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Styx [Flashback]

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Styx [Flashback]

Mensaje por Fiorella M. De Sica el Mar Jun 06, 2017 1:37 pm

Mañana de Navidad de 1979
Hogar de los hermanos De Sica
Fiorella se encuentra sola en casa a esperas que su hermano llegue para celebrar juntos el día de Navidad. Es la primera vez que la pasará en Reino Unido, lejos de la casa familiar.




Los débiles rayos de sol que lograban evitar las nubes grises que esa mañana de invierno, para sorpresa mal fingida, cubrían el cielo de la capital británica, atravesaban los cristales que a esa hora alumbraban una de las estancias de la casa; la luz bañaba la opaca pintura del instrumento por antonomasia que reinaba en la casa, haciendo nacer un llamativo brillo a lo ancho de las cuerdas al aire libre y el teclado. Mas no era el único intruso sobre las teclas. Los dedos de Fiorella danzaban sobre sostenidos y bemoles con la delicadeza de aquellos que sienten cada nota vibrar, que nacen y se reproducen, los que convierten el instrumento en una extensión de sus extremidades que dominan con maestría. Ironía que esos dedos pudieran conocer tal finura exquisita, sensible, mientras que, en contra posición, podían aferrar una varita con la fiereza digna del cerbero que protegía las tierras de los muertos, impidiendo el paso a los indignos.

Las melodías volvieron a resonar en el hogar de los De Sica paulatinamente. Viejas composiciones mejoradas y otras nuevas que llegaban cada día; a la memoria de la castaña regresaban los recuerdos, los mismos que tomaban la forma de una nota diferente.

No era la única de las novedades. Ese año el techo bajo el que pasaría las fiestas estaba decorado, no en exceso, pues ninguno de los herederos de la familia era gran devoto de sobrecargar la vista con colores que chirriaban la visión, con destrozar los tímpanos tras horas y horas de villancicos, de colocar un vegetal de dos metros en medio del salón o pasear para respirar el ambiente lleno de amor. Sin embargo, la ocasión era diferente, especial, ambos pasarían ese día juntos y tras cavilar la posibilidad de desempolvar adornos que no veían la luz de un nuevo día desde hacía poco más de un lustro, algún que otro llamativo objeto colgaba por la casa, despertando una extraña sensación en Fiorella. Una calidez olvidada. Esa que la reconfortó y disgustó a partes iguales, a sabiendas que sólo disfrutaría de esas fechas, de su vida en general, a medias.

-Suena hermoso, señorita-

La italiana posó su mirar en el origen de aquella voz. En el umbral de la puerta, con sus grandes ojos avellana observando, se encontraba Omeron, el elfo doméstico que pertenecía a su padre pero que ahora pasaba a ser propiedad de los hermanos o mejor dicho de Fiorella pues, si bien obedecía por igual a Domenico era sabido a quien correspondía la ciega lealtad del elfo -Gracias, Omeron- una de las comisuras de sus labios se curvó. Tan sólo fue un segundo, lo suficiente para que el elfo se sintiera reconfortado -¿Es una nueva pieza, señorita?- la criatura avanzó paso a paso con la confianza que aportaban los años de buenos tratos que la castaña, a diferencia de su progenitor, le dieron -No sabe cuánto me alegra que vuelva a tocar, la casa ahora vuelve a tener magia- de nuevo el par de miradas se reencontraron. Durante la niñez de la benjamina el elfo había pasado todo el tiempo que sus servicios le permitían junto a ella, mientras trataba de acostumbrar sus infantes dedos a los marfiles, regocijándose con la música que creaba. Hasta que el silencio reinó durante años de la mano de la oscuridad -¿Crees que le gustará a Domenico?- cuestionó, ocultando la sonrisa que le sonsacó ver el brillo de inquietud en los ojos avellana al nombrar al primogénito -Por supuesto, al señorito De Sica le encantará- las falanges de la fémina, hasta hace unos segundos en movimiento, cesaron su actividad -Se hace extraño volver a retomarlo. Pasaron años pero es como si fuese ayer- considerada un prodigio de la rama artística, su retirada de ese mundo supuso la gran sorpresa para los cercanos que la conocían, en parte por la incapacidad de comprender el dolor por el que atravesaba y el que causaba en su ser cada vez que tomaba asiento sobre la banqueta. Pues el instrumento hacía flotar sus emociones, sentimientos que se negó a mostrar al mundo, los mismos que por los siguientes años la consumieron por dentro al igual que un ponzoñoso veneno.

-Me privé, Omeron. Durante años me negué todo cuanto me recordara a Andrea. Al menos dentro de lo posible- había cosas de las que nunca podría renegar, como tener la imagen de su hermana cada vez que cruzara ante una superficie reflectante -El piano me recordaba a las clases que ya no tomaríamos juntas, ni las veces que tocaría alguna canción para aliviarla si se encontraba mala o triste; me recordaría eternamente el hueco desocupado de la banca, la parte de mi que se marchó- la palma de su mano acarició con aire distraído la tela del asiento, inmersa en pensamientos -Simplemente no era lo bastante fuerte para afrontar la pérdida- el elfo reposaba junto a la italiana, sentado sobre el instrumento, acto que sólo a él le permitía -No he conocido a bruja más fuerte que usted, señorita. Ha sobrevivido a cosas terribles, es una luchadora-

Las orbes verdosas analizaron los grandes ojos del ser apreciando la sinceridad en estos. El rostro de Fiorella, como era de esperar, sumido en una constante gesto inexpresivo, se contrajo ligeramente -Estoy preocupada, Omeron- el murmullo abandonó sus labios mientras cerraba la cubierta del teclado con cautela -¿A qué se debe, señorita?- las avellanas que portaba por orbes volvieron a analizarla.

-Los sueños se han vuelto más recurrentes. En su mayoría carecen de importancia, son actividades cotidianas o incidentes pequeños que no recuerdo hasta que estoy a punto de vivirlo, como un déjà vu. Pero algunos son... oscuros. Veo oscuridad, siento el miedo, escucho gritos de terror y dolor. Al igual que la tierra se abriera a tus pies, el fin- murmura abstraída mientras sus dientes comienzan a mordisquear la carne blanda en el interior de su boca -Como si llegara otra guerra- confiesa finalmente -Temo por Domenico, no aparecía en esos sueños pero la última vez que lo hizo se cumplió. No puedo perderle a él también, Omeron, es todo cuanto me queda- se llevó los puños a la boca, sellando sus labios y perdiendo su mirada en un punto cualquiera de la estancia. Su cerebro trabajaba en su máximo vigor. Meses compaginando estudios de artes oscuras se vieron obligados a compartir tiempo con libros de adivinación, estudios frustrados al carecer de respuestas que satisficieran sus cuestiones -Necesito que me ayudes, Omeron. Mientras no esté aquí, asegúrate del bienestar de Domenico y trata de obtener respuestas a estos sueños, no me importa como- ordenó a sabiendas que el elfo cumpliría de manera eficiente todo cuanto solicitaba.

-¿Fiorella?-

La voz de Domenico interrumpió súbitamente la conversación entre aquel particular par -Estás aquí- con pasos seguros, el primogénito avanzó hasta acercarse a la castaña mientras que el elfo, nada más escuchar la voz de Dom, ya tenía sus pequeños y descalzos pies en el suelo -Creí que tendría que comer sola en Navidad- los hermanos se fundieron en un breve abrazo -Lo siento, estaba ocupado- la joven rodó la mirada -¿Por qué siempre tienes gente inútil a tu alrededor incapaz de quitarte trabajo de encima?- regresaba la escasa simpatía hacia todos aquellos que no fueran el rubio -Veo que estás llena de espíritu navideño... ¿Todo bien? Parecías pensativa- Fiorella mantuvo su mirar fijo en el contrario, ocultando al par de ojos azules un secreto más de los otros pequeños que escondía para protegerlo. Sin embargo, una mirada silente, cómplice, unió al elfo y la joven por un segundo.

-Todo bien-
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