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Mirage - Milla M.

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Mirage - Milla M.

Mensaje por W. S. Sinclair el Sáb Abr 22, 2017 3:20 pm

Principios de Abril
Sala de descanso


Los pasillos de San Mungo empiezan a tornarse monótonos; paredes blancas, cándidas, repetitivas, patrones  que su mente ha memorizado después de horas, días enteros sumergida en aquel ambiente que jamás descansa. Pasos van, pasos vienen, y entretanto Sinclair intenta convencerse de que es ahí donde pertenece, de que explota su potencial al máximo, que absorbe cuanta información se le cruza porque le inspira, y no por simple inercia, o por costumbre. De vez en cuando se encuentra con la mirada penetrante de Trystan que, absorto en su tarea, se limita a cabecear en su dirección antes de desaparecer tras la curva de algún pasillo. Es en esos momentos efímeros en que las dudas se disipan, en los que está segura de que esta en el lugar que le corresponde, al lado del otro noruego,  ¿Pero es eso lo que en realidad quiere?

La partida de Trystan significó un punto de inflexión en su vida. Le permitió cuestionar sus decisiones desde un punto de vista egoísta, sin pensar antes en el bienestar de los otros noruegos y, en cambio, por primera vez, preocupándose más por la propia. Tras renunciar a la estabilidad de su hogar y al apoyo que conlleva el nombre de su familia, Willoughby se refugió en la seguridad que representaban sus amigos, aferrándose al apoyo incondicional que ambos mostraron cuando les informó sobre su decisión. Como es obvio en una situación precaria como aquella, ambos habían voceado sus preocupaciones, pero ultimadamente hicieron todo en su poder para asegurarse de que la transición no fuese algo de qué preocuparse. Y así, los tres abandonaron el nicho, extendieron sus alas y emprendieron vuelo hacia un futuro incierto, no obstante, Willoughby siempre permaneció a la sombra de los otros, y ansiaba encontrar su propio rumbo.

Decidir que se dedicaría a la medimagia no fue una decisión difícil de tomar, mucho menos cuando fue el mismo Trystan quien lo había sugerido. “Te sentara bien preocuparte por alguien más que por ti misma” le había dicho. Ambos habían reído, Sinclair aún más por lo irónico de sus palabras. No tenía razones para negarse, la rama le interesaba y estaba ligeramente relacionada a lo que en realidad le apasionaba. Asimismo, no se había preocupado por sus planes a futuro más que por resolver el misterio que envolvía la desaparición de su hermano. Fue una decisión arbitraria, fácil, a la que no dio mucha mente, no obstante, ya no estaba tan segura de haber elegido correctamente. Sentía que algo le faltaba, ¿Pero el que?

Tras horas de labor, necesarias para su práctica como aprendiz, decidió tomarse un descanso. Se adueñó de una de las mesas más lejanas en el área de descanso y, con un libro de pociones curativas entre manos, se dedicó a buscar entre las paginas una razón más para continuar su día sin relegarse a la monotonía. Absorta en su lectura, no se dio cuenta de la nueva presencia en la estancia.
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Re: Mirage - Milla M.

Mensaje por Milla K. Montague el Dom Abr 23, 2017 4:22 pm

El silencio era algo molesto para la medimaga, se cansaba de esa tranquilidad y paz que conseguía que su mente acabara recorriendo derroteros que prefería mantener completamente aislados, alejarlos durante el máximo tiempo posible para que no consumieran su día a día. Aun así no podía ser egoísta al nivel de pedir que algo malo ocurriera para poder evadir su mente, prefería que los días siguieran siendo monótonos y tranquilos a regresar atrás en el tiempo donde siempre había alguien con heridas de una índole u otra diferente. Quizás si querría volver atrás en el tiempo, pero no por razones tan egoístas y horribles como aquella.

Esbozó una sonrisa amable al pequeño que entró en su consulta, cogido de la mano de su madre, temeroso. Acto seguido se levantó de su silla acercándose hasta ellos, acuclillándose frente al pequeño cuando se hubo sentado en uno de los asientos asignados para los pacientes. No tuvo que esforzarse mucho para saber que era exactamente de lo que adolecía; su mano se acercó hasta la mejilla del pequeño para que girara el rostro hacia un lado y así poder cerciorarse al cien por ciento que era aquello y no un hechizo modificado para que luciera de una forma similar. —Su hermano mayor estaba probando hechizos y no tuvo mejor idea que testarlos con su hermano pequeño.— explicó la madre mientras ella se incorporaba frunciendo los labios ligeramente. Ella misma tenía dos hermanos pequeños y dos hermanas mayores pero nunca se le ocurrió usar ningún hechizo contra ellos o que testaran poción alguna. Negó con la cabeza caminando hasta una pequeña estantería que tenía al fondo de la sala. —Una maldición de conjuntivitis comenzó a decir a la par que sus manos miraban los frascos alineados perfectamente —, no es nada grave, con una poción oculus estará perfecto, pero será mejor que jueguen con cosas menos dolorosas.— concluyó en el mismo momento que encontró el frasco con la poción mencionada. —Désela cuando llegue a casa, que guarde reposo durante unas horas— explicó caminando hacia ellos y colocando la mano frente a los ojos del pequeño — y deje de frotarse los ojos.— al final se dirigió por completo a la madre del pequeño, teniéndole la poción y despidiéndose de ambos con la mano cuando salieron de su consulta.

Rodó los ojos cuando la puerta se cerró. ¿A quién en su sano juicio se le ocurría hacer tal cosa? Suspiró con cansancio, dejando que su mirar vagara hasta el reloj de pared que había en la sala frontal de la consulta. Tenía treinta minutos para la siguiente cita de revisión por lo que un buen café ayudaría a despertar su adormecido cerebro.

Quizás allí se encontrara con su nueva compañera de San Mungo, lucía como una persona interesante y una verdadera apasionada de la medimagia por lo que conversar con ella siempre se convertía en un momento interesante a la par que interactivo. Mas no fue así. Pidió un café latte y se dispuso a ocupar una de las mesas cuando se percató de la presencia de una joven completamente absorta en su lectura, alguien relativamente desconocido para ella puesto que, aunque había conseguido vislumbrarla en alguna ocasión, nunca tuvo el tiempo suficiente como para interesarse demasiado por su procedencia. —Pociones curativas— recitó cuando hubo llegado hasta su altura y leído el título del ejemplar que portaba en sus  manos. —En muchas ocasiones una simple poción es más efectiva que un  gran hechizo.— comentó con la taza entre sus manos y sus ojos chocolate aún recorriendo el libro.
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Re: Mirage - Milla M.

Mensaje por W. S. Sinclair el Vie Abr 28, 2017 4:24 am


No recuerda cuantas veces ha leído el mismo libro, el mismo párrafo, la misma silaba. Solo sabe que lo ha leído tantas veces que hasta puede recitar cada oración con exactitud. Sin embargo, aun encuentra cierto regocijo en la familiaridad del contenido, y en las  notas que ella misma y sus amigos han dejado en las márgenes del objeto. Una en particular resalta a la vista, una que no registra en su consciente, pero que despierta una sensación que reconoce casi de inmediato, la misma que experimento el día que, en compañía de sus amigos, se sumergió en la lectura de un diario ajeno que fue capaz de robarle la sanidad metal. Su mirada, desconcertada, se clava sobre la anotación. Una runa, el significado retumba en su mente cual eco ahogado en una fortaleza abandonada, tiene el efecto de una bombarda máxima confinada, logrando reclamar su atención al punto de hacerle perder la noción de sus alrededores. Las incógnitas resurgen en su mente como un náufrago que, a trompicones, ansia llegar a la superficie en busca de aire. Sus recuerdos se mezclan unos con otros, unos ficticios, otros que impactan contra su realidad, y es en ese momento que su mente abandona el presente.

Thurisaz.

Es una voz femenina la que logra traerla de vuelta a la realidad. Alza el rostro cual resorte y observa a su interlocutora por varios segundos, en silencio, pasmada por lo repentino de su aparición y por el hecho de haber abandonado aquel sopor de forma tan brusca. Parpadea dos, tres veces, intentando aclarar la niebla en su mente hasta que por fin parece reaccionar del todo. Sacude la cabeza ligeramente y se obliga a esbozar una sonrisa cordial. –Doctora Montague- musita, e intercambia miradas entre la mujer y su libro –Tiene razón. Me complace saber que alguien piensa como yo-concede, con cierto deje de vergüenza, como si acabara de reafirmar una verdad que no le corresponde. Su mente aún se debate entre la realidad y sus recuerdos, y entorpece su reacción, pero se esfuerza por miedo a quedar como una inculta.

Hurga en su mente entorpecida por el rostro femenino que se planta frente a ella. La reconoce, es una de las pocas medimagas residentes a las que se ha empeñado en observar, por la sutilidad con la que se desenvuelve, por su eficacia. No se ha dado a conocer pues, como siempre, prefiere pasar desapercibida y mezclarse entre lo común, pero usualmente está atenta a lo que sucede a su alrededor, como buena observadora que es. Aparte de eso, no conoce nada de la mujer, más que su nombre, y es la primera vez que cruzan palabra. –Personalmente, prefiero hacer uso de las pociones. Creo que tienen ciertos beneficios que no son fáciles de adquirir con un simple hechizo, especialmente con casos impredecibles- explica, mientras pasa de página con disimulo con intenciones de ocultar la razón de su malestar. –Pero no me haga caso, se supone que aún tengo mucho que aprender. Tengo un par de años por delante para justificar mi “experiencia”- se excusa, enfatizando aquella última palabra un movimiento de sus extremidades, que se alzan frente a ella para imitar un par de comillas en el aire. Se encoge de hombros, como si quisiera restarle importancia a lo que ha dicho, y reposa las manos nuevamente sobre su libro. – ¿Día largo?- inquiere ingenuamente, y agradece en su fuero interno la distracción que provee la mujer, pues no le apetece sumergirse en el agobio de sus cavilaciones. –He notado más actividad hoy, en comparación con otros días- comenta, fijándose en la taza humeante que sostiene su acompañante.


Última edición por W. S. Sinclair el Dom Mayo 21, 2017 6:19 pm, editado 1 vez
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Re: Mirage - Milla M.

Mensaje por Milla K. Montague el Dom Abr 30, 2017 2:45 pm

Por unos segundos se sintió responsable ante el hecho de no ser conocedora del nombre de la joven; siempre se había mostrado atenta y dispuesta a ayudar a todos aquellos que se encontraban a su alrededor, ¿qué había cambiado dentro de ella? Aun así permaneció parada, frente a la joven que quedó inmersa en sus pensamientos, completamente perdida entre las palabras del libro de pociones que sostenía entre sus manos. Reprimió el impulso de pasar una mano frente a su rostro en busca de algo que no fuera una mirada perdida como respuesta, cuando ella misma consiguió salir del sopor que la había embrujado durante unos minutos. Sus cejas se arquearon en el mismo momento que el libro dejó de ser de vital importancia para ella y sus miradas conectaron. Una sonrisa amable se dibujó, con completa naturalidad y dejando a un lado el cansancio o el mal humor que pudiera llevar en sus espaldas, a la par que movió la cabeza ligeramente hacia ambos lados. —Llámame Milla, por favor— pidió acariciando con el pulgar su taza de café, disfrutando de la calidez de ésta y perdiéndose en la portada del libro de pociones. Creía ciegamente sus palabras, no tenía problema alguno en darles el mérito que se merecían a aquellas personas que tanto se esforzaban para la invención y creación de pociones que facilitaran la vida de todos. Todo aquello que ayudar a los demás era perfecto para la medimaga.

—Son dos áreas íntimamente relacionadas, los medimagos dependemos en gran medida de las pociones; quizás sus creadores desconocen de todos los usos de éstas, y para ello estamos nosotros. Para explotar al máximo sus posibilidades en el arte de sanar a los demás— explicó retirando su mirar chocolate de la porta y posándola sobre la joven. Tenía hermanos pequeños, había visto pasar a muchas personas por sus manos y ella misma también estuvo allí sentada cuando se encontraba en prácticas, sin saber muy bien hacia donde ir hasta el día que se cruzó con Andrew y decidió ocuparse de ella guiándola en todo el tiempo que duró su estadía como estudiante en San Mungo. «Quitar un poco de aquí y poner un poco de allí» citó a una vieja profesora de pociones que tuvo cuando cursó pociones avanzadas en Salvio Hexia. Cruzó las piernas y retiró un mechón de castaño flequillo que se interpuso en su rostro. —¡Para nada!— rió  con un gesto de su mano que quitaba importancia a lo dicho —para aprender hay que hablar y equivocarse, nada hacemos si te quedas dentro cada una de tus reflexiones o pensamientos, que tengan que ver con la medimagia, claramente— puntualizó arrugando con labios como una manía que aún persistía en el tiempo —. Sin contar con el hecho de que no has errado en tus palabras en momento alguno— le brindó como una felicitación ante sus palabras; completamente acertadas y compartidas por ella misma.

Llevó la taza hasta sus labios, bebiendo escasamente, pero alzando la mirada hacia ella. —Día curioso—. Miró la silla y la movió hacia atrás pero, antes, regresó la mirada hacia la joven. —¿Puedo…? Perdona, ni siquiera te he preguntado tu nombre— una mueca se dejó entrever en sus labios, con molestia, con malestar consigo misma por no haber pregunta por el nombre de la contraria en el mismo momento que se acercó y la joven demostró que si sabía quien era ella pero no viceversa.
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Re: Mirage - Milla M.

Mensaje por W. S. Sinclair el Vie Jun 16, 2017 1:55 am


-Esta bien, Milla- concede, y rie ligeramente, asimilando la naturalidad con la que el nombre abandona sus labios. Hay personas que tienen la habilidad innata de cautivar a quienes les rodean con acciones simples, de infundir calma y apaciguar preocupaciones raudas con su mera presencia. Es precisamente ese el efecto que la doctora tiene sobre la noruega, la sonrisa tacita que se dibuja en sus labios es contagiosa, y la disposición con la que le atiende sosiega las inquietudes que plagan su mente, sirve como la distracción que Sinclair tanto necesita de momento. Asiente tras su pedido, y esboza una sonrisa resignada, entretenida por la ironía de su situación en particular. Las cordialidades siempre han sido un tema de rodeos para Sinclair, y no precisamente porque le sean de vital importancia, sino porque nunca ha tenido problema en prescindir de los modales que tanto le inculcaron cuando se trata de individuos que intentan imponer su autoridad arbitrariamente. ¿Qué mejor forma de hacerlo que infundiendo admiración? ¿Labrando justamente el respeto que muchos creen merecer, y poco se esmeran en ganar? Por fortuna no es el caso de Milla.

-Tiene razón, además también hay que considerar las posibilidades de combinar ambas artes. Hace un par de meses leía sobre los procesos experimentales para curar la viruela de dragón con…eficiencia. Las técnicas de Gunhilda de Gorsemoor usaban una composición de pociones y hechizos para debilitar el virus y revitalizar el organismo a la vez. -comenta distraídamente, rebuscando en su memoria los datos importantes de aquel artículo en el que se había ensimismado por horas y la cantidad de pergaminos con anotaciones, desperdigados por el suelo de su habitación. -Era fascinante, los efectos, los avances, las posibilidades- inspira y exhala, deleitándose con la información que borboteaba de algún lugar recóndito en su mente.  Alza la mirada, por fin, y al encontrarse con la ajena se da cuenta de que roza la posibilidad de monopolizar la conversación. Sus dedos se enredan entre su dorada melena, deslizándose ansiosamente desde el nacimiento en su frente hasta la base de su cuello. Su gesto denotaría vergüenza de no ser porque Milla misma le ha instado a vocear su opinión, algo que Sinclair agradece. -"Quitar un poco de aquí y poner un poco de allí"- repite, meneando la cabeza de un lado al otro, como replicando el ademan de poner y quitar. -Es una buena forma de decirlo- concede, y asiente nuevamente, agradeciendo sus palabras de elogio silenciosamente. En su interior, su ego, irreverente, se regodea y danza complacido.

Es cuando la medimaga vocea su pedido que Sinclair cae en cuenta de su falla. -Si tiene intenciones de quedarse a escucharme balbucear unas cuantas coherencias más, por favor, no tiene que preguntar- ofrece, sonriendo con sorna, pero sin apartarse de la línea de cortesía que sus posiciones delegaban. Aparta el libro, sin más, relegando su existencia a un segundo plano y otorgándole a la mujer su atención plena.  Su porte, antes inquieto, ha recuperado la impasibilidad que suele caracterizarle, casi olvidando por completo aquella aflicción abismal que atentaba con arrebatar su cordura, dejando tras si el simple eco de aquel nombre que aun retumba en su fuero interno, el cual ignora campalmente. -No se preocupe, suelo pasar desapercibida y así lo prefiero- admite, medio en broma y medio en serio, mas sin omitir la sonrisa que acompaña al encogimiento de hombros que intenta restar importancia a sus palabras. -Soy Sinclair-

-¿Dia curioso, dice? Para todas las cosas que se ven en este lugar, seguramente le ocurrió algo muy peculiar-


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Re: Mirage - Milla M.

Mensaje por Milla K. Montague el Miér Jul 26, 2017 5:06 pm

Nadie ganaba nada con aquel tipo de formalismos, además de que no era nadie importante como para que la tuviera que llamar doctora Montague cuando no se encontraban en ninguna consulta ni en mitad de una lección. Si algo le gustaba era la naturalidad cuando estaba junto a los demás y mucho más teniendo en cuenta que ella estuvo al otro lado de la mesa, mirando con inseguridad a todos y cada uno de los sanadores y medimagos, no sabiendo hacia donde ir pero rehusando, encarecidamente, a ir junto a su padre para no ser tachada de favorita.

Mojó, de nuevo, sus labios con el cálido café. Disfrutaba como nadie de los momentos en los que se podía relajar, estirar las piernas y mantener alguna amena conversación. El problema era que siempre que hablaba con alguien en San Mungo acababa siendo sobre algún problema de un paciente o un asunto relacionado con el trabajo por lo que nunca llegaba a desconectar del todo ni siquiera cuando tenía unos minutos destinados a ello exclusivamente. Por suerte la joven le había venido como caída del cielo; alguien a quien poder ayudar en lo posible mientras hablaba con tranquilidad. —Llegarás lejos si sigues pensando así— concedió con amabilidad, disfrutando y deleitándose de todas y cada una de las palabras que la joven estudiante pronunciaba, dejando entrever la pasión que sentía por ambas ramas de magia. Aún quedaba esperanza si realmente algunas personas seguían preocupadas e interesadas en investigar, en abrir su mente a nuevas posibilidades sin temer lo que pudieran opinar al respecto. —Me caes bien— agregó sin más. Era cierto, le agradaba aquella joven y no tenía problema en exteriorizarlo abiertamente.

Las finas cejas de la medimaga se arquearon, las achocolatadas orbes quedaron fijas en ella con curiosidad, más no agregó nada, solo sonrió con satisfacción mientras tomaba asiento frente a ella. —Dudo que pases desapercibida— contestó acariciando con el dorso de la mano la taza, disfrutando de su calidez y resbaladizo tacto. —, seguro que ya tienes un tutor que está sorprendido contigo— aseveró con seguridad plena en las palabras pronunciadas. Una dulce y amable sonrisa prendió en sus labios. Las manos se deslizaron de la taza, entrelazando sus dedos con parsimonia. —Es un placer conocerte, Sinclair, no olvidaré tu nombre, tú sabes el mío— habló lentamente, con fe y la creencia de que no lo haría. Pocas personas conseguían captar su atención favorablemente desde el mismo inicio; ella lo había conseguido con creces.

—Muy curioso— repitió. Su rostro se tornó pensativo, acariciando sus propios dedos ante el hecho de pensar en el último paciente que había tratado y relacionar aquello con sus propios hermanos. Suspiró, meneando la cabeza hacia ambos lados. —La última urgencia que atendí fui un niño que había sufrido una maldición conjuntivitis por parte de su hermano, el cual quería practicar— explicó, aún pensativa, con su mirada perdida en algún lugar lejano al en el que se encontraban. —Es increíble…— agregó con cierta incredulidad latente en su voz. —¿Tienes hermanos, Sinclair? ¿Qué opinas de la actitud del hermano mayor?— continuó preguntando, completamente absorta en sus pensamientos. Con un movimiento de cabeza intentó aislarlos  y no molestar a la joven. —Perdona, no pretendo ser entrometida— se disculpó. Puede que, ni siquiera, le hubiera importado contestar la pregunta relativa a sus hermanos pero ella estaba demasiado sensible por lo que sentía que a todo el mundo le debía de incomodar las preguntas relativas a la familia.
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Re: Mirage - Milla M.

Mensaje por W. S. Sinclair el Vie Sep 08, 2017 1:52 am


Hace mucho que no se encuentra de lleno con el interés genuino de alguien que no pertenece a su minúsculo circulo de allegados. Es refrescante, y a la vez intimidante viniendo de alguien a quien admira. Sus palabras de aliento encienden una llama que hace mucho no brillaba en su interior, aquella que, en compañía de su curiosidad innata le habían llevado por el camino de la medimagia. -Espero que tenga razón. - admite, y procura no sonrojarse ante la aseveración de la mujer, escondiendo su modestia tras una sutil sonrisa. -También me caes bien. - se permite tutearla, habiendo concluido ya que la mujer no era fiera amiga de las formalidades a las que muchos aspiraban sin ser merecedores de ella.

La mención de un posible tutor le arranca otra sonrisa, pero esta vez es una de incomodidad. Lo cierto es que no se ha molestado en buscar a uno en concreto, sino que se ha limitado a los instructores varios que se turnan entre todos los aspirantes. Tampoco nadie ha tomado la iniciativa de acercarse y ofrecerse, pero eso lo atribuye al hecho de que, realmente, le gusta pasar desapercibida dentro de lo posible. Su desempeño es formidable en su área de enfoque, no obstante, se ha enclaustrado tanto en su burbuja de conocimiento que ha dado la impresión de no estar interesada concejos, ni guías precisos. Tal vez debería considerar cambiar ese aspecto. -De momento ninguno en particular. - confiesa, encogiéndose de hombros como si en realidad no le importunara, -A futuro, tal vez, si es que decido continuar mi educación en San Mungo. – La visita al instituto de Salem aun esta fresca en su memoria, aún más la conversación que había mantenido con cierta tutora que le había orientado en una dirección optimista. Decir que estaba emocionada era poco, pero la posibilidad le despierta inquietudes que aún no tiene claro cómo resolver. -El gusto es mío, de verdad. Admiro mucho lo que hace. - admite, sin tapujos, sintiéndose en confianza suficiente como para expresarlo sin tapujos.

Escucha, atenta, a lo que la doctora le cuenta, riendo por lo bajo cuando lo considera necesario. Ella misma ha presenciado casos que dejan mucho que decir, y aunque ese no es de los peores, ni de los más únicos, es memorable. -Pobre niño. - dice, negando resignadamente. Ante la pregunta, el cambio en su porte es evidente. La sonrisa que albergaba en sus labios desfallece, y la calma con la que se ha pronunciado hasta el momento trastabilla. Hablar de sus hermanos nunca ha sido un tema de su agrado, tiende a evadir el tema cual plaga; no obstante, se encuentra en medio de una situación de la que no puede escaparse sin propiciar una situación incómoda. -Si- titubea. Carraspea y se esfuerza por no permitir que los recuerdos se abran paso y le arruinen un buen rato. -Dos. Uno mayor, y otro que apenas está en edad de empezar sus estudios. - le cuenta, sin adentrarse en detalles, más sin privarla de información. – No se preocupe, no me molesta- resta importancia a su disculpa y, para amainar la angustia que oculta, se dedica a jugar con las esquinas de las páginas de su libro. – Supongo que fue víctima de su curiosidad. Todos lo somos en algún momento. Yo misma le cause varios dolores de cabeza a mis hermanos- recuerda, fijando la mirada sobre la portada y exhibiendo una sonrisa anhelante. El recuerdo de Soren y Arkady se hace palpable en la superficie de su consciente, y por miedo a sucumbir los aparta de su mente al cambiar el enfoque de la conversación hacia la mujer. -¿Y usted? ¿Tiene hermanos, o hijos?. -  es consciente de que la mujer es joven pero, ¿Quién sabe?
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Re: Mirage - Milla M.

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