Volver arriba

As deeply as my love — Privado [FB].

Página 1 de 2. 1, 2  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

As deeply as my love — Privado [FB].

Mensaje por Robert D. McKinnon el Lun Jun 19, 2017 4:40 am


Principios de Marzo.
Semanas después de San Valentín.
Bulgaria, Sala de Entrenamiento de Aurores.

Uno, dos... ¡tres!

De un pequeño salto, tratando de desviar todo el peso de su cuerpo hacia la derecha para esquivar un golpe que iba directo a su mandíbula, el irlandés hacía y deshacía como podía en el poco tiempo que tenía para llevar a cabo el entrenamiento que Lena le proponía semanalmente. Oxidado, como se sentía, corroboraba aquella sensación al sentir como sus piernas se resentían y el tronar de sus huesos parecía querer regalarle una sensación extraña, diferente y un tanto poco acertada. Doliéndose de su propia vergüenza que era mostrarse tan débil delante de aquella persona a la que, desde hacía tiempo, había jurado proteger de cualquier rastro de poca humanidad, trataba de hacer frente a una situación un tanto desconcertante en una sala que parecía hacerse más pequeña a cada nuevo paso que daba — Me distraes, no es para nada justo — indicó, frunciendo el ceño mientras una ceja se alzaba, parando apenas varios segundos para respirar, entrecortadamente, y volver nuevamente a esquivar un golpe que rozó parte de su hombro profiriendo una ligera quemazón.

Que Nöela Coster-De Haes no se contenía ante nada era un hecho. Que parecía tratarlo como a un alumno más era una afirmación. Que lo quería con locura era un paraíso. Aquellas 72 horas en la isla habían dado para mucho, y el lazo que los unía se había afianzado hasta límites insospechados. Todavía recordaba, tontamente, cómo el tiempo había pasado más rápido de lo que hubiera querido, y las vacaciones habían formado parte de una odisea a la que hubiera deseado volver en aquel preciso momento. Ras. Cayó al suelo, tentado de quedarse tumbado durante varios minutos por el placer de, al menos, sentir el frío suelo marmóleo en su mejilla, pero aún le quedaba un poco de dignidad. La suficiente como, para al menos, incorporarse un poco y quedar tumbado boca arriba, respirando agitadamente y buscando nuevamente el ritmo necesario para acompasar su respiración — No me rindo, no te engañes — terció, observando aquella mirada que tanto profundizaba dentro de su propio ser, apartando el sudor de su frente con su propio antebrazo y notando el calor que emanaba su propio cuerpo — Sigues despistándome, tan sólo un minuto, necesito respirar — indicó, al borde de echar una risa que terminaría por trastocarlo.

El entrenamiento era duro, volver a estar en una forma que antaño comprendía como habitual costaba más de lo que hubiese esperado, y todavía se resentía de aquellas heridas que habían dejado marca en forma de cicatrices en su cuerpo. Pero qué manera de volver a su rutina que con ella, qué manera de sentir la adrenalina pudiendo vivir todo aquello de aquella manera.
avatar
deep in the meadow
Mensajes : 178
Gobierno

Conservadores


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: As deeply as my love — Privado [FB].

Mensaje por Noëla Coster-De Haes el Sáb Jun 24, 2017 7:06 pm

Ligereza marcando cada uno de sus pasos. Mortal precisión delineando todo golpe que, uno tras otro, lanzaba. Devoción absoluta fulgurando a través de su mirar, con innegable razón, cada vez que este se topaba con el par de ojos que la enamoraban, si cabía posibilidad alguna de ello, cada día más. Sin embargo, y muy a pesar del amor que le guardaba, los papeles no se invertían y él, tan irremediablemente atractivo con esas gotas de sudor delineándole cada ángulo de su rostro, en ese momento, era parte también de un entrenamiento.  Robert prácticamente se lo había implorado y ella había cedido, porque ¿cómo no hacerlo cuando el simple hecho de que fijase sus ojos, de un magnético azul como el idílico mar del caribe, en ella avivaba en ella tantas emociones? Si el castaño le daba tanto, ella bien podía retribuirle de algún modo.

Y vaya modo aquel de hacerlo.

Puño iba mientras una patada venía. Sin detenerse si quiera a darle ese respiro que tanto pedía su pecho, porque si paraba no estaba segura de volver a comenzar. Tal como le pasó la semana anterior. Los golpes rompían el silencio, en amplias mitades, que pretendía asentarse en medio de la sala de entrenamiento que había separado para aquel día. Al igual que lo había hecho la vez pasada, y la anterior a esa. Invitado indeseado él, atreviéndose a interponerse en medio de algo que para la belga se asemejaba como un ritual sagrado. Más que sagrado, mucho más por el simple hecho de que ahí estaba él, su prometido, defendiéndose de unos puñetazos que nunca buscarían hacerle daño. Hasta que sintió un calambre en su estómago y, por el rabillo del ojo, vio como los rebeldes mechones que se habían soltado de su coleta se oscurecían hasta alcanzar el color de la medianoche. Y todo se desencadenó. La concentración se rompió, se le escapó de las manos y no alcanzó a medir su propio golpe hasta que vio a su prometido, o mejor dicho a su mejilla, besando el poluto mármol.

La preocupación que ensombreció sus ojos al verlo echado, se le esfumó cuando las palabras que pronunció llegaron hasta sus oídos. Entonces, se mordió los labios mientras negaba con la cabeza y se acercaba, con la agitada respiración haciéndole subir y bajar el pecho, hacia donde él se encontraba. ―No lo he pensado si quiera. ―replicó Noëla, apresando sus labios con los dientes como lo haría una niña pequeña que acababa de cometer una travesura y era pillada en el acto. ―En mi defensa diré que no fue mi intención. ―realmente no lo hizo a propósito. Realmente, era algo que le estaba pasando con una frecuencia que la asustaba y le recordaba aquello que aún no compartía. No era momento. Mas, ¿cuándo lo sería? Negó con la cabeza y cedió ante la insistente risa que se le atoraba en la garganta. Una carcajada que reverberó e hizo eco en las blancas paredes del lugar, transformándola en un par mientras le tendía una mano. ―Ni uno ni dos minutos, McKinnon. Arriba. ―ahí estaba ella, la Auror, la Jefa y la Instructora topándose en una sola frase que le recordó situaciones pretéritas que ahora se veían tan nimias en comparación a la avalancha del presente que se avecinaba. ―Aún falta mucho para el descanso. ―el reto quedaba implícito en su mirar anteponiéndose a los orbes de zafiro que la miraban desde el suelo, hasta que sintió otro calambre en su estómago.

Se preguntó, entonces, ¿cuánto más podría seguir así?
avatar
Mensajes : 259
Instructores

Conservadores


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: As deeply as my love — Privado [FB].

Mensaje por Robert D. McKinnon el Dom Jun 25, 2017 7:45 am

El sinfín de movimientos que, con gracilidad, ejecutaba la belga continuamente le producían escalofríos que recorría toda parte de su columna vertebral. Que la había visto ejecutarlos en más de una que otra ocasión era cierto, pero de aquella forma... no comprendía. Más no obstante, a expensas de pensar que quería hacerle daño de verdad, se hacía pensar a sí mismo que todo aquello no era más que parte del entrenamiento, y que acallar su manera de moverse y disminuir la frecuencia de los golpes no era algo que estuviese dispuesto a hacer por mucho que la persona a la que tuviese delante fuese su prometido. Y todo no le producía al irlandés más que cierta satisfacción, lo que conllevaba a una sonrisa que no se iba de su rostro en ningún momento y que, en definitiva, le hacía sentirse más útil y productivo de lo que nunca antes lo había hecho. Y todo gracias a una Celaena que se debatía internamente entre golpearlo con fuerza o frenar un golpe justo a tiempo para no dejarle un moratón más exagerado de lo normal.

Sin embargo ella prefería lo primero, y aquello en cierto modo le llamaba mucho la atención.

— Tregua, ¿se puede pedir tregua? — inquirió, tomando por sí mismo una manera de tratar de incorporarse, vigilando en todo momento que su prometida no le volviese a dedicar un golpe que lo tumbara nuevamente y le hiciera probar nuevamente el frío suelo — que en contraposición a la estancia resultaba hasta bochornoso —. La observaba, con ojo avizor, alzando las cejas ante lo contrastado del color de su cabello que hasta hacía pocos minutos seguía siendo el habitual, pero que entre golpes y respiraciones había cambiado a un intenso negro que la hacía verse más feroz y temeroso que de costumbre. Todo aquello unido al hecho de que Robert no había pasado por alto que parecía aquejarse de algo que guardaba en silencio no hacía más que del entrenamiento una batalla completamente carnal en la que el castaño no descartaba en ningún momento parar a besos por el mero placer de poder satisfacer una necesidad interna que se acrecentaba siempre que pasaba tiempo cerca de ella — Esperaba profundamente que hubiese sido tu intención, mi amor — pregonó, pues de esa manera le haría entender que no se acallaba por el simple hecho de ser la persona a la que más quería, sino que lo apreciaba tanto que quería por todos los medios hacer que el entrenamiento no fuese en vano.

Aún tumbado, cuan largo era, y sintiendo la presión en su torso que mandaba pulsaciones a todo su cuerpo desde su corazón, acercó la mano a la de ella y, con rapidez, la atrajo para acabar finalmente en una posición ventajosa en la que el cuerpo de ella descansaba ahora sobre el suelo y el suyo propio se erguía con fingida temerosidad delante de ella, apoyando una de sus rodillas en el suelo y consiguiendo mantenerla tumbada y aprisionada sin tener que mover más que una de sus manos — No recuerdo si fuiste tú, pero me enseñaron a no bajar la guardia en ningún momento — indicó, aún con la preocupación en su rostro, más dejando asomar una media sonrisa escueta que buscaba en todo momento agradecer el gesto de confianza que Noëla ponía en él al haber aceptado a ser parte de su entrenamiento — Tanto es así que hasta diría que he ganado de no ser porque este golpe si que va a dejar marca — murmuró, entre risas, atrayéndola nuevamente hacia sí para ayudarla a incorporarse, dejando un leve beso en la frente de ella una vez que ambos estaban cara a cara — Cinco minutos no nos vendrán mal, parar a tiempo siempre es buena idea, ¿no lo crees? — preguntó, acercándose a una de las baldas pegadas a la pared, donde varias botellas de agua, alguna que otra vacía, esperaban pacientementes a ser engullidas con deseo — Además creo que tú también lo necesitas — terció, mientras bebía un largo trago. El agua fresca durante un duro entrenamiento era la ambrosía de los dioses.
avatar
deep in the meadow
Mensajes : 178
Gobierno

Conservadores


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: As deeply as my love — Privado [FB].

Mensaje por Noëla Coster-De Haes el Jue Jul 20, 2017 10:01 pm

¿Cuán noble y humilde podría ser Robert que, aun sabiendo por todo lo que habían vivido, todo lo que atravesaron y compartieron, no era consciente de que, para bien o para mal, él podría pedirle lo que sea y ella, sin dilaciones ni titubeos se lo daría? Ciego, tal vez. O necio, también podría ser. La necedad de no darse cuenta que Noëla podría dar su vida entera a cambio de que él estuviera a salvo, podría dar su único ojo con tal de que a él nada le faltare. Por pequeñas cosas así, esos detalles que Robert le regalaba sin darse cuenta es que la rubia se enamoraba cada día más de él. Todas las mañanas al despertar, con los tenues rayos del sol acariciando su mejilla, calentándola del frío que le causaba dormir lejos de él, la belga se preguntaba si él caería en cuenta del gran poder que tenía sobre ella y si, por algún desacato del pérfido destino, él se percataría de cuán pobre resultaba para acompañarlo en lo que le restaba de vida.

Pero luego pasaban cosas como esas, que le regalaban un poco de tranquilidad a las tumultuosas aguas del océano de emociones que albergaba en su interior. Que la hacían sentirse segura, que le recordaban que lo suyo, sin importar cuántos años estuvieran de por medio, cuántas guerras y cuántos mares, estaba destinado a ser.

Te la has dado antes de que aceptase a dártela. —refutó la Auror, sintiéndose un poco mareada. Uno de esos tantos mareos que la aquejaban mañana sí y mañana también en los últimos diez días. El uso de su metamorfomagia sin ser consciente de ello tampoco ayudaba a que se sintiera plenamente bien. Por el contrario, le recordaban que algo en ella estaba cambiando, al igual que su cabello. Esa tonalidad de medianoche se empobrecía, dejándole el color de las nueces tostadas que había desayunado a tempranas horas, antes de que empezase con el entrenamiento. —Mon amour, mi intención es despertar tus sentidos. No que beses el suelo. Tus besos son sólo míos. —evadir el tema le resultaba lo más sano. Por el momento.

Por tiempo indefinido. Es que, ¿cómo podía siquiera sacarlo a relucir cuando no estaba segura de lo que él quería?

Meneó la cabeza, sintiéndose culpable y mentirosa. Lo último era, con gran diferencia, lo que más pronto comenzaría a pasarle factura. Ensimismada en sus propios pensamientos, en la preocupación por el golpe dado a su amado que no vio venir su siguiente movimiento hasta que sintió el choque de temperaturas en su espalda, recorriéndola con un escalofrío ante el roce del frío mármol. —Un consejo que tendré en cuenta a futuro. —una sonrisa a medias, cómplice. Una sonrisa sólo para él. Sonrisa que, sin embargo, se esfumó en cuanto percibió su olor. ¿Cómo era posible que ese perfume tan propio del irlandés que antes adoraba, acabase de producirle náuseas? Inconcebible, por decir cuanto menos. Internamente le agradeció el que se pusieran de pie, no sabía cuánto podría soportar hasta que su cabello se tiñese de algún otro color, estrambótico probablemente, por las arcadas que estaba aguantando. —Sólo por esta vez. —apostilló Noëla, cerrando los párpados –el de su ojo bueno y el que ocultaba tras el parche– en respuesta al beso en su frente.

Inspiró, profusa y pausadamente. Buscaba calmar su respiración, apaciguar ese alud en el que se convirtió su estómago en el último par de minutos. —He parado porque he visto que lo echabas en falta, sólo por eso. —falacia a medias. Embustes imprecisos. Aunque no quisiera reconocerlo, también necesitaba detenerse por un momento. No porque se encontrase exhausta la rubia, sino porque no sabía hasta dónde podría soportar los mareos y las náuseas. —¿Sabes qué me apetece más que agua? Un zumo de naranja. De hecho, creo que nos vendría mejor un zumo que simple agua. —moría, en realidad, por un vaso de naranjada. Sin explicación, como le había pasado durante el desayuno y su extraño gusto por las nueces tostadas. —Y un par de nueces, como en el desayuno. Para reponer las energías. —elocuencia, esa fiel y vieja amiga que la acompañó como ejemplar pupila de Rowena Ravenclaw durante Hogwarts.
avatar
Mensajes : 259
Instructores

Conservadores


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: As deeply as my love — Privado [FB].

Mensaje por Robert D. McKinnon el Lun Jul 24, 2017 8:19 am

— Tranquila, mis besos seguirán siendo solamente para ti, el resto es pura coincidencia, mera casualidad. — pregonó, rodando los ojos con un deje de malicia en su mirada, un toque picaresco que de vez en cuando asomaba por la comisura de los labios del irlandés, el cuál empezaba a preocuparse internamente por el estado de salud de su prometida, la cual no parecía estar viviendo sus mejores momentos — ¿Te encuentras bien? Quiero creer que estás mareada porque tu cabeza no está acostumbrada a tener que romperle las bolas a tu futuro marido. — indicó, bromista, dejando arrastrar las palabras que parecían cansadas en labios del auror, el cuál pretendía con todo aquello dilapidar parte de su pasado tratando de forjar un futuro que se antojaba, sin duda, cada día más apetecible.

Todo en orden, todo bien expuesto. Marlene, viviendo su vida feliz pese a la distancia. La pequeña Lyanna creciendo sana y querida, sin ser olvidada. Ragnor, poniendo en orden sus prioridades y educando una familia que podía ser perfectamente envidiada. Y Noëla, tan ella, tan propia, viviendo un amor que tanto deleitaba las pupilas del irlandés, el cuál trataba de mirarla de arriba a abajo siempre que podía... por mera galantería. Avergonzado, no obstante, siguió bebiendo agua conforme las palabras de ella recibían en alusión que, verdaderamente, lo que tenía no eran ni más ni menos que gustos un tanto peculiares dada la situación — ¿De dónde saco zumo de naranja ahora mismo? — preguntó, echando una rápida ojeada a su alrededor, observando más que cachivaches y artilugios, sacos para apalear y dar patadas, diferentes cuerdas de varios grosores y mucha maquinaria para fortalecer el cuerpo, así como dos tapices, cada cual más grande que el anterior, donde hacía apenas varios minutos habían estado acompasando sus pasos en una pelea que buscaba agilizar el cuerpo, para nada herir al contrario. No mucho, al menos — Puedo salir, si quieres, a buscar algo. No me cabe duda de que Ricky rondará la academia y podrá decirme dónde encontrar las mejores nueces tostadas para su instructora, un poco de agasajo por parte de tus alumnos no viene mal de vez en cuando. — inquirió, con la mirada perdida, nuevamente, en aquel ojo que tanto producía sensaciones alentadoras en todo su cuerpo.

La distancia era inseparable, el camino que los unía parecía llamarle completamente. Y en la cabeza de Robert no cabían más que pensamientos encontrados, preguntándose por qué era que Lena se veía de aquella forma. No quería decirlo en voz alta, pues el del ego herido era él y no ella, pero que su preocupación crecía por momentos era más que notable. Sacudió la cabeza, aún así, y esbozó la mejor de sus sonrisas — De todos modos, estás rara, ¿a qué vienen tantos antojos? Ni que estuvieses embarazada. — rió, acordándose de lo melódica que sonaba su respiración cuando la carcajada se abría pasado a través de su garganta, sintiéndose feliz igualmente ante lo que parecía venírsele encima. Porque tener antojos no era nada preocupante, todo el mundo tenía antojos. ¿No? Se acercó a su posición, con una botella de agua en la mano, ofreciéndosela para que bebiese, destaponándola para que le resultara más fácil beber de su contenido sin tener que preocuparse de nada más, y la tomó de la cintura, agarrándola con suavidad y sintiendo la respiración agitada de ella. Respiración que seguía agitada pese a que habían parado y que en comparación con la de Robert, ahora más calmado, parecía a punto de explotar — ¿Te encuentras bien? ¿Necesitas algo aparte del zumo de naranja y las nueces? Sabes que iría al fin del mundo a encontrar aquello que se te plazca en este instante, tan sólo tienes que pedirlo. — preocupación, alarma. Cariño, cariño sincero por la persona que tenía delante.
avatar
deep in the meadow
Mensajes : 178
Gobierno

Conservadores


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: As deeply as my love — Privado [FB].

Mensaje por Noëla Coster-De Haes el Sáb Jul 29, 2017 4:15 pm

No se encontraba bien como tampoco se hallaba cerca de estarlo. Mas, debía pretender que, de hecho, lo estaba. Fingir que se encontraba de maravilla, que no pasaba absolutamente nada cuando, en efecto, en su interior se arremolinaba un torbellino de proporciones descomunales que la dejaban muda. Que la hacían sentirse como una adolescente con todas las hormonas a flor de piel, que era incapaz de hablar con sus padres por temor a ser pillada. Salvo que para Noëla no eran sus padres a quienes debía hacerles frente, aquello hubiera sido más fácil. Extraordinariamente más fácil. Se trataba de un par de ojos azules que la enloquecían, de una barba que le quitaba el aliento y de un corazón que la enamoraba con cada palpito que oía contra su pecho y con cada respiración que se acompasaba a la propia.

¿Cómo podía, entonces, enfrentar a Robert? Des sottises. ¿Cómo podía, oh, realmente cómo podría, decirle esa verdad que se le atoraba en la garganta, que la asfixiaba y le nublaba el juicio y la hacía sentirse tan insegura de sí misma? Il serait impossible.

Y rió. Por nervios, por amor. Por temor, por diversión. El alúd de emociones, la maldita indecisión, empezarían a volverla loca. Y no quería pensar si quiera cómo serían los siguientes meses. Oh, que Merlín se apiadase de su pobre alma y de lo que se avecinaba, que tuviese la misericordia para que nada de eso se le viniese encima. —¿Creías que eran mentiras las tantas veces que te he dicho que me distraes? Eres y serás la más grande distracción de mi vida, McKinnon. Así que si, me resulta una contradicción entrenar contigo. —expuso, hablando con la verdad en la punta de la lengua. Atesorando el dulce y agradable sabor de la verdad lo más que durase. Comenzaba a tener compasión de sí misma, empezaba a no saber si debía decirle o no lo que pasaba con ella, lo que pasaría con ellos. Meneó la cabeza para espabilar. Para atraerse a sí misma a la realidad, a la situación que debía afrontar en esos instantes. —No, no, déjalo. —se apresuró a decir la belga, recogiéndose el cabello en un moño alto y exhalando con evidente alivio al ver que el dorado de siempre se había vuelto a adueñar de su melena. —Mis alumnos... aún no me acostumbro a ese término, ¿sabes? Y han pasado casi seis meses. —y se mordió la lengua, porque su ávida mente tejió los hilos que no debía. Que debían quedarse aislados por el momento y volvió a sentir como la vista se le nublaba y su vientre se quejaba. Pero, ¿por cuánto más podría guardarse las palabras? —¿Te he contado la vez que se le ocurrió que el mejor escondite era en el frío lago? ¿Qué le enseñaste al pobre muchacho, amor? —los juegos y la complicidad entre ambos la estaba asfixiando.

No, precisamente la asfixiaba el saber que había algo que no le decía. Que entre ambos existía una verdad que no confesaba y que, aun luego de tanto, no sabía cómo o cuándo hacérsela saber.

Merde. Se atoró con sus propios pensamientos, con el tropel de palabras que brotaban de su garganta y se le morían en la punta de la lengua. —¿Antojos? Sólo he dicho que un zumo de naranja nos vendría mejor. —con el párpado ligeramente entrecerrado, le acusó mientras intentaba recomponerse del ataque silente que acababa de pasar. Tragó en seco, con imperceptible dificultad y sintió, una vez más, como el mundo se detenía por una milésima de segundo y su corazón se saltaba ese latido. —Merci, mon amour. —murmuró, tomando con las manos, trémulas y sudorosas, la botella que le ofrecía el irlandés. Agua, preciado líquido que nunca se le antojó tan delicioso. O un buen escape de todo el tren sin frenos que amenazaba con descarrilarse. Un trago a medias. Un trago que casi terminó escupiendo al tenerlo tan cerca. Al percibir tan cerca su olor que en esos instantes  le resultaba de lo más desagradable. —Me encuentro bien. —tres palabras, una falacia. Una mentira oculta tras tosidas y el aguantar la respiración para no sentir más nauseas. —No, de hecho no... —porque ya no pudo soportarlo más. Las arcadas, la mentira. Su cercanía, su olor. Nada de eso.

Se alejó de Robert con cierta dificultad, dejando caer la botella recién abierta tras de sí.
Dejando caer toda la cortina del teatro donde se presentaba la obra que había intentado mantener en escena hasta ese momento.

La diestra, cubriéndole la boca; la zurda, reposando sobre su vientre. Su cabello, un arco iris. Pasó del más brillante verde hasta el sobrio índigo, por un infantil rosa que únicamente conseguía recordarle que debía hablar. —No nos encontramos muy bien que se diga. —fue lo único que dijo Noëla, dejándose caer sobre sus rodillas al sentirse débil por una fatiga y un cansancio que no debían estar ahí pero que le hacían compañía desde que volvieron de su escapada por San Valentín.
avatar
Mensajes : 259
Instructores

Conservadores


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: As deeply as my love — Privado [FB].

Mensaje por Robert D. McKinnon el Sáb Ago 05, 2017 8:10 am

Jocoso, un tanto preocupado no obstante, sentía la sangre arder ante el reconocimiento de que su sola presencia era una distracción para la belga. Podía entender la situación, pues al igual que ella el castaño también sentía la conmoción llamar a su puerta en forma de despiste cuando ella rondaba cerca. Trabajar se tornaba complicado, concentrarse era una completa odisea y transformar su esfuerzo en provechoso era difícil cuando su presencia aparecía por la puerta. Aún así ella llevaba tiempo sin pasar por las oficinas por las que él trabajaba, así que aquella sensación se había perdido en lo más profundo de su cabeza. Pero lo recordaba, como si fuera ayer.

Rió, por lo bajo, llevándose una mano a la frente en señal de vencimiento. Que Ricky era un alumno ejemplar no era una novedad para el irlandés, pero que tenía sus cosas a la hora de llevar a cabo un entrenamiento tampoco. Peculiar, donde los hubiese, la sombra que se cernía sobre los hombros del francés lo llevaban a cometer cosas de las que luego quería no acordarse — Le enseñé a hacer uso de todas las posibilidades, y parece que no ha acabado muy mal encaminado, ¿consiguió despistarte? Si consiguió despistarte no porque no fueses capaz de encontrarlo, sino porque no te esperabas ese escondite, creo que consiguió lo que le pedías. Hay muchas maneras de perder de vista a alguien, a veces hay que jugar con ese despiste inverosímil para poder aparecerte lejos del peligro. — inquirió, con los ojos fijos en ello, con una media sonrisa ladina mientras sus cuerpos se apegaban más de lo acostumbrado en aquella academia donde los aprendices podían aparecer en cualquier momento. Pero no podía evitarlo, la necesitaba tan cerca como el respirar. Y ese día, ella, parecía haber decidido no necesitarlo tanto, pues aunque no parecía reconocerlo, trataba de guardar una distancia insalvable que Robert continuaba por hacer cada vez más y más pequeña.

— Zumo de naranja, un par de nueces... — no estaba muy seguro de que eso fueran antojos o simplemente le apetecía desde hacía ya tiempo, pero Dalerick era la primera vez que escuchaba salir por la boca de su prometida que necesitaba tomar algo de eso desde hace mucho tiempo. El azar tomaba en parte la consideración de cumplir o no aquellas situaciones, y observarla beber de aquella manera no le dejó con un buen sabor de boca. El sudor de ella, mezclado con el temblor que sus dedos producían en la botella — que movía el agua levemente en unas ondulaciones que para nada pasaron desapercibidas —, le hicieron alzar una ceja. Las convulsiones que su pecho parecían regalarle por la mera proximidad del castaño tampoco lo hacían. El alejamiento, con la consecución de pronunciar unas palabras que le dejaron un tanto caótico ante el momento, trataba de arrancarle una parte de si mismo que pensaba que algo no iba bien, que algo había hecho mal, que el error había llamado a su puerta. Y el agua derramarse por completo sobre el empedrado suelo alarmó todas las constantes vitales del auror — ¿Estás bien? ¿De verdad estás bien? — ella había dicho que no lo estaba, se había alejado, había guardado la distancia y había reaccionado de una forma muy diferente a la que lo tenía acostumbrado. Quería entenderla con tan sólo poder mirarla a aquel ojo, como siempre hacía, pero no fue capaz de leer más que preocupación, ¿quizás? Una mezcla de preocupación soldada a fuego interno con la mentira, la desolación y una mezcla de alegría, sorpresa, deseo e intuición.

Y una sorpresa, bien mezclada, haciendo explotar su interno.

— No os encontráis muy bien. — murmuró, repitiendo las palabras de ellas, agachando la mirada a aquel vientre que ansiaba acariciar todas las noches, con la llegada de una luna que bañara el cuerpo de ella. La intriga, la sobriedad de una vida gestándose entre ambos, el tiempo parado a punto de explotar. Una sonrisa, un abrazo, una caricia. Una situación contenida por la mentira, pero qué mentira cuando se hizo verdad — Mi querida Noëla. — susurró, no dudando más de dos milésimas de segundo cuando la vió caer, sujetando con firmeza unos brazos que parecían débiles pero que guardaban muchos años de entrenamiento y experiencia a lo largo de los años — Mi preciosa y querida Noëla. — volvió a susurrar, esbozando una sonrisa amplia, reaccionando ante la noticia de una forma un tanto inesperada, besando la frente de ella a expensas de poder recibir un golpe que lo alejara de su respirar, entendiendo entonces por qué había mantenido las distancias — No hay palabras para decirte lo feliz que soy ahora mismo, no encuentro la forma de decirte que no hay manera más alegre de sentir la necesidad de abrazarte y cuidarte durante el resto de mi vida. — inquirió, tomando la mano donde descansaba un anillo que él mismo le había regalado, poniendo en mesa una promesa de amor, de cariño, de ternura que no pensaba romper. La acunó en sus brazos, sintiendo la cercanía de su pecho con el de él, y acariciando con la mano libre el viente donde ahora se gestaba una nueva vida, una nueva manera de ver las cosas, un nuevo lazo que los uniría por y para siempre.

Y la besó, y quiso hacerla la mujer más feliz del universo, y se sintió querido de igual manera — ¿Cuánto tiempo has estado ocultando todo esto? ¿Y por qué pensaste que lo mejor era hacerlo? Sabes cómo soy, sabes lo que me preocupa tu bienestar, y quizás haya sido un tanto atrevido por tu parte llevar a cabo este y todos los entrenamientos posteriores con esa vida gestándose. — terció, no molesto, no enfadado, si preocupado. Preocupado porque la preocupación era el principal motor que alimentaba la vida del irlandés. El altruismo con el que se desenvolvía, la manera de cuidar de aquello que le pertenecía y que quería que seguiera prevaleciendo. Y el ataque gratuito, la cantidad de información, el cúmulo de pensamientos y de palabras que tendría que decir durante los próximos meses... oh, la vida. Cómo jugaba de aquella forma con el pensar de todos los presentes. De todos los que se habían ido. Y de todos los que estaban aún por llegar.
avatar
deep in the meadow
Mensajes : 178
Gobierno

Conservadores


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: As deeply as my love — Privado [FB].

Mensaje por Noëla Coster-De Haes el Sáb Ago 12, 2017 3:44 pm

¿Por qué le resultaba tan difícil contarle lo que acontecía? Decirle la verdad. Soltársela, sin pensar, sin titubear. Como debía ser, como siempre hacía con todo. Es que, ¿por qué se le atoraban las palabras, una tras otra, en la boca? Todo eso, todo comenzaba a superarla en demasía y la belga no sabía qué hacer para detenerse el tren sin frenos, para bajarse de esa montaña rusa a la que se subió por su cuenta. Por miedo. Por egoísmo. Por todo y por tanto, que en lugar de servirle de alivio le recordaban cuán erradas han sido sus últimas acciones. Cuán reprochables han sido cada una de estas y cuán ruin era aquella actitud que adoptó desde que se enteró. Ruin, sí. Ruin porque seguía pensando en ella como una sola, porque seguía tomando decisiones por su cuenta. Insensata. Como si no hubiera aprendido la lección de una buena vez por todas. La definitiva. La que la sacaría del círculo vicioso al que se subía cada cuanto, cada vez que las cosas se le escapaban de las manos.

Mas, era la vida lo que se le estaba escurriendo como arena entre los dedos. Su vida y la de alguien más. Su vida y la de su hijo. Tan suyo como tan de Robert.

Una vez más, Noëla se atragantó con las palabras que no terminaban de salir. Se atragantó con la verdad y la mentira, se enredaron, egoístas y vengativas, en su fuero interno y le recordaron el alto coste de no decir las cosas a tiempo. Y no sólo ellas. Las arcadas también. Inconmovibles y desagradables. Oleadas de repulsión que hacían y deshacían a su gusto en su interior, que la trataban como una endeble y frágil títere. Merecido se lo tenía por acallar un secreto que no le correspondía, que no era sólo suyo para ocultar. Y ahí, en medio de la implacable tormenta que azotaba al Atlántico, estaba él. Siempre estaba ahí. Su salvador, su redención. Siempre Robert, siempre procurando por ella y velando para que no fuere tan dura consigo misma, tal como lo estaba siendo en ese momento, en ese preciso instante en que las náuseas no cesaban y la metamorfomagia se creía dueña de su cabello. ¿Qué de bueno habría hecho en la vida, se preguntaba Celaena vez tras vez, para que esta le haya obsequiado como compañero a alguien como Robert McKinnon? Tal vez, muy probablemente, estaba siendo dura consigo misma. Pero, también estaba siendo muy honesta al respecto.

Sinceridad, cruda verdad, al admitir que nunca dejaría de preguntarse qué vio el irlandés en ella para quedarse a su lado a pesar de todo.   

Y, muy a pesar de sí, a pesar de todos los esfuerzos que puso la rubia, ocurrió lo inevitable. Un segundo o dos. Quizás menos, tal vez más, era indiferente. Mas, luego de confesar esa verdad a la que se había aferrado con ahínco las últimas semanas, y de que el castaño llegase a su lado, la besase y la sujetase, la hiciese sentir en casa, cedió ante las arcadas y vomitó. Se apartó lo suficiente y regurgitó el delicioso desayuno que había preparado junto a su prometido. Al padre de ese bebé que, aún con pocas semanas, se hacía saber presente. —Excusez-moi...—masculló débilmente al recuperarse de lo que acababa de pasar, sintiendo una especie de alivio recorriéndole el cuerpo. Alivio que se esfumó, se evaporó sin más, en cuanto percibió una vez ese perfume. —¿Puedes alejarte un poco?—palabras que en definitiva no eran las mejores, que no se comparaban en nada a las palabras rebosantes de amor que el irlandés acababa de profesarle. —Acabo de vomitar a causa de tu perfume y no se me antoja volver a hacerlo. —acertó a decir Celaena, recogiendo en un pobre movimiento de manos su colorida melena. —Me estoy sintiendo la peor mujer de todo el planeta. —y en otro movimiento ya no descansaba sobre sus rodillas sino que sobre sus tobillos. —No era la manera en que me hubiera gustado que te enteraras. Aunque no había pensado una manera, te aseguro que esta no era. —se permitió decir la verdad como no había hecho en los pasados días, en las últimas horas. —Digamos que la comida caribeña es muy buena para la fecundación y nosotros somos muy malos para la planificación. —ese humor tan suyo que llevaba desaparecido tomó la batuta y, de cierto modo, lo agradeció. —¿Puedes limpiar eso? No cargo mi varita. —le pidió al irlandés, con vergüenza brillando en su ojo. Porque se encontraba avergonzada, y en demasía.

Debía sincerarse, debía confrontar sus miedos y contárselos a su prometido era la mejor manera de hacerlo. La única que se le ocurría. —Robert, tendremos un hijo que será menor a tu nieta... O una hija, es muy pronto para saberlo.—Robert, no Robb. No McKinnon. Robert siempre que quería hacerle partícipe de la seriedad que la abrumaba. —Y nunca hablamos sobre tener nuestros propios hijos.. nunca hablamos si querías volver a ser padre o si yo tengo material para ser madre... Yo, que apenas tengo un ojo y nunca he sido buena con los niños... —su respiración empezó a acelerarse, desesperada ante el tsunami de lágrimas que deseoso se encontraba de arrasar con todo. —¿Qué clase de madre podré para ser nuestro bebé?—y ahí estaba, su mayor miedo finalmente siendo expresado en voz alta.
avatar
Mensajes : 259
Instructores

Conservadores


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: As deeply as my love — Privado [FB].

Mensaje por Robert D. McKinnon el Lun Ago 14, 2017 12:23 pm

La preocupación, palpante, trazaba una línea en el rostro de la belga que, ciertamente confusa, parecía estar deliberando en su cabeza la forma en la que acometer una culpa de la que, verdaderamente, no era perfectamente poseedora. ¿En qué cabeza quizás podía llegar a caber que todo aquello había sido un error? No estaba seguro de si los pensamientos de la rubia — la cual libraba también una batalla no sólo con sus síntomas sino con su propia metamorfomagia que le hacía ver de un nuevo color a cada segundo que pasaba — estaban henchidos en el caos propio de haber ocultado aquello desde que se hubo enterado, o si tan sólo pregonaba a los cuatro vientos en busca de ayuda por no saber si sería capaz de acontecer en la vida de una criatura que ya se estaba gestando — Qué es de un hijo sin sus padres. — casi afirmó, preguntó en cierta manera, haciéndola levantar el rostro con el índice de su diestra, esbozando una ligera sonrisa en la comisura de sus labios y paseando su dedo por aquellos labios que tan encandilados le tenían.

Su siguiente premisa, no obstante, la que realmente la estaba atacando internamente, no tardó en llegar. Y casi por acto reflejo pues en ningún momento se le hubo ocurrido separarse de su amada, la cuál no parecía muy contenta con tenerlo cerca en ese preciso instante — Celaena... — murmuró, guardando las distancias, obviando por un momento la escena que allí se había producido y cómo la estancia se cubría de un perfume que para nada resultaba embriagador. Haciendo acopio de fuerzas, tratando de restarle importancia al momento, le dejó un espacio que quería sobrepasar y  trazó una línea imaginaria que dividía el terreno en el que ella se movía con el terreno que el irlandés pisaba. Recorrió la habitación con la mirada, atrayendo con su varita varias botellas de agua hasta dar precisamente con aquella que todavía seguía llena y se la tendió, amablemente, no sin antes hacer caso a su petición y recoger con la misma soltura el estropicio que se había formulado en el suelo de la sala de entrenamiento — Supongo que es normal, aunque me costará acostumbrarme. — indicó, pues sería duro para el castaño tener siquiera que pensar en alejarse varios metros de la que pronto sería su mujer precisamente porque el aroma que desprendía le resultaba doloroso a sus fosas nasales — Quiero decir, no concibo la idea de separarme de ti y menos ahora que estás en este estado. — se encogió de hombros, levantándose y tratando de ayudarla a incorporarse, acercándola a una de los bancos que descansaban en los laterales de la habitación, cercanos a las paredes donde varias perchas colgaban instrumentales y diversas armas que, antaño, seguramente se habían usado concienzudamente y que hoy en día ya no eran ni necesarias con tanta magia.

— Creía que ya había dejado bien claro que planificar y Robert no son palabras muy convenientes, mi vida ha sido un completo bullidero en los últimos años como para siquiera plantearme haberlo planificado en mi cabeza antes. — sopesó, con la mirada perdida en las manos de ella, sujetándolas con firmeza manteniendo la distancia que sus brazos le permitían, casi sintiendo cómo el fino hilo que los unía quería estrecharse. Suspiró, apartando su pelo con la mano que tenía libre, recogiendo ese flequillo hacia atrás que pedía a gritos un corte. Para Lena todo aquello era nuevo, era una forma diferente de ver la vida. La peligrosidad con la que trabajaba, con la que se había visto envuelta durante tantos años, pasaría a un segundo plano ahora que la vida de alguien dependían no sólo de su vida, sino de su presencia — A veces lo mejor es dejar que las cosas sucedan, no hay que buscarles razón ni pararse a pensar cómo sería. El si y el no vienen dados con el paso de los días, afrontar lo que se te viene encima es la mejor manera de planificar las cosas. El futuro no tardará en llegar de todos modos. — inquirió, con una sonrisa.

— No serás, en absoluto, una mala madre si eso es lo que tu cabeza anda pensando ahora mismo, cariño mío. — procuró, con palabras bien medidas, pues cualquier situación enrevesada no haría más que hacerla llorar, o eso suponía, recordando que Samantha hubo llorado cuando no sabía exteriorizar lo que sentía estando encinta — No se me ocurre persona más capacitada para esto que tú, querida, y en ningún momento has de pensar que vas a estar sola en todo esto, somos varios en la familia con experiencia. — corroboró, acordando entonces que no sólo Robert tenía hijas. Sino que Ragnor, precisamente, había sido capaz de criar no sólo a las suyas, sino prácticamente a Marlene también, en ausencia de su mujer y de su mejor amigo — Ahora mismo sólo te queda pensar en cómo tomarte tu trabajo, calmar la tensión que puedas estar sintiendo y recordar, continuamente, que no me voy a separar de ti en ningún momento. — hizo una pausa, pensándolo bien — A menos, claro está, que me eches a patadas porque se te haga insoportable, o que el Ministerio tenga buenas ideas para mi, cosa que estoy seguro sabré perfectamente como afrontar sin que te des cuenta de que he estado fuera varios días. — o semanas.

Pensarlo se le hacía duro, pero entregarse a Noëla era lo que había decidido. ¿Cómo abandonarla a su suerte? No cabía en cabeza del McKinnon, mucho menos cuando la duda, el miedo y la desolación la azotaban por no verse capaz de sobrellevar todo aquello.
avatar
deep in the meadow
Mensajes : 178
Gobierno

Conservadores


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: As deeply as my love — Privado [FB].

Mensaje por Noëla Coster-De Haes el Jue Ago 31, 2017 3:57 pm

Ese estado. Par de palabras escuetas, pero tan cargadas de connotaciones que abofetearon a la belga sin misericordia alguna. Oh, cuán desconcertante resultaba el azar de la vida. Ella, quien siempre creyó haber expuesto su cuerpo, su mente y su alma a situaciones tan adversas e intensas se sentía una novata ante la avalancha de emociones que comenzaban a atestarle el cuerpo. La vida misma se sentía tan extraña, ajena a la realidad con la que despertaba cada mañana y se iba a dormir todas las noches. Todo eso se esfumó, sin siquiera atreverse a despedirse, de un día para el otro. Vacía. Indigna de experimentar lo que se gestaba en su vientre. Todas, menos ella. Ella no, ser madre no era lo suyo. Apabullada, así como estaba, pretendió recordar alguna vez que se vio a sí misma cargando a un bebé entre brazos. Nunca, por supuesto. Y, como nunca, se sintió una mentirosa sin remedio. Lo había pensado, en algún momento. En sus sueños, se recordó, había representado con grata ilusión la idea de formar una familia.

Una familia con Robert. Concluyó entonces, que el castaño siempre era la pieza que le faltaba sus rompecabezas. Su complemento. Aquel indescriptible color que, sublime en todo su esplendor, por tanto tiempo faltó en su paleta. Por él, y nadie más que él, se había planteado infinidad de escenarios que jamás concibió plausibles. Por él, y nadie más que él, había comprendido tanto y dejado de intentar entender otro poco.

Absorta, se dejó ayudar por Robert. Incorporarse nunca antes le significó un movimiento que demandase toda su concentración. Si fuera por ella, se dejaba caer sobre el pecho de su prometido con los latidos de su corazón arrullándole, como si se tratase de una perfectísima canción de cuna. Mas, no era sólo ella. Ya no, y aunque el pensamiento le resultase inconcebible debía comenzar a hacerse a la idea de ello. Del mismo modo en que, sospechó, debía hacerse a la idea de que el perfume del irlandés le provocaría nauseas. —Ni siquiera creo que sea normal. ¿Cómo puede serlo?—inadmisible le resultaba, más que nada. Pero estaba pasando y no necesita más prueba que el revuelo en su pecho mientras caminaban hacia uno de los bancos dentro de la sala de entrenamiento. —¿Cómo puede ser normal que no tolere tu presencia?—preguntó, deseosa de una respuesta que calmase el torrente de sin respuestas que comenzaba a tragársela viva. —Y que me provoques nauseas cuando estoy acostumbrada a que me provoques otras cosas. —se acomodó con cierta dificultad. Sus movimientos, torpes y lentos la dibujaban como una figura irreconocible de quién era Noëla Coster-De Haes. —Yo ni siquiera sé cómo pasó...—negación. Esa parecía ser la etapa en la que se encontraba. —O sea, obviamente sé cómo. No estoy segura de cuál de las veces o de las posiciones. —hablaba con suma soltura, como si tratase de un tema de lo más normal. Como si no temiese que alguno de los aprendices de la Academia entrasen en la sala y, por fortuna o ignominia, consiguiera oír a su Rectora hablar sobre su vida privada. —Pero no sabía que a mi edad podría suceder así. —por su edad, por su ritmo de vida, por eso y más cosas que prefirió callar porque ya no tenían motivo de ser aclaradas. —Te amo. Aunque no soporte tu olor, recuerda que te amo. —¿cómo no hacerle cuando, sin importar la situación que afrontasen, él siempre, siempre, acertaba a decir las palabras que su fuero interno necesitaba oír?

En ese momento, Celaena odió cuán sensible era su comportamiento en los últimos días. En los últimos minutos. Pero, también odió ese sentimiento, oscuro e indeseado, que escalaba por sus venas y bombeaba, con inesperada vehemencia, hasta hacerla sentir miserable e incapaz de sobrellevar la situación. —Todos en la familia la tienen. —expuso, sintiéndose tan pequeña. Vulnerable. Robert tenía razón. Tanto él como su mellizo habían sido ya padres. La propia hija de él, Marlene se había coronado como madre haría ya un año. Meneó la cabeza, sintiendo como si la madera bajo sus pies empezaba a astillarse, a romperse hasta dejar un agujero por el cual podría lanzarse. Eran diferentes circunstancias, las de todos ellos. La rubia, por un lado, nunca se vio a sí misma como madre y la idea, por más que ya hubiera soñado con ella, se le antojaba desconocida. —Robert, no me entiendes. Yo no tengo material para ser madre. —los temores que la aquejaban, que la torturaban y, sedientos, perseguían. —No puedo pasar de ser la tía divertida que visita cada ciertos años a convertirme en un desastre materno porque no sabe cambiar un pañal. O preparar la mamila. Todavía no hemos decidido dónde viviremos. — ni siquiera había pensado sobre qué haría cuando el embarazo fuese más evidente y debiese tomarse las cosas con más calma. Calma, una palabra que nunca antes estuvo en su diccionario y que pronto se convertiría en su día a día. En su mártir.

¿Esto es normal? Que llore por todo, por nada... me siento tan inútil. —pequeñas gotitas de agua delineaban sus pómulos en una suave caricia, haciéndose notar segundo tras segundo mientras se encogía lo más que podía. —Noëla Coster-De Haes no llora. —entonces recordó la última vez que lloró, que dejó que todo saliese de su interior mientras la luna de agosto la bañaba con una tenue luz. Hace quince años había llorado por última vez, de vuelta en la torre de Ravenclaw cuando la noticia de la muerte de Henrik se materializó. —No lloraba. —aseveró, afianzando el agarre de sus manos con las del irlandés y sintiendo, una vez más, lo que era tener alguien a quien sujetarse cuando la tormenta se tornaba borrascosa.
avatar
Mensajes : 259
Instructores

Conservadores


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: As deeply as my love — Privado [FB].

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Página 1 de 2. 1, 2  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:

No puedes responder a temas en este foro.