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The road to Majorca I — Jay&Eli

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The road to Majorca I — Jay&Eli

Mensaje por Heimdall R. Fitzgerald el Sáb Jun 24, 2017 2:18 pm

"La llegada" — Morning — Cala d'Egos

Benditas vacaciones de verano. El primer curso en Mensekuhir terminó, y con ayuda de sus "ángeles de la guarda", Heimdall logró terminar el curso sin suspender ninguna de las materias que exigían un aprobado para continuar con la formación. La liga creadora de encantamientos no funcionaba como el resto de instituciones, uno disponía de todo el tiempo necesario para finalizar su formación, pero Heimdall no quería quedarse atrás.

Tras un consenso, los tres amigos decidieron que pasarían sus vacaciones de verano en una pequeña isla de Europa. Su deseo, dejar atrás el triángulo amoroso que tantos quebraderos de cabeza causaba, y volver a disfrutar de unas merecidas vacaciones veraniegas junto a sus mejores amigos. Sol, playa, cerveza fresca y chicas en bikini. Heimdall no necesitaba más. Tras un viaje amenizado gracias a los medios de transporte mágicos, caminaron por una playa con el equipaje a cuestas. El sol coronaba el cielo y brillaba con fuerza, castigando con discreción sus pieles poco bronceadas, detalle que seguramente cambiaría en cuestión de semanas. Heimdall comenzaba a detestar el calor y la ropa que cubría su cuerpo, no veía el momento de ponerse el bañador y correr hasta el agua cristalina. El sudor formaba una capa fina y brillante sobre su pálido rostro.— Estoy harto de andar — protestó, frenando en seco. La arena blanca ardía, y complicaba la caminata puesto que resultaba agotador caminar sobre su superficie irregular. —Aquí está bien, ¿no? — preguntó. La búsqueda tenía por objetivo hallar una pequeña cala, alejada de las miradas curiosas de otros turistas y de los pescadores que habitaban la zona.

Aprovechó la pausa para observar el terreno. En efectivo, la marcha derivó en una pequeña cala encantadora, separada de otra playa más extensa mediante una barrera compuesta de rocas afiladas que pocos valientes osarían cruzar. El agua cristalina se perdía en el horizonte, oscureciéndose a medida que aumentaba la profundidad. El factor que terminó de convencer a Heimdall fueron los acantilados boscosos que circundaban la cala, como amante de las alturas y la adrenalina, se imaginó escalando las paredes rocosas y arrojándose de cabeza contra el agua.—¿Qué me decís? ¿Acampamos? —preguntó, para estar seguro, aunque no dudaba que sus amigos también fueron hechizados por la belleza del paisaje. Buscó en su mochila la tienda de campaña encantada, una vez la depositara sobre la arena sería demasiado tarde para echarse atrás.


Última edición por Heimdall R. Fitzgerald el Sáb Jun 24, 2017 5:04 pm, editado 1 vez
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Re: The road to Majorca I — Jay&Eli

Mensaje por Elizabeth H. Wellesley el Sáb Jun 24, 2017 2:53 pm

No había palabra que sonase mejor que aquella que se denomina vacaciones. Aquello significaba la libertad, el final de un año duro, lleno de esfuerzos, noches en vela y temarios inmensos que memorizar. Significaba también celebración, paz y tranquilidad, diversión y desconexión, deseos que cualquier estudiante querría llevar a cabo. Era así como los tres mejores amigos decidieron veranear en una pequeña y preciosa isla de Europa. Elizabeth nunca había visitado aquello, por lo que sus ganas de conocer el nuevo ambiente incrementaban cada segundo que se acercaba dicha partida.

Una vez allí, la joven observaba atónita el bello paisaje y se lamentaba de no haberlo visitado antes. Le hubiera encantado estar allí con Andrew, sus padres y sus mejores amigos, aquellos dos pesados que permanecían a su lado y no cerraban el pico durante cinco segundos. Los ojos de Elizabeth fueron a parar en la mata rubia y ojos azules que parecía nervioso por aterrizar en algún lugar. -A mí me gusta. Además estamos alejados de los muggles. No creo que se atrevan a escalar todas esas rocas teniendo una playa más segura en el otro extremo- respondió mirando a los dos jóvenes mientras dejaba caer la maleta que colgaba de su hombro. -Te ayudaré a colocar las cosas- murmuró caminando hacia el amigo que buscaba la campaña entre sus pertenencias.

El sol era fuerte e intenso, podía sentir como el casco de su cabeza ardía y su frente comenzaba a derrochar sudores. Frotó su rostro con la palma de la mano, notó sus mejillas calientes y los labios secos. Hacía muchísimo tiempo que no se encontraba ante una ola de calor tan bestial y es que ya se había acostumbrado a la temperatura de Singapur. -Si no me meto en el agua, moriré en segundos- refunfuñó mientras se deshacía de sus tirantes, dejando a la vista de todos la parte superior del bikini. Ya solo quedaba hacer desaparecer aquellos shorts vaqueros y darse un chapuzón.
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Re: The road to Majorca I — Jay&Eli

Mensaje por James K. Strauss el Sáb Jun 24, 2017 3:13 pm

La estación favorita de James era el verano. Quizá, porque al nacer a principios de junio, ya había nacido con ganas de sol y playa, o quizá, simplemente porque adoraba que el sol bronceara la piel, la volviese más oscura y el cabello mucho más claro. Sin embargo, ese verano iba a ser diferente. Para empezar, porque era el primer verano que pasaba con sus amigos lejos de casa, en una pequeña pero preciosa isla de Europa. No iba a mentir, su trabajo le había costado decidirse por hacer ese viaje, aunque la idea de descansar y divertirse acabó por hacerle cambiar de opinión y aceptar la proposición de ir a Mallorca juntos. No obstante, su relación con Elizabeth no pasaba por su mejor momento, seguían hablándose y aparentemente nada había cambiado entre ellos. Pero Jay no podía evitar sentirse algo incómodo en su presencia desde el Baile de San Valentín.

Si algo se había prometido a sí mismo es que su relación con Elizabeth no cambiaría. Había jurado que estaría ahí a su lado, y así lo haría. Daba igual lo que ocurriese entre ambos, porque estaba seguro que el vínculo que tenía con la chica no se iba a romper con nada. No. Ellos eran capaces de superar cualquier cosa, siempre que Andrew no decidiese hacer acto de presencia, porque aún sin estar presente, Drew siempre estaba en la mente de nuestro protagonista, acosándole y recordándole lo mal que se había comportado con su hermana. Probablemente era mejor que Wellesley no estuviese con un tipo como él, aunque, no podía pensar que la sola idea le doliese. Debía centrarse en que contraería matrimonio, y no precisamente con la joven de la que estaba perdidamente enamorado.

Siguió caminando justo detrás de Heimdall con una enorme mochila a la espalda. Podría haber amenizado el peso gracias a un sencillo hechizo, pero dado que aquel era un destino con muchos muggles, prefirió no arriesgarse. Estaba algo mareado debido al traslador que habían utilizado para llegar, pero, en ningún momento ralentizo el paso.
-Vamos, debe estar cerca…-apremió al rubio, adelantándose unos pasos. Sus ojos azules se posaron en el mar y no pudo evitar una sonrisa. Al lado del océano, sus problemas parecían menores. Se descalzó y caminó por la arena blanca, impoluta.  Minutos después, dejó caer su equipaje en el suelo y asintió con la cabeza ante las palabras de la chica.

-Es precioso… ¿no creéis?- su admiración quedó patente en sus palabras mientras su mirada recorría todo con curiosidad. Aunque, el momento de embelesamiento duró poco, ya que con ayuda de sus amigos, acabaron de montar la campaña.

-¿Estás bien?-preguntó a la joven percatándose del sudor y el rubor de sus mejillas, cuando cansado, se incorporó. Tenía el bañador repleto de esa arena tan fina, pero no le importó. Nada importaba. La visión de Elizabeth comenzando a quitarse la ropa, nubló todos sus sentidos. E incómodo y haciendo un tremendo esfuerzo, logró desviar la vista a otro lado.
-Sí… estás bien…-susurró más para sí que para que cualquiera de sus acompañantes le escuchara.

-¡Vamos, Heim, te reto a unos largos…!-gritó unos segundos después, mientras se quitaba la camiseta blanca y la dejaba en su bolsa. Necesitaba salir de ahí cuanto antes, lo único que faltaba es que la morena le pidiese que le echase crema para protegerse del sol.
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Re: The road to Majorca I — Jay&Eli

Mensaje por Heimdall R. Fitzgerald el Sáb Jun 24, 2017 3:50 pm

Montaron la tienda de campaña en cuestión de segundos, mayormente porque estaba encantada y prácticamente se desplegó sola. El irlandés dejó caer la mochila sobre la arena y pensaba entrar en la tienda cuando Elizabeth se quitó la camiseta. Naturalmente, no perdió detalle de la escena, y su imaginación voló a través de la tela que cubría su desnudez. Plenamente consciente de no ser el único espectador presenciando semejante escena, posicionó sus ojos sobre los de James y sintió ganas de arrancárselos. —Tranquilo, Jay Jay, no va a morirse por un poco de calor. Exagera, como siempre — exclamó, intentando restar importancia a la situación. Debía aprender a manejar sus celos, aunque los instintos asesinos luchaban por salir cada vez que descubría a James observando a Elizabeth como siempre hacía, desprendiendo intimidad y adoración.

Imitando a sus amigos, se quitó la camiseta y limpió con la prenda el sudor que humedecía su frente. Su piel nívea resplandecía bajo el sol veraniego, pidiendo a gritos un poco de pigmentación. —No me hagáis esto, sabéis cuanto me duele tener que ser la voz de la razón, cuando ese es vuestro trabajo — se lamentó, suspirando después. — Que Merlín me perdone por esto —. Contempló el inmenso cielo, como si el poderoso hechicero correspondiera la mirada entre las nubes. — No podemos meternos en el agua todavía, deberíamos dejar las cosas dentro primero y ponernos crema solar — recordó, aportando cordura a la conversación, yendo en contra de su propio carácter impulsivo. Se lamentó, refunfuñando mientras realizaba el amago de adentrarse en la tienda. — ¿veis lo que me hacéis decir? — lamentó por tercera vez.

Lo que exteriormente parecía una modesta tienda de campaña, por dentro ofrecía una visión completamente diferente. Estaba encantada, y su interior no tenía nada que envidiar a cualquier vivienda de la zona. Contaba con dos pisos, y todas las habitaciones necesarias para vivir cómodamente. No era lujosa, pero sí completa y acogedora. — ¡Tachán! —. Arrojó su mochila sobre el sofá y avanzó con los brazos extendidos, orgulloso de su trabajo. — Me pido la cama grande — se apresuró a decir, señalando el piso de arriba, justo en la zona en la que tres colchones se extendían sobre el suelo de madera. Lo único que la vivienda conservaba de la tienda de campaña eran las desgastadas paredes de lona, y el suelo del piso inferior era la misma arena blanca que abundaba en la cala.
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Re: The road to Majorca I — Jay&Eli

Mensaje por Elizabeth H. Wellesley el Sáb Jun 24, 2017 9:04 pm

Elizabeth le dedicó una tierna y efímera sonrisa al compañero que había compartido la misma casa que ella en Hogwarts. Él siempre tan atento y dulce, preocupándose por los demás y en especial en ella. A pesar de la última conversación que habían entablado, la inglesa no había dejado de dar vueltas al asunto. Todo parecía fluir con normalidad, sin embargo, no podía evitar pensar que James estaba disgustado con ella, algo que le dolía en lo más profundo de su ser.
Observó a ambos chicos pero a cada uno de forma diferente. El gesto hacia James fue tierno y delicado, restándole importancia y asintiendo a que se encontraba bien. No obstante, la mirada hacia el irlandés fue fría y rencorosa. -"Exagera, como siempre"- imitó sus palabras con un tono de voz infantil a medida que daba un leve golpe sobre su hombro izquierdo, como si de aquella forma pudiese vengarse de las ofensas recibidas.

Contempló a James deshacerse de su camiseta y después a Heimdall. No podría decir cuáles de los tres necesitaba con urgencia que los rayos de sol se infiltraran por sus pieles. Justo en aquel instante, la imagen del ex-gryffindor envuelto en una sábana blanca lisa, invadió su mente. Recordaba aquel día perfectamente y un momento en concreto, por lo que decidió fijar la atención en su nueva vivienda para así evitar sonrojos o preguntas incómodas. -Por una vez en la vida estoy de acuerdo contigo. Quiero coger color pero no quiero pasar mis próximos días con la piel irritada- respondió sujetando su mochila, dirigiéndose hacia el interior de la campaña.

Era muchísimo mas grande de lo que a simple vista podía parecer. Tenía un par de pisos, muebles, lámparas, camas, varias habitaciones y lo necesario para vivir. Echó un vistazo rápido hacia el comedor y dejó caer sus pertenencias sobre la arena blanca. -¡De eso nada!- gritó bajándole el brazo con el que señalaba el piso de arriba mientras se dirigía hacia las escaleras e impedía el paso a cualquiera de los dos chicos. -La cama grande me pertenece a mi por el simple hecho de aguantaros todo el camino. Además, las damas primero ¿no? Así que yo elijo- contestó con una sonrisa pícara a sus amigos mientras miraba a James para que se pusiera de su parte, al fin y al cabo siempre conseguía que le diera la razón.

Dando pequeños brincos, llegó hasta su maleta y con un leve movimiento de varita, la crema solar estaba en sus manos en menos de dos segundos. -He comprado la protección mas alta- informó deshaciéndose del tapón y derramando la pomada en su mano. Aplicó un poco sobre sus mejillas, frente y nariz. Frotó y acarició hasta que no quedase ningún resto blanco de la protección. Por último, masajeó el inicio de su hombro izquierdo para después hacer lo mismo con el derecho. Se esforzó por llegar a la parte superior de la espalda pero los intentos fueron en vano. Refunfuñó y suspiró con desesperación. -¿Alguien podría hacerme el favor?- pidió extendiendo la crema hacia el aire esperando que alguno de los dos la ayudase.
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Re: The road to Majorca I — Jay&Eli

Mensaje por James K. Strauss el Dom Jun 25, 2017 3:24 am

La sonrisa de la fémina se le quedó grabada no sólo en la cabeza, también en el corazón. Sin embargo, oírles discutir bastó para que James dejase de mortificarse a sí mismo. Aquello no iba a ser fácil, no obstante, si estar a su lado era complicado para el ex Ravenclaw, no estar a su lado, no verla, era peor aún.

Exhaló un suspiro capaz de tragarse la cala entera, aunque no supo bien el motivo, si era debido a sus pensamientos o que Heim y ella volviesen a discutir. Era algo habitual, parecían un matrimonio mal avenido, pero por una vez, estaba cansado, cansado de aquellos juegos. Por extraño que pudiese parecer, no dijo nada a favor ni en contra de ninguno de sus amigos. Se introdujo en la vivienda y asintió ante las palabras del rubio. Aquel razonamiento era más propio de James que de Fitzgerald, por supuesto que él había caído en que había que echarse la crema solar primero. Su madre había sido muy insistente con eso desde que era pequeño, pero… solo quería distanciarse un poco de Elizabeth sin que ninguno de sus acompañantes pudiese pensar que le ocurría algo.

Fue a coger la crema con un sencillo toque de varita cuando escuchó el tono de voz del rubio. Por supuesto que había habido gato encerrado. Era astuto. No pudo evitar una amplia sonrisa. Era como un crío.
Pero la sonrisa duró poco al escuchar el tono de la ex Ravenclaw a su espalda.

-No, Heimdall. Ella tiene razón, es una mujer. Las mujeres van primero-comentó como si se lo hubiese aprendido de memoria. No quería resultar un calzonazos ni darle la razón como a los tontos, pero no dársela iba en contra de la exquisita educación que le habían dado.

Dando la conversación por terminada, fue a empezar a darse crema, cuando sus ojos repararon  más fijamente en la vivienda. Estaba habituado a las casas grandes, con todo tipo de lujos, pero aquella era acogedora, algo desordenada pero bonita en aquel caos imperfecto.

Sin embargo, aquella pregunta le sacó de sus ensoñaciones y le devolvió a la cruda realidad. ¿Qué? Se moría por tocarla, por rozar su suave y fina piel con las yemas de sus dedos, pero sabía que de hacerlo estaría perdido y que no habría vuelta atrás.
En aquel momento se odió a sí mismo. Por ser demasiado correcto, demasiado lento, demasiado fiel pese a que no existía ninguna relación sentimental entre ambos.

-Fitz… ¿puedes ayudar?- preguntó en un tono más alto del necesario acortando el apellido de su amigo, dándole un toque en el hombro para reclamar su atención a la par que señalaba con un gesto de su cabeza a la joven. Se sentía estúpido, tenía una lucha constante entre el quiero y el no debo, y eso acababa agotándole mentalmente.

Empezó a echarse crema regañándose a sí mismo en silencio. No quería ver a Heimdall deleitándose con la visión de Elizabeth, así que cerró los ojos mientras se frotaba las piernas.
-¿Cuánto tiempo vamos a estar aquí? Se me olvidó decirlo a mis padres…-hasta la pregunta era estúpida, además, aquello era una mentira a medias, tan sólo era para cerciorarse de cuánto duraría aquella especie de agonía.
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Re: The road to Majorca I — Jay&Eli

Mensaje por Heimdall R. Fitzgerald el Dom Jun 25, 2017 3:56 am

La reacción de Elizabeth fue poco más que una sorpresa, y en cuanto habló, Heimdall supo que libraría una batalla perdida, pues James le otorgaría la razón sin lugar a duda. Entornó los ojos, observando a ambos con el mismo rencor que tantas veces usó antes, con frecuencia frustraban sus ideas arriesgadas apoyándose mutuamente, ganando por mayoría todos los debates. — ¿Eliza es una mujer? — preguntó, exagerando un gesto de asombro. — Nunca me había dado cuenta, no lo parece — arremetió contra ella, sonriendo después.  Se decidió entonces, sin necesidad de confirmaciones, que el colchón grande pertenecería a la chica y los chicos tendrían que conformarse con los dos restantes.

De nuevo, algo que ocurriría constantemente durante el verano, sus orbes celestes analizaron la piel ajena, perdiéndose en cada centímetro que la crema solar cubría de blanco. La garganta y la boca se resecaron, obligándole a relamerse los labios en busca de humedad. La petición de Elizabeth inició todo un dilema, Heimdall pensó que James se ofrecería enseguida, haciéndole pasar un rato desagradable por ello. — Eh, sí — respondió sorprendido. Tragó saliva y observó a su mejor amigo con inquietud y desconfianza, preguntándose desde cuándo se había vuelto tan masoquista.  Bien sabía que Jay estaría encantado de hacer el favor a Elizabeth, pero querría saber también los motivos que le impulsaron a ceder tan tentadora invitación. Una vez situado detrás de su amiga, derramó crema sobre sus palmas y se las frotó antes de acariciar la zona en concreto, esparciendo la substancia sobre su tersa piel.

Frunció el ceño. — Jay, ¿eres tonto o masticas vidrio? — cuestionó, muy seriamente. — Más te vale que esta misma noche mandes una lechuza a tus padres o te darán por muerto. Estaremos aquí casi todo el verano —. Esperaba que así fuera, seguía enfadado con su único familiar y no podía acudir a ningún otro sitio en busca de compañía, Elizabeth y James eran lo único que tenía. Sin demorarse en exceso en seguir acariciando a su amiga -cosa que gustosamente haría en otra circunstancia- empezó a aplicarse la crema solar en su propio cuerpo. — Ya que te has quedado la cama grande, supongo que te encargarás de hacernos la comida y la cena.. — dejó caer con una media sonrisa mientras esparcía el protector a lo largo de sus brazos.
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Re: The road to Majorca I — Jay&Eli

Mensaje por Elizabeth H. Wellesley el Dom Jun 25, 2017 6:20 am

Una vez James le hubiese dado la razón, volvió a dedicarle una sonrisa en modo de agradecimiento por su compresión y caballerosidad. No podía decir lo mismo del amigo restante, que se comportaba como un crío constantemente y parecía vivir, exclusivamente, para fastidiar e ir en contra de su amiga. Se limitó a ignorar  el comentario que segundos atrás había realizado. En otra ocasión, habría continuado su juego hasta acabar discutiendo como hacían la mayor parte del tiempo, donde Jay tenía que actuar de intermediario hasta solucionar las cosas. Pero aquel no era el momento idóneo para comenzar una discusión en la que Heimdall solo pretendía burlarse de su amiga para tentar su paciencia.

La pregunta permaneció en el aire durante segundos hasta que James rompió el silencio que se había formado. Su respuesta la pilló totalmente desprevenida y todas las teorías acercas del disgusto del chico parecían ser ciertas. Le miró por el rabillo del ojo confusa, observó durante varios segundos como se aplicaba la crema con rudeza por las piernas, en silencio, sin alzar la mirada, sin querer saber nada de nadie. Pero unas manos grandes acariciando sus hombros y su espalda, la obligaron a mantener la atención en otra parte. No pudo evitar sentirse tensa ante el tacto de sus manos, probablemente porque James visualizaba la escena desde una perspectiva que ella no podía ver. Se mantuvo en silencio esperando que Heimdall acabase con el favor, con la cabeza agachada y mordiéndose el labio inferior, pensando y meditando si había sido buena idea aquello de las vacaciones.

Con la protección solar ya esparcida sobre sus hombros y espalda, pasó a deshacerse del pantalón vaquero para aplicarse sobre las piernas. La parte inferior del bikini iba a juego con la superior, mismo tejido y color. Dejó caer la prenda sobre el sillón más cercano y rápidamente giró la cabeza buscando al irlandés. -Claro, también limpiaré y te haré la habitación- respondió sarcásticamente a la par que movía la cabeza hacia ambos lados con los ojos en blanco. -Pero como sabía que llegaría este momento y que no podrías evitar decir alguna tontería como esta, me he encargado de hacer un calendario para ver qué días le toca a uno u otro- añadió dirigiéndose hacia su mochila, sacando su varita nuevamente para obtener la agenda. -Aquí la tenéis. Podéis echar un vistazo mientras que voy a MI habitación a dejar mis cosas y así refrescarme cuánto antes. No tardaré- se despidió con un leve gesto de mano mientras subía la escalera y ojeaba desde arriba a los dos jóvenes.
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Re: The road to Majorca I — Jay&Eli

Mensaje por James K. Strauss el Dom Jun 25, 2017 7:17 am

Como era de esperar, el león volvió a arremeter contra Elizabeth.
-¡Déjalo ya, Heimdall!- su tono de voz era firme y serio.-Aunque ahora que lo dices, tal vez las dudas de que seas un hombre las tengo yo…haces comentarios mordaces a las mujeres y por si fuera poco, tardas más en arreglarte que ellas.-dejó caer elevando un poco las cejas para hacer un mayor énfasis en sus propias palabras.
No era frecuente que James hablase a sí a su amigo. Él era el hermano que nunca había tenido, le adoraba y siempre había admirado su seguridad y sus comentarios ingeniosos, pero no soportaba cuando trataba así a Elizabeth, no soportaba lo mucho que le hacía sufrir y lo bien que parecía llevar el secreto de Andrew.

-Lo siento, estoy algo….cansado del viaje- se excusó mientras sacaba todas sus pertenencias de su mochila. Estaba haciendo un tremendo esfuerzo por guardar la compostura cuando a metros de él, el rubio aprovechaba para echarle crema. Cerró los ojos, casi con dolor mientras acababa de pringarse de aquella sustancia blanca.

Cuando levantó la vista y se encontró con las piernas desnudas de la chica, sintió un escalofrío apoderarse de su espalda. Sus ojos recorrieron con avidez su cuerpo hasta que escuchó aquel comentario ácido de boca del irlandés.
La verdad es que un poco tonto sí soy, por eso estás tú echándole crema a la mujer de mi vida, quiso decir, pero tan solo esbozó una amarga sonrisa.
-Me voy a casar, he tenido otras preocupaciones en mente. ¡Cómo se nota que tú no tienes que preocuparse de eso!-comentó pese a que la boda era la menor de sus preocupaciones ahora mismo.

Con un ligero ademán de su varita acabó por echarse la crema en la espalda, y menos mal porque de no haber usado la magia, se le había caído el bote abierto al suelo del susto. Se quedó pálido.
¿Casi todo el verano? Si acababan de llegar y él ya estaba que no podía más. Joder James. Deberías no haber venido,pensó con disgusto mientras apenas era consciente de la discusión entre sus amigos.
No pudo evitar una pequeña risa al ver el calendario que había hecho su mejor amiga. Siempre tan previsora.
- No me importa hacer la cena para los tres, de verdad-comentó ya que sabía que Heimdall haría cualquier cosa por escabullirse de sus obligaciones.

Bajó la voz al ver que la joven se perdía de camino a su habitación.
-¿Por qué no nos vamos de fiesta tú y yo? Ha sido mi cumpleaños, habrá que celebrarlo… ¿no crees? Y siempre se te han dado mejor las chicas a ti que a mí-susurró cómplice esperando que aquella invitación no le pareciese extraña.
Necesitaba olvidar y Heimdall era un genio para eso. Básicamente  las mujeres se acercaban a Strauss por su apellido y la herencia familiar, de eso estaba más que seguro. El rubio, sin embargo, tenía un encanto natural para encandilar a las féminas que él no tenía.


Última edición por James K. Strauss el Dom Jun 25, 2017 8:57 am, editado 1 vez
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Re: The road to Majorca I — Jay&Eli

Mensaje por Heimdall R. Fitzgerald el Dom Jun 25, 2017 7:43 am

Se limpió las manos sobre su propio bañador cuando terminó de untarse la crema, esperando que su piel absorbiera la pegajosa substancia. La mención a cierto acontecimiento propició un resoplido por parte de Heimdall. Sus sentimientos respecto a la boda de James seguían contradiciéndose, incapaces de ponerse de acuerdo. Por una parte, celebraba el compromiso puesto que eliminaría a su mayor competidor, casarse le obligaría a tener que olvidarse de Elizabeth, y eso contribuiría a aliviar la culpabilidad de Heimdall tras ganarse su afecto. Por otra parte, detestaba que James tuviera que casarse. Seguía siendo su amigo del alma, demasiado joven para ligar su vida a otra persona, y el rubio sabía bien que alguien como James nunca sería feliz en un matrimonio sin amor.— ¡Antes muerto que casado! — exclamó, revelando su fobia al compromiso. — Haremos una cosa. Cada uno tiene tres vetos aplicables a todas las vacaciones, cada vez que incumplamos un veto tendremos que pagar un galeón — propuso.  Alzó el brazo, solemne. — Mi primer veto: queda totalmente prohibida cualquier mención a tu inaceptable boda — decretó.

No dudaba que Elizabeth haría gala de su carácter indomable, negándose a realizar los quehaceres del hogar, y que James se ofrecería a actuar en su lugar. Secuelas de conocerse desde niños, prácticamente sabían lo que diría el otro sin necesidad de abrir la boca. — Un calendario de tareas — exclamó, sujetando el papel en cuestión. — Típico de ti, Wellesley, repelente como siempre—. Bajó la mirada, observando los nombres asociados a cada tarea doméstica. —Ha puesto hasta colores, esta chica no tiene remedio — protestó, con una sonrisa perenne que no abandonaba su rostro. Se sentía feliz, feliz de compartir las vacaciones con sus mejores amigos, como en los viejos tiempos. Quería olvidar las preocupaciones, el drama, y simplemente disfrutar.

Cuando Elizabeth se marchó a su habitación, Heimdall seguía analizando el calendario, realizando muecas de desaprobación cada vez que observaba su nombre en una tarea que odiaba realizar. — ¿De fiesta tú y yo? — repitió, asombrado. Dobló el calendario y lo arrojó por las escaleras, palmeando el hombro de su amigo mientras reía suavemente. — ¡Increíble, James! —. Usó su nombre completo como pocas veces. — No eres tan tonto como creía, que pronto te olvidas de que estás comprometido.. mierda, toma nota, te debo un galeón— maldijo — Saldremos de fiesta tú y yo, y conoceremos a algunas chicas de una noche. Promesa — accedió, guiñándole el ojo con complicidad. Llevaba años deseando que James se desmadrara e intentara conocer a otras chicas, de modo que pudiera desligarlo de la única que realmente le interesaba.
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