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The road to Majorca I — Jay&Eli

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The road to Majorca I — Jay&Eli

Mensaje por Heimdall R. Fitzgerald el Sáb Jun 24, 2017 2:18 pm

Recuerdo del primer mensaje :

"La llegada" — Morning — Cala d'Egos

Benditas vacaciones de verano. El primer curso en Mensekuhir terminó, y con ayuda de sus "ángeles de la guarda", Heimdall logró terminar el curso sin suspender ninguna de las materias que exigían un aprobado para continuar con la formación. La liga creadora de encantamientos no funcionaba como el resto de instituciones, uno disponía de todo el tiempo necesario para finalizar su formación, pero Heimdall no quería quedarse atrás.

Tras un consenso, los tres amigos decidieron que pasarían sus vacaciones de verano en una pequeña isla de Europa. Su deseo, dejar atrás el triángulo amoroso que tantos quebraderos de cabeza causaba, y volver a disfrutar de unas merecidas vacaciones veraniegas junto a sus mejores amigos. Sol, playa, cerveza fresca y chicas en bikini. Heimdall no necesitaba más. Tras un viaje amenizado gracias a los medios de transporte mágicos, caminaron por una playa con el equipaje a cuestas. El sol coronaba el cielo y brillaba con fuerza, castigando con discreción sus pieles poco bronceadas, detalle que seguramente cambiaría en cuestión de semanas. Heimdall comenzaba a detestar el calor y la ropa que cubría su cuerpo, no veía el momento de ponerse el bañador y correr hasta el agua cristalina. El sudor formaba una capa fina y brillante sobre su pálido rostro.— Estoy harto de andar — protestó, frenando en seco. La arena blanca ardía, y complicaba la caminata puesto que resultaba agotador caminar sobre su superficie irregular. —Aquí está bien, ¿no? — preguntó. La búsqueda tenía por objetivo hallar una pequeña cala, alejada de las miradas curiosas de otros turistas y de los pescadores que habitaban la zona.

Aprovechó la pausa para observar el terreno. En efectivo, la marcha derivó en una pequeña cala encantadora, separada de otra playa más extensa mediante una barrera compuesta de rocas afiladas que pocos valientes osarían cruzar. El agua cristalina se perdía en el horizonte, oscureciéndose a medida que aumentaba la profundidad. El factor que terminó de convencer a Heimdall fueron los acantilados boscosos que circundaban la cala, como amante de las alturas y la adrenalina, se imaginó escalando las paredes rocosas y arrojándose de cabeza contra el agua.—¿Qué me decís? ¿Acampamos? —preguntó, para estar seguro, aunque no dudaba que sus amigos también fueron hechizados por la belleza del paisaje. Buscó en su mochila la tienda de campaña encantada, una vez la depositara sobre la arena sería demasiado tarde para echarse atrás.


Última edición por Heimdall R. Fitzgerald el Sáb Jun 24, 2017 5:04 pm, editado 1 vez
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Re: The road to Majorca I — Jay&Eli

Mensaje por Elizabeth H. Wellesley el Dom Jun 25, 2017 8:41 am

El compromiso del ojiazul era algo que jamás había llegado a comprender. ¿Cómo una decisión tan importante y personal podía ser tomada por otras personas? ¿Cómo James no había sacado el coraje y la valentía de oponerse a tal mentira? Siempre había admirado de él su sinceridad, inteligencia y honestidad, el valor con el que hacía las cosas y tomaba decisiones, sin embargo, había perdido aquellas virtudes que le hacían un ser maravilloso e interesante ante los ojos de Elizabeth.-No pienso opinar de esa absurda boda- soltó sin más, de forma directa y clara. -Mi primer veto: queda completamente prohibido traer chicas a casa- expresó cruzándose de brazos y desviando la mirada hacia Heimdall. Sabía perfectamente que aquello solo podía fastidiar al irlandés, pues James no solía actuar así. Él era más tradicional, reservado y romántico, lo conocía lo suficientemente bien como para saber que no le iba los rollos de una sola noche.

Mostró el calendario entre sus manos y sonrió satisfactoriamente ante las palabras recibidas de Fitzgerald. -Gracias, yo también te quiero- murmuró con rintintín pellizcándole con fuerza el moflete. Dejó su exitoso trabajo en manos de ambos jóvenes y se apresuró a subir las escaleras. Buscó su habitación y fue fácil dar con ella debido a su gran tamaño. Había un espacio enorme, la cama era realmente grande, casi podían caber tres o cuatro personas en ella, un enorme espejo colgaba de la pared, un largo escritorio vacío para colocar sus pertenencias diarias y un armario de forma peculiar para guardar su equipaje. Gracias a la ayuda de su varita, en menos de un minuto tenía todo colocado y organizado. Los vestidos, pantalones y camisas colgaban de sus respectivas perchas, el maquillaje, esmalte y otros accesorios estaban colocados sobre el escritorio, los zapatos permanecían en un rincón de la habitación y un par de toallas descansaban sobre la colcha de la cama. Finalmente, se aseguró de tener bien apretado los lazos del bikini, se recogió el cabello formando un moño mal hecho, agarró la toalla y se dirigió hacia sus amigos.

-¡Ya estoy aquí!- comunicó bajando los escalones de dos en dos con rapidez. -¿Nos vamos?- preguntó dando un par de palmadas percatándose de que los equipajes de los chicos aún seguían allí. -¿Todavía estáis así?- se quejó llevándose las manos hacia la cintura. -Da igual, luego lo hacéis- y tan pronto como terminó la frase, se limitó a agarrar a sus amigos por el brazo y tirar de ellos hacia fuera de la campaña.
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Re: The road to Majorca I — Jay&Eli

Mensaje por James K. Strauss el Dom Jun 25, 2017 9:18 am

La sola mención del futuro matrimonio de James bastó para levantar un revuelo, parecieron olvidarse del cansancio y los comentarios que ambos se dirigían para ver quién quedaba por encima del otro.
Frunció el ceño y no pudo evitar una sonrisa cuando su acompañante mencionó que antes acabaría muerto que casado. Estaba seguro de que cambiaría de opinión, porque hay ciertas cosas que por mucho que quieras controlar, no se puede. Y el amor, impredecible, era una de ellas. Tragó saliva cuando a su mente acudió la imagen de sus dos amigos contrayendo matrimonio y él siendo testigo de eso, sin poder hacer nada, fingiendo una alegría que hacía tiempo que no consideraba como suya.
Negó con la cabeza de manera repetitiva, esperando que ese gesto bastase para que la imagen que parecía tan real se diluyese de su cabeza.

-No te entiendo-susurró más para sí mismo que para ella. De verdad que no había comprendido la intención de la ex Ravenclaw con esa frase. Pero guardó silencio. Bastantes problemas tenía ya para preocuparse de lo que ella hubiese querido decir.
Esbozó una extraña mueca al escuchar lo de los vetos. Estaría bien. No diría nada, se centraría en relajarse y tratar de disfrutar, tarea difícil si estaba muy susceptible pero lo intentaría.

Asistió impasible a los quejas de Heimdall sobre el calendario, hasta que la morena volvió a hacer acto de presencia en la habitación y pellizcó a su amigo mientras afirmaba que le quería. Aunque sabía que era un simple comentario, Jay no pudo evitar que se le revolviese el estómago.
Pareció olvidar el incidente cuando vio que el creciente entusiasmo del joven acerca de salir de fiesta.

-[i]No soy tonto, simplemente ya tengo bastante con acudir a las fiestas de sociedad de mis padres como para salir todos los fines de semana como tú pretendes hacer-explicó colocando los ojos en blanco, para después sonreír cuando mencionó lo del galeón. No lo necesitaba, pero un trato era un trato.
Iba a mencionar algo cuando Elizabeth y su alegría aparecieron como un huracán y prácticamente sin dejarle decir nada en contra, arrastró a ambos en dirección a la playa.

-Elizabeth, puedo ir solo…gracias-murmuró pese a que el contacto de la piel de ella contra la suya le era muy agradable y reconfortante. Cada vez que respiraba el aroma de la chica le llegaba a las fosas nasales y Jay tenía que hacer un esfuerzo por no perder la cabeza y estrecharla contra sus brazos allí mismo.
Trató de zafarse de su agarre y corrió hacia la playa, zambulléndose de lleno en el agua.
-¡Por Merlín! ¡Está buenísima!-gritó
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Re: The road to Majorca I — Jay&Eli

Mensaje por Heimdall R. Fitzgerald el Dom Jun 25, 2017 9:47 am

Su genial idea no tardó en volverse en su contra. Nada de chicas. Lógico, tanto que se recriminó no haber previsto algo tan evidente. Quedaban meses de vacaciones por delante, no dudaba que en algún momento olvidarían el asunto de los vetos, o encontraría alternativas para saltarse las prohibiciones de sus amigos sin tener que pagar a cambio. Con apariencia de aceptación, el huérfano comenzó a elucubrar planes alternos, vacíos legales.

Las paredes que envolvían el cuarto más amplio impedían ver en su interior, pero Heimdall imaginaba los acontecimientos que tendrían lugar dentro. Seguramente Elizabeth estaría deshaciendo el equipaje, y dejaría todo perfectamente ordenado antes de volver a salir. Repelente. —Salir conmigo una sola noche es mucho mejor que cien fiestas de "sociedad", ya lo comprobarás— aseguró con certeza. Guardó silencio tras reaparecer Elizabeth, pues no dudaba que buscaría la forma de interferir en los planes de ambos, estropeando sus posibilidades de ligar con un par de extranjeras.

Juntos se dirigieron hacia la salida bajo la insistencia de Elizabeth, y Heimdall no pudo evitar reír cuando James rechazó el contacto con ella. —Es que eres pesada, Eliza, ya no te aguanta ni Jay Jay —bromeó, pronunciando el seudónimo de su amigo con sorna, como si se tratase de un niño pequeño. Se zafó de su amarre, corriendo sobre la arena caliente, expuesta a los constantes rayos de sol. —¡Tonto el último! — . En cuestión de segundos recorrió la pequeña cala cuan larga era, atravesando la orilla y dejándose caer cuando las aguas cristalinas cubrieron por encima de su cintura. Su amigo estaba en lo cierto, el agua estaba perfecta, limpia y refrescante. Cerró los párpados, cogió aire y se sumergió por unos segundos, adentrándose en las profundidades y emergiendo a la superficie cuando sus pulmones batallaron por un poco de aire.

Nadó hasta sus amigos y les salpicó, chapoteando a su alrededor. — Me parece que disfrutaremos estas vacaciones — apreció en voz alta, ufano. Los acantilados rocosos que circundaban la cala seguían llamando su atención, no podía apartar su celeste mirar de la altura vertiginosa. — Es increíble, más tarde los escalaré seguro —. Hizo pública su obcecación, algo que decidió desde el mismísimo momento en que llegaron a la cala perdida. —¿Os apuntaréis o vais a decirme que puede ser peligroso? — preguntó burlón, salpicando a ambos por segunda vez.
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Re: The road to Majorca I — Jay&Eli

Mensaje por Elizabeth H. Wellesley el Dom Jun 25, 2017 10:23 am

Los rayos de sol penetraban su piel con intensidad, la fina arena quemaba la planta de sus pies y su cuerpo pedía a gritos que el agua cristalina y limpia humedeciera  cada parte de su figura.  A la par de sus amigos, comenzó a correr hasta llegar a la orilla, allí se detuvo y sintió como un escalofrío recorría su cuerpo debido al cambio de temperatura. Nunca había sido capaz de sumergirse en el agua sin pensarlo y esa vez no iba a ser la excepción. -¡Qué fría!- exclamó observando como James la abandonaba y se incorporaba con su mejor amigo buceando. -Nada de salpicarm..- y antes de que pudiese concluir la orden, Heimdall se había adelantado a sus palabras, mojando casi por completo a la morena. -No podía esperar otra cosa de ti- vaciló dejándose caer en el agua y cubriendo todo su cuerpo.

Movió los brazos de un lado a otro bajo agua, jugueteando y salpicando a sus amigos. Realmente se sentía en el paraíso, tranquilidad, buen clima y una agradable compañía. -Creo que es la cala más preciosa que he visto en mi vida- confesó deteniéndose  a mirar los pequeños detalles del lugar, las rocas, las pequeñas olas, su suave y fina arena y los altos acantilados.  Segundos después de admirar tal belleza, dejó que su cuerpo flotase en el agua mientras oía atentamente al irlandés. Pero aquel instante de paz duró poco. Rápidamente se colocó en la posición correcta para mirarle y comunicarle lo que pensaba respecto a aquella idea macabra. -¿Qué estás diciendo? No te subirás ahí- señaló al peligro con el ceño fruncido. -¿Y si te caes? ¿Y si te haces daño?  ¿Y si te matas? No seré un espectador de ello- se negó casi histérica. -Jay no hará nada de eso, así que no cuentes con él- se atrevió a opinar sin el consentimiento del chico. Se movió con precisión hasta aterrizar al lado de Strauss y estrechar el brazo por sus hombros. -Que Heimdall sea un caso perdido no quiere decir que todos lo seamos. Dime que no vas hacer nada de eso- pidió agarrando de las mejillas al ex ravenclaw y obligándole a mirarla.
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Re: The road to Majorca I — Jay&Eli

Mensaje por James K. Strauss el Dom Jun 25, 2017 12:49 pm

Suspiró algo más tranquilo cuando vio que Elizabeth no le había dirigido un comentario dolida al zafarse de su agarre con esas palabras. Para sentirse culpable, ya estaba él.
Sin embargo, el agua que le llegaba por la cintura bastó para espabilarle y por un momento, creyó que era feliz y que podía con todo lo que se le cruzase en su camino. No había sido un año fácil, e incluso más de una vez se había planteado en aquel curso dejar Mensekuhir y Singapur atrás.
Por fortuna o desgracia no lo había hecho, estaba seguro de que si sus padres se hubiesen enterado de sus intenciones, le habrían hecho saber lo poco orgullosos que se encontraban de esa decisión.
Sin embargo, bajo el agua supo que podría quedarse a vivir allí y se imaginó allí con sus amigos, creciendo juntos sin separarse como siempre habían hecho.

Metió la cabeza de manera completa mientras se mojaba por completo el cabello oscuro y lo dejaba caer hacia atrás. Se echó a reír a mandíbula batiente cuando Heimdall se encargó de salpicarles mientras sus ojos azules recorrían el cuerpo de su mejor amiga. Podía estar bastante blanca, pero a los ojos del inglés estaba preciosa.

-Lo es…nunca entenderé como los españoles son capaces de visitar otros lugares y playas paradisiacas teniendo esto en su propio país-comentó cuando Elizabeth mencionó que era la cala más bonita que había visto en su vida- Y me alegro de compartirla con vosotros-dijo en un repentino ataque de sinceridad, hasta que el otro chico se encargó de romper el encanto y mencionó sus intenciones de escalar.

James clavó la mirada en los alcantilados, un terreno lo suficientemente escarpado como para morir si perdías el equilibrio y te precipitabas al vacío desde esa altura. Jay, que estaba en ese momento de su vida en el que solo quería hacer lo que le apeteciese, miró a Heim. Sabía que no serviría de nada tratar de decirle que no lo hiciese, al igual que él, Heim era una persona muy tozuda y cuando algo se le metía en la cabeza entre ceja y ceja podías darte por perdido.
Desvió la vista a su mejor amiga, a la par que varios ¿y sí? aparecían en su boca. Él mejor que nadie sabía lo que era vivir con esos miedos, esos constantes “¿y sí”? planeando por su cabeza que a veces eran incluso peores a la realidad que estaba viviendo.

El contacto de la chica sobre sus hombros provocó que esbozase un gemido de satisfacción debido al calor que asolaba el lugar.
-Elizabeth… yo….-sus ojos azules parecían aún más profundos e intensos que de costumbre y nuestro protagonista se perdió en ellos. Olvidó dónde se encontraban, se olvidó de su amigo y se centró en ella por completo. Sólo existían ambos sobre el agua.
Tenía la boca seca y casi se había olvidado de respirar, su cuerpo se acercó más a ella de lo que había esperado y sólo volvió en sí cuando sus manos húmedas y frías se posicionaron en su rostro.

-Iré con él… pero no permitiré que tú vengas con nosotros-dijo sin estar del todo convencido, era una idea macabra, pero quería vivir, algo que hacía mucho que no hacía y también necesitaba demostrarle a todo el mundo que no era menos que Heim, una sensación que le había acompañado desde que era pequeño, pese a que nadie le había dicho eso mismo.
En circunstancias normales, le habría dado la razón a la ojiazul. Era una completa locura, pero ésta vez era diferente.
Se volvió al rubio y asintió con la cabeza, apartando las manos de la joven de su rostro, muy a pesar, al percatarse de que se encontraba demasiado cerca.

-Sólo decide cuándo-dijo serio. Si algo adoraba James a aparte de los libros y el Quidditch, era los deportes. Podía pasarse horas entrenando en un gimnasio muggle, y practicar deportes al aire libre era infinitamente mejor que hacerlo con máquinas o bajo el techo cubierto.


Última edición por James K. Strauss el Dom Jun 25, 2017 2:02 pm, editado 1 vez
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Re: The road to Majorca I — Jay&Eli

Mensaje por Heimdall R. Fitzgerald el Dom Jun 25, 2017 1:25 pm



El frío tacto de las aguas cristalinas significaba un gran alivio, y cada cierto tiempo Heimdall se sumergía por completo, buscando aliviar las zonas de su cuerpo que los rayos de sol estaban maltratando. El entorno paradisíaco sumado a la compañía de sus mejores amigos conformaban la perfecta combinación, tanto que sospechaba que no sentiría añoranza por Singapur en ningún momento. Heimdall ya pensaba en las maneras de escalar los acantilados, prescindiendo de cualquier ayuda mágica, sus ojos repasaron las paredes rocosas en busca de mellas que utilizaría como puntos de apoyo; también reparó en las rocas bajo el mar, en las zonas más próximas a los despeñaderos, debía tener cuidado con ellas si pensaba saltar desde las alturas.

Para variar, Elizabeth se opuso a la maquinación temeraria, exponiendo los peligros que correría e intentando poner a James de su parte. Difícilmente convencerían a Heimdall, que adoraba trepar como un mono desde que tenía siete años, y sería incapaz de prever el peligro aun teniéndolo frente a sus narices. El monstruo de los celos revolvió su estómago tras presenciar la escena ante él, la cercanía de James y su forma de mirar a Elizabeth. Olvidó los acantilados y sus bienintencionados planes para las vacaciones de verano. Olvidó todo, y sintió la imperiosa necesidad de estrangular a una de las personas que más quería. Tuvo que contenerse, apretó los labios y la cólera no le permitió disfrutar de haberse llevado la razón. — Bien dicho, Jay — celebró, fingiendo más emoción de la realmente sintió. — Ya te avisaré, iremos cuando Elizabeth no mire, así no tendrá que ponerse nerviosa — improvisó. Escalar era una práctica relajante para Heimdall, igual que tocar la guitarra, y prefería no tener a cierta chica histérica gritándoles y preocupándose por ellos. Quería disfrutar el vértigo y la adrenalina.

Seguían tocándose. No estaban tan cerca como antes, pero seguían tocándose y tenía que impedir que así fuera. Con discreción nadó alrededor de ambos, como un tiburón acechando a sus víctimas, posicionándose justo tras ellos. Saltó sobre Elizabeth, colocando ambas manos sobre sus hombros y presionándola hacia abajo, ahogándola en el agua con una zambullida. La forzada sumergida duró unos tres segundos, pues tampoco deseaba hacer sufrir a su amiga, soltó sus hombros y dejó escapar una alegre carcajada. Su conocimiento sobre ambos le informó de que la venganza no tardaría en llegar, así que aprovechó que sus pies todavía tocaban el suelo para retroceder rápidamente, con tan mala suerte que resbaló con una roca soterrada que propició su pérdida de equilibrio. No corría ningún peligro, pero su primer reflejo fue buscar un punto de apoyo y se agarró a los lazos que anudaban la parte superior del bañador de Eliza antes de terminar tropezando de todas formas, hundiéndose en el agua por unos segundos.

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Re: The road to Majorca I — Jay&Eli

Mensaje por Elizabeth H. Wellesley el Dom Jun 25, 2017 2:12 pm

Atónita, abrió los ojos sin dar crédito a lo que estaba escuchando.  No era un misterio que Heimdall siempre había sido más atrevido y que sus ocurrencias rebozaban la estupidez, sin embargo no podía creerse que James hubiese aceptado la petición. Siempre había aparentado tener la cabeza y madurez que al irlandés le faltaba, sin embargo, en aquel instante parecía ser una persona diferente. La mente de Elizabeth se vio confusa debido a lo ocurrido, no quería pensar que Jay actuase así por sorprenderla o llamar su atención pero una parte de su interior le alertaba de las consecuencias que aquello podría traer. -¿Estás hablando en serio?- preguntó insegura clavando sus orbes en los suyos, con preocupación y miedo.  Sin oponerse, dejó que Jay la apartase de su lado como si el más mínimo roce le provocase alergia. Miró a ambos chicos y frunció el ceño, molesta.-Está bien. Como queráis. Avisadme cuando vayáis a hacer el tonto para irme por ahí- respondió llenando sus manos de agua para  arrojárselas sobre el hombro caliente a causa del sol.

Molesta, se había negado a pronunciar palabra alguna. Era esa su forma de comunicarles que estaba enfadada. Durante un par de segundos permaneció distanciada de los dos, incapaz de dedicarle una simple mirada o gesto de cortesía. Soltó su cabello y se hundió bajo agua para mojarlo como el resto de su cuerpo. Una vez fuera, tomó aire y dejó caer los mechones oscuros sobre su espalda, que caían en forma de cascada acompañados de gotas de agua que recorrían su piel y formaban pequeñas figuras inexistentes. Gracias a la poca profundidad, caminó hacia sus amigos para incorporarse en el grupo y comunicarles su partida. No obstante, se vio atrapada por unos brazos más fuertes que intentaban hundirla. Intentó defenderse a pesar de que le había pillado por sorpresa, no obstante, aquellas manos la vencieron. Luchó por salir a la superficie, no soportaba estar bajo agua sintiendo como alguien la inmovilizaba para salir. No importaba que fuese una inocentada, Elizabeth siempre había tenido pánico a ese tipo de bromas.
Una vez fuera, tosió y tomó aire mientras se frotaba los ojos para ver con claridad. Aquella broma de mal gusto solo podía resultar ser de Heimdall, por lo que no se quedaría así. Apenas le dio tiempo a encontrarle cuando sintió como la parte superior del bikini se desataba y dejaba a la vista sus pechos. Gritó a la vez que se tapaba con sus propias manos y alzaba la vista para encontrarse con un James rojizo y nervioso. Realmente deseó que la tierra se la tragase en aquel instante. -¡Joder!- alzó la voz hundiendo su cuerpo bajo agua para taparse. -¡Heimdall!  ¿Eres idiota? ¡Mira lo que has hecho!- gritó con desesperación mientras luchaba por hacerse un nudo así misma. No le importó si estaba más o menos fuerte, le bastó con que no se le viese nada y le durase hasta que llegase a la campaña. Colocó los pies sobre la arena y miró a ambos con frustración y rabia. -Sois unos imbéciles. ¡Dejadme en paz!- ordenó a medida que les arrojaba gran cantidad de agua en el rostro para apaciguar su rabia y se marchó de allí, deseando perderles de vista.
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Re: The road to Majorca I — Jay&Eli

Mensaje por James K. Strauss el Dom Jun 25, 2017 2:57 pm

Desde que habían llegado a Mallorca, James tenía la sensación de que no hacía otra cosa que sorprender a sus amigos. ¿De verdad estaba tan raro? Él se veía como siempre, quizá aquellas vacaciones supusieran un punto de inflexión, y quizá su prometida tenía razón, no era bueno ni positivo que pasase tanto tiempo con sus amigos. Pero probablemente aquel sería de los últimos veranos que pasaría junto a ellos, nunca se sabía cómo ibas a estar al año siguiente, así que era mejor aprovechar las oportunidades que se te presentaban en el camino.

-No me gusta dejarte sola, pero es mi amigo. No me perdonaría que le pasase nada, y necesito que veas que soy tan válido como él. Le prestas más atención que a mí, aunque sea simplemente para discutir-encogió sus hombros, apesadumbrado.  No quería hacerse la víctima, pero había que estar ciego para no verlo.
Debía aprender a mantener la boca cerrada, esa fue su lección del día, al ver que Elizabeth parecía enfadada con su decisión. La opinión de ella era sumamente importante, pero se había cansado, estaba cansado de pensar en cualquiera antes que sí mismo. No podía dejar a Heimdall solo en un país extraño, sin ni siquiera saber una palabra de español.

Se sentía mal por decepcionarla y fue entonces cuando cayó que las veces que él y la ex Ravenclaw discutían había sido por el irlandés. Había momentos donde se creía capaz de odiarle. ¿Cómo podían pasar de estar tan bien juntos, mirándose a los ojos y acabar así? Soltó un suspiro y miró a su acompañante, molesto con él y también consigo mismo.
Comenzó a nadar con la intención de alejarse un poco de ambos, cuando escuchó un grito que le hizo volverse. Ante sus atónitos ojos, observó como Heimdall parecía realizar una aguadilla a Wellesley.

-¿Qué mierda?-preguntó en un susurro. Empezó a nadar hasta su encuentro y cogió a su amiga por los hombros mientras preocupado la veía toser y expulsar agua.
-¿Estás bien?-le preguntó asustado, a la par que iba a por el rubio. –Fitzgerald, ¿eres tonto o bailas con la canción del telediario?-espetó.

Lo siguiente ocurrió demasiado rápido. El ex Gryffindor pareció perder el equilibrio y se agarró al bikini de ella. Jay no podía creerse que hubiese sido un hecho fortuito, pero su mente dejó de pensar en esa posibilidad al ver lo que estaba ocurriendo. La prenda cedió y sus hermosos y pequeños pechos quedaron al descubierto. La cara de James fue un poema. Se ruborizó por completo y no sabía dónde poner los ojos para no molestar a la muchacha, pero simplemente no podía desviar la vista. Se mordió el labio inferior, nervioso y sin mediar palabra, cuando sus piernas le respondieron, comenzó a dirigirse a la orilla. Cerraba los ojos pero la imagen no se desvanecía de su cabeza, se iba a volver loco.

Apenas fue consciente de lo que gritaba la joven al chico, pero no le importó. Quería salir de ahí cuánto antes.
-Gracias por todo, Heimdall ¿eh?- exclamó dejando patente su furia contenida. Casi corrió a la tienda de campaña. Necesitaba salir de ahí cuanto antes, recogería sus cosas y se marcharía.
[/i]


Última edición por James K. Strauss el Dom Jun 25, 2017 6:02 pm, editado 1 vez
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Re: The road to Majorca I — Jay&Eli

Mensaje por Heimdall R. Fitzgerald el Dom Jun 25, 2017 3:17 pm

Fue un accidente. Normalmente causaba estragos adrede, pero el resbalón fue tan imprevisto como el efecto que desencadenó. Su cuerpo se quedó completamente inmóvil, observando atónito la espalda desnuda de Elizabeth, asumiendo que James, a unos centímetros de ella, estaba observando la mejor parte. Un cúmulo de sentimientos arremetieron contra el huérfano como una ráfaga de viento helado. Culpa, por haber humillado a su amiga. Angustia, por brindar a James semejantes vistas. Y por último rabia, por estar perdiéndose la mejor parte, atrapado en una perspectiva desde la que no pudo disfrutar el accidente.

No resultó ninguna sorpresa que ambos se enojaran, la mayoría de las conversaciones terminaban así. El huérfano no pudo evitar ponerse a la defensiva, puesto que se sintió atacado en exceso por un acto reflejo, de ningún modo actuaría así voluntariamente. Ya no era un niño de doce años que jugaba a fastidiar a Elizabeth levantando su falda. Malhumorado, caminó hasta la orilla, temiéndose que las vacaciones no resultarían tan maravillosas como supuso en principio. — No tienes que darme las gracias irónicamente, te he dado algo que deseabas desde que la pubertad te maltrató con una capa bien grande de acné y te revolvió las hormonas. De nada — contestó con maldad, algo que costaría una disculpa más tarde.

Salió del mar y se dirigió hacia la tienda de campaña, intentando tranquilizarse para poder hacer entrar en razón a sus amigos.
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Re: The road to Majorca I — Jay&Eli

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