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Turning page (Remus Lupin - Flashback)

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Turning page (Remus Lupin - Flashback)

Mensaje por Lily J Evans el Lun Mayo 01, 2017 5:21 am


16 de Enero

Rostros llenos de felicidad, ojos destilando amor, no hacían si quiera justicia a una realidad mucho mayor. Lily retiró su mirar de la fotografía familiar de los Evans que reposaba en el bordillo de la chimenea en la pared del fondo del salón, adornada con un marco que a su hermana, Petunia, se le antojó y que sus padres complacieron aunque para el gusto de la pelirroja fuera algo ostentoso. Dejó la taza de té sobre la mesita debido a la pérdida de calor que sufrió la bebida, todo ello ocasionado por el absentismo, la distracción que supuso sopesar en todo lo que suponía ver la imagen y la presión que causaba en su pecho, en su corazón aún herido.

Los ojos de Lily regresaron al pergamino que reposaba en sus piernas, releyendo lo escrito, apreciando la caligrafía del castaño y el contenido. Pensar que era la única persona con la cual mantuvo el contacto tras meses convocaba diferentes sentimientos a la pupila de Godric Gryffindor. La culpa de su repentina marcha, el desazón por ser incapaz de afrontar lo que hasta entonces fue su vida, la añoranza de todo y todos. Sensaciones de las que trataba de huir y que, no obstante, parecían seguirla hasta el fin del mundo.

Desacostumbrada al uso de la aparición, trasladar su cuerpo desde Cokeworth a la zona mágica de Londres supuso un reto que superó casi a la perfección salvo por nimios detalles, como el chocar contra varias personas a las que se disculpó con presura, azorada por sus errores. Inició una breve caminata que consistió en un baño de recuerdos, naciendo de estos sentimientos encontrados. Sin embargo la llegada a la librería fue el salvavidas de sus ahogos -¿Remus?- pronunciar su nombre se hizo extraño dado el tiempo que llevaba sin decirlo en voz alta y, al mismo tiempo, la ilusión de reencontrarse en persona con él.
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Re: Turning page (Remus Lupin - Flashback)

Mensaje por Remus Lupin el Lun Mayo 01, 2017 10:03 am

“People often believed they were safer in the light, thinking monsters only came out at night. But safety – like light – is a façade.”
― C.J. Roberts, Captive in the Dark.

16 de enero. Luna nueva.

Noche tras noche, la ansiedad fue abandonando el cuerpo de Lupin. Las pesadillas morían, con un alarido ensordecedor, cada vez que los rayos del sol se colaban, inseguros al inicio para derivar en una arrolladora osadía, a través de su ventana. Ya no veía fauces y garras. Ya no oía aullidos, tampoco gruñidos. Ya no sentía desaforo ni apetencia. Sosiego. Invaluable placidez se instalaba en el joven Remus cada vez que los días se acercaban al novilunio, se hacía eco en su alma y en su mente cual bálsamo para el tísico. Fluía con naturalidad, recordándole que después de la tormenta llegaba la calma. Una calma que, indiscutiblemente, el ex acogido por los colores dorado y escarlata en Hogwarts atesoraba y recibía con el más afable de los semblantes -siempre le daba la bienvenida con el más cálido de los abrazos, como se recibe a un viejo amigo de la infancia. Semblante que al parecer también habían detectado los clientes de la vieja librería para la cual llevaba trabajando más de tres meses. Un logro. Especialmente por su condición.

Eran fases, lo sabía. Con los años había conseguido identificar cada fase del ciclo lunar, discernir entre los síntomas que florecían en su interior y terminaban por exteriorizarse con estornudos, o con mal humor, o con un estado de ánimo irascible. Y en ocasiones todo junto. Sin embargo, cuando la Luna nueva permanecía oculta tras el sol, Remus se mostraba tal cual era. Lo cual tampoco implicaba un gran cambio. Salvo para quienes lo conocían como la palma de su mano, y esos se podían contar con las falanges de la misma mano.

Despegó la nariz del libro que leía, uno de origen muggle que habían prestado hace una semana y devolvieron hacia pocas horas, cuando escuchó el agudo tintineo de la campana de la puerta. Tenía sentimientos encontrados hacia ese sonido, pero fue lo de menos cuando sus ojos, ligeramente relajados, se toparon con una melena tan roja como una fogata naciente.

Lilian Evans. ―pronunció de vuelta, depositando el libro sobre la encimera que hacía de veces de mostrador. ―No esperaba verte tan pronto, Lily. ―sonrió, sin ninguna sombra de incomodidad en sus labios o de timidez como solía haber cuando hablaba con otras chicas.

Se apresuró a salir de detrás del mostrador, acomodando unos cuantos ejemplares que habían devuelto desde que abrió la librería al público. Tampoco eran muchos, por lo menos no dada la época del año, pero Remus podía convertirse en un obseso al momento de devolverlos a la estantería correspondiente.

Supongo que te ha llegado mi carta. ―alegó Lupin. Las cartas eran, después de todo, su único medio para informar a sus amigos que seguía con vida. Que seguía por ahí, en alguna parte. Para todos era un contenido muy parecido, excepto para la pelirroja. Para Lilian, por el contrario, la correspondencia era como un desahogo para él, como lo era para ella.
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Re: Turning page (Remus Lupin - Flashback)

Mensaje por Lily J Evans el Vie Mayo 05, 2017 8:04 am

Silente confidente. Incondicional amigo.

A su damnificada memoria no alcanzaba el recuerdo del momento exacto que la relación entre ambos Gryffindor avanzó, gradual y continua, hasta el lugar donde se encontraba en esos instantes. Noches insomnes en la sala común resolviendo las dudas que corroían sus mentes, tareas plasmadas en pergamino con precisión, compañeros de estudios, esos eran los orígenes de su amistad. Confraternidad que evolucionó con el transcurso de cada curso hasta hacer del par de alumnos, pupilos de Godric Gryffindor, dos amigos que con miradas podían alcanzar mayor distancia que las palabras. El cariño de Lilian hacia el chico de cabellos castaños era infinito, un amor fraternal que la lanzaría a los brazos de la muerte de ser ineludible, al igual que haría por el resto de sus amigos. James. Sirius. Peter. Marlene. Dorcas. Mary. Severus. Personas a las que protegería de todo, incluso ella misma.

No obstante era débil. Océanos y tierra de por medio no fueron suficientes, su corazón, timorato, era entendido que no sería capaz de cortar todo cuanto le unía a su país de origen. Por ello recurrió a él. Remus Lupin. El único sabedor de su paradero, de su estado, de sus visitas. Su nexo a lo que nunca llegó a dejar atrás.

Destellos verdes contra pozos castaños. La sonrisa bailó con cierta duda en los labios de la nacida de muggles, insegura, temerosa en consecuencia a su anterior reencuentro con otro merodeador incluso cuando era él, ese chico que hallaba una paz purificadora entre pergaminos, la persona a la que confesó cada uno de sus temores a través de misivas, quien se encontraba al otro lado. Sin embargo la sonrisa sincera en los labios de Remus se convirtieron en una dosis de armonía, correspondiendo al gesto -Decidí alargar la estancia en Reino Unido unos días- rechazando de ese modo su rutina de idas y venidas, de continua huida. Sus palabras sonsacaron una sonrisa tenue, con lentitud alzó los dedos índice y corazón, entre los cuales se encontraba un trozo de pergamino doblado con mesura.

Avanzó paso a paso reduciendo así la distancia, devolviendo la misiva a su lugar dentro de un bolsillo. Alzó la mirada pues de cerca, siempre resultó más alto y tras una milésima donde caviló sus acciones, Lilian abrazó el cuerpo del bibliotecario. Contagiada por su calma, era ahí cuando era consciente de lo mucho que los extrañaba, los necesitaba a su lado y, al mismo tiempo, alejados -Sé que lo pregunto en cada carta, pero, ¿Cómo están todos?- siempre tuvo la sensación que, una vez fuera de Hogwarts y de la convivencia que en parte se convertía en cuidado de sus propios planes, los amigos que compartían por igual acabarían descalabrándose con sus ideas -¿Tú, cómo estás?- una mirada fija, sin necesidad de profundizar. Entendida de las fases lunares, en el cielo hacía escasas noches la luz bañaba tierras británicas y liberando así al ser que habitaba dentro de su amigo.
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Re: Turning page (Remus Lupin - Flashback)

Mensaje por Remus Lupin el Dom Mayo 14, 2017 7:08 am

La imagen de la joven bruja evocó en Lupin un sinfín de recuerdos, dulces y agradables los primeros, amargos los últimos hasta el punto de dejarle un sin sabor en todas sus papilas. Un baúl donde guardaba recuerdos que tenían algo en común, donde se encontraban las memorias compartidas con Dorcas y, cómo no, con ella. Recelosos se encontrarían sus mejores amigos al enterarse de aquello, ingenuos al pensar que ellos no tendrían su propio baúl. Libros, pergaminos y baúles, los tres más grandes tesoros que el ex pupilo de Godric Gryffindor había aprendido a atesorar con el transcurso de los años, con el progreso de esa maldición que, un día por mes, le hacía olvidar quién era, quién había sido hasta ese momento. Libros que guardaban y alimentaban su necesidad por saber más, pergaminos que le ayudaban a expresarse y a comunicarse con aquellos que, como la inigualable Lily, se encontraban tan lejos como la luna lo estaba de volver a alzarse en su punto más alto. Baúles, apilado uno debajo de otro, con su olor a madera capaz de perpetrar en el olfato de cualquiera, que almacenaban recuerdos desde el primer saludo hasta la agridulce partida de cada uno, enfilándose cada uno a un sendero en el cual cabía nada más que una persona.

Té fulgurando sobre café, serenidad contra inestabilidad. Diferentes. Pero amigos, mejores amigos, por encima de cualquier otra cosa. A Lupin, con un rostro ligeramente rejuvenecido y sus labios ataviados de una sonrisa jovial, se le notaba cuán bienvenida era la muchacha de cabellos de fuego en cada poro de su cuerpo.

No esperaba lo contrario. —admitió Remus Lupin, haciendo gala de ese toque pedante que en ocasiones, muchas más de las deseadas, sirvió de distintivo para los Merodeadores. —“Y espero ver pronto tu maraña pelirroja y soportar, con gran paciencia y alegría, tus incesantes preguntas. Tuyo, Rems”. —recitó las líneas con las que terminó la última carta que le hizo llegar y ahora ella exhibía entre sus dedos.

Un abrazo, un ruego. Un quédate y haz que las cosas sean como antes. Una añoranza que en ocasiones, más de las que al siervo de la luna le gustaría reconocer, se instauraba en su pecho y socavaba con puñales.

No sé mucho de Peter. Sus cartas son las que más tardan en llegar, pero en la última me aseguró que se encontraba bien. —Colagusano era quien se encontraba en un sitio más dificultoso de encontrar mediante cartas. —Sirius ha mejorado en Sigilo, por lo que le he dicho que debe agradecérselo a la pequeña Lyanna. —Canuto aprendiendo cómo ser buen padre y otros temas que nunca antes pudo, ni en sus más descabellados sueños, el joven dependiente concebir.

James sigue en esa locura de convertirse en el mejor de su equipo. La Liga está empezando una nueva temporada. —dejó hasta el final las noticias de Cornamenta, finalmente dejando ir a la pelirroja. No era necesario que dijera algo más, el brillo que fulguraba en sus ojos la delataba. —Estoy en mis mejores días. —no estaban hablando en clave pero tampoco era necesario que Lupin fuera explícito con una respuesta a su interrogante. Lily era de las pocas que conocían de su condición, la habían vivido de cerca con él y se habían tomado la molestia de aprender sobre cómo su maldición buscaba salir cada mes.

Y tú, ¿cómo lo estás llevando? —preguntó Remus, mostrándose más interesado en lo que ella podría contarle que en lo que él pudiera responderle.


OOC: La mudanza que te platiqué me tuvo liado. El próximo no tardará tanto, lo prometo.
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Re: Turning page (Remus Lupin - Flashback)

Mensaje por Lily J Evans el Dom Mayo 28, 2017 5:10 am

Sexto curso. Noviembre. Los terrenos de Hogwarts se componían de tonos cálidos en su inmensa mayoría: amarillos, rojos, naranjas, marrones… todo estaba cubierto por campos de hojas de árbol caduco que crujían bajo las pisadas de los alumnos, convirtiéndose en objeto de entrenamiento para los pequeños y los mayores, quienes retomaban su niñez una vez acumulaban una gran cantidad de fronda se tiraban sobre ella. Una actividad que Lilian disfrutaba al igual y que esa tarde pospuso para hablar en la privacidad que concedían las letanías de los extensos dominios de la escuela. Bajo un crédulo pretexto, se reunió con el castaño que estaba situado ante ella, en una versión no mucho más joven y la conversación dio inicio con aparente normalidad, sin embargo, la necesidad superó a la serenidad.

<< Remus, sé lo que eres >>

Casi pasado un lustro, los ojos esmeraldas se reencontraban con los chocolate, previo a ese abrazo que gritaba todas las necesidades por las que rogaba. Clamaba por la familiaridad del hogar, la genuina amistad, las sonrisas sinceras y las aventuras que ansiaba volver a experimentar. Pero el miedo desgarraba las intenciones, las hacía trizas regresando consigo la inseguridad, el terror de destruir todo lo bueno que construyó a lo largo de los años a causa de la persona en la que se convirtió, una lúgubre sombra de la luz que fue. Sólo cuando disipara las sombras de su pasado sería digna de un futuro refulgente.

Futuro. Veleidoso e incierto. Deparó un destino descabellado a las personas que fueron hace no mucho y si bien la alegría se instauraba en su corazón al oír sobre los avances de sus amigos, el nombre de Sirius causó unas pulsaciones aceleradas en la pelirroja por unos segundos, palpitaciones que el nombramiento de James sosegaron y relajaron su expresión a tiempo de separase de Remus -Todo cuanto quería oír- la sonrisa mediana, sincera, respaldaban sus palabras y su mano acarició la mejilla del antiguo Gryffindor.

En el transcurso del tiempo que se comunicaron a través de correspondencia, ambos ya egresados pupilos de Hogwarts desarrollaron algo similar a un lenguaje entre líneas, con el que explicaban sus verdaderas situaciones, solía ser fácil ocultar la verdad tras ciertas palabras -En proceso- lo que quería decir que se encontraba en un limbo donde no mejoraba y gracias a Merlín, su estado no iba a peor. La rehabilitación en San Mungo esos meses le ayudó, si echaba una mirada al pasado, en sus inicios, su mente y cuerpo se recuperaron de las consecuencias, sin embargo, sería una falsedad decir que estaba bien -Las clases en Salem me van bastante bien, ningún caldero ha explotado en mis manos y tengo buenas profesoras. Es fascinante la flora de América, la próxima vez traeré algunas para que puedas verlas- a conciencia que el mago apreciaría dicho obsequio, en su próxima visita lo brindaría con hierbas desconocidas y anotaciones que la misma nacida de muggles realizó en sus investigaciones.

-Vi a James, se le veía realmente… feliz. Pasamos una buena tarde, lo llevé a Londres muggle, deberías haber visto su cara cuando saqué dinero de un cajero automático- ahí estaba de nuevo, la congoja peleada con la alegría que le causaba ver al azabache en ese estado, dualidad que se decantaba por la plácida sensación de ver a Potter sonriente, carente de preocupaciones y con un objetivo por el que pelear. Todo ello visible en la voz de la pelirroja además de otros sentimientos, unos que admitió meses atrás, previamente a su partida y que ahora procuraba controlar -También fui a ver a Marlene, esperando también a Lyanna en su casa. Pero me encontré con Sirius- hubo una transmutación en el tono que hasta entonces usó Lilian, despuntando por la tensión. Ya separada del abrazo de Remus se apoyó en un escritorio cercano con cautela de no doblar ningún pergamino -Me odia, Remus- la tirantez pasó a profunda tristeza que se reflejó en aquellos ojos verdes -Y no puedo enfadarme por ello. No puedo recriminar el odio que procesa ahora, os dejé a todos sin previo aviso más allá que cartas y destrocé a la persona que considera un hermano- los labios de la bruja con el cabello en llamas presionaron el uno contra el otro.

Carraspeó en busca de desmenuzar el nudo formado en su garganta, volviendo a alzar el rostro -Traje algo para ti- diseccionó el tema de conversación con la esperanza de no sumergirse de nuevo en la tristeza que esos días atrás la tuvieron retenida en Cokeworth hasta que tomó fuerzas para ir a ver a Remus -Espero que te guste- tras revisar en el interior de su bolso un libro, de escaso grosor que lo delataba como un cuento en buen estado pero viejo, el cual le ofreció. Se trataba de una primera edición del cuento "To build a fire" de Jack London.
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Re: Turning page (Remus Lupin - Flashback)

Mensaje por Remus Lupin el Sáb Jun 10, 2017 12:14 pm

La visita, espontánea y anhelada, de Lilian le supo familiar familiar, como lo resultaba el café por la mañana, el té por las tardes. Ameno. De calidez entrañable. Calidez que revelaba el rollo de recuerdos de los días gloriosos, de los mejores días de su vida, tanto de ella como cuanto de la suya. Días que no iban a volver. No se suponía que lo hicieran. Días que florecieron en una nueva etapa, que devinieron en una carrera de obstáculos que cada uno de ellos, que Canuto, Colagusano y Cornamento, que Dorcas y Marlene, que Lily y su servidor, debían superar por su cuenta. Porque valía la pena hacerlo. Porque, sin importar del tiempo que les tomase, de las veces que volviesen al inicio, al final del camino, de ese sendero que los moldearía, estarían esperándose.

Aterido, se recordó Lupin cuando la joven del cabello besado por el abrasador fuego lo confrontó. La impotencia nubló, por esos segundos que le supieron a décadas, su juicio y se quedó sin decir palabra alguna. Impotencia reverberando en sus venas por querer negárselo y no poder hacerlo. Inadmisible resultaría el continuar en la negación. Inverosímil era el ocultarlo.
Satisfecho se mostró, por el contrario, luego de oír de los propios labios de Lily lo que sus manos, a veces mentirosas, se empeñaron en escribir en cada una de las cartas donde el castaño preguntaba sobre su estado. Procesos, insistió. Todo en la vida terminaba siendo eso.

Lo cual significaría que me volverás a visitar. ―alegó el joven, con una sonrisa que rejuvenecía sus facciones, que conseguía difuminar las cicatrices, los indelebles arañazos, que surcaban su rostro. ―Y eso siempre es bueno. ―para no perder el camino, para no olvidar lo que le esperaba al final del laberinto.

Retrocedió un paso y luego otro. Invitándola, sin mentar palabra, a que se adentrara más en aquel que era su refugio. Su nuevo refugio. A que se sumergiera en el olor a libros, en el aroma de las aventuras y travesías descritas en algunas páginas y a diferenciar el olor que emanaban las palabras de algarabía y de las prosas llenas de drama. Remus la encaró. Giró y sostuvo, una vez más las semillas de chocolate sobre las hojas de té, al palpar cuánto sentimiento, puro y sincero, se destilaba a través de las palabras de la ex pupila de Gryffindor. Había visto ambas caras de la moneda. El amor y el rechazo. El odio y la necesidad. El resentimiento y la soledad.

Eso no le da derecho a odiarte. ―Remus, el noble de los Merodeadores, sabía qué palabras escoger. Podía discernir entre cada palabra para no tomar lados, para no mostrar apoyo. Para ser imparcial. ―Él no es James, Lily. Él debe entender que te equivocaste y ahora estás pagando las consecuencias de tus actos, y con eso tienes ya suficiente. ―debía entender además y, por encima del resto, recordar, que ellos no estaban ahí para juzgar. Estaban ahí, siempre, para apoyar.

Tú no debes enfadarte ni recriminar, sino también comprender. ―con su rostro ladeado se encogió de hombros. ―Éramos una familia, Lil. Y a todos nos dolió verte partir. ―y para quienes desconocían los motivos, debió doler y escocer en demasía.

Confusión. Sorpresa. Para el enjuto castaño, el que Evans se apareciera en la puerta de la librería ya era suficiente. Con eso le bastaba a él, a su alma. Ambas emociones se reflejaron en los rasgos de su rostro y se lo encogieron en una mueca que le duró hasta que sus pupilas se toparon con una portada. Con un libro. Un juguete para un niño. Un pan para el hambriento.

―«Pero todo aquello -la ausencia del sol en el cielo, el inmenso frío y la luz extraña y sombría que dominaba todo- no le produjo al hombre ninguna impresión.» ―recitó un extracto que, vago, se asomó a la ventana de su memoria. ―Mi madre solía leérmelo de niño. ―se acercó hasta donde estaba Lilian, extendiéndole lo que, al menos para él, era la cura de uno de sus males: la ignorancia. Con una mano tomó el libro, cuidadoso. Se trataba del más preciado de los tesoros. Con la otra, su mano libre, agarró de la muñeca, gentil, a su mejor amiga y le instó a que diera una vuelta sobre sus talones. ―Yo no tengo ningún regalo preparado. Pero.. puedes escoger cualquier libro que quieras. ―se trataba, a veces lo olvidaba Lupin mismo, de una librería con literatura muggle y mágica.
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Re: Turning page (Remus Lupin - Flashback)

Mensaje por Lily J Evans el Mar Ago 01, 2017 12:19 pm

Por supuesto que volvería. Sus pies pisarían tierras britanas una y otra vez, la extensa lucha entre razón y corazón, arrastrada de vuelta a su hogar, atraída por una clase de magnetismo al igual que las aves en su migración anual por todo el globo. Liliana era ese animal volátil, etéreo, movido con la facilidad de una hoja por el viento de un lugar a otro. La corriente, el destino, quisieron que encontrara un hogar temporal al otro lado del océano donde podría no sólo desarrollar habilidades sino descansar o eso se auto-recitaba para mitigar lo dura que se hacía la distancia.

¿Está justificado el odio? El sentimiento que trae consigo la desgracia, el “defecto” de los hombres que fueron creados a imagen y semejanza según los diversos cultos y religiones de un ente superior, perfecto. La perfección es intrínseca, voluble según que ojos la observan, con versiones propias y personales.

En ocasiones, a ojos de la nacida de muggles, Remus parecía el molde de dicha excelsitud.

El cántaro poseedor de las respuestas idóneas para las circunstancias concretas, de una sabiduría que a menudo escapaba de toda persona de su edad, incluso de la mismísima Lily -Siento como sucedió todo- una nueva disculpa pronunciada entre sus labios ante una marcha veloz, sin precedentes ni fundamentos ante los impotentes ojos de sus amigos. Inspiró profundamente, espantando los espectros que acudían desde los recónditos páramos de su memoria para atosigarla, centrándose en la imagen del castaño, el olor a pergamino antiguo y tinta, las motas de polvo que lograbas ver si enfocabas la vista en los diferentes faroles que colgaban.

Para un lector, un libro resultaba un acertado obsequio. Sin embargo, en el caso del antiguo prefecto era más que un mero detalle, se trataba de una fuente de sabiduría; una nueva aventura; contrarias emociones; vocablos desconocidos y, en esa ocasión, memorias de una tierna infancia. Incentivada por la mano que ahora la sostenía, Liliana giró en torno a su propio eje con la gracia que los años en ballet durante un párvulo extracto de su vida le ofrecieron. Una risa corta pero no menos sincera se escuchó, alcanzando a reflejarse en sus orbes esmeraldas -Ni hablar, Remus. Pueden llamarte la atención- su propia certeza se vio corrompida cuando atestiguó la ingente cantidad de encuadernaciones por las que estaban rodeados -¿El que quiera?- pronunció pasados unos segundos de silencio, con el inicio de una sonrisa adornando las comisuras de sus labios. Sus dedos se posaron sobre los lomos, percibiendo ese familiar tacto y variado espesor según la publicación.

Avanzó entre los estantes sumergida en la lectura de los títulos. En apariencia, su atención se mostraba orientada a la elección de un libro -Remus... hay un último motivo por el que extendí mi estancia en Londres. Quería verte en persona no sólo por el libro, sino por que encontré algo en los libros de Salem- a medida que fue desarrollando la frase su voz se volvía más áspera, como si se le secara la boca -Una poción- en apariencia, no era nada. Sin embargo, los ojos verdes se posaron contra los zaíno, cargados de significado.
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Re: Turning page (Remus Lupin - Flashback)

Mensaje por Remus Lupin el Dom Ago 06, 2017 2:44 pm

     Disculpas sin premeditar que nunca cesaban de llegar, que nunca tardaban en exponerse y tratar de explayarse cuando se creía que era muy tarde. Tarde para todo. Tarde para nada en particular. Disculpas a las cuales parecía ya haberse acostumbrado el castaño, que ya le sabían igual que el rezo mañanero para el ser todopoderoso de turno. Omnipresente, como la maldición misma que corría en las venas del fiel sirviente, del eterno amante, que reverberaba, en ocasiones silente y en otras inconveniente. Omnipresente e irrompible, como los lazos que los unían a ellos, a los Merodeadores, a todos con todos.

Todo sucede. Todo pasa, Lils. —enunció Remus Lupin, recordando como un día, hace unas cuantas noches de luna llena, esas mismas palabras habían nacido en sus labios para acariciar los oídos de su madre, para tranquilizarla y verter serenidad en la copa vacía de su alma. —¿No es esa la parte divertida de estar vivos?—¿no era aquel el motivo por el cual todas las mañanas vencían al pecado de la pereza y abrían los ojos?

     Remus era un amante innato. Amante de la luna, llevándole serenata una vez al mes para no dejar morir la flor de su amor; amante de la lectura, obsequiándole su tiempo sin objetar motivos; amante del chocolate, entregándose al excelso placer que dicho manjar le concedía a sus mundanas, mortales papilas. Un amante sin remedio. Incorregible. Si ya la existencia del castaño era incurable, ¿por qué no podría adueñarse él mismo, egoísta, de una parte de su existencia y añadirle unas cuantas especias más? Codicia de su parte, de parte de una noble alma que siempre se relegaba a sí mismo por nubes de miedo y auras de recelo por parte de terceros. Terceros que no eran ellos, a los que él extrañaba. Y hasta ahí llegaba esa vena egoísta de su parte, pues prefería verlos felices antes de admitir que los necesitaba a ellos. A todos.

No sería la primera vez que lo hagan por causa tuya. —una broma, una reprimenda. Una prueba de la confianza que enmarcaba su amistad, del incuantificable cariño que le profesaba a quien fuere Prefecta de los valientes y áureos leones. —Escoge uno ya, Lilian. —porque la conocía tan bien como ella podía jactarse de conocerle a él.

     Y la dejó ir como quien suelta en libertad y al vuelo a un jilguero, como quien deja ir el pétalo de un lirio. La dejó ir, la dejó pasearse por entre los estantes de la librería. La dejó ser quien era dentro de lo más profundo de su ser. Como la joven bruja le permitía ser a él. Se encogió de hombros mientras Lilian Evans se adueñaba con esa fuerza tan suya de los angostos pasillos del local. Se cruzó de brazos luego de depositar el flamante obsequio sobre su modular, alejado de los libros que debía devolver a su lugar. Ligeramente embobado, ensimismado se topó contra una pared de concreto y tropezó. O eso sintió en cuanto escuchó la última frase de la futura pocionera. Una pared de concreto, construida a base de ilusiones y la mezcla de anhelos de un mejor porvenir.

Evans, no. —tajante, negó. Por él, por ella. Por todos. —Una poción, un hechizo. Menciona algo y yo te diré cuántas veces lo he intentado. —cuántas veces su santa madre no había intentado. —Y te diré cuántas veces ha dolido la decepción. —porque la necia y ciega esperanza era lo que más atormentaba el alma.
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Re: Turning page (Remus Lupin - Flashback)

Mensaje por Lily J Evans el Miér Ago 09, 2017 9:52 am

Prosa o verso.

Se trataría de una calumnia decir que sentía predilección igualitaria por ambas, pues si bien compartía gusto por esa clase de lectura su corazón siempre tendría un hueco especial para la narrativa clásica, esa que estuvo presente en sus recuerdos más precoces, narrados por la voz de su madre bajo el cobijo de las mantas y una pequeña luz, abrazada a su conejo de peluche. Los hermanos Grimm, Charles Perrault, Hans Christian Andersen, Lewis Carroll… ilustres autores que decoraron su infancia con cuentos, mundos e historias en los que en ocasiones se imaginaba como protagonista. ¿Su predilecta? Alicia en el País de las Maravillas. Una precoz Lily que cuando su madre relató por primera vez la historia buscó en los huecos de los árboles, persiguió conejos blancos, sintió temor por los laberintos y considero alimentos como la pimienta o el vinagre causantes de desagradables comportamientos en ciertas personas.

Le seguiría la literatura mágica. Fue imprevista pero con un encanto igualitario a los cuentos muggles que la hacían soñar, maravillándose con los cuentos de Beedle el Bardo y sus mundos; narraciones que aún a dos décadas de edad seguían causando impresión en su persona. Cuantos otros portentosos misterios albergaba en mundo mágico a sus ojos, esos que deseaba descubrir.

Pero en ocasiones, ni la magia podía disipar la oscuridad.

La negativa es clara. Retumba con fuerza en sus oídos, la paraliza y a la vez incrementa los latidos en su pecho. El sentimiento en las palabras del castaño arañan el corazón de la bruja con el cabello en llamas, la misma que intenta pronunciarse, rebatir las oraciones volcando fe ciega en sus descubrimientos. Sin embargo sus labios entreabiertos se cierran y con ello llega el silencio. Éste dura dos minutos que se convierten en una eternidad. Dos minutos donde no hay cruce de miradas si quiera. Quizás por vergüenza, quizás por el temor de hacerse daño mutuo, a sabiendas del poder de las palabras -¿Recuerdas aquel día? Noviembre, estábamos en sexto curso- los ojos de Lilian se posaron en el lomo de un manuscrito de Historia mágica medieval, acariciando su cubierta de cuero -¿Recuerdas lo que me dijiste?-

<< Me está volviendo loco que James, Sirius y Peter arriesguen todo por mi. No quiero herir a nadie, Lily. Jamás me lo perdonaría >>
<< Lo sé, Remus. Pero debes dejar de castigarte a ti mismo y dejar que la gente cuide de ti >>

La mano que segundos antes reposaba sobre el libro cayó casi en un peso muerto. Las esmeraldas se encontraron con los cinabrios -Jamás te plantearía la existencia de una poción si los resultados no fueran completamente seguros- la franqueza en su voz fue tan rotunda como la negativa del antiguo león. El aire recorrió las orillas de sus labios a modo de un suspiro, resignado, arrepentido -Respetaré tu decisión, Remus. Sea cual sea. Sólo deseo lo mejor para ti, por que mereces todo lo bueno que pueda depararte la vida- todos habían sacrificado mucho en los últimos tiempos. Habían perdido. Habían ganado. Ahora, en esa irregular cuerda sobre la que caminaban en sus vidas, la posibilidad de aportar algo de endereza a la de uno de sus amigos era una nueva victoria, esa que deseaba que deleitara y lo liberara.
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Re: Turning page (Remus Lupin - Flashback)

Mensaje por Remus Lupin el Dom Ago 20, 2017 12:12 pm

     Fuera, la vida pasaba con regularidad. Porque para ellos, los transeúntes del día a día, la calle no les ofrecía nada nuevo, nada ajeno a lo que cada mañana les obsequiaba. Para ellos se trataba de otro día del año que apenas daba sus vueltas. Otras veinticuatro horas comunes y corrientes. Fuera, todo seguía el curso que le correspondía. Sin sorpresas ni misivas, sin primicias ni ensueños. Fuera de la tienda, donde tenues rayos de sol bañaban las calles, donde las túnicas de magos y brujas siseaban al besar el gélido asfalto de las veredas por las que transitan, donde los copos de nieve trazaban con sigilo su descenso hasta perecer y convertirse en una lágrima de cristal. Fuera, donde el mundo no se detenía, no se saltaba ningún latido.

     Donde se mantenían ajenos a lo que se suscitaba dentro de esa añosa librería, a lo que ocurría entre un viejo par de amigos. Entre un viejo secreto, una vieja mentira que encubrían magia antigua y etérea. Maldición Indescifrable que se le escapaba de las manos a cualquiera que buscara desentrañar el misterio. Mas, ¿no por eso se trataba de un misterio? Respuesta trivial para una interrogante titilante.

     Igual de palpable, fresca cual óleo recién pintado, como el recuerdo al cual se refería la bruja que tenía en frente. Si sólo Evans fuera consciente, pudiera ver, que el fuego no sólo había abrasado su cabello al nacer. También besó su alma, la empapó de una calidez que la prometía inigualable. Inocente la recordaba también el castaño, siempre viendo en los demás lo que ellos no alcanzaban a percibir. Como si las esmeraldas que refulgían en sus ojos le dieran un poder especial, una magia indescifrable que sólo funcionaba en ella, y estas, ávidas como de costumbre, podían ver más allá de la carne y el hueso hasta toparse con una belleza que no podía ser descrita con frívolos adjetivos. Inocente hasta que alguien disparó contra ella. Una bala, fría e inerte, que se convirtió en una noticia y que bastó para resquebrajar su cándido ser. Y lo que era, lo bueno que solía ser, ya no lo fue más. Lupin comprendía eso, lo había vivido por su cuenta. Él, por el contrario, recibía balas de plata de llano en su delgado pecho, cada una más pétrea que la anterior, cada vez que su madre intentaba algo nuevo –diferente y eficaz se convirtieron en un cántico, el salmo para cada día– a fin de que él ya no fuera lo que es.

No comprendes. —masculló, el Lobo, finalmente. Estepario. Un lobo solitario, sin manada. Una vez más, volvía a encerrarse en sí mismo. En su maldición. Volvía a hacerla sólo suya. —Ellos tampoco lo comprenden. —lo apoyaban, sí; mas no comprendían realmente, no veían lo que él, Remus, veía. —Un hombre siempre recibe menos de lo que le demanda a la vida. —recitó en respuesta un pasaje del libro que reposaba sobre el modular sobre el cual se escondía.

     Cruzó sus brazos a la altura del pecho. Se abrazó temeroso. Se encerró tal como solía hacerlo cada vez, durante cada mes, cuando los días se aligeraban y lo acercaban al plenilunio, cuando el alma se le desaforaba y la jaula que contenía a la bestia comenzaba a flaquear.

El proceso es doloroso. No elaborarla, no beberla. El proceso posterior a eso… cuando esperas, aguardas que los días pasen —para el enjuto mago fue un esfuerzo el relajar cada músculo de su cuerpo, pero consiguió hacerlo y se adelantó un paso. —, añoras que esta vez... que finalmente los ingredientes y la magia surtan efecto. Pero luego el día se convierte en noche, y el pensamiento onírico se despedaza  y la pesadilla vuelve.—se encogió de hombros, dándose por vencido — El proceso de aceptar que, una vez más, nada es diferente—un lobo derrotado se perfilaba en sus iris.

No me malinterpretes, Lily. Confío ciegamente en ti, en tu magia. Eres especial, aunque no creo que sea necesario decírtelo luego de lo que viviste. —lo que vivió y revivió. —Pero créeme cuando digo que mi madre lo intentó todo mientras crecía. Mi padre también lo dio todo, su propia dignidad incluso. —y, aun así, una vez al mes se olvidaba de todo y de todos, y se confesaba fiel devoto y amante eterno de la Luna.
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