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No sé, nunca había llegado tan lejos [Frederick] FB

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No sé, nunca había llegado tan lejos [Frederick] FB

Mensaje por Ricky M. Over el Lun Abr 17, 2017 2:49 pm

— Diciembre 1978. —

Estaba nervioso.

Sería la primera vez que visitase un lugar de ambiente, zonas muggles prácticamente secretas que no tenían muy buena fama entre la sociedad. La curiosidad fue mayor que el miedo, y una pequeña parte de Ricky pensaba que dentro encontraría a alguien que volvería a hacerle sentir acompañado. Desde la muerte de su mejor amiga, la soledad era asfixiante, y ni estar cumpliendo su sueño de convertirse en auror conseguía apagar el intenso dolor de los recuerdos. El mundo mágico seguía en guerra, y refugiarse en la ingenuidad muggle siempre suponía una vía de escape, aunque los no mágico ignorasen que también eran víctimas de la guerra. El Ministerio Británico ocultaba los ataques propiciados por los mortífagos, mandaba a sus magos desmemorizantes a borrar las mentes de los muggles para evitar que el Estatuto del Secreto fuera descubierto. Ricky no podía confiar en nadie, no podía sentirse seguro en ningún lugar, razón para ocultar su varita en la chaqueta que vestía. Se aseguraría de proteger a los muggles en caso de sufrir algún ataque.

Encontrar el establecimiento no fue sencillo, se ubicaba lejos de la zona que ocupaban el resto de bares. El francés caminó entre la nieve, las luces intermitentes navideñas iluminaban su rostro y su ritmo cardíaco se aceleró a medida que alcanzaba la entrada. Le entristecía estar pasando la época navideña lejos de su familia, pero no contactaba con ellos por la intención de protegerlos, así evitaría poner a su familia en el punto de mira de cualquier purista. El rastro de pisadas se borró frente a un diminuto local alejado de la sociedad, la música disco retumbaba desde el exterior. El hombre fornido que custodiaba la puerta sometió a Ricky a todo un interrogatorio antes de permitirle entrar, tras asumir que el joven auror no sabía dónde estaba metiéndose. Inhaló y Exhaló. Por un breve instante, sopesó la idea de marcharse antes de entrar, pero avanzó abrigando la esperanza de encontrar el amor dentro.

Un pie dentro del establecimiento bastó para arrepentirse. No lo imaginaba así. El ambiente era lúgubre, las únicas luces que alumbraban a los hombres presentes eran coloridas y de una intermitencia que resultaba dañina para los ojos. La música sonaba con tanta fuerza que parecía estar palpitando en su mente, provocando un molesto dolor de cabeza. ¿Cómo iban a conocerse, si no podían escucharse entre ellos? ¿Cómo enamorarse así? Avanzó entre la gente para dirigirse a la barra, y le horrorizó notar alguna mano desconocida tocando más de la cuenta.

Una vez en la barra, tomó asiento en un taburete y retuvo sus ganas de salir corriendo.—HOLA, ¿ME OYES?—Gritó al camarero.—ME GUSTARÍA TOMAR UN ZUMO DE CALAB.. DE MANZANA.—Solicitó. El camarero respondió con una risa, seguida de una negativa.—Aquí no tenemos de eso.—El francés se encogió en el asiento, se fijó en un cóctel que tomaba alguien más en la barra, desconocía su contenido. Señaló el vaso con el índice.—Pues quiero eso.—Pidió resignado, realmente le apetecía tomar un zumo fresquito.


Última edición por Ricky M. Over el Miér Abr 19, 2017 5:14 am, editado 1 vez
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Re: No sé, nunca había llegado tan lejos [Frederick] FB

Mensaje por Frederick Masse el Lun Abr 17, 2017 11:25 pm

La inspiración era algo que venía, algo que se encontraba. Frederick estaba teniendo esa particular dificultad a la hora de encontrarla. Había recorrido toda la ciudad, y a pesar de haber miles de cosas bellas para ver y admirar, fracasó en el intento de conseguir eso que tanto buscaba. Podía decirse que el ocaso del sol traería algo a su ajetreada mente, aunque sea unas miguitas de letras, palabras, una misera oración para comenzar al menos un micro cuento, pero, una vez más, la nada se hizo presente. Su cerebro no estaba ayudando, no aportaba, no despertaba. Se sentía abatido, traicionado. Ni más ni menos que por él mismo. Observó entonces los últimos rayos de sol escaparse, cubriendo sus ojos a su vez que la luz se escurría entre sus dedos como agua, llegando a iluminar sus irises que lo traicionaban con sus matices cambiantes. Entonces la oscuridad de la noche llegó y Frederick desistió. Decir que no estaba extenuado por sus sentimientos era una completa mentira.

Recurrir a esto era su última opción, pero allí estaba, frente a la puerta de un antro que de un día para otro se había convertido en un refugio para las personas más repudiadas de la sociedad, los homosexuales. No importaba cuanto lo tratara, su pecho dolía al recordar los sucesos que había tenido que vivir, semejantes tragedias a manos de los que decían quererlo, familiares que adoraba como lo que eran, su sangre. Fue su pie derecho el que dio el primer paso, el guarda de seguridad no lo conocía, pero un muchacho rubio lo invitó a entrar.  Un conocido de Frederick desde hacía un par de años y también el bartender de aquel oscuro lugar, donde las voces pasaban a ser meros ecos desconocidos, imposibles de oír. Su nombre, siempre olvidaba su nombre. ¿Era Francis?¿Fernand? No importaba de todos modos cuando estaba ya dentro. El ruido de la música tapaba los murmullos de las conversaciones ajenas y nublaba sus sentidos. Desencajado. Ni siquiera estaba vestido para un lugar como ese, sus zapatos estaban viejos y algo rotos, los caros y lustrados habían quedado en su armario, al igual que todo su vestuario. Vestía de día, con sus gafas puestas, pues los lentes de contacto le eran molestos. Para ocasiones especiales se decía, sin embargo casi nunca los usaba. Podía decir sin ninguna duda que su vida era en lo absoluto interesante. Atravesó el lugar con la distopia de su persona, llegando sin hacer nada más a la barra. Su objetivo estaba lejos de divertirse, buscaba tal vez, ahogar sus penas. No podía engañarse. —Fer...—, el aludido lo interrumpió, corrigiéndolo. —Francis— dijo, divertido. Su sonrisa se veía sincera, así que contagió al inglés con ella. —No puede ser que nunca recuerdes mi nombre, no te dejaré entrar más gratis— le advirtió, medio en broma, medio en serio. Cosa que al ojiazul le sacó una pequeña risa que escondió tras su mano.

—¡Ya!¡Francis! Lo recordaré esta vez—. El muchacho rubio le devolvió el gesto con diversión y empujó un vaso lleno hacia él.—¡Más te vale! Whisky para el damnificado—, a pesar de que nunca lograba recordar esos pequeños detalles, Francis tenía la habilidad de leer a los seres humanos, y no era que él fuera particularmente difícil, pero era algo que siempre lo sorprendía. Fred recordó que alguna vez lo había considerado incluso como al amor de su vida, cuando cayó en cuenta de que era simplemente un amigo, no sabía dónde meterse. La equivocación le llevó un momento de vergüenza, pero el susodicho era demasiado simpático como para dejarlo fuera de su círculo social. Cada acontecimiento era repasado por su dura cabezota mientras acariciaba el cristal con sus pulgares, abstraído de la realidad, sin siquiera probar un trago. La música le pasaba desapercibida incluso en su máximo volumen. Fue entonces que el silencio se quebró, cuando una voz llegó directo a su pecho, era grave, de un hombre adulto. Pero sus palabras dichas a los gritos, le parecieron tan dulces que acariciaron su corazón como si fuesen de algodón de azúcar.

Su mirada fue amable cuando se dirigió al muchacho, que notó era apenas más joven que él. Sacarlo de sus cavilaciones era un gran logro, aunque estaba seguro de que el contrario no era consciente de ello. —Si lo que quieres es algo sin alcohol, dudo que quieras lo que estoy tomando yo— se animó a decirle en una exclamación, risueño. Con tal de que lo oyera le parecía apropiado incluso usar un megáfono. Era estúpido de su parte tal vez, volver a darle esperanzas a un corazón tan chamuscado como el suyo, pero parecía que estas eran infinitas, sin importar cuantas lágrimas derramara. Su fe revivía una vez más, había algo en aquellos ojos azules, que se atrevían a brillar en aquella oscuridad, que lo obligaban a confiar. Se animó, cortando esa distancia apenas remarcada por un asiento vacío entre el medio de ambos cuerpos. Rezándole a su dios, no parecer un desesperado. —Deberían tener soda, aunque puedo convencer a Francis de que te de alguna bebida sin alcohol—, un ofrecimiento amable, con su corazón latiendo a mil por hora, esperaba que funcionase.


Última edición por Frederick Masse el Mar Abr 18, 2017 9:23 am, editado 1 vez
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Re: No sé, nunca había llegado tan lejos [Frederick] FB

Mensaje por Ricky M. Over el Mar Abr 18, 2017 2:28 am

Nunca antes contempló tantas personas de su misma condición, normalmente andaba dando tumbos por la vida, asumiendo que difícilmente hallaría a alguien dispuesto a corresponder sus sentimientos. En teoría, la finalidad de los bares de ambiente residía en hacer más sencilla la vida a personas como él, pero ningún hombre entre los presentes parecía dispuesto a enamorarse. Se adivinaban otras intenciones entre la nube de aroma a tabaco y sudoración, intenciones que Ricky no juzgaría pero que tampoco se veía capaz de llevar a cabo. Ciertamente, la culpa le pertenecía, por haberse armado falsas expectativas sobre el establecimiento, una vez más fantaseando con escenas alejadas de la realidad. Antes de permitirse desilusionarse por un hecho tan insignificante, se obligó a recordar el conflicto inminente que amenazaba el mundo mágico, imponiéndose una alegría artificial simplemente por el hecho de seguir vivo. La soledad no pesaba tanto cuando comprendía que era el precio a pagar a cambio del bienestar de su familia.

Junto al soporte del taburete, sus zapatos desgastados se movieron a merced del ritmo que fluía desde algún aparato electrónico muggle. No tenía valor para sumarse de momento a la marchosa multitud, mas nada impedía que tratase de disfrutar a su manera. La negativa del camarero resultó desalentadora, pero cabía resaltar que la confianza de Ricky brillaba por su ausencia, y que cualquier pretexto bastaría para huir como un cobarde. Dirigió una mirada esperanzada hacia la puerta de salida, como un superviviente miraría a su chaleco salvavidas en mitad de un naufragio. No obstante, decidió seguir intentándolo, resultaría irónico que tras haberse enfrentado a mortífagos, huyera despavorido ante la posibilidad de encontrar a alguien.

Se encogió en el asiento giratorio, observando de soslayo a un hombre con gafas que tomaba su bebida recién servida. A primera vista, el líquido anaranjado le recordó a una versión menos consistente del zumo de calabaza. Se decantó por lo visual, aunque descartaba que el sabor se asemejase en algo, abrigó una ínfima esperanza de que así fuera. Fue grande su asombro cuando el hombre se dirigió hacia él, hablándole con simpatía. Agradeció internamente que acortara la mínima distancia que los separaba, pues resultaba agotador gritar para mantener una conversación.—Gracias, eres muy amable, pero no me gusta la soda.—Tampoco era devoto de las bebidas alcohólicas, sin embargo un par de gotas en su organismo serían clave para desinhibirse.—No me importa que tenga alcohol, aunque sí que esté buena, algo dulce sería genial.—Confesó, volteándose para estudiar las bebidas que tomaban el resto de hombres. El camarero rubio seguía pendiente de ambos, esperando impaciente para saber qué servir.—Quiero esa, la roja con un limón en el borde.—Exclamó señalando a la persona que sujetaba el cóctel, que seguramente se creería objeto de las tres miradas por otro motivo. Se guardó mencionar que escogió la bebida porque su presentación le pareció bonita, ¿cómo iba a estar malo algo de color rosado?

Se sintió algo incómodo cuando el camarero se marchó para preparar su bebida, como en la obligación de conversar con el hombre que le prestó su ayuda.—Soy Ricky.—Se presentó, mirándole directamente. Las luces intermitentes repetían su combinación, iluminando el rostro ajeno con distintos colores. Rojo, azul, verde y rosa. El último se convirtió en su favorito, puesto que era el más claro y por tanto también el que permitía que distinguiera mejor las facciones de su interlocutor.—¿Vienes mucho por aquí?—Preguntó sin pensarlo antes. La incógnita no destacó por su originalidad, sin embargo resultaba difícil pensar mientras su corazón latía a toda velocidad y la música retumbaba entre las paredes de su cabeza. Desesperado por encontrar un tema de conversación, señaló una puerta plateada ubicada junto a los baños.—¿A dónde llevará esa puerta?—Cuestionó. Quizás ocultase una terraza, conversar resultaría más fácil sin la música y las luces.
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Re: No sé, nunca había llegado tan lejos [Frederick] FB

Mensaje por Frederick Masse el Jue Abr 20, 2017 9:18 pm

Como si las palabras fueran un interruptor, Frederick sonrió. Obligándose a si mismo a no arruinar esta oportunidad. Si se escapaba de sus manos, definitivamente se consideraría un fracaso, en el amor, en la vida. Realmente sabía que ya lo era, pero siempre se decidía por alejar la meta un poquito más ante cada derrota. Y éstas eran bastante seguidas, más de lo que deseaba. Sin embargo, prefería sonreirle a su destino. Algún día cambiaría de parecer y le daría algo que valiera la pena todos esos años de sufrimiento. Él sabía que era así, tenía fe. Aunque no fuese el preferido de Dios, de sus padres, siquiera de ninguna de esas personas que decía aceptarlos a todos como hermanos dentro de las cuatro paredes de la iglesia, era consciente de que alguien allí afuera estaba esperándolo con los brazos abiertos. Un salvador, el verdadero. Desde pequeño se le había inculcado la creencia de un dios, pero después de todo, él prefirió dedicar sus esfuerzos a si mismo y no depender de nadie más. Con eso en mente, el trabajo duro se volvió su pan de cada día, logrando escapar de toda la oscuridad que lo cernía. Estaba bien, no podía permitirse grandes lujos ni un gran departamento, pero estaba contento con eso, porque a pesar de todo, era fruto de su dedicación.

Francis no tardó en traerle la bebida, no sin antes guiarle un ojo al inglés que estaba tan embobado con su buena suerte, que ni siquiera lo notó. Apoyándose sobre su puño, simplemente se quedó observando al francés. —Me llamo Frederick, pero puedes decirme Fred—, se presentó, maravillado. Repitiendo luego el nombre de aquel ser que tanto le había gustado en voz baja, inaudible, podría haber comparado su nombre con el dulce sentimiento agridulce de morder una deliciosa fresa. —La verdad, no lo sé. Solía cuando tenía 16. Pero hace años que no paso por uno de estos lugares— confesó, ahora era demasiado grande para estas cosas, su vida había dado un giro de 180 grados cuando sus padres había muerto, al menos simbólicamente y la diversión se había resumido a sus libros. No podía quejarse, pues encontraba esas historias un lugar perfecto para adentrarse a otros mundos e ignorar sus problemas, al menos por un rato.

Hoy estaba de suerte, lo último que se le hubiese ocurrido iba a ser que se encontraría a alguien que le gustara, cuando estaba totalmente ido en busca de inspiración. Tal vez, había llegado a su vida para eso. ¿Abriría su mente?¿en qué estaría pensando? Sus dedos juguetearon en el vaso con nerviosismo y su contenido desapareció en apenas un segundo, un fondo blanco que esperaba que opacara sus preocupaciones. Entonces, guiado por el contrario dirigió su mirada a una sospechosa puerta que parecía de metal. Se encogió de hombros, tomando la muñeca del más alto y tirando de ella. —¿Qué te parece si vamos a averiguarlo?— dijo impaciente por la aventura que podría aguardarlos detrás. Incluso si era un baño, le parecía un mejor lugar para conversar, lejos del barullo que se formaba a sus espaldas. Regalandole una gran sonrisa, saltó del banco donde estaba sentado y caminó hacia atrás en busca de que lo siguiera. No importaba cuan confianzudo pareciese, la alegría desbordaba de sus poros y la vergüenza no existía ahora. No podía negar que estaba emocionado.
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Re: No sé, nunca había llegado tan lejos [Frederick] FB

Mensaje por Ricky M. Over el Vie Abr 21, 2017 7:57 am

Gracias—gratificó a Francis con siete letras y una sonrisa cordial. Una sensación desalentadora invadió su cuerpo tras percibir el guiño dedicado a su compañía, tan imperceptible que evitó analizar su finalidad. Tomó la copa, cuyo contenido lucía un degradado entre granate y anaranjado, un par de cubitos de hielos flotaban como barcos sobre la bebida. Giró el cóctel entre sus manos, inspeccionando cada detalle, incluida la rebanada de limón que decoraba el reborde de cristal; el francés parecía querer averiguar la naturaleza de los néctares que conformaban el cóctel simplemente usando la vista. Evidentemente, no consiguió su objetivo, ignoraba que contenía una combinación de vodka junto a varios zumos y licores. Mantuvo la copa sujeta por el tronco, sin ninguna elegancia, pues bajo su educación no entraban determinada clase de modales.—¿Dieciséis años?—Repitió sorprendido, pues resultó ser una edad temprana para visitar dicho lugar. Con dieciséis primaveras, el aprendiz todavía estudiaba en Hogwarts, y con la misma edad sufriría un ataque a manos de los mortífagos que le motivaría a tomar decisiones drásticas, de todas ellas se arrepentía aun a día de hoy.

En un instante silencioso, Ricky aprovechó para probar el cóctel que sostenía. Fue un trago corto, saboreó la bebida y después relamió sus labios. El cóctel tenía un gusto dulce, como a néctar de arándanos, pero tras el dulce sabor sobrevenía un regusto amargo que desvelaba el contenido de alcohol. A diferencia de en otras circunstancias, el francés contuvo una mueca, dentro de sus posibilidades contaba con un sabor lo suficientemente suave como para considerarse soportable. Pensaba comentar a Frederick su experiencia con la bebida, cuando comprobó con asombro que el mayor terminó su whisky en cuestión de segundos. Carraspeó, se giró e identificó la puerta plateada, aquella que utilizó para propulsar un nuevo tema de conversación. Se sobresaltó al notar los dedos contrarios envolviendo su muñeca, mas asintió con la cabeza y se levantó del taburete con el cóctel intacto en la mano.

Seguir a Frederick no fue tarea fácil. La pista de baile se interponía entre el bar y la puerta, por tanto llegar hasta el inglés supuso tener que introducirse entre la multitud, esquivar a numerosos hombres que bailaban una canción disco estrenada dos meses atrás y considerada un icono homosexual. Suspiró cuando ambos llegaron junto a la puerta misteriosa.—QUÉ AGOBIO—gritó, acercándose a su oído para poder hablar sin emplear gritos.—Me han empujado, han intentado bailar conmigo y casi me tiran la bebida.—Comentó, relatando la lista de sucesos acontecidos durante los treinta segundos que tardó en cruzar el establecimiento para reunirse con él. Por alguna razón, a pesar de todo, se sentía vivo.—Vamos allá.—Sin más demora, giró el pomo de la puerta y atravesó el umbral, encontrándose con una pequeña terraza que permitía observar la noche estrellada y escapar del alboroto de la música disco y las luces coloridas.

Menos mal—suspiró, reconociendo sutilmente que tuvo miedo de encontrarse con algo menos agradable. Fuera, el frío invernal soplaba con severidad, y la mayoría de mesas yacían enterradas bajo los copos de nieve. Ocupó la mesa más cercana, aquella que gracias a las tejas se salvó de correr el mismo destino que sus compañeras, y se sentó.—Son verdes—exclamó, repentinamente aliviado.—Dentro variaban según el color de las luces, a veces parecían azules.—Explicó, observando sus ojos con detenimiento.—Pero ahora lo tengo claro, son verdes.—Tras la sentencia, bebió el segundo trago de su cóctel anaranjado; intentaba actuar con naturalidad, pasando por alto la presencia de otros dos hombres en la misma terraza, entregados a actividades bastante más intensas que una conversación sobre el color de unos ojos.
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Re: No sé, nunca había llegado tan lejos [Frederick] FB

Mensaje por Frederick Masse el Vie Abr 21, 2017 11:40 pm

Bocón, Frederick murió de vergüenza al haber admitido semejante cosa. Era común que trastabillaran sus relaciones por eso. La sinceridad sobre su vida siempre alejaba a sus posibles pretendientes. Eso del amor y la excesiva confianza que tomaba con ellos terminaba por romper todo tipo de contacto que había logrado conseguir. Aunque tal vez, eso también ayudaba a alejar aquellos que solamente querían un revolcón entre sus sábanas, desde un principio el inglés dejaba en claro su interés por las relaciones largas. Siempre había fantaseado con cumplir la familia tipo, que para su desgracia, en sus condiciones, estaba demasiado lejos de sus posibilidades. Aún era joven, sin embargo era bastante revolucionario en cuanto sus pensamientos. Su lado más artístico había dejado abierta la puerta de su mente para aceptar todo aquello que quisiera entrar a su vida. No importaba lo raro que fuese, malo o bueno, su curiosidad siempre le ganaba. —No estoy muy orgulloso de esa época— confesó arrepentido, con un ligero rubor que gracias a las luces de colores pudo pasar desapercibido.

Estaba ensimismado en esos ojos de colores desconocidos, rebotando como pequeños ases de luz en los irises ajenos. Conmocionado. Exaltado. El alcohol le había dado ese pequeño empujoncito que lo llevaría a la gloria. Porque esas miradas sabían a ella. El tacto de su piel fue suficiente para erizar la propia. Se pregunto si aquel tamborileo era su corazón y no la música, preocupado porque escapara de su pecho. Tenía miedo de que se oyera, aunque su sonrisa tan grande como el sol denotaba la alegría que escapaba también por cada uno de sus poros. El aliento del francés sobre su nuca tensó los músculos de su espalda, volteando por mero instinto. Entonces sus respiraciones se mezclaron, tan cercano que podía incluso respirar su mismo aire. Se vio tentando a romper esa distancia de milímetros, aquella que le devolvía el olor de su aliento que sabía a whisky, saboreando las palabras ajenas, tan atontado como el vuelo de una abeja con las alas mojadas; mas otro golpe vino por un costado, obligando a separar su cuerpo del ajeno. Atormentado por su mala suerte, apretó incluso más el agarre de la muñeca del más alto. —¿Eh? Sí, sí— Frederick no había prestado una pizca de atención a lo que había acotado el menor, absorto en sus labios. Frotó su rostro con sus manos y se deshizo de sus gafas, guiándose ahora gracias al susodicho.

Pudo sentir el frío chocar contra su rostro, el cambio repentino del clima, la luz de la noche y la blancura de la nieve. Los sonidos se habían vuelto más claros y la voz ajena más tersa. Tomó una bocanada de aire y luego de frotar sus ojos la vista volvió, sus anteojos estaban en su lugar, fue cuando pudo divisarlo, el rostro ajeno más nítido. Sus labios se entreabrieron, a punto de acotar algo, sin embargo el contrario se le adelantó. —¿Qué es verde?— preguntó, con una sonrisa, sentándose a un lado de él. Lo suficientemente cerca como para sentir su calor corporal, pero no como para invadir su espacio personal. Entonces que pudo divisar a la pareja, decir que la situación no lo divirtió sería mentira. —Vaya, ellos si que no pasan frío— dijo, apenas en susurro para que estos no lo escucharan, aunque dudaba que le estuvieran prestando atención a algo más que lo que estaban haciendo.
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Re: No sé, nunca había llegado tan lejos [Frederick] FB

Mensaje por Ricky M. Over el Sáb Abr 22, 2017 9:40 am

Se reencontró con el mismo frío, acompañante suyo durante todo el trayecto de camino al establecimiento. Entonces imaginaba distinto el futuro que correría dentro, se descuidó formándose falsas ilusiones sobre los impopulares lugares de ambiente. Como siempre, en su cabeza y estómago revoloteaban mariposas, absorto en fantasías de colegial romántico que distaban mucho de asemejarse a la triste realidad. Ni la crudeza que acechaba el mundo, ni las desventuras vividas durante los últimos tres años de conflicto, nada influenció a Ricky durante el tiempo suficiente como para cambiar su naturaleza emocional. Cuando atravesaba el vidrio de sus lentes para hallar tras ellos unos ojos verdes, volvían a él las mismas esperanzas abrigadas durante el camino, los mismos nervios germinando para florecer.

Encogió los hombros tras su pregunta, restando importancia con un gesto de su mano.—No importa, era una tontería—murmuró. El francés entendió que Frederick se ausentaba con frecuencia en pensamiento, pues en más de una ocasión ignoró las palabras pronunciadas en sus intentos desesperados de mantener una conversación. Resultaba desalentador ser ignorado, pero comprendía que su compañía tenía mejores asuntos en los que pensar, asuntos que distraían su atención de la conversa. Para su garganta significó un descanso abandonar el local, pues desgastaba tener que comunicarse a grito pelado. Se frotó las manos tras el soplo de una brisa gélida que alborotó sus cabellos y acarició su cuello, provocándole un encogimiento y erizando su piel; maldijo encontrarse en una situación tan muggle, en caso contrario el uso de magia serviría para hacer aparecer una fuente de calor que aliviase el frío invernal. Su mirar añil se posicionó sobre la indiscreta pareja cuando el adulto aludió su presencia, tardó unos segundos en volver a dirigirse a Frederick, con un rubor cubriendo su pálido rostro.—No, más bien todo lo contrario.—Dejó fluir una risa nerviosa.—Menos mal que no he venido en bañador, fue una de mis primeras opciones—espetó repentinamente, en un pobre intento de romper el hielo bromeando. Su humor nunca fue precisamente inteligente, y enseguida comprendió que no conseguiría impresionar a Frederick con semejante método.—Es una broma—aclaró, como si fuera necesario. Suspiró, y el suspiro emergió en forma de vaho gracias a la baja temperatura.

Cuando callaban, en lugar de silencio, se escuchaba con nitidez el rumor de la música disco sumado a los ruidos que emitía la pareja de hombres. El ambiente no era precisamente romántico, nada idílico como en las historias románticas que solían gustarle, la realidad palidecía junto a la ficción. Bebió un largo trago de su cóctel, que afectado por el deshielo aumentó en tamaño y disminuyó en temperatura.—¿Quieres probar el mío?—Cuestionó entonces, tendiendo su copa a Fred, perdiéndose una vez más en su inquietante visión.—Terminaste el tuyo muy rápido..—añadió, recordando como extinguió la copa de whisky como si de agua se tratase.
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Re: No sé, nunca había llegado tan lejos [Frederick] FB

Mensaje por Frederick Masse el Dom Abr 23, 2017 1:21 am

Rescatando lo que quedaba de su cordura, dirigió su mirada a la ajena, hundiéndose allí, dejando que lo tragara. Ahogándose en el mar de sus ojos. Podía despedirse del mundo si se lo pidiera. Tan tonto, como alguien que busca un tesoro con un mapa de un libro de niños. Así se sentía. Admirando aquellos rasgos dueños de sus nuevos suspiros, se quejó. —Dime, no me dejes con la curiosidad— una nueva sonrisa decoró su rostro mientras que el viento se animó a hacer que su cabello danzara y trajera unos copos de nieve con el baile. Frederick se abrazó, con frío. Uno inconsciente, pues seguía absorto, esperando que aquel momento no acabara. La noche iba a ser más corta, y las palabras que antes ni siquiera asomaban, ahora desbordaban de belleza en su cabeza, un extásis al cual no estaba acostumbrado. Sacó de su bolsillo una libreta, llena de garabatos y luego de anotar algo la guardó. —Para no olvidar— susurró. Acarició con desinterés la caratula de cuero del pequeño cuaderno que ahora descansaba en su bolsillo, con sus sentimientos a flor de piel, expuestos en tinta. Admiró el nerviosismo de las facciones del menor, apretando sus labios, pensando.

Se animó entonces a tocar su nariz, de una forma traviesa, de manera instintiva, tonta. Sus emociones vibraban y llenaban de colores las páginas de su diario. Tan lindo, pensó tras notar el rubor del más alto. Acarició su mejilla sin pensarlo dos veces, esperando que no se enojara, que su sonrisa lo convenciera de que todo estaba bien. Y si recibía una golpiza, ¿qué más daba? El tacto áspero de la piel ajena habría valido la pena. —Presiento que habría tenido una buena vista si lo hacías— respondió, recordando que las palabras siempre estaban de más en su boca, mas no en sus libros. Fred selló sus labios, acongojado por su sinceridad. A veces no necesitas hablar para tener una bonita conversación, se dijo a si mismo, bajando su mirada hacia la copa ajena. El inglés aceptó en silencio, acomodando sus manos sobre las foráneas, sosteniendo entre ellas el trago. —Entonces, ¿a qué te dedicas?— preguntó, intentando evadir que sus pensamientos habían sido expuestos con tanta facilidad.

—Hace frío— musitó, no deseando caer en el cliché del clima en una conversación, si no sintiéndolo calar sus huesos como dagas. El invierno no era su estación preferida, no había calidez que solventara sus problemas en el desamparo de su cuarto, ni risas resonando por la habitación. Ni suyas, ni ajenas. Todo se resumía a la soledad de sus libros y el amargo aroma del café. Donde los distintos tonos de azul se mezclaban con los cálidos colores tierra de su departamento destartalado. Sus memorias se vieron interrumpidas por la dulce fragancia de la bebida ajena, entonces sus recuerdos se volvieron a ver opacados por la presencia de éste ser que amenazaba con entrar a su corazón, con apenas el uso de su existencia.
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Re: No sé, nunca había llegado tan lejos [Frederick] FB

Mensaje por Ricky M. Over el Dom Abr 23, 2017 5:50 am

Sacudió la cabeza en sentido horizontal, insistiendo en el gesto de restar importancia a su observación. Prefería no tener que repetirse, se sentía estúpido por haber dado tanta importancia a averiguar el tono predominante en su iris, cambiar de tema sería la mejor opción.—Te dejaré con la curiosidad, la próxima vez préstame más atención.—Su respuesta fue secundada con una sonrisa que pretendía aclarar la inexistencia de molestia alguna. Ricky miraba a su acompañante, prácticamente no podía apartar la vista de él, y por tanto el extraño gesto no pasó desapercibido. Reparó en la existencia de un pequeño cuaderno revestido en cuero, su curiosidad ganó a la discreción.—¿Qué has escrito?—Cuestionó directamente, sin reprobación o sutilezas, simplemente un curioseo inofensivo en el afán de conocer los pensamientos de la persona que tanto llamaba su atención.

No esperaba el tacto, arrugó la nariz y permaneció inmóvil, sintiendo las yemas contrarias trazando caricias sobre su mejilla. No solía rehuir el contacto humano, el francés era cariñoso como nadie, pero el tacto ajeno trajo consigo un cúmulo de sensaciones que le impidieron reaccionar. El aleteo en su corazón, el decoro y la esperanza abriéndose paso, recordando que aun en mitad de la guerra podían encontrarse breves instantes de dicha. Le sonrió felizmente, sin segundas intenciones.—No creas—contestó, desechando el cumplido modestamente.—Estoy estudiando en la universidad para convertirme en a..—se silenció tras asimilar que no podía ser sincero como quisiera. Los muggles desconocían la existencia de la magia, y por ende también de los aurores. Los próximos quince segundos fueron silencio absoluto, Ricky no contaba con el don de la mentira ni la agudeza mental. Contempló con impotencia el rostro ajeno, sus orbes glaucos a través de las lentes, empañadas a merced de las bajas temperaturas.—abogado—mintió, sintiendo los remordimientos anidar en su estómago tan pronto pronunció la palabra. Desde niño, la honestidad fue una de sus características preponderantes, el embuste atentaba contra su naturaleza honesta. Se mordió el labio inferior, observándole como un niño que acaba de cometer una travesura y siente remordimientos entremezclados con temor a afrontar la reprimenda de sus actos.—¿y tú?—preguntó.  Evocó sus visitas a Francia durante las vacaciones navideñas de Hogwarts, viéndose obligado a mentir a su tía Pearl cuando preguntaba sobre su estadía en el internado londinense al que supuestamente asistía.

Las brisas frías soplaban inmisericordes, castigando a cualquier osado que no corriera a refugiarse en interiores.—sí, lo hace.—En un gesto nada meditado, frotó el brazo contrario buscando que entrara en calor gracias a la fricción. Se apartó enseguida, comprendiendo que su remedio natural no ofrecía alivio por más de diez segundos seguidos. Resopló, pensó en la varita oculta en su bolsillo, en lo sencillo que resultaría murmurar un encantamiento.. pero no, sería injusto, sería hacer trampa. Estando en entornos muggles, prefería comportarse como uno más de ellos, sin hacer uso de las ventajas proporcionadas por la magia. Dirigió su mirar añil hacia el mismo rincón antes presenciado, el par de tórtolos se marchó, probablemente en busca de un sitio más íntimo o menos gélido.—Si quieres podemos volver dentro, bailar un poco..—propuso, aunque fuera prácticamente una propuesta suicida, el francés apestaba como bailarín.—pero antes ayúdame a terminarme esto.—Señaló el cóctel anaranjado, bebió un trago largo, relamiéndose después los labios para recoger el sabor afrutado de los zumos.
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Re: No sé, nunca había llegado tan lejos [Frederick] FB

Mensaje por Frederick Masse el Mar Abr 25, 2017 11:56 pm

La nieve cayó con más fuerza, el frío caló más hondo. Pero sus ojos se posaron sobre los ajenos, observando con incredulidad. Se abrazó a si mismo y sonrió entonces, en busca de ocultar aquel nerviosismo que lo calaba aún más profundo que cualquier temperatura. —Te dejaré con la curiosidad, la próxima vez, préstame más atención— repitió en su inglés finamente marcado, con una sonrisa que iba a ser difícil de borrar. ¿Qué debía hacer ahora? su mente se bloqueó y su mirada buscó en algún punto del horizonte, muy lejos de aquella terraza, una respuesta. ¿Ser valiente y atrevido o esperar, tímida y pacientemente? Frederick, dubitativo suspiró. El humo blanco escapó de sus labios como si hubiese dado una larga calada a un cigarrillo, sin embargo, en su desgracia, no poseía uno. Con la nariz ya fría y roja, al igual que un reno de navidad dio otro paso, un paso más cercano al francés que el anterior. Un nivel más de temblor. Por suerte, las bajas temperaturas eran una buena excusa ante el tiritar.

Agradeció de todo corazón esa sonrisa cuando se animó a dar el primer acercamiento, muerto de vergüenza como lo estaba ahora, habría sido un golpe bajo para recibir una negativa por parte del contrario. Estaba demasiado ensimismado en que había encontrado una persona que había golpeado su mente, que el rechazo habría sido como una puñalada al corazón. En su estómago revoloteaban todas esas mariposas que alguna vez habían muerto con decepciones, pero algo le decía que ésta vez sería diferente. No era la curiosidad ni el morbo lo que movían al contrario, pudo presentirlo en sus bellos ojos azules. —Está bien si no quieres decirme— dijo, en esos quince segundos pudo observar el nerviosismo. Lo entendía, después de todo, seguía siendo un desconocido. Nadie era de fiar en éstas épocas. Agitó su cabello con ayuda de sus dígitos y dejó una mano sobre su pecho. Después de toda su confianza, algo en su corazón se inhibió. Rió, atrofiado.

Osado. Sí, esa era su respuesta. La que tanto buscaba. Qué importaba lo que pensaran los demás. No podía quitar su mirada de los labios ajenos que brillaban gracias a la bebida y, que por esa sutil mordida, ahora parecían cerezas que cualquier otro ya habría masticado. Otra vez sus manos se vieron sobre las ajenas, pero se detuvo a acariciarlas. Suavemente. Un contacto suficiente para hacerle cosquillas y para satisfacer sus ansias de un acercamiento que estaba dispuesto a posponer por un respeto que él mismo había inventado. La copa danzó entre sus dedos, habiendo sido hurtada con precisión y el máximo cariño que podría entregar un completo extraño. La acercó a su boca y al fin degustó aquella bebida. Dulce, con el licor apenas perceptible. Sus papilas se deleitaron en un sin fin de sabor, descubriendo el gusto de un beso que no se atrevía a tomar. —Naranja, granadina, vodka...— nombró cada ingrediente de la fórmula, indeciso. —Es lo único que identifico. Es... muy suave— dio otro corto sorbo y sus ojos se posaron sobre los ajenos. Como un niño en la oscuridad, acechado por los monstruos de su armario y bajo su cama. Así se sentía. Consumido por la noche y el terror de ser rechazado. Su corazón desbocado, alterado. Su reloj de muñeca y el maldito tic tac, la pequeña gota de sudor bajando por su cuello, ignorando el invierno acechador que cernía sobre ambos. Sus uñas blancas debido a la presión sobre el cristal que aún se hallaba preso entre sus dedos. Entonces todo se detuvo, como los copos de nieve, el sosiego se presentó y sus labios se apropiaron de los ajenos. Apenas un roce superficial, un choque de dientes, un intercambio de alientos. Delicado. Sus párpados habían caído en un desesperado intento por no ver su reacción, ignorar el hecho de que probablemente estuviera haciendo una estupidez. Su pecho alterado lo delataba, subiendo y bajando como si el aire se rehusara a pasar por sus pulmones. Su piel se encrespó y el tiempo se detuvo. No más tic tac, no más presiones entre segundo y segundo.

Cuando se separó, tanto sus ojos como sus labios estaban sellados, intentando evitar ver la reacción ajena. Todo pareció girar más rápido de nuevo. El mundo ya no estaba dispuesto a ser participe de su pequeña travesura, ni las calles de Londres seguirían su juego. En silencio, un poco más eterno que el anterior, tragó. En seco. —No soy muy aficionado a bailar— susurró. —Podemos ir a mi casa— la invitación, había sido arrojada como podría haber tirado una botella con un mensaje al vasto mar. Improbable. —No es nada indecente, lo prometo—. Su actitud pisaba sus talones, como si se tratase de un adolescente inexperto. Sus experiencias rara vez habían afectado sus relaciones amorosas, las cuales solían terminar en un fracaso devastador. Pero esta vez rezaba, a todos los dioses, que su valía rindiera frutos y sus acciones no fueran en vano.
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