As deeply as my love — Privado [FB].

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As deeply as my love — Privado [FB].

Mensaje por Robert D. McKinnon el Lun Jun 19, 2017 4:40 am


Principios de Marzo.
Semanas después de San Valentín.
Bulgaria, Sala de Entrenamiento de Aurores.

Uno, dos... ¡tres!

De un pequeño salto, tratando de desviar todo el peso de su cuerpo hacia la derecha para esquivar un golpe que iba directo a su mandíbula, el irlandés hacía y deshacía como podía en el poco tiempo que tenía para llevar a cabo el entrenamiento que Lena le proponía semanalmente. Oxidado, como se sentía, corroboraba aquella sensación al sentir como sus piernas se resentían y el tronar de sus huesos parecía querer regalarle una sensación extraña, diferente y un tanto poco acertada. Doliéndose de su propia vergüenza que era mostrarse tan débil delante de aquella persona a la que, desde hacía tiempo, había jurado proteger de cualquier rastro de poca humanidad, trataba de hacer frente a una situación un tanto desconcertante en una sala que parecía hacerse más pequeña a cada nuevo paso que daba — Me distraes, no es para nada justo — indicó, frunciendo el ceño mientras una ceja se alzaba, parando apenas varios segundos para respirar, entrecortadamente, y volver nuevamente a esquivar un golpe que rozó parte de su hombro profiriendo una ligera quemazón.

Que Nöela Coster-De Haes no se contenía ante nada era un hecho. Que parecía tratarlo como a un alumno más era una afirmación. Que lo quería con locura era un paraíso. Aquellas 72 horas en la isla habían dado para mucho, y el lazo que los unía se había afianzado hasta límites insospechados. Todavía recordaba, tontamente, cómo el tiempo había pasado más rápido de lo que hubiera querido, y las vacaciones habían formado parte de una odisea a la que hubiera deseado volver en aquel preciso momento. Ras. Cayó al suelo, tentado de quedarse tumbado durante varios minutos por el placer de, al menos, sentir el frío suelo marmóleo en su mejilla, pero aún le quedaba un poco de dignidad. La suficiente como, para al menos, incorporarse un poco y quedar tumbado boca arriba, respirando agitadamente y buscando nuevamente el ritmo necesario para acompasar su respiración — No me rindo, no te engañes — terció, observando aquella mirada que tanto profundizaba dentro de su propio ser, apartando el sudor de su frente con su propio antebrazo y notando el calor que emanaba su propio cuerpo — Sigues despistándome, tan sólo un minuto, necesito respirar — indicó, al borde de echar una risa que terminaría por trastocarlo.

El entrenamiento era duro, volver a estar en una forma que antaño comprendía como habitual costaba más de lo que hubiese esperado, y todavía se resentía de aquellas heridas que habían dejado marca en forma de cicatrices en su cuerpo. Pero qué manera de volver a su rutina que con ella, qué manera de sentir la adrenalina pudiendo vivir todo aquello de aquella manera.
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Re: As deeply as my love — Privado [FB].

Mensaje por Noëla Coster-De Haes el Sáb Jun 24, 2017 7:06 pm

Ligereza marcando cada uno de sus pasos. Mortal precisión delineando todo golpe que, uno tras otro, lanzaba. Devoción absoluta fulgurando a través de su mirar, con innegable razón, cada vez que este se topaba con el par de ojos que la enamoraban, si cabía posibilidad alguna de ello, cada día más. Sin embargo, y muy a pesar del amor que le guardaba, los papeles no se invertían y él, tan irremediablemente atractivo con esas gotas de sudor delineándole cada ángulo de su rostro, en ese momento, era parte también de un entrenamiento.  Robert prácticamente se lo había implorado y ella había cedido, porque ¿cómo no hacerlo cuando el simple hecho de que fijase sus ojos, de un magnético azul como el idílico mar del caribe, en ella avivaba en ella tantas emociones? Si el castaño le daba tanto, ella bien podía retribuirle de algún modo.

Y vaya modo aquel de hacerlo.

Puño iba mientras una patada venía. Sin detenerse si quiera a darle ese respiro que tanto pedía su pecho, porque si paraba no estaba segura de volver a comenzar. Tal como le pasó la semana anterior. Los golpes rompían el silencio, en amplias mitades, que pretendía asentarse en medio de la sala de entrenamiento que había separado para aquel día. Al igual que lo había hecho la vez pasada, y la anterior a esa. Invitado indeseado él, atreviéndose a interponerse en medio de algo que para la belga se asemejaba como un ritual sagrado. Más que sagrado, mucho más por el simple hecho de que ahí estaba él, su prometido, defendiéndose de unos puñetazos que nunca buscarían hacerle daño. Hasta que sintió un calambre en su estómago y, por el rabillo del ojo, vio como los rebeldes mechones que se habían soltado de su coleta se oscurecían hasta alcanzar el color de la medianoche. Y todo se desencadenó. La concentración se rompió, se le escapó de las manos y no alcanzó a medir su propio golpe hasta que vio a su prometido, o mejor dicho a su mejilla, besando el poluto mármol.

La preocupación que ensombreció sus ojos al verlo echado, se le esfumó cuando las palabras que pronunció llegaron hasta sus oídos. Entonces, se mordió los labios mientras negaba con la cabeza y se acercaba, con la agitada respiración haciéndole subir y bajar el pecho, hacia donde él se encontraba. ―No lo he pensado si quiera. ―replicó Noëla, apresando sus labios con los dientes como lo haría una niña pequeña que acababa de cometer una travesura y era pillada en el acto. ―En mi defensa diré que no fue mi intención. ―realmente no lo hizo a propósito. Realmente, era algo que le estaba pasando con una frecuencia que la asustaba y le recordaba aquello que aún no compartía. No era momento. Mas, ¿cuándo lo sería? Negó con la cabeza y cedió ante la insistente risa que se le atoraba en la garganta. Una carcajada que reverberó e hizo eco en las blancas paredes del lugar, transformándola en un par mientras le tendía una mano. ―Ni uno ni dos minutos, McKinnon. Arriba. ―ahí estaba ella, la Auror, la Jefa y la Instructora topándose en una sola frase que le recordó situaciones pretéritas que ahora se veían tan nimias en comparación a la avalancha del presente que se avecinaba. ―Aún falta mucho para el descanso. ―el reto quedaba implícito en su mirar anteponiéndose a los orbes de zafiro que la miraban desde el suelo, hasta que sintió otro calambre en su estómago.

Se preguntó, entonces, ¿cuánto más podría seguir así?
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Re: As deeply as my love — Privado [FB].

Mensaje por Robert D. McKinnon Ayer a las 7:45 am

El sinfín de movimientos que, con gracilidad, ejecutaba la belga continuamente le producían escalofríos que recorría toda parte de su columna vertebral. Que la había visto ejecutarlos en más de una que otra ocasión era cierto, pero de aquella forma... no comprendía. Más no obstante, a expensas de pensar que quería hacerle daño de verdad, se hacía pensar a sí mismo que todo aquello no era más que parte del entrenamiento, y que acallar su manera de moverse y disminuir la frecuencia de los golpes no era algo que estuviese dispuesto a hacer por mucho que la persona a la que tuviese delante fuese su prometido. Y todo no le producía al irlandés más que cierta satisfacción, lo que conllevaba a una sonrisa que no se iba de su rostro en ningún momento y que, en definitiva, le hacía sentirse más útil y productivo de lo que nunca antes lo había hecho. Y todo gracias a una Celaena que se debatía internamente entre golpearlo con fuerza o frenar un golpe justo a tiempo para no dejarle un moratón más exagerado de lo normal.

Sin embargo ella prefería lo primero, y aquello en cierto modo le llamaba mucho la atención.

— Tregua, ¿se puede pedir tregua? — inquirió, tomando por sí mismo una manera de tratar de incorporarse, vigilando en todo momento que su prometida no le volviese a dedicar un golpe que lo tumbara nuevamente y le hiciera probar nuevamente el frío suelo — que en contraposición a la estancia resultaba hasta bochornoso —. La observaba, con ojo avizor, alzando las cejas ante lo contrastado del color de su cabello que hasta hacía pocos minutos seguía siendo el habitual, pero que entre golpes y respiraciones había cambiado a un intenso negro que la hacía verse más feroz y temeroso que de costumbre. Todo aquello unido al hecho de que Robert no había pasado por alto que parecía aquejarse de algo que guardaba en silencio no hacía más que del entrenamiento una batalla completamente carnal en la que el castaño no descartaba en ningún momento parar a besos por el mero placer de poder satisfacer una necesidad interna que se acrecentaba siempre que pasaba tiempo cerca de ella — Esperaba profundamente que hubiese sido tu intención, mi amor — pregonó, pues de esa manera le haría entender que no se acallaba por el simple hecho de ser la persona a la que más quería, sino que lo apreciaba tanto que quería por todos los medios hacer que el entrenamiento no fuese en vano.

Aún tumbado, cuan largo era, y sintiendo la presión en su torso que mandaba pulsaciones a todo su cuerpo desde su corazón, acercó la mano a la de ella y, con rapidez, la atrajo para acabar finalmente en una posición ventajosa en la que el cuerpo de ella descansaba ahora sobre el suelo y el suyo propio se erguía con fingida temerosidad delante de ella, apoyando una de sus rodillas en el suelo y consiguiendo mantenerla tumbada y aprisionada sin tener que mover más que una de sus manos — No recuerdo si fuiste tú, pero me enseñaron a no bajar la guardia en ningún momento — indicó, aún con la preocupación en su rostro, más dejando asomar una media sonrisa escueta que buscaba en todo momento agradecer el gesto de confianza que Noëla ponía en él al haber aceptado a ser parte de su entrenamiento — Tanto es así que hasta diría que he ganado de no ser porque este golpe si que va a dejar marca — murmuró, entre risas, atrayéndola nuevamente hacia sí para ayudarla a incorporarse, dejando un leve beso en la frente de ella una vez que ambos estaban cara a cara — Cinco minutos no nos vendrán mal, parar a tiempo siempre es buena idea, ¿no lo crees? — preguntó, acercándose a una de las baldas pegadas a la pared, donde varias botellas de agua, alguna que otra vacía, esperaban pacientementes a ser engullidas con deseo — Además creo que tú también lo necesitas — terció, mientras bebía un largo trago. El agua fresca durante un duro entrenamiento era la ambrosía de los dioses.
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