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Mensaje por Ekaterina Petrova el Sáb Abr 08, 2017 3:07 pm

Spattergroit, detestaba aquella enfermedad, parecía simple y moldeable pero no, en cada mago era diferente, a veces incluso variaba según la edad y genero de la persona y aquello la ponía en una contradicción; se molestaba porque perdía demasiado tiempo en un mismo caso, atrasándose, y por otra parte le entusiasmaba observar como una enfermedad evolucionaba para evitar los tratamientos existentes contra esta. Suspiró mientras examinaba al pequeño en la cama, con la mirada fija de sus padres sobre su espalda y en cada acción, le sonrió dandole un tenue toque en la nariz con sus manos perfectamente enguantadas para que se calmara y le dio unas pociones, mientras realizaba un rápido hechizo para evitar las marcas que podrían quedar sobre su piel- Le dejaremos en examinación para mediar los efectos del tratamiento y que así esas horribles marcas no vuelvan a aparecer -Sin apartar la mirada del pequeño, informo a los padres con un tono calmado y tierno, puesto sabia que el niño estaba escuchando todo con atención- No te preocupes -Guiño un ojo, girándose finalmente hacia los adultos y asentir con un claro mensaje: su hijo estaría bien. Por suerte le habían llevado con rapidez y a pesar de los primeros problemas que le había traído, no se trataba de un caso demasiado violento.

Conversó con ambos padres, respondiendo a cada una de sus consultas con paciencia y amabilidad, a pesar de que lo único que deseaba era sentarse un momento y olvidarse de todo, quedándose allí por unos minutos antes de salir. Solo suspirando con cansancio en cuanto la puerta de la habitación se cerró a su espalda, y aun así estaba en uno de los pasillos centrales del hospital por lo que no podía demostrar su cansancio ni real exasperación ante la horrible y agotadora semana que estaba llevando, si mal no recordaba era el tercer turno de veinticuatro horas que había tomado, y ni siquiera acontecían aun doce horas del actual. Liberó sus castaños cabellos del alto moño en el que los había establecido, como siempre que estaba trabajando o dedicándose a algo con seriedad y concentración y se encamino hacia la sala de descanso de aquel nivel del hospital.

Ingresó en silencio y a paso calmado, cerró la puerta con suma tranquilidad, avanzó con elegancia al reconocer a una persona en especifico dentro y sin más se desplomo en una de las sillas cercanas a la mesa de “reuniones” que se encontraba en el centro de la amplia sala, y con un golpe seco apoyo de forma poco delicada su frente sobre esta, permitiendo que el mar de su cabello recubriera toda su cabeza de manera desordenada- Si bebo otra poción revitalizadora creo que no podré volver a dormir en toda mi vida -Se quejo sin siquiera moverse, dejando que sus brazos cayeran por su costado de manera exagerada. Suspiró de manera continua antes de re acomodarse apenas y moviendo su cabeza, para observar a la joven a su lado, sonriéndole de lado- ¿Qué tan eternas han sido tus horas? -Solía ser la pregunta que la rusa le daba a Milla cuando podían verse entre turnos para conversar, en aquellos pequeños descansos que a veces ni siquiera podían durar más de cinco minutos.
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Re: 24 hours and more [Milla]

Mensaje por Milla K. Montague el Dom Abr 09, 2017 4:08 pm

No tenía especialmente claro si lo que pretendían era que recuperase todas las horas que había perdido debido a sus vacaciones o si era algún tipo de venganza de su jefe de área pero estaba cansada de que le tocaran el noventa por ciento de las guardias de noche. Lo único que la reconfortaba era el hecho de que no tenía que hacer cola en la cafetería para conseguir adquirir algún café. Odiaba cuando el reloj apremiaba y ella aguardaba en una fila a la espera de que sus compañeros de profesión decidieran que deseaban tomar.

A diferencia de otras noches aquella se estaba portando medianamente bien, o al menos así la definiría cualquier persona que no tuviera la menor idea de a qué se estaba enfrentando. Lo peor que le podía pasar a un medimago con un turno nocturno era no tener nada que hacer, no tener a ningún paciente que atender y mantener su mente entretenida con algo. El solo hecho de parpadear conseguía que cerrara los ojos más tiempo del necesario pero menor del deseado por ella. Sus pasos se dirigieron raudos en pos de la sala contigua a su despacho con la pequeña esperanza de que Damien estuviera allí. Sabía que no era más que un estudiante pero también conocía del interés que poseía y que no habría sido la primera noche que pasara allí en un intento de conocer más y más de la profesión. Mas la suerte no estaba de su parte aquella larga y aburrida guardia.

Entrelazó la diestra en su cabello a la par que su caminar la llevó hasta la sala de descanso donde ocupó un lugar y dejó el café sobre la mesa de caoba. Ni siquiera sabía con quién le tocaba hacer aquel turno, quizás después acabaría yendo despacho tras despacho en busca de la que sería su compañía profesional durante las más de doce horas restantes que se le presentaban por delante. Arrastró una silla hasta donde estaba y subió las piernas en un intento de acomodarse, permitirse unos minutos de tranquilidad antes de regresar a su lugar donde afrontar una gran cantidad de informes de pacientes que llevaba atrasados. Cerró los ojos, dejando que su mente abandonara el lugar en el que se encontraba, imaginándose en una bonita playa de arena blanca y olas que rompían con suavidad en la orilla. Quizás  consiguió demasiada relajación que no se percató de la presencia de otra persona hasta que la voz se metió en su paradisíaca visión haciendo que se sobresaltara y golpeara con las rodillas la maciza mesa. —Morgana— masculló frotándose la dolorida zona antes de enfocar su mirar oscuro en la compañía que ocultaba su rostro apoyado contra la mesa.

Una sonrisa se dibujó en su rostro al ver que su compañía no era ni más ni menos que Ekaterina. —¿Otra vez turno de veinticuatro horas?— preguntó ella reacomodándose ahora que se había percatado de con quien se encontraba. —Se me están haciendo eterna. Ya decía yo que no tenía ningún paciente, eres demasiado eficiente— bromeó intentando ser divertida con el poco espíritu que aún poseía. —Una viruela de dragón— acabó por reconocer —, creo que nunca olvidaré la primera vez que vi los sarpullidos que aparecen entre los dedos de los pies— dijo con un escalofrío recorriendo toda su espalda hasta conseguir que se abrazara levemente. Alcanzó el café y tomó un sorbo de la caliente bebida antes de hacer un gesto en dirección a ella. —¿Y las tuyas qué tal?— preguntó entonces volviendo a dejar la bebida sobre la mesa y mirándola con interés.
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Re: 24 hours and more [Milla]

Mensaje por Ekaterina Petrova el Dom Abr 09, 2017 5:34 pm

Rió, aun con la cabeza contra la madera de la mesa, al escuchar la exclamación de sorpresa de Milla al percatarse de su presencia. Intento asentir para responderle, pero realmente era imposible mover la cabeza en aquella posición sin golpearse nuevamente la frente, y en aquel instante no deseaba hacerlo, por lo que simplemente levanto su mano, alzando tres dedos de esta- Tres turnos de veinticuatro horas en esta semana, y solo es jueves… -Bufó con un tono de voz contrario al “reclamo” que aparentemente estaba haciendo, antes de tomar sus cabellos con ambas manos y reincorporarse con una gran sonrisa en el rostro, estaba cansada, agotada y lo único que deseaba era poder dormir, pero no podía evitar sentirse emocionada al rememorar los anteriores días en el hospital y los casos que había presenciado, ya que de no haber optado por tomar los turnos probablemente se habría perdido todo aquello, lo que era inconcebible.

Se estiró con lentitud mientras alzaba sus brazos y suspiraba, volviendo a sentarse con normalidad, sonriendo complacida por el comentario de su compañera- Prometo con todo mi corazón, que te dejaré los casos que no quiero tomar -Fingió realizar una solemne promesa con un gesto de su mano y aire serio, pero la gran sonrisa calcada sobre sus labios restaba cualquier posible formalidad en su acción. Se levantó encaminándose hacia unas taquillas del fondo, abrió una de las inferiores y tomó una gran bolsa antes de volver al lado de Milla, sentándose mientras se hacia con su varita y lograba que su vaso volviera a llenarse con su preciado capuchino. De la bolsa saco dos bollos dulces envueltos perfectamente, y entrego uno de estos a su compañera mientras escuchaba los comentarios de los salpullidos que producía la viruela de dragón- Es una hermosa experiencia, una vez vi una que mas que salpullido eran ampollas y reventaron desagradablemente -Relato entre risas bebiendo algo de café, dejando el vaso con cuidado para luego voltearse hacia su compañera, y sentarse con ambas piernas cruzadas sobre la silla con suma naturalidad, echando su torso un poco hacia adelante con aire de misterio, pretendiendo que iba a relatar algo interesante- Fracturas menores, asistencia de un parto de trillizos y un niño con Spattergroit, son mis casos “memorables” del día -Ironizó volviendo a su posición, tomando el bollo dulce y dando un rápido y certero mordisco.

Suspiro casi con alivio y deleite ante el sabor dulce que embargó su boca, aquello era lo primero que comía en todo el día; había sido un día aburrido, con casos “comunes” pero aun así movido, sino estaba en urgencias debía correr a su propia área y ver los casos que sus aprendices estaban manejando, puesto por mucho talento que mostraran aun debía corroborar sus decisiones y dar su aprobación antes de que pudieran tratar a algún paciente- ¿Sabes siquiera que hora es? Estoy totalmente perdida en el espacio tiempo -Preguntó cuando termino el bocado de dulce, preguntándose realmente cuantas horas faltarían, podía suponer que sobre doce, pero no estaba del todo segura, y tenia unas cuantas revisiones de urgencia que realizar a eso de las tres de la madrugada.
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Mensaje por Milla K. Montague el Lun Abr 10, 2017 3:14 am

Las cejas de la medimaga se arquearon con la noticia de los turnos que llevaba aquella semana. Ni ella habría permitido que le pusieran tantos turnos seguidos, a no ser que la misma Ekaterina fuera la que había elegido que así fuera. No, era imposible, no los pagaban tan bien como para querer dejarse la vida entre los pasillos del hospital mágico. —Si sigues así vas a acabar enfermando tú— la advirtió como si de una madre se tratara cuando, en realidad, la joven tenía un año más que la propia Milla. ¿Cómo lo sabía? Bueno, había sido la elegida democráticamente, por no decir que su jefe la señaló directamente, para mostrarle las instalaciones a la nueva integrante del equipo de San Mungo, además de resolver cualquier duda que tuviera si tenía que contactar con alguien o dudaba donde se encontraba alguna sala en la planta que tenían asignada para el cuidado de los males relacionados con su área.

Rió divertida. Estaba bien tener a otra mujer cerca, había momentos en los que se desesperaba y aburría teniendo solamente hombres en la planta, no se podía de hablar de absolutamente nada con ellos y, la verdad, tampoco había intentado tener una relación estrecha con ninguno de ellos para poder tener conversaciones trascendentales sobre la vida. No le interesaban demasiado teniendo en cuenta que la mayor parte de ellos o eran demasiado mayores y la conocían por su padre, estaban casados o eran de otras áreas que ella prefería volver a no pisar ni aunque la hicieran Jefa de todos ellos. Aprovechó que se levantó para reacomodarse mejor en la silla, estirando las piernas y masajeando su rostro en busca de conseguir que su mente se volviera a activar. Odiaba tener que tomar pociones para mantenerse despierta por eso se pasó al café que había provocado una fuerte adicción en ella hasta el límite de tomarlo incluso cuando no precisaba de ello. Definitivamente iba a morir de un infarto o algo parecido como siguiera aquel camino.

—Una maravillosa imagen para conseguir que si me duermo tenga pesadillas— comentó entre risas a la par que inclinaba su cuerpo sobre la mesa y tomaba el dulce que le ofrecía. Asintió lentamente con la cabeza, imaginándose cada una de las escenas que le enumeraba. —Antes teníamos una ingente cantidad de heridos por hechizos, gracias a Morgana ya no es así— explicó en relación a la cantidad de trabajo que antes tenían en el área por la existencia de Voldemort y sus seguidores provocando heridos allá por donde pisaban.  Pellizcó el dulce, moviéndose hacia un lado para mirar el reloj de pared que presidía la sala. —La una de la madrugada— comunicó antes de meterse el trozo de dulce dentro de la boca y masticar con tranquilidad.

Ya que estaba teniendo el turno completo un par de compañeros le habían pedido el favor de repasar un par de casos que tenían durante semanas sobre sus mesas y aún no habían podido revisar por estar siempre ocupados. Ella tenía toda la madrugada para hacerlo así que, al menos, estaría lo suficientemente entretenida como para no morir de aburrimiento. —¿Hacías turnos de veinticuatro horas cuando estabas en Estados Unidos?— preguntó con notable curiosidad en su voz. Volvió a tomar un pellizco del dulce que ayudó con un sorbo de café. Siempre había tenido curiosidad por como sería trabajar en Estados Unidos, cualquier cosa que estuviera relacionada con la sanación de personas le llamaba la atención; incluso los hospitales muggles fueron un lugar que frecuentaba con insistencia en los primeros años que estuvo estudiando en Salvio Hexia. Quería conocer más alternativas y posibilidades que las que daba la magia.
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Re: 24 hours and more [Milla]

Mensaje por Ekaterina Petrova el Dom Abr 16, 2017 1:35 am

Disfrutaba de la compañía alegre de Milla, era por sobretodo una gran distracción del ambiente tenso y estresante que muchas veces se apoderaba de todo el hospital, sin contar el mar de emociones que se vislumbraban en las familias, lo que para muchos podía ser algo sumamente agotador. La rusa por su parte trataba de no dejarse influenciar demasiado por aquel caótico lugar en el que había decidido trabajar, pero a veces su fuerte barrera podía ser rasgada por los problemas y allí era cuando Milla y su brillante personalidad le ayudaban a dejar aquellas situaciones atrás, llegando a verlas incluso con diversión, y restándole la falsa importancia que el estrés le había otorgado. Además, era mucho mejor tener compañía y una buena conversación para disfrutar el café en medio de un turno nocturno, sin duda alguna era mucho más sencillo mantenerse despierta si se tenía a alguien al lado y no solamente una botella de pociones en la mano.

Rio satisfecha por haber logrado “traumar” a su compañera ante sus hermosos comentarios sobre la mutación de la viruela de dragón que había observado− Creo fervientemente que nos hace falta personal −Comentó en respuesta a la información que le dio la castaña, aunque ella siempre disfrutaba de trabajar, podía reconocer que en ese instante no sería bueno tener más pacientes de los que ahora, apenas y conseguían atender con el número de medimagos con los que estaban contando− ¿Desde cuándo nuestra profesión dejo de atraer a las nuevas generaciones? –Dramatizó bebiendo de su café mientras negaba y suspiraba con pesadez.

El escuchar que apenas eran las una de la mañana fue un alivio completo para la joven, significaba que tenía dos horas de aparente descanso antes de que un tratamiento fuera requerido nuevamente, y, sino ocurría ninguna urgencia tal vez podría incluso permitirse una siesta. Bendita fuera Morgana, Merlín y su extensa barba si aquel hermoso escenario se volvía realidad. Se extendió de lado hacia el escritorio, apoyando su costado sobre la madera y reacomodar su brazo para que su mano diera soporte a su mejilla, para así poder seguir observando de frente a Milla pero en una posición más cómoda, extraña, pero agradablemente cómoda−¿En Estados Unidos? –Repitió su pregunta, negando al tiempo que cubría sus labios para bostezar libremente− Realizaba turnos de treinta y seis o cuarenta y ocho horas –Pronunció en voz cansina y entre bostezos por lo que algunas palabras fueron emitidas de manera más extendida y con un tono de voz grave, por lo que sonrió divertida− taba a cargo de la atención primordial de los aurores en MACUSA, y aquello requería mucho tiempo, sin contar los casos del hospital que teníamos, pero, era mi propia elección, me gusta lo que hago y creo que soy algo obsesiva con ello… −Desvió su mirada, pensativa− …completamente obsesiva y perfeccionista –Se corrigió a sí misma, mientras sonreía, dando un nuevo mordisco al dulce, observando a la joven frente a ella con curiosidad− ¿Hubo mucho caos durante la guerra? –De seguro era una pregunta obvia, ella lo había experimentado en gran medida al ver los resquicios en la fuerza de aurores de Estados Unidos, pero era obvio que el impacto en San Mungo había sido mucho mayor, y si, ahora que había paz tenían un sin número de casos solo podía pretender imaginar cómo habría sido todo en tiempos de guerra.
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Mensaje por Milla K. Montague el Dom Abr 23, 2017 4:22 pm

Desde el mismo momento en el que conoció a la joven quedó encantada con ella por demasiadas razones. Era muy bueno tener a otra chica cerca en San Mungo, aunque no fueran íntimas nunca estaba de más aquel toque femenino que ellas les podían dar a cualquier cosa, además de que el hecho de que fueran las dos únicas mujeres del área hacía que sintiera una buena conexión con ella; otra de las razones era el hecho de las ganas de mejorar que poseía, aquel tesón que la castaña había ido perdiendo poco a poco, en especial en los últimos meses con todo lo acontecido respecto a su hermano pequeño Taurus, por lo que despertaba sus ganas por ir a San Mungo, contagiándose de la vida que desprendía y que se había apagado dentro de ella. Aun así siempre se intentaba mostrar cercana, alegre y empática con todos aquellos que ocupaban parte de su tiempo hablándole o cuestionándole alguna duda que ella fuera capaz de resolver; intentar ayudar a los demás la había llevado hasta allí y nunca se arrepentiría de su elección, ayudar a los demás la ayudaba, en cierto modo, a sí misma y no sentirse tan inútil como se sentía con los últimos acontecimientos que habían acaecido en su vida.

Esbozó una sonrisa divertida, soplando su castaño flequillo hacia arriba. —Me ha parecido ver a un par de estudiantes correteando por los pasillos en las últimas semanas— comunicó sin saber del todo si ella sabía algo del asunto. Ella nunca había tenido un alumno a su cargo, quizás Damien fue algo así pero, más bien, ella lo trataba como a un igual al que, de vez en cuando, debía de explicarle algo o guiarle a la hora de una inspección a un paciente. Lo único que la animaba de aquello era que los estudiantes tenían muchas opciones pero los que elegían la medimagia era porque, realmente, les apasionaba la profesión que ejercerían en el futuro. Arrugó los labios apenas unos segundos, quedándose inmersa en sus pensamientos. Había pasado en varias ocasiones frente a la puerta del compañero que se ocupaba de las curas eventuales que debía recibir Ragnor, quedándose con la mano levantada en señal de llamar a ésta, pero siendo incapaz de hacerlo después de unos minutos observándola en silencio. Estaba segura de que algún día saldría y le daría un ataque al corazón si la encontraba con aquella estampa, sin saber que decirle y acabando huyendo del lugar como si acabara de cometer un asesinato.

Giró hacia ella, parpadeando con sorpresa ya que no sabía cuánto tiempo se había quedado completamente ausente para no percatarse del cambio de posición de Ekaterina. Tomó el bollo y dio un pequeño mordisco a este, pasando la lengua por las comisuras de sus labios en busca de que no quedara crema allí, seguidamente sus labios se encajaron en el borde de su taza de café. Alzando la mirada por encima de la aún humeante bebida. —Debió de ser muy estresante tener tanto trabajo— comentó con las cejas ligeramente arqueadas hacia arriba. Además de cansado estaba el hecho de que no podría tener otras prioridades dedicándole tanto tiempo a su trabajo, ocupando, prácticamente, toca su vida entre las paredes de un hospital a la espera de que lo peor ocurriera. Ella misma habría deseado tener eternos días y noches en los que no hacer nada si ello significaba que todo el mundo estaba a salvo; al menos ya no se tenía que preocupar tanto por ello con los tiempos de paz que se adentraban paulatinamente en Reino Unido desde la caída del que no-debe-ser-nombrado. Ella era de aquellas personas que aún prefería no mentar su nombre ni siquiera en su cabeza. —Es bueno ser perfeccionista en tu trabajo, es lo que debemos de hacer teniendo en cuenta que trabajamos con personas y se debe ser perfecto y preciso a la hora de diagnosticarlos y tratarlos— apoyó.

Un suspiro escapó de sus labios, enredando la diestra en su cabello a la par que intentaba colocarse mejor sobre la incómoda silla de la sala de descanso. —En general siempre tenías pacientes aquí pero el día de Salvio todo se vió sobrepasado, muchos de los medimagos ni siquiera se encontraban aquí y tuvieron que ser traídos instantáneamente por la cantidad de heridos  que habían. Veías rostros desconocidos y otra enorme cantidad de  conocidos que no debías priorizar y te rompías al no poder hacerlo, pero debías de seguir, atender al siguiente, y luego al siguiente, y sin parar de llegar más— relató como si solamente hubieran pasado unas horas desde que aquellos momentos hubieran acontecido en los pasillos de San Mungo. En aquel momento de caos ni siquiera se tuvieron, en muchas ocasiones, en cuenta las áreas del hospital, solamente se precisaba de un medimago con las manos libres y capaz de ocuparse de cualquier herida. —Estábamos acostumbrados a ataques pero no de aquella magnitud ni que tantos aurores tuvieran que acudir aquí— explicó sintiéndose ligeramente culpable por todo lo sucedido y la inseguridad de muchos de ellos. —Supongo que tú habrías estado acostumbrada a ver ‘heridas de guerra’ si te  encontrabas en atención primordial de los aurores de MACUSA— comentó en el mismo momento hubo terminado de relatar cómo se vivió, o al menos ella sintió, aquel fatídico día.
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