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Mensaje por Robert D. McKinnon el Dom Feb 05, 2017 6:27 am

Principios de Febrero.
Antes del viaje a Bulgaria.
Irlanda, McKinnon's.

— Está bien, de verdad te digo que puedo yo sólo, no es necesario Peter — comentaba, andando de un lado para otro en la pequeña y acogedora casa dónde vivián los abuelos de una Marlene que llevaba meses atareada no sólo con la responsabilidad que conllevaba ser aprendiz de auror, sino por el hecho de criar una nueva vida en un mundo que a cada paso que daban se volvía más impredecible — Lleva varios días fuera, no tengo noticias de ella y sinceramente prefiero atosigarla, no me veo con el pleno derecho a saber de ella cuando quiero — terció, encogiéndose de hombros ante la atenta mirada de un Peter Lowell lo suficientemente preocupado como para ayudarlo continuamente en todo el trabajo que llevaba meses realizando.

Y es que tratar de adecuar, amueblar desde cero y limpiar una casa que llevaba años cerrada con la ayuda de varios ahorros con los que se veía atosigado y las pasaba canutas para poder al menos acondicionar las salas principales era toda una odisea. El ardor del trabajo se cargaba en sus hombros, su cuerpo se resentía de las heridas pasadas y la sola compañía de un matrimonio que hacía su vida, tranquila, desde hacía tantos años conseguían apagarlo de vez en vez, pero todavía no se había rendido. Con Noëla en Bulgaria, él en Irlanda y Marlene viajando y moviéndose con Lyanna por toda Gran Bretaña, se podría decir que la familia estaba más separada que de costumbre. Ni tan siquiera Ragnor daba señales de vida pese a que, misteriosamente, ambos trabajaban en el mismo lugar. La Confederación Internacional de Magos era un mundo completamente aparte, los viajes eran tan fortuitos como impredecibles y la poca disponibilidad que ofrecía el irlandés sacaba de quicio a sus superiores. Pero era eficaz, al menos, y no defraudaba. Al menos no cuando la mayor parte de su día a día en el trabajo era un papeleo incansable mezclado con un viaje cada tres o cuatro semanas.

Así que allí se hallaba, envuelto en el calor de un hogar que no le pertenecía, con ganas de volver a inmiscuirse en aquella gran casa que se veía tan vacía y a la cuál no cedía en el empeño de volver a habitar — a corto o largo plazo — para recuperar una parte de si mismo que yacía en lo más hondo, dormida. El fin de semana había llegado, en el exterior el frío se palpaba en una fresca mañana de invierno en Irlanda, y ataviado con ropa cómoda para meterse en plena faena, había dejado el desayuno a un lado pese a la atenta e inquisitiva obligación de tomar al menos algo porque si no Sara terminaría por cortarle los brazos para que parara. Aunque fuese momentáneamente.

Apenas llevaba varias horas tratando de ver la clara disposición de algún que otro mueble en el salón cuando un ruido peculiar pero extraño a la vez sonó en toda la casa. Con el ceño fruncido, sin saber exactamente de dónde provenía, se paseó por el hogar en busca de lo que fuese que provocara aquel tintineo, hasta caer en cuenta — falto de costumbre — que llamaban al timbre de la puerta. Se tomó su tiempo, no obstante, dedicando miradas de soslayo a todo lo que ya había conseguido y que, aún así, le sacaba de quicio por no estar completamente seguro — De veras, Peter, que no hace falta que vengas, está todo contro... — su voz se vió cortada conforme abría la puerta de la entrada. Sus ojos, que hasta entonces habían estado perdidos entre muebles, se encontraban ahora vagando en la atenta mirada de las dos personas que habían ido a visitarlo. Con regocijo, sin poder creérselo, estuvo a punto de tirarse al suelo y darse golpes en la cabeza pensando que aquello no era más que un espejismo.

Marlene, su Marlene, acompañada en brazos de una pequeña criatura que parecía dormitar pero que, realmente, estaba más avispada que las otras dos personas de mayor edad — Esto si que es una grata sorpresa, princesa — terció, ensachando una sonrisa que ya había estado creciendo por momento, parándose a un lado de la puerta para que ambas decidieran o no si querían pasar y dejando a un lado varios trapos que llevaba colgando al hombro y de los cuáles no se había percatado hasta que la vergüenza se había dejado ver, acalorando sus mejillas — Si, lo se, seguramente la estampa sea tan cómica que no te voy a reprochar que te rías, Lene — remoloneó, rodando los ojos y volviendo a sonreír, acercándose para depositar un leve beso en la mejilla de ella, y otro más suave en la frente de la pequeña Lyanna — ¿Qué haces aquí? No te esperaba hasta al menos dos días más — comentó, haciendo cuentas en su cabeza.

Se veían, claro que se veían, aunque no tanto como Robert quisiera. Marlene iba a visitarlo cuando acompañaba, así como Robert trataba de darle búsqueda cuando llevaba más de lo normal sin verla. Pero tan pronto... su instinto paternal, aquel que creía atrofiado, pensaba cosas que sin embargo no se atrevía a creer. Las cosas estaban bien. Llevaban bien un tiempo pese al panorama y mientras que la criatura creciese sana, lo demás apenas importaba.
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Re: A deeper dive — Privado.

Mensaje por Marlene S. Mckinnon el Sáb Feb 11, 2017 12:52 pm

Llevaba días planeando aquel viaje, había escrito a sus abuelos para informarles que dentro de tres días estaría visitándolos en casa, les había advertido que no informaran a su papá sobre ello, quería que fuera una sorpresa, pero estaba segura que su abuela le habría soltado toda la información en algún momento, la vieja era mala escondiendo cosas. –Vamos a ver al abuelo- anunció a su hija mientras esta saltaba en su regazo, dentro del taxi que los llevaba a casa. Había decidido tomar el camino largo, viajar en el transporte muggle como hizo tantas veces con sus abuelos. Con las chimeneas internacionales cerradas Marlene no confiaba en poder salir fácilmente con magia, no se atrevía a viajar en escoba y la desaparición tenía sus riesgos, era muy cuidadosa con Lyanna, desde que era una bebé había aprendido a pensar primero en ella y desde entonces no hacía nada que pudiera lastimarla.

-Llegamos,jovencita- murmuró el motorista mientras detenía el auto en una calle cercana a la del antiguo hogar de la rubia. Marlene rebuscó en su bolso y le pagó antes de bajar del taxi para cargar con su hija y las maletas. El taxista insistió en ayudarla a cargarlas hasta su casa pero la rubia rechazó la oferta con falsa modestia esperando que este se marchara para empezar a caminar. A pesar de que su casa se encontraba en una zona mitad mágica y mitad muggle, no quería que el motorista sospechara que algo no era normal. Tomó sus maletas con ambas manos y dejó a la niña colgando contra su pecho con un rebozo que Dorcas le había regalado – Tienes que decirlo como lo practicamos, abuelo, a-bu-e-lo- la niña la miró como si creyera que su madre estaba loca, teniendo en cuenta que sus únicas palabras eran “mapa” y “caca” quizás esperar que dijera abuelo era mucho pedir.

Tocó el timbre de la puerta sintiendo nostalgia por lo que no pudo vivir en aquel lugar. Se movió de un lado a otro esperando que alguien atendiera la puerta y elevó sus comisuras en una enorme sonrisa al ver la cara de sorpresa que ponía su papá. –Hola papi- saludó con una sonrisa bajando las maletas para poder abrazarlo de costado. Solo entonces pudo notar su apariencia, hasta tenía algo negro pegado en la cara. Soltó una carcajada al escucharlo como si ese fuera su interruptor, Lyanna se sobresaltó por el repentino ataque de su madre y empezó a llorar con sentimiento, quizás estaba un poco cansada por el viaje. –Oh, lo siento pequeña, sh sh sh- la movió de un lado a otro para tranquilizarla y terminó de entrar a la casa observando todo a su alrededor. Era sorprendente lo mucho que podía cambiar un lugar cuando alguien habitaba en ella, la casa estaba empezando a tener vida.

-Pues… queríamos sorprenderte- avisó mientras liberaba a su hija del rebozo y la cargaba hasta su abuelo –En realidad, han ocurrido unas cosas y quería hablar contigo sobre ello- se movió un poco incomoda luego de entregarle a la bebé y caminó hasta las maletas moviéndolas en el interior –No te asustes, no es nada malo- se apresuró a decir mientras dejaba las cosas a un lado y tomaba los trapos para llevarlos a otro lugar –Por cierto, la casa se ve maravillosa, veo que has estado trabajando muy duro para lograrlo- caminó hasta la sala tocando la tela de los sofás, recorriendo el espacio mientras observaba lo que aún estaba escondido en el pasado. Se detuvo ante una enorme fotografía donde Robert y Samanta cargaban a dos bebés rubias, sonrió acercándose más, estudiando el rostro de su madre con cariño –Era hermosa- susurró por lo bajo llevando un dedo al marco de la fotografía –Me gustaría llevarme esta fotografía, si no te molesta- anunció sin apartar su mirada de la fotografía, sabía que tarde o temprano el retomaría su nueva relación y la llevaría a otro nivel, lo que significaba que muchos de aquellos recuerdos irían a parar a un baúl de bonitos recuerdos, Marlene en cambio no pensaba permitir que aquella fotografía fuera a parar en una esquina del ático y ya tenía preparado un bonito lugar en su casa donde pensaba ponerlo.
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Re: A deeper dive — Privado.

Mensaje por Robert D. McKinnon el Sáb Feb 11, 2017 2:12 pm

La situación seguía siendo tan inverosímil a como el irlandés estaba acostumbrado, pero en ningún momento dejó entre ver que se sentía extraño o diferente al tenerla a ella rondando una casa que tanto recuerdos le traían. A los dos, más a Marlene por el caso de saber que la misma colindaba algunas casas más abajo con la de sus abuelos y, por ende, la había visto muchas veces más al pasar por los alrededores, les pesaban todavía algunas oraciones.

Tratando de hacerse a un lado para que ella pasara, la sorpresa de recibir en brazos a Lyanna tan pronto le hicieron sacar una amplia sonrisa a relucir — Hola pequeña, ¿has dormido bien o te tienen despierta desde bien temprano? — preguntó, jugueteando con sus dedos y haciéndole preguntas con la esperanza de que más pronto que tarde comenzara a responderlas atropelladamente, con la curiosidad características de todos los niños pequeños — Si, la verdad, ha sido una grata sorpresa no obstante pero ya te digo que no te esperaba hasta dentro de unos días... algo dijo tu abuela, pero no digas nada — indicó, llevándose el índice a los labios de mientras con el brazo contrario cargaba a Lyanna con facilidad, con la precisa como para dar a entender que, otrora, él también había sido capaz de cargar día a día con dos pequeñas estrellas. Sintiendo la necesidad de ayudar a Marlene, intentó quitar a su paso varias cajas que obstaculizaban y, teniendo en cuenta el tamaño y seguramente peso de las maletas, eran un completo incordio. Robert no se esperaba la mitad de lo que pudiese estar pasando, pero una chispa de esperanza brotó desde lo más dentro de sí mismo al pensar que, finalmente, su hija había decidido dejar de lado todo el traqueteo que llevaba encima para poder asentarse en aquel que, a fin de cuentas, seguía siendo su hogar.

Si estaba poniendo tanto empeño en aquella casa era, casi al noventa por cierto seguro, por Lene.

— Que no me asuste porque no es nada malo, eso siempre es bueno saberlo — suspiró melodramáticamente, mostrando un alivio exagerado para que comprendiera que realmente todo aquello le estaba sacando de quicio y que necesitaba saber cuanto antes qué se traía entre manos. ¿Por qué las maletas sino para quedarse o para comenzar a traer cosas? Y, si ese fuera el caso, ¿por qué no había más maletas fuera para que fuese definitivamente? Nervioso, se sentía fuera de lugar y cargar con Lyanna no ayudaba demasiado. Necesitaba poder tomar las manos de Marlene por un momento para hacerla parar en su sitio, pero ella seguía danzando por la casa, de un lado para otro, paseándose por el amplio salón que, casi al completo, estaba bastante amueblado — ¿Será que por fin te quedas a vivir conmigo? Digo... no quiero atosigarte, pero la casa está casi amueblada, hacer vida no resulta tan complicado y sabes que hay habitaciones de sobra. Hasta la pequeña Lyanna tiene la suya preparada, está contigua a la tuya y lo único que falta es buscar la forma de abrir una puerta en medio de ambas habitaciones para que no te tardes tanto en llegar si fuese necesario — comentaba, con rapidez, planteando todos los puntos de una vida que bien deseaba vivir tranquila, imaginando cómo serían las cosas de saber que Lena también pasaría tiempo entre aquellas cuatro paredes.

Una nueva sonrisa, asintiendo ante sus palabras — En mi corazón, y seguramente en el tuyo, todavía no ha dejado de serlo — terció, acercándose a su lado, cargando a la pequeña y sujetando sus deditos con la mano que tenía libre, jugueteando con ellos y haciéndola reír de mera tontería y por las carantoñas que el abuelo le dedicaba. Y realmente no le molestaba, de hecho no le importaba que Marlene quisiera llevarse aquella fotografía, la pregunta era... — ¿Por qué? — más seco de lo normal ante la desconfianza que aquello le producía, trató de enmendar la situación sacudiendo su cabeza — provocando nuevas risas por parte de Lyanna que veía bastante divertido que el flequillo de su abuelo se moviera — y colocándose a un lateral de Lene sin dejar de mirarla para encontrar el contacto visual que le decantaría por saber si lo que iba a decirle era realmente malo o bueno — Quiero decir, por supuesto que puedes llevártela, ¿pero a dónde? Pensé que estas maletas eran parte de toda la ropa que seguramente tengas guardada — puntualizó, medio sonriendo por no querer echarse a llorar.

Qué razón podían llegar a tener las personas cuando hablaban de un sexto sentido. Las niñas de su padre, así las llamaba Samantha cuando eran pequeñas. La algarabía que montaban cuando llegaba a casa tras el trabajo todavía sonaba en su cabeza. Pero pensar que Lene traía unas noticias completamente diferentes a las que se esperaba lo estaban volviendo loco de la cabeza — Cuéntame, ¿has tenido problemas en las prácticas? No será que te está costando más de lo normal, ¿no? Puedes dar clases extras conmigo si quieres, todavía recuerdo cómo se hacían esas cosas — indicó, moviéndose de un lado para otro, ordenando cachivaches que todavía andaban por el suelo, siempre en compañía de Lyanna a la que no quería soltar por nada del mundo. ¿Qué iba a pasar si de repente era ella la que desaparecía?


Última edición por Robert D. McKinnon el Mar Mar 14, 2017 4:21 am, editado 1 vez
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Re: A deeper dive — Privado.

Mensaje por Marlene S. Mckinnon el Lun Mar 13, 2017 11:29 pm

Ver a su padre con la pequeña bebé entre brazos era la escena mas adorable que alguna vez pudo presenciar, se detuvo por un instante, contemplando a las dos personas que más amaba en la tierra, interactuando una con la otra a pesar de todas las diferencias, la niña apenas entendía alguna cosa de las que su abuelo le preguntaba, pero aun así, parecía maravillada con su presencia y Marlene por un momento sintió la culpa creciendo en su interior al percatarse de lo poco que visitaba a su padre estos días. “y ahora será menos” susurró una voz en su cabeza recordándole lo que la había traído a esa casa en primer lugar.

Suspiró con resignación cuando su padre confesó que la noticia de su llegada ya había sido mencionada por su abuela, no le molestaba pues ya estaba acostumbrada a ello, pero aun así, a veces albergaba la esperanza de poder sorprender a su papá alguna vez sin que la vieja chismosa que la había criado le contara a todo el mundo “bueno, ahora sabes a quien sacaste lo entrometida” se dijo a sí misma y sonrió, extrañaba a sus viejos. –Patrañas, tendré una charla con la anciana recordándole el significado de las palabras “secreto y sorpresa”- admitió sin sonar enfadada, más bien estaba divertida con la situación.

Siguió andando por la casa, cargando sus maletas, acomodando un espacio donde dejarlas, colgando los trapos sucios de su padre en el cuarto de lavado, arreglando un jarrón que corría peligro a la orilla de una mesa para al final poder dejarse caer en un sofá con la fotografía familiar en sus manos. Entonces escuchó el palabrerío de su padre y tras dar una rápida mirada a la casa entendió todo, sintiendo que su corazón daba un vuelco por la emocion y la culpabilidad.

-Oh papá- susurró sintiéndose pequeña e insegura de nuevo. ¿Cómo iba a decirle que no solo No venía a vivir con él, sino que se marcharía mucho más lejos? Tragó en seco y bajó la mirada fijándose en la fotografía, tocando los bordes del marco y luego las siluetas de su madre y su hermana quienes sonreían felizmente a la cámara –Hiciste un gran trabajo, papá, la casa te está quedando hermosa- susurró sin apartar la mirada de la fotografía. Una sonrisa cálida se formó en sus labios al escuchar su respuesta, podía notar que a pesar de los años su padre seguía sintiendo amor por su mamá, o por lo menos un cariño muy fuerte que no se podría borrar jamás. –Espero poder ser tan buena como ella, y que Lyanna algún día se sienta tan orgullosa de mi como yo me siento por mamá y por ti- dejó el cuadro en la mesita de antes decidiendo que era el momento de confesar sus planes a su progenitor.

-Las maletas no son para quedarme, papá- confesó mordiéndose el labio antes de soltar un suspiro –creo… creo que me iré a Sur América, para seguir con mi entrenamiento- se levantó del sofá caminando hasta su padre y la pequeña que tenía en sus brazos, posando una mano sobre el hombro de su progenitor en una leve caricia –Papá, es hermoso lo que has hecho en la casa, y créeme que me encantaría poder quedarme contigo, pero… no puedo, no podemos, quiero seguir estudiando y me han hecho una oferta que no me gustaría rechazar- recostó la cabeza en el brazo de su padre, sintiendo como su pequeña hija tomaba uno de sus rizos y empezaba a jugar con estos como hacia siempre –eres la primer persona en saberlo, y no sé cómo será todo, aún tengo que hablar con Sirius para ver si me dejará llevar a Lyanna conmigo, pero… no lo sé, es la primera vez que siento que mi vida académica va por el rumbo correcto desde lo del accidente- recordar lo ocurrido en la torre de Hogwarts siempre le traía un trago amargo, pero ahora podía hablar de ello libremente, saber que aquel maldito se encontraba tras las rejas en Azkaban era una de las razones por las cuales podía vivir tranquila todos los días.

-y las clases, he perdido un par de clases, no estoy completamente inscrita aún, y pues, pretendo seguir mis clases con mi antiguo tutor, el auror Byrne, esa es la razón por la que me voy a Sur América, para seguir con nuestro entrenamiento- confesó sitiándose un poco avergonzada por rechazar su oferta. Lo observó alejarse, caminar de un lado a otro con nerviosismo y quiso ser pequeña otra vez para no causarle preocupaciones de aquel tipo –Papá- lo llamó pero él seguía moviéndose –Papá- esta vez su voz sonó clara y serviría para obligarlo a detenerse –Necesito saber qué piensas- realmente esperaba que la apoyara, pero no se asombraría si se convertía en la voz de la razón y la regañaba por una idea tan repentina como descabellada. –Necesito saber si no crees que estoy loca por hacer esto o si crees que es una buena idea- de pronto se sentía como una adolescente que quería la aceptación de su padre, esa que había añorado tantos años mientras se encontraba dentro del colegio, aún sentía raro el querer depender de la opinión de alguien, pero a pesar de los años perdidos y de todas las dificultades que habían pasado, su padre seguiría siendo su padre toda la vida y siempre querría su aprobación.
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Re: A deeper dive — Privado.

Mensaje por Robert D. McKinnon el Mar Mar 14, 2017 5:29 am

Tener a la pequeña Lyanna en sus brazos seguía produciéndola una alegría que no era capaz de describir, que le imposibilitaba el pensar con claridad ante lo que todo aquello suponía. Marlene, al igual que él, había sido madre joven, muy joven, pero en condiciones completamente diferentes. En cambio, Robert, sabía exactamente a lo que se enfrentaba y lo que todo aquello le deparaba cuando así lo hubo decidido, y era obvio que mientras que ella no había sido consciente de lo que pasaba hasta que su organismo la puso en alerta, su padre había sido informado desde un primer momento bajo la responsabilidad que ambos habían tomado. Y se le quedaba tan corto todo aquello que no era capaz de replicarle por mucho más a su hija, porque a fin de cuentas, ¿quién lo hace cuando tienes algo tan importante en tu vida en brazos? ¿Quién le decía a Marlene que quizás todo aquello no había sido más que un error? Ni Robert lo pensaba desde hacía meses.

Obviando que su abuela se iba de palabras continuamente, retomó su intento de entretener a la niña con algo que no fuese babearle la camisa y dedicarse a enredar su pelo entre sus dedos, tomando un pequeño sonajero con la mano que tenía libre para hacer reír a la pequeña que, al parecer, ya había olvidado el llanto en otra parte — Quería creer que recordaría la disposición de todos los muebles, pero estoy mayor, supongo — bromeó, rodando los ojos, dando un largo paseo de un lado a otro con la niña en brazos, observando a Marlene hacer lo propio para ordenar cachivaches a su paso y poder rendirse al sofá tan amplio que se situaba justo en frente de la chimenea familiar — Desistí y me dediqué a ponerlo a mi antojo, aunque he de decir que si, que estoy haciendo un gran trabajo — tirarse medallas no era algo que acostumbrara a hacer, pero el estar en familia le proporcionaba la valentía y el egoísmo suficiente como para permitirse, al menos, pecar de aquello unos minutos. Con una sonrisa de añoranza, forzándose a curvar sus labios, suspiró sentándose a su lado siendo consciente de que no tardaría mucho en volverse a poner de pie si quería evitar que Lyanna volviese a llorar, y dejó un beso en la frente de su hija antes de, efectivamente, volver a tener que hacerlo — Mi pequeña Marlene, tu madre ya está más que orgullosa de ver en lo que te has convertido, y puedo decirte perfectamente que te pareces a ella más de lo que piensas — pues no sólo guardaba la consistencia y la figura de su madre, sino también detalles y retazos de una personalidad que Robert creía perdida.

"No puedo".

Frunció el ceño, dándose media vuelta para evitar colocar una mala mirada o un gesto que provocara una reacción contraria a la que ahora mismo quería dedicarle a su querida Marlene. La escuchó, de inicio a fin, procesando en su cabeza todas y cada una de las palabras que salían por su boca, tratando de poner cabeza a unos pies que viajaban más rápido de a lo que le tenía acostumbrado. Él había sido siempre el que había estado distanciado de ella, nunca ella de él — ¿Piensas llevarte a Lyanna al continente americano? ¿Ahora? — comentó, volviéndose, manteniendo una calma que pocos podían presumir de tener, recordándose una y otra vez que hacía tiempo había perdido el derecho a reprocharle nada a su hija pese al cargo que ostentaba en la pequeña familia que ahora eran. Escuchar el apellido de Ciarán no le proporcionó la tranquilidad suficiente como para seguir hablando, y notando como el bebé se revolvía entre sus brazos al sentir la amenaza de la histeria contenida del mayor de los McKinnon, comenzó a llorar. Hecho que devolvió a la realidad al irlandés, que trató nuevamente de hacerla callar entre sus brazos agitando el sonajero, sintiendo la presencia de su no tan pequeña al lado, apoyando su cabeza en su hombro.

Volvió a suspirar, aguardando por una respuesta que se formulaba en su interior — No puedo ser egoísta, ¿verdad? Perdí el derecho hace ya muchos años — terció, cortante, más no por ello enfadado. Simplemente apenado, triste por lo que iba a pasar, volviendo a recordar las palabras de Marlene en su cabeza — ¿Por qué Byrne, Lene? Por qué de entre todos tienes que volver a dejarte tutorizar por esa persona — su semblante y su forma de ser le prohibían juzgar a las personas de aquella manera, pero por todos era bien sabido que el Sabueso había sido encarcelado en Azkabán por varios meses, y si por entonces su cordura dejaba que desear a ojos de todo el mundo ni mucho menos quería pensar Robert cómo lo estaría ahora. Un nuevo suspiro que hizo que ladeara su cabeza hacia un lado, apoyándola contra el final de la de su hija, abrazándola por la cintura con la mano que tenía libre de mientras la otra seguía encargada de sostener a Lyanna — ¿No lo ves precipitado? Como te he dicho, no puedo ser egoísta porque perdí el derecho, pero entiende que de primeras no me parezca la mejor idea que has tenido durante estos años — volver a recuperarla había sido duro, ¿estaría dispuesto entonces a perderla nuevamente ahora por voluntad ajena?

Si, lo estaría.

— Mi niña, créeme que entiendo todo lo que se te está pasando por la cabeza, y créeme que quiero entender por qué has decidido quitarte de en medio tan pronto, pero deja al menos que pueda disfrutaros algún que otro fin de semana, dime al menos que no será un adiós por meses y que no pasarán años para que pueda volver a veros — indicó, sabiendo perfectamente que las comunicaciones internacionales cada vez se veían más atropelladas, que los mecanismos de viaje mágicos estaban en continuo bloqueo y revisión a cada día que pasaba, y que viajar a lo largo del mundo no se había convertido en algo tan sumamente fácil tras lo acontecido y tras todo lo que el nuevo ministerio estaba haciendo — No estás loca, por Merlín, de entre todas las cosas que me has dicho seguramente esta sea la más cuerda de todas — por el hecho de mantenerse al margen, en un continente que nada tenía que ver con lo que en Gran Bretaña pasaba, ¿pero con Lyanna tan pequeña? — Lo único que me preocupa es ella — señaló a Lyanna, dejando un beso en su mejilla, tendiéndosela para que fuese su madre ahora la que cargara con ella — Me preocupa el hecho de que no puedas encontrar a nadie en aquel lugar al quien depositar la confianza de cuidar de ella, porque espero que ni por asomo se te haya ocurrido llevarla contigo a las expediciones o misiones que tengan — alzó una ceja — Porque si ese es tu pensamiento entonces déjame decirte que si, que puede que estés un poco loca — mitad broma, mitad serio, la decisión final no obstante la iba a tener ella.

Y Robert no iba a influir en ello. Se lo debía.
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Re: A deeper dive — Privado.

Mensaje por Marlene S. Mckinnon el Mar Abr 04, 2017 6:18 pm

No esperaba que su padre aceptara su decisión ni que reaccionara de buena manera ante la noticia, pero las cartas estaban sobre la mesa y lo estaba haciendo participe de lo que ocurriría de ahora en adelante en su vida. Le partía el alma dejarlo atrás y sabía que él estaría igual o más devastado que ella, pero tenía que seguir adelante, tenía que prepararse y continuar sus estudios ahora que Lyanna estaba pequeña, porque a pesar de que llegaría a perderse unos momentos muy importantes junto a su bebé, prefería hacerlo mientras ella aún no tuviera conciencia de lo que estaba ocurriendo, no quería separarse de ella como habían alejado de su vida a Robert años atrás por las amenazas constantes.

-Tienes todo el derecho del mundo papá, siempre serás mi padre, no te sientas menos que eso- comento mirándolo a los ojos cuando la pequeña se hubo calmado en sus brazos –Aunque temo informarte que no creo que cambie de opinión- lo había pensado mucho y a pesar de que se sentía muy egoísta por querer seguir sus propios deseos, sabía que tenía un poco de razón –Yo soy la egoísta en esta situación, odio tener que alejarme, odio no poder seguir con mi preparación en un lugar donde todos podamos estar cerca, pero las cosas nunca son como uno las quiere y tengo que seguir, quiero estar lista antes de que Lyanna note mi ausencia –Sabia que lo notaría, la pequeña sentiría su partida y Marlene sería la que sufriría más que nadie aquella separación, pero debía seguir adelante, encontraría motivación en su propia hija para continuar.

La pregunta de su padre le tomó por sorpresa y un poco de indignación se escapó en sus expresiones cuando su padre terminó la interrogante. No lo juzgaba por tener esa duda, mas creía que él y todo el mundo sabrían las razones, pero estaba realmente equivocada. – Él era mi tutor antes de que todo sucediera, prometió que me enseñaría, que me ayudaría a convertirme en auror y quiere cumplir su promesa- observó a la pequeña quien apenas se había tranquilizado en los brazos de su padre –Siento lealtad por Byrne, el nos salvó la vida y sé que me podrá enseñar bien- confesó cargada de confianza.

Se abrazó a su padre y asintió sin llevarle la contraria dejándolo hablar hasta el final –En realidad no he tenido muchas ideas los últimos años- suspiró sin dejar de abrazarlo –Cuando decidí convertirme en auror lo hice porque quería ser alguien importante, quería demostrarle a muchos que podía lograrlo, pero ahora tengo a Lyanna y quiero hacerlo por ella, quiero protegerla, convertirme en un escudo para mi hija y así poder ayudarla, a ella y a todas las personas que necesitan de alguien que las haga sentir seguros- tomó la mano de su padre acariciándola con delicadeza y negó con la cabeza –No es un adiós papá, regresaré cada vez que tenga la oportunidad, existe vuelos muggles, puedo viajar de un lugar a otro mientras no me acerque a Gran Bretaña, no te mortifiques, no nos perderás – no podía hacer una promesa como aquella cuando en realidad no podía controlar su propio destino, pero se había prometido retomar la relación con su padre y no pretendía abandonarlo ahora que lo tenía a su lado.

Recibió a su hija cuando se la entregó y beso su mejilla acariciando los pequeños rizos que cubrían su frente, giró el rostro para encontrarse con su padre y sonrió negando con la cabeza –Estaba pensando que podía entrenarla desde pequeña para que se convierta en una gran auror como su abuelo- se permitió bromear por un segundo y luego regresó la mirada a ella, estudiando cada una de sus fracciones, admirándola como hacía cada vez que la veía –Es por eso que estoy aquí- admitió abrazando a la pequeña –creo que tendré que irme sin ella, sé que podría convencer a Sirius de que me deje llevarla pero entre más lo pienso, es una mala idea, no conozco el lugar al que iré, no sé a lo que me enfrento, no puedo llevarla hasta saber que tengo todo listo para ella –admitió con pesar, sintiendo un nudo formándose en su garganta –Tendré que dejarla con Sirius, pero quiero que tú también cuides de ella, él sigue estudiando y no puedo dejarlo todo en sus manos- suspiró besando la frente de su hija –Ahora Lyanna tiene 9 meses, ya no toma pecho y no me extraña mucho cuando me marcho, creo que es el momento oportuno, así todo podría volver a la normalidad antes de que cumpla un año- comentó esperanzada –Si todo sale bien, ni siquiera se darán cuenta que me he ido- sonrió jugando con la niña en sus brazos, intentando esconder la tristeza en sus palabras –Que difícil es todo esto –admitió sintiendo simpatía por su padre, quien tuvo que vivir algo así hace un tiempo.
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