Something borrowed (Hailey)

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Something borrowed (Hailey)

Mensaje por Alexander D. Lewis el Lun Abr 17, 2017 5:44 pm

Era una tarde bastante típica en Londres, con el cielo encapotado por nubes negras que en cualquier momento se decidirían a descargar. Miré el reloj y decidí que era un buen día para ir a comprar un par de artículos que necesitaba para el Quidditch. Llevábamos unos días esperando a que el tiempo fuese propicio para poder practicar antes del partido, a este paso se terminarían los días y acabaríamos yendo al partido sin haber hecho ni un solo entrenamiento. Salí del hotel en el que me estaba alojando en dirección al Callejón Diagón, debían ser alrededor de las ocho de la tarde. Con suerte aún encontraría la tienda abierta. Caminé tan rápido como pude y por suerte el hombre de la tienda me reconoció, así que dejó abierto un par de minutos, lo justo para poder comprar el par de cosas que necesitaba, entre ellas un par de guantes y botas.

Me adentro en la tienda mirando cada uno de los objetos que hay en el interior, hacía años que no iba al Callejón Diagón, y eso me recordaba al tiempo que había pasado comprando el material para Hogwarts. Parecía que había pasado una eternidad y solo habían sido 7 años. La nostalgia me invade durante unos instantes, echaba en falta la tranquilidad que había en el interior del castillo, a pesar de haber pasado el verano en África todo eso ahora hacía tiempo que había quedado atrás. Cogí los guantes y tras esto, me dirigí a la sección de botas, aunque por el camino tropecé con las escobas y una fue a parar a la espalda de la chica que había agachada en aquel lugar. Cogí la escoba y observé a la morena.-Disculpa.-susurré dejando la escoba en su lugar. No era consciente de que había alguien más en aquella tienda, aunque para mi modo de ver la chica parecía estar algo perdida, como si no estuviese en aquel lugar por placer. Para mi aquel era el mejor lugar de todo el callejón. -¿Estás bien?-pregunto con curiosidad.
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Re: Something borrowed (Hailey)

Mensaje por Hailey A. Fiennes el Mar Abr 18, 2017 6:47 pm

Xander Lewis ▲ atuendo

Suspira. Y, una vez más, ve cómo su aliento se convierte un denso vaho que se pierde con la neblina que comienza a descender sobre Londres y a asentarse hasta convertir en complicada la tarea de diferenciar a los edificios que parecen alcanzar el cielo plagado de nubarrones. Tormenta. No muy lejana. Inspira en esta ocasión la neoyorquina, inhalando la infinidad de aromas que desprende la capital inglesa. Percibe la humedad de la lluvia venidera, el toque entre férrico y cítrico de los letreros que comienzan a oxidarse de alguna que otra tienda por las que camina. En medio de esos alcanza a distinguir el concentrado de la ansiedad, del paso presuroso que lleva más de un transeúnte que pasa junto a ella, chocándole alguno los hombros a esa joven foránea que da pasos que buscan contagiar sosiego a los ingleses.

Se siente como en casa. No en Nueva Inglaterra ni en Boston, en su inigualable Nueva York. Se siente como si caminara sobre el bajo Manhattan, con edificios no tan altos y donde los mercaderes comienzan a inundar las aceras para conseguir su cliente del día. Así que pasar una temporada en Londres tampoco estaría tan mal.

Lleva un par de días en la cosmopolita ciudad inglesa, luego del festival de música le fue imposible irse de Inglaterra enseguida sin antes pasar por San Mungo. Una cosa hubo llevado a la otra. Y ahí se encuentra Haiz, dirigiendo su caminar hacia el conocido mundialmente Callejón Diagon. No, dirigiendo al menos ya no. Mas sí perdida en medio del sinfín de olores nuevos que llegan hasta su nariz, que rascan y juegan con su olfato consiguiendo que pierda el camino que se le fue instruido minutos antes. No es amiga de los mapas, por lo que descartó uno que se le fue entregado por uno de los desconocidos a quien interrogó por direcciones. Detesta los mapas. Por tal razón hubo escogido ir por su propio camino, paseando en medio de callejuelas angostas y de calles con coloridos adoquines. Cegada se encuentra, ida y perdida en sus propios pensamientos que se han nublado mientras admiran los rasgos arquitectónicos que destacan en aquella zona de Gran Bretaña y que difieren con la comunidad mágica estadounidense en ciertas cosas, cruza el primer umbral que se aparece frente a sus ojos de añil. El lugar desprende un fuerte olor a cuero danzando con un crítico aroma amaderado que prácticamente la abofetea. No es precisamente la tienda que busca.

Pestañea, cayendo en cuenta que se trata de una tienda especializada en escobas. O en deportes. No es muy entendida en aquel tópico, por lo que no está segura de cómo diferenciar una tienda sólo de escobas de una encargada de suplir a jugadores. La ojizarca se agacha cuando algo de una percha inferior capta su atención. Un par de guantes nunca le vienen mal a una herbolista que no ha traído su equipo. Se prueba uno, estira su mano para ver cómo le queda y cuando se dispone a probar el par siente cómo una escoba golpea sobre su hombro. Entonces, se incorpora con una mano sobre su hombro y la otra tanteando quitarse el palo, pero ya no está. Alguien se la ha quitado de encima. No, alguien no. Un chico que se disculpa, siendo probablemente él quien lo causó. —No te disculpes. Ha sido sólo mi hombro, por gracia de Isolt. —dice, acomodándose y volteando a ver al joven. Tuerce una sonrisa y menea la cabeza, alejando los pensamientos que revolaban en su cabeza y creían que se trataba de uno muchacho de la edad de su hermana menor. —Del hombro, bien. Creo. Nada que un helado no cure. —se encoge del hombro que no fue golpeado y enarca una ceja en dirección al mago. —¿Eres empleado del sitio? O sea, dependiente. —pregunta con una media sonrisa, realmente confundida por el empleo de términos americanos y su contraparte británica.



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Re: Something borrowed (Hailey)

Mensaje por Alexander D. Lewis el Miér Abr 19, 2017 2:10 pm

Definitivamente aquella tienda era mi favorita en todo el Callejón, seguramente en todo Londres. Había recorrido muchas tiendas en todo el mundo, pero tal vez aquella fuese especial por el hecho de haber sido la primera que pisé. Recordaba la vez que entré al cumplir los doce años, me habían nombrado guardián de mi equipo en Hogwarts y vine con mi padre a comprar mi primera escoba. Aquel olor a cuero que emanaban los guantes, el aroma a madera de las escobas y la voz rasgada del hombre que me vendió mi primer material. Por unos segundos me invade la nostalgia al pensar en mi padre. Ahora estaba muerto y eso parecía que tenía que dignificarlo, pero lo cierto es que para mi seguía siendo un asesino. Pasé momentos buenos con él, pero no dejaba de ser el hijo que tuvo un día con una sangre sucia y al que debía esconder para no perder su reputación ante aquella familia purista que le había criado, la misma que le llevó a la muerte con sus ideales. Ahora, él estaba muerto. No había ido a verle ni el día que recibió el beso de Dementor ni el día que le ejecutaron. No quería saber nada de él porque así sentía que no tenía nada que me uniese a eso, aunque muy en el fondo sabía que llevaba su sangre.

Cuando me doy cuenta estoy apretando los guantes con fuerza, mi puño está rojo por lo que me percato de que llevo tiempo ejerciendo esa fuerza. Aflojo los dedos y los noto entumecidos, aún así pienso que lo mejor será que me de un poco el aire y así despejar aquellos pensamientos que hacía un par de semanas que me atormentaban. ¿Cuánto hacía de su ejecución? Seguramente aún ni un mes, no me había parado a contarlo. ¿Qué tipo de persona era? Cojo aire y camino ensimismado en mis pensamientos, sin fijarme que mientras avanzo le doy un golpe a una escoba que cae  sobre una joven que está agachada, parcialmente escondida entre las túnicas y guantes. Mis disculpas son rápidas, y mis manos apartan aún más velozmente la escoba de su hombro. No parece que el golpe haya sido gran cosa, aunque las disculpas no están de más.

La observo mientras se pone de pie, debo admitir que de todas las chicas a las que podía caerle la escoba, había tenido suerte. Era una joven bastante hermosa, con bonitos ojos mar y cabello oscuro, unido a unas mejillas pecosas y sonrosadas. Sonrío levemente ante su comentario, aún aturdido por mis anteriores pensamientos. Su comentario llama profundamente mi atención.- ¿Eres irlandesa?-pregunto con curiosidad. Yo no había nacido en Inglaterra, pero me preocupé por conocer sus costumbres cuando vine aquí a estudiar. Pese a eso, había aprendido mucho sobre las culturas desde que comencé a viajar con el equipo de Quidditch. Iba a abrir la boca para contestar a lo del helado, pero su pregunta me hace estallar en carcajadas.- No. Soy comprador habitual de este lugar. Digamos que me gusta el Quidditch.-le digo con tranquilidad. No era de aquellos a los que le gusta presumir en exceso de su posición.-No parece que tú suelas venir mucho a este lugar...-añado antes de darme cuenta de mi enorme error.- Perdona mi mala educación, soy Alexander. -me presento antes de sonreír divertido.- Y me encantaría invitarte a ese helado que has dicho antes.-le comento manteniendo esa expresión, parecida a la de un niño que acaba de tener una idea brillante.
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Re: Something borrowed (Hailey)

Mensaje por Hailey A. Fiennes el Vie Abr 21, 2017 5:48 pm

Hailey buscaba la tienda de ingredientes. Se conformaba, apenas un poco, si la primera tienda en la que ponía un pie era la de pociones. Ha oído que venden especias que no se encuentran en otra parte del mundo, por lo que el entusiasmo bullía en sus venas. Esa emoción infantil, esa pizca de euforia por descubrir algo nuevo la ha secuestrado y nublado parte de sus pensamientos. La parte que la mantenía orientada. Mas, el que la morocha haya extraviado su camino, desviado de su verdadero destino, no ha sido enteramente su culpa. Podría atribuírsele la culpa de ello al par de contusiones que le hubo dejado el pasado, y monumentalmente épico tanto para bien como para mal, Festival de Música que se sostuvo en Hyde Park. Tiembla. Un temblor recorre su espina dorsal ante el simple recuerdo de lo que se hubo suscitado en aquel encuentro.

Sin embargo, tampoco está tan mal el sitio al que ha ido a parar.

Desvía su cristalino mirar hacia los guantes que se ha calzado. Le quedan... grandes, en sus manos delgadas y dedos largos. Nunca le han gustado la estética casi fantasmagórica de sus manos, pero el hecho de que le sirvieran para entonar el violín con divina facilidad conseguía vencer cualquier pensamiento vanidoso. Resulta gracioso el verse a sí misma con esos guantes, que si su memoria no falla deben estar hechos de cuero y de goma, que le quedan enormes y con la blusa que ha escogido para vestir. Y de hecho, lo hilarante del asunto se acrecienta cuando alguien más, un extraño, comparte la imagen que ella está dejando. Ladea su rostro y le es imposible no reír. La risa que fluye de sus labios rosáceos con naturalidad e inunda el sitio en el que ambos desconocidos se han encontrado. Sus mejillas se sonrosan, como es tan habitual en ella cuando siente que ha hecho algo indebido, y se apresura a negar. Por supuesto que el destino ha debido burlarse de la neoyorquina al exponerla de tal forma ante un apuesto joven que en esos momentos debe sentirse apenado por justamente toparse con ella. —No, no precisamente. —responde Hailey, comenzando a quitarse los guantes. —Americana. —le corrige a sabiendas de que es la primera vez que le dicen tal cosa. Irlandesa ella, cómo no. Las pecas, sin embargo, esa odiosa herencia de su madre, debe ser lo que llevó a que el joven pensara eso.

¡Ay, perdona! No quise ofenderte. —el rubor en sus pómulos se extiende como si se tratase de tinta que se desparramado sobre un blanco pergamino. ¿Quién era ella para confundirse cuando ella misma podía pasar por la dependiente del lugar? Sonríe abochornada y termina por retirar uno de los guantes. —Ni siquiera estaba segura de qué clase de tienda es esta, pero algo me dice que es de Quidditch. —no miente, el comentario de él la ha ayudado a concluir aquello. —Hailey. —replica su presentación, estirando la mano que aún calza el guante. Al darse cuenta de lo que ha hecho, recoge su mano pero ante la idea de quedar como una mal educada, vuelve a estirarla. —Puedo decir, Alexander, que eres el primer inglés que conozco que tiene buenos modales. Exceptuando el cuasi atentado con la escoba. —y le devuelve esa sonrisa que se le antoja encantadora, sintiéndose un poco más cómoda. —Este es el momento en que me corriges y me dices que no eres británico. —murmura aún con la sonrisa tímida danzando en sus labios, haciendo una leve referencia a lo que ha pasado apenas segundos antes. —Vaya, ¿puedo pensar que la escoba en mi hombro ha sido un complot desde el inicio para terminar invitándome a por un helado?—la sonrisa en sus labios, por esos segundos, adopta una curvatura más pícara.



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Re: Something borrowed (Hailey)

Mensaje por Alexander D. Lewis el Lun Abr 24, 2017 6:00 am

Observo a la chica con curiosidad. La verdad es que aquel día había empezado sin mucho interés, pero ahora comenzaba a encontrarle la gracia a haber ido a aquel lugar a comprar guantes y botas de Quidditch. Mi profesión era mi pasión y me permitía hacer otra de las cosas que me encantaban: viajar. Me quedo por unos segundos mirando los ojos azules de la chica que tengo delante, fallando en mi primera suposición. No era irlandesa, aunque sus pecas y sus ojos pudiesen decir todo lo contrario. Era una hermosa chica americana que había aparecido en aquella tienda y que parecía algo perdida en cuanto al material de Quidditch que la rodeaba.-Vaya, parecía que iba a acertar. Aunque americana tampoco está mal .-bromeo guiñándole un ojo. Había estado en Estados Unidos alguna vez, cuando coincidía la gira del equipo por allí.- Parece que tienes algo contra los irlandeses.-bromeo al observar la mueca que aparece en su cara cuando niega su procedencia.

Como bien había imaginado, ella no sabía qué tipo de tienda era aquella, todo lo contrario a mí que solía pasar largas épocas en aquel lugar. Con el tiempo había dejado que fuesen los patrocinadores quienes nos diesen el equipo para jugar, pese a eso, a mi me seguía gustando perderme por allí, pasar largas horas alejado de lo que suponía un estadio de Quidditch lleno de gente.-Es una tienda de Quidditch, aunque eso me dice que no sueles practicarlo demasiado.-añado divertido. Ese hecho quería decir que no tenía ni idea de quien era yo, algo que me mantendría relativamente tranquilo porque podía volver a ser solo Alex. Sonrío levemente y estrecho su mano con tranquilidad, divertido porque haya retirado ésta cuando se dio cuenta de que llevaba el guante. Su siguiente comentario hace que suelte una breve carcajada.-La verdad es que solo soy medio británico, ni siquiera nací aquí.-admito con diversión.- Soy sudafricano.-admito. Mis padres eran ingleses que trabajaban en aquel hermoso país de África, y yo nací y viví allí durante largas temporadas, incluso cuando estudiaba en Hogwarts pasaba los veranos allí. Las sabanas, el calor, la vida de allí era mucho mejor que en el lluvioso Londres.-De hecho, la lluvia inglesa me deprime un poco.-añado entre risas.

La veo tornar su sonrisa a una más pícara cuando menciona el incidente con la escoba. Ruedo los ojos divertido y asiento mirándola de manera fija.-Me has calado.-admito.- No puedo desaprovechar la oportunidad de invitar a una chica guapa a tomar un helado...-añado.-Aunque no sea irlandesa.-bromeo guiñando un ojo. Tras esto me doy cuenta de que sus palabras en ningún momento me dan a entender que va a tomarse ese helado conmigo, así que vuelvo a mirarla con curiosidad.- Entonces, ¿puedo invitar a la señorita a tomarse ese helado? -pregunto con algo de floritura intentando no reír.
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Re: Something borrowed (Hailey)

Mensaje por Hailey A. Fiennes el Miér Abr 26, 2017 9:14 pm

Hailey sonríe. Esboza una sonrisa encantadora, esa sonrisa que es capaz de derretir la más gruesa capa de nieve sin su dueña ser consciente de ello. —Por supuesto que no está mal. Especialmente cuando se es de Nueva York. —tan patriota como siempre, tan orgullosa de sus raíces como ningún otro que el joven pudiera conocer. —Tengo algo contra mis pecas. —reconoce por otro lado, sintiendo como la curva que bailaba en sus labios se convierte en una fina línea que se tuerce de lado. Nunca le han gustado sus pecas, es por eso que siempre que puede intenta borrarlas u ocultarlas. A veces con magia otras con maquillaje nomaj. Mas, hay ocasiones, como aquella en particular, que el sonroso que colorea sus pómulos termina por revelarlas.

Los deportes no quieren mi amistad. —aunque más bien, ella siempre ha encontrado la forma de rehuirle a todo lo que tuviera que ver con deportes mágicos. El Quidditch, además, no fue tan relevante durante sus estudios en Ilvermorny pues al parecer el Ajedrez Mágico era de carácter esencial. Sin embargo, siente que sus palabras tal vez pueden hacer un poco de mella en el muchacho. Una lástima, de hecho, sería de ser así. —Aunque siempre he querido asistir a un partido de la liga. —añade, recogiéndose un mechón por detrás de la oreja con su mano libre. Hailey no es de las que acostumbra a mentir, por lo que hablaba totalmente en serio. La institutriz es de ese tipo de mujeres, por más que lo niegue y sin importar cuántas veces lo desmienta de pie frente a su reflejo, que quiere disfrutar de los días que la vida le regale. Que quiere vivir su vida, que no quiere perderse ningún momento. Pero que, por algún motivo, termina anteponiéndose ideas de que no es lo correcto. Suave y casi imperceptible, menea la cabeza.

No es momento de dejar libre sus pensamientos, no es hora ni mucho menos minuto adecuado. Al menos no cuando el estrechar de su mano con la ajena le provoca un cosquilleo, hasta la punta de sus dedos y sin importar que en medio de su tacto desnudo existía un guante. Electricidad, ligeramente placentera. Escalofrío que recorre su columna y se acrecienta con la carcajada que ha llegado a sus oídos. Ahí es cuando se pregunta cuándo fue el último flirteo de su vida. Meses. Años, sin embargo, se alzaban como los favoritos. —¿Padres británicos que se encontraban en Sudáfrica de paseo?—pregunta, mordiéndose luego la lengua. Curiosa. Siempre ahondando más de lo que debe. Una costumbre que todavía no corrige.  —Finalmente, me siento identificada. —suspira con exageración, delineando otra vez una sonrisa encantadora en sus labios. Hay algo en él que le hace sonreír con una facilidad que le resulta insólito. —No entiendo cómo pueden estar acostumbrados a un clima así. —lo único que rescataba de la lluvia era la gama de olores que traía consigo.

No estoy segura de aceptarle un helado británico a un sudafricano. —replica con la misma elocuencia, terminando por quitarse los guantes y devolverlos al sitio que les corresponde. —Con la condición. —con el índice de su diestra levantado, apunta a Alexander. Como si tuviera toda la confianza del mundo con él, con un extraño a quien acaba de conocer. —Que luego el ilustre caballero no británico me guíe hasta la tienda de pociones. —le devuelve el guiño, coqueta. Con una coquetería tan genuina en ella, con una naturalidad de la que no es consciente.



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Re: Something borrowed (Hailey)

Mensaje por Alexander D. Lewis el Lun Mayo 01, 2017 5:40 am

La observo cuando habla de su ciudad, parece realmente orgullosa de sus orígenes, algo que la verdad la honra. Yo sentía algo similar por mi ciudad, por aquellas playas eternas de arena blanca y agua transparente. Echaba de menos lo que sentía cuando estaba allí. -Nueva York está sobrevalorada.-bromeo. Lo cierto es que había viajado allí en alguna ocasión y es una gran ciudad, pero mi estilo era muy distinto, prefería alejarme de los edificios altos y las aglomeraciones. Irónico siendo un jugador de Quidditch profesional. Me sorprende que no le gusten sus pecas, ya que a mi modo de verlo deberían causarle el efecto contrario. Sonrío pícaro.-A mí me gustan mucho tus pecas.-susurro y doy por finiquitado ese tema, me parece que el contraste de estas sobre su piel pálida y a la vez con sus labios rosados, la hace parecer una verdadera muñeca de porcelana. Estoy seguro de que la chica no sabe que tiene ese efecto en los demás.

Río cuando dice que los deportes no quieren su amistad, lo dudo bastante ya que siempre se puede encontrar algo que puedas o te guste hacer. Pero lo que más me llama la atención es la siguiente afirmación que hace, resulta fácil saber que ella no me reconoce, algo que agradezco inmensamente porque por primera vez en mucho tiempo puedo ser solo eso, Alex. -Seguro que algún día vas a ver uno, hay muchos partidos.-asiento.- Y desde tu asiento no correrás ningún peligro.-bromeo. Me quedo mirándola unos segundos más y después desvío mis ojos fuera de la tienda. Veo pasar a la gente corriendo de un lado a otro, después miro al vendedor que parece haber desaparecido en la trastienda. Suspiro inaudiblemente y observo de nuevo a la hermosa joven que me acompaña desde hace unos minutos.

El tacto de su mano sobre la mía produce un calor agradable sobre mi palma. Después me quedo algo pensativo porque no me gusta hablar de mis padres. Mi padre era un hombre purista que tuvo un hijo con una sangre sucia. Pese a todo, quiso mantenerme a salvo de su familia que nos hubiese matado a mi madre y a mi, aunque seguramente también a él por traidor. Con el tiempo aprendí que solo se protegía a sí mismo. Ella, por el contrario, hacía tiempo que me había abandonado. Al principio les había odiado, ahora él estaba muerto y ella en paradero desconocido. Solo esperaba no verla nunca más, como si jamás hubiese existido.-A veces la vida es un cúmulo de casualidades.-susurro. Ellos se conocieron por juegos del destino, tuvieron un amor prohibido y todo se fue a la mierda. -Aunque lo único que queda de aquello soy yo.-añado encogiéndome de hombros con cierta resignación y diversión entremezcladas. Ese era yo, había aprendido a tomármelo todo con filosofía. Asiento divertido a su afirmación.- Tendrías que ver las playas de Ciudad del Cabo, comparado con esto...Londres es infinitamente triste.-admito. Odiaba la lluvia de Londres, sus calles frías y su gente siempre corriendo de un lado a otro. Echaba de menos mi ciudad...ojalá pudiese volver.-Incluso la lluvia huele diferente aquí que en otros lugares.-añado.

Sonrío divertido aunque al final mi sonrisa se amplía cuando la chica acepta venir conmigo a tomar un helado. Le hago un pequeño gesto para que espere.-Me llevo esto Helbert.-le digo al hombre que en pocos segundos sale a recoger los galeones que he dejado sobre su mesa. Me despido de él con cortesía y extiendo mi brazo hacia la chica.-Vayámonos señorita, el helado británico no es gran cosa, pero al menos la compañía lo es.-bromeo guiándola fuera de la tienda.-¿Necesitas un caldero nuevo?-bromeo de nuevo.
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Re: Something borrowed (Hailey)

Mensaje por Hailey A. Fiennes el Dom Mayo 07, 2017 4:19 pm

Entrecierra sus ojos y lo mira, como si estuviera a punto de reprocharle lo que acababa de decir. —¿Y quién dice que no me gusta el peligro? —inquiere, con un quiebre en su voz ligeramente ofendido. Pero es esa picardía que exuda su porte, que destilan sus ojos azules la que parece invitar a cualquiera que se sumerja en el océano de estos sin importar cuán profundas podían ser sus aguas. —No sabes nada, Alexander. —peligro, aquello también parecía gritar el fulgor de sus azulejos luego de pronunciar esas palabras. Sigue, entonces, la dirección que ha tomado la mirada del joven. Ladea su rostro, percibiendo con menos claridad que antes el exterior de la tienda pero alcanzando a ver a un grupo de chicas -parecían de la edad de su hermana menor- acercarse hasta el vidrio de la vitrina e intentar ver a través de este hacia el interior de la tienda. Menea la cabeza y le devuelve su atención al galante joven apasionado por el Quidditch, al igual que las muchachas del exterior probablemente.

No es necesario que sea diestra en el arte de leer la mente, no le cuesta nada en fijarse en ese repentino ensimismamiento que aqueja al morocho, en esa sombra del pasado que se aleó con el aroma que había exudado Alexander hasta el momento.

Se muerde la lengua, sintiéndose por demás entrometida. No debió preguntar algo así, no era de su incumbencia. Tampoco era un tópico del cual se debiera hablar entre extraños. La resignación y la congoja tenían un olor sulfurado, nada agradable para una nariz sensible como la de Hailey. Una Hailey que, en esos precisos instantes, y por algún motivo inexplicable, vuelve a tomar, esta vez con ambas manos, la mano que Alexander le había ofrecido antes. —Casualidades como esta, por supuesto. —musita, sintiendo que acaba de hacer algo muy íntimo pero mentalmente espanta esa idea, como si se tratase de un molesto mosquito. No se avergüenza por lo que ha hecho, pero las pecas en sus pómulos vuelven a titilar cual estrellas en el firmamento de una noche de verano. Después de todo, ¿cuán probable es que se vuelvan a juntar un par de extraños que, al parecer, no tenían nada en común? Retira sus manos y se acomoda un mechón tras la oreja. —Nunca he tenido la oportunidad de ir, pero creo que ahora ha escalado unos peldaños en mi lista de deseos. —una que había comenzado a escribir desde que se graduó en el Instituto de Salem y que con el paso de los años no había hecho más que engrosar. Es lo que traía vivir y descubrir cosas nuevas, supone. —Humedad con dióxido de carbono y una pizca de desagüe, pero en el fondo luego de eso se puede oler campo lo que significa esperanza. —recita, tras cerrar sus ojos, inhalar profusamente y llenar su sentido del olfato con el olor que flotaba a su alrededor. —De seguro no lo dijiste en un sentido literal. —pero así es Haiz.

El arco de sus cejas se eleva, un poco escéptico. Se muerde la lengua y se cruza de brazos mientras espera, aguarda como él le ha sugerido. No es que le haya molestado, pero a la neoyorquina no le gustaba mucho la idea de que la aparten de las cosas. Mas, no se encuentra en su ciudad natal ni en el pequeño pueblo donde da clases, se encuentra en el Reino Unido y, al parecer, las cosas eran un tanto diferentes. —Oh, Modesto puedes bajar que alguien ansía subir. —replica, negando el ofrecimiento de su brazo. Profiere una suave risita y se enfila para salir de la tienda a través de la misma puerta que ha usado antes. No le gusta la idea de ser una damisela en apuros, por más apuesto que sea el mago en brillante túnica que se encuentra a su lado. —¡Hey! —le increpa, entornando los ojos en un gesto hilarante. —Tiene la osadía de burlarse el que acaba de comprar esa cosa para lo que sea que sirva. —sus manos viajan hasta la capa de viaje que viste, es ligera pero al parecer sirve para la ventisca que corre anunciando una, cada vez más cerca, lluvia. —Soy coleccionista. Pero sobre todo, Pocionista. —responde, finalmente. Asegurándose de mantener un paso igual. No quiere volver a perderse. —Siempre que visito un nuevo lugar, me gusta llevarme de recuerdo un par de ingredientes típicos. —le explica, encogiéndose de hombros y deteniendo su andar por apenas una milésima de segundos. —¿Es mi impresión o ese grupo de chicas lleva rato viéndote? —pregunta la Institutriz, reconociendo a una de las muchachas como las que estaban en ese grupo en el exterior de la tienda hace unos minutos



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Re: Something borrowed (Hailey)

Mensaje por Alexander D. Lewis el Mar Mayo 09, 2017 7:06 am

Sonrío divertido, al parecer la chica tiene afición por el peligro, algo que bajo mi modo de ver la hacía aún más interesante. Sus ojos azules parecían brillar con vida propia cuando hablaba. Hago un pequeño gesto de disculpa y después sonrío divertido.-Entonces deberías pedirle a algún jugador que te deje subir a su escoba, seguro que te encanta sobrevolar el campo de Quidditch.-susurro con emoción, me encantaba la sensación que tenía cuando podía sobrevolar el campo justo antes de que comenzase a llenarse de gente. Aquellos enormes campos vacíos parecían solemnes. Por la noche aún era más impresionantes, aunque nunca nos solían dejar entrar fuera de las horas de partido o entrenamiento. Conecto de nuevo con la chica y asiento.-Tienes razón, no conozco nada de ti. Pero me gustaría hacerlo.-susurro mirándola fijamente con cierta diversión latente en mis palabras.

No digo nada más porque por unos segundos me quedo mirando el exterior. No creo que tarde mucho en volver a llover, así es siempre en Londres, y yo aún no me había acostumbrado a coger el maldito paraguas antes de salir de casa. En Ciudad del Cabo llueve muy poco, y los días que lo hace recuerdo haber salido a dejarme empapar por la lluvia. Esa sensación de libertad. Mis pensamientos vuelan lejos de allí por minutos, con los ojos fijos en la gente que fuera intenta ver a través del escaparate. Suspiro y vuelvo mi atención a la joven que ha cogido mi mano derecha entre las suyas, cálidas y suaves, algo pequeñas en comparación a las mías. Le dedico toda mi atención cuando habla. Asiento.-Si, casualidades como esta.-espeto. La vida era un cúmulo de cosas que suceden sin ser planificadas con anterioridad, jugando con el margen de error que hace que todo sea único e irrepetible. Sonrío cuando dice que será uno de sus destinos.-Cuando quieras, sé que te enamorarás del lugar, es precioso.-susurro.

Mi mano se queda entre las suyas unos segundos más hasta que vuelve a hablar, describiendo la lluvia de Londres de manera técnica. Suelto una breve carcajada y después niego con la cabeza.- La lluvia en mi país huele a tierra mojada, a océano y a libertad. Allí solemos salir a mojarnos bajo la lluvia.-susurro.- En Londres no es más que un clima más.-añado con tranquilidad encogiendo mis hombros para luego ver como ella cruza los brazos. Río ante su comentario y una vez pago, la observo.-Son unos guantes nuevos de guardián.-comento con tranquilidad, como si fuese algo cotidiano. Sonrío divertido y hago gesto de disculpa. -Perdón, no entiendo mucho de eso.-admito.-Aunque me parece una buena manera de recordar un sitio, llevarte algo de allí.-añado. Después la observo divertido.-En mi país dicen que los lugares tienen alma y memoria, por eso, cuando alguno nos marca de manera especial, volver allí siempre nos hace bien.-comento divertido.- Perdón, demasiado filosófico.- añado mientras salimos de la tienda y ella habla del grupo de chicas que hay fuera.-Creo que es una impresión tuya, tal vez te miren a ti.-añado divertido mientras caminamos.- ¿Qué helado te apetece?-pregunto con curiosidad.
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Re: Something borrowed (Hailey)

Mensaje por Hailey A. Fiennes el Lun Jun 05, 2017 10:49 pm

Movimiento errado. Hailey lo sabe. El simple hecho de tomar las manos del joven entre las propias, provocando un contraste admirable, ha sido totalmente apresurado. ¿Hace cuánto lo conoce? ¿Tres, cinco, diez minutos? No más de una hora. Mas, incluso teniendo eso en contra, lo ha hecho. Se ha tomado atribuciones que no le corresponden, adoptado una posición que un extraño no debe. Y, por uno u otro motivo, no le ha sentado mal hacerlo. Por algún motivo o por cualquier otro, hacerlo le deja una cálida sensación que se anida en su pecho, una sensación inexplicable que se propaga como el polen en plena primavera gracias al delicado sobrevolar de las abejas. Onírica. Indescifrable. Hasta que recuerda dónde está, dónde se encuentra y se siente caer, lanzada hacia la realidad luego de un abrupto sobresalto. Pero cae de pie. Aterriza sin tropezar, sin el miedo a tener una colisión estrepitosa como es de tanta costumbre en ella y en esos episodios de ensimismamiento a los que, luego de sabría la Virgen cuántos años y cuántos lustros, se ha acostumbrado. Cae con la ligereza de una pluma, de una manera que sólo el vertiginoso revoleo de sus pestañas podría confesarla culpable de sumirse en su mundo de sensaciones.

Y también de olores.

Retira sus manos, sosteniéndole la mirada, y las cruza a la altura de su pecho mientras su nariz recibe el bofetón. El olor que anuncia lo inminente, el brío que delata a la lluvia. ―Si no nos realizamos un hechizo impermeable a tiempo, creo que mojarse bajo la lluvia será algo que también ocurra acá. ―murmura, inspirando profusamente. Inspira. Respira ese olor aroma que acaricia su olfato, que la conquista cual enamorado en pleno flirteo. ―Eso explica por qué muchos ingleses tienen un semblante amargado. ―se encoge de hombros, dirigiendo su mirada hacia atrás donde acaban de dejar la tienda. Desvía, entonces, su mirar de añil hacia los guantes a los que el joven sudafricano se refiere. Tuerce sus labios en una sonrisa de reconocimiento, inquisitiva ante la compra efectuada. Basta. Se regaña, porque a ella no le compete más que lo ha dicho. ―Y los guardianes son las que están en los Aros, ¿cierto? ―inquiere, con la vergüenza adueñándose del rubor de sus pómulos y dándole una apariencia más rosácea.

No, no te perdono. ―dice, con una sonrisa queriendo escapársele de los labios. Hasta que lo hace. Termina por plasmársele en sus carnosos labios u
na sonrisa que matiza entre la malicia y la complicidad. ―Ni debes pedirlo, yo tampoco soy muy entendida en Quidditch. ―razón por la cual el haber ido a parar a una tienda que se especializa en la venta de equipamiento para tal deporte mágico resulta una ironía. Una intervención, divina, por parte del destino, tan ocupado en hacer de las suyas siempre que se le presentara la ocasión. ―No te ha sentado mal. ―y termina por atreverse, por ir un poco más allá de la línea que los desconocidos, que un par de extraños como ellos, no deben cruzar. Le guiña un ojo y se adelanta un par de pasos, dejando que los azulejos que tiene como ojos recorran el lugar y se recreen en la escena que le ofrece esa parte del Londres mágico. Por el rabillo del ojo mira también a Alexander, y admite, en alguna parte de su fuero interno, que el muchacho también resulta un paraje más con el que recrearse. ―¿A mí? ¿Qué tengo yo para qué me miren? ―replica, negando con la cabeza y volteando el rostro hacia atrás, hacia él. ―De chocolate. Siempre de chocolate. ―le contesta, retomando su andar por aquel callejón donde los edificios ya no reflejan su sombra y la humedad comienza a abrazar cada esquina y cada puesto.

Y se detiene. En seco, como si hubiera visto un fantasma. Se detuvo al ver cómo el grupo de chicas al que hubo hecho referencia antes se acercaban hacia ellos. No, qué ilusa ella al creerlo. Hacia él, hacia Alexander mientras se oían los típicos cuchicheos de la juventud abochornada. Los reconoce, por supuesto. Ella misma pasó por esa etapa. ―¡Les dije que era él, el guardián del Puddlemore! ―escucha decir, entre balbuceos e incongruencias, a la más menuda y rubia de las tres chicas mientras la pasa por alto y ella, junto con sus amigas, prácticamente, cercan a Alexander. ―Es mucho más guapo de cerca. ―y con eso, Pecas no necesita oír más. Su mente comienza a elucubrar, a sacar conclusiones. Hasta que lo tiene. Hasta que se da cuenta de que ha estado compartiendo con un jugador de Quidditch profesional. Que estaba a punto de tomar un helado con una especie de celebridad. Se ríe de las ironías. Una expiración se escapa de sus labios mientras niega y gira sobre sus talones.



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