Moving forward — Echtelion H. Symington

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Moving forward — Echtelion H. Symington

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Vie Mayo 19, 2017 7:33 pm

Una masa de nubes grises, producto nacional, encapotaba el cielo que cubría el Callejón Diagon. Por motivo de fecha y hora, la zona comercial presentaba un número de visitantes reducido comparado al acostumbrado. Los relojes no marcarían un número de dos cifras, y el maestro herbólogo quiso aprovechar su mañana exenta de clases para realizar algunas compras. En los últimos meses, más que nunca, procuraba ocupar sus horas libres con actividades intrascendentes, evitando así reflexionar sobre sus numerosas preocupaciones. En otras circunstancias escogería enfrascarse en su trabajo como método de distracción, pero el avance en determinados experimentos requería el uso de aquellos materiales que se disponía a comprar.

Detuvo sus pasos frente a un modesto comercio envuelto por establecimientos más populares. Se encontraba frente a su segundo negocio predilecto, ocupando el merecido primer puesto la tienda especializada en artículos para el Quidditch. El tintineo de la campanilla alegró el minúsculo comercio tras atravesar Dobromierz la puerta, repasando una lista mental de los productos que necesitaba. La tienda botánica despedía aromas contrarios, una confusa mezcolanza de las fragancias surgidas de flores, unida al desagradable hedor que surgía de los fertilizantes puestos en venta.—Buenos días, Georgiana—.Con una sonrisa, saludó a la dependienta, una simpática anciana que podía describirle como cliente asiduo. El polaco evitó fijarse en las nuevas adquisiciones, siempre terminaba comprando productos que no necesitaba, embelesado por las novedades y las posibilidades que ofrecían estas. Repasó por vez última su lista mental, antes de solicitar los siguientes productos:—Querré dos sacos de estiércol de dragón, un saco de estiércol de Mooncalf, una pala plegable y unas semillas de Datura ferox—.Tras esperar pacientemente y abonar la cantidad requerida, abandonó la tienda cargando tres pesados sacos de apestoso fertilizante.

Desoyendo sus obligaciones, e incapaz de ignorar a su querida tienda teniéndola tan cerca, caminó hasta el comercio que exhibía en un lustroso escaparate los más novedosos artículos de Quidditch. El polaco entreabrió la boca, fascinado, deseando con fervor la escoba más solicitada en el mercado; una maravilla de madera pulida, un tesoro cuya velocidad traería la victoria a más de un equipo de Quidditch famoso. Dobromierz pensó en el mundial, cada vez más próximo, en las entradas que guardaba con recelo en su despacho.
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Re: Moving forward — Echtelion H. Symington

Mensaje por Ecthelion H. Symington el Sáb Mayo 20, 2017 5:57 am

El clima combinaba a la perfección con el estado de ánimo habitual de Ecthelion esos últimos días. La melancolía no era cliente frecuente entre los modificadores de su humor, sin embargo, el matiz del cielo solía influenciar las emociones que recorrían su cuerpo, particularmente los cielos nublados puesto que traían a su mente diversos recuerdos que, a menudo, prefería suprimir. Tenían un efecto calmante que no siempre implicaba moderación, pero lo tornaba silencioso y meditabundo, más solitario de lo habitual en alguien para el que la compañía representaba el perfecto escudo ante las tribulaciones absurdas de la mente. Alguien que, además, no gozaba de buena reputación ante si mismo a la hora de dejarse llevar por los periodos de prolongada meditación, que irremediablemente devenían en el estudio de su propio estado mental tarde o temprano. El auto análisis era su peor enemigo y tal como había hecho durante la adolescencia, continuaba usando las mejores tácticas de evasión. No obstante, los días nublados siempre eran complicados y con frecuencia un pensamiento desafortunado lo descubría con la guardia baja.

Abandonó la comodidad de su morada, caminar nunca fallaba en ocasiones de ese calibre pues las distracciones visuales sustentaban gran parte del entretenimiento al que se entregaba. Observar situaciones, grupos o escenarios naturales solía bastar para pasar el rato cuando no tenía más a la mano. Pese a la manera en que era percibido por la mayoría como alguien egoísta, cuyo interés se enfocaba solo desde perspectivas unilaterales y subjetivas, lo cierto era que Ecthelion observaba su entorno con más atención de la que se creían los demás, si bien las razones distaban de ser generosas. Su imaginación le había concedido problemas durante los años de estudio, fomentando su déficit de atención y agravando algunos contratiempos menores, sin embargo, era una ventaja que apreciaba con vehemencia dado que mediante ella conseguía evadirse cuando resultaba necesario. Le había servido durante las épocas más oscuras en la infancia y, aun cuando el pasado estaba prácticamente tan enterrado como su difunto padre, de vez en cuando seguía siéndole de utilidad.

Se alejó de las zonas tranquilas en busca de los ruidos que la ciudad ofrecía, eligiendo dar un vistazo por el callejón Diagon sin poseer propósito definido para la visita, pero realmente eran escasas las ocasiones en que rondaba aquellas partes de la ciudad con un objetivo en mente. Las excepciones pertenecían a su profesión, que en realidad era más que nada su pasatiempo predilecto. Evitaba llamarlo su pasión, porque Ecthelion guardaba esa palabra para circunstancias mucho más acordes con la descripción. Deambuló hasta que su mirada detectó una anomalía de reojo; se detuvo y echó un vistazo atrás para salir de dudas mientras deslizaba la mano en el bolsillo de la chaqueta, donde conservaba unos cuantos cigarrillos comprados la noche anterior. —¿A quién tenemos aquí? —dijo para sí, rascando su barbilla con la mano desocupada—. ¡Komorowski!— llamó; un esbozo de sonrisa asomó a los labios y recorrió la distancia acercándose al sujeto. Estaba convencido de no haber errado al creer que se trataba de quien él suponía.
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Re: Moving forward — Echtelion H. Symington

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Sáb Mayo 20, 2017 5:05 pm

Como buen fanático, el maestro herbólogo derrochó su tiempo frente a la vidriera divisora de ensoñaciones y realidades. No contemplaba nada con tanto anhelo desde el pasado enero, tras pecar sometiéndose a instintos que, de hacerse públicos, supondrían una fractura insondable para su matrimonio. Sus dígitos quedaron impresos sobre el vidrio antireflejante cuando, hipnotizado por la belleza expuesta ante su mirar heterocromático, recostó las manos sobre el escaparate como bien haría un infante en presencia de una confitería. La escoba no lucía ningún defecto visible, y ponía seriamente en duda la existencia de vicios ocultos; simplemente era perfecta, desde sus ramitas uniformes hasta el mango redondeado. Tan inmerso quedó Dobromierz, que incluso olvidó los tres sacos adquiridos minutos antes, y de haber existido un ladrón suficientemente loco como para querer hurtar toneladas de estiércol, no habría hallado mejor ocasión que esa.

La exclamación de su apellido fue motivo para abandonar sus placenteras ensoñaciones, tuvo que renunciar a una visualización de su persona surcando los cielos junto a la escoba que, muy a su pesar, continuaba tras el escaparate. Frunció el ceño tras posicionar sus ojos dispares sobre el emisor, sin reconocer sus facciones antes de un profundo estudio de las mismas. El polaco presumía de su capacidad para memorizar todos los jugadores representantes de Polonia desde el año sesenta y dos hasta la actualidad, no obstante, demostraba ser un inepto en el momento de recordar a personas que no tuvieran relación con el Quidditch. Durante la etapa de reconocimiento, su expresión mudó desde el aturdimiento a la sorpresa, apreciando aquellos cambios que modificaron la apariencia de un viejo amigo.—¿Estoy ante un fantasma?—cuestionó, sin disimular su asombro.—Symington—.Tanto tiempo sin pronunciar aquellas nueve letras, volvió a sentirse como un adolescente tras su articulación. Como saludo, golpeó suavemente su hombro un par de veces.—¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez? ¿Dieciséis años?—apreció, sin esmerarse en realizar los cálculos.

Desde el reencuentro con Míra meses atrás, pareciera que su pasado estuviera poniéndose de acuerdo para volver y dejar constancia del fatídico rumbo que su vida tomó. Las circunstancias condujeron a Dobromierz ante viejos recuerdos, una época en la que reunía autoestima suficiente como para rivalizar con alguien; actualmente, dicha competencia sería un imposible. Se preguntó si la vida, cruel e inmisericorde, se portó con Echtelion mejor que con él; a primera vista, parecía que así era.—Cuéntame hombre, ¿qué has estado haciendo con tu vida? —.No fue un mero trámite de cortesía, sentía verdadera intriga por conocer las actuales circunstancias de su rival cuando estudiaban en Hogwarts. Entonces miró en derredor, inconforme, comprendiendo que no ocupaban el mejor lugar para mantener una conversación semejante.—¿Te traes algo entre manos o tienes tiempo para tomar algo? —propuso sutilmente. Con su pronunciado mentón, hizo un sugerente gesto en dirección a la taberna establecida solamente a unos metros de ambos.
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Re: Moving forward — Echtelion H. Symington

Mensaje por Ecthelion H. Symington el Sáb Mayo 27, 2017 2:30 am

Durante el breve periodo que le llevó convencerse de que ese hombre-que observaba con afán casi amoroso los artículos tras el cristal- era aquél viejo amigo, se le ocurrió que nunca había logrado comprender la pasión que muchos profesaban hacia el quidditch. Él mismo era fanático del deporte mágico por excelencia, disfrutaba siendo observador y participando en partidos caseros de vez en cuando, con todo y que la época de estudiante en Hogwarts había sido la que realmente lo había visto como uno de sus ilustres jugadores. Sin embargo, sus ojos nunca habían brillado ante la figura de una poderosa escoba mágica, sin importar cuan grandiosa era la belleza salvaje que poseían y la promesa que ofrecían. Para Ecthelion la motivación se hallaba en el gasto de energía, el despliegue físico de fuerza y la adrenalina de la competencia, que ponían de manifiesto su naturaleza dominante y ayudaban a contenerla, conservando a la par su salud mental. Por 2 segundos saboreó la noción de soledad al saberse apartado de ese grupo de personas, capaces de sentir algo tan intenso con aquella facilidad. Él no sabía cómo hacerlo y, si bien en ocasiones como esa reconocía que una pequeña parte de él lo deseaba, no era un anhelo realista.

Ladeó una sonrisa franca, libre de la maliciosa ironía que repartía a manos llenas tan comúnmente; eran tan pocas las personas que ocupaban un lugar de interés y camaradería dentro de los criterios que Ecthelion manejaba, que lo habitual en sus conversaciones era el reinado del sarcasmo y la burla cuando estaba de buen humor. Aquella no era esa clase de ocasión, y si bien su estado de ánimo predominando durante lo que iba del día no había sido positivo, era justo afirmar que acababa de recibir una buena razón para presionar el botón de reinicio. En su mente las diferencias no existieron en lo que se refería al muchacho jovial y enérgico que habitaba su memoria, y el hombre que tenía delante y devolvía la sonrisa no sin cierto aturdimiento. Muy poca o prácticamente ninguna información había llegado a recoger a través de comentarios y murmuraciones durante aquellos años, la vida de Dobromierz le era un completo misterio e imaginó que la situación sería similar para su viejo amigo. Se acercó los últimos pasos necesarios para recibir aquél saludo, manteniendo un cigarrillo entre los dedos mientras expresaba diversión con un gesto y un chasquido de la lengua. —Ningún fantasma, aunque hubo un par de ocasiones en las que ese deseo se te pudo haber cumplido— contestó dándole una entonación bromista a las palabras, restando importancia a algo que, en su momento, había sido difícil de procesar, pero que no tenía planeado contar tan a la ligera. Oír la aproximación de los años que habían pasado hizo que alzara las cejas, sopesando aquella cuenta y sorprendiéndose ante lo cerca que habían estado de alcanzar tal cantidad—. Mucho me temo que estuvimos a nada de ello— admitió, aún ligeramente meditabundo.

La mirada cristalina del hombre se dirigió al cielo unos segundos, como si ante él se deslizaran un centenar de escenas representativas, condensando los eventos importantes que se habían presentado a lo largo de aquellos años, en los que Dobromierz había permanecido como una figura lejana y ausente, carente de participación. De nuevo una mueca se instaló en los labios de Ecthelion, una sonrisa sombría y satisfecha, la mezcla ideal para una vida que no contenía arrepentimientos pese a los baches del camino. ¿Cuántas personas podían afirmar lo mismo? Haber vivido más de 30 años sin convertirse en víctimas de sus propios actos, del remordimiento, sentimiento absurdo pero humano como el que más. Ensimismado, se olvidó de la presencia del amigo reencontrado hasta que una pregunta lo regresó al presente. Parpadeó con rapidez e inspiró con fuerza. —Soy un hombre libre, tengo todo el tiempo del mundo— aquellas palabras resolvieron el dilema, ofreciendo también un pedazo de información que definía en gran parte el tipo de vida que, hasta entonces, Ecthelion estaba llevando. Encaminó sus pasos a la taberna, encendió el cigarrillo durante el trayecto y una vez estuvo sentado, a la espera de que les trajeran algo para humedecer los labios y aflojar la lengua—. ¿Por dónde quieres que empiece? — dio una larga calada al cigarrillo revelando cierta urgencia en la mirada, ya que hablar de historias personales estaba lejos de ser la clase de actividad que disfrutaba sin una botella de alcohol enfrente.
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Re: Moving forward — Echtelion H. Symington

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Sáb Mayo 27, 2017 2:52 pm

Lejos de buscar una significación oculta a la contestación ajena, la procesó como un mero chascarrillo propio del desarrollo de un reencuentro casual. Una copiosa cuantía de tiempo y distancia se interpusieron entre Dobromierz y sus recuerdos, viéndose obligado éste a facilitar la situación imponiéndose la certeza de evocar el carácter contrario, sentido del humor incluido. Como reconocido experto bromeando mediante la utilización de sarcasmos y afirmaciones pesimistas, dejó entrever sobre su boca el espectro de una sonrisa.—El tiempo tiene prisa y ganas de dejarnos atrás, ha pasado en un abrir y cerrar de ojos— admitió, asumiendo el riesgo de sonar como un anciano en pleno delirio de nostalgia. En muchos sentidos, el polaco se rehusaba a aceptar el transcurso de los años, sobre todo en lo referente a su única hija; diecisiete años no bastaban para percibir a Caroline como mujer, para Dobromierz continuaba siendo una niña en la mayoría de aspectos. Examinó exhaustivamente el semblante ajeno, cuestionando su propio criterio tras haber sido incapaz de reconocer instantáneamente a su compañía; ¿cómo pudo estar tan ciego? apenas había cambiado, exceptuando la abundancia de vello facial y la maduración de ciertos rasgos.

La aceptación de la propuesta confirmó que la curiosidad del herbólogo no tardaría en saciarse. De nada serviría elucubrar respecto a los derroteros que Ecthelion conquistó durante la separación, pronto la verdad resolvería toda duda y convertiría en prescindible cualquier fantasía. Dobromierz cargó los tres sacos de fertilizante y encaminó sus pasos en dirección a la taberna más próxima, un local que el profesor de herbología frecuentaba siempre que sus quehaceres exigían visitar el Callejón Diagon. La taberna recibió a ambos hombres con los ruidos y olores característicos, aquellos que los visitantes inusitados llegaban a considerar latosos pero que los clientes asiduos relacionaban con el hogar. Tomó asiento junto a Ecthelion, acostumbrando su híbrido mirar a un ambiente cargado de humo y otras substancias.—Puedes comenzar por donde lo dejamos— propuso.— a partir de séptimo curso, ¿qué hiciste después de graduarte? —. Puede que, en otra época, hubiera conocido suficientemente a Echtelion como para pronosticar su futura profesión; sin embargó, sus tiempos de vidente cayeron en saco roto, no tenía ni idea de qué profesión habría escogido su ex-compañero.

Todo atención, Dobromierz reclinó los codos sobre la madera a la espera de una respuesta extensa y esclarecedora. No obstante, la intervención de su pedido interrumpió el relato previo a su creación. Tras agradecer brevemente sus servicios al camarero, el polaco sujetó la taza caliente que contenía el té verde ordenado minutos atrás. Inhaló los jirones de humo que despedía la infusión, disfrutando el ceremonioso momento que tantas veces se repetía en su día, respetando la tradición inglesa. Aguzó los oídos para escuchar a Ecthelion por encima de la algarabía, entretanto deleitaba sus papilas gustativas y su estómago mediante la ingesta  de la bebida caliente.

No ignoraba que tarde o temprano llegaría su turno, tendría que relatar las memorias de una vida patética y aburrida basada en un embarazo no deseado. Cada palabra conduciría a su interlocutor hasta la escena actual, en la taberna, su presencia justificada por la adquisición de las bolsas de estiércol que colocó junto a su asiento. Estiércol, por parte de Dobromierz, la palabra llana fue causante del reencuentro. ¿Qué palabra cubriría la versión de Ecthelion?
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Re: Moving forward — Echtelion H. Symington

Mensaje por Ecthelion H. Symington el Mar Jun 20, 2017 10:47 am

El encuentro le hizo pensar en la clase de casualidad ante la que los personajes de la literatura a menudo se veían arrastrados, especialmente al comprender lo fácil que habría sido perder esa oportunidad de retomar el contacto con un viejo amigo, si tan solo hubiera demorado 2 minutos más de la cuenta en llegar a ese preciso lugar. Incluso la más leve distracción de sus ojos en el momento adecuado los habría mantenido apartados durante otros 3 lustros. La suerte había estado a su favor muy pocas veces, el destiempo lo caracterizaba mucho más, y sin duda la prueba estaba en la cantidad de meses que llevaba instalado en la ciudad. Tanto tiempo, y las personas de esa vieja vida con las que se había topado eran tan escasas que contarlas con las manos resultaba sencillo.

Sin duda las palabras de Dobromierz tenían sentido para el neozelandés, posiblemente más de lo que su amigo lograba adivinar, pero de los labios de Ecthelion no surgió respuesta. Sonrió, y aunque el gesto invitaba a la creencia de estar de acuerdo, una leve sombra de melancolía tiñó su expresión con cierta crudeza, sólo distinguible al poner atención a sus ojos. Era extraño, porque pese a todo, no sentía remordimiento alguno respecto a lo vivido hasta la fecha, o por lo menos ninguno que deseara admitir. No ofreció esta expresión por mucho tiempo, ladeó la cabeza para volver la mirada a la izquierda mientras se rascaba la barbilla, pensativo, justo antes de que la conversación los guiara a un nuevo escenario, del que sería mucho más difícil escapar. Mientras se dirigían a la taberna sus cavilaciones rondaron esa idea, cuestionando hasta qué punto la compañía de alguien del pasado, como Dobromierz, podía despertar dudas que, a diferencia de la amistad entre ambos, no eran tan viejas. Pensar en la mujer que había creado el compartimento donde Ecthelion depositaba dichas dudas era poco recomendable, lo sabía, no obstante, el tiempo era un excelente catalizador del olvido para casos de esa naturaleza, y pese a la incertidumbre que despertaba en él, estaba convencido de que esa etapa había quedado atrás.  

No mostró sorpresa al ser testigo de lo que su compañero prefería beber, aunque una ligera sonrisa burlona asomó a sus labios mientras ordenaba una botella con whisky de fuego. Desdeñaba la idea de pedir trago tras trago cuando sabía que no se conformaría con uno, la paciencia también estaba escasa en su cuerpo esos días, así que la botella era la opción que evitaría problemas. Dobromierz podía entretenerse con la infusión que se le diera la gana, pero Ecthelion bebería.  — Estudié— alzó las cejas para transmitir que debía ser casi evidente—. ¿Recuerdas la clase de padre que tenía? No me dejó muchas opciones, aunque hice mi mejor esfuerzo tratando de librarme— dijo en tono socarrón, como si todo eso fuera la clase de suceso que con el tiempo se aprende a ver con gracia—. Ah, sí, el viejo está muerto. Infarto al miocardio o algo por el estilo, hace 2 años— sirvió whisky en el vaso de cristal que habían dejado para él sobre la mesa, soltando la información con aparente indiferencia.

Dio un largo trago a la bebida y al bajar el vaso continuó—. Pocionista, desde luego— tocó el centro de su pecho con la mano que sostenía el cigarrillo, llevándolo después a los labios para dar una calada—. Fue el pretexto perfecto para viajar, así que después de varios años en la universidad, me largué de aquí; tal vez sea una de las razones por las que no coincidimos durante todos estos años. Pasé la mayor parte del tiempo fuera del país, sobre todo en América. En cierto punto… tal vez hace 3 años, decidí volver a Wellington— llegado a ese punto hizo una pausa, organizando los recuerdos de la época que evocaba para su acompañante—. Terminé una relación, empecé otra… Aunque no estoy seguro de que sea una forma apropiada de catalogar para la segunda, considerando que fue un compromiso arreglado por las familias— antes de retomar la palabra volvió a beber y el vaso quedó vacío sobre la mesa. Mencionar a esas mujeres, aunque fuera de manera indirecta, daba una entonación mordaz a la voz de Ecthelion.
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Re: Moving forward — Echtelion H. Symington

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Jue Jun 22, 2017 10:38 am

Sus dispares comandas reflejaron lo opuestos que, en alguna época concreta, se habían vuelto. El Dobromierz adolescente no desestimaría la oportunidad de beber una copa de whisky de fuego, aunque su motivación se basara en competitividad y en el constante alarde de hombría. Cosas de niños, la década y el lustro transcurridos desde entonces bastaron para comprender que las demostraciones de orgullo estaban sobrevaloradas. No. Dobromierz renunció a todo síntoma de orgullo tras desposarse con la fémina más desagradable de toda la nación -incluyendo muggles-, su virilidad la guardaría ella bajo llave en algún baúl. Así pues, sin ningún complejo, realizó el amago de brindar con la infusión e, inmediatamente, inició un viaje hasta su boca que continuó por los dominados caminos del sistema digestivo.

Tendría muchas carencias en su papel como profesor, pero el herbólogo demostró ser un alumno sobresaliente que supo escuchar sin interrupciones en las oraciones que requerían dicha atención, e intervenir siempre que fuera necesario para aportar algo a la conversación y otorgar a su interlocutor las pistas para que continuara explayándose. Le gustaba escuchar, y resultaba infinitamente más sencillo mientras tuviera entre las manos una taza de té caliente.—Lástima, el ejercicio físico ayuda a prevenir los infartos—divagó en voz alta, asumiendo la noticia con la misma indiferencia que su compañía. Su conocimiento sobre el difunto se basaba en la limitada información que Echtelion confesaba sobre él, nunca nada adulador. Y si el mismo Echtelion no parecía afectado por la muerte de su propio padre, ¿por qué iba a fingir Dobromierz lo contrario, siendo un completo desconocido para él? Con discreción, su mirar heterocromático observó la bebida contraria, preguntándose si la vida de su viejo amigo sería tan maravillosa como en un principio había pensado.

El relato siguió su curso, y el maestro herbólogo adopto nuevamente su papel como oyente. "Pocionista" recordaba levemente su inquietud por las pociones, mas nunca creyó que llegaría tan lejos. Inevitablemente pensó en Míra, que actualmente dedicaba su vida a preparar pociones en Salem, y no pudo evitar preguntarse si ambos exalumnos de Ravenclaw seguirían manteniendo el contacto en la actualidad. Resultó lógico que hubiera abandonado el continente durante algunos años, aunque sus sospechas se intensificaron de nuevo hacia la experta en pociones, que también desapareció y encontró refugio en el continente americano; "el nuevo mundo". No hubo espacio para dudas, los primeros años de su relato bastaron para confirmar que Echtelion tuvo, como mínimo, una existencia más interesante que la propia. Difícilmente podía recordar los años de colegio en los que soñaba con viajar por todo el globo terráqueo junto a un equipo de quidditch famoso, dando a conocer su nombre mundialmente. Suspiró, nostálgico, y bebió para ahogar en té sus recuerdos.

Un compromiso arreglado—repitió en voz alta. De joven tenía buena opinión sobre esa clase de acontecimientos, tan típicos entre familias de linaje puro; actualmente tenía una hija, y la simple idea de instar a Caroline a casarse con alguien por beneficio propio se le antojaba, como mínimo, repugnante.—¿Y?—preguntó, sintiéndose estafado por el relato inacabado.—¿La segunda relación también terminó, o tengo que felicitarte por el matrimonio? —preguntó, arqueando la ceja, dirigiendo la mirada hacia sus manos en busca de una alianza que confirmara sus sospechas.
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Re: Moving forward — Echtelion H. Symington

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