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These are things she never told you || Ciarán Byrne

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These are things she never told you || Ciarán Byrne

Mensaje por Catrina S. Creagh el Miér Ene 18, 2017 5:17 pm

A ojos de Catrina, siempre había algo suave y agradable en los primeros días del año. Una inocencia llena de esperanza, algo puro, algo nuevo. Desde siempre, el año nuevo había hecho que su familia entrara en un calor agradable, en un ambiente de optimismo invencible. El no saber cómo se desarrollaría el año siempre había hecho que Catrina lo esperara con la mente abierta y la sonrisa ancha, sabiendo que sería una época de cambio, que sería un año en el que se caería y levantaría muchas veces. Pero ese año no había sido así. Tras empezar el año, un sabor amargo seguía ocupando los sentidos de la rubia. Las velas tintineantes, el chocolate caliente, las galletas recién hechas, nada podía apartar de su cabeza las palabras hirientes que su hermana le había dirigido, ni las que ella le había casi chillado a Míra. Y empezar el año con ese sabor amargo no le estaba haciendo ningún bien.

Hacía mucho que Catrina no sentía un cansancio de ese calibre en su cuerpo. Las extremidades le pesaban como nunca, arrastraba los pies mientras abandonaba la cafetería de la academia con un vaso de plástico lleno de té caliente que hacía que sus dedos no sufrieran riesgo de congelación por las temperaturas bajas del lugar. La nieve había cubierto el lugar durante los días anteriores y todos los espacios exteriores de la Academia estaban teñidos de blanco. Y eso era algo que, normalmente, habría sumido a Catrina en un estado de felicidad extremo. Pero le costaba encontrar ese punto desde la discusión que había tenido con su hermana, le costaba demasiado olvidarse de todo lo que la preocupaba y abandonarse a las sensaciones agradables que le permitían estar contenta. Y esos cinco grados bajo cero no la ayudaban.

Mientras andaba con pesadez en dirección a su cuarto, la rubia recordaba esa conversación con Ricky en la que el francés le decía que se sentía perdido y desorientado, como si siempre hubiera tenido muy claro lo que quería hacer y, de repente, ya no. Se sentía así, ella, en esos momentos. Algo se había roto en Catrina durante esa conversación. Como si hubieran abierto su corazón por la mitad y solamente pudiera reconstruirlo con la ayuda de Míra. Una ayuda que no esperaba encontrar pronto.

Catrina había llegado a pensar que los entrenamientos de la Academia podrían ayudarla a dejar de pensar en todo lo referente a su hermana, pero más equivocada no podía estar. La alta exigencia a nivel físico repercutía en su cansancio mental, dejando a la muchacha por los suelos y sin ganas de hacer nada. Pocas cosas la animaban ya, realmente, fuera de la compañía de sus amigos más cercanos o el sabor de las galletas recién hechas de las que solía poder disfrutar cada vez que las hacía. Aunque eso ya no era tan a menudo como le gustaría, por culpa del agotamiento general que le dificultaba el proceso. Su actividad favorita, probablemente, era descansar o dormir junto a Ricky. Con él se sentía bien. Porque la amistad del francés era el tesoro más preciado que había encontrado en Bulgaria y saber que, por lo menos, no había perdido eso la reconfortaba en gran medida.
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Re: These are things she never told you || Ciarán Byrne

Mensaje por Ciarán E. Byrne el Dom Ene 22, 2017 10:54 pm

Así se siente ser Ciarán Byrne en Azkaban:
Recibiste la tarea de infiltrarte entre los Mortífagos; no con miedo si no con pacífica aceptación. Harás lo que sea por sostener al gobierno que juraste defender. Si has de morir en la tarea... Es una posibilidad que admitiste hace años, cuando tomaste por primera vez una vida humana en una de tus primeras misiones en solitario. Lo aceptas en paz porque la vida que tienes no es más que un regalo de la magia; la disfrutas mientras la tienes pero el apego por ella es algo que resignaste al terminar tu entrenamiento básico y comprender esta verdad. Te infiltras entre los Mortífagos acercándote a una becaria y ofreciéndole la oportunidad perfecta para disparar su carrera. Le ofreces la posibilidad de entregarle a su Señor dos basiliscos. Lo haces así porque conoces la naturaleza humana y sabes que su codicia sacará lo mejor de la bruja y te dará su confianza. Tu actuación es convincente, no consigues dos basiliscos porque el Ministerio no lo toleraría pero te las ingenias para atrapar a uno.
Entras al círculo de los Mortífagos. Comienzas a espiar. Te sientas a la mesa con Lord Voldemort en una mansión repleta de Mortífagos. Le mientes a la cara, con habilidad natural, mirándolo a los ojos. Pero en ningún momento te tiembla el pulso, ni la determinación. Porque eres el Sabueso y ése es tu trabajo. Tu vida no es tuya sino de la magia. Y obedeces las órdenes de quienes ayudan a que exista la magia. Ésa es tu verdad, la única que te importa. Y el éxito acompaña cada una de tus misiones; y haces tan bien tu trabajo que los Mortífagos te cuentan entre sus aliados más poderosos. Y es soberbia tu actuación a punto tal que una vez que muere el enemigo al que te ordenaron engañar, has engañado también al propio Ministerio.
Y te persiguen. Te entregas porque no tienes nada que ocultar al gobierno al que has servido con lealtad. Vas a prisión en un juicio tan arreglado como la final de la Copa de Quidditch de 1968. Y en prisión... enfrentas a los fantasmas del pasado. Dos personas a las que amaste y heriste más profundamente que nadie. Cierras la mente porque no vas a permitir que Azkaban te gane la batalla. Resistes. Una semana. Dos. Tres. Peleas con elegancia y habilidad. Sin embargo, al final, pierdes la noción del tiempo y, con una sonrisa, también la partida. Aceptas esta realidad. William. Míra. Los ves todos los días, a toda hora. Te acompañan en el sueño y en la vigilia. Los dos grandes dolores de tu vida; aquéllos que te convirtieron en el hombre que eres. Tras tantos años controlando los recuerdos, en el fondo, verlos es un dolor placentero y feliz al que te entregas con una facilidad completa. Ya no sabes hace cuánto que la prisión es tu hogar. No sabes cuánto tiempo pasas con ellos a tu lado, pero llegas a una conclusión ineludible: los dos fantasmas son parte de ti. De nada vale reprimirlos porque el dolor que sientes te da vida. Comprendes eso. Lo aceptas. Y, de repente, Azkaban ya no tiene poder sobre ti.
Tus fantasmas se vuelven tus aliados; nunca fueron tus enemigos. Sólo lo parecían porque sentías desde el apego; usas la única solución que conoces para el apego: te sueltas. Lo dejas ir. Y tus aliados recién hallados te protegen de los Dementores. Eres, una vez más, Ciarán Byrne, y Azkaban no puede contigo. Haces la paz con tu pasado y tus decisiones. Te limitas, simplemente, a esperar el juicio que sabes que llegará. Y la libertad que con él vendrá.


La luz del Sol acarició las facciones viriles del Sabueso mientras caminaba por el campus de la Academia. Jamás había regresado desde que se egresara; ese día, una década más tarde, volvía allí para recuperar su habilitación como Auror tras haber ganado su libertad. Parecía que nada había cambiado en Bulgaria; todo estaba como lo recordaba. Aunque él no era el mismo. Los recuerdos emergieron en su mente, y cuando antes habría reprimido el instinto sin miramientos, ese día los abrazó como a un viejo amigo. La caricia era débil, como siempre lo había sido en el invierno europeo.

Se acomodó la capucha de la túnica parda y atravesó sin prisas los jardines en dirección a los dormitorios. Ya puesto a regresar por el camino de la memoria, bien podía visitar sus viejas habitaciones, aquéllas que había compartido con Will. Con una sonrisa en los labios, y el pasado en los ojos, emprendió el recorrido que siempre hacía al terminar las jornadas.
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Re: These are things she never told you || Ciarán Byrne

Mensaje por Catrina S. Creagh el Vie Feb 03, 2017 3:11 pm

Catrina echó una ojeada al reloj que llevaba en su muñeca. Apretó los labios y trató, pese al dolor que le recorría el cuerpo entero, de andar más rápido hacia su destino. Necesitaba aislarse, no pensar. Necesitaba darse una ducha, comer algo, tal vez beber zumo de calabaza con Ricky, tal vez ponerse a estudiar la poca teoría que cursaban en la Academia. Lo que fuera. Distraer la mente, lo que fuera. Algo que le permitiera relajarse lo suficiente como para no sentir nada. Ni físicamente ni mentalmente, absolutamente nada. Tal vez un baño y un buen libro, o una taza de te delante de la chimenea. Realmente, Catrina jamás había tenido gran dificultad para hacer eso. Si bien era movida de nacimiento, incapaz de parar quieta durante cinco segundos seguidos, también era verdad que ante el cansancio era una víctima fácil. No le gustaba pensar que se rendía al verse vencida por el agotamiento, simplemente quería creer que lo mejor era tratar de olvidarlo todo y descansar, de reponer fuerzas. Intentar que la voz de Míra desapareciera de su cabeza y centrarse solamente en su vida. Egoísta, tal vez, pero más necesario que nunca.

El cansancio llevó a Catrina a tropezar, un gesto torpe al que no estaba acostumbrada. Sus rodillas impactaron contra el suelo y un par de libros cayeron de sus ocupadas manos e impactaron contra el suelo causando un estruendo. O por lo menos en sus oídos sonó así Do prdele! se quejó, maldiciendo en voz baja en su segundo idioma materno. Arrugó la nariz con una mueca de desagrado y miró a su alrededor, las mejillas enrojecidas por la vergüenza que le dio en ese momento lo que le acababa de pasar. Últimamente su cuerpo no respondía a sus órdenes. Las acciones de la rubia se veían entorpecidas y mancilladas por una mente distraída y, muchas veces, ausente, que se negaba a responder como era debido a las necesidades de su propietaria. Catrina echó un vistazo a sus libros mientras se levantaba, las rodillas ardiendo por el golpe. Se pasó las manos por las piernas, queriendo apartar cualquier resto de suciedad del suelo que hubiera quedado ahí, para luego agacharse al lado de uno de los libros que se le había caído.

El segundo libro que se había escapado de los brazos de Catrina con la caída se encontraba a unos cuantos metros de ella. A los pies de un hombre alto vestido con una túnica y con la capucha puesta. Una capucha que no logró ocultar su rostro de la rubia. Solo con el atisbo de las facciones marcadas de aquel individuo, Catrina sintió como el mundo entero a su alrededor daba una sacudida irremediable, cómo se desmoronaba lentamente ante la presencia del que, en la tierna infancia de la rubia, había sido el representante de todo lo horrible existente en el universo. Páginas y páginas de sus viejos diarios habían ido enfocados a aquel hombre de pelo oscuro y facciones duras que había dejado a su hermana en estado, habían sido testimonios de cuán horrible era a ojos de la pequeña Creagh. Y, sintiéndose completamente incapaz de moverse, se quedó ahí. Quieta, sin mover un músculo, sin reaccionar. Las palabras de Míra resonaron en su cabeza con más fuerza que nunca y apretó la mandíbula, abrazando el libro que ya había recuperado contra su pecho.
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Re: These are things she never told you || Ciarán Byrne

Mensaje por Ciarán E. Byrne el Mar Feb 28, 2017 1:58 pm

«La magia es una maravilla infinita». Se detuvo en seco, pasmado. La naturaleza del Sabueso era tal que aquellos arrebatos de cruda fascinación le tomaban sin aviso pero sin resistencia. Sintió la vida a su alrededor, imbuida de la energía de la magia que la sostenía y hacía posible. La propia presencia del varón era, en sí misma, un espectáculo para cualquier criatura capaz de ver más allá de la materia. En la magia, era una figura hecha exclusivamente de luz; como el Sol que asoma tras la tormenta, el Auror emitía destellos cegadores e impolutos, níveos y sin una sola mota de oscuridad. No necesitaba buscar a la magia porque hacía años que había permitido a la magia buscarle a él. Fluía sobre él y a su alrededor, como si se hubiera sumergido en una catarata límpida, perdida en las espirales verdes de algún bosque lluvioso y olvidado. Y cuando se abría al arroyo centelleante, su flujo entraba en él, a través de él y salía, sin que hubiera en el recorrido la menor interferencia de su conciencia. La diminuta parte de él que era Ciarán Byrne, su ser volitivo y sensitivo, no era otra cosa que una pequeña ola en el pozo en el que constantemente fluía, infinito. Mas había otras partes de él. Otras que sentía con la misma intimidad que su propio cuerpo, porque no había nada que no fuera parte de él.

Era los adoquines que trazaban ingeniosos patrones en el suelo, era los ladrillos que formaban el esqueleto de la esbelta construcción, era la brizna de hierba que se cimbreaba ante la caricia del viento, era la ropa que envolvía su cuerpo. Era cada uno de los átomos que componían las moléculas del entorno. Era, en la cercanía, una presencia que avanzaba hacia él, conocida y extraña a la vez. Ladeó el rostro, sin nerviosismo, simplemente esperando a que llegara. Y lo hizo. Tropezó y cayó de bruces, soltando en el proceso una pila de libros, uno de ellos terminó a sus pies. Restó, inmóvil, como sólo alguien con años de disciplina física podía permanecer. La bruja rubia alzó hacia él unos ojos azules de mirada transparente. Percibió el reconocimiento en ella y también una profunda estupefacción. Con la gracia de un predador, el Sabueso cogió el libro del suelo y se lo acercó a la joven estudiante.

—Aquí tienes—. La voz grave sonó gentil y suave. Si había curiosidad en él, no se notó. —¿Te has hecho daño?— inquirió tendiéndole la mano libre para ayudarle a ponerse de pie.
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Re: These are things she never told you || Ciarán Byrne

Mensaje por Catrina S. Creagh el Vie Mar 31, 2017 8:21 am

La mano que se extendía hacia ella le pareció sospechosa. Supo que era un sentimiento irracional pues, al fin y al cabo, tal vez eran solo imaginaciones de la rubia. Aunque algo en su fuero interno le decía que no lo eran: que realmente la figura alzándose ante ella era ese hombre. No, ni engañándose a ella misma podría llegar a confundir a nadie con el hombre que estuvo con su hermana. Haciendo gala de la desconfianza que recorría todo su ser, Catrina dudó unos instantes hasta que finalmente tomó la mano del hombre y, con algo de impulso, logró levantarse. Se agachó un poco para frotarse las rodillas adoloridas y terminó incorporándose de nuevo. Recuperó su libro de las manos del hombre, que lo había recogido del suelo, pareció que masticara su respuesta antes de dejarla ir, como si le doliera —Gracias— masculló. Catrina echó un vistazo a su alrededor con las mejillas encendidas, algo avergonzada por la torpeza de su caída, y apretó los libros contra su pecho antes de volver su distraído mirar hacia el moreno —No, no, no me he hecho daño— respondió, percatándose de que por unos segundos había ignorado la pregunta —. Estoy bien— se reafirmó.

Pero, ¿lo estaba? No lo sabría decir. Dejando de lado los moratones que de seguro le saldrían en las rodillas -aunque con los entrenamientos lo raro era que no hubiera moratones en alguna parte de su cuerpo-, Catrina sentía su ya de por sí escasa paz interior sacudida con fuerza. Apretó los labios y respiró hondo por la nariz. Podía irse. Podía largarse, dejar ese encuentro en un simple accidente en los pasillos y en la ayuda desinteresada de alguien que en su tiempo no fue un total desconocido. Pero había algo en Catrina que lo impidió. Tal vez su curiosidad nata, tal vez la sensación de que ese encuentro era algo único. Tal vez todas las palabras de odio que no habían llegado a salir de un cuaderno que servía como diario personal a una niña con el corazón roto. Lo más probable es que fuera eso último, ese rencor que con los años se había tornado sutil y se había escondido en los recovecos más hondos de la mente de la checa. Levantó de nuevo su mirada hacia él y, con una expresión que oscilaba entre la duda y la curiosidad, musitó su nombre —Byrne, ¿verdad?— y pronunciarlo reafirmó que era él. Al fin y al cabo, tampoco había cambiado tanto.
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Re: These are things she never told you || Ciarán Byrne

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