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[Flashback]Navidad en San Mungo

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[Flashback]Navidad en San Mungo

Mensaje por Invitado el Dom Ene 15, 2017 4:55 pm

Tocaba ir a San Mungo para un chequeo inútil mas; o al menos eso era lo que me estaba pareciendo más a cada vez que iba. Posiblemente iba a notificarme pronto que me cambiaría a otro medimago, pero eso ya estaba mas que habituado, por lo que esperaba que al número veinte ya tuviera suerte. Pero cuando entré en San Mungo, el ruido habitual que esperaba no estaba. Lo que estaba era una especie de ruido mas festivo, como si de una fiesta estuviera presente ahora mismo... Los niños riendo, contándose los posibles regalos que habían recibido o algo así. Suspiré, dado que yo había tenido esa misma mañana en el orfanato, pero en mi caso era simplemente unos dulces que sencillamente desaparecían o no llegaban a mi. Nada del otro mundo, estaba acostumbrado ya.

Me dijeron en recepción que tenía que esperar allí, así que pasé a sentarme en una de las sillas libres que había en recepción. Me habían dicho que esperara a que llegara alguien a recogerme para llevarme a la oficina del medimago en vez de tener que ir yo solo como hacía siempre, algo de voluntarios navideños o algo asi. No es que me importase, eso solo significaba ayuda sin tener que pedirla, así que sencillamente estuve sentado con mi bastón en mano, y simplemente escuchando las voces de mi alrededor. Todo era tan festivo, y yo la verdad es que las navidades y demás no es que fuera una fecha que me gustara celebrar. Aunque muchos intentaban que fuera amena, no es que disfrutara demasiado de estas fechas, por motivos evidentes.

Decorar el árbol... No puedo verlo así que resulta algo tonto. Decorar todo el orfanato; mismo motivo que antes. Ver películas navideñas, tres cuartos de lo mismo solo que escucho las voces y musicas, pero me perdía trozos y acababa desconectando de la película para hacer otra cosa. Lo único que quizás me daba el sentido navideño eran los villancicos; que acababa odiando al décimo villancico seguido, y los dulces navideños. Eso último SÍ que no me molestaba nada de la navidad, la posibilidad de ponerme morado de dulces navideños de todo tipo. Pero esos dulces todavía eran escasos para mi... quizás un viaje a Hogsmeade estaba en orden cuando volviera a Hogwarts para darme ese atracón de dulces.
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Re: [Flashback]Navidad en San Mungo

Mensaje por Aneeta Ravenscroft el Dom Ene 15, 2017 8:31 pm

Ya no recordaba la última vez que había hecho algo como eso, sólo que era una niña y su madre seguía viva. Disfrutaba mucho hacer ese tipo de cosa, ayudar en un día que todos necesitaban un poco de felicidad; Aneeta adoraba la navidad por razones distintas a las de la gente común, la veía muy diferente. Como un día para reunir a toda la familia, estar juntos, dar obsequios del corazón y hacer algo bueno que en otro día común no te atreverías, y si bien era algo que podías hacer todo el año, ése era el día especial para celebrarlo.
Y si, muchas cosas habían cambiado con el tiempo, la familia se iba reduciendo, distanciando y renovando, ahora parecería no haber esperanzas y sólo tiempo para llorar a los que se fueron; no iba a decirlo, pero le dolía horrores pensar en cómo era todo tan distinto, a su padre no le dirigía la palabra, él parecía más atento a las nuevas mujeres de su vida, DeéDeé su querida hermana parecía irse más y más ensoñada con sus amigos, no la culpaba pues a esa edad son la prioridad para uno... Einar... estaba con mamá, le gustaba pensar.
Piccolo Eden, el apartamento de Remus y Aneeta, estaba adornado con todo el espíritu navideño, y había una mesita junto a uno de los ventanales, con las fotografías de Einar y Evelyn, el hermano y la madre de Aneeta, con pequeños inciensos que Aneeta encendió antes de que se fueran hacia San Mungo. Su madre era budista, y si bien no sabía muy bien cómo darle el altar apropiado, dejó un dibujo del signo om con el mantra Om mani padme hum, el de la compasión y más famoso, además que el favorito de ella.
Ahora estaban con los niños del hospital mágico, auydándolos a abrir sus regalos en la mañana de Navidad; ya habían estado el día anterior ayudando a traerlos de las donaciones de la gente, acomodarlos bajo el enorme árbol en la zona de los niños y terminar con los adornos del hospital. Abrazó a Remus por la cintura, apoyando su cabeza sobre su hombro mientras observaba a los niños con claro entusiasmo; nunca había estado en una navidad tan... mágica, literalmente. Las suyas siempre tuvieron un toque muggle, no recordaba juguetes tan increíbles con dragones miniatura que escupían confeti, hipogrifos de peluche que volaban, sus favoritas eran las escobas mágicas para niños.
-A Einar le regalaron una de esas una vez-recordó señalando la escoba que uno de los pequeños montaba con la ayuda de una enfermera-, estaba hecho loco y nos persguía a DeéDeé y a mí por toda la casa-Aneeta soltó una carcajada recordando-; ella apenas había aprendido caminar, así que se tropezaba continuamente y mamá lo regañaba por alborotarla.
Suspiró con un dejo de nostalgia, abrazándose a Remus de lado.
-Lo extraño mucho-confesó tratando de no ponerse demasiado triste por eso. Quería recordar las cosas buenas, no que ya no estuviera. Recordarlo como un vivo, como fue entonces-. ¿Iremos con tus padres después? Recuerdo que nos invitaron, podríamos...-dejó la frase en el aire, esperando su respuesta.
Entonces llegó con ellos uno de los voluntarios, diciendo que habían dejado un par de regalos que llegaron hacía unas horas en el árbol de recepción, y Aneeta no dudó en ofrecerse.
-Podemos ir ambos, no han de ser demasiados-e incluso si eran más de los que podían cargar, siempre tenían la varita como ayudante. Buscó la aprobación de Remus con una sonrisa esperanzada y lo llevó con ella tomados de la mano, como dos adolescentes enamorados; la mitad era cierto, claro.
Llegaron al lugar indicado, no demasiado lejos y Aneeta fue directo al árbol, aunque se percató del niño sentado en una de las sillas esperando... algo. Lo observó mientras recogía los regalos que podía con las manos, al bastón que sostenía y aquellos ojos que no parecían observar nada en particular. En su cabeza se preguntó, ¿sería...?
Se volvió con Remus, dedicándole una mirada significativa como si le preguntara si se había dado cuenta del niño, se enderezó con los regalos que pudo, agitó la varita y volaron los demás tras ella, con la única misión de seguirla.
Siguió mirando a Remus, ¿qué hacer?, era un niño, estaba solo... ese día nadie debía estar solo.
-Tal vez espera a sus padres-sugirió en un murmullo, meditando el irse y dejarlo... aunque no estaba segura.
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Re: [Flashback]Navidad en San Mungo

Mensaje por Remus J. Lupin el Lun Ene 16, 2017 10:01 am

La familia Lupin no era muy numerosa, por lo cual normalmente las Navidades de cada año, sólo consistían de tres personas: Hope, Lyall, y él. La familia Lupin entera. No era una gran celebración, teniendo en cuenta los pocos participantes, pero aún así eran gratos momentos, merecedores de ser recordados. De esos momentos felices y cálidos, que hacen sonreír a uno con la mera mención. Era una excusa para estar junto a los seres amados, y, en el caso de alguna pequeña disputa, dejarla de lado y hacer las paces. Una simple excusa para estar y hacer bien.
Irónicamente, en lugar de crecer en número, la Navidad actual hubiese tenido aún menos participantes de llevarse a cabo en Pïccolo Eden. Hubiese sido mucho más íntima, consistiendo sólo de Aneeta y él. Pero desde luego, y como siempre, su novia estaba llena de sorpresas. Debía ser sincero, si bien la idea le había parecido maravillosa apenas Aneeta la mencionó, a él nunca se le hubiese ocurrido por su cuenta. Llevar regalos a San Mungo, para los niños que se encontraban ahí, era la representación perfecta de lo que significaba la Navidad.
Los últimos meses habían sido difíciles para Aneeta. Había perdido un nuevo ser querido, la vida no le daba respiros. Y si bien Remus hacía todo lo posible por animarla o hacerla sonreír, sabía que a veces esa sonrisa sólo se mostraba para que él no se preocupara. Aneeta era así, la conocía. Pero la idea de la Navidad en San Mungo, era una oportunidad para verla sonreír de verdad. Era una situación donde no sólo podían ayudar a los demás, lo cual era ya una recompensa en sí misma, sino que además se ayudarían a sí mismos. Les haría bien.
Remus nunca había estado en el hospital mágico para esas fechas, era algo digno de presenciar. Los niños jugaban, y abrían sus regalos con emoción, siempre con una sonrisa en el rostro, sin importa qué fuera lo que se encontraba dentro del envoltorio. Debía admitir que no estaba acostumbrado a esos regalos mágicos. En la casa de los Lupin, las Navidades consistían normalmente de regalos muggles, y dentro de la categoría muggles, libros. Esos hipogrifos de peluche eran tiernos y asombrosamente geniales al mismo tiempo, casi lo convertían nuevamente en un niño de once años. Sonrió al igual que los niños a su alrededor cuando sintió el calor de Aneeta junto a él. Era un día maravilloso.
— Cielos, yo traje más que nada libros, pero se quedan atrás de esos regalos mágicos... — Estaba asombrado con la imaginación de los creadores de juguetes mágicos. — Creo recordarlo, ahora que lo mencionas. En una de esas visitas a la casa Ravenscroft. — Mencionó al ver la escoba que su novia señalaba. Sí, estaba casi seguro que era muy similar a esas — Son bonitos recuerdos. Y está bien que lo extrañes. Einar era una gran persona. — Remus lamentaba mucho que el mayor de los hermanos Ravenscroft no haya podido ser más testigo de su relación con Aneeta.
Asintió con la cabeza en respuesta a la pregunta. Le gustaba la idea de visitar a sus padres. Sería la primera vez que lo harían como pareja, no sólo amigos. Un mago adulto se acercó, informando acerca de unos nuevos regalos, y antes de siquiera poder responder, Aneeta ya se había adelantado. Le gustaba eso. Tan dispuesta, tan ella. Era una buena señal.
Emprendió camino detrás de la chica rubia, y se detuvo junto a ella frente al gran árbol mágico. Sabía que debía ayudar con los regalos, pero un pequeño solitario llamó su atención. Estaba sentado allí, solo, como Remus lo había estado tantas veces. Era grosero quedarse observando, pero nadie debía estar solo en Navidad. Debía haber una razón por la cual no estaba junto a los otros niños, abriendo regalos y sonriendo.
Apartó su vista por un momento, y ayudó a Aneeta a recoger los regalos restantes. Sonrió ligeramente al ver como Aneeta se había percatado de lo mismo.
— ¿Te molestaría llevar los regalos tú sola, amor? — Preguntó sin dudarlo, y mientras esperaba una respuesta que ya sabía cuál sería, encantó los regalos que le correspondían llevar a él para que la siguieran — Estaré aquí. — Con un ligero movimiento de cabeza, señaló al pequeño que estaba solo, y se dirigió hacia él.
Se sentó junto a él, no sin antes notar el bastón que sostenía con sus manos. Eso explica porqué no está con los otros niños pensó. Era diferente. Y los niños en su inocencia, a veces pueden ser crueles, y rechazar lo diferente. O quizás simplemente prefería estar solo, también era una opción. Pero es Navidad.
— Hola, ¿Estás esperando a alguien? — Preguntó con su tono más amigable y voz calma, puesto que no quería asustarlo en caso de que no lo hubiera oído sentarse, aunque lo dudaba — Lo siento, pero es que ya llevas un rato, ¿Verdad? — No quería entrometerse demasiado, pero una parte suya no podía evitarlo — Soy Remus, estoy como voluntario con mi novia, ¿Aún no tienes regalo? Podría ir a buscarte uno, he traído unos libr... — Se quedó callado, puesto que de cerca, era obvio que el niño no podría leer los libros que él había traído — Bueno, hay muchos diferentes, estoy seguro que podría gustarte alguno. — Se apresuró a corregirse, y recordó al instante uno de los regalos que había envuelto él mismo, ojalá no lo hubiesen tomado aún — Lo siento, sé que normalmente los niños no deben hablar con extraños, pero teniendo en cuenta la ocasión, podría hacerse una pequeña excepción, ¿Verdad? — Sugirió con una sonrisa, que aunque el chico no pudiera ver, era sin lugar a dudas sincera.
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Re: [Flashback]Navidad en San Mungo

Mensaje por Invitado el Lun Ene 16, 2017 10:37 am

Empecé a juguetear un poco con mi bastón a modo de entretenerme hasta que llegara algún voluntario para que me llevara a la oficina del medimago, pero dado que estaban tardando posiblemente tuviera que estar un buen rato ahí... O quizás sencillamente me hacían esperar hasta que pasara la hora y me dijeran que volviera otro día, lo cual era lo más probable. Estaba más que habituado a esas tácticas cuando no tenían nada que decirme, y en vez de acordarse de acordar cualquier otro día para tener la consulta me hacían perder el tiempo continuamente. Aparte, los ruidos navideños estaban todavía presentes, y la risa de los demás niños estaban presentes. Yo no era residente de San Mungo, por lo que no era justo que recibiera nada, a pesar de que no me esperase nada en el orfanato precisamente.

Escuché unos pasos acercarse, eran unos pasos mas alargados y pesados que el de un niño, asi que quizás fuera un adulto que quisiera sentarse cerca. Dejé de juguetear con mi bastón para evitar accidentes, y escuché como se sentaba a mi lado. Entonces escuché que ese hombre que estaba a mi lado me hablaba, siendo una voz amable y cálida. Era agradable escucharlo, a decir verdad. Me giré hacia donde provenía la voz en sí para poder tener bien la conversación, a pesar de que seguramente le escuchara mejor si ponía una de mis orejas hacia donde salía su voz, pero quería ser educado, y bien podría usar la conversación en si para pasar el rato. - Encantado, soy Aran. - Dije, mostrando una sonrisa pequeña, mientras trataba de pensar en como excusar los regalos que el hombre decía. No quería ofender, pero es que solo estaba para un chequeo, no era residente permanente en San Mungo.

- Estoy esperando a que un voluntario me lleve a la consulta del medimago... pero todavía no llega, quizás esté ocupado con los regalos o algo así. - Dije sencillamente como quien decía llover; dado que ya me esperaba el tener que esperar más tiempo todavía, mientras seguía pensando en como tratar el tema de los libros. - No hace falta un regalo, no soy residente aquí. Solo vengo a un chequeo hoy, pero gracias por el ofrecimiento. - Dije, intentando quitarle importancia. Yo sería ciego, pero los niños que estuvieran aquí seguramente necesitaban los regalos mas que yo. No es que quisiera quitarle importancia a que fuera ciego, pero los niños que estaban aquí posiblemente tuvieran problemas mayores que yo, algo con lo que podía vivir a pesar de necesitar mucha ayuda, que aquellos que directamente tuvieran que estar aquí sin tener a donde ir.

- Siempre he considerado esa advertencia de no hablar con desconocidos contradictoria. ¿Como puedo hacer amigos si no puedo hablar con desconocidos en un primer lugar? - Dije, respondiendo a la parte en la de las reglas sobre hablar con desconocidos. Era algo habitual, no hagas esto pero luego trata de conseguir amistades. El problema es que yo no tenía de esto último, la mayoría simplemente me trataban con piedad como si fuera alguien que no pudiera valerme por mi mismo, o sencillamente un blanco fácil del que abusar. Era fácil encasillarlos de esta manera, sobre todo en el orfanato que era sitio donde prácticamente había desarrollado mis dotes con el bastón para golpear de manera preventiva. - ¿Eres uno de los voluntarios que hay por Navidad? - Pregunté, dado que no podía literalmente ver si él era uno de ellos, pero por la forma que había ofrecido regalos; cortándose un poco cuando estaba casi seguro de que iba a mencionar libros, estaba casi seguro de que era uno. Era mas bien para tratar de proseguir la conversación.
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Re: [Flashback]Navidad en San Mungo

Mensaje por Aneeta Ravenscroft el Lun Ene 30, 2017 12:04 am

Se quedó quieta por unos momentos, sopesando la situación con un aire de duda sobre qué era mejor hacer. Finalmente se decidió a que eso sería confiar en su novio... Se asomó una sonrisa embobada y ensoñada en su mente al pensar en Remus así. Su novio. Suyo, suyo, suyo. Novio. Ah, meses después de estar juntos y le seguía pareciendo irreal la idea de que Remus le estuviera pasando.
De vuelta ya a la realidad, asintió a Remus, sonrió con agradecimiento al encantar los demás regalos; pudo haberlo hecho ella misma, pero eran esa clase de pequeños detalles de caballerosidad que la derretían de amor por él. No podría estar más feliz en otro lugar; no una casa con chimenea y árbol, no un hospital mágico con niños residentes, no cualquier otro, porque no importaba eso en realidad. Su lugar era Remus, con él. El contexto venía siendo irrelevante.
Caminó hacia él para besarlo castamente en los labios antes de irse, y le sonrió mirándolo a los ojos. Le encantaba cuando compartían esos pequeños momentos, en los que por unos segundos se dejaban llevar por su amor y el derredor desaparecía. Después todo volvía a seguir girando y con eso ellos juntos a la realidad.
—Sé amable—pidió aunque era estúpido tratándose de Remus Lupin. Era el alma más afable y cálida que conocía, pedirle aquello sería como pedirle a un pez que nadara. ¿Qué más iba a hacer?
Volvió con los niños que seguían abriendo sus regalos, acomodando con magia los regalos que venían siguiéndola con ayuda de otros voluntarios y enfermeras. Su corazón se encalidecía con sólo ver los rostros de felicidad de los pequeños al encontrarse con las sorpresas que les separaban las cajas envueltas con alegres colores, brincaba de alegría con cada risa o chillido de emoción al descubrir su nuevo tesoro, uniéndose a la emoción del momento con los infantes rasgando el papel y probando los juguetes. Entonces divisó de repente el libro que habían envuelto entre Aneeta y Remus, como regalo de parte de ambos, como pareja, y sintió que debía tomarlo; así lo hizo, guiándose por una voz en su cabeza, que le decía que podría dárselo al niño que se habían encontrado en recepción.
Fue en ese mismo momento que uno de los doctores ¡es decir! Sanadores, vaya; no podía quitarse algunas costumbres muggles, incluso cuando pasó meses entre hospitales mágicos y muggles cuando su madre había enfermado de cáncer. Se estremeció; la misma experiencia la había hecho dudar para pasar Navidad en un lugar como aquel, pero se rehusaba a dejar que esos malos recuerdos la detuvieran de hacer algo bueno por otros, así que se sacudió el estremecimiento y se dio otra vez a la tarea de alejar esos pensamientos hasta lo más recóndito de su mente, sonriendo al hombre que se acercaba a hablarle. Tal parecía que se necesitaba un voluntario que llevara a un niño a una consulta, acompañarlo de ida y de vuelta durante su estancia en San Mango para que se sintiera cómodo y contagiado del espíritu navideño dicho sea de paso.
—Por supuesto que yo me ofrezco, y a un voluntario extra —se apresuró a responder, alegrando al sanador con su entusiasmo—. Incluso, si no hay problema, le llevaré un regalo a él también.
El dañador estuvo más que de acuerdo con la idea, le indicó dónde encontraría al niño de nombre "Aran Ralthay", lo que hizo que Aneeta estuviera más que segura de que se trataba del niño en recepción, así que no pudo esperar más para ir en su encuentro apenas recibió todas las indicaciones.
Abrazada al regalo especial que guardaba ahora para Aran, volvió con ellos llevando una sonrisa esperanzada y muy animada. Se sentó al otro lado de Aran, recurriendo a su usual tono afable que ya venía impuesto en su misma voz.
—Hola, me han dicho que Aran Ralthay espera a una consulta, Remus mi novio y yo seremos quienes lo acompañen, y tengo la sospecha de que podrías ser tú—habló meliflua—. Incluso si no, estoy encantada de conocerte, mi nombre es Aneeta—dudó si ofrecerle la mano para estrecharla, ahora confirmando las sospechas de su... ceguera. Al final optó por no hacerlo, a menos que él hiciera ademán —. Y creo que todos deberíamos recibir obsequios en este día tan especial—añadió poniendo el libro envuelto en papel decorativo sobre su regazo. Una copia de El Principito les pareció adecuado como un regalo que viniera de Remus y Aneeta como pareja, algo más especial que sólo dar un libro. Algo le decía a Aneeta que debía ser Aran quien lo recibiera.
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Re: [Flashback]Navidad en San Mungo

Mensaje por Remus J. Lupin el Dom Feb 05, 2017 9:45 am

Podían oírse las voces de una gran cantidad de niños recibiendo sus regalos, así como sus chillidos de emoción al abrir los paquetes y descubrir la sorpresa que les esperaba dentro. Todos se alegraban, sin importar en realidad lo que estuviera escondido, y Remus se encontró perdido unos momentos, siguiendo el vuelo de varios hipogrifos de peluche con los ojos. De pequeño, el ex-prefecto sólo recibía libros como regalo, aunque en realidad era porque era el único tipo de regalos que él pedía. Mientras miraba a los diferentes hipogrifos volar, se arrepentía un poco de nunca haberle dado una oportunidad a uno en sus días de niñez.

El rostro del joven hombre-lobo se iluminó al ver acercarse a su novia, y recibió sus labios con ansias, devolviéndole la sonrisa de igual manera. Por unos cortos instantes en lo que duró aquella muestra de amor, olvidó por completo el mundo.
— Desde luego. — Fue lo único que dijo, mientras asentía ligeramente con la cabeza a sus palabras.

El pequeño mago pareció notar al instante la llegada de una persona nueva, y no tardó nada en presentarse. La sonrisa del chico era contagiosa, y no pudo evitar imitarla.
— El placer es mío, Aran. — Aseguró amablemente mientras lo escuchaba con atención — Entonces sí estás esperando hace ya mucho, ¿Verdad? — Inquirió nuevamente al no recibir respuesta a esa pregunta en concreto, puesto que como él solía decir, tenía "Síndrome de Principito". Siempre seguía insistiendo con sus preguntas, hasta obtener una respuesta — Oh... — Al finalizar de formular la misma pregunta, recordó el libro, y era uno que Aneeta y él habían envuelto personalmente. Sería un bonito regalo — No digo que haga falta, pero no estaría mal, ¿O sí? Incluso a los adultos nos gustan los regalos. — Los regalos nunca eran necesarios, pero eran una bonita manera de demostrar afecto, o alegrar un poco a la otra persona.

Dirigió por un momento su atención a Aneeta, a quien aún podía ver desde allí, y notó como se encontraba hablando con uno de los aparentemente sanadores. Le pareció un poco extraño, pero quizás necesitaran ayuda en algo, y ella siempre dispuesta, no dudaría en ofrecerla.
Volvió de inmediato su atención a Aran, puesto que si bien no podía verlo, le parecía irrespetuoso no prestarle su completa atención.
Escuchó las palabras del niño, ¡Y por Merlín! Cuanta razón que tenía. En verdad tenía mucho sentido lo que proponía.
— Nunca lo había pensado de esa forma, pero... ¡Es muy cierto...! — Se quedó pensativo unos segundos, analizando la idea — ¿Quizás se supone que sólo debes hablar con desconocidos que te presenta alguien ya conocido? — Rió ligeramente con lo rebuscado que era la idea de darle sentido a un consejo tan normal. — De hecho sí, mi novia y yo... — Comenzó a explicar, pero fue interrumpido por la mejor de las interrupciones. — Hablando de Roma... — Dijo divertido, antes de quedarse callado para dejar hablar a Aneeta.
Notó el regalo que su novia traía entre brazos, y le sonrió, informándole que sabía de cuál se trataba.
— A veces creo que esta chica es bruja. — Dijo como si estuviera rodeado de muggles — Estaba pensando precisamente en ese regal.... Oh... — Se quedó callado, cayendo en cuenta nuevamente de lo que había pensado al principio: Aran no podría leer libros "normales". Quería hacer alguna especie de señal a Aneeta para que se percatara de ello, pero decidió que sería más correcto ser directo. — Creo que no hemos tenido una buena idea — Comentó bastante apenado dirigiéndose a ambos — Puedes abrirlo, y puedes quedártelo, Aran, ¿Quizás se lo podrías prestar a alguien...? — Esta vez se dirigía al pequeño mago — Pero no es una versión que podrás eh... leer... Acabo de darme cuenta de eso. — Su tono de voz demostraba lo apenado que estaba Pero... Tengo una librería en Hogsmeade, te conseguiré la versión en Braille. ¿Qué dices? Es "El Principito" de Antoine de Saint-Exupéry. También podríamos leerte el comienzo cuando salgas de la consulta. — Se ofreció, en parte como a modo de disculpa.
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Re: [Flashback]Navidad en San Mungo

Mensaje por Invitado el Vie Feb 17, 2017 9:58 am

Al parecer Remus era alguien amable, lo podía notar en su voz que era bastante cálida. Insistía en que era bueno recibir regalos, que a todos nos gustaba, y tenía que admitir que a mi también me gustaría recibir regalos, pero no quería retirarle regalos a gente que lo necesitara mas, aparte de que dudaba que pudiera disfrutar adecuadamente de los regalos sin poder llegar a verlos. Además, el cómo Remus me daba la razón ante mi razonamiento de lo de hablar con los desconocidos era algo que me hizo sonreir un poco, normalmente me solían intentar decir que no, y era mas confuso que otra cosa y normalmente lo acababa dejando de lado un poco.

Nuestra conversación se había visto interrumpida con la llegada de alguien, una voz igualmente amable pero esta vez de mujer, que se presentaba como Aneeta y se ofrecía a llevarme a la consulta del medimago, junto con dejarme en las manos un regalo. Por la forma rectangular, quizás fuera un libro, pero no es que supiera si era factible o no para poder leerlo precisamente, dado que necesitaba los libros adaptados al braile para poder llegar a leerlos bien en mi casa, aunque de momento lo único que registraba en mi mente es que había recibido un regalo, y estaba contento con eso, a pesar de que dudaba poder disfrutarlo bien sin ayuda.

Coloqué el libro en mi pecho, cogiendolo con las dos manos. - Gracias. - Dije, asintiendo con la cabeza ante la mención de poder escuchar el inicio del libro. Normalmente lo único que solían leerme eran las instrucciones para realizar determinados hechizos, y poco más, lo cual era un fastidio bastante grande, pero tener la opción de que me leyeran un libro que no era de texto, era algo que no quería echar a perder precisamente, aunque dudaba que tuviera demasiado tiempo después de salir de la consulta del medimago, dado que también tenía que volver al orfanato para poder llegar a sufrir las festividades y el maldito ruido a todo volumen de las canciones navideñas repitiéndose todo el día.

Pasé a coger el bastón, y me levanté con cuidado, colocando el bastón de forma que pudiera empezar a usarlo para evitar chocarme en las esquinas o cosas así, aunque esperaba que no hubiera niños o cosas de por medio saliendo disparadas, eso hacía bastante más difícil moverme hacia la consulta en sí. - ¿Podemos ir allí, por favor? - Dije de forma tímida, tratando de ver si ellos me guiaban hacia la consulta del medimago. Igualmente, era un chequeo de rutina en la que me aseguraría que todo estaba igual, y que tenía que seguirse el tratamiento un poco más, o en su defecto pasaría a indicarme que no podía hacer nada por mí y que me pasaría a otro medimago a ver si ese podía hacer algo. No era precisamente algo que ya me preocupase, solo estaba esperando que hubiera alguna vez un golpe de suerte con el cual poder llegar a ver alguna vez.
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Re: [Flashback]Navidad en San Mungo

Mensaje por Aneeta Ravenscroft el Jue Mar 02, 2017 1:00 am

Aneeta estaba roja desde la frente, las orejas, hasta el cuello. Se sentía tan, tan  avergonzada por su metida de pasta tan mayúscula. Por favor, que se abriera la tierra para tragársela y ahorrarle todo. Escondió la cabeza todo lo que pudo entre su rubio cabello y hasta se cubrió la cara con las manos dejando que Remus hablara, pero el nudo en su pecho tan incomodo no la dejaba en paz. Tonta, tonta, tonta.
Conoció a un niño ciego y le regaló un libro. Brillante, Aneeta, de verdad brillante. De igual modo, agradecía en silenciosa timidez la jugada que hizo para arreglar su error, y le sonrió muy apenada sin atreverse a sostener su mirada. Gracias al cielo Aran no podía verlos. ¡Diablos, no Aneeta! ¡Pero qué insensible!
Inspirando hondo, se armó de valor para mantener naturalidad al seguir la conversación con Aran. Tenía que hacer un gran esfuerzo para no cacarear como gallina histérica, aún un poco presa del pánico por tan terrible error. Se aclaró la garganta.
—Esa es una mucho mejor idea, no sé qué sería de mí sin Rems salvándome de mis tonterías—rio con sinceridad, tratando de bromear al respecto, aunque sus mejillas aún conservaran un tono carmesí—; estoy segura de hablar por ambos al decirte que nos encantaría leerte. Incluso, si te gusta, podríamos quedar para vernos y leer juntos, ¿no sería divertido?—Diablos, ya iba a comenzar con su cháchara nerviosa. Aneeta, que era una chica en general callada, tenía la mala fortuna de soltársele la lengua cuando estaba muy nerviosa; un aspecto suyo que tanto detestaba y se esforzaba por eliminar inútilmente.  Se aclaró la garganta una vez más, sonriendo a su petición con un "por supuesto", ayudándolo a levantarse y que fuera con ellos.
—¿Puedo preguntar por qué has venido solo? Disculpa mi intromisión, sólo me extraña un poco que no fueras acompañado de tus padres o algún familiar.
De nuevo nerviosa, no sabía si ayudarlo a caminar o dejarlo, es decir, era ciego, no paralitico ¡¿por qué tenía pensamientos tan imprudentes ese día?! Optó por caminar a su lado, sólo más atenta a él, cada vez más indignada consigo misma. Soltó aire por la nariz ligeramente exasperada como única señal del drama que se desenlazaba en su cabeza, un pequeño detalle que fácilmente pasaría desapercibido. No quería mirar hacia Remus, sabía que buscaría verla a los ojos y con eso le bastaría saber lo que le ocurría, o confirmar sus sospechas.
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Re: [Flashback]Navidad en San Mungo

Mensaje por Remus J. Lupin el Dom Mar 05, 2017 3:56 pm

Quizás debía sentirse mal, pero no pudo evitar soltar una pequeña risa con la reacción de Aneeta. Se veía increíblemente tierna, y se aseguró de tomar nota mental de decírselo más adelante. Quizás cuando se fueran de San Mungo, y estuvieran solos, porque estaba casi seguro que también se avergonzaría de eso.
— Mis ideas suelen ser buenas — Dijo con un poco de sarcasmo, teniendo que esforzarse increíblemente para no hacer ningún tipo de comentario respecto a las mejillas rojas de su novia — Es decir... Cuando tengo alguna. Lo cual suele suceder... Bueno, casi nunca. — ¿Estaba exagerando un poco? En verdad no estaba seguro Pero... dicen que lo bueno se hace esperar, ¿Verdad? — Lo que sucedía entre él y Aneeta era un ejemplo de eso para ambos.

Asintió casi al unísono con Aneeta cuando Aran solicitó que lo acompañaran. Remus debía admitir que no estaba familiarizado en la forma "correcta" de acompañarlo, pero le pareció buena idea caminar junto a él, mientras ponía una mano encima de su hombro, sólo como precaución.
— Esa, de hecho, es una muy buena pregunta. — Admitió ahora que las palabras de Aneeta habían picado su curiosidad — Aunque yo más bien me preguntaba qué tan rápido debes regresar a tu casa. — Se dirigía a Aran, pero su atención estaba completamente sobre el camino, asegurándose de que ningún juguete perdido les estorbara el paso — Muero por unas malteadas. O helado. Algo dulce. Hay tiendas abiertas, ¿Verdad? Quizás podríamos invitar a Aran, y cumplir con nuestra idea de leerle una parte de "El Principito", al menos hasta que le encontremos una versión... Mmm... Más adecuada. — Esta vez se dirigía a su novia, aunque estaba seguro de que ella no tendría ninguna objeción a la idea. — Aunque no me gusta la parte en dónde te secuestramos... — Rió ligeramente, aludiendo a Aran — Porque no tenemos autorización de nadie.... Aún.— Dijo en referencia al adulto a cargo de Aran. Ya fuera un padre, hermano, tío, tutor. Lo que fuera.
Simplemente se dejó guiar por Aneeta, puesto que de los tres, parecía ser la que tenía más información de exactamente a qué parte del hospital debían ir.
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Re: [Flashback]Navidad en San Mungo

Mensaje por Invitado el Lun Mar 06, 2017 4:45 am

Pude escuchar la conversación entre Aneeta y Remus, siendo bastante divertida y no pude evitar que se me escapara una risa ante el comentario de Remus... ¿Es que se le ocurrirán muchas ideas malas y es Aneeta la que le controla? Aunque también parecía que Remus controlaba a Aneeta en algunas tonterías según ella... mejor no ahondar en eso, no era algo que tuviera que aprender y parecía algo maleducado el tratar de indagar quien era el que llevaba los pantalones en una relación; o ese era el dicho según lo que había escuchado en algunas conversaciones de la sala común de Gryffindor.

Mis pensamientos se vieron interrumpidos por las palabras de Anneta y Remus sobre mis padres... me mordí el labio mientras intentaba pensar en una respuesta acerca de eso... no me gustaba tener que decir que estaban muertos, y que estaba viviendo en un orfanato. Que en ese orfanato prácticamente no les importaba la hora en la que volviese, y que cada vez que iba tenía que estar usando el bastón para defenderme de las cosas que me lanzaban porque pensaban que no podía responder... ya deberían haber aprendido esa lección a decir verdad, pero siempre intentaban colar algun huevo o algo así a mi cabeza.

- Estan muertos... y el orfanato no se suele preocupar de este mundo, así que simplemente me dan el tiempo que necesite. - Dije simplemente, mientras seguía caminando y llegaba a tocar lo que parecía ser la puerta del ascensor. Empecé a palpar la pared en busca del botón en cuestión para llamarlo, y finalmente llegué al botón, apretándolo para que fuera bajando el ascensor para poder ir a la planta correspondiente, aunque parecía que iba a tardar un poco en llegar. Respiré hondo, dispuesto a esperar al ascensor a que llegara y me llevaran a la consulta correspondiente. Entendía un poco el punto de vista del orfanato que no entendía del todo como funcionaba el mundo mágico, pero que simplemente dejaran todas las decisiones a mi, y solo pasaran a firmar lo que fuera necesario me hacía sentir bastante solo...
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