You don't always see them, but you know they're always there | Elizabeth H. Wellesley

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You don't always see them, but you know they're always there | Elizabeth H. Wellesley

Mensaje por Richard S. Delacour el Jue Ene 19, 2017 5:29 pm

Inicios de septiembre

Los ojos añiles del francés recorrieron el callejón que se mostraba ante él. Durante el verano había estado prácticamente con bastante asiduidad Quidditch por lo que acabó teniendo un pequeño percance con los bates dobles que tenía, los cales acabaron completamente destrozados y nivel de utilidad era nulo. Se destrozaron en un abrir y cerrar de ojos. Quizás la razón fuera que los había usado demasiado y eran los que disponía desde hacía ya varios años para sus entrenamientos en Francia. Hacía ya dos semanas de aquello pero no estaba interesado en dejar París antes de tiempo por el simple hecho de comprar unos bates nuevos, por lo que fue retrasando la compra hasta el momento en el que tuviera que regresar a Reino Unido. Los padres del francés le remitieron el descontento que tenían con respectos a las rupturas de las relaciones con el CIM, todo puras especulaciones hasta el momento; mas Richard no mostró mayor interés con respecto a aquel tema. Su materia no era la política ni la economía, ya no. No estaba preocupado, de momento, puesto que aquella ruptura y cierre de las comunicaciones podría cambiar radicalmente la vida el castaño en muchos sentidos.

Abotonó el último botón de su chaleco para juntar, después, las solapas de su chaqueta. Se veían ondear ligeramente las capas de los magos que merodeaban con sus hijos en busca del equipamiento educativo debido al nuevo curso que comenzaría en escasos días. El francés caminó con tranquilidad y con cuidado de no ser atropellado por alguno de los atareados transeúntes que caminaban por el concurrido Callejón Diagón sin prestar atención a los demás. Debía ir a la tienda de quidditch pero quizás acabara adquiriendo algunas cosas más ya que se encontraba en el lugar idóneo para realizar unas compras de utensilios útiles en la vida de todo mago. No haría estado mal haber avisado a la rubia de que estaría por la zona para reconfortarse con su compañía.

Tenía ganas de que comenzara la Liga de Quidditch, y así instalarse finalmente en su apartamento, pero cuando recordaba la cantidad de obligaciones que tendría como capitán se le olvidaba lo bueno de regresar a la liga. Sin contar con el hecho de que debía de equipar el apartamento y su gusto para hacer aquello era casi inexistente. Sus pasos eran tranquilos, como quien no tenía nada mejor que hacer aquel día y había decidido salir a pasear, aunque no era precisamente lo que había ido a hacer. Era cierto que el francés no tenía prisa alguna, pero tampoco le interesaban las concentraciones de personas. Sus pies se pararon frente a Ollivanders, observando el desgastado escaparate de la tienda y recordando que era una de las tiendas más importantes de venta de varitas por su aclamado propietario. Casi de forma automática metió la mano dentro de su chaqueta para observar su propia varita, la cual había sido adquirida en Corea del Sur cuando tuvo la edad suficiente.
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Re: You don't always see them, but you know they're always there | Elizabeth H. Wellesley

Mensaje por Elizabeth H. Wellesley el Mar Ene 31, 2017 5:13 pm

Cualquier persona en su sano juicio desearía que Septiembre nunca llegase, que las vacaciones fueran eternas e indefinidas para así evitar la rutina, el cansancio, los madrugones y  las horas de estudio. Sin embargo, Elizabeth no podía esperar un segundo más para conocer Mensekuhir, enfrentarse a cosas nuevas, experimentar y especializarse en lo que realmente le gustaba, adentrarse en sus queridos libros, vivir nuevas experiencias con James y Heimdall y, poco a poco, superarse cada día hasta llegar al resultado esperado.
Porque una de las palabras que describían la personalidad de Wellesley era insistente y perseverante, incapaz de rendirse o tirar la toalla sin antes luchar por su objetivo. Además, se había propuesto ser una de las primeras alumnas en sorprender a sus profesores y ganarse medallas para enorgullecer a sus padres y a Andrew, que la observaba desde allá arriba.

Su progenitor le había estado insistiendo durante las vacaciones de verano que lo tuviera todo preparado con antelación, pero Elizabeth prefería dejarlo todo para el último momento como cualquier estudiante. Y allí se encontraba, un par de día antes de que empezase el curso, en el callejón diagon, lugar donde todos los magos podían encontrar lo que deseaban, sea lo que sea que estuvieran buscando. Había objetos, materiales, libros y artilugios de todo tipo. Además de variedad de mascotas, escobas y varitas.

La morena sacó del bolsillo de su túnica un pequeño pergamino con los libros correspondientes a sus nuevas asignaturas. Recordó que debía adaptarse al cambio climático, al nuevo idioma, a las reglas del nuevo colegio, a la comida oriental y, sobre todo, a la distancia que le separaba de sus padres. Sin embargo, contar con la presencia de sus dos mejores amigos era algo que le servía de consuelo y animaba su estado de humor. Sabía con creces que Heimdall y James no la dejarían sola un solo minuto, que estarían pendientes a ella y harían lo posible porque su estancia allí fuese acogedora. Era por esas razones por las que Elizabeth les quería como si fuesen de su propia familia, como al hermano que había perdido hacía un par de años.

Tras observar el papel y después a los transeúntes de la zona, caminó esquivándolos y se dirigió hacia la librería más famosa del callejón. Pero sus orbes azules cristalinos dieron con una figura que podría reconocer aún vuelto de espalda. Sus pasos eran rectos y decididos, fijó como destino la tienda de Ollivanders y se detuvo hasta quedar a unos centímetros de Richard. Condujo ambas manos sobre sus ojos y apoyó la barbilla sobre su hombro con delicadeza. -Si adivinas quién soy...- apenas tuvo tiempo de terminar la frase cuando Delacour pronunció su nombre. Destapó sus ojos y guió, esta vez, las manos hacia sus caderas en forma de jarra. -¿Dónde te has metido todo esto tiempo? No he sabido nada de ti- regañó.
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Re: You don't always see them, but you know they're always there | Elizabeth H. Wellesley

Mensaje por Richard S. Delacour el Jue Feb 02, 2017 7:18 pm

Richard no era aficionado a las compras. Es más, aún tenía el apartamento de Whispering, que había adquirido semanas antes del inicio las vacaciones, sin mueble alguno que diera a entender que allí realmente vivía alguien. Apolline dijo que le acompañaría en aquellas compras pero la vida de los dos jugadores de quidditch los habían tenido tan atareados que el tiempo de disfrute juntos había sido realmente escaso durante aquel verano, y más teniendo en cuenta todo lo sucedido en agosto. El francés no se encontraba en el país cuando lo supo, hacía tan solo unos días que había cambiado de residencia, pasando a vivir en París en la mansión de sus padres para poder llevar a cabo las tareas sociales que tanto le gustaban a su madre organizar, cuando supo de lo sucedido. Aunque sabía de primera mano que la rubia no se encontraba en el lugar contactó con ella para asegurarse de que se encontraba bien.

Aun inmerso en sus pensamientos los caminares del francés eran seguros y gráciles. Sus reflejos innatos hacían que se moviera antes de que alguien, cargado con una ingente cantidad de libros y demás enseres, chocara contra él y todo acabara por los suelos. La diestra estaba metida en el bolsillo delante de sus pantalones mientras la otra la mantenía libre. Sus ojos añiles observaron alguna que otra tienda, pero su intención no era comprar pociones, ni libros, ni una nueva mascota que acabara peleándose con su pastora alemana, Lana. Sus pasos se dirigían hacia el lugar donde podría adquirir el bate golpeador de doble tiro; más bien hacia el único lugar del país donde se podían adquirir aquel tipo de materiales deportivos.

Pero de tal suerte que antes paró frente a Ollivanders, quedó absorto, incluso se evadió de que se encontraba en mitad de una concurrida calle en la fecha que se encontraba, cuando unas suaves y pequeñas manos se colaron sus sobre hombros hasta quedar apoyadas contra los ojos del francés. —Elizabeth— dijo automáticamente, sin dejar que terminara la advertencia que iba a ser pronunciada de labios de su amiga. Giró en cuanto lo liberó, observándola con cierta sorpresa. Desde el año anterior, en el que el Richard dejó Hogwarts y acabó siendo jugador profesional de Quidditch, no había visto prácticamente a Elizabeth, una de las primeras personas con las que estableció amistad cuando sus pies pisaron Hogwarts en primer año de intercambio.

Acto seguido atrajo a su amiga hasta él, colando el brazo en el hueco que quedaba debido a la postura en la que se encontraba, para darle un fuerte abrazo. —Me he convertido en un hombre ocupado, pequeña Lizy— bromeó segundos antes de separarse de ella y permitirse observarla. Seguía igual que siempre, no había cambiado especialmente en el año que habían pasado separado, o no al menos del todo físicamente. —Podría reclamarte lo mismo, ni una triste lechuza entre clase y clase, me has herido— agregó abriéndose ligeramente la chaqueta para poder tener una mejor movilidad. En lo cierto el francés no tuvo demasiado tiempo libre en su primer año de graduado, no podía dormirse si quería ser titular así que dejó de lado la mayor parte de cosas, incluidas las amistades, para centrarse en el Quidditch. Aunque no llegó a ser del todo así al final.
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Re: You don't always see them, but you know they're always there | Elizabeth H. Wellesley

Mensaje por Elizabeth H. Wellesley el Jue Feb 16, 2017 8:53 am

Sin ningún pudor contempló de arriba abajo a Richard, lo analizó con gran descaro y, finalmente, lo abrazó con fuerza, expresando a través de sus brazos cuánto le había extrañado.
Richard había sido una de las primeras personas que había encajado a la perfección con Wellesley, se habían entendido con facilidad, habían conseguido hacerse buenos amigos en simples semanas e incluso había sido partícipe de cada entrenamiento de Quidditch en el que apoyaba que era realmente bueno.

Tras separarse de su cuerpo, esbozó una natural sonrisa mientras apoyaba todo el peso en una sola pierna. -¿Hombre ocupado? ¿Estás enamorado, Rich?- bromeó empleando un tono interesante a la vez de asombro. Sabía que Delacour siempre había estado colgado por Apolline, una preciosa chica que también le interesaba el Quidditch, pero que nunca había llegado a ocurrir nada más que unas simples miradas y algún leve coqueteo.
Tras la sonrisa tonta de su amigo y el rubor de sus mejillas, Elizabeth entendió todo al momento. -No me digas que.. ¡¿En serio?!- gritó casi tan emocionada que el mismo Richard. Él se lo merecía. Sin embargo, no supo la razón de por qué Heimdall acudió a su cabeza cuando mencionó aquel término. Ella jamás había estado enamorada de nadie, ni siquiera se había interesado por los chicos como lo hacían sus demás compañeras. Pero no podía evitar recordar aquel maldito beso, no podía dejar de  soñar con él, de confundir sus sentimientos, de odiarle y quererle a la vez. Un cúmulo de sentimientos agradables y sensaciones incómodas recorrían su cuerpo cuando cerraba los ojos y casi podía sentir, por segunda vez, la respiración del ojiazul en su rostro, aquel olor a Whisky y el sabor de sus labios.

Una vez hubo desaparecido el escalofrío que viajó por su espina dorsal, cambió el peso a la pierna contraria y cruzó los brazos. -Lo siento. Todo se ha complicado un poco estos últimos meses- confesó  alzando los hombros con desgana. -Demasiadas cosas que contarte- añadió apartándose un pequeño mechón que el viento había introducido en sus ojos. Miró el escaparate de la tienda que tenía ante ellos y la señaló con preocupación. -¿Le ha pasado algo a tu varita?- preguntó observando tras el cristal al hombre mayor que trabajaba en ella y que parecía estar bastante atareado.  
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Re: You don't always see them, but you know they're always there | Elizabeth H. Wellesley

Mensaje por Richard S. Delacour el Vie Mar 03, 2017 11:50 am

El francés había sido cordial y amigable con cada persona que habló en el castillo pero, como todos, tuvo ciertas preferencias en los que a amistades se refería. Y la alegre Elizabeth se llevaba todos los galones existentes en relación con aquella vitalidad y alegría que siempre rebosaba cuando estaba cerca, y que esperaba que nunca nadie fuera capaz de retirar aquella sonrisa del rostro angelical de su amiga. La observó con detenimiento. Hacía demasiados meses que no sabían nada el uno del otro y estaba casi seguro de que ella habría acabado su estancia en Hogwarts aquel mismo año, por lo que entraría a la universidad en los días siguientes. Antes de poder preguntar sobre ello fue sorprendido por unas suposiciones que, aunque no eran erróneas, no sabía exactamente como las había sacado del simple comentario de que estaba muy ocupado. Que le hubiera preguntado si se trataba de, otra vez, su madre interponiéndose en cada uno de sus pasos no habría sido algo extraño, pero si lo preguntado.

Quizás con otras mujeres, simplemente, hubiera reído negando que fuera así y le hubiera comentado que estaba con alguien, pero no podía hacer aquello cuando se trataba de Apolline y Elizabeth era una de las personas que lo supo desde el inicio, incluso haciendo comentarios cuando la invitaba a ver un entrenamiento y se quedaban para presenciar los de los demás equipos. —No habrás desarrollado el don de la legeremancia, ¿verdad?— preguntó riéndo con la emoción de su amiga llamando la atención de algunos de los viandantes que los observaban como si no tuvieran nada mejor que hacer. —Solo llevamos juntos un par de meses pero… bueno, es Apolline— aclaró con las dudas de que su amiga pensara que estaba con alguien sin más pero sin tener claro que era la rubia la que ocupaba ahora una parte importante de su vida. Esbozó una media sonrisa en sus labios, asintiendo con gesto conciliador. Ambos había estado demasiado ocupados por lo que no podía recriminarle nada a la ojiazul.

—No, no, está perfectamente, solo paré de camino hacia la tienda de quidditch— dijo negando con la cabeza a la par que hacía un gesto hacia el final de la calle donde se veía un gran cartel con dos escobas cruzadas. —¿Tienes algo que hacer? Podemos ir juntos y así me cuentas que ha pasado en todo este tiempo— comentó pasando el brazo por encima de los hombros de ella y acercándola hasta él para volver a abrazarla. Aunque no fuera mucho mayor que ella siempre había tenido aquel ademán sobreprotector con Elizabeth,  y aún más teniendo en cuanta los acontecimientos que habían acaecido en su vida y de los que el francés tuvo conocimiento de primera mano ofreciéndole su compañía y ayuda en todo cuanto fuera necesario. —Seguro que en mi año de ausencia ha llegado alguien nuevo  a tu vida— insinuó de igual modo cuando se hubo separado de ella. No le extrañaría si así hubiera sido.
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Re: You don't always see them, but you know they're always there | Elizabeth H. Wellesley

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