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The road to Majorca II — Jay&Eli

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The road to Majorca II — Jay&Eli

Mensaje por Heimdall R. Fitzgerald el Dom Jun 25, 2017 3:41 pm

"La primera noche" — Night — Cala d'Egos


Se precisó de ruegos, explicaciones y disculpas para conseguir que Elizabeth perdonase el accidente. Con menos insistencia, también pidió disculpas a James, concretamente por el comentario que dejó escapar con fines maliciosos. Las horas transcurridas, además de llevarse el sol, también sirvieron para limar asperezas y demostrar a los tres amigos que su pelea fue una completa estupidez, algo que no merecía la pena volver a mentar.

Con renovadas esperanzas en las vacaciones de verano, Heimdall preparó todo para que la primera noche fuera inolvidable. Valiéndose de su varita, encendió una hoguera cerca de la tienda de campaña y sacó de la nevera un par de cervezas frías que tenía preparadas para la ocasión. La brisa nocturna soplaba y convertía la noche en un ambiente mucho más ameno que el sofocante día. La noche prometía, y Heimdall intentaría morderse la lengua para no estropearlo, como hacía con todo desde que tenía la capacidad de hablar y de moverse.

Las horas previas a la noche estuvo en su habitación, reflexionando mientras deshacía el equipaje sin ningún orden, esparciendo la ropa y buscándole cualquier sitio. La única de sus pertenencias que recibió un trato decente fue la guitarra, imprescindible en cualquier trayecto, Heimdall no podía vivir sin ella. ¿Y qué sería una hoguera en la playa, sin una guitarra? Heimdall la guardó en su funda negra y la bajó con él, dejándola sobre la arena a una distancia prudente de la hoguera. Se sentó en posición india, esperando a sus amigos mientras contemplaba las llamas que nada tenían que ver con sus ojos azul cielo.


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Re: The road to Majorca II — Jay&Eli

Mensaje por James K. Strauss el Dom Jun 25, 2017 4:07 pm

Contra todo pronóstico, el enfado de James disminuyó, aunque fueron necesarias varias disculpas por parte de todos.
Finalmente, había accedido a quedarse con ellos, aunque a decir verdad, no había hecho falta más que viese las cosas de Elizabeth en la tienda de campaña.

Pese a eso, había pasado la mayor parte de la tarde tratando de mantener su mente ocupada, había organizado todo su equipaje de manera muggle para tardar mucho más tiempo, había limpiado los baños e incluso le había dado tiempo a echarse la siesta un rato. Benditas costumbres españolas. Aunque para ser sinceros, todo había quedado en un intento. Se había quedado con los ojos clavados en el techo desnudo, y cuando alguien se acercaba a su habitación, fingía estar durmiendo. Era difícil conciliar el sueño cuando su mente había decidido recordar la visión de Elizabeth sin bikini, y de esa visión pasaba al recuerdo de sus labios sobre los suyos. James había optado por dejar que el sueño y el aburrimiento hiciese el resto, y así fue. Media hora después, ya se encontraba bajo los influjos de Morfeo.

Le despertó Heimdall haciéndole saber que tendrían que empezar a prepararse para aquella noche. Le sorprendió ver que ya se encontraba listo, así que James saltó de la cama y se precipitó al baño, no sin antes llevarse una muda y ropa limpia. Se duchó y tras peinarse el cabello mojado y echarse esa colonia de Hugo Boss decidió salir en dirección a la playa.
Allí, ya se encontraba su amigo frente a una hoguera de gran tamaño. Sus orbes azules brillaban y se reflejaba el fuego en ellos.

-Vaya, ya estás aquí.-murmuró como saludo, dejándose caer a su lado mientras contemplaba la guitarra a unos metros del joven. Por su madre, Jay sabía que los muggles solían hacer una fiesta en los sitios de playa que coincidía con el comienzo del verano. San Juan. Pero ignoraba que el rubio supiese de su existencia.
Tomó asiento a su lado, mientras se entretenía en jugar con los agujeros de sus bermudas vaqueras, con aire nervioso. No sabía si estaba preparado para volver a ver a Elizabeth a la cara después de todo.
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Re: The road to Majorca II — Jay&Eli

Mensaje por Elizabeth H. Wellesley el Dom Jun 25, 2017 5:27 pm

Había estado toda la tarde tirada en la cama reflexionando acerca de lo ocurrido en la cala. También había reconocido que actuó mal con Jay y que él no había tenido la culpa de nada, sin embargo, no descansó hasta culparle y hacerle sentir mal. Ella no solía actuar así pero aquel pequeño incidente había acabado con sus formas. Después de largas horas pensando, se había atrevido a dar el paso y buscar a James, disculparse y lamentarse por haberle hablado así. Él no se lo merecía, sencillamente porque no había tenido nada que ver y jamás sería partícipe de algo así. Agradeció que el joven aceptara sus disculpas y besó su mejilla como forma de agradecimiento.
A última hora de la tarde, decidió bajar para beber un poco de agua, encontrándose con el irlandés que se apresuró en disculparse y explicar lo sucedido. Elizabeth, que no tenía ganas de discutir y que deseaba que todo volviese a la normalidad, le restó importancia y aseguró que todo estaba bien. Finalmente, se marchó hacia su habitación y no volvió a salir hasta pasadas unas horas.

La noche había caído y podía escuchar desde su habitación las olas romper en la orilla del mar. Ese sonido siempre la había relajado y aprovecharía la ocasión para hacer una de las cosas que mas le gustaba; observar las estrellas acompañada de aquella perfecta banda sonora.  
Después de darse una ducha rápida y cepillarse con paciencia el pelo, se colocó unos vaqueros anchos y un top oscuro, agarró las sandalias y caminó escaleras abajo percatándose de que sus dos mejores amigos debían estar fuera debido al silencio que reinaba en el hogar.
Una pequeña brisa de aire despeinó su cabello pero no le importó. Había unas vistas estupendas, el agua parecía inquieta y la luna se reflejaba en el agua cristalina. -Una noche perfecta ¿no?- interrumpió dejándose caer al lado de Heimdall justo en frente de la hoguera. -Siempre he querido hacer algo así y estoy muy feliz de compartir este momento con vosotros- confesó esbozando media sonrisa y mirando a ambos chicos con ternura. -A pesar de que me hagáis perder la cabeza y agotéis mi paciencia- se burló enterrando las manos en la arena y jugueteando con ella. -¿Has vuelto a componer algo nuevo?- preguntó al irlandés mientras señalaba la guitarra con la cabeza.
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Re: The road to Majorca II — Jay&Eli

Mensaje por Heimdall R. Fitzgerald el Lun Jun 26, 2017 3:57 am

Cada fuerza elemental aportó su contribución para fundar un ambiente idílico, una imagen válida para protagonizar postales y carteles publicitarios. El fuego ardía e irradiaba calor, la brisa soplaba suavemente, la marea ascendía atraída por la luna y el manto de arena bajo sus cuerpos permanecía fría, sólida e inalterable. Cerró los ojos y disfrutó la miscelánea de sonidos de la naturaleza, predominando el romper de las olas y el crepitar de las llamas. Fuego y agua. El entorno paradisíaco se disfrutaba también en soledad, pero el huérfano estaba aliviado tras conseguir retener a sus amigos, se volvería loco de tener que pasar los siguientes tres meses completamente solo. — Aquí estoy — reafirmó tras la aparición de James. La hoguera despedía luces que teñían con tonos anaranjados los semblantes de ambos amigos. — ¿Cómo estás? — preguntó, sin atreverse a mencionar la disputa ocurrida durante la mañana. No supo expresarse mediante la utilización de palabras, mas dirigió una mirada significativa en dirección a su amigo, colocando la mano sobre su hombro con un gesto que, para Heimdall, suponía un sobreesfuerzo de gran importancia.

El contacto fue cortado con la aparición de la manzana de la discordia, su talón de Aquiles y un sinnúmero de expresiones que se resumían sin esfuerzo con la mención de un nombre de nueve letras. Elizabeth. — No está mal — contestó, recostando las palmas sobre la arena y dedicando unos segundos de observación a la luna, inmensa y resplandeciente. — También me alegra estar aquí con vosotros —. Insólito, proviniendo de Heimdall, cabía admitir que su primera intención fue acusar a Elizabeth de sensiblera; sin embargo, no mentía, por algo fue idea suya. — Estuve ensayando algunas canciones con el grupo, y he compuesto un par de melodías — explicó, agradeciendo el cambio de tema. Tratándose de música, se expresaba mucho mejor y siempre con entusiasmo. — más tarde os tocaré algo, pero primero lo importante — . Con una maliciosa expresión cuyo dramatismo se incrementó gracias a las flamas reflejadas sobre su pálido rostro, se frotó las manos y se levantó.

En cuestión de segundos estuvo de regreso, con tres botellas de cerveza fría entre los brazos, arrullándolas como si fueran un delicado bebé. Adjudicó una botella a cada uno de los presentes y retomó su previo lugar en el círculo de amigos, justo frente a las llamas de la hoguera mágica. — Tenemos cerveza, hoguera y una guitarra. Sería un pecado no brindar, estaríamos yendo contra lo que se espera de nosotros — sugirió, abriendo su botella y esperando antes de dar un primer trago.
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Re: The road to Majorca II — Jay&Eli

Mensaje por James K. Strauss el Lun Jun 26, 2017 6:29 am

Era extraño que James no supiese bien cómo actuar o qué decir. Él solía tener todo planeado y controlado y esa vez, no sabía por donde empezar. Tenía la sensación de que cada vez eran más distintos los tres entre sí, y quizá que Heimdall y Elizabeth supiesen de sus sentimientos por ésta última, no arreglaba las cosas.

Cada vez que veía a la chica con Heimdall le hervía la sangre y deseaba poner fin a todo eso y decirle las cosas bien claritas a la cara, pero finalmente no lo hacía. No porque no tuviese el valor necesario, sino porque era su mejor amigo y en el fondo quería creer que todo lo que veían sus ojos lo tergiversaba su desorbitada imaginación.
Desde el fallecimiento de Andrew, había notado que la relación entre los 3 había dado un giro de 180 ºC. Heimdall siempre había sido el líder, y quizá desde que Drew faltaba en el grupo, brillaba con más fuerza que nunca. Su seguridad se había acentuado y más de una vez, Jay había pensado que Heim no tenía ningún tipo de sentimiento de culpa, algo que le sorprendía y le horrorizaba a partes iguales.
Elizabeth, por el contrario, siempre había sido la visión dulce e inocente, y al faltar su hermano Jay la vio más desvalida, pero también  era mucho más fuerte de lo que nuestro protagonista había supuesto en un principio.
El silencio se instaló unos segundos en la cala, sólo roto por el sonido del mar al llegar a la orilla y el crepitar del fuego frente a ellos.

Escuchó esa pregunta y suspiró, casi de manera inconsciente. Ni él mismo conocía la respuesta. Le hubiese gustado preguntar que cómo narices había acabado en medio de ellos, ejerciendo más de mediador que de lo que le hubiese gustado, pero tan sólo sonrió.

-Estoy bien. Siento lo de antes, me duele más lo que le hagas a ella que a mí-dejó caer en un susurro, como si decir eso en un tono de voz normal fuese un secreto de Estado. Ella era su debilidad, su ancla a tierra y también la persona por la que podría hacer de todo por el simple hecho de que consiguiese hacerla sonreír.
-Es todo un detalle lo que has preparado- apretó su hombro en un gesto afectivo al tiempo que se volvía al escuchar el tono dulce de la joven. Volvió a sentirse estúpido y ciertamente pequeño a su lado. Sus ojos azules brillaban más que nunca contrastando con sus mejillas algo sonrojadas del sol de aquella tarde.
Tragó saliva, como un acto mecánico y sonrió al escuchar sus palabras, parecidas a las que él mismo había dicho esa tarde en esa misma playa.

- ¿Con quién compartiría estas vistas idílicas de no ser por vosotros? Sois como mis hermanos.-miró a Heimdal cuando escuchó que más tarde tocaría algo. De verdad ¿ese chico hacía algo mal? Tocaba la guitarra, algo que a él siempre le habría gustado aprender, pero que sus padres consideraban un instrumento demasiado “normal” para perder el tiempo aprendiendo. Quizá, esperaban que James se centrase en tocar un arpa, a saber.
Sus ojos claros se abrieron sorprendidos al captar el tono de voz misterioso de su amigo y miró a Eli de reojo, pero el misterio duró poco ya que al ver las cervezas se echó a reír. Se incorporó rápidamente y ayudó a Elizabeth a hacer lo propio.

-Por nosotros, que sigamos siempre juntos, pese a las adversidades que se pongan en nuestro camino, y que siempre sepamos discernir los problemas para mantener esta amistad intacta-para sus amigos quizá esas palabras pareciesen escogidas al azar, para él tenían un significado mucho más trascendente de lo que le gustaría admitir. Esperó pacientemente a que alguien dijese algo más, antes de disponerse a abrir la botella.
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Re: The road to Majorca II — Jay&Eli

Mensaje por Elizabeth H. Wellesley el Lun Jun 26, 2017 7:32 am

Gracias a la insuficiente luz se podía apreciar la cantidad de estrellas que habitaban el cielo. Algunas destacaban más que otras debido a su potente brillo y el resto permanecía de forma solitaria por aquella oscuridad infinita. Siempre había desarrollado cierto interés por la astronomía pero nunca había hablado de ello a nadie. Sabía que si se lo comentaba a sus padres, harían todo lo posible por satisfacer unos deseos bastante caros que no se podían permitir.
Allí sentada sobre la arena, se perdió en la inmensidad del firmamento y observó detenidamente los astros que la miraban desde una distancia descomunal. Era por esa la razón que adoraba visitar la Torre de Astronomía cuando estaba en Hogwarts, aquel pequeño balcón se había convertido en su lugar favorito cuando la noche se hacía presente y dejaba paso a una misteriosa luna.
La imagen de Andrew se le presentó repentinamente pero, por primera vez en mucho tiempo, no se entristeció. Esbozó una tímida sonrisa aún con la cabeza alzada y los ojos puestos sobre el cielo con la intención de que su hermano pudiese observarla allá donde se encontrase.  Claro que le echaba de menos pero, poco a poco, estaba aprendiendo a vivir con la realidad y todo aquello debía agradecérselo a sus dos mejores amigos: James Strauss y Heimdall Fitzgerald.

Desvió la atención hacia la hoguera que el irlandés había hecho, extendió las manos hacia ésta para notar el calor que desprendía el fuego y, finalmente, asintió a las palabras de los chicos. Desde hacía años los consideraba parte de su familia y, actualmente, eran los hermanos que había perdido. Siempre había podido contar con su apoyo incondicional y aquel amor que sentía hacia ellos incrementaba cada segundo, minuto y  hora. Le gustó saber que ellos sentían lo mismo, especialmente Heimdall, que era más reservado y duro que cualquiera de ellos dos. Pocas veces expresaba sus sentimientos y cuando conseguía hacerlo, a Elizabeth le encantaba.
Miró con el entrecejo arrugado al chico de la guitarra, que se levantaba de un salto y se dirigía hacia algún lugar. Después, desvió la mirada hacia Jay que también parecía desconocer las intenciones de su amigo. -¿Por qué no me lo imaginé antes?- bromeó viendo las botellas de cerveza que portaba en sus brazos. Con la ayuda de Jay, se colocó en pie y agarró una bebida, los miró fijamente con los ojos emocionados y sonrió ante la bonita dedicatoria. -Porque nada nos separe y siempre confiemos en esto que somos. Porque nada nos aleje y siempre tengamos la mano del otro para levantarnos- añadió extendiendo la cerveza y haciéndola sonar al chocarla con la de sus compañeros. -¡Por los tres!- comentó en el último instante antes de llevarse la bebida hacia los labios y dar un largo trago. Tras varios segundos, Elizabeth volvió a dejarse caer sobre la fina arena y estiró las piernas. -Creía que esta noche saldríais por ahí- confesó empleando un suspiro de alivio al no verse sola allí.  -Me extraña que Heimdall no te haya comentado que es el rey de la fiesta y que tendrás que comprobarlo- se dirigió a James mientras le hacía un corto gesto con la mano para que se sentara a su lado. -Pero si decides quedarte conmigo, te prometo que puedo llegar a ser igual o más divertida que él- vaciló sacándole la lengua al irlandés como si aquello se tratase de una competición por quién se quedaba con James.
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Re: The road to Majorca II — Jay&Eli

Mensaje por Heimdall R. Fitzgerald el Lun Jun 26, 2017 8:03 am

Sujetando la botella de cristal, permitió que sus amigos se encargasen de brindar, pronunciando en su lugar las mismas palabras que también sentía pero que no sabía como expresar. Esperaba y deseaba que los deseos de futuro susurrados a la hoguera se cumplieran, nunca se separarían. Tanto Elizabeth como James pronunciaron su discurso, y Heimdall escogió el silencio, pues en su caso abrir la boca era sinónimo de estropear los mejores momentos. El brindis de Elizabeth terminó con un ''por los tres'', Heimdall extendió el brazo e hizo chocar la cerveza con el resto. «Y por Drew» se calló el pensamiento, igual que llevaba callando durante años, con una maestría que ponía en evidencia su egoísmo. Imaginó a Andrew, contemplando la escena desde otro plano, observando la hipocresía y los embustes que envolvían el fatídico acontecimiento. Mientras su familia no conociera la verdad sobre su muerte, el tejón jamás descansaría en paz, y hasta entonces seguiría acechando a Heimdall dentro de sus pesadillas, obligándole a cargar con su espectro. Desvió la mirada, nervioso e inquieto. De no haberse dejado llevar por la desesperación y los celos, el hermano de Elizabeth estaría hoy junto a ellos, disfrutando las vacaciones de verano y brindando junto a la lumbre.

Por los tres — repitió con subrepticia ironía. Ingirió tres buches seguidos de la cerveza fría, cuyo sabor amargo le aportó cierto alivio, acompañándolo en la situación de amargura. No tardaría en reponerse, como siempre hacía, conseguía abstraerse con otros asuntos y olvidaba por completo el mayor crimen de su vida, que volvería a las andadas más tarde, estando dormido e indefenso. — ¿Tan pronto creíste que te abandonaríamos? — preguntó, tomando asiento en el mismo tramo de arena que antes, frente a las ardientes flamas de la hoguera. — Es nuestra primera noche aquí, mujer, ya te abandonaremos mañana — exclamó, realizando con la mano un ademán que buscaba restar importancia al asunto. El ofrecimiento de Elizabeth no pasó desapercibido, pues Heimdall sabía que para James significaría mucho más que una simple broma inocente. Sus rubias cejas se alzaron, cuestionando. — ¿Estás bromeando? ¿Más divertida que yo? —. Ambas preguntas rezumaron incredulidad. — Jay Jay, recuerda que está hablando la misma persona que tenía preparado un calendario de tareas domésticas. Colores incluidos —. Remató el tono burlón con una sonrisa orquestada por el mismo matiz. — ¿Prefieres salir por ahí con el rey de la fiesta o con la mandona? — . Señaló a ambos, entrando en el juego competitivo de Elizabeth. No pretendía ganar, intuía que James respondería alguna bondad. Maldito y perfecto James Strauss.

Dos tragos largos, y se vacío la primera botella.
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Re: The road to Majorca II — Jay&Eli

Mensaje por James K. Strauss el Lun Jun 26, 2017 2:27 pm

El sonido del agua y la pequeña brisa marina jugueteando con los cabellos de cada uno, bastaba para sumir a James en una tranquilidad que hacía mucho tiempo que no sentía.
Tomó aire y suspiró, mientras escuchaba a su amiga completar el brindis con sus deseos.
Tres, de haber estado Andrew, no serían tres. No pudo evitar mirar al rubio cuando ella mencionó el número y por su expresión, sin necesidad de medir palabra, supo lo que él estaba pensando. Se le hizo un nudo en la garganta y de pronto, le costó respirar.

Odiaba ser tan débil, tan frágil como para mantener la boca cerrada, no entendía porqué no se lo decían, pero obtuvo por guardar silencio. Por muy egoísta que pudiese parecer, acababan de salir de una discusión y James necesitaba mantener la noche tranquila. Mañana sería otro día, pues por propia experiencia supo que Heimdall y Eli no solían en tirarse los trastos a la cabeza y discutir por la más mínima tontería.
Después de entrechocar las tres cervezas, Jay pegó un largo sorbo. Estaba fría, a la temperatura ideal, por lo que al notar la bebida pasar por su garganta, supo que no podía hacer otra cosa más que guardar silencio, por mucho que le doliese.
Sus ojos miraron sorprendidos a la joven cuando comentó que creía que se irían. James no pudo evitarlo, alargó la mano y rozó sus dedos con los suyos.

-No, esta noche no…-murmuró apartando la mano de manera brusca al percatarse de lo que estaba haciendo, pero acabando por tomar asiento al lado de ella, como le había pedido. Fijó su vista en Heim, divertido.
Siempre había sido el blanco de sus juegos, era una competición esperando quién se quedaba con el trofeo. Jay parpadeó confuso, él no se consideraba digno de dicho juego, pero sonrió. Miró a la joven apostada a su lado y luego el rostro de su amigo y las sombras del fuego que danzaban por su rostro dándole un aspecto fantasmagórico.
-¿Por qué no puedo salir con los dos?-preguntó como toda respuesta. Negó con la cabeza y suspiró. Quería, deseaba pasar tiempo a solas con Elizabeth pero sabía que eso sólo desembocaría en una confesión absurda por parte de sí mismo para comentar lo mal que se sentía después de lo de San Valentín.
Y también necesitaba a Heim, porque eso significaba que si el rubio no estaba con la chica, ella podría dedicarse a pensar un simple segundo en James, y eso era más de lo que tenía ahora mismo.

-Lo siento Heim, quiero salir contigo, pero también quiero estar con ella-encogió sus hombros dando la conversación por terminada mientras miraba a su amigo.
-¿Podríamos ir a hacer una excursión mañana? Me gustaría conocer esto- casi suplicó.-Aunque que salir temprano de casa, Heindall-murmuró haciendo énfasis en esto último.
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Re: The road to Majorca II — Jay&Eli

Mensaje por Elizabeth H. Wellesley el Lun Jun 26, 2017 3:27 pm

Tras dar varios tragos a la bebida, apoyó la cerveza sobre la arena y se aseguró de que mantuviera el equilibrio. Con las piernas extendidas, frotó sus muslos para después repetir el movimiento en sus brazos. La pequeña ráfaga de aire había provocado en Elizabeth un escalofrío que erizó todos sus cabellos. Las llamas del fuego luchaban por mantenerse constantes a pesar del viento y  las hojas de los árboles daban lugar a un sonido intenso y desagradable. Los ojos azules de la joven recorrieron a sus amigos que parecían no haber sufrido la ventolera que se había levantado segundos atrás, por lo que pensó que, tal vez, podría estar conservando algún tipo de resfriado.

Jugueteó con los mechones de su flequillo hasta formar rizos que desaparecerían al instante. Mientras tanto, sintió como el cuerpo de Jay caía sobre su lado y rozaba brevemente su mano. Pudo notar el tacto frío de sus dedos y sintió como el estómago se le revolucionó. Pensó que había sido una coincidencia pero aquel incidente le daría qué pensar. Todo se había vuelto tan complicado y difícil que Elizabeth se sentía entre la espada y la pared constantemente. No le gustaba que el inglés se sintiera mal por su culpa, no quería decepcionarle o fallarle, él se merecía mucho más que todo lo que él pedía. Él se merecía lo mejor del mundo, alguien dispuesta a dar su vida por él y aunque Elizabeth fuese capaz de ello y más, tenía demasiadas dudas en su corazón.

Toda su atención se centró en la decisión definitiva del chico que se acomodaba a su lado. Mientras tanto, regaló una mirada enemiga al otro joven restante y rodó los ojos. -Por supuesto, tengo que ser la responsable del grupo. Si tuviéramos que depender de ti..- dejó la frase sin terminar escuchando nuevamente el contra ataque del ex gryffindor. "La mandona" repitió en un susurro conteniéndose las ganas de devolverle el cumplido. Sin embargo, la respuesta de James bastó para que olvidase las burlas del otro y alzó los brazos como si de una victoria se tratara. -Te prometo que mientras Heimdall se come una rosca, tú y yo bailaremos, cantaremos y montaremos una fiesta en condiciones en casa- prometió chocándole la mano y proporcionándole un efímero abrazo. -Me encanta la idea. Podríamos hacer un poco de turismo, conocer la zona y probar la comida típica de aquí- propuso agarrando la cerveza y depositando el líquido sobre su garganta. -¿Qué me decís si jugamos a algo?- pensó durante unos segundos. Se puso en pie y caminó hasta permanecer en medio de ambos chicos. -Podríamos jugar a los retos. Si alguien no lo cumple, debe hacer lo que él otro le diga obligatoriamente- explicó mientras maquinaba en su mente el peor castigo para Fitzgerald.
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Re: The road to Majorca II — Jay&Eli

Mensaje por Heimdall R. Fitzgerald el Mar Jun 27, 2017 4:34 am

Para variar, el huérfano supo frustrar su incontinencia verbal, y las palabras desafortunadas cosquillearon en su garganta, luchando por emerger a la superficie. «Es obvio que te escogería a ti, porque está enamorado» Estuvo cerca de exclamar sin remordimiento, pero logró contenerse en el último segundo. El trío de amigos conocía a la perfección los sentimientos de James, pero rara vez trataban el tema, y mucho menos estando los tres juntos. La eterna ignorada vocecilla de su conciencia sintió orgullo por vez primera. Elizabeth se las apañó para planear un tema junto a James, dejando a Heimdall fuera de la ecuación, asumiendo que preferiría pasar la noche intentando conquistar extranjeras antes de permanecer en la tienda de campaña con el único objetivo de impedir que sus mejores amigos estuvieran a solas. Ingenua. No dudaría en interferir lo posible para evitar que ambos estuvieran juntos, sólo esperaba que James no le pidiera expresamente un rato a solas junto a Elizabeth, pues le costaría idear una excusa que justificara una negativa.

A mí también me gusta la idea — comentó, uniéndose a la propuesta de investigar un poco la zona, adaptándose a su papel como turista. No solía mostrar interés por cosas así, de hecho, las dos veces que viajó a Estados Unidos fue con fines muy específicos, y en ningún momento sintió la necesidad de conocer el país. — Salir temprano ya no me gusta tanto, pero haré un sobreesfuerzo — agregó. Nunca dormía bien, Andrew no se lo permitía, motivo para lucir unas oscuras ojeras la mayor parte del tiempo.

Sintiendo profundamente la ausencia de cerveza de su botella, centró la vista en Elizabeth, ahora levantada junto a la hoguera. — Te reto a que nos hagas un striptease — . Su respuesta fue inmediata, no tuvo tiempo para pensárselo dos veces. Una risa escapó de su garganta mientras esperaba el comentario de desaprobación de James, y un insulto por parte de la principal damnificada. — ¿Te toco algo de música mientras? — preguntó tras realizar el amago de coger su guitarra, que descansaba sobre la arena, cubierta y protegida por una funda encantada. Como intuía, sin necesidad de palabras, que Elizabeth se negaría a aceptar el reto, intervino con agudeza. — Te recuerdo que, si no lo cumples, tienes que hacer lo que yo te diga. ¿Qué palabra has usado antes? Ah, sí. Obligatoriamente — . Sonrió, malvado, como si estuviera a punto de decir algo mucho peor de lo que realmente diría. Tomó su botella vacía y la agitó, fingiendo un puchero de tristeza. — Anda, Eliza, tráeme otra cervecita — pidió.
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