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The road to Majorca II — Jay&Eli

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The road to Majorca II — Jay&Eli

Mensaje por Heimdall R. Fitzgerald el Dom Jun 25, 2017 3:41 pm

Recuerdo del primer mensaje :

"La primera noche" — Night — Cala d'Egos


Se precisó de ruegos, explicaciones y disculpas para conseguir que Elizabeth perdonase el accidente. Con menos insistencia, también pidió disculpas a James, concretamente por el comentario que dejó escapar con fines maliciosos. Las horas transcurridas, además de llevarse el sol, también sirvieron para limar asperezas y demostrar a los tres amigos que su pelea fue una completa estupidez, algo que no merecía la pena volver a mentar.

Con renovadas esperanzas en las vacaciones de verano, Heimdall preparó todo para que la primera noche fuera inolvidable. Valiéndose de su varita, encendió una hoguera cerca de la tienda de campaña y sacó de la nevera un par de cervezas frías que tenía preparadas para la ocasión. La brisa nocturna soplaba y convertía la noche en un ambiente mucho más ameno que el sofocante día. La noche prometía, y Heimdall intentaría morderse la lengua para no estropearlo, como hacía con todo desde que tenía la capacidad de hablar y de moverse.

Las horas previas a la noche estuvo en su habitación, reflexionando mientras deshacía el equipaje sin ningún orden, esparciendo la ropa y buscándole cualquier sitio. La única de sus pertenencias que recibió un trato decente fue la guitarra, imprescindible en cualquier trayecto, Heimdall no podía vivir sin ella. ¿Y qué sería una hoguera en la playa, sin una guitarra? Heimdall la guardó en su funda negra y la bajó con él, dejándola sobre la arena a una distancia prudente de la hoguera. Se sentó en posición india, esperando a sus amigos mientras contemplaba las llamas que nada tenían que ver con sus ojos azul cielo.


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Re: The road to Majorca II — Jay&Eli

Mensaje por Heimdall R. Fitzgerald el Sáb Jul 01, 2017 7:45 am

Tuvo que reírse tras la cuestión de James, excesivamente romántica para el gusto de Heimdall. Dudaba que semejante escena se llevara a cabo, pues encontrar el amor de su vida sucedió ya, muchos años atrás. — Mejor no acordarme, he podido comprobar por personas ajenas a mí, que el amor trae demasiados quebraderos de cabeza — respondió, siendo sutil intencionadamente, pues normalmente daría nombres y apellidos. De hecho, aunque en principio pudiera parecer que hablaba en exclusiva sobre los sentimientos de James, no fue del todo así. También pensó en su hermano, destrozado tras la muerte de su prometida, y pensó en sí mismo, en lo mucho que padecía a causa de sus sentimientos por Elizabeth; y, por supuesto, pensó en Andrew, un "daño colateral" del amor de ambos.

Sonrió victorioso cuando Elizabeth bebió tras su afirmación, riéndose también cuando James hizo lo mismo. — Gracias chicos, veo que ambos tenéis buen gusto — agradeció risueño, recostando los antebrazos sobre la arena mientras observaba a ambos. Sin embargo, el añadido de Eliza borró su sonrisa, los halagos dirigidos a la belleza de su amigo no faltaron, y la reacción de tonto enamorado por parte del aludido tampoco se hizo esperar. — Nos ha quedado claro. Todos somos guapos — sentenció con la intención de terminar con la sesión de halagos, con la intención de evitar que siguieran mirándose entre ellos. Sujetó la botella, preparado para otra pregunta estúpida por parte de Elizabeth, y el tópico que propuso le dejó desconcertado, ¿tenía sospechas? Tragó saliva. En honor a la verdad, Heimdall debió beberse la cerveza entera, pero considerando que llevaba mintiendo a sus dos mejores amigos durante años, ¿por qué no mentir en un juego sin importancia? No bebió, en su lugar dirigió una intensa mirada a James, que sabía perfectamente que estaba mintiendo.

Más que un juego, parecía que jugaran a tirarse indirectas. La afirmación de James le sorprendió, mayormente porque estaba perjudicándose a sí mismo, pues todos conocían perfectamente los sentimientos que profesaba hacia su amiga allí presente. — Tienes que beber, Jay Jay — le reprendió claramente. Observó a Elizabeth de soslayo, pensando en tomar un trago de la cerveza, pero consciente de que su amigo tenía la mirada puesta en ambos, optó por seguir mintiendo descaradamente. No bebió. — Yo nunca he preferido la biblioteca antes que una fiesta — . Fue su afirmación, mucho menos comprometida que las dos anteriores. Incapaz de probar la cerveza, escudriñó a ambos a la luz de la hoguera, juzgándolos con la mirada.
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Re: The road to Majorca II — Jay&Eli

Mensaje por Elizabeth H. Wellesley el Sáb Jul 01, 2017 8:21 am

De repente, la invadió la sensación de que aquel juego no era más que una tapadera para soltar indirectas y confundir al prójimo. Aún habiendo empezado ella lanzando la pulla del beso, no le gustaba aquella situación. Le hacía sentir incómoda y mala persona, alguien incapaz de decir las verdaderas a la cara por miedo a defraudar a alguien. También se sentía acorralada y se esforzaba en medir sus palabras para así no herir a ninguno de los jóvenes. Últimamente se sentía así con James, obligada a moderarse y calcular sus frases para no confundirlo, para que no se llevase una imagen de ella que no era y, sobre todo, para no dañar más su corazón. Sin embargo, sabía que no podría estar así toda su vida, con temor a decepcionarlo por decir  algo que no deseaba escuchar. Anheló volver al pasado, a aquellos días en los que su única preocupación era llegar temprano a clase, donde podía expresarse con libertad delante de sus amigos y jamás abstenerse de ser ella misma por el qué dirán.

Los orbes de Eliza chocaron contra los de Jay, confusa y curiosa por saber en qué le había mentido para beneficiarse. -¿En serio? Dime que no ha sido a mí a quién has mentido- comentó sujetando la cerveza y señalándole con el dedo. -No se miente a quién se quiere- añadió en un tono divertido y bromista sin poder llegar a imaginarse jamás la razón de su trago. Pero sus ganas de vacilar y reír se esfumaron tan pronto como llegó el turno de Jay. No quería dar explicaciones ni tampoco hacer trampas, así que dio un sorbo a la bebida sin mirar a ninguno de los chicos para evitar sospechas y deseó que no se sacase más el tema. Estaba incómoda, sentía que tanto Jay como Heimdall se había percatado de que algo ocurría y no sería capaz de aguantar miles de preguntas sin conocer la respuesta. Quería marcharse, dejar el juego y descansa. Demasiadas revelaciones aunque de forma indirecta. Finalmente, fingió bostezar un par de veces y entrecerró sus ojos aparentando tener sueño. Con desgana, Elizabeth dio el último trago a su cerveza y la apoyó sobre su rodilla. -Aunque te cueste creerlo, una biblioteca no es aburrida. Aprendes muchas más cosas de la vida allí que en la calle- aseguró soltando el botellín casi vacío sobre el suelo, y estiró los brazos y piernas. -Creo que iré a dormir chicos. Estoy cansada- engañó incorporándose y colocando los pies en la arena. -Que tengáis buena noche- murmuró esbozando una pequeña sonrisa que se fue desvaneciendo a medida que iba girándose y su rostro quedaba oculto en la oscuridad de la noche.
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Re: The road to Majorca II — Jay&Eli

Mensaje por James K. Strauss el Mar Jul 04, 2017 4:01 pm

La risa del irlandés se pudo escuchar sin dificultad por toda la cala, como si hubiese eco. Pese a que era un gesto, que a Jay le llenó de rabia, ya que se había reído de su opinión, no pudo evitar una leve y apenas perceptible sonrisa.
-Puede, pero también te da alegrías…- hizo un gesto con los dedos provocando que estos sonasen  para llamar su atención."Lo mejor que te puede suceder, es que ames y seas correspondido”[/color]-recitó encogiendo sus hombros.

-Supongo que un día, llegará una persona, si es que no ha llegado ya y te cambiará esa concepción que tienes sobre el amor. Sólo espero que para entonces, no tenga que aguantarte yo-le sacó la lengua, en un claro gesto de que no hablaba en serio.

Colocó los ojos en blanco cuando escuchó decir que ambos  tenían buen gusto y no pudo evitar sonreír, mirando cómplice a la joven situada a su lado. Bendita paciencia. A veces, James pensaba si había tomado la mejor opción para continuar sus estudios universitarios, si realmente había seguido a sus amigos porque daba la casualidad de que a los tres les gustaba lo mismo, o si realmente estaría mejor estudiando para ser profesor en Hogwarts. Quizá, la paciencia que demostraba tener con el rubio era necesaria en el castillo, y lo cierto es que siempre le había gustado ayudar y enseñar a los demás.

Asintió brevemente con la cabeza, odiando a Heimdall en el preciso momento en que su comentario había acabado con las miradas entre él y Elizabeth. Miró a su compañero, aturdido a la par que la pregunta de la morena le dejó patidifuso. No podía ser. Aquella chica era mucho más inteligente de lo que habían pensado en un principio. James se sintió mal por saber qué engañaba a su amiga y también porque no era lo suficientemente valiente para plantar cara al ex león. Quizá, el Sombrero Seleccionador estuviese en lo cierto, y su casa siempre había sido Ravenclaw.
Pegó un lingotazo a su cerveza, y no supo si fue por el remordimiento o qué, pero le supo más agria que las anteriores veces.

Guardó silencio cuando contempló el dedo índice de la ojiazul señalándole, y de pronto, se sintió más pequeño e inútil que nunca a su lado. No la merecía.
Sus ojos azules, carcomidos por la culpa, se fijaron en el gesto casi impasible de su amigo. Y ese momento, quiso odiarle, pegarle de tortas y decirle que aquello era por su culpa, pero no lo hizo.
Para él, si había mentido en eso, también podría haber faltado a la verdad sin que nuestro protagonista, lo supiera. Sintió deseos de abrazar a Elizabeth y pegarla contra su pecho y de contarle la verdad, pero sus labios parecían estar sellados, de hecho le costó horrores hablar.

Cuando le tocó su turno, escuchó a Heim y le taladró de manera instantánea con la mirada. ¿Por qué no se podía estar callado? Él no había dicho eso para dejarle en evidencia, sino para ver cuáles eran la forma de actuar de sus dos acompañantes.
Vislumbrar a Eli bebiendo, no supo si le agradaba o no, al menos sabía que él no había sido el causante de esos sentimientos confusos. Desvió la mirada de ella al chico y él se mostró impasible, sin mover un solo músculo. Quizá, ahí también había mentido. Estaba casi del todo seguro.
Finalmente, volvió a beber, ya que él tampoco era una rata de biblioteca, pero más de una vez, había preferido la compañía de los libros a salir de fiesta. La cerveza se había terminado y con ella, sus ganas de seguir jugando. Acabó su cigarrillo y tras apagarlo, lo metió dentro de la lata vacía.

Quiso saber si Elizabeth también se había sentido fuera de lugar, si tantas revelaciones de última hora le habían trastocado tanto como a él. Sin embargo, se despidió de ella con un gesto y tras desearle que descansara, se incorporó, dejando una distancia prudencial entre la joven que ya se adentraba en la tienda y él.
-Buenas noches, Heimdall-murmuró. Aunque su mirada parecía gritar, tenemos mucho de qué hablar.
 
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Re: The road to Majorca II — Jay&Eli

Mensaje por Heimdall R. Fitzgerald el Sáb Jul 08, 2017 8:30 am

Igualó el gesto de burla por parte de James, reacio a confiar o creer en sus divagaciones sobre el amor. Inevitablemente, el celeste mirar de Heimdall se posicionó sobre la causante de tanta discordia, repitiéndose mientras tanto la citación de su amigo sobre las maravillas de ser correspondido. A veces invertía tanta energía y empeño en ocultar sus sentimientos, que nunca se detenía a pensar en cuáles serían los de Elizabeth, más que en sus momentos de celosía. Mantuvo una máscara de impasibilidad ante la desafortunada situación que desencadenó la pregunta de Elizabeth, comprendiendo perfectamente el sentimiento de culpabilidad que estaría acechando a James como un buitre hambriento, y la acusación en su pálido mirar que ponía en evidencia sus descarados embustes.

El juego terminó, dejando un sabor amargo en boca de tres. — Buenas noches — respondió secamente, correspondiendo la mirada cómplice que tanto decía sin emplear necesariamente las palabras. A diferencia de los exalumnos de ravenclaw, Heimdall permaneció en la cala por una hora más, evitando adentrarse tan pronto en la tienda de campaña. Apuró las dos últimas botellas de cerveza y, alumbrado por una hoguera que moría a medida que se consumían los troncos, estuvo tocando la guitarra hasta que su cuerpo cedió ante las exigencias del sueño.

Andrew, como siempre, fue el principal protagonista de las pesadillas que acecharon su mente poco después de dormirse. Estaba enfadado. Le acusó por haber mentido respecto a su muerte, por haber afrontado con semejante frialdad la mención a las mentiras con las que envolvían a su hermana. Le acusó hasta que despertó empapado en sudor y con el corazón acelerado.

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Re: The road to Majorca II — Jay&Eli

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