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Such a memory — Privado.

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Such a memory — Privado.

Mensaje por Trystan J. Serkyn el Lun Abr 17, 2017 9:48 am

Aborrecía San Mungo, pero en parte lo necesitaba.

Salir de las cuatro paredes que conformaban su cuarto era puro entretenimiento, pura salvia que lo reconfortaba. La rutina cargada con la cafeína matutina lo aniquilaban, pero Trystan conseguía hacerse con todo aquello en poco tiempo y, a pesar de las ojeras, se sentía lleno de energía por dentro. A fin de cuentas tras tantas emociones, un poco de mundanidad no le hacía mal a nadie. Mucho menos desde que aquella mujer, en su rato libre, había aparecido sin dar explicaciones y sin dar pie a rechistes, lo había convencido por completo para acceder a ser su tutorizado. Jakobe no había tenido el momento oportuno para preguntar, ni las palabras habían sido necesarias una vez la hubo tenido en frente. Por el contrario la curiosidad lo mataba por dentro, y desde hacía unos meses que la tutorización iba tan candente y palpante en el ambiente que hasta podía respirar con tranquilidad. Le gustaba el ritmo que ella le marcaba, Ekaterina sabía hacer bien su trabajo. Y era un plus que, como él, sus raíces no fueran británicas, sino residentes en el extranjero.

Así pues aquella mañana no había tenido el gusto de despertar a Sinclair, ni de dejarla durmiendo pues esta había salido antes de tiempo. Una nota que no decía nada más que un "estoy ocupada, no molestes pero te quiero" y una taza humeante con el café más espeso mezclado con cacao y una pizca de vainilla. Su favorito siempre presidía, y Sinclair bien sabía que el café amargo no le ayudaba en lo más mínimo. Salir de casa, ataviarse con su gabardina y llegar a un hospital mágico que, como de costumbre, rebosaba una actividad constante y brillaba de jolgorio por los pasillos, pero todo extrapolado a la diferencia que residía en saber que allí dentro todo eran desgracias.

Manos cortadas por apariciones fallidas, cortes profundos en zonas del cuerpo un tanto estridentes, maldiciones mal efectuadas y una Ekaterina Petrova esperándolo en el despacho donde, como cada mañana, le tocaba esperar a él en circunstancias normales. Sorprendido, miró el reloj con nerviosismo al creerse haber llegado tarde, más la hora seguía siendo la misma de siempre. Madrugadora aquella mañana, el moreno no pudo evitar esbozar una sonrisa de cortesía pues con ella las cosas podían ser diferentes que no pasaba nada. Un apoyo en esos meses, una forma de salir a flotar y a la luz de mientras su cabeza daba vueltas a lo mismo de siempre. Y una sonrisa devuelta que resumaba confianza, poco ajetreo y tranquilidad. Pero aquella mañana distabaa de serlo — Buenos días — con paciencia y un fulgor en su mirada, la curiosidad ya se abría parto a través de sus ojos, y dejando a un lado la gabardina para colocarse el batín que le correspondía como sanador en prácticas, tomó asiento al lado de la mujer con fingida entereza, haciendo tamborilear sus dedos en silencio — ¿Ha pasado algo? Es... extraño, te me has adelantado en la mañana y no me he dado ni cuenta — tutearla era algo que podía hacer sin presiones. Más le guardaba el respeto que se merecía. Modelo a seguir donde los hubiese.
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Re: Such a memory — Privado.

Mensaje por Ekaterina Petrova el Miér Abr 19, 2017 9:03 pm

Dejó escapar un extenso y cansino suspiro de sus labios, al mismo tiempo en que liberaba la pluma entintada de entre sus dedos, permitiéndole caer a un lado del pergamino escrito en perfecta y clara caligrafía, pasó sus manos por sus castaños cabellos, peinándolos hacia atrás antes de alzar sus brazos a la par que movía su cabeza de un lado a otro, pretendiendo relajar sus músculos, obligándoles a abandonar la molesta posición que habían mantenido por tanto tiempo. Había perdido la noción del tiempo, ya no sabía si seguía siendo de noche o ya había amanecido, no sabía cuántas horas le quedaban por cumplir de aquel turno de más de veinticuatro horas que había tomado, pero no importaba, había terminado con los reportes, las revisiones de expedientes e informes sobre lo sucedido en los últimos turnos extensos que había tomado en urgencias y en su área. Se dejó caer con agotamiento sobre su silla, apoyándose en el respaldo plenamente mientras suspiraba observando como su taza, previamente vacía, comenzaba a llenarse una vez más de café, porque Por Merlín como lo necesitaba antes de seguir con las horas que aún le quedaban.

Extendió una de sus manos para tomar los pergaminos y organizarlos a un lado, tomando uno mientras se reacomodaba en su posición, el nombre escrito en el expediente la obligó a sonreír ante el recuerdo del primer encuentro que mantuvo con su ahora aprendiz, había sido algo sumamente casual y para nada planificado por la rusa. A los pocos días de llegar a San Mungo escuchó hablar de los diferentes aprendices de medimagia, leyó casi con despreocupación sus expedientes y no pudo evitar sentir interés por aquel chico al que se le catalogaba como un alumno ejemplar, un talento innato que únicamente había fallado por no presentarse a sus exámenes finales para luego desaparecer y que ahora, había vuelto a retomar su formación, era más que obvio que tenía lo que se necesitaba, pero algo se lo había impedido, resquicios y secuelas de una guerra posiblemente, tema que realmente no trataba de entablar con él, puesto no gustaba escarbar en el sufrimiento pasado de los demás si ellos no lo deseaban. Y así, sin aviso, un día después se había presentado ante él, informándole sin mediación ni rodeos que desde ese preciso instante estaría bajo su tutela, y no habría existido, de haber ocurrido, reproche ni negación alguno que hubiera servido para hacerla cambiar de parecer.

Al escuchar el saludo, alejó sus recuerdos y bebió un sorbo de su taza de café, girándose hacia la puerta de su despacho– Muy buenos días –Sonrió, alegrándose de saber qué hora era, sosteniendo la humeante taza con ambas manos, antes de observarle con confusión por sus palabras, sin comprenderlas en un inicio, pero riendo una vez escuchó la explicación– No me he adelantado, es que no me he ido desde ayer –Aclaró, dejando la taza a un lado completamente vacía y cerrando su expediente– Espero hayas descansado, porque te espera un día ajetreado, día que ya no has comenzado bien porque no veo un hermoso cappuccino para mí en tus manos, lo que solo hará que esta evaluación sorpresa sea más difícil –Bromeó sonriente, con energías renovadas se levantó tomando la bata blanca con la que solía proteger su traje verde y se encaminó hacia la puerta– Primera pregunta, ¿Has tomado desayuno? –Se volteó a observarle con detenimiento, tomando las fichas de los pacientes que verían en las rondas que estaban por comenzar.
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Re: Such a memory — Privado.

Mensaje por Trystan J. Serkyn el Dom Mayo 07, 2017 5:59 am

Ekaterina era diferente. Calmada, con un gran sentido de la perspicacia, quizás era por ello que el noruego se sentía tan bien cuando ella rondaba cerca. Bien sabido era por todos aquellos que trataban al moreno que cuanto más en silencio, mejor, cuanto menos alzaras la voz para hablar, mucho mejor. Y ella apuraba el sonido melodioso que salía por su garganta para decir lo justo y necesario, para explicar lo suficiente y no alterar el curso de unas prácticas y clases personales que desde que empezaron no cambiaría por nada del mundo. Quizás por una taza de chocolate en Nueva York, pero pocas veces.

Profiriendo una exclamación de sorpresa que se dilapidó a sí misma con la expresión tranquila de su rostro, Trystan terminó por sonreír ante lo aparentemente tranquila que resultaba su tutora aún cuando llevaba más de veinticuatro horas encerrada entre aquellas cuatro paredes — No se cómo lo soportas — práctica, suponía, a fin de cuenta era todo cuestión de acostumbrarse pero... tantas horas parecían un mundo en comparación a las ocho diarias que pasaba Jakobe todos los días excepto algunos fines de semana. Alzó una ceja, creyendo entonces que le esperaría una larga cola de personas esperando atentamente a que los atendieran, pero al entrar al despacho no había visto más aglomeraciones de las acostumbradas, y de todas las personas en el exterior ninguna había dado a entender el deseo de, por favor, ser atendidos finalmente cuanto antes mejor — Esto... — no sabía qué decir. Cierto era que el detalle de llevarle un café por las mañanas era algo que no había hecho muy a menudo, y en parte le debía agradecer tanto a la persona que tenía delante que sintió un poco de recogimiento a la hora de volver a abrir la boca — La cafetería estaba cerrada — se excusó, sin saber exactamente si lo estaba o no pues al desayunar en casa no pasaba nunca por aquel lugar. Esbozó una sonrisa, nervioso, sin saber donde meterse, haciendo repicar sus dedos en el tamborileo que no había parado cada vez más rápido.

Asintió, aquella pregunta era fácil, ¿pero el resto? — Si, café con cacao y vainilla y... tostadas, bueno, intento de tostadas — la magia hacía milagros, pero la torpeza del noruego para cocinar no, y el fino hilo de humo que salía de ellas al haberse quemado por las prisas y no haberse dado cuenta antes seguía presente en sus retinas — En mi defensa he de decir que pensé que llegaba tarde — se encogió de hombros, sin ser plenamente consciente de lo que estaba pasando aunque imaginándose, en parte, por dónde iban los tiros. Una evaluación en plena mañana, una forma de evaluar si se estaba enterando de algo... Suspiró, revolviendo su propio cabello, tratando de recordar todas y cada una de las cosas que le había enseñado.
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