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There's no one elses eyes that could see into me .— C. K.

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There's no one elses eyes that could see into me .— C. K.

Mensaje por Alaska D. Rizzo el Miér Ene 25, 2017 1:32 am


Sin Caroline, la rusa probablemente no sabría que hacer con su día a día. Ya fuera de Hogwarts, sin trabajo por parte de Cassandra y sin poder aceptar los cupos en recitales o bailes exclusivos, gracias a su aún vigente rehabilitación, Alaska no tenía mucho, si no es que nada, por hacer. La pasaba dando piruetas en su casa, fotografiando tonterías, de rehabilitación en rehabilitación, su rutina reflejaba claramente la soledad de su alma, perdida, aún, sin sus pilares sosteniéndole. Sin embargo, aún cuando las visitas de Caroline eran esporádica, no dejaban de ser placentera. A veces, la pelirroja incluso llevaba a que Alaska se sintiese un adolescente de nuevo, desde donde ella veía el mundo, todo era demasiado diferentes: sin espacios para chismear, enojarse porque el vestido era rojo y no color llama, hacía tanto que no sentía nada de su antigua yo, pero la capitana del equipo de Quidditch era una viva imagen suya, era su constante recordatorio de todo lo que debería haber sido, o, querido ser.

— ¡Te digo que no! — sonrió divertida, trenzando los cabellos anaranjados de su Amiga, recostadas en la cma king size del cuarto de Alaska, el principal — Caroline, yo soy una santa, me ofendes, ¡Por Merlín! — se carcajeó, mostrando los dientes casi tan brillantes cono las estrellas que adornaban el cielo nocturno — Tu igual, confiesa. Hasta a mi me ha llegado eso de Lucius Malfoy...

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Re: There's no one elses eyes that could see into me .— C. K.

Mensaje por Caroline Komorowski el Miér Ene 25, 2017 9:16 am

La amistad que mantenía con Alaska había nacido durante sus años juntas en Hogwarts, aunque podía decir con sinceridad que se habían unido más desde que la rusa abandono el castillo en su último año, junto a un sin número de sus amigos al graduarse. Trataba de coincidir dentro de lo posible con ella, pero a veces sus horarios no eran demasiados flexibles y los momentos en que había podido ir a visitarla eran escasos, pero sumamente provechosos, a diferencia de su amiga, la pelirroja no era alguien que disfrutará de los chismes en demasía, pero sabía que la joven si, como a gran parte de sus amigas, lo que le hacía preguntarse si algo iba mal con sus amistades o con ella. Negó divertida con su cabeza, a veces no era malo dejarse sumergir en cosas sin sentido que podían sacarla de su realidad, sobre todo si conseguía animar un poco a su amiga con ello.

Arribó a la casa de Alaska a los días de recibir su invitación, con una gran variedad de diferentes snacks en su bolso y algunos “bebestibles”. A penas y puso un pie dentro del lugar, abrazó a su amiga y el mar de carcajadas por cualquier estupidez comenzaron, otorgando de un suave y cálido adormecimiento al intenso dolor y tormento que la perseguía desde hace un tiempo, fue como si pusiera “pausa” al drama de su vida, y solo importaran sus risas y lo agradable que se le antojaba su compañía.

Rio sin poder evitarlo, moviéndose un poco arruinando de manera sutil el peinado que su amiga le hacía, negó con su cabeza ante sus defensas, volteándose a mirarle indignada por la mentira- Que tengas cara de ángel no significa que seas una santa. -Dijo sonriente dándole un tenue toque en la punta de su nariz, antes de voltearse y acomodarse nuevamente haciendo una rápida seña sobre su propio cabello puesto realmente disfrutaba de la sensación que las manos de la rusa le provocaban al peinarla. Agradeció enormemente estarle dando la espalda cuando el nombre de Lucius llegó hasta sus oídos, porque si bien normalmente podría haber fingido que no le importaba, estaba en un momento tan difícil que extrañarlo era imposible, más aún cuando escuchaba que lo nombraban de manera sorpresiva. Pero se mantuvo serena y sonrió, fingiendo que nada sucedía, como siempre, al menos agradecía ser capaz de hacer eso todavía.

- ¿Malfoy? -Cuestiono con tono divertido, volteándose a ver de reojo a la joven antes de reír jovial sin ningún ápice de arrepentimiento por mentir- Por favor, Laska, no puede ser que aun creas en esos absurdos rumores de Hogwarts, me han inventado hasta un romance con Snape o Black… -Se encogió de hombros haciendo un sutil movimiento con su mano para restarle importancia mientras negaba- Además creo que mantener una relación con alguien en Azkaban que está comprometido es algo difícil -Y aquello le dolió en el alma, pero no mostro señal de esto- Créeme mi vida amorosa no es tan interesante. -Rio y sin más se volteó y llevo un snack a su boca, sonriendo ante el agradable sabor, para luego voltearse de un salto hacia su amiga con mirada inquisitiva mientras se reacomodaba, sonriendo traviesamente- Y usted, señorita Rizzo, ¿Algo que confesar?
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Re: There's no one elses eyes that could see into me .— C. K.

Mensaje por Alaska D. Rizzo el Vie Ene 27, 2017 12:33 am


Alaska la víbora de Slyhterin, solían decirle. Manipuladora a su antojo y mentirosa como hobbie, solía lograr que casi cualquiera hiciera lo que pedía, solo con su increíble manejo de palabras y persuasión, también, en menor cantidad, por su extraordinaria belleza.  Pero, con el tiempo, aquello se había ido desvaneciendo, la rusa pensaba diferente, tenía una perspectiva distinta de la vida y de lo que ella significaba dentro de aquel enorme e incalculable mundo, su pequeño papel en una enorme obra, su insignificante opinión en un país dividido. En aquel momento, y desde hacía meses, carecía de la habilidad para disfrazar las intenciones y maquillar los engaños, tampoco podía distinguir del todo cuando alguien le mentía.
Pero, a pesar de todo aquello, fue capaz de notar un ligero titubeo en el tono de la pelirroja. Alaska no necesitaba más, y lo entendía, entendía que Caroline no quisiese hablar de aquello, ya fuese verdadero o no; después de todo, ella se había enamorado del mortífago con el juicio más famoso anterior a la Batalla de Salvio Hexia. Definitivamente, ni en aquel entonces, ni en su presenta, deseaba hablarlo con nadie. La única, su hermana de otros padres, estaba prófuga, igual que la mayoría de sus amistades.

— No en realidad — las palabras salieron secas y tajantes de su garganta, más de lo que la rusa hubiera querido. ¿Hacía cuánto que no hablaba sobre aquello, sobre cómo el Ministerio le había quitado todo aquello que alguna vez había amado?
Theodore Nott, Evan Rosier, Regulus y Narcissa Black, los hermanos Carrow, Aphrodite Silvernight.
Nombres que jamás olvidaría, sin embargo, que la causaban un dolor incalculable al pensarlos.

Una lágrima silenciosa se escurrió por su mejilla de porcelana. Pestañeó, Evan muerto después de su boda, respiró, Aphrodite huyendo con su hija en brazos, chasqueó la lengua, Theodore no volvería nunca, sollozó, sus padres asesinados a sangre fría.
Y, ahí mismo, cinco meses después, Alaska se dejó derrumbar por el fantasma de los recuerdos. Se escondió entre los brazos de su amiga y dejó que el agua salada humedeciera su pijama, apretada contra el cálido cuerpo de la Slytherin la rusa se mordía los labios para apaciguar el sonido retubante de sus sollozos.

— Se han ido, Carol, me dejaron— logró murmurar entre el llanto.
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Re: There's no one elses eyes that could see into me .— C. K.

Mensaje por Caroline Komorowski el Vie Feb 03, 2017 1:57 pm

Se sorprendió levemente ante la sequedad de su respuesta, frialdad que la ayudo a dejar sus propios fantasmas atrás para centrarse en la joven que la acompañaba. Se volteó lentamente, reconociendo en aquel vacío en sus ojos que su amiga estaba perdida en un pasado distante, en personas que habían formado parte de su vida para marcharse de manera abrupta, como si reviviera cada momento con ellos hasta aquel último adiós que tal vez ni siquiera fue pronunciado. En completo silencio, se giró completamente hacia ella, sin decir nada, simplemente esperando, puesto la conocía, sabía lo que los recuerdos de antaño podían hacer a una mente atormentada.

Se aproximó sin apartar su atención de ella, reconociendo la silente lagrima que rodo por su delicada mejilla. Y con una sonrisa conciliadora abrió sus brazos para ella en el preciso instante que sintió con el menudo cuerpo de la joven se estrechaba contra el suyo. La abrazó con cuidado mientras un suspiro pesado era liberado de sus labios, dedicándose a acariciar con cariño sus cabellos con una de sus manos, mientras la otra se cerraba sobre su espalda, reconfortándola- Lo sé, pero no estás sola, por mucho que así lo sientas… -Susurro al cabo de unos minutos, mientras apoyaba sutilmente su mejilla sobre la frente contraria, estrechándola un poco más entre sus brazos.

No es que pudiera comprenderla completamente, ella no había perdido a ningún cercano en la guerra, por lo que la soledad que embargaba a la joven era totalmente desconocida para la pelirroja, y aun así, trato de calmarla, de permitirle desahogarse, simplemente de reconfortarla, de sostenerla y apoyarla en aquel momento de libertad del dolor que llevaba guardando desde hace mucho.
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Re: There's no one elses eyes that could see into me .— C. K.

Mensaje por Alaska D. Rizzo el Dom Feb 05, 2017 10:38 pm


Hacía muchísimo que Alaska no lloraba a sus ausentes. Llevaba mucho tiempo, desde su perspectiva, sin lamentarse lo suficiente por el vacío que su partida le había causado, por que si, la rusa se sentía con la obligación de afligirse debido a la partida de sus seres más queridos. Ella no merecía seguir adelante, ella no debía progresar, no sin ellos, no tenía el derecho de olvidarles, de pasar por alto lo que su vida había significado, Alaska no podía ser Alaska sin sus mejores amigos y sus padres.
Al menos, eso era lo que pensaba en sus momentos más oscuros, fúnebres y solitarios. Había fingido durante tanto tiempo una mejoría, que incluso ella se lo comenzó a creer, tenía nuevos pilares, y Cassandra estaba de vuelta, sin embargo, todo aquello era, precisamente, una actuación, algo que, por más que pareciera, no era real, y en aquel momento, acurrucada en el regazo de Caroline Komorowski, la bruja se dio cuenta.
Dejó que sus penas se resbalaran junto con las lágrimas amargas que descendían desde sus ojos hasta la ropa de la pelirroja. Lloró por todos los años que había compartido en Hogwarts con sus slytherins favoritos, sollozó por cada beso que no le dio al dueño de su corazón,  se limpió las lágrimas por las veces que tuvo que secárselas a Aphrodite, mordió sus labios ante el recuerdo de las palabras dulces que utilizaba el heredero de los Rosier cada vez que la trataba. No podía creer que estuvieran lejos, que jamás volvería a mirar los ojos celestes de su padre, que los cabellos dorados de su madre nunca más acariciarían su rostro durante los abrazos, no quería aceptar su parte, sin embargo, sabía que no había nada que pudiera hacer para que el mundo se los devolviera.

No supo cuanto tiempo pasó  estrangulándose ante su propio dolor, pero, para cuando se calmó, alzó la húmeda vista y la conectó con los ojos de Caroline. Tonos azules y grisáceos luchaban entre ellos por aparcar la mayor cantidad de espacio dentro de aquel par de orbes cálidas, Alaska sonrió débil, estirando las mangas de su pijama, acomodando mechones castaños detrás de ambas orejas.
— Lo lamento...— un susurro fue lo que se escapó de sus labios, tan suave y cansado como el sonido de hojas secas acariciando el césped. Pestañeó varias veces, sin apartarse del calor corporal que le proporcionaba la menor — Sabes...sabes que puedes decirme lo que sea, ¿verdad? — sus ojos reflejaban inseguridad,miedo, Alaska temía que nadie la considerase útil, que de ahí en adelante, solo fuese la chica que Cassandra Wright despidió, la chica que brilla menos que la gamuza.
— Theodore Nott fue uno de los mortífagos más famosos antes de la guerra ¿sabías? Su juicio fue enorme, cientos de magos asistieron a ver como sería condenado. Inhumano, bestial, inmoral y rastrero, lo dio todo por la causa del Señor Oscuro — hizo una pausa, suspirando, conteniendo el repulse que le causaban aquellas ideas — Theo fue un excelente alumno. Tenía uno de los primeros lugares en la lista de calificaciones, no había profesor que se quejase de él, su familia siempre fue una de las más conocidas en el mundo mágico y el estaba a la altura. Cuando... cuando ibas a la enfermería, el era de los que se aparecía cada tarde para preguntar por tu estado, en realidad era bastante amable, aunque no todos lo notaran — su labio inferior tembló con ligereza —Por supuesto, nadie lo recuerda por ello...
La rusa se enderezó, y acaricia un mechón anaranjado de la cabellera ajena, para después plantar un suave beso en su frente.
— Pero en realidad eso no importa ¿ o si? Para mi solo es relevante como yo lo veía, lo que yo sabía de él, y porque lo amaba... lo que el Ministerio dijese, o las cosas por las que se le culpase, son irrelevantes ¿no crees?— una sonrisa lastimera se plantó en sus labios, era la primera vez que le confesaba a nadie lo que sentía por el prófugo,y, esperaba que Caroline comprendiese todo aquello — La opinión de aquellos que no conocen la verdad solo es relevante si tu le das relevancia, amor. No se las des.
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Re: There's no one elses eyes that could see into me .— C. K.

Mensaje por Caroline Komorowski el Miér Feb 08, 2017 1:56 am

Se mantuvo en completo silencio, consolando a su amiga con sutiles caricias y su abrazo, recorriendo con ternura sus extensos cabellos y su espalda mientras la estrechaba delicadamente contra su cuerpo, permitiéndole liberar todo el dolor que había acallado, sin juzgarla ni decirle que todo estaría bien, simplemente dejándola abandonar todo en aquellas lágrimas que eran las únicas pruebas junto a sus sollozos del dolor que había guardado. No podía comprender la magnitud de su dolor al haber perdido a tantas personas con la guerra, jamás podría sentir el peso que embargaba a su pecho ante su ausencia, ni la soledad en la que estaba sumida, pero si comprendía la dolorosa libertad que posiblemente se estaba asentando ahora en ella tras llorar, podía comprender el ceder ante la tentación del quiebre emocional porque, por mucho que se hubiera negado a creerlo por años, existía un límite del dolor y sufrimiento que alguien podía soportar, y ella misma lo había alcanzado un tiempo atrás.

Es por ello que calló, por eso simplemente se dedicó a escucharla, a sostenerla y contenerla mientras ella se liberaba de toda la amargura que tanta perdida había provocado, porque sabía que no había palabra que la ayudará, que cualquier mínimo vocablo sería interrumpirla, sería no permitirle dejar todas sus tristezas salir.

Parte de ella perdió la noción del tiempo, puesto en un momento pasó a dejarse llevar por la corriente de sus propios pensamientos, sumiéndose en recuerdos poco agradables de su pasado, deteniéndose específicamente en las vacaciones pasadas de navidad y todo lo que había sucedido, todo lo que se había roto en aquellas fechas y que aún no podía recomponer. Realmente dudaba poder alguna vez recuperar la fachada que llevaba por completo luego de aquello, cada día era más difícil fingir, y mentirles a aquellos que quería, estaba cansada y agotada de vivir así, pero la verdad, la cruda y maldita verdad, es que era la única forma en la que sabía seguir adelante, y por muy estúpido que pareciera, por mucho que necesitara ayuda, por mucho que requiriera hablar con la verdad, no podía permitírselo, no lo merecía, nunca lo merecería.

Su cuerpo se sobresaltó levemente al reconocer que Alaska finalizaba el abrazo, otorgándole el mar tormentoso de su mirada mientras se disculpaba, a lo que la pelirroja negó rápidamente mientras le sonreía con dulzura- No lo hagas. -Fue lo único que alcanzo a decir antes de que una de sus manos se posicionara sobre la mejilla de su amiga, limpiando con cuidad y cariño sus lágrimas, acariciándola con ternura. Y volvió a mentir, no con palabras, sino con un simple asentimiento de cabeza ante su afirmación, sabía que podía confiar en ella, y en muchos de sus amigos, y aun así las palabras no parecían salir de sus labios, no podía permitirse hablar, como si la verdad fuera veneno y no pudiera pronunciarla.

Escuchó sus palabras en silencio, sintiendo que su corazón se sobrecogía al reconocer la similitud con su situación con Lucius, todo era incierto incluso después del juicio, incluso con su libertad, sabía que jamás podría estar a su lado sin importar cuanto le amara. Ahogó un suspiro entrecortado al reconocer que silentes lagrimas se habían apropiado de sus ojos, rodando sin compasión por sus mejillas al momento en que la joven frente a ella terminaba sus vocablos. En cuanto denoto lo sucedido, desvió su mirada antes de limpiar la evidencia del repentino llanto que la había asolado, sonriendo con nerviosismo al tiempo que se mordía el labio- ¿Lo sabes? -Fue lo único que pregunto, volteándose a verla con ojos rojizos y brillantes en una súplica expresa de que no dijera más en voz alta, de que no mencionará nuevamente su nombre, de que no le preguntará más, porque simplemente no podía soportar hablar de él, porque no podía hablar de él y lo que tenían o habían tenido- Lo amo, Laska… -Fue lo único que dijo antes de cubrir su rostro, maldiciéndose por lo bajo ante su nueva debilidad, sin poder evitar sentir la pesadez en su pecho ante el intenso dolor que le provocaba su ausencia.
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Re: There's no one elses eyes that could see into me .— C. K.

Mensaje por Alaska D. Rizzo el Sáb Jul 29, 2017 12:50 am

A Laska se le encogió el corazón tan pronto vio los ojos rojizos de Caroline. No soportaba ver dolor, muchísimo menos en la gente que amaba; porque sí, ella amaba a la slytherin, la adoraba y la consideraba una hermana. Le dolía en el alma mostrarse indefensa ante ella, incapaz de protegerla y evitar el dolor que, estaba segurisima, le embargaba en aquellos y muchos otros momentos.
Sin duda, amar a alguien que el mundo veía como un villano, era duro, y Alaska lo sabía mejor que nadie, pero, a pesar de aquello, no sabía que decir para hacer a Caroline sentir mejor. Sabía, por experiencia, que lo que sea que pudiera decirle o hacer, no iba a ser suficiente, y le dolía, le dolía porque aquel dolor era constante y desdeñoso, era tan intenso, que ella misma aún no podía superarlo. No sabía que era lo que había pasado con Malfoy, ni la cantidad de cariño que él tuviera hacia la pelirroja, pero, si era como lo que Theo y ella solían – o no – tener, no podía concebir que la metamorfomaga pudiera cargar con aquello sola, manteniéndolo todo el secreto.

La rusa no pudo hacer más que acercar sus cuerpos y dedicarle un abrazo tan fuerte, tan cargado de sentimiento, tan íntimo, que para cualquiera que lo viera sería imposible no apartar la mirada. La acomodo en su pecho, acariciándo con protección su cabello y espalda, con la barbilla ligeramente apoyada en su cabeza.

— Lo sé, cielo, lo sé. Tranquila. Todo saldrá bien... — susurró temerosa, como si pudiera romper a Caroline si usara un tono muy tosco o muy alto — Lo que sea, estoy aquí siempre, ¿sí? No tienes que hablar, incluso si sólo quieres llorar o disfrutar del silencio. Estoy para ti, Carol.

La rusa mantuvo la cercanía, suspirando con pesadez, cerrando los ojos con fuerza ante el cosquilleo que las lágrimas le causaban en las mejillas. Caroline era de lo poco que le quedaba, y que más hubiera querido que poder arrancarle el dolor para sentirlo ella misma si era necesario. Alaska había sufrido ya tantas pérdidas, que no soportaría ver a un querido derrumbarse.

— Te quiero mucho, Caroline...
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Re: There's no one elses eyes that could see into me .— C. K.

Mensaje por Caroline Komorowski el Mar Ago 01, 2017 3:57 pm

Detestaba sentirse vulnerable, reconocer como sus emociones siempre suprimidas se veían descontroladas a tal punto de superar las barreras que había creado por tanto tiempo, barreras impenetrables que ahora se desplomaban estruendosamente con facilidad abrumante, cuan hojas mecidas a merced del viento violento. Todo lo que había formado por años, aquel control perfecto en sus sentimientos, manteniendo su fachada perfecta, aquella sonrisa que nunca se borraba ante las adversidades, aquel estado de humor divertido que siempre lograba disipar cualquier pregunta sobre su vida, porque ella siempre estaba bien, así se los hacia creer, pero ahora, todo se destrozaba a su alrededor ante el mero hecho de escuchar aquel nombre, de presenciar el intenso dolor que se hundía en su pecho al asemejar la realidad que la rodeaba, al serse sincera respecto a sus sentimientos, al amargamente comprobar que le amaba contra todo pronostica, a pesar de las advertencias que ella misma se había impuesto antes de iniciar aquel peligroso juego.

Los abrazos de Alaska y sus dulces palabras se clavaban en su orgullo como finas dagas que pretendían torturarla, y aun así sentía la necesidad de seguir reconociendo su calor cercano, anhelando que aquel tacto no acabará, porque a pesar de dañar su vanidad, significaba un bálsamo para la pesadez de su pecho. Cerró sus ojos presa de la vergüenza ante tal vulnerabilidad, ante la patética debilidad que se permitía sin poder contenerla, sin poder controlarla ni destruirla como siempre, sus manos buscaron temblorosas el cuerpo ajeno, aferrándose a su cintura mientras se permitía, quizás por primera vez verse liberada de las lágrimas calladas por años, no era solo Lucius, era toda su vida que venía aplastándola desde que tenía memoria la que le obligaba a colapsar y quebrarse de aquella manera. Sus lamentos se alzaron con fiereza, ahogándolos contra el pecho de Alaska, queriendo acallar su dolor, temblando bajo la dulzura de su tacto, deseando que pronto terminara todo, deseando simplemente dejar de sentir cualquier sensación, deseando llorar para liberarse hasta quedar vacía.

Entre estremecimientos cada vez menos constantes y fuertes, las lágrimas fueron consumiéndose junto a su voz temblorosa, se abrazó más contra su amiga, cerrando sus ojos con presión permitiéndose tomar bocanadas de aire cortadas por los suspiros que aun brotaban de sus labios. Asintió en silencio, sin querer abandonar el confort que significaba su proximidad en aquel instante, sin desear alzar su mirada ni tener que abrir sus ojos, solo necesitaba permanecer así unos segundos, puesto no sabía cómo reaccionar luego de algo así, jamás se había permitido llorar ante nadie, nunca se había dado la oportunidad de confesarle a alguien sus problemas, y aunque ahora no había pronunciado mayor palabra, sabía que de una forma u otra, había confesado a su amiga más de lo que quería, porque Alaska no necesitaba mayores palabras para comprender su situación- Lo sé… -Susurró finalmente cuando pudo permitir que su voz reapareciera, tragando con pesadez antes de agregar- Yo también te quiero, Laska, más de lo que puedes imaginarte…

Descendió su mirada, finalmente soltando el abrazo, llevando una de sus manos hacia sus propios ojos para eliminar el rastro molesto que las lágrimas habían dejado en su rostro, mientras con su brazo contrario seguía aferrándose contra el cuerpo de la joven- Creo que he arruinado tu ropa… -Esbozó una sonrisa triste que ni siquiera pudo pretender iluminar sus ojos ahora grisáceos, carentes de cualquier emoción más allá del dolor- Yo… lamento aquel… ahm, teatro… -Se aparto un poco, despeinando sus cabellos de manera tímida y apenada, antes de gesticular un “gracias” silencioso y recuperar la compostura anterior aun a pesar del brillo humedecido que seguía manteniendo sus ojos- ¿Tienes chocolate?
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