Another brick in the wall [Dexter - Rick]

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Another brick in the wall [Dexter - Rick]

Mensaje por Dexter Jägger el Dom Ene 29, 2017 9:48 am

Paso, paso. Un escaparate de una tintorería, con el sonido de una batería de fondo. Paso, paso. Una tienda de venenos para ratas. En la pared de ladrillos pulidos, dicta en aerosol, como voz de las calles "This is not how I am, I have become comfortably numb". Te fascina esa banda, no tanto como el sonido de una ocarina, pero te sigue pareciendo agradable por el misticismo que esconde aún en instrumentos eléctricos, tan muertos y tan de moda. A pesar de ello, no recuerdas el álbum, ni siquiera esa letra en específico. Paso, paso. Una esquina, miras a ambos lados, como un niño pequeño, pero en tu rostro no queda nada del niño que conocí. Relames tus labios y el cigarrillo que llevaba tiempo sin tocar tus labios se coloca entre estos. Das una calada, de esas que te gustan, de esas que hacen dudar quién se está fumando a quién. El humo entra hasta tus pulmones, "seguramente mi abuelo fumaba más", me habías comentado más de una vez, con cierta calma y nostalgia. Cualquier cosa que te recuerde a tu madre te incomodaba en esa época donde pudimos compartir tiempo como padre e hijo.

Paso, paso. El humo fluye hacia el aire.

Paso, paso. ¡Eureka! O lo que sea que digas cuando encuentras aquello que buscaba; sin embargo, tu rostro solo da indicio de acierto levantando una ceja y dando una mirada bastante juiciosa a la fachada del local. No le ves nada extraño y por unos segundos dudas si es que de verdad tendrás suerte revisando ese lugar. Tus ojos superdotados guardan imágenes de cada artículo de la tienda, dictaminando orígenes y si son lo suficientemente antiguos para ser considerados o lo suficientemente mágicos para ser comprados. Dejaste caer la colilla en la acera, tus botas de cuero negras ultimaron el rojo palpitante y tras relamerte los los dientes sin abrir la boca, tu mano aún fría por la bajada de presión del tabaco, empujaba la puerta. Mientras, la campanilla le avisaba al buen Bill. 


Ding, ding, ding.

Tenía el camino más que claro. El Londres muggle escondía casi tantos secretos como Göbekli Tepeo Stonehenge. Me jodía cuando despertaba sin un avance en la profunda amnesia que claramente había alcanzado a detectar hace un año, aproximadamente. Lo poco que recordaba iba de que era un arqueólogo y debía terminar el legado de mi padre, tantos libros devorados en pocos días fueron despertando a mi cerebro durmiente. Mi padre no era exactamente una buena persona y debía llevar a mi madre conmigo siempre. Sus pequeños ojos cerrados, su pequeña nariz arrugada, su piel delgada por los años, su pelo seco por la putrefacción. Una cabeza reducida colgaba de mi cinturón, silente. Una reliquia que no me preocuparía en ocultar. Así, con recuerdos difusos e ideas estúpidas en mente, decidí quedar en Londres hasta que terminase mi calvario de debilidad mental. Luego de una tarde templada de caminata, no tan emocionante como las pocas que recordaba en países de los cuáles desconoces sus nombres, con ruinas unas veinte veces más antiguas que tu linaje "puro".

Bueno, emmm. Entré sin mucho apuro, dándome el tiempo de ver lo que tenía para mostrar.

Había mucho por ver. Jarrones antiguos, de los cuales solo uno lucía legítimo, estos estaban apilados a mi derecha apenas entré. Varios anuncios de gasolineras de los 30, un par de bicicletas, un motor de un Duesenberg en un estado corroído. Esto en la zona de al fondo, a mi izquierda, lo demás que asumía también era de vehículos estaban cubiertos por una franela roja empolvada y de hace años. Pinturas, óleos, espadas y sables de épocas distintas. Colgando de las paredes casi por todos lados. No recuerdo bien si había una katana o dos, pero estaban por debajo de un cuadro chino, representando el mito de la creación del universo a partir de un huevo. Tomé atención a las armas cortantes, de algunas solo debías ver el mango para detectar la zona donde había pulido el país de fabricación, una copia bien hecha. Había abanicos victorianos que lucían bastante reales, tuve que detener unos dos segundos la mirada en ellos para ver que en efecto, dos de los tres lo eran. Abrí el falso para ver el diseño. No daba ni un penique por esa mierda, dejándolo en su sitio, me quedé sin ángulo de visión al seguir dando un par de pasos. Giré el cuello e incluso dando un par de pasos de espaldas, observando muñecos vudú hecho por un  muggle con aires de grandeza, colgando de la columna trasversa que acababa de pasar. Eso me robó una sonrisa y hubiese seguido analizando mi entorno de no ser por los pasos en pantuflas de un viejito en camisa y chaleco de lana, que me recordaba a Johnny Cash si tuviese unos 50 años más. La sonrisa que se había formado, se agrandó levemente, entrecerrando un poco los ojos y asintiendo, en son de saludo.

Hola, Bill, ¿no es así? —pregunté, volteando a observar al anciano con los ojos inmediatamente clavados en su entrecejo, dado que tenía una cejas bastante pobladas y se me hacía complicado de ignorar—. Claro que eres Bill —me contesté a mí mismo, mientras el hombre extendía la mano. Le comenté que me mandaba un amigo suyo, dándome su dirección si lo que quería era buscar reliquias antiguas. Su número y nombre estaban anotados en una biblioteca que mi padre había dejado. En el cuchitril donde vivimos toda nuestra vida mientras yo estudiaba de Hogwarts y posteriormente, durante mi carrera como arqueólogo mágico. Luego, sé que dejé de estudiar, pero no el porqué.

De algo sí estaba seguro.

No podía dar mi nombre. Hace unos días había visto que el caso por el asesinato de mi padre seguía abierto y me tenían como culpable por no haberme presentado a declarar. Gajes del oficio y de la amnesia que no quería reparar ahora. La ley del secreto había sido abolida en el país y no podía darme el lujo que aquel muggle, que solo conocía a mi padre como un arqueólogo que veía potencial en artefactos que para sus ojos normales no poseían, le comente de mi llegada a alguien que por azares del destino, fuese un mago. No, nadie quiere que cobren la recompensa por capturarme. El trabajo fácil es deshonroso—. Soy amigo de Arthur Jägger. Él fue mi padrino y protector hasta poco antes de su muerte. Me heredó una colección de libros donde estaba su nombre y su magnífico trabajo preservando piezas antiguas. También soy arqueólogo —dije, con un carisma falso. Sonrisa perfecta, palabras sinceras con mentiras inyectadas y un poco de empatía, que me resultaba tan bien en el acento y el tono, me sorprendía. Era imposible decir que no—, Damian, un gusto —al parecer mi sonrisa se había reflejado en su rostro y me estrechaba la mano, invitándome a pasar.

Tragué saliva.

Ding, ding, ding. Alguien más llegó a malograrte los planes, Dexter.


Última edición por Dexter Jägger el Mar Ene 31, 2017 10:48 am, editado 1 vez
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Re: Another brick in the wall [Dexter - Rick]

Mensaje por Ricky M. Over el Dom Ene 29, 2017 12:47 pm

Fue legado de su difunta madre, posiblemente el objeto más valioso que amparó la familia francesa. En realidad, su tasación monetaria no podía compararse con su valor sentimental; la maquinaria tiene un precio monetario, el amor no. O eso creía el aprendiz de auror, que tenía el cerebro sorbido por ideas románticas y esperanzas depositadas sobre la bondad humana. Como siempre, diferenciándose de otros infantes de su edad cuya inquietud consistía en correr tras un balón de fútbol o en aparentar ser caballeros enfrentados, Ricky quedaba embelesado por juguetes impropios de su edad y género. Comenzando por una cocinita de juguete, un peluche amoroso y finalmente, una antiquísima caja de música que perteneció a Samantha, cuyo nombramiento en casa traía consigo momentos de incomodidad, aflicción y quietud. Encerrado en el dormitorio de sus padres, el francesito pasaba horas frente aquella cajita de madera, giraba la manivela y caía hipnotizado a merced de la dulce melodía que acompañaba los giros de un hada en miniatura -hada compuesta por porcelana, pues nos remontamos a una época en la que Ricky, orgulloso hijo de muggles, no sospechaba que pudieran existir criaturas mágicas- En definitiva, cada vez que echaba de menos la presencia de una madre que aportase el toque femenino a su educación, el francés acudía hasta la caja de música y sucumbía ante la magia que arrancaba el mecanismo de ruedas dentadas, cilindros y manivela.

Transcurrieron años hasta que su padre, el viudo Jesse Over, comprendió que no tenía un hijo convencional. Cuando aceptó que por las venas de Ricky corría sangre mágica, y que además nunca traería a casa nuera o nietos que le hicieran compañía, la relación entre padre e hijo se estrechó. Como muestra de afecto y aceptación, le ofreció la caja de música que perteneció a su madre, y el tejón la guardó como el tesoro que era. El hada danzó para Ricky cada noche de su vida durante años, hasta que la amenaza purista acometió contra los nacidos de muggles y sus respectivas familias. Convertido en un blanco fácil, el francés renunció a mantener todo contacto con su familia por temor a las repercusiones de sus enemigos, cortando los lazos que le unían a su amado padre y emprendiendo una nueva vida, esta vez solo.

En esta vida, todo viene con fecha de caducidad, incluso las guerras. Sin el apoyo monetario de su familia, la situación económica de Ricky se volvió crítica, hasta el límite de verse obligado a empeñar su mayor tesoro para así permitirse hospedarse en Bulgaria y cumplir su sueño de convertirse en auror. Fue en Londres, en una tienda de antigüedades, estableció con el dueño la promesa de que volvería a recoger la caja de música, pagando el doble de galeones que el tendero le ofreció por ella. Seis meses después, Ricky seguía siendo pobre, mas había llegado el día de retornar a la tienda de antigüedades para comprobar que el legado de Samantha seguía en perfecto estado. El hada seguía oculta en su escondrijo, preparándose para su debut anual, esperando que un chico la sacara a bailar.

Buscó un hueco, un vacío en su horario de entrenamientos para llevar a cabo el viaje, despidiéndose temporalmente de Bulgaria para volver a Londres, lugar que nunca debió dejar atrás. Caminó entre los muggles, adaptándose como un camaleón, acostumbrado a los comportamientos y reacciones de los no mágicos. Los meses no cambiaron la tienda de antigüedades, repleta de viejos cachivaches de distintas valías, en su mayoría antigüedades que otorgaban al comercio ciertos aires de máquina del tiempo. El tintineo de una campanilla anunció su llegada cuando se aventuró en el interior del local, su corazón martilleaba con la inquietud de quien está a punto de reencontrarse con un viejo amorío. En cierto modo, así era.

Por primera vez en toda una vida, el francés no permitió que su déficit de atención le distrajera de su principal cometido. Ignoró la variedad de objetos a su alrededor, incluso los que llevaban tantos años en aquella tienda que parecían suplicar la compañía de alguien más que su comerciante. En otra situación, Ricky se habría compadecido de los objetos dejados a su suerte, pero en aquel momento debía ocuparse de enmendar su propio abandono.—¡Buenos días!—Saludó a ambos presentes con su simpatía natural, y con el nerviosismo juvenil que hizo parecer que estuviera reuniéndose con una atractiva jovencita en lugar de visitando una tienda polvorienta.—Siento la interrupción.—Se disculpó, abriéndose paso hasta el anticuario y, aparentemente, su otro cliente. Los nervios casi consiguen que tropiece, aunque logró alcanzar sano y salvo la posición de ambos hombres. Centró la mirada en las cejas pobladas de Bill, incapaz de seguir esperando. Ya esperó seis meses, demasiado tiempo.—¿Se acuerda de mí? Creo recordar que su nombre era George o algo similar.—Comentó, demostrando su pésima memoria.  No permitió al tendero corregirse, ni tampoco objetar nada al joven que le precedía en la cola, pues siguió hablando sin dar oportunidad de respuesta.

He venido desde muy lejos para recuperar el objeto que usted me compró, según acordamos, temporalmente. Sé que prometí pagar el doble de su precio, pero...—Introdujo la mano en su bolsillo, palpando el contenido. Un par de monedas insuficientes, un caramelo de limón y un botón de recambio. ¿Bastaría?
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Re: Another brick in the wall [Dexter - Rick]

Mensaje por Dexter Jägger el Lun Ene 30, 2017 12:34 pm

¿Cuánto odias la compañía? Desde que tu propio padre resultó ser una mala, es complicado verte con más personas de las necesarias en un lugar. Efectúas a la perfección tu trabajo en solitario y en muy pocas ocasiones requieres ayuda. Al parecer hay aspectos inherentes en ti que ningún hechizo podría quitarte. ¿Qué tan trastocada debe sentirse tu mente para que sientas inseguridad? Mucho, pues desconfías incluso de los ojos muggles. No te importa caminar con tu madre colgando del cinturón del pantalón, mas sí que te observen mientras tratas de conseguir tu próximo viaje. Quieres pasar desapercibido, después de todo, descubriste que te culpan de mi asesinato. No conocen tu rostro, personalmente eliminé los registros de tu existencia, solo tenían tu nombre, ahora sinónimo de locura y peligro.

No te preocupes, sigo pensando que siempre fuiste un buen chico.

Tu mente desaceleraba con la presencia del dueño, terminando de analizar cada objeto nuevo pasivamente. Al mismo tiempo, la campanilla te hizo hacer presión en tu dentadura. Alguien cruzaba el marco de la puerta. No querías voltear a ver. No por miedo, si no por falta de interés. Al ver que Bill requería atenderle también y saludaba de inmediato, no pudiste hacer más que darle la cara. Reconfiguraste esa sonrisa artificial para el senecto y la hiciste más casual para el recién llegado. Un típico gesto de "qué bueno que te interesen las mismas cosas que yo". Casi de inmediato te decepcionaste. No era un comprador, era alguien que venía a recuperar una reliquia empeñada. Nunca fuimos partidarios de ese tipo de procesos, Dexter, ¿te acuerdas? Nuestros tesoros los ocultábamos en la choza que teníamos en la selva de Yucatán, escondida con infinidad de hechizo que actualmente solo tú conoces. Mago arcano, magia olvidada, poder que todos olvidaron y nosotros buscábamos. ¿Cuántos hechizos de los cuáles nadie sabrá conocemos? Bueno, por el momento no los recuerdas. Ni siquiera puedes levantar tu varita correctamente, mas en tu cabeza, sí puedes hacerlo.

Estás débil, hijo. Es mi culpa, pero por alguna razón sé que hice lo correcto en ese aspecto.


Tras escucharle mi primer reflejo fue hablar, claro está. Mi mente tenía muchas ideas y, filtrado por mis modales, me costaba decidirme entre una y otra. Sin embargo, el joven fue al grano, simple y directo. Antes de que termine, sin interrumpirle y como clara referencia a que prosiga con mi búsqueda, Bill me hizo una seña con la mano para que accediera al pasadizo donde se encontraban las mejores piezas. Di un par de pasos, haciéndome el sordo a la poca disponibilidad de dinero del muchacho. Una pena grande debía ser la suya, no soportaría perder una reliquia familiar, como la varita maldita de mi padre o el curioso llavero que parecía no haber llamado mucho la atención. Muy extraño que alguien venga tan seguro a pagar si no tenía dinero, ¿podría ser? Era una posibilidad, mas prefería creer que era el único con capacidades sobrenaturales en el recinto. Como odiaba las posibilidades y cómo una voz en mi cabeza me iba dictando todas sin parar.  No tener memorias es no conocerte, ni cómo callar tus procesos mentales. A la mierda, ¿no?

Saqué mi linterna de mi chaqueta y una lupa.

Vasijas, armas oxidadas y algunas fotografías con el coloreado estropeándose. ¿Qué era exactamente para él algo interesante? Mi sien empezaba a latir un poco, detecté poltergeist en algunas fotografías y runas mágicas aún brillantes si las tocaba en algunas superficies de los objetos. En fin, seguían siendo inútiles, las cosas encantadas no era muy fuera de lo común y la mayoría parecía no pasar de los años treinta. Hojeé un par de libros  más viejos, consumiendo sus páginas a través de los ojos. Mi padre solía decir que cambiaban de color, mas siempre me parecía que tenían una mezcla entre azul claro y verde. Mucha información, la mayoría mitos que ya conocía o descartados como posibles. Mierda, ¿qué tan complicado era encontrar algo útil? No, no era eso. No estaba tomando atención de verdad. Cerré los ojos. Había algo en mí que me jodía y no me permitía hacer las cosas bien. La idea de que el muchacho de afuera sea un mago me fastidiaba. Si intentaba algún hechizo de revelación, me vería. Quizás haga preguntas. No, no era buena idea. No podía mantenerme pensando en buscar indicios y en evitar ser descubierto. ¿Por qué yo? ¿Qué había pasado esa noche? ¿Qué mierda me hizo mi padre? Estaba seguro que las venas en mi cara explotarían en algún momento. Todo en mi cabeza si fueran archivos en gavetas, estaría rodeado de hojas de papel volando sin orden aparente, como si un ciclón amnésico quisiera sacar todo de su sitio.

Quería salir corriendo del lugar y olvidarme por un par de días de todo.

"El ave en su cuello batió las alas, liberando una fragancia a eucalipto y frutas frescas en el lugar, si era suficientemente rápido, el mago podría ver solo como una casi imperceptible nube magenta terminaba de disiparse. Grave error de los hombres actuales no tomar atención. El secreto milenario desencadenado, de la mente en emergencia de mi pequeño Dex. Abrí mis ojos, colgaba de su cinturón, mas no era un detalle que me fastidiara. Habría dado mi corazón a los dioses hace cientos de años, podía permanecer observando a mi descendiente por el resto de sus días. Dexter se observaba en una niebla magenta que se volvía más densa a medida que abarcaba toda la tienda. Mientras, cada línea que conformaba cada arista de cada cosa se iba deshaciendo hasta dejarle espacio solo a la niebla. Control sobre lo que todos perciben, el secreto de mantenerse oculto. La cúspide de la magia arcana".

"Ahora, lo que quisiese mostrar, se mostraría, podría crear lo que desee y todo aquel que lo observe, lo creería. Dexter había despertado el poder latente en él luego de la amnesia que su padre le había provocado. La desesperación de no conocerse y no carecer de facilidad para hacer su trabajo lo hicieron sentirse amenazado. Él no era ni se consideraba un criminal. ¿Si el chico de afuera sabía su nombre? ¿Si al fin habían dado con su rostro? El efecto pasó a medida que se tranquilizaba, sin afectar el ambiente, volviendo a mi niño en la misma nube casi imperceptible para los ajenos a este poder".


Estaba confundido y cuando me di cuenta, estaba apoyado de una forma físicamente desfavorable de una repisa, para darme soporte. Es fácil dar conclusiones. La repisa cayó, con todos los objetos encima mío y un dolor humano que me sacó del trance.

Seguro que les corté la conversación a esos dos allá afuera.
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Re: Another brick in the wall [Dexter - Rick]

Mensaje por Ricky M. Over el Sáb Feb 04, 2017 6:13 am

Prestó escasa atención al joven desconocido que, tras una seña del anticuario, fue engullido por las tinieblas de un pasadizo que ocultaría toda clase de objetos. El comerciante, cuyo nombre real resultó ser Bill, según su aclaración, se mostró incrédulo en primer momento. No le reconocía. No debía extrañarse, en los últimos seis meses el francés experimentó grandes cambios físicos y mentales, entre ellos el crecimiento de vello sobre sus mejillas y de su cabello castaño, que urgía un corte de pelo.—Me costó mucho desprenderme del objeto, ¿se acuerda? —Insistió, acudiendo a su mente recuerdos del momento en cuestión.  Sucedió poco después de la guerra mágica, Ricky todavía conservaba rasguños en el rostro y las extremidades. Primero ofreció el producto, el dependiente lo inspeccionó superficialmente, y después sacó un maletín repleto de instrumentos muggles, repitió la inspección de la caja, en esta ocasión utilizando una lupa y una especie de monóculo con aumento calibrable incorporado. Cuando supo las condiciones de devolución, Ricky titubeó, abandonó la tienda un total de tres veces antes de decidirse a retornar la cuarta y definitiva, empeñando la reliquia familiar que tantas alegrías le provocó durante su infancia.

El anticuario rascó su cabeza, violó su espacio personal para observarle con atención antes de asentir con la cabeza.—Ahhhh, ya te recuerdo. Eres el chiquillo indeciso, el de la caja de música.—Razonó el tendero. El francés asintió, sintiendo principio de emoción tras escuchar las palabras caja y música. Pareciera que hubiera transcurrido una eternidad desde la última vez que presenció la danza del hada de porcelana, esperaba no haber olvidado la dulce melodía de cuna que arrancaban tres giros de manivela.—Exacto, el mismo, el que le suplicó que no se la vendiera a nadie que no fuera yo. No lo habrá hecho, ¿verdad?.—Un suspiro de alivio escapó de su garganta cuando Bill respondió su pregunta con una negativa. Ricky jamás se perdonaría perder el tesoro de su difunta madre, sería una pérdida que le torturaría eternamente, el hada danzaría por siempre en su consciencia, remarcando con cada giro que decepcionó a sus progenitores.—Verá, estaba comentándole que cuando le vendí la caja, acordamos que sería a cambio de pagar el doble de su precio de venta.—Mencionar los términos del acuerdo no fue lo más sabio que pudo hacer, aunque sí lo más honrado. Ricky derramó el contenido de su bolsillo sobre el mostrador, las monedas muggles tintinearon junto con el botón de recambio, el caramelo de limón permaneció estático y ácido.  En total sumaban un par de libras, tuvo que efectuar el cambio de moneda, pues gran parte de su capital eran monedas mágicas, inservibles en el mundo muggle.

Como podrá comprobar, no dispongo de suficiente dinero para cumplir nuestro acuerdo, pero de verdad necesito recuperar el objeto que le vendí. Es muy importante para mí.—Imploró. Presa de los nervios, tomó el caramelo de limón y lo liberó de su envoltorio de plástico, llevándoselo hacia la boca mientras esperaba el veredicto de Bill. Las pausas del tendero no contribuían a minar su nerviosismo, le miró como si estuviera frente a una cucaracha, planteándose si aplastarla de un pisotón o liberarla en el jardín. Mientras tanto, el ácido y ahora también húmedo caramelo de limón, encogió en su boca a medida que el silencio se establecía entre ambos hombres. ¡Qué sencillo sería simplificar la situación! Bastaría con un hechizo desmemorizador o un encantamiento congelante seguido de un accio cajita de música, las facilidades como mago resultarían infinitas. Pero no, no podía hacer eso, no podía faltar a su promesa y aprovecharse de sus ventajas frente a un muggle. Ricky accedió a la venta del producto, aceptó las condiciones establecidas y debía recuperarlo legalmente, sin argucias mágicas.

Para cuando el anticuario se decidió, el sabor a limón invadía la cavidad bucal del francés. Un último fruncimiento de sus cejas pobladas precedió a su contestación, que Ricky sospechaba sería negativa. Separó los labios, mostrando sus dentadura cariada, mas en lugar de palabras emergió un fuerte estruendo. Ambos negociantes voltearon hacia la procedencia del alboroto, el mismo pasadizo oscuro que minutos antes se tragó al anterior cliente. Como acto reflejo, Ricky palpó la varita oculta bajo su abrigo, siempre alerta como le ordenaban en la academia de aurores. Supo recular en el último momento, desconocía el estado actual del estatuto del secreto pero no quería alterar a ningún muggle con demostraciones de magia.—Vamos.—Exclamó, adelantándose a Bill con cierto ademán protector. Se adentró en la oscuridad, tanteado las paredes para no perderse entre las tinieblas, el problema quedó resuelto cuando una luz cegadora iluminó el camino que se abría ante él. Agradeció en silencio la alternativa de usar linterna por cortesía de Bill, sus pasos le transportaron hasta la fuente del ruido, una repisa caída en batalla junto a un montón de objetos de distintas procedencias.

Bajo el caos encontraron al joven de antes, que con total seguridad quedó damnificado por el derrumbamiento inesperado.—¡Dios mío! —Exclamó el francés, apartando las antigüedades manualmente para ayudar al chico.—¿Estás bien?.—Preguntó preocupado. Como sonido ambiente, Bill lamentaba la pérdida de algunos objetos que no sobrevivieron a la caída. Como ejemplo, un jarrón de porcelana japonés quedó hecho trizas en el suelo, nada que un encantamiento reparador no pudiera remediar.
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Re: Another brick in the wall [Dexter - Rick]

Mensaje por Dexter Jägger el Mar Feb 14, 2017 10:29 pm

¿Qué ves hijo mío?

Nada.

Habías recibido el peso del estante sobre la cabeza. Un muggle o mago refinado, hubiese muerto. Deberías estar orgulloso de tu resistencia. Claro, has sido apedreado por monos encantados en Brasil y perseguido por machos cabríos supuestamente extintos con ganas de embestir en tierras altas nórdicas. Un golpe en la cabeza no debía ser mucho problema para alguien que ha pasado por tantas desventuras siendo tan pequeño. ¿Recuerda que me pedías que te llevara a las ruinas en lugar de quedarte con tu madre? Tu poder mágico residía y latía desde que eras un niño, pero tu hambre de aventuras te llevaron a explotar primero otro tipo de habilidades. Te has golpeado muchas veces la cabeza, hijo, pero no tan fuerte como yo lo hice esta vez. ¡La solución era simple para aquel atentado! Fruto de tu desestabilización, al despertar la niebla durmiente en tu cuerpo. El remedio: solo un hechizo que no recordabas de curación y todo iría de maravilla. Te excusarías con el hombre, tomarías alguna baratija, pagando de más para que el viejo no se sienta en la obligación de cobrarte lo roto y te irías dignamente. No es el caso. El problema es que teniendo aún rezagos de mi magia durmiendo entre impulso nervioso y  axón, eso debió ser un completo cortocircuito en su milienizada red sináptica.

Lo siento, Dexter, sabes que nunca había querido esto para ti.

Mas, estabas ahí, aplastado en la oscuridad. No tenías miedo ni vergüenza, ya que el primero era imposible para alguien de tu especie y la segunda la habías perdido hace mucho, cuando te enteraste de una mala manera que eras el resultado de varios intentos de tu madre por concebir en estos tiempos. No importaba el entorno ni la dificultad, te ibas a levantar, aunque quizás no tengas conciencia de ese temple tuyo aún.


Mi mente informaba de forma desordenada los daños corporales, como si al cerrar los ojos por el polvo levantado me escaneara de inmediato. Como una de esas impresoras de compras modernas que parecían a punto de estallar mientras aparatosamente liberaban más papel del necesario, mas después de todo, lo que debía pagar el hombre. Mi cabeza era algo similar, pero con indicios de migraña inducida. Los brazos adoloridos, quizás una contusión en la pierna y un chichón en la cabeza producto del estante encima. Un jarrón roto que se me había incrustado en algún lugar de los gemelos izquierdos. Sí, era bastante específico y doloroso, haciendo mucho ruido blanco que no me permitía pensar perfectamente. Como un derechazo de rechazo de Mohammed Ali. Le rogué a mi cabeza que en lugar de informarme que algo me dolía, ordenara que me reincorporara. Casi como si le contara algo obvio que lamentaba no haber notado antes, intentó hacerlo. Escuché la voz del chico, fingiendo preocupación o quizás siendo demasiado bondadoso. Bill parecía asustado, mas en su cara se le notaba claramente que era por su mercancía arruinada. Levanté el estante para volver a incorporarlo, mientras se terminaban de caer algunos pedazos de diversas cosas. El otro cliente me ayudaba, cosa que no iba a nada mal dado el momento de confusión. Me libré rápidamente del pedazo de jarrón en mi pierna y por lo demás solo tuve que reincorporarme, moviendo los restos a los lados con magia cuando la linterna de Bill no permitía ve la travesura. Tenía el cuerpo resentido, mas la atención volvía a ser a mi entorno, sobrealimentando mi cabeza con información aparentemente inútil. La talla sugerida del acompañante de Bill, color de ojos, pelo, hace cuánto no se lo cortaba, por qué Bill tenía el pantalón como si cargara algo en el bolsillo. Ese tipo de información, por algún motivo sentía la mente más clara, como una liberación generada por el peso historia sobre un arqueológo más que competente.

Sí, casi me sale una de esas estupideces capciosas que tanto le gustan a la gente y mi padre amaba tanto realizar.

Sí, sí. Estoy bien —aseguré, algo cortante, pero con una sonrisa que brillaba de más por la linterna de Bill en mi cara. Troné mi cuello, mientras la luz se prendía de inmediato, por orden mía. Un pequeño movimiento de dedos para dirigir el impulso mágico. Bill se llevaba la mano a la cabeza, no sorprendido, mis suposiciones rápidamente acertadas me llevaron a deducir que la luz no andaba bien en el lugar. Por la ubicación de las antigüedades para que toda la luz del día pueda permitir ver perfectamente cada esquina. El pasadizo donde escondía sus secretos quizás tenía el mismo funcionamiento. La excusa del vendedor sobre el tema no se hizo de esperar, dando la explicación de que no había cambiado la iluminación desde hace unos treinta años, a lo que sonreí. Sentí mi pierna sangrando, por lo que me agaché, volviendo a atar mis cordones y pasando mi mano por la herida, cerrándose de inmediato. Salí del lugar, aún perturbado mentalmente por el golpe, desempolvando de cerámica barata mi chaqueta y pelo. Bill me siguió, no tenía que voltear a verle para adivinar su rostro de desaprobación. Hizo un comentario sobre mi padre, refiriéndose a mí como discípulo. Acoté de inmediato—. Ya soy un arqueólogo en toda regla —quizás me daba menos reconocimiento del que merecía, a pesar de no haber culminado la carrera, cualquiera al saber mi nombre conocería mi basta experiencia. Aunque, primero me haría una visita la policía. No pude cuestionarle por este motivo cuando el anciano agregó un "como sea".

Me dirigí al mostrador, apoyándome con una mano en este, mientras terminaba de quitarme los restos de jarrón. De camino y casi de forma imperceptible, había tomado un abanico. Lo abrí con un hábil movimiento de dedos y elevé el ala aleve del leve abanico. Sentí moverse al ave de mi cuello, Bill no lo había visto, al parecer, dado que no reaccionó. Un olor a rosas inundó la habitación, tragué saliva. Este nuevo "problema" me estaba costando demasiado esconder. Saqué varias monedas de plata pura, reliquia de Potosí, en Bolivia. Dejándolas sobre el mostrador para captar la atención. El aroma era evidente y el viejo vendedor dio su comentario, al mismo tiempo que se mostraba contento analizando el mineral tan puro y de tan alta gama con una lupa que había extraído con una velocidad de avaro frente a fortuna.

Jajajaja,sí, quizás aún tiene perfume de mujer —risa falsa perfecta, carismática y convincente.
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Re: Another brick in the wall [Dexter - Rick]

Mensaje por Ricky M. Over el Miér Mar 01, 2017 6:53 am

El futuro auror se esforzaba por mantener alejada la imagen mental de su padre decepcionado, conocía a Jesse y sabía perfectamente que jamás le dedicaría una mirada de decepción, no por haberse desprendido de una parte de su alma para tener un próspero futuro; no por alejarse de él con la única intención de protegerle. Siendo el único mago en toda su familia, Ricky tuvo que tomar una dura decisión, distanciarse de las personas que amaba para que así pudieran recuperar la normalidad en sus vidas y dejar de preocuparse por él. Su primera desaparición cobró factura a su padre, le arrebató todo signo de alegría y encaneció sus cabellos morenos, alejarse fue la mejor decisión ante la posibilidad de acabar con él de un disgusto. O eso solía decirse, para sentirse menos miserable.

Las consecuencias de sus decisiones derivaron en una tienda de antigüedades, dejándolo en una posición indefensa frente a un escéptico anticuario haciéndose de rogar en su veredicto. En su boca se espesó la saliva sabor limón mientras esperaba una respuesta que aliviara su angustia o, por el contrario, la volviera insoportable. Sin embargo, poco importó la escena principal cuando un escandaloso sonido interrumpió la silenciosa conversación entre tendero y cliente, llamando su atención, provocando que estuviera alerta en todo momento. En su rol de futuro auror, el francés precedió al anticuario y caminó a hurtadillas por el tenebroso pasadizo, con los cinco sentidos puestos en identificar la procedencia del ruido.

Tras descubrir a la víctima de un derrumbamiento, prestó su ayuda apartando los valiosos objetos cuya pérdida lamentaría el tendero. La tenue luz de la linterna impidió que identificara los rasgos de la víctima de una estantería mal atornillada, socorrió ciegamente al muchacho, que aun siendo el principal damnificado también colaboró en su propia salvación, apartando la mercancía perdida con una exactitud sospechosa. Tuvieron su cruzada nada más entrar en la tienda, mas entonces Ricky centró toda su atención en intentar recuperar su preciada reliquia familiar, sin reparar apenas en el cliente precedente a él.—Menos mal, ha sido un buen golpe.—Murmuró, bastante más simpático que sus dos acompañantes. No exigiría el mismo trato, el francés no solía cruzarse a demasiada gente que compartiera su sociabilidad, aprendió a aceptar distintas personalidades sin juzgar o esperar un trato semejante al ofrecido. Sus ojos índigo, acostumbrados a la oscuridad, pestañearon repetidas veces cuando una luz natural aclaró el pasillo previamente en penumbra, en cuestión de segundos sus pupilas se adaptaron a la nueva iluminación. Una nube de polvo se levantó desde el suelo, enrojeciendo sus globos oculares y provocando que, tras un picor de nariz, estornudara tres veces seguidas. Mientras intentaba sobrevivir a los efectos del polvo, su compañía abandonó el pasadizo, aparentemente ocultaban algún misterio entre ambos.

Como un cachorro desorientado siguiendo la pista a su madre, Ricky persiguió a ambos hombres en silencio, planteándose interrumpir la conversación entre ambos para indagar sobre el asunto que le competía. Se volvió invisible repentinamente, el tendero sabía que no ganaría ningún dinero con él, claramente se trataba de un viejo interesado que antepondría el dinero a cualquier cosa, incluso a ayudar a un joven bondadoso cuyo único propósito residía en recuperar una cajita de música empeñada. Tragó saliva contemplando a ambos, arrugando de vez en cuando la nariz, que presentaba feos recuerdos de la suciedad respirada en el pasadizo. ¿Estaría ahí su hada danzarina? No creía, se fijó intencionadamente y no distinguió nada, seguramente Bill debía guardar en un lugar específico la mercancía empeñada que tenía fecha de recuperación e intereses. El uso de la magia se presentó como una tentación, como el diablo tentándolo a violar sus principios. «Sería muy fácil, solamente tendría que usar cualquier hechizo para recuperar la caja gratis, no haría ningún daño al tendero.—Le susurró un demonio en su hombro.—estaría mal, terriblemente mal aprovecharse de la magia para faltar a un trato.—Concluyó su conciencia»

Como pocas veces antes, ganó la honradez.—Huele bastante bien.—Exclamó, interrumpiendo la conversación doble para convertirla en un trío. Veía el abanico y también las extrañas monedas, pero no conseguía comprender que traían entre manos. Aproximándose al mostrador, se colocó justo detrás de Dexter, percibiendo la incomodidad que demostró el tendero cuando descubrió que seguía estando ahí.—Nuestra conversación no ha terminado, pienso permanecer aquí y seguir negociando hasta que entres en razón o lleguemos a otro pacto, así que esperaré a que atiendas a...—Se silenció, realmente no conocía el nombre del extravagante joven que estaba abanicándose con un artefacto que hedía a perfume femenino.
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Re: Another brick in the wall [Dexter - Rick]

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