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I believe my little soul has grown. And I'm still so afraid. {Oliver}

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I believe my little soul has grown. And I'm still so afraid. {Oliver}

Mensaje por Jeanne S. Wadlow el Miér Feb 01, 2017 2:27 pm

Habían pasado tres semanas de la muerte de su hermano cuando Jeanne regresó a Inglaterra por petición reiterada de Nicholas, quién la había ido a visitar algunas semanas antes pero insistía en que los preparativos de la boda se estaban retrasando demasiado. Al llegar a casa la joven olvidó el verdadero propósito de su regreso. Al subir a su habitación escuchó ruidos en la de enfrente, la que había pertenecido a Geldert. Al asomarse observó con horror como los elfos domésticos se deshacían de sus cosas. Ella nunca había sido demasiado mezquina con aquellos seres pero la rabia la poseyó y a voces obligó a todos aquellos temblorosos seres a dejar todo como estaba y largarse. El terror era lógico ya que el castigo que iban a recibir de Sondra Wadlow era mucho peor que cualquier ira de Jeanne. Recorrió la estancia, rescatando todos esos objetos personales más significativos que pudo encontrar. Dentro de un cajón de la mesilla encontró un pequeño montón de cartas, la chica se sentó sobre el colchón y sacó su correspondencia. La mayoría de cartas eran de mujeres, algunas de ellas de su prometida, pero las que realmente le interesaron llevaban el nombre de su mejor amigo en el reverso.

El corazón se le detuvo por un momento, recordando la última vez que había pensado en aquel nombre. Un malestar generalizado invadió cada célula de su cuerpo, obligándola a detenerse un momento. La información que contenían aquellas misivas no le correspondía a ella, ni a sus padres. Supo bien a quién debía dárselas. Era una idea bien estúpida que en realidad no debería estar tomándose enserio, pero terminó haciéndolo. Después de pasarse todo el día con Nicholas, hablando de la boda fingió estar enferma para volver a su casa antes del atardecer. Evidentemente ese no fue el rumbo que tomó, y eso era lo que la había llevado hasta Bulgaria.

Era de noche cuando llegó. Una figura oscura se materializó en las cercanías de la Academia de Aurores de Bulgaria, levantando un pequeño viento allí dónde su presencia apareció. La mirada de ojos claros de la joven se elevaron hacia el imponente edificio que albergaba a los futuros aurores y la determinación abandonó su cuerpo. El raciocinio había vuelto de manera intermitente a su mente, haciéndola dudar, detenerse en su camino desde Inglaterra. Aquello no tenía ningún sentido, era un suicidio en muchos sentidos. Se había intentado convencer de que lo mejor era dejar las cosas como estaban y dejar de complicar las cosas. Y seguramente era así. Pero otra parte de ella la obligaba a moverse. Nada más llegar a Bulgaria había decidido usar el método tradicional de la aparición para no alargar más aquello, porque cuanto más tiempo pasara, más posible era que se arrepintiera antes de hacer nada.

Durante el camino estuvo rememorando el día del funeral de su hermano. Todo lo que había sentido aquel día seguía con ella, la rabia había menguado hasta casi extinguirse, pero lo demás seguía vívidamente dentro de ella. También permanecía con ella los sucesos, cronológicamente ordenados en su mente, los recuerdos eran completamente nítidos a pesar de la carga emocional que deberían emborronarlos. Por ejemplo, recordaba perfectamente todos los segundos que habían precedido a la marcha de Oliver, la soledad le cayó encima todavía con más intensidad y para dramatizarlo todo todavía más la lluvia empezó a empaparla, calando de frío sus huesos, pegando a ella toda la tela negra que la cubría. No por ello se fue de allí, se sentó en el suelo junto a la lápida de su hermano, apoyando el costado en esta y dejando que sus lágrimas calientes se mezclaran con las gotas frías de la lluvia. No supo cuanto tiempo pasó, no era consciente realmente de lo que sucedía. En un punto dejó de llorar y se limitó a estar ahí sentada con la mirada perdida. Si su padre no hubiera aparecido tal vez todavía estaría sentada en el mismo sitio. Debido a aquello estuvo enferma algunos días pero eso no impidió que regresara a Salem. Era mucho mejor estar ahí que en su casa, además de que no podía perder tantas clases.

Se llevó una mano al bolsillo interior de la túnica, asegurándose de que las cartas seguían ahí. Decidió quedarse debajo de un árbol cerca de la verga metálica que delimitaba el recinto de la institución. No sabía si había restricciones de algún tipo que denegaran el acceso a externos, como en Salem, dónde por ejemplo los hombres no podían pasar y tampoco sabía dónde encontrarlo. Ahí de pie se sintió un poco estúpida ¿cómo iba a hablar con él si no se atrevía a ir a preguntar? No quería que nadie la viera así que no tenía más remedio que esperar medio oculta en las sombras que a Oliver Blackbourn se le ocurriera salir un sábado por la noche, aunque con la hora que era tal vez debería esperar más bien a que regresara.
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Re: I believe my little soul has grown. And I'm still so afraid. {Oliver}

Mensaje por Oliver R. Blackbourn el Miér Feb 01, 2017 3:21 pm

Había sido un día de mierda con todas las letras. Me había llevado un buen golpe en una de las clases de aquella tarde, estábamos practicando hechizos ofensivos y mi pareja de práctica no tuvo toda la destreza que se esperaba de él. El resultado había sido una caída algo bochornosa y algún que otro corte sin importancia. Había pasado algunas horas en la enfermería, sobretodo por la pierna que no le hacía demasiada gracia a la enfermera, pero finalmente y tras darme un asqueroso brebaje, había decidido que podía marcharme. Aquella vieja de moño alto y canoso, ojos pequeños y claros además de llena de arrugas, podría ser la pesadilla de cualquier alumno de aquella academia. Pese a eso, era buena en lo que hacía, ya que para mi desgracia, solía visitar aquella enfermería con más frecuencia de la que quisiera, pero era sencillo herirse cuando te preparas para ser auror. No es una profesión que te mantenga a salvo, por lo que prefiero curtirme antes de que las consecuencias sean mucho peores, al fin y al cabo en aquel lugar todo estaba controlado por profesores.

Salgo de la enfermería en compañía del mismo chico que me había provocado el ir allí. Parecía que el chico se sentía culpable, podía verlo en sus ojos y la mueca de arrepentimiento que tenía dibujada desde el mismo momento en el que llegó. Le miro con media sonrisa, me da cierta pena ya que de hecho yo me encuentro bien, no creo que tengamos que lamentar nada. Esas cosas simplemente ocurren.-Deja de preocuparte ya.-le digo con tranquilidad. Parece que se encoje de hombros pero no dice nada, así que continuamos caminando callados. Me maldigo por la mala suerte que tengo, era sábado y de noche, y yo solo podía dirigirme a mi dormitorio a guardar reposo. Teníamos que dejar de tener entrenamiento los días festivos por cosas como aquellas. Suspiro y rezo para llegar ya al dormitorio, porque la verdad es que la compañía del chico no está resultando nada agradable.

Tras varios minutos caminando puedo ver la entrada del lugar, con aquellas enormes verjas que lo rodean. Me giro de nuevo hacia el chico con media sonrisa.-Estoy bien, de verdad.-le comento.-Puedes irte.-le pido. Se lo suplicaría, porque no es una compañía agradable, no habla, no ríe...solo se limita a acompañarme para asegurarse que no me ha matado. Suspiro y finalmente parece que se da por vencido y da media vuelta. Sonrío aliviado. Tras eso, me giro en dirección a la entrada de los dormitorios, pero algo me llama la atención. Mis ojos se entrecierran, me dijo en una figura femenina y oscura que está bajo los árboles cercanos al lugar donde estoy yo. ¿Quién es? No entiendo quién se quedaría allí quieta, hacía frío y no eran horas para estarse sola. Camino hacia ella un poco más hasta que soy capaz de distinguir su rostro. ¿Qué coño hace ella allí? No quería verla, no después de todo lo ocurrido. Mis ojos consiguen encontrar los suyos entre la oscuridad y se clavan, enfadados. Aún no había perdonado ninguna de sus palabras, había descubierto toda la maldad que hay en ella, lo engañado que me había tenido. Era igual que todos aquellos que la rodean. Mantengo mi mirada fija unos minutos sin decir una sola palabra y después me doy media vuelta, porque no quiero verla, porque ni siquiera quiero saber qué hace allí.
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Re: I believe my little soul has grown. And I'm still so afraid. {Oliver}

Mensaje por Jeanne S. Wadlow el Miér Feb 01, 2017 3:52 pm

Habían pasado unos escasos setenta y cinco minutos cuando Jeanne recibió compañía en aquella fría noche búlgara. Durante la hora  y cuarto que esperó, la joven intentó mantenerse en calor resguardándose del frío con la capa y pensando en otras cosas para no darle tanta importancia al hecho de que tenía la sensación de que iba a congelarse si no le  ponía remedio. Pra olvidarse del frío helado decidió divagar por sus recuerdos, pensando en las palabras que podrían ayudarla con aquella persona a la que le debía una disculpa. Intentó pensar en qué contentaría más al joven, que elección de palabras harían que se ganara su perdón... Todo eso daba vueltas por su mente, y lentamente iba formando un conjunto de frases bien estudiadas, fríamente calculadas para causar el impacto adecuado.

Jeanne estaba completamente abstraída en sus propios pensamientos, hasta el punto que no notó la presencia de una segunda persona hasta que esta se acercó unos pocos pasos hacia ella. Levantó la cabeza, algo asustada por un momento y fijó su mirada en el recién llegado. Oliver. Abrió la boca para hablar, con el discurso bien pensado preparado para salir de entre sus labios, pero el rechazo que brotó con facilidad de sus ojos la detuvo. Sintió un peso sobre ella y por un momento olvidó porqué había ido allí, e incluso cualquier motivo lógico que pudiera haberla llevado a tomar esa decisión. Ahora sabía que era estúpida. Tuvo la idea de desaparecerse en ese mismo instante, a cualquier otra parte, después ya buscaría su camino de vuelta a casa. Pero no lo hizo. El rechazo rápidamente pasó a una expresión de enfado, de furia completamente justificada. Tragó saliva, intentando buscar ahora las palabras adecuadas, aunque fue demasiado lenta ya que antes de que pudiera hablar, él se había dado media vuelta para irse. Aunque seguramente, ni que se hubiera quedado una hora observándola ella no habría visto el momento adecuado para hablar. La tensión que flotó en el aire entre sus miradas le había impedido hablar y que se moviera hizo que la joven reaccionara.

-Oliver, espera. -Murmuró, sabiendo que iba a hacer caso omiso de sus palabras en tan buen punto llegaran a los oídos del chico. Corrió ligeramente para alcanzarlo y evitando tocarlo pasó por su lado para plantarse en medio de su camino. Si no quería hacerle daño ni tocarla tendría que escucharla. Por un momento temió que él no fuera a tener ningún problema con apartarla de un manotazo pero alejó esos temores. -Deja al menos que me explique... -Añadió, intentando que al menos le concediera unos segundos, parado frente a ella. No quería explicarle eso a gritos corriendo detrás de él. Era algo demasiado delicado, tanto para ella como para él. Se sintió terriblemente pequeña frente a él y la verdad es que hasta dudó de que esa información fuera a interesarle. Por un momento se quedó en blanco así que con la mano buscó el tacto del pergamino para intentar encontrar algo que decir, aún sin saber si él iba a concederle aquellos minutos que precisaba para hablar con él. Porque lo que iba a contarle era su manera de pedirle perdón, no conocía otra manera de hacerlo, ella no solía pronunciar esas palabras. Era más bien de compensar sus errores que de reconocerlos, si es que era capaz de ver que se había equivocado, ya que muchas veces ni eso.
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Re: I believe my little soul has grown. And I'm still so afraid. {Oliver}

Mensaje por Oliver R. Blackbourn el Miér Feb 01, 2017 4:42 pm

La miré y por primera vez en mucho tiempo sentí un enorme vacío bajo mis pies, como si estuviese columpiándome al borde de un precipicio del cual no podía ver el fondo, cayendo sin poder frenarme, sin poder sujetarme a nada. Así me sentía la mayoría de las veces que cruzaba mi mirada con la de la chica que tenía enfrente, aquella mirada azul que tan pronto parecía clara como el cielo de verano como cambiaba y se tornaba oscura y helada. No sabía por qué, no entendía cómo, pero aún le guardaba rencor por aquel día, por las palabras que dijo sin importarle nada ni nadie, solo ella. Era una niña malcriada, una muñeca protegida por su familia de manera que se convirtiese en la mujer perfecta, en aquella que puede exhibirse en un aparador el resto de su vida. Era patética si pensaba que eso podría servirle para el resto de su vida. Se equivocaba, eso no haría más que ayudarla a existir, pero jamás llegaría a vivir realmente, encerrada en una jaula de cristal. En cierto modo siento pena por ella, por la vida que se ve obligada a vivir y que no quiere cambiar. Suspiro y después cojo aire profundamente, notando como el aire helado entra en mis pulmones dejándome completamente congelado.

Me doy cuenta que sus palabras importan bien poco, que no me interesa lo que me diga alguien que me ha demostrado que puede ser tan mala como aquellos que la rodean. No quería gastar un solo minuto con una persona que era capaz de dañar a los demás con la misma facilidad que respira. Pensé que tal vez podría ser diferente, pero debía comenzar a darme cuenta que existen personas mala sin más, y que no todo el mundo puede tener buenas intenciones. Mi madre solía decirnos que todos éramos buenos hasta que nuestros actos demostraban lo contrario; en su caso, eso ya había ocurrido. Finalmente, y tras varios minutos, separo mis ojos de los de ella y me doy media vuelta, cansado de ver a esa persona que aparenta ser lo que no es. Tal vez sí que lo sea y el equivocado sea yo... Mis pasos son firmes, solo busco alejarme de ella y esconderme en algún lugar, desaparecer por unos segundos y poder pensar. Camino rápido, pero escucho como alguien corre tras de mí, alguien que en pocos segundos me corta el paso.

No la miro directamente, comienzo por sus zapatos y la recorro hasta llegar a su rostro. Está ahí, plantada, creyendo que puede darme una explicación que cambie las cosas, o tal vez preparada para decirme todo aquello que se quedó en el tintero aquella tarde en el cementerio. No sabía nada, pero tampoco quería saberlo si provenía de ella. La miro con la misma rabia que segundos anteriores, aunque poco a poco, esa rabia deja paso a la decepción. ¿Qué quería explicarme? Habían pasado tres semanas desde que las cosas quedaron más que claras entre nosotros. -¿Explicarte?-pregunto con ironía. No lo entiendo, no sé qué demonios hace allí y solo quiero que se marche. Por una razón que aún no comprendía, todo aquello dolía, era un dolor sordo y paciente, parecía esperar el momento para atacar con todas sus fuerzas. No quiero escucharla, ni siquiera quiero tocarla para apartarla de mi camino, así que cambio mi rumbo esperando que no se interponga de nuevo.- No quiero explicaciones de alguien como tú Wadlow.-susurro, sí, he vuelto a llamarla por su apellido porque ahora, me parece una completa desconocida.
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Re: I believe my little soul has grown. And I'm still so afraid. {Oliver}

Mensaje por Jeanne S. Wadlow el Jue Feb 02, 2017 10:10 am

Lo que más dolió a la joven castaña no fue ni la rabia ni sus palabras, ni que volviera a llamarle Wadlow. Eso podía soportarlo, podía intentar hacer algo con eso para mejorar la situación. Sin embargo, ver esa decepción profunda en sus ojos... Aquella mirada de quién observa a una persona que le ha decepcionado y que por tanto ya no le interesa en absoluto. Sintió todo su reproche sobre ella, toda aquella decepción multiplicada unas cien veces en forma de losa, de angustia. Le hizo sentir realmente fatal.

Había sopesado la posibilidad de que Oliver le contestara algo parecido, de que no quisiera hablar con ella. Era lo más lógico, lo que debería haber sabido que en realidad pasaría, pero no por ello tuvo qué contestarle. Se quedó quieta en el sitio, mirando el punto dónde él acababa de estar, completamente abstraída de la realidad. ¿Y ahora qué le debía decir? Él acababa de dejar claro que no quería ni escucharla. El enorme orgullo que siempre le había caracterizado estaba gritándole que se marchara ella también, que dejara de hacer el ridículo, que ya se había humillado bastante sólo acudiendo hasta ahí, sumando que corriera tras él en su búsqueda. Jeanne en circunstancias normales ya habría dado media vuelta, más bien, ni habría aparecido. Pero aquella no era una situación normal. Volvió en si, girándose hacia él viendo como se alejaba. Haciéndose cada vez más pequeño y menos visible debido a la oscuridad que los rodeaba. El viento helado parecía regodearse en su victoria, soplando con fuerza y llevándose con él cada pequeño resquicio de calor, congelando su cuerpo por completo. Tenía frío incluso por dentro, era una sensación extraña, como si algo faltara en ella. Tal vez fue eso lo que la llevó a volver a hablar, siguiéndolo unos pasos porque empezaba a estar muy lejos y temía que no fuera a poder escuchar su voz. -Oliver, por favor... -Murmuró, perdiendo con ello la dignidad que le quedaba. -Tengo información que podría interesarte. -Esperó que la hubiera oído, que diera media vuelta y al menos pudiera hablar con él. Se quedó ahí plantada, dejando que el viento jugara con crueldad con su capa y sus cabellos largos y castaños, enrojeciendo sus mejillas y haciéndole pensar que el frío que sentía no iba a desaparecer nunca por su intensidad.

Necesitaba que se girara y la mirara, pero no como antes había hecho, sino como había hecho aquel día en Islandia... Cuando sintió la ternura del joven recayendo sobre ella antes de quedarse dormido. Recordaba su mirada calmada y reconfortante, de  unos ojos que cuanto más miraba más claros le parecían y también más profundos, y su mano sobre su cabello húmedo. No se lo había podido sacar de la cabeza desde entonces. Eso tal vez era lo que la había llevado realmente hasta ahí aquella oscura y fría noche de febrero. Tenía la sensación de que la temperatura sería menos adversa si él la miraba por un segundo, solo por un segundo, como antaño.
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Re: I believe my little soul has grown. And I'm still so afraid. {Oliver}

Mensaje por Oliver R. Blackbourn el Jue Feb 02, 2017 10:40 am

Pude ver en sus ojos como ella se hacía pequeña, como por unos segundos me pareció volver a ver a la Jeanne frágil que había visto en Islandia y en el entierro de su hermano. Me quedo unos segundos fijo en aquellos ojos azules intentando averiguar qué Jeanne es la que tengo frente a mi, me descolocaba aquellos cambios de personalidad que tenía. Había podido ver cómo era una chica fría y distante cuando de repente se presentaba en mi dormitorio para pedirme perdón por la muerte de mi madre. No podía comprenderla, me descolocaba cada vez que la veía, queriendo saber qué era lo que pasaba por su cabeza para comportarse de aquel modo. Cojo aire y parpadeo, cerrando mis ojos durante más segundos de lo que es habitual, intentando aclarar mis pensamientos. No la entendía y no estaba seguro de querer hacerlo, me estaba volviendo loco con aquellos cambios de parecer, Jeanne era tan voluble como una pluma.

Me quedé unos segundos más mirándola hasta que al final decidí que prefería no escucharla, porque después de aquella charla vendría otra en la que ella volvía a ser la persona que yo tanto detestaba. No estaba dispuesto a volver a pasar por eso, porque después me llevaba tantos golpes como hace unas semanas en el cementerio. Niego levemente con mi cabeza y tras dirigirle una última mirada me giro y continúo caminando en sentido contrario. Verla me causa malestar, aunque aún no sé con qué identificar esa sensación. Tenía una fragilidad que no podía comprender, una frialdad que la hacía completamente inalcanzable incluso para aquellos que eran su familia. Estaba seguro de que la verdadera Jeanne Wadlow estaba por alguna parte, pero yo no había logrado conocer nada de esa chica. Camino bastante rato hasta que vuelvo a escuchar su voz a mis espaldas, el tono parece una súplica, pero no quiero creerlo. La siguiente frase es la que hace que me pare en seco. ¿Información? ¿Sobre qué? No sabía qué era lo que podía haber conseguido, qué era lo que ella podía tener que me pudiese interesar. - ¿Interesarme? -dije en un tono que ella pudiese escucharme. Estábamos solos en aquel campus, no había nadie que pudiese escuchar la conversación que había entre nosotros, si es que se podía llamar así.

No me giro, me quedo con los ojos clavados en el suelo, mi cuerpo se queda totalmente paralizado por el frío. Era febrero, el viento soplaba sin que le importase que estuviésemos allí, si comenzase a llover ya estaríamos como siempre. No sabía por qué, pero siempre que nos veíamos terminaba lloviendo, tal vez era una señal del destino. Sonrío divertido ante esa revelación, es una estupidez. Cojo aire y me quedo aún más helado. Me giro lentamente y la veo, a unos cuantos metros de mi, quieta y helada, seguramente con el mismo frío que hiela mi cuerpo. Su figura es oscura, apenas puedo distinguir su rostro a la lejanía.-Dime lo que tengas que decir y márchate.-le espeto con cierta molestia, aunque mi voz es más la de alguien que no quiere hablar con ella, no la de alguien que esté enfadado con ella. Me enfadé después de verla aquel día en el cementerio, sus palabras me dolieron, pero ese sentimiento fue atenuándose poco a poco, ahora solo quedaba la decepción.
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Re: I believe my little soul has grown. And I'm still so afraid. {Oliver}

Mensaje por Jeanne S. Wadlow el Jue Feb 02, 2017 11:14 am

Y de nuevo aquel tono tan desconocido para ella cuando se trataba de él. Nunca antes había sido frio con ella, incluso cuando la odiaba al principio no era indiferente, siempre que se reprochaban cosas por los pasillos del colegio eran conversaciones acaloradas que terminaban dejándole una gran sensación de nerviosismo a la chica, de rabia incluso. Después había sido simplemente apasionado, de un modo tan atrayente como si de un magnetismo se tratara. Y ahora era frío, distante... Si antes había creído que la había odiado sin duda era porque no le había escuchado dirigirse a ella de esa manera. Ahora tenía la más absoluta certeza de que, en efecto, la odiaba. Esa revelación consiguió que sintiera como si alguien le hubiera dado un puñetazo en el estómago, robándole el oxígeno. Había sido un grave error ir, ahora lo tenía claro. Debería haber usado a Woonie, la elfo doméstico más dulce que tenían para que se la llevara, esos seres podían aparecerse y desaparecerse en cualquier sitio. Muchas veces le había ayudado para enviarle notas breves y urgentes a Nicholas desde América, podría haber ido perfectamente hasta Bulgaria. Se atormentó por no haberlo pensado. Pero el mal ya estaba hecho, ahora debía darle aquello que de alguna u otra forma debía terminar en su posesión. Pensar en Woonie le reconfortó, supo que cuando llegara a casa, helada y de escondidas, podía pedirle que le guardara el secreto y ella aparecería con un chocolate caliente y murmurando cosas como “nunca aprende, señorita Jeanne, siempre metiéndose en líos”. Patéticamente, era lo que más se acercaba a una figura maternal para ella, la había cuidado desde que había nacido. Por eso delante de su madre procuraba fingir la misma indiferencia por ella que por los demás elfos, de otro modo la habría eliminado.

Alejó aquellos pensamientos de su mente, regresando a la figura alta y oscura que era Oliver en ese momento. Estaba lejos, pero todavía le sentía más lejos de lo que estaba físicamente. Y no tenía ni idea de cómo hacer para acercarse a él, en los dos sentidos. Aunque tal vez sólo debería acercarse físicamente para entregarle la carta y no intentar nada más, dejarlo ahí, dejar que las cosas terminaran de ese modo. Así limpiaría su culpa, o eso querría creer más tarde.

Se acercó, dudosa, algunos pasos. No podía darle aquello de la lejanía, aunque le molestara y además tenía miedo de que el viento se las arrebatara. Metió la mano dentro de su capa, sacando una única carta. Sus dedos se clavaron con fuerza sobre el pergamino, con miedo de que fuera a escaparse de entre ellos, temiendo que la información volara y dejara de ser útil ya que él no iba a creer sus palabras. Era evidente en sus ojos que no confiaba en ella. Había usado un lazo para atar el pergamino ya que el sello de cera había sido abierto y la misiva se desenrollaba con facilidad. Se la tendió, alargando mucho el brazo para no tener que acercarse demás. -Supongo que no me creerías, de modo que te doy todo lo que sé. -Contestó, esperando hasta que él tomo el pergamino para bajar el brazo. No podía poner reproche en su tono, era comprensible que no fuera a confiar en ella. Se retiró del rostro un mechón de pelo que jugueteaba frente a su rostro, observando fijamente la carta que tenía él entre sus manos. Como emisor figuraba el nombre más destacado de la lista que le había tendido en Islandia, Turpin, y de receptor, su hermano. Al principio parecía una carta aburrida y poco interesante pero hacia la mitad empezaba a hablar de algunas “misiones” y hacia el final mencionaba algo sobre una bruja de sangre pura, traidora a la sangre, que debía ser liquidada por petición expresa de su familia. No aparecían nombres, pero las fechas cuadraban. Si alguien sabía lo que acababa de hacer iba a meterse en serios problemas, sobretodo si una de esas personas era el propio emisor de la carta, todavía vivo, el receptor ya no podía decir nada al respecto. -Supuse que hablaba de tu madre. -Murmuró. -Un traidor a la sangre es alguien o que bien apoya a la causa muggle o que bien ha ensuciado su linea de sangre mezclándola con un impuro, o con un muggle directamente. -La explicación fue suave, las palabras que usó no eran con la intención de hacerle enfadar, era las palabras que conocía para designar a lo que los suyos llamaban “traidor”. Por un momento se preguntó si acostarse con un impuro contaba como traición, pero alejó rápidamente ese pensamiento de su mente. -Y si miras la fecha... Tiene sentido. -Terminó, quedándose en completo silencio después, esperando que dijera o hiciera algo.
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Re: I believe my little soul has grown. And I'm still so afraid. {Oliver}

Mensaje por Oliver R. Blackbourn el Jue Feb 02, 2017 11:55 am

Mi tono de voz sonaba extraño incluso para mi, jamás había hablado así con nadie, seguramente porque era la única persona que me había decepcionado de aquel modo, tal vez porque nunca había llegado tan lejos con alguien de su bando. La miro desde mi posición, aunque sin poder fijarme bien debido a la oscuridad, solo podía intuir su figura a lo lejos. Le venía perfecto el hecho de estar sumida en las sombras, al fin y al cabo allí era donde había decidido quedarse ella. No me importaba, o por lo menos no debería importarme, aún así, no podía reprimir la sensación de que aquello iba mucho más allá de un simple desencuentro entre ambos. Habíamos compartido mucho más que palabras, y aunque aquello fuese lo habitual para ella, no lo era para mí.

Ella no dice nada, simplemente se acerca hacia mí, yo sin saber por qué me tenso, cada músculo de mi cuerpo se pone rígido viéndola acercarse. Me mantengo sin moverme ni un ápice, viendo como su rostro se vuelvo poco a poco más nítido, como puedo comenzar a distinguir cada una de las curvas que lo forman. Algo se mueve en mi interior, aunque no sé a qué se debe, seguramente a los nervios. La observo con tranquilidad, había algo en ella que me llamaba poderosamente la atención, pero prefería mantenerme en mi posición, porque si lo hacía ella no volvería a hacerme daño. Recordaba que aquel día, en el cementerio, pase horas delante de la tumba de mi madre, empapado por la lluvia. El dolor había sido más del que jamás había sentido, mi madre descansando a pocos metros de distancia de su asesino, tan solo esperaba que ella fuese capaz de perdonarme. Aunque era realista, allí, el único que estaba roto era yo. Seguramente ella jamás hubiese permitido que me sacrificase por ella de aquel modo, buscando venganza. Miro de nuevo a la chica, volviendo de nuevo al presente. Clavo mis ojos en los de ella al ver lo que me extiende, esa carta cuidadosamente enrollada. No digo nada, me limito a coger aquel pergamino y abrirlo. La letra es tortuosa, la tinta está algo borrada pero aún así se puede leer con claridad. El principio de la carta no es nada relevante, pero hacia el final comienza a volverse relevante. "Traidora" , esa era la palabra con la que se referían a la víctima, y después ese apellido. -Sé lo qué quiere decir traidor.-le digo sin mirarla, sin poder quitar mis ojos de ese apellido. Cuando me doy cuenta he hecho una gran pelota con el pergamino, arrugándolo en mi mano con rabia. Ese apellido, era su apellido.-¡Joder!-exclamo. Tras esto escucho lo de las fechas. Es mi madre y hablan de ella como si fuese un objetivo más.-Después de esto no intentes decirme que hay buenas personas en tu bando.-susurro con enfado.
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Re: I believe my little soul has grown. And I'm still so afraid. {Oliver}

Mensaje por Jeanne S. Wadlow el Jue Feb 02, 2017 12:28 pm

Jeanne observó en silencio como él leía la letra y no dijo nada más al respecto. Observó sus manos primero sujetando el pergamino y poco después arrugándolo con rabia. De algún modo pensó que era una perfecta metáfora de su relación, aunque en ese caso, ella habría sido la que arrugó el pergamino aunque ahora intentara alisarlo, iba a quedarse arrugado de todos modos. Era consciente de que nada de lo que dijera o hiciera iba a conseguir su perdón, pero aún así lo quería. Egoísta como era, quería que la perdonara, no sólo por esa extraña necesidad de tener su aprobación sino también porque en el fondo no quería pensar que fuera tan horrible, odiaba saberse tan malvada. Nunca antes le había importado herir a los demás, pero la decepción que sentía él le retorcía el corazón. Tal vez porque nunca antes había decepcionado a nadie, todos esperaban que fuera retorcida, malvada. Él tal vez era el primero  que había decepcionado al esperar algo distinto. Geldert y Regulus la habían querido conociéndola, sabiendo lo bueno y lo malo dentro de ella, tal vez por eso nunca les decepcionó.

Sonrió levemente, cínica, al escuchar esa expresión “su bando”. Hacía tanto tiempo que había dejado de tener el significado de antaño que hasta le parecía absurdo pensar en si tenía o no un bando. Todo lo que aquella guerra le había dado era dolor, soledad y un intenso revés a su vida. Tal vez le gustaba aferrarse a cosas que le parecieran conocidas, de siempre, no soportaba no saber lo que iba a ser de ella, no controlar su destino. Debía tenerlo todo bajo control, por eso quería casarse con Nicholas, era algo viejo, conocido, seguro, manipulable... Suspiró, desviando la mirada. Al pensar en gente buena de su bando su mente voló rápidamente a Regulus. Él fue bueno, ese era el principal motivo por el cual ahora estaba encerrado en un frío mausoleo completamente cubierto de elegante y macabro mármol negro. Recordó una de las últimas veces que le vio sonreír, y no dudó ni un segundo en contradecirle. -Te equivocas. Sí que las hay, terminan o bien muertas o bien desquiciadas. Pero sí que las hay... -Murmuró, intentando dejar de pensar en los ojos grises de Regulus la última vez que los vio, vacíos de vida, ausentes. Ella no se consideraba una buena persona, no hablaba de ella en ningún momento. Tal vez estaba perdiendo un poco la cordura, pero no tenía nada que ver con ser buena persona, no lo era. Ya lo había demostrado en más de una ocasión, la del cementerio sólo fue la última. A lo mejor perder la cabeza era el motivo por el cual quería ayudarle, por el cual quería que la mirara sin reproches, que no la juzgara... Pero ya era demasiado tarde para pedirle nada, para desear nada de él. Debía dejar las cosas correr, tal vez así volvería a estar cuerda. En el fondo sabía que no era aquello lo que la llevaba a la destrucción, eso no era más que una consecuencia de su verdadera dolencia. Asimilar que se había quedado sola era lo que verdad iba a acabar con ella si se dejaba arrastrar por ese dolor. Envidiaba mucho la incapacidad de su madre de no sentir nada, no solo aparentar ser fría como un támpano, sino también serlo.
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Re: I believe my little soul has grown. And I'm still so afraid. {Oliver}

Mensaje por Oliver R. Blackbourn el Jue Feb 02, 2017 1:06 pm

La miro, pero soy incapaz de verla. No sé si es porque no puedo creer lo que veo en sus ojos, ese sentimiento que parece arrepentimiento o vergüenza, podría pensarlo si no fuese porque es imposible, porque ella jamás sería capaz de sentir eso. La observo con detenimiento aunque manteniendo la distancia, no pienso volver a cometer el mismo error, no quiero volver a ser débil para que después ella lo utilice en mi contra. Resoplo, manteniendo el puño cerrado con el papel en su interior. Aquel hombre destrozó mi vida y ni siquiera mencionó el nombre de mi madre, solo se refirió a ella por su apellido familiar. Eran unos miserables, no estaba a favor del asesinato, pero mucho menos cuando era algo tan impersonal y frío. La observo viendo los mismos ojos de su hermano aquel día que lo llevaban a la muerte. Él era frío, pensé al principio que no se parecía a su hermana, pero ella me había demostrado lo mucho que me equivocaba. Aquel día llegué a odiarla, sentí que la rabia me consumía por dentro, resquebrajándome. Los sentimientos tras la muerte de mi madre habían quedado escondidos en lo más hondo de mi, pero tras todo aquello habían vuelto a aflorar.

Me quedo en silencio, soy incapaz de decir nada más. Escucho sus palabras y sonrío irónico, frío, la verdad es que todos tenemos pérdidas.-Preferiría estar muerto a tener que matar sin ni siquiera conocer a la víctima.-le espeto.-¿O acaso crees que tu hermano y su amigo conocían a mi madre?-le pregunto con cierto enfado, aunque sin dejar de lado el tono indiferente de este. No digo nada más, me quedo pensando en mi madre, en como en aquella carta la llamaban por su apellido de soltera, por el apellido que pertenecía a su familia de origen puro. Mi madre era lo que ellos consideraban una gran traidora, al fin y al cabo se había casado con un muggle y había tenido cuatro hijos. Ella había renunciado a todo lo que le proporcionaba su familia purista, ese futuro oscuro del que ella nunca quiso formar parte. Renunció a todo y ahora estaba muerta. Clavo mis ojos en los de Jeanne.-Se ve que no sois capaces de soportar un solo rayo de luz...., solo sois capaces de amaros a vosotros mismos y a vuestros estúpidos apellidos.-susurro, aunque es más bien un pensamiento en voz alta. Mi madre había sido un rayo que ellos habían decidido extinguir.

El dolor había regresado, inspiro y vuelvo a mirar a la chica, no comprendo por qué sigue allí. ¿Qué quería? ¿Por qué me traía aquello? La miré por primera vez con intensidad y desprecio, no buscaba hacerla sentir de ningún modo porque no había nada entre nosotros, al menos no ya. -¿Por qué has venido a traerme esto?-pregunto con cierto desconcierto.- ¿Sabes qué? Prefiero no saberlo...Será mejor que te marches.-le espeto. Por algún motivo que no comprendo, no quiero que se marche, no ahora que parece ser humana otra vez. Pero sé que es lo correcto.
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