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Buenos días, princesa — Siriusín

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Buenos días, princesa — Siriusín

Mensaje por Ricky M. Over el Miér Mayo 03, 2017 12:51 pm

No todos sus entrenamientos sucedían bajo la supervisión de un instructor. Convertirse en auror no era una obligación, y por tanto los alumnos debían esforzarse y entrenar también en sus ratos libres. La mayoría de aprendices solían entrar solos, pero el francés disfrutaba más haciéndolo en compañía. Ciertamente, la concentración disminuía ejercitándose junto a un compañero, mas en su lista de prioridades el aburrimiento ocupaba un puesto inferior a la concentración. Guardaba en su bolsillo la última carta de Sirius, en ella respondía a su cuestión sobre un futuro encuentro, acordado en la mañana que acontecía. Madrugó, pues más tarde el campo de entrenamiento estaría ocupado y no podrían conversar cómodamente, prefería levantarse unas horas antes con la promesa de tener a su entera disposición la zona de entrenamiento.

Despertó en cama ajena, se vistió con ropa ajustada y negra, ideal para entrenarse físicamente. Entre amplios bostezos, consiguió hacerse con una caja de rosquillas azucaradas para desayunar, en total comió tres durante el camino hasta la habitación de Sirius. Una vez alcanzado su objetivo, detuvo sus pasos frente a la puerta y dedicó unos segundos a lamerse la azúcar impregnada en sus dedos. Por algún motivo, sintió un cosquilleo en el estómago, las reuniones con Sirius le inquietaban en cierto modo; sin malinterpretar dicha afirmación, pues Ricky adoraba estar junto a él, pero aun así formaban un dúo peculiar.

Golpeó la puerta con los nudillos numerosas veces, pero nadie respondió. Se tomó la confianza de entrar sin su permiso.—Buenos días, bello durmiente—entonó, nada más abrir la puerta. En muchos aspectos, el francés seguía actuando con la inocencia de un niño, en ningún momento pensó que Sirius pudiera tener compañía, y que por tanto su aparición resultaría entre indiscreta e indecorosa.—Te he traído el desayuno...—anunció con voz cantarina, depositando la caja de rosquillas sobre las sábanas de Sirius.
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Re: Buenos días, princesa — Siriusín

Mensaje por Sirius Black el Miér Mayo 10, 2017 7:37 pm

Estaba durmiendo plácidamente aun a pesar de haber sentido los molestos rayos de sol filtrarse por su ventana y chocar contra su rostro hace unos minutos, lo que había solucionado al colocar una almohada sobre su rostro y abrazarse a otra, no tenía intención alguna de madrugar aquella semana, eran sus días libres de su pequeña y por mucho que pudiera extrañarla eso solo significaba una cosa que podía dormir plácidamente sin que los llantos de nadie lo despertaran. En parte había pensado que la ausencia de su hija podría permitirle la libertad de contar una vez más con ciertas presencias femeninas, pero contrario a lo que había pensado, reconoció que no le interesaba pasar una noche alocada junto a una desconocida, y así lo había comprobado la noche anterior cuando finalmente dejo a la chica en su propia habitación antes de invitarla a la suya.

Ser padre realmente cambia la vida.

Había olvidado por completo los días que eran al mantenerse estudiando para los exámenes, por lo que ni siquiera sabía si era lunes o sábado, pero no importaba, no tenía pensado hacer nada más que pasarse en su habitación, en la biblioteca o la cafetería de la academia durante aquellos días. Los golpes lejanos de la puerta le hicieron fruncir el ceño, pero tan fácilmente como se había despertado volvió a quedarse profundamente dormido presa del intenso cansancio que venía acumulando desde las últimas semanas en las que se había transformado en un padre de tiempo completo, a penas y escucho unos golpes y dejo de escuchar hasta su propia respiración de lo profundamente dormido que cayó.

- Mmmm… -Bufó dándose vuelta entre las sabanas al sentir un efímero peso cerca de sus pies, alzó su cabeza debajo de la almohada sin abrir sus ojos aun, estaba seguro de haber escuchado la voz de Ricky- ¡MIERDA! -Se levantó de un salto de la cama, alcanzando a extender sus brazos para atrapar las rosquillas que casi salen volando debido a su abrupto movimiento y se mantuvo con expresión casi desorbitada observando a su compañero- Lo había olvidado -Confesó parpadeando confuso, dejando la caja sobre su escritorio antes de pasar su mano por su rostro. Había olvidado por completo que había citado aquel día a Ricky para entrenar como él se lo había pedido. Negó con su cabeza y suspiro, sin reparar en que estaba vestido únicamente con unos boxers negros ajustados, aunque tampoco le habría dado importancia de darse cuenta- Lo lamento, Ricky… dame unos minutos y me vestiré y entrenaremos y… Por las barbas de Merlín, lamento haberlo olvidado
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Re: Buenos días, princesa — Siriusín

Mensaje por Ricky M. Over el Jue Mayo 11, 2017 9:11 am

Encontrar a Sirius durmiendo plácidamente no fue ninguna sorpresa, estuvo ocupado durante los últimos días y resultaba comprensible que quisiera recuperar horas de sueño. Tras haber anunciado vanamente su aparición, permaneció en silencio, planteándose marcharse sin decir nada. Su compañero continuaba dormido, ajeno a la presencia de un intruso en la habitación. Ricky sucumbió a la tentación de situarse junto a la cama e invertir un tiempo observándole en silencio, sonriendo conmovido ante lo vulnerable que parecía mientras descansaba. Tan absorto quedó, que el sobresalto de Sirius le cogió totalmente desprevenido. Asustado, retrocedió tres pasos, su corazón latió desbocado. Fueron necesarios unos cinco segundos de reflexión antes de conseguir calmar su agitado ritmo cardíaco, recordándose que se encontraba a salvo junto a un buen amigo. Un buen amigo con poquísima ropa.

No tienes que disculparte, está bien, yo también olvido las cosas a veces—contestó, pretendiendo restar importancia a la situación.—Tienes que recordarme que te regale una recordadora por tu cumpleaños, pero no te olvides eh—bromeó, guiñándole el ojo. Caminó por la habitación, paseando la mirada por encima de libros y fotografías, procurando mantener los ojos en una posición poco comprometida.—No debería haber entrado en tu habitación sin avisar—.Volteó repentinamente, fijándose en su torso accidentalmente por unos segundos antes de hincar la vista sobre sus orbes oscuras.—Será mejor que descanses, tienes ojeras, no quería despertarte.. de verdad, no me importa, podemos quedar para entrenar y tomar cerveza otro día, más tarde—insistió, sintiéndose culpable por colarse en su habitación e interrumpir su sueño.

Venga, vuelve a dormir, te dejo las rosquillas aquí para cuando despiertes. Las rosas son las mejores, están rellenas—recomendó, se dirigió hacia la puerta y giró el mismo pomo que minutos antes se esforzaba en traspasar.
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Re: Buenos días, princesa — Siriusín

Mensaje por Sirius Black el Lun Jul 24, 2017 2:46 pm

Apenas y había despertado de manera abrupta, por lo que aun no contaba con sus cinco sentidos en pleno funcionamiento, sus párpados seguían pesando y más allá de saber que se había quedado dormido para un compromiso con Ricky no comprendía lo que sucedía, el joven frente a él hablaba demasiado, ¿algo de una recordadora? ¿Porque necesitaría él algo así? Vale, que se había olvidado de que hablan quedado de entrenar aquel día, pero con Lyanna todo en su vida, incluso su habitación, era un caos, sobretodo su cabeza. Sirius ladeo la cabeza confundido, desordenando sus cabellos mientras bostezaba tratando de mantener sus ojos abiertos y enfocarlos en su amigo, pero ante todo pretendiendo prestar atención a todo lo que decía, ¿porque seguía disculpándose? ¿porque había siquiera empezado a disculparse? Él era el que debía disculparse, no Ricardiño, él se había quedado dormido, él había olvidado el compromiso, es más agradecía que el joven tuviera un carácter tan afable porque de otra manera no podría reprocharle el estar molesto con él.

Estaba confundido, parecía que sus neuronas no deseaban hacer sinapsis en aquel instante, como si prefirieran seguir durmiendo. Necesitaba un buen café cargado para despertar, y necesitaba moverse o salir de su recamara para estirar un poco el cuerpo, pero el simple hecho de pensarlo hacia que su cama se viera aun más tentadora, y eso era algo que no le gustaba, él detestaba vagar demasiado tiempo y ahora lo deseaba, esos cambios eran extraños y casi atemorizantes, maldita Lyanna, y aun sí, cuanto la extrañaba, maldita y adorable Lyanna. Volvió a desordenar sus cabellos, esta vez con ambas manos y algo de frustración.

Su ensimismamiento y aun adormecido estado no le permitieron comprender hacia donde iban las disculpas de Ricky, no hasta que le vio tomando el pomo de la puerta aun analizando los últimos vocablos que había escuchado- ¿Rosadas? -Saltó de su cama con rapidez, logrando, una vez más, sostener las rosquillas por mera suerte, dejándolas en el velador antes de encaminarse hacia su compañero- Alto Señor Over -Declaró, esta vez, completamente despierto, mientras extendía su brazo izquierdo hacia la puerta, impidiendo que esta se abriera, descendiendo levemente su mirada hacia el cabello del joven que aun permanecía de espaldas a él, frunciendo el ceño fingiendo molestia- ¿Que se supone que haces? ¿Desde cuando tienes que pedir permiso para entrar a mi habitación? Te he dado permiso de hacerlo, sino no podrías siquiera haber intentado abrir la puerta -Y eso era cierto, desde que había llegado a esa habitación había instalado una especie de sistema de seguridad mágico y solo a quienes él permitiera podían abrir la puerta de su dormitorio sin su ayuda, y esto lo había limitado aun más desde que Lyanna llegó a vivir con él- No seas tonto, Ricardo -Sonrió con todo pícaro y bromista al llamarlo así sin alejarse- Has traído el desayuno, vamos a comer juntos y después te dedicaré todo mi día a modo de disculpa por haberme quedado dormido, así que haremos lo que gustes, excepto que eso incluya el querer irte, ¿estamos de acuerdo? -Su sonrisa aumento con tranquilidad y confianza, aquello era claro, no estaba preguntándole, estaba informándole y solo buscaba su aceptación por mera cortesía porque ya estaba decidido.
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Re: Buenos días, princesa — Siriusín

Mensaje por Ricky M. Over el Jue Jul 27, 2017 7:59 am

Su compañero poseía un talento singular, una especie de habilidad enfocada a conseguir asustarle varias veces en un tiempo récord. El aprendiz sufrió un sobresalto cuando, inesperadamente, la bella durmiente abandonó su cómodo lecho, destinando una velocidad al movimiento que demostró cuan efectivos estaban siendo los entrenamientos. Dándose por aludido, procedió a voltear lentamente, mientras que su corazón dejó de aletear enloquecido para recuperar su ritmo habitual. No quedaban opciones. Su mano retuvo la puerta, y una vocecilla advirtió a Ricky sobre las inconveniencias de tratar de abrirla a pesar de la intervención de Sirius, probablemente quedaría constatado cuál de las partes tenía más fuerza. Tragó saliva, sintiéndose acorralado, como un niño que recibe una regañina sin terminar de comprender las razones que motivan al emisor. Su intención siempre fue buena, quiso sorprender a su amigo con un desayuno en la cama, y después decidió que lo más honesto y leal sería permitir que durmiera sin molestar. Sabía que el asunto de la paternidad consumía gran parte de su tiempo y esfuerzo, dudaba que entrenar por gusto fuera lo mejor para su salud.

Se sumió en un completo silencio, permitiendo que el otro hablara, esquivando el contacto de sus ojos oscuros y, por tanto, estableciéndose sobre su torso desnudo, que tan próximo quedó de repente. En cuestión de segundos, el discurso cambió, volviéndose amable. —Estoy de acuerdo— consintió, sin disimular la emoción que sintió tras el empeño de Sirius en conseguir que se sintiera cómodo, que permaneciera en su cuarto. Incapaz de contener la muestra de afecto, abrazó a su compañía, rodeándolo con cuidado y recostando la cabeza a la altura de su clavícula por unos breves segundos. Cálido. No encontraría otra palabra para definir el contacto con su piel. —¿Qué he hecho para tener un amigo tan maravilloso como tú?— se preguntó en voz alta, separándose. —Debí ser muy bueno en otra vida para que yo, que no tengo nada de especial, conozca a gente tan genial— razonó para sí mismo, pensando además en Catrina, en Marlene, en Robert.. podía considerarse afortunado por haber tenido la suerte de cruzarse con ellos en su camino. Con una sonrisa de las que llegan a los ojos, dejó constancia de su felicidad, emprendiendo de nuevo su camino hacia la cama de Sirius, ahora deshecha y arrugada.

Tomó asiento en la orilla del colchón, recuperando la caja de rosquillas que tantos peligros corrió desde su llegada. —Así que me consideras una persona inofensiva, y por eso me ha resultado tan sencillo colarme en tu cuarto— exclamó, recuperando el tema de conversación. Abrió la caja, contemplando el surtido de bollos espolvoreados con azúcar glas, coloridos y tentadores. —Venga, prueba el rosa y dame tu opinión— solicitó, extendiendo la caja de dulces hacia el anfitrión, ofreciendo una rosquilla rosa con virutas multicolores rellena de mermelada.
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Re: Buenos días, princesa — Siriusín

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