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Sun & Cookies [Privado]

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Sun & Cookies [Privado]

Mensaje por Ricky M. Over el Dom Abr 16, 2017 3:34 pm

El reloj señalaba el número doce cuando Ricky despertó. Normalmente madrugaba para entrenar, pero aprovechó el día libre para dormir hasta tarde. Como tenía por costumbre, despertó en la habitación de Catrina, lugar que visitaba con más frecuencia que su propia habitación. El aire olía a galletas recién hechas, un presente de su mejor amiga antes de marcharse. Esperó poder pasar el día junto a su mejor amiga, pero a veces Catrina tenía otros planes y no la podía culpar por ello. Tras levantarse y realizar una serie de estiramientos se vistió con ropa deportiva, se enjuagó el rostro con agua fría y olvidó peinar su alborotado cabello castaño.

Su vida se encarrilaba tras años oscuros y confusos, pronto se convertiría en auror y reanudaría la relación con su familia; La felicidad estaba tan cerca que podía rozarla con las yemas de los dedos. El francés cogió prestada una hoja de papel para escribir una nota que dejó en la mesilla de noche bajo el soporte de la lámpara. «Gracias por las galletas, te nominarán para el premio a la mejor amiga. Podemos ir a comer juntos, búscame cuando leas esta nota. P.S: Aún roncas» No dudaba que Catrina saldría en su búsqueda tras descifrar la caligrafía torpe e infantil, pero entretanto necesitaría entretenerse. Acudir a Sirius sería una opción, su compañía era siempre grata y no rechazaría el ofrecimiento de salir a tomar una cerveza fresca o zumo de calabaza. Antes de salir, Ricky llenó de galletas los bolsillos de su chaqueta para tener provisiones dulces durante toda la mañana.

Abandonar la zona residencial y dirigirse a la academia le llevó cinco minutos, lo equivalente a cinco galletas menos. Caminó bajo el sol, disfrutando el buen temporal mientras oteaba cada esquina esperando encontrarse a cualquiera de sus tres amigos. Los entrenamientos eran duros y dejaban poco tiempo libre, a Ricky le hubiera gustado aprovechar dicho tiempo junto a sus escasas amistades, pero parecían haberse puesto de acuerdo para desaparecer. El último recorrido de su trayecto fue el campo de entrenamiento, el día anterior tuvieron que hacer una hora de ejercicios físicos sin ayuda de la varita. Estaba vacío, naturalmente, nadie querría ponerse a entrenar durante un día libre. El francés se tumbó en el suelo, observó las nubes mientras seguía devorando las galletas que ocultaban sus bolsillos.

Una nube con forma de sapo le resultó tan divertida que casi muere atragantado.
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Re: Sun & Cookies [Privado]

Mensaje por Robert D. McKinnon el Mar Abr 18, 2017 7:36 am

La fresca sensación de sentirse nuevo por dentro era algo que llevaba días padeciendo.

Como bálsamo que cura todos los males el mundo parecía querer entregarle una nueva forma de vida, una rutina que había acatado como la más apropiada y que, en cierto modo, lo mantenía bastante ocupado como para no tener que pensar en que su vida estaba partida en varias partes. Con Marlene en Brasil, Lyanna a cuidados de alguien con quien no compartía tanta simpatía y Lena yendo y viniendo a Bulgaria, el irlandés dividía su mente en partes iguales para, llegado el momento, saber dónde estaba. Le gustaba esa sensación, no obstante, pues lo mantenía activo y vivo por dentro, los años pasados ajenos a la idea de una familia lo torturaban por dentro, y aunque sus padres parecían querer seguir dándole lecciones de vida no sabían ni la mitad de lo que el castaño se traía entre manos.

Así pues, con parsimonia, tonificaba su cuerpo en clases de entrenamiento prolongadas, dejando a un lado el malestar general que le producía pasar tantas horas sentado en un escritorio sin hacer nada, firmando papeles, desdoblando a magos golpeadores y sintiendo que lo inservible llamaba a su puerta. La promesa había sido perfectamente aceptada, y Noëla había accedido a entrenar con él nuevamente, a hacerlo desoxidar, por lo que pasear por el centro de entrenamiento de la academia búlgara donde los nuevos aurores se entrenaban, con una toalla al cuello, era una imagen que se veía bastante a menudo desde que las cosas con la belga habían llegado a tan buen cauce. A un cauce del que no quería perder el rumbo. El Sol picaba en su nuca, el agotamiento estaba presente en su mirada pero la sonrisa seguía presente como de costumbre. Dejarse llevar por la mala labia de los demás no era algo a lo que prestara atención. Sabía de amistades, sabía de ciertas personas que todavía se entrenaban diariamente en aquel lugar y, sin prestarse a la ocasión, no se percató de la presencia de alguien hasta que, literalmente, casi lo pisa.

— Por las barbas de Merlín — exclamó, echándose a un lado casi sintiéndose plenamente culpable del hecho de estar a punto de poner un pie encima del abdomen del chaval que tenía delante. Ricky, aquel con el que había pasado una temporada cuando todavía se sentía útil para el cuerpo de aurores, parecía pasar el tiempo observando el cielo en uno de sus claros descansos en la academia, y con una sonrisa amistosa no pudo evitar echarse a reír al verlo tan pancho en aquel lugar, y sólo como parecía acostumbrar desde que lo conocía, sin saber muy bien por qué — ¿Es una nueva forma de entrenamiento? ¿Tomar el Sol sirve para que la vitamina C trabaje por ti? Diantres, estoy viejo para esas nuevas formas — bromeó, medio en mofa, quedándose de pie en el sitio y, pasando la toalla por su frente que se resistía a varias gotas de sudor perlino que le resbalaban dando a entender lo arduo de un entrenamiento con Noëla, lo observaba de arriba — Es bueno verte por aquí, Ricky — comentó, colocándose entonces flexionando las rodillas y quedar sentado sin apoyar su parte trasera en el suelo — ¿Qué es de tu vida? — preguntó, como si lo más normal del mundo fuese verlo pasear de aquella forma por una academia de aurores que dejó atrás hace ya muchos años.
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Re: Sun & Cookies [Privado]

Mensaje por Ricky M. Over el Mar Abr 18, 2017 9:35 am

Las nubes se movían ante su mirar añil, presentaban diferentes formas fácilmente interpretables por cualquier individuo que contase con el don de la imaginación. Desfilaban el tipo de nubes denominadas cúmulos, o vulgarmente conocidas como nubes de algodón. En un intervalo de tres minutos, el francés distinguió un total de ocho formas distintas en las masas de agua, echó en falta la compañía de Catrina para comentar juntos la nube con aspecto de dragón. Los rayos de sol acariciaron su rostro cuando el dragón dejó de ocultarlos, la calidez besando sus facciones resultó tan reconfortante que mantener los párpados abiertos resultó una ardua tarea.

Su corazón galopó tras escuchar la alusión a las famosas barbas de Merlín, seguida de una risa. Durante los breves segundos que su mente tardó en asimilar que se trataba de una voz familiar, se llevó un buen susto. No esperaba encontrarse con nadie, la mayoría de aurores o bien atendían a sus necesidades sociales, o a las laborales. La sorpresa se reflejó en su semblante tras reconocer a su antiguo tutor, objeto de admiración para su ex-tutelado. La última conversación que mantuvieron tuvo lugar en la celebración de San Valentín, sus recuerdos del evento se presentaban confusos a partir de cierto suceso extraño. Su risa fue tímida, preferiría haber encontrado a Robert mientras entrenaba, en lugar de holgazaneando tendido sobre la hierba y contemplando las nubes como principal pasatiempo.—Ponerse moreno ahora es un requisito imprescindible para convertirse en auror.—Se permitió bromear también, sonriendo desde la diferente perspectiva. Pensó en preguntar sobre su inesperada presencia, aunque tenía formadas suposiciones respecto a ésta.

Yo también me alegro de verte.—Contestó sin esconder la alegría generada por el comentario ajeno. Se irguió un poco, recostando los antebrazos sobre la hierba, gozando por tanto de una mejor vista de su interlocutor.—Nada interesante. He hecho algunos amigos aquí, y el otro día conseguí realizar a la perfección un ejercicio de Sigilo. En Disfraz no tuve tanta suerte, me han dicho que tengo que mejorar.—Contó alegremente. Esperaba pasar el día libre acompañado y, sin pretenderlo,  acabó junto a una de las mejores compañías que desearía tener.—También he aprendido algunas palabras en búlgaro.—Mientras conversaba, sacó una galleta y se la ofreció a Robert.—картоф, здравей, благодаря.—Recitó, con una pronunciación suave en exceso.—Oh, y también Аз съм глупав.—Pronunció la última frase, aprendida de un compañero que parecía desagradable pero que resultó ser amable por ofrecerse a enseñarle una nueva oración.

Estiró los brazos, ahogó un bostezo y dedicó una mirada amigable a Robert.—¿Qué tal tu vida?—Cuestionó.
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Re: Sun & Cookies [Privado]

Mensaje por Robert D. McKinnon el Vie Mayo 12, 2017 8:00 am

Sonrió, echándole una mirada de arriba a abajo, percatándose entonces de que si el francés aspiraba a broncear su piel estaba todavía bastante lejos de poder llegar siquiera a conseguirlo pese a la broma impresa en sus palabras — No dudo que lo conseguirás, espero que no estés siendo un loco y al menos te hayas tomado la molestia de ponerte crema — se encogió de hombros, siguiéndole el rollo, pretendiendo sentirse integrado en una sociedad de aurores que a cada día que pasaba le recordaba más veces lo iluso que se creía por pretender seguir ejerciendo de la forma en la que lo había estado haciendo durante tantos años. Por ello el entrenamiento y por ello aquella sonrisa. No veía el día de, finalmente, conseguir compartir algún tipo de ejercicio con su querida Marlene, la cuál seguramente todavía ejercitaba sus nociones de aprendiz en compañía de un tutor que sin duda le enseñaría, pero del cuál todavía guardaba cierta sospecha y desconfianza.

Que Ricky inundaba de alegría el lugar por el que pasaba era algo que todo el mundo que lo conociera sabía, y sentirse a gusto delante de personas que no le suponían ninguna amenaza era algo que, tras tantos años, agradecía. Podían hablar, podían escucharse sin ser molestados que el tiempo pasaría por delante sin darse cuenta — Sigilo... importante, ya lo creo, y estoy seguro de que no tardarás mucho en ser capaz de dominar a la perfección tús técnicas para camuflarte, siempre puedes pedirle ayuda a este vejestorio cuando lo necesites — terció, medio sonriendo, nostálgicamente. La enseñanza de Ricky siempre había sido un placer. El chico absorvía conocimientos cual esponja recién mojada, y se dejaba enseñar desde siempre. Frunció el ceño, posando finalmente su trasero en el terreno y dejándose apoyar, calmadamente. Posó ambas manos lateralmente hacia atrás, casi recostándose en el lugar, y sintiendo como el sol de Bulgaria trataba de regalarle ese bronceado con el que Ricky bromeaba — Mi búlgaro está oxidado, de hecho si te soy sincero he de reconocer que nunca lo he controlado, supongo que nunca me ha hecho falta y... — bajó la voz, acercándose como si fuese a contarle el secreto nunca contado — Nunca he tenido la intriga por conocer más allá de lo que he necesitado, llámame vago — aún cuando pasaba el tiempo leyendo, interesándose por temas que de nada podrían servirle en su profesión, el tema de los idiomas era algo completamente aparte.

Suspiró, llevándose una mano a aquel flequillo que sentía cada vez más incómodo y del que llevaba meses planteándose prescindir, ladeando su mirada hacia el moreno que parecía, pese a la soledad en la que se había encontrado, bastante feliz. Era su momento de brillar, su generación parecía dar buenos grupos y seguramente serían bien recordados. O al menos darían de qué hablar — Aburrida, supongo — bufó, sin nada mejor que decir verdaderamente — Al menos lo es cuando no estoy aquí, el trabajo en Gran Bretaña se ha vuelto tosco, aburrido y para colmo Marlene ya no pasa por casa desde hace varios meses — meses que se le hacían eternos, jornadas enteras que pasaban y que tan sólo le alegraban cuando podía, por un fin de semana, cuidar de la pequeña Lyanna sin tener que lidiar con Sirius — Digamos que el 75% de la semana es un suplicio, luego llegan esos días en los que puedo venir a ver a Noëla y la cosa cambia — se ruborizó, apenas sin ser consciente de haber dado a entender algo que, obviamente, le haría ruborizarse de aquella manera — Quiero decir... — carraspeó, removiéndose en su sitio y entrecruzando las piernas para poder acomodarse — Que entrenar y recordar viejos tiempos me mantiene vivo, por así decirlo — sentenció, volviéndose un tanto esquivo con el tema de su vida personal pero acordándose que tenía en frente a Ricky, no a un completo desconocido.

— No se desde cuando sueno tan melodramático — rodó los ojos, riendo con aquella risa melodiosa que contagiaba, como de costumbre. Trataba de ser feliz a fin de cuentas, y lo era.
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Re: Sun & Cookies [Privado]

Mensaje por Ricky M. Over el Lun Mayo 15, 2017 10:01 am

Tras la aparición de Robert, el porcentaje de alegría que entrañaba su día libre aumentó considerablemente. Sonrió, ufano, sin sopesar siquiera el disimular la felicidad ocasionada por su mera presencia. Conoció a Robert en una etapa solitaria, y durante meses de entrenamiento resultó ser su única compañía, sentía hacia su persona gran admiración y afecto. Hubo una época en que consideró a su ex-tutor un referente, una especie de superhéroe sin flaquezas; tras la batalla de Hogwarts, dicha opinión cambió. En la actualidad, ya no veía a Robert como a un superhéroe invulnerable, sino como a un buen amigo. Aprender a desenvolverse en un país extraño y entablar nuevas amistades trajo consigo un sinfín de anécdotas, resumió los últimos meses de la mejor manera, guardándose algún detalle para evitar saturar al mayor con información irrelevante. Arrugó la nariz tras el amable ofrecimiento de Robert.—No veo por aquí a ningún vejestorio—aduló sutilmente, mirando en derredor fingiendo buscar a una persona merecedora de dicho apodo.—pero te veo a ti, y puedes ayudarme a mejorar, de momento arrojarme a un lago helado ha sido mi mejor táctica de camuflaje—.Por educación, moderó la emoción que hervía en su interior ante la mera imaginación de volver a ser instruido por Robert, el mejor auror del mundo mundial.  

Cruzó las piernas, acomodándose en posición india, siguiendo el curso de la conversación que fluía abundante y con naturalidad. Mostrando interés, atendió a las palabras ajenas, e incluso pecó de ingenuo aproximándose a él cuando se creyó futuro conocedor de un gran secreto.—Vago—acusó tras una risa.—No he aprendido mucho sobre búlgaro, suelen decir que cuando sabes más de dos idiomas resulta más fácil aprender un tercero, pero yo soy la excepción que confirma la regla—confesó, encogiéndose de hombros mientras sus labios se coordinaban para componer una sonrisa culpable. Algunos compañeros de Ricky demostraron mejor aptitud en el aprendizaje de idiomas, muchos ya sabían defenderse en una conversación en búlgaro sin hacer un ridículo espantoso, el francés aún sería incapaz.

Normalmente el cielo búlgaro solía ser oscuro, encapotado por montones de nubes grises. En el país europeo, los días soleados podían contarse con los dedos de una sola mano, y resultaban una bendición. El francés no olvidaba su breve estancia en Brasil durante los juegos de magia, nunca antes estuvo ante un clima tan veraniego, donde los días aparecían eternos e iluminados por un sol deslumbrante. Siendo ahora su turno de escuchar un resumen sobre la vida de su interlocutor, mantuvo una mirada directa mientras se dedicó a comer una galleta recién horneada y aderezada con chips de chocolate. El don innato de pastelera que poseía su mejor amiga no impidió que prestara atención a Robert, aunque resultara difícil concentrarse mientras saboreaba un manjar que pasaría como creación de Dios y no de una simple mortal. Una arruga malogró su ceño tras la mención de Gran Bretaña, un tema que nunca dejó de molestarle, y si no interrumpió para criticar las estúpidas medidas del nuevo gobierno, fue simplemente por respeto a Robert. Sonrió, enternecido, ante la evidente muestra de cariño que dejaron entrever sus palabras, rápidamente disimuladas por alguna razón que escapaba a su limitada comprensión.—Seguro que desde que eres abuelo—bromeó también, convirtiendo su solo de risa en un dueto.

Me he propuesto quitar de tu cabeza eso de que estás mayor—confesó, ladeando la cabeza, observándole sin reparo.—Podemos entrenar siempre que quieras, o ir por ahí a tomar una cerveza—propuso—, en realidad detesto la cerveza, pero con Sirius solemos tomar una de vez en cuando, ya es como una tradición de aquí—.No pensó antes de hablar, y le costó un poco comprender que quizás cometía un error. A veces le resultaba difícil asimilar que Robert y Sirius tenían algo en común, la mayoría de veces pensaba en ellos como desconocidos entre sí, hasta que recordaba que, de hecho, eran familia política o algo parecido. Entrecerró los ojos, desviando la mirada tímidamente.—¿No querrás la última galleta?
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Re: Sun & Cookies [Privado]

Mensaje por Robert D. McKinnon el Sáb Jun 03, 2017 11:46 am

Contagiarse de un buen día de actividad era fácil si, además de todo el ejercicio hecho, tenías un largo rato para descansar y tomarte un descanso en compañía de una de las personas más vivarachas y positivias del mundo mágico. Bulgaria había conseguido entre sus filas a uno de los chicos más ejemplares de su propia promoción, así como sacrificado y entregado a lo que aprendía. Contar con personas como Ricky era algo siempre digno de valorar, pese a la insistencia del carácter de muchas personas entre los aurores, destacar por la parsimonia y tranquilidad con la que él parecía tomarse las cosas era un punto a favor en pos a la armonía que, realmente, necesitaba todo el cuerpo en aquel preciso instante. No tardaría en graduarse, no lo dudaba ni por un segundo, y por un momento se vió tentado a revolverle el pelo como si de un pequeño hijo adoptado se tratase, pero temía, con aquel gesto, hacerlo sentir más pequeño de lo que realmente era. Era un tío grande. Y bastante entretenido, siempre sacaba un buen tema para conversar y no llegabas a aburrirte en ningún momento. Agradecía enormemente a la vida haber podido tomar contacto y entablar amistad con él.

— No ves un vejestorio porque quizás vayas necesitando gafas, chico — esbozó una amplia sonrisa, restándole importancia a todo el asunto, y abriendo los ojos de par en par ante la situación que él mismo le planteaba, imaginándose a un Ricky completamente desesperado por pasar desapercibido y no encontrando otra mejor manera de hacerlo que echándose de cabeza al agua — Seguramente fue una buena idea, te despejaría bien la cabeza y tendrías las ideas más claras — bromeó, alabando el comportamiento del aprendiz de auror que, al menos, trataba por todos los medios de hacer bien sus cosas y aprender lo mucho que le exigían en aquel castillo tan desmesuradamente grande. Negó con la cabeza, varias veces, tomando en cuenta que el chico ya había aprendido lo suficiente como para valerse perfectamente en varios lugares del mundo — Que no te quepa duda de lo mucho que vales, Ricky, y que te esfuerzas es algo que todo el mundo sabe — asintió, trazando un nuevo camino en la conversación de mientras sus piernas, ahora nuevamente estiradas cuan largas eran, se destensaban lentamente ante la calma y tranquilidad del día que se había quedado en los muros del centro de aurores — Muchos darían todo por aprender la mínima parte de lo que tú estás aprendiendo, tú mismo lo diste en su día — medio sonrió, infundiéndole un ánimo que al francés nunca le venía de más, que siempre acogía y abrazaba como si de un hijo se tratase. Tomarlo en cuenta de aquella forma era fácil: Ricky se hacía querer, se hacía valorar y apreciaba a todas y cada una de las personas que no hacían más que su día a día. Defensor de lo justo, no obstante, tampoco se quedaba quieto cuando las veía venir.

Peculiar, enajenado... un tanto soñador, demasiado quizás. Pero no era un problema.

Frunció el ceño, más no supo mantenerlo ante la presencia del francés que, como siempre, sabía perfectamente cómo enmendar un error — que realmente no lo era en absoluto pues no todo el mundo controlaba las relaciones que mantenían muchas persoans entre sí — ofreciendo aquella galleta — Toda para ti, descuida — le dió unas palmadas en la espalda, sin llegar a levantarse pero irguiéndose un poco con el pretexto de estirar los músculos de su espalda que, agarrotados, conseguían devolverse a ese sentimiento austero de que su vida había tardado mucho más de lo que pensaba en volver a cambiar — Puedes nombrarlo, ¿sabes? No hay problema en ello — hizo una pausa para tomar aire, acomodarse nuevamente en su sitio y ladeándose a un lado mantenerse frente a frente con Ricky el cuál, así como él, seguía disfrutando del clima cálido que Bulgaria les había regalado aquel día — No es como que quiera matarlo o algo, bueno... a veces, quiero decir, en lo absoluto — rió, más para si mismo que para otra persona. Que guardaba cierto respeto al Black era algo que sólo hacía por mero respeto a su propia nieta, la cuál, a fin de cuentas, era hija del mismo. Pero que no le gustaba en lo absoluto era algo que todo el mundo sabía sin rechistar — Evitamos cualquier contacto excepto cuando no es más que necesario, educación ante todo chico, no se te debe olvidar — asintió, dándose a sí mismo la razón, auto convenciéndose — Pero no te voy a decir que no a esa cerveza, de mantequilla a poder ser — sonrió, encogiéndose de hombros con tranquilidad, reflejando una calma que pocas veces se había visto envuelta en su propio ser desde que todo había pasado. Desde que todo, como de costumbre, había vuelto a cambiar.

— Quisiera saber, de alguna manera, si es que duermes aquí o vas y vienes en algún transporte mágico y, de ser así... ¿cómo lo soportas? Tanto lo primero como lo segundo, no se cómo fui capaz en su día de soportar siquiera tener que pararme a aprender en este lugar que, aunque no es feo — porque no lo era, en lo más mínimo — Si que me da escalofríos — bromeó, repasando con la mirada la linde que cubría todo el espacio verde que conformaba parte del recinto, así como aquellas paredes tan bien adornadas con los colores correspondientes a una institución que llevaba siglos prestando servicio a toda Europa en sus hazañas — Si no fuese por ella creo que no me verías el pelo mucho por aquí — terció, tomando la toalla para secar parte de ese sudor que se resentía a desaparecer, conocedor de que si no iba a darse una ducha todavía era porque el entrenamiento no había hecho más que comenzar y que la segunda sesión estaba a la vuelta de la esquina.
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Re: Sun & Cookies [Privado]

Mensaje por Ricky M. Over el Vie Jun 09, 2017 12:49 am

No tenía por costumbre ser obsequiado con semejantes oraciones, tan positivas que resultaron inclusive halagadoras. Por razón de humildad, se rehusó a creer en las afirmaciones contrarias, y causaron un efecto rebote que enaltecieron a Robert como persona debido a sus buenas intenciones. Tenía mucho que cuestionar respecto a su valía, pero no rechazaría el mérito de esforzarse; como digno tejón, el aprendiz siempre trabajaba duro para lograr sus objetivos, procuraba plantar cara a las adversidades y desconocer, en la medida de lo posible, la palabra rendición.—No todo el mundo—respondió velozmente. Evocó personas que, fuera por razón de sangre o de comportamiento, jamás le reconocerían ningún mérito.—, pero me basta que lo sepan personas como tú—agregó, sonriendo abiertamente. Ante la mención de los preciados conocimientos que adquiría en Bulgaria, su mirar añil se desvió sobre la edificación que daba amparo a cientos de aurores, formados o en formación. En lo personal, Ricky no sentía cambios físicos desde que cambiara forzosamente de academia, creía que comprobaría dichos cambios una vez tuviera que verse envuelto en una situación de peligro real, el único momento en el que exprimía su potencial.

Seguir inquieto por su pequeño descuido no cerró su estómago, y por tanto no hubo impedimenta alguna que evitara a Ricky terminar con la última galleta. La mordisqueó por los bordes como un ratoncillo para alargar su esperanza de vida, sujetándola con ambas manos mientras atendía la reacción de su ex-tutor. La relación entre ambos generaba al francés una gran curiosidad, y aunque jamás preguntaría directamente, escuchó con atención la opinión que surgió voluntariamente de Robert. Paró de roer la galleta para hablar.—Entiendo como te sientes—dijo, y enseguida negó, sacudiendo la cabeza.—Quiero decir.. claro que no lo entiendo, no tengo una nieta ni nada parecido, ni siquiera tengo una hija—.Tras pronunciar lo evidente, alzó los hombros, sin comprender la animadversión que parecían compartir.—Pero él, Sirius—se corrigió tras recordar la permisión de Robert respecto a nombrarlo.—Es muy buena persona, de verdad—determinó con convencimiento, pero sintiendo cierto temor enfocado a que Robert no tomara bien su afirmación. En cualquier caso, que aceptara tomar una cerveza supuso un gran alivio, y significó que la relación entre ambos podía mejorar en un futuro. Bastante más tranquilo que previamente, Ricky volvió a centrar su atención en la galleta mordisqueada, terminando por comérsela con forzada calma.

Su galleta murió cuando Robert interpuso un nuevo tema de conversación entre ambos.—Duermo aquí. Lo soporto porque supongo que no tengo un sitio mejor esperándome—.En realidad, sí lo tenía, pero tiempo atrás renunció a dicho lugar por decisión propia. Tarde para arrepentimientos.—Hace unos meses tampoco me gustaba estar aquí, me sentía triste e incómodo—confesó—, pero he conseguido hacer amigos y gracias a ellos hace tiempo que considero este como mi nuevo hogar, y me siento muy feliz—.Terminó de explicar. La amistad jugaba un papel sumamente importante para él, bastaba brindar su compañía y cariño a alguien más para colmar su felicidad. Se sacudió las migas que predominaban en sus manos y en su camiseta.—Supongo que yo no sería suficiente aliciente para que viajaras hasta aquí—contestó, observando como Robert apartaba las secuelas de un clima soleado y de un previo entrenamiento que resultaba más que evidente.—pero lo entiendo, porque no soy ni tan guapa ni tan fuerte como ella—bromeó con jocosa entonación. Ambos aurores formaban una pareja pintoresca, pero cuando surgía el amor, las apariencias y las terceras opiniones adoptaban un papel de absoluta irrelevancia. Ricky no conocía de cerca la historia entre ambos, pero festejaba su mutua felicidad; aunque desde una posición de absoluta ingenuidad, creía que ella cuidaría bien de Robert, y que Robert conseguiría que sonriera más.

Me alegro mucho por vosotros—confesó entonces, perdido en ensoñaciones que desconocía si tendrían parecido alguno con la realidad.
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Re: Sun & Cookies [Privado]

Mensaje por Robert D. McKinnon el Lun Jun 19, 2017 4:26 am

— No todo el mundo sabe lo que se pierde entonces — finalizó el tema de conversación, esbozando una amplia sonrisa que se tornaba cariñosa, fraternal, hasta el punto de querer llevar al auror a comprar un helado o algo. La sensación de verse tan sumamente diferente a ojos de alguien que, en cierto modo, le guardaba un respeto diferente y con el que compartía una amistad que iba más allá del mero trato entre profesor y alumno le dejaba un tanto fuera de juego, pero le gustaba el hecho de saber que todavía había personas en el mundo que, a fin de cuentas, lo veían como a una persona más y no como el desecho que el irlandés pensaba era en su cabeza.

La mera imagen de cómo su apetito devoraba la galleta en apenas varios segundos le producía cierta ternura, y llegaba hasta el punto de hacerlo querer reír por la jovialidad y el aura tan agradable que desprendía — Cada día me sorprendes de una forma diferente, Ricky, no se si llegará el día en que dejes de hacerlo — entregado y pasional, Robert debía comprender que seguramente ambos aprendices de aurores — tanto Sirius como él — se encontraban diariamente en los concurridos pasillos de una academia de aurores que parecía estar en pleno auge de no ser por la caída tan estrepitosa que había sufrido al verse acontecida por los sucesos de Salvio que no pasaron desapercibidos para nadie dentro del círculo y del mundo mágico. Incluso la Confederación Internacional de Magos había hecho su intervención, y qué más podía significar algo como aquello... pero en cierto modo su subconsciente se indignaba de pensar que alguien pudiera decir maravillas de una persona que, si bien no le era del todo un desagrado, si que había cambiado el torno de la vida de su pequeña hasta un punto insospechado. Ni que decía tenía que, no obstante, el arrepentimiento no estaba en su vocabulario cuando de Lyanna se trataba, ni mucho menos de la dirección que la propia Marlene había seguido, pero no podía evitar pensar eso de todos modos — No dudo que lo sea, y casi estoy seguro de que con un poco de tiempo y conociéndolo mejor podríamos llegar incluso a ser buenos compañeros pero... es todo muy reciente, supongo, y no me pica la curiosidad más allá del saber que al menos no ha dado media vuelta y ha dejado en el olvido a Marlene y Lyanna — al menos, en parte, le debía eso.

Pero por otro lado era lo normal, pues en la cabeza del irlandés no cabía semejante pensamiento de abandono que resonaba a atrocidad por los recovecos de su mente.

— Digamos que no quiero dar el paso de conocerle más a fondo, no al menos de momento — si se diese el caso creía pensar que no se negaría, pero no pondría un pie por delante para dar el primer paso, de eso estaba seguro. Bastante tenía con lidiar, diariamente, con tantas cosas en tan poco tiempo — ¿En qué sentido? ¿No vivías en un pequeño apartamento? — tenía entendido que si, y pese a la distancia el calor de un hogar, fuera el que fuese, no podía medirse a la tosquedad y la servidumbre que parecía resumar en todos los huecos de aquel imponente lugar — Bueno, entiendo que al menos las amistades hacen todo esto mucho más ameno, no quiero ni pensar la locura que podría llegar a ser si dependieras simplemente de ti mismo — rodó los ojos, sonriendo irónicamente, bromeando estrepitosamente y dejando claro que si de algo estaba seguro era de que Ricky finalmente había conseguido socializar de la manera que se merecía, y entre otras cosas había tratado labrarse un trato cordial entre todas las personas que ahora formaban su círculo de amistades — No los pierdas nunca de vista, te diría, nunca sabes cuándo los vas a necesitar, o cuándo te van a necesitar — hizo una pausa, volviendo a tomar aire, incorporándose en el sitio para observar nuevamente el recinto con ojo avizor, en busca de una cabellera rubia que lo devolviera nuevamente a su principal foco de atención en aquel sitio — Y los amigos están para las buenas y para las malas, no te olvides, créeme que desde ahora que se que sigues rondando este lugar tengo otro aliciente para venir todos los días — sonrió, dándole un golpe cariñoso en la coronilla — A fin de cuentas me debes una cerveza — se encogió de hombros, haciendo afán de, finalmente, volver a sus tareas que no tardarían en llamarle la atención.
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Re: Sun & Cookies [Privado]

Mensaje por Ricky M. Over el Mar Jun 20, 2017 2:27 pm

Observó a Robert, curioso, sin comprender exactamente la motivación de semejante comentario pero, sin embargo, tampoco quiso conocer sus razones. A veces él mismo se sumía en sus propios pensamientos, escogía caminos que lo alejaban de la realidad y, por ende, regresaba de súbito con cien temas distintos en mente, ni remotamente parecidos a los que tenía antes de hacer el viaje. Decidió que su compañía se dejó guiar por una situación semejante, y el tema no le inquietó lo suficiente como para tener que volver a pensar en ello.

Ya no había vuelta a atrás en lo referente a Sirius, el tema fue abordado con el mayor tacto posible. El francés tuvo que esforzarse para no enaltecer a su amigo, que ocupaba en su corazón un pedestal casi tan alto como el que pertenecía al mismísimo Robert. Le gustaba hablar maravillas sobre las personas que quería, muchas veces sin cerciorarse de la repercusión que pudiera tener o la imagen que diera, simplemente surgía desde lo más profundo de su ser. Pretendía que Robert hablara sin tapujos, sin mostrar intención alguna de invalidar su opinión e intentar imponer la propia, pero cierta mención requirió una inevitable intervención.—Dejar en el olvido a Marlene y a Lyanna, qué horrible. Él nunca haría eso—susurró horrorizado, temiendo imaginar una dimensión en la que ocurriera dicho acontecimiento.—¿Quién sería capaz de hacer algo así? —se preguntó en voz alta. Sabía que existía gente mala e irresponsable, en su camino se cruzó con demasiadas personas así, pero nunca terminaría de acostumbrarse a su existencia. Recordó la primera vez que visitó la casa en mitad del bosque, ambas estaban adorables y risueñas, sería incomprensible que alguien quisiera abandonarlas.

La conclusión de Robert fue comprensible, y aunque el francés querría que dos personas tan especiales para él tuvieran una buena relación, respetó la decisión de su antiguo tutor, demostrándolo con un asentimiento de cabeza.—Era temporal, me hospedaba ahí mientras estudiaba en Salvio Hexia, así que dejó de tener sentido después de lo que pasó—explicó brevemente. Le gustaría decir que guardaba valiosos recuerdos relacionados con el apartamento muggle, pero fue la época más solitaria de su vida, e incluso la fría Bulgaria se le antojaba más un hogar en comparación con el pequeño apartamento. Robert le parecía extremadamente sabio, así que presto suma atención a sus consejos sobre la amistad, casi sin pestañear para no perderse detalle de sus gestos.—Tomo nota, no os perderé de vista—respondió, agregándolo a su mencionado círculo de amistades. Ni hacía falta mencionar que el hecho de ser considerado un aliciente, sumado a la certeza de que volverían a encontrarse para tomar una cerveza, fueron razones de gran dicha para el francés.

Sonrió abiertamente, levantándose para despedirse de Robert, que seguramente tendría mejores cosas que hacer.—Gracias por tu tiempo, ya sabes donde encontrarme para cuando te apetezca la cerveza—.Sonrió, ufano, y cometió el atrevimiento de abrazarle por cinco segundos. Agregaría más halagos, apenas podía controlar las cursiladas que inundaban su mente y luchaban por salir, pero decidió controlar su faceta extremadamente cariñosa, por miedo a incomodar.

Tras despedirse, volvió a las residencias en busca de más galletas.
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