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You cannot escape your destiny | Yaroslav Kuznetsov

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You cannot escape your destiny | Yaroslav Kuznetsov

Mensaje por Dyanna A. Kauffmann el Lun Jul 24, 2017 6:18 pm

Hora y Día: 1:30 PM / Sábado.
Lugar:Rumania Mágica
Vestimenta: Aqui


Querida hermana:
La noticia de que partirías a nuevas tierras me sentó realmente fatal. ¿No podías decirlo tú misma? Las conciliadoras palabras de mi madre no fueron suficientes como para lograr el cometido. Deja de usar intermediarios. Realmente me hubiera gustado leer de tu puño y letra la noticia. ¿Realmente es necesario de que estés en Rumania? Además, ¿Por qué usaste el método Nomaj para viajar? Se supone que es eso lo que nos diferencia de ello.
No malinterpretes mis palabras, no estoy molesto, tal vez al principio pero cuando vi las increíbles fotos adjuntas a la carta que le enviaste a madre todo disminuyo a una fugaz desilusión. Quería verte antes de regresar a clase y que me enseñaras todo lo que has aprendido, ¿Lo recuerdas? Lo prometiste hace dos cartas atrás. Por ahora debo irme, y es que algo me dice que mamá se dio cuenta de que faltaban algunas galletas y malvaviscos de la alacena.
Con mucho amor, Matthias.

PD: ¡Quiero nuevas fotos y sobre todo del Longhorn Rumano! A mí no me engañas, se que te fuiste por tu deseo de ver Dragones.


Una sonrisa se instalo en sus labios mientras terminaba de leer la carta. La inocencia de su hermano era algo que hasta el momento la mantenía cautivada por completo como nunca. Casi tanto como su amor por los Dragones. Doblo la carta con mucho cuidado y amor mientras la guardaba en el bolsillo de su chaqueta y se arreglaba el cuello de la misma con la intención de cubrirse del frío, no era muy amante de los días nublados. Levanto la vista observando a la gente a su alrededor y un suspiro resonó fuertemente mientras su pecho se anchaba dos veces su tamaño. La carta de su hermano había sido lo suficientemente oportuna para darle más ánimos de los que ya tenía y aunque los nuevos retos la llenaban de vigor y vitalidad, no estaba de más un impulso externo. Respiro profundamente una vez más y se levanto de la banca de donde estaba y camino entre la gente sosteniendo fuertemente su maletín cuadrado de color marrón viejo. Recién estaba pisando tierras extranjeras, de hecho, veinte minutos antes había estado en su camarote esperando que el barco tocara puerto.
Disfruto de la vista del lugar en su transitar tranquilo y maravillado. Su misión principal era la de ir al principal habitad y reserva de Dragones más grande de todo el mundo mágico. Saboreaba las emociones que explotaban en su pecho cada vez a que se imaginaba en el lugar cumpliendo su sueño de niña, tocar un Dragón; también se sumaba el hecho de que estaba en el país con intenciones de continuar sus estudios mientras observaba críticamente todo lo que se relacionara con las serpientes aladas. Se detuvo en la mitad de la calle mientras trataba de recordar donde se encontraba la pared que dividía el mundo Nomaj –Como lo llamaba su hermano– y la comunidad mágica que sería su destino. La gente a su alrededor la observaba con curiosidad mientras otros con un poco de recelo y es que las pintas de extranjeras las tenía tan marcadas en el rostro que no podía evitar el hecho de llamar la atención. Resoplo mientras alzaba su cabeza con un poco de prepotencia y se desplazo hacia el callejón que quedaba al lado derecho de la calle el cuál cruzo sin miedo y  sin detenerse por la pared del fondo que al final término traspasando como si esta estuviera hecha de agua.

El olor de una brisa fresca inundo sus fosas nasales antes de poder observar con sus propios ojos la diferencia entre los dos mundos. Se sentía extrañamente en casa y eso que jamás había pisado el lugar. Se apresuro a continuar con soltura mientras una sonrisa llena de satisfacción crecía por su rostro borrando cualquier rictus de seriedad y esa fue su mejor jugada, pues a diferencia de los anteriores transeúntes, estos le devolvían la misma sonrisa reconociendo la magia que brotaba tal vez de su porte y seguridad. El transcurso del día se dedicó a buscar una posada y una vez que la hallo, su mente no podía pensar otra cosa que no fuera la de dejar todas sus cosas en la cama de la habitación que le pertenecía por esa semana y correr como una niña pequeña hasta su meta, fue el hambre quién la trajo de nuevo a la realidad y es cuando considero la idea de cambiarse de ropa por una más ligera y recorrer el lugar hasta conseguir algo que devorar. Si, devorar… Con el hambre que tenía los modales partían a otro lugar. Un vestido floreado fue su elección con la intención de que el calor que se encontraba en su cuerpo gracias a la gran chaqueta de cuero negra se normalizara.

Termino los retoques necesarios para salir del hotel con su vieja y confiable cartera de manos y unas cuentas monedas y billetes mágicos. Su transitar fue tranquilo y se mostro bastante quisquillosa antes de elegir un lugar donde comer. No es que fuera una dama de exquisiteces y solamente cosas del alto status o refinadas, pero tampoco se imaginaba comiendo cualquiera rareza que le ofrecieran a la primera. Luego de un buen rato de elegir, se detuvo en el que mejor le parecía y antes de entrar, desde afuera y a través de la vitrina, busco un buen lugar donde sentarse para comer y disfrutar así de la vista. Una vez encontró el lugar, a paso firme entro al local casi instantáneamente atrayendo la vista de la gente situada en las mesas cerca de la puerta. Camino segura y con la vista en alto hasta donde quería reposar y pedir su orden hasta que una persona, más específicamente un hombre, detuvo su caminar.

Lo miro observo con un poco de impaciencia pero él no podía verlo ya que se encontraba dándole la espalda. Tenso su mandíbula y aspiro fuertemente mientras tomaba la decisión de tocar el hombro de este y así llamar su atención. –
Disculpe, necesito continuar mi camino. –Sentencio en un pulcro idioma Rumano con la voz necesaria para que la escuchara. Por alguna extraña razón, los rizos cobrizos de este se le hacían extrañamente familiares pero decidió pasarlo por alto.
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Re: You cannot escape your destiny | Yaroslav Kuznetsov

Mensaje por Yaroslav A. Kuznetsov el Dom Jul 30, 2017 5:45 am

No sabía en qué momento me había ofrecido a viajar a Rumanía, pero lo cierto es que allí estaba. Le dije a Tiana que quedaba a cargo de su propia supervivencia, su cara después de escuchar esto había sido mítica. A pesar de los años que habían pasado seguía tratándola con demasiada protección, quizá por miedo a que me quitasen lo único que me quedaba. Mi hermano ni siquiera sabía que existía, a pesar de estar viviendo en Londres. Había seguido su pista hasta aquella enorme y bulliciosa ciudad, pero una vez allí había descubierto que no conservaba recuerdos de ninguno de nosotros, que ni siquiera recordaba su verdadera procedencia. Así pues, desde aquel momento, había tratado de aferrarme a Tiana muy a su pesar. Mi hermana ya era una mujer capaz de vivir su propia vida, sabía que estaría bien durante el tiempo que yo estuviese en Rumanía.

Lo primero que llamó mi atención al llegar a aquel país fue el frío. Tuve que recolocarme la chaqueta varias veces antes de poder continuar. Estaba acostumbrado al invierno ruso, pero hacía tantos años que no regresaba a mi país que me había acomodado al clima de Londres, mucho más apacible que el de mi país de procedencia. Cojo aire profundamente, tanto como si realmente tuviese la necesidad. Observo la gente que camina a mi alrededor, parecen tranquilos, todos ellos son muggles que viven al margen de los problemas de mi mundo, ni siquiera saben que existe algo distinto a los que conocen. A veces me resultan realmente ignorantes, otras, admiro su bendita ignorancia que les permite vivir en paz. Suspiro de nuevo y me dirijo a la zona de la ciudad en la que se da paso a la entrada de la parte mágica. El ministerio me ha facilitado la manera de entrar, por lo que lo hago en cuestión de segundos.

Rumanía es el hogar de muchos de los dragones que se estudian en Durmstrang, recordaba que tenía un profesor al que le fascinaba aquel tema. Ojalá tuviese tiempo de ver dragones, aquellas criaturas me parecían realmente fascinantes. Sin darme cuenta, me he detenido en el camino. No parece que haya mucho bullicio, así que me quedo absorto en mis pensamientos hasta que escucho un carraspeo. El toque en el hombro me hace regresar a la realidad, me giro a modo de disculpa y por unos segundos me quedo callado. El rostro que veo al girarme me resulta conocido a pesar de que estoy seguro de que no conozco a esa mujer. Mis ojos se clavan en los de ella buscando respuestas, esos grandes ojos claros son iguales que....¡No! No puede ser, ya estoy volviendo a desvariar. Sonrío levemente a modo de disculpa. -Perdone, no entiendo rumano.-añado.- Pero no quiero interrumpir su camino.-digo con extremada educación, haciéndome a un lado pero sin poder dejar de observarla.
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Re: You cannot escape your destiny | Yaroslav Kuznetsov

Mensaje por Dyanna A. Kauffmann el Lun Ago 07, 2017 10:07 am

Hora y Día: 2:00 PM / Sábado.
Lugar:Rumania Mágica
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La impaciencia dio paso a la sorpresa una vez el hombre se volteo a mirarla. Por alguna extraña razón, aquel rostro y aquellos rasgos se le hacían extremadamente conocidos.  ¿Algún rollo de una noche que no recordaba? No. Lo descarto inmediatamente ya que ella jamás podría olvidar el hecho de compartir cama con un hombre que poseerá tal atractivo. ¿Algún compañero de escuela? Su acento no era precisamente fluido y mucho menos sonaba al tradicional Ingles gringo, de hecho, tenía cierto parecido con su lengua natal y más cuando pronunciaba tan fácilmente las consonantes.  Era mucho más fácil llegar a la conclusión de que era alguien procedente de Rusia que de Norte América, pero eso le llevaba a una sola posibilidad que le costaba aceptar. ¿Qué haría alguien como “él” en Rumania? Todo lo que le quedaba estaba en Rusia y sería realmente una gran casualidad de la vida que los reuniera nuevamente en un país extraño para ambos.

Sacudió ligeramente la cabeza mientras bajaba la vista con una sonrisa melancólica. Hace años que esos sueños y deseos de volver a verlo habían muerto y no permitiría que un extraño con cierto parecido, le hiciera recordar esa época de su vida. No señor. Alzó la vista nuevamente y asintió dispuesta a seguir su camino sin decirle nada pero cuando paso al lado de este con la vista en alto y se atrevió a caminar tres largos pasos para alejarse de aquel sujeto, una sensación mezclada de curiosidad, ansiedad, tristeza y anhelo se apodero de su pecho fuertemente que casi la llevaba a tener que respirar por la boca para calmar todo aquel huracán de emociones. Se quedo parada a la mitad de la nada mirando un punto sin realmente prestarle atención más que a los pensamientos que se formaban en su cabeza; un pensamiento tras otro la llevaba a una encrucijada de decisiones de las cuales solo una le parecía la más idónea. Regresar con él y preguntarle.

Maldijo en voz baja mientras se mordía los labios para reprimir el impulso de voltearse y acercarse al hombre nuevamente y cuando creyó que puso controlar todo, un vendaval la empujo casi de regreso al extraño por lo que tuvo que bajar las manos para agarrar su vestido y que este no se levantara, mientras podía sentir la vergüenza arder fuertemente en sus mejillas. Giro lentamente casi deseando que aquella persona se hubiera retirado pero al verlo parado en el mismo lugar observándola fijamente, supo que todo estaba perdido. Con la poca dignidad que el viento húmedo le permitía, camino de regreso a donde antes se encontraba sin retirar sus manos del vestido. Estaba segura que la imagen que estaba dando era la de una mujer delicada muy diferente a la que ella quería demostrar.

Lo siento, no puedo evitar hacerte esta pregunta por muy extraña que te parezca. –Pronuncio esta vez en un perfecto ruso para así poder confirmar su teoría. – ¿Nos conocemos? Porque tengo la sensación de que al menos nos hemos visto alguna vez en la vida. –Listo. Ya había lanzando la pelota, solo esperaba que el no pudiera batearla y así continuar con su día sin tener que retomar viejos recuerdos innecesarios y dolorosos.
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Re: You cannot escape your destiny | Yaroslav Kuznetsov

Mensaje por Yaroslav A. Kuznetsov el Lun Ago 07, 2017 3:41 pm

No comprendía que había en aquellos ojos azules que poseía la chica morena que había frente a mí. Era una joven bastante atractiva, hermosa a ojos de cualquiera, con aquella piel pálida y ojos claros, todo ello enmarcado por una melena castaño oscuro. Sé que la conocía, por eso no podía quitarle los ojos de encima, aunque no sabía de dónde ni por qué. Ante el miedo de parecerle alguien extraño preferí fingir indiferencia. ¿De donde podría conocer a aquella mujer? ¿Era rumana? No lo parecía, pero debido a que no comprendía ese idioma tampoco pude reconocer su acento. Pese a eso, me dio la sensación, el pálpito de que no estaba equivocado, que no era de Rumanía. La observo unos segundos más antes de apartarme, muy a pesar, para dejarla proseguir su camino.- Perdone.-susurro.

Me quedo en un lado mientras ella se aleja, parece insegura en el paso, pero se termina quedando parada cuando está a escasos seis metros de mi. La miro desde la lejanía hasta que ella da media vuelta y finjo estar ocupado mirando un escaparate. Me quedo algo inquieto, pensando que quizá simplemente olvidó algo. Pero no. Escucho su voz tras de mi y clavo de nuevo mis ojos en los suyos, esos que parecen conocerme de algún modo que ni yo mismo comprendía. Estaba seguro de que la conocía, y su comentario me hizo saber que ella sospechaba lo mismo.

Su ruso era perfecto, quedaba clara su procedencia. Pienso en la única persona que dejé atrás cuando me marché de Rusia, pero no era posible. No la había vuelto a ver desde el asesinato de mis padres. Me quedo unos segundos callado, cavilando la respuesta y decido que lo mejor es ser sincero.- No sé si nos conocemos, pero yo tengo la misma sensación...-susurro en un perfecto ruso.- Es extraño...-añado quedándome algo pensativo. La observo unos segundos más y decido que lo mejor es presentarme a aquella peculiar mujer.- Soy Yaro.-comento con tranquilidad. No puede ser.... No- puede- ser. Susurro para mí mismo, era imposible. Sin embargo, allí estaba ella y de algún modo estaba seguro de quien era.
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Re: You cannot escape your destiny | Yaroslav Kuznetsov

Mensaje por Dyanna A. Kauffmann el Lun Ago 07, 2017 8:05 pm

Hora y Día: 2:03 / Sábado.
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Soy Yaro...

El vendaval continuo como una amenaza de que pronto comenzaría a llover. No podía hallar situación más exacta que el presagio de una pronta tormenta para describir como se encontraba todo su ser por dentro. Literalmente se le había venido el mundo encima tan rápido como una avalancha de nieve, de esas que no tienen piedad. Sus pupilas se dilataron y su boca se seco lo suficiente como para empezar a sentir la necesidad de querer  tener a la mano algún trago para poder procesar en calma la reciente revelación. Trago en seco antes de emitir sonido alguno y su rostro se descompuso lentamente mientras algunas gotas de lluvia caían tímidamente a su alrededor y encima de ambos como si del roció mañanero se tratara. Por puro impulso, soltó su vestido que aun era sostenido por sus manos y dirigió una de ellas en forma de puño hasta el rostro del hombre logrando dar en el objetivo. La irracionalidad gano por esta vez.

La lluvia comenzó a caer con más fuerza mientras las personas corrían a refugiarse, pero aun estaba ella ahí. Mirándolo como una fiera luego de haberle acertado aquel golpe en el rostro que no había logrado ni si quiera moverlo de su sitio. Si no fuera por el hecho de que era más grande que ella y que poseía una espalda que a simple vista bastante trabajada, ya se le hubiera echado encima con otra gafara de golpes improvisados pero muy llenos de resentimientos. Sus cabellos comenzaron a pegarse a su rostro y su respiración se torno irregular debido a las emociones que sentía, pero aún así, no se atrevía a avanzar ni un solo paso más aunque lo deseara. No iba a huir. No señor. Antes ya se había hecho la pregunta de como reaccionaría si alguna vez lo volvía a ver, y de todas las cosas que pensó y la posibilidades, jamás se imagino que lo terminaría golpeando en un país extranjero. Si no fuera por la situación en la que ahora se encontraba, se hubiera largado a reír como si todo se tratara de un chiste.

Eres un maldito bastardo traidor. —Aquello salió de su boca como si de un escupitajo de veneno se tratase. No sabía si el hecho de que se mantuviera callado la molestaba más o que el golpe parecía no importarle. Como si una pluma le hubiera rozado la mejilla. Mordió sus mejillas la carne interior de sus cachetes y se acerco a este sin más mientras la lluvia continuaba empapándola. — ¿No vas si quiera a excusarte? Creo que a este punto y te queda bastante claro quién es la persona con la que estas tratando. —Su ruso fluía sin complicaciones y bastante fuerte para que este fuera capaz de sentir todo lo que ella le quemaba por dentro. Realmente hubiera deseado que fuera un extraño... Realmente hubiera deseado que se tratara de alguien muy parecido.
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Re: You cannot escape your destiny | Yaroslav Kuznetsov

Mensaje por Yaroslav A. Kuznetsov el Vie Ago 25, 2017 6:19 am

No sabía por qué pero el rostro de aquella chica me era familiar, tenía un presentimiento aunque no sabía si quería arriesgarme a conocer la verdad. Pese a eso, la sola pronunciación de mi nombre hizo que el rostro de la morena cambiase por completo, su mandíbula se tensó y sus manos agarraron fuertemente su vestido. Era ella, no tenía duda ninguna. Aquello debía ser una jugarreta del destino que nos había vuelto a reunir muchos años después en un lugar completamente ajeno para ambos. Me quedo callado y antes de que mis labios puedan pronunciar una sola palabra, su puño impacta en mi mejilla. Duele, la verdad es que con los años solo había hecho que hacerse más fuerte.- Veo que sigues teniendo un buen gancho...-susurro aún dolorido, aunque hay cosas que dolían mucho más que aquel golpe.

La lluvia comienza a apretar, pero ninguno de los dos hacemos siquiera el amago de marcharnos a pesar de que somos los únicos que quedamos en la calle, el resto se ha puesto a cubierto. Me quedo quieto mirándola, conozco a esa mujer, o por lo menos a la niña que fue tiempo atrás. Sabía que era una bomba a punto de estallar, la energía que siempre emanaba y lo dura que se podía volver cuando algo que consideraba injusto ocurría. Y eso era lo que pasaba ahora. Dyanna estaba frente a mí de nuevo, después de años de no vernos, convertida en una hermosa mujer. Mis ojos continúan clavados en los suyos, de aquel azul que recordaba. Ella había sido mi mejor amiga, ahora era casi una desconocida. Alargué mi mano y aparté el cabello mojado de su rostro, acariciando la cicatriz de la ceja izquierda de la chica. Era ella, no había duda.

Sus palabras suenan como el veneno más poderoso. Me quedo completamente petrificado, notando como el agua cae por mi rostro. La observo y finalmente me decido a hablar.- ¿Traidor? No sabía que estabas viva Dyanna...-le espeto. Ella ni siquiera se había molestado en contactar conmigo. Sus palabras me dejan como el único culpable de aquella situación. Aprieto mi mandíbula y me acerco a ella poniendo mis manos en sus hombros con fuerza.- ¿Excusarme de qué? -le espeto molesto.- ¡¿Acaso intentaste contactar conmigo?! ¡Pensé que estabas muerta Dy...!-le digo enfadado por primera vez. Escribí muchas cartas desde casa de los abuelos, pero ella jamás contestó a ninguna. Al final asumí que había muerto, ya que era la única explicación para que no me contestase. Dolía demasiado pensar que no escribió porque no quiso.
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Re: You cannot escape your destiny | Yaroslav Kuznetsov

Mensaje por Dyanna A. Kauffmann el Vie Ago 25, 2017 1:05 pm

Hora y Día: 2:05 / Sábado.
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Una gota traicionera de lluvia recorrió el camino de sus ojos, pómulos, mejillas para al final precipitarse al suelo con la fuerza de la gravedad a su favor, como si de una lagrima se tratara. No podía asegurarse a si misma si era una gota de agua procedente de la lluvia o si realmente era una lagrima. Lo único que tenía a su favor, es que seguro había pasado desapercibida para el hombre frente a ella, pero cuando otra gota recorrió su mejilla izquierda con el calor típico de una lagrima, supo que la primera también había salido de sus ojos y se sintió traicionada por sí misma. Se sintió débil y frágil. Por unos minutos toda su armadura sufrió una pequeña fisura que permitió que otro sentimientos se colaran para salir a la luz.

Estaba compungida y realmente estuvo a punto de demostrarlo cuando el hombre hizo mención a su gancho. Una risa cómplice y apenada quiso nacer, tanto que sus comisuras le dolían pero no iba a permitirlo. Era un error que dejara que su orgullo tomara el mando de la situación, pero aunque una parte de ella estuviera afectada por la culpa, la otra estaba llena de mucho resentimiento y dolor que la cegaban. La lluvia seguía cayendo ferozmente sobre ambos pero no lograba congelar su menudo cuerpo preso por la furia y la irracionalidad. Tan caliente y tan tenso. Las frías gotas de lluvia le brindaban una caricia agradable pero nada de eso se comparo cuando Yaroslav alargo su brazo y acabo con la distancia entre ambos. El roce de la yemas en su frente fue como un golpe, uno que la llevo de vuelta a la realidad que tanto quería olvidar. Ansiaba ese contacto entre ellos hace mucho, lo necesitaba para sentir que nada de lo que habían vivido pertenecía a un sueño, aun capítulo sin importancia de su niñez. Lo extrañaba, sin duda que lo extrañaba. Fue su mejor amigo de niña y el que le demostró que un cicatriz no podría opacar todo lo que ella era. Cerro lo ojos mientras disfrutaba del cariño fugaz pero cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo, se sintió asqueada y se alejo rápidamente aunque nuevamente fuera presa de las manos del mismo.

Cuando este comenzó a subir el tono de su voz, su respuesta fue mirarlo con fiereza para demostrarle que no le tenía miedo en absoluto. Podría ser más pequeña que él, pero podía encararlo como a cualquier otra persona.— ¡¿Qué si intente contactarte?! ¡Te escribí una carta diariamente y estuve pegada a la maldita ventana cada día! Así que no me vengas con tonterías, ya estamos lo suficientemente adultos como para aceptar nuestros errores, Yaroslav... —Realmente quiso morderse la lengua y no decir lo que pasaba por u mente, pero necesitaba soltarlo. Necesitaba que él lo oyera. — Fue duro para mi tener que hacerme la idea de que ya no tendría tu amistad y tampoco tu presencia, pero sabes, con el tiempo a mi favor te fui olvidando hasta el punto de que hoy o al menos, hasta hace unos minutos, no eras protagonista en ninguno de mis recuerdos o pensamientos. —Era irónico que luego de mencionar el hecho de que eran adultos, ella actuara como una niña al decirle semejante mentira, pero su finalidad o al menos el objetivo que perseguía con aquella confesión, era la de que nuevamente el hombre desapareciera de su vida y así poder cerrar la herida que creía había curado hace mucho.
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Re: You cannot escape your destiny | Yaroslav Kuznetsov

Mensaje por Yaroslav A. Kuznetsov el Lun Sep 11, 2017 11:11 am

Las gotas de lluvia eran frías, aunque de repente me pareció que ardían sobre mi piel. Hacía años que había dejado atrás todo lo que sucedió aquella noche en Rusia, pero ahora, el pasado había vuelto a reencontrarse conmigo. Había pensado en que quizá mi hermano estaba vivo, pero me acababa de dar cuenta que nunca le di esa posibilidad a ella. Cuando dejé de escribirle, cuando acepté que no había contestado a mis cartas...fue cuando supe que estaba muerta. Dyanna jamás hubiese dejado una sola misiva sin responder. Esperé años a que llegase una carta, una llamada, una visita...algo que me hiciese saber que estaba bien. Pero aquello jamás llegó y yo abandoné toda posibilidad de que ella estuviese viva. Cada una de mis esperanzas se perdió. Veo su rostro compungido y sé que sus lágrimas se mezclan con las gotas de lluvia, la he visto llorar un millón de veces y siempre me había provocado la misma sensación, como cuando éramos unos críos. Odiaba ver a Dyanna llorar, pero también me gustaba porque así sentía que podía protegerla. Suspiré. Ahora aquello no tenía sentido ya que el culpable de esas lágrima era yo.

Sentir su piel bajo la yema de mis dedos fue reconfortante. Saber que estaba viva a pesar de lo mucho que me odiase en aquel momento. Sonrío internamente por eso. Seguía sintiendo aquel asombro cuando la miraba, aquella sensación de que poco importaba lo que sucediese a nuestro alrededor. Me sentía demasiado estúpido, cómo si el crío de diez años hubiese vuelto a resurgir de una caja a la que quedó relegado muchos años atrás. Desde la muerte de mis padres nunca me había permitido ser niño. Mi hermana me necesitaba y yo quería ser fuerte por ella, recordaba las preguntas que me hacía y haber contestado a cada una de ellas. Le hablaba sobre nuestros hermanos, sobre papá y mamá...Recordaba haberme ido a mi cuarto, tras ello, y haber llorado como un crío en soledad. La oscuridad de aquella habitación se había vuelto mi refugio. Parpadeo y vuelvo a clavar mis ojos en los cristalinos de Dyanna. Añoraba aquella sensación...

Sus palabras salen de sus labios como disparos.-Jamás me llegó ninguna carta Dyanna.-dije tajantamente.-Estuve dos años sin darme por vencido. Escribiéndote a Rusia e intentado conseguir información sobre ti, pero jamás pude hallar nada. Mi posición era delicada, y mi abuelo finalmente tuvo que pedirme que dejara de buscarte. Llevabas dos años desaparecida, no tenía noticias tuyas. Tuve que pensar que habías muerto. -susurro.- Jamás habría creído que no contestarías a mis cartas a no ser que estuvieses muerta...-añado con cierta rabia entremezclada con dolor. Cojo aire porque siento que me falta. Me arde el rostro de rabia, de incredulidad por todo lo que ella dice.- Nunca hubiese permitido dejarte allí, pero no tuve más remedio...-añado con voz queda.-Siento decirte que yo si pensé en ti, cada día durante todos estos años. -espeto mirándola a los ojos, sin pretender esconderme.
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Re: You cannot escape your destiny | Yaroslav Kuznetsov

Mensaje por Dyanna A. Kauffmann el Mar Sep 19, 2017 6:22 pm

Hora y Día: 2:08 / Sábado.
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“Jamás habría creído que no contestarías a mis cartas a no ser que estuvieses muerta...”

“Nunca hubiese permitido dejarte allí, pero no tuve más remedio”

“Siento decirte que yo si pensé en ti, cada día durante todos estos años”
Se abrazo lo más fuerte que pudo mientras su corazón se estrujaba a más no poder, y aunque quisiera hacerse la dura, la que no le importaba nada, aquellas palabras la habían golpeado más fuerte de lo que tal vez había sido su derechazo en la mejilla del hombre. No esperaba aquella confesión de su parte y tampoco esperaba que a pesar de los años le afectara tanto verlo tan alterado como se encontraba en esos momentos. Luego de escucharlo hablar supo que había roto todas sus defensas y ahora la tenía como él deseara aunque no lo supiera, pero el simple hecho de que se mantenía cabizbaja y en silencio, probablemente ya le hubiera dado una idea.

El clima comenzó  volverse gélido  mientras que  la precipitación no daba tregua. Sus brazos comenzaron a ceder a los espasmos producto del frío que había comenzado a envolver su cuerpo gracias a lo empapada que estaba y su corto vestido. Menudo día para decidir llevar algo fresco y ligero. Las lagrimas tampoco habían cedido y cada vez más se le hacía difícil controlar los gemidos de tristeza junto con el nudo que se había formado en su garganta. Era todo un trabajo tortuoso hasta que el primer quejido broto de sus labios tan suave y fácilmente que de solo pensar lo evidente que había sido con su dolor, otros acompañaron el primero logrando no solo llorar, si no también formar aquella reacción como un berrido de niña pequeña.

¿Por qué? —Un hipido se escapo mientras no dejaba de llorar sin mirarlo directo al rostro.— ¿Por qué tenías que decir eso? ¡¿Por qué después de todo?! —Le recrimino— ¿No podías simplemente mentir y ya? Pudiste aprovechar lo que dije y dejarlo todo así para continuar con lo poco mucho de vida que ambos tenemos... ¿Por qué debiste ser sincro? —Se acerco a él con paso lento y apesadumbrado como si le costara la vida con cada paso que daba, y cuando estuvo lo suficientemente cerca de nuevo, sin mucho esperar, se refugio en los brazos del hombre dejando que sus lagrimas contribuyeran a empaparlo más de lo que estaba mientras lo abrazaba como si fuera a desvanecerse en cualquier momento. Ya tendría tiempo suficiente luego para recriminarse su acción, pero justo en ese momento, no podía negar las ganas que tenía de dejar que fuera precisamente él quien calmara su dolor y aliviara su culpa.
Spoiler:
Hola, lamento la tardanza. Sé que esta muy mal, pero es lo poco que me deja escribir la Tablet y de verdad tenía que actualizar para no quedar sin color. Prometo hacrlo mejor la próxima vez.
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Re: You cannot escape your destiny | Yaroslav Kuznetsov

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