a una buena distancia para volver a ser la joven de cabellos oscuros y ojos claros que había sido cuando se encontraron. Otra norma rota, se acababa de convertir frente a una bruja y ella era, al ser menor, era ilegal. Presó los labios, mirándola de nuevo y parándose entonces en su uniforme. —Eres estudiante— dijo como si fuera algo que no saltara a la vista. Sorprendiéndose ya que se encontraba en Reino Unido y no la había visto, ni siquiera escuchado algún comentario sobre ella, durante el curso en Hogwarts. —Gracias  por ayudarme— repuso transcurridos unos segundos en los que se dedicó a observarla, excepto su rostro, desde una prudente distancia.
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