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Christmas horror (?) [Komorowski Family]

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Christmas horror (?) [Komorowski Family]

Mensaje por Caroline Komorowski el Vie Ene 13, 2017 9:26 pm

Mañana del 24 de diciembre

Navidad, tendía a ser una fecha de paz y calma, de grandes reuniones familiares, donde todos se alegraban de verse, donde se daban muestras de cariño, donde se preparaba la cena entre los integrantes de la familia y terminaban riendo en el salón contando anécdotas divertidas y vergonzosas de cada uno de los presentes, mientras bebían algo de ponche y disfrutaban de la compañía de todos, a la mañana siguiente se levantaban apresurados y temprano para abrir los regalos y continuar compartiendo en una burbuja de amor y paz, que la pelirroja envidiaba extremadamente al imaginar. Así se supone que debía ser aquella fecha, días de ansiedad y emoción, de cobijo en la calidez de tu hogar con tu familia, quien se alegraba de verte llegar luego de meses ausente por estar en la escuela, y a pesar de que su padre siempre se esforzaba por lograrlo, las miradas frías y de desprecio que le daba su madre, junto a sus agradables comentarios, terminaban por romper las pretensiones de su progenitor en aquellas festividades.

Navidad, para Caroline, significaba ver como su padre se esforzaba más que cualquier otro día porque ella no notará el desprecio de Miranda, escucharles discutiendo en susurros, por parte de su padre, en rincones donde creían que no les veía o escuchaba, significaba recibir reclamos por parte de su madre sino le otorgaba un regalo, y peor aún, en el caso contrario; un desprecio palpable ante cualquier cosa que pudiera darle, porque nunca nada era suficiente para ella, porque Caroline nunca podría darle la única cosa que ella deseaba; que ella no existiera.

Un suspiro cansino broto de los labios de la pelirroja al momento en que descendió de su escoba, frente a su hogar, manteniéndose frente a la puerta por varios minutos, sin decidirse a entrar. Se había adelantado a la hora en que su padre le dijo llegaría, puesto sabía que no encontraría ningún indicio de la celebración en su casa, ninguna mínima decoración, es más ni siquiera esperaba encontrar el lugar limpio u ordenado, por lo que había llegado horas antes para asegurarse de que el lugar estuviera perfecto para darle la bienvenida a su padre, quería que por una vez fuera él quien recibía una recibimiento cariñoso y navideño, quería ser ella quien ese año se esforzaba por él, quería darle una navidad apropiada, aunque tuviera que luchar toda la noche con su madre, aunque tuviera que doparla con una poción, cosa que había preparado pero esperaba no tener que usar. Tomo una gran bocanada de aire mientras encogía y guardaba su escoba dentro de su túnica, antes de ingresar lentamente a la casa. Aun desde el marco de la puerta, a penas y asomo un poco su cabeza, observando en todas direcciones del pasillo en búsqueda de la bruja antes de entrar en completo silencio, a cada paso que daba en el interior del lugar, volvía a observar dentro de cada puerta, buscándola sin desear encontrarla.

Subió al segundo piso y cuando finalmente cerró la puerta de la habitación de Miranda, frunció el ceño con extrañeza; su madre no estaba en casa, y eso era algo más que inesperado, puesto ni siquiera creía que la mujer fuera capaz de recordar cómo sacarle el pestillo a la puerta de entrada, ni que recordara como caminar en el mundo exterior, pero, era algo bueno e inesperado. Con una sonrisa se encamino rápidamente hacia su habitación, se cambió de ropa y alzo sus cabellos en un moño desordenado antes de salir con varita en mano y comenzar a ordenar y limpiar cada centímetro del lugar, mientras tarareaba una canción. Cuando vio todo completamente limpio, hizo aparecer un hermoso árbol en el medio del salón, reacomodando todo de manera perfecta para hacerle espacio y decoro todo de manera precisa, sin exagerar, pero dotando todo su hogar con una calidez típica navideña que siempre quiso lograr. Sonrió conforme, mientras encendía la chimenea, colgando unas pequeñas botas sobre esta- Listo… -Dijo observando en todas direcciones, sonriendo completamente conforme con el resultado, deseaba que su padre lo viera. Con rapidez, aprovechando su buena suerte, se encamino hacia la cocina, dispuesta a preparar unas galletas para que la bienvenida a su padre fuera aún más perfecta y es que, ¿Qué podía ser mejor que llegar y oler el aroma de galletas recién horneadas? Nada.

Cerró el horno una vez había predispuesto las masas de manera uniforme, y entonces el sonido fuerte golpe de la puerta al cerrarse la despertó seguida de una voz que no había extrañado- ¿Qué se supone que estás haciendo? -El tono despectivo de su madre la hizo levantarse de un salto, reconociendo como aun aquella mujer le infundía temor, tragó con pesadez antes de descender su mirada de manera casi sumisa, como si se disculpara por su mera existencia en silencio- P-papá está por llegar… él tenía que terminar de revisar unos exámenes… -Informo casi en un murmullo sin responder a su pregunta, puesto era obvio lo que estaba haciendo y sabía que su madre detestaba le remarcaran lo evidente, aun si era ella quien lo preguntaba.

Miranda fulminó a la joven con sus ojos, sintiéndose levemente satisfecha de no verse reflejada en su molesta mirada turquesa que fingía inocencia y que su esposo parecía creer siempre con estupidez. Desvió su mirada con desdén en las ostentosas decoraciones, que a su parecer estaban horrible y pobremente distribuidas, como si careciera de buen gusto en su totalidad, volvió su mirada una vez más hacia la adolescente y avanzó con paso decidido hacia ella, ¿acaso lo que sus sentidos captaban eran galletas? ¿Acaso la niñata había osado preparar algo a su esposo siendo que ella no había cocinado nada? ¿Acaso pretendía dejarla en vergüenza y humillarla? Claro, así ambos podrían reírse después de ella.

Dejo su bolso con pesadez sobre el mesón de la cocina, logrando que su hija retrocediera un paso de manera automática- ¿Estabas cocinando? -Pregunto aunque sabía la respuesta, frunciendo el ceño con molestia al denotar como la muchacha la observaba, asintiendo levemente, Caroline se había quedado sin palabras, y es que en su concentración por dejar todo perfecto había obviado la mínima posibilidad de que su madre pudiera llegar antes de que su padre lo hiciera, y que encontraría todo el escenario navideño- No es nada realmente… unas galletas muy sencillas, nada más… -Respondió sin intención alguna de sobresaltarla o molestarla, aquel día debía ser diferente, tenía que intentarlo, no quería un accidente mayor, no quería alterarla y que destruyera en segundos lo que ella había preparado en horas. Se encogió levemente cuando observo como su madre levantaba su mano con firmeza, sosteniendo su varita- N-no por favor… -Fue lo único que llego a susurrar, cuando ambas se voltearon rápidamente al escuchar nuevamente el sonido de la puerta.

Caroline, libero un suspiro de alivio que molesto a Miranda en demasía, pero esta sin decir nada, tomo su bolso y subió a su habitación, cerrando con un estridente golpe su puerta. La joven Slytherin, se apoyó en la pared continua, intentando calmar el ritmo de su respiración, reconociendo con pesadez el gran pánico que la había inundado hasta hace pocos segundos, buscando apoyo en un mueble continuo ante el temblor que sacudió a su cuerpo con los recuerdos de previos encuentros a solas con su madre.
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Re: Christmas horror (?) [Komorowski Family]

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Sáb Ene 14, 2017 2:32 pm

Remontándose a las anteriores navidades, el polaco debía pensar con realismo y asumir que la celebración en su casa nunca sería similar a las demás. En el mejor de los casos, la familia Komorowski compartía una modesta cena en silencio sepulcral y, en el peor, la pequeña familia se enzarzaba en una encarnizada disputa que terminaba con la marcha de algún miembro de la familia, normalmente de Caroline. Por eso Dobromierz carecía de fe, sus esperanzas eran vanas aunque intentaría aspirar a la mejor opción, aunque su definición fuera tan lamentable. Su humor empeoró desde comenzadas las vacaciones navideñas, dejar temporalmente el castillo para volver a convivir con su esposa tras cuatro meses de libertad aumentó considerablemente su malhumor. A lo fácil se acostumbra uno fácilmente, en Hogwarts había olvidado las miradas recriminadoras y los gritos, factores que recordó enseguida en cuanto volvió a Londres con el equipaje entre las manos. La única ventaja de haber vuelto a casa, residía en su querida Caroline, que compartía la experiencia y le ayudaba a sentirse acompañado. Su pequeña pelirroja siempre fue una alegría, el toque de color dentro de una vivienda gris y alicaída.

Cualquier pretexto era bueno para despejarse y abandonar la casa, dejando así atrás los constantes cambios de humor de su inestable esposa. Casi dos décadas de matrimonio y Dobromierz todavía no sabría afirmar si Miranda le odiaba o si por el contrario estaba obsesionada con él, tampoco sabría escoger qué opción le disgustaba más. Salió de casa con la excusa de haber olvidado unos documentos en el colegio, exámenes que debía tener corregidos previamente a dar comienzo el segundo trimestre escolar. No fue un embuste que descuidó los documentos, aunque no corría tanta prisa como la que aparentó tener, pero realmente necesitaba despejarse y volver a estar en el castillo era su mejor opción.

Se demoró algunas horas, más de las estimadas porque se entretuvo paseando de camino a casa desde la estación. Todo su barrio relucía por la decoración con motivos navideños, las luces intermitentes y los arcos de muérdago le recordaban a un encuentro ocurrido semanas atrás. Se cruzó con un modesto comercio que captó su atención, una pastelería familiar. Desde que adquirió su casa, Dobromierz pasó innumerables ocasiones frente al pequeño negocio, pero nunca antes sintió el irrefrenable deseo de entrar en él. La campanilla de la puerta tintineó cuando el polaco entró en la pastelería.—Buenas tardes.—Saludó a la señora de cabello gris que le atendió tras el mostrador. Su mirada dispar escrutó los dulces expuestos tras una vidriera, se decidió por tres distintos que la señora extrajo con un artilugio muggle e introdujo en una bolsa de papel marrón.—Muchísimas gracias, tenga usted una feliz navidad.—Se despidió con educación, minado su carácter huraño gracias a las horas que pasó fuera de casa, tomándose un tiempo de Miranda.

La bolsa ocultaba un trozo de pastel de vainilla recubierto con nata, fresas y una fina capa de gelatina, una porción de tarta de queso y una galleta recubierta de chocolate con azúcar espolvoreado. Sin llegar a casa todavía, Dobromierz imaginaba la reacción que tendría la familia Komorowski ante la aparición de los dulces. Su esposa despreciaría el gesto y tomaría el pastel que prefiriera, Caroline agradecería exageradamente la consideración de su amado padre y escogería cualquier dulce, Dobromierz se conformaría con el restante.

Cinco minutos de caminata después y llegó a casa. Dobromierz suspiró frente a la vivienda familiar, una casa típica inglesa camuflada en un típico barrio muggle, idéntica al resto de casas de sus vecinos. Perdió un minuto de reflexión en el rellano antes de coger una bocanada de aire fresco y abrir la puerta de casa.—¿Hola?—Preguntó en voz alta, nada más traspasar el umbral.—Traigo pasteles.—Anunció. Se deshizo de la gabardina marrón que cubría su cuerpo y la colgó del perchero de la entrada, avanzando en busca de alguna señal de vida. Descubrió boquiabierto que alguien, sus apuestas apuntaban a Caroline, se había encargado de decorar la aburrida vivienda Komorowski con motivos navideños. Tocó la guirnalda de flores que rodeaba el marco de la entrada al salón, preguntándose a qué se debía la iniciativa pero sintiéndose extrañamente satisfecho. Debía admitirlo, una pequeña esperanza por vivir unas navidades decentes iluminó su mirada como las luces multicolor iluminaron el árbol de navidad.

Encontró a su hija en el salón, apoyada contra un mueble.—Hola cariño.—Saludó, acercándose a ella antes de dejar la bolsa de dulces sobre la mesa de cristal ubicada frente al sofá chesterfield marrón. Frunció el ceño cuando distinguió el ligero temblor sacudiendo las extremidades de su hija.—Caroline, ¿estás bien? te ves muy pálida.—Expresó con preocupación, acunando su mejilla con la mano y apoyando los labios sobre su frente para medir su temperatura, como hacía cuando era niña.
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Re: Christmas horror (?) [Komorowski Family]

Mensaje por Caroline Komorowski el Miér Ene 18, 2017 1:00 am

La voz de su padre resonó en la distancia, mucho más para Caroline que se encontraba perdida en la penumbra de sus temerosos pensamientos, su mirada perdida rememoraba una y otra vez la mano de su madre alzándose con soltura en indiscutible intención por destrozar todo lo que había preparado para su padre, quizás incluso con pretensión de atacarla. Sabía que ya no estaba frente a ella, sabía que había subido a su habitación, alejándose, sabía que de momento no podía hacerle nada, que realmente el sonido de la puerta le había salvado y aun así su cuerpo se negaba a despertar de aquel estado de pánico en el que se había sumido con su presencia, a penas y se atrevía a tomar una bocanada de aire, estaba prácticamente inmóvil, sin contar obviamente el involuntario temblor que sacudía su cuerpo, mientras sus manos se aferraban a un mueble contiguo llegando a tornarse blanquecina el área de sus nudillos.

Se sobresaltó fuertemente al denotar un tacto sobre su mejilla, pretendía alejarse, pero el mueble sobre el cual se sostenía se lo impidió cruelmente, alzo su mirada con temor aun sabiendo que madre jamás se dignaría a tocarla realmente, calmándose únicamente cuando observo el agradable y cálido tono azulado de los ojos de su padre, observándola. Un nuevo temblor, pero de alivio recorrió su cuerpo cuando libero un pequeño suspiro, permitiéndose cerrar sus ojos por el efímero segundo que denoto los labios de su progenitor sobre su frente, obligándola a sonreír ante la ternura que su acción representaba para ella, algo totalmente opuesto a lo que la presencia de su madre le infundía. Asintió fervientemente, modificando la expresión de su semblante una vez se vio reflejada en la mirada de su padre una vez más, sonriéndole con alegría, desviando su atención de inmediato mientras su mente trabajaba en una rápida respuesta que darle- He tropezado con la mesa, y me he golpeado con el borde en la rodilla… -Indico con convencimiento mientras realizaba un movimiento despreocupado con su mano- He de reconocer que me ha dolido más de lo que creía podría doler un golpe así de absurdo…  -Se rio divertida antes de avanzar un paso, fingiendo un leve cojeo- Pero ya ha pasado... Por suerte no tire nada con mi torpeza -Sentenció como si nada mientras observaba de soslayo la mesa de centro, sonriendo al observar todo en su lugar, aunque aquello ya era obvio puesto semejante golpe nunca sucedió.

- Oh… ¿Qué traes ahí? -Pregunto al reparar en la pequeña bolsa que estaba predispuesta sobre la mesa de cristal- ¿Me has traído un regalo?  -Pregunto en leve tono caprichoso mientras se colgaba del brazo de su madre de manera juguetona, como siempre hacia con él antes de avanzar unos cuantos pasos y observar la bolsita- Por cierto, ¿Te gusta?  -Cuestiono con un tenue sonrojo en sus mejillas, observando la decoración de la casa sin volverse a mirar a su padre- S-sé que es algo sorpresivo p-pero…  -Se mordió levemente el labio inferior mientras jugaba con sus manos- quería darte una sorpresa agradable, sino te gusta puedo quitarlo… No… no tenemos que fingir que está navidad será diferente…  -Murmuro lo último por lo bajo descendiendo su mirada, aunque realmente le gustaría que pudiera ser diferente, parte de ella había deseado poder quedarse en el Castillo con su padre por aquellas fechas, pero ambos sabían que Miranda jamás lo aceptaría, y que volver después sería incluso peor si se perdían las festividades, aunque no veía sentido al porque su madre exigía sus presencias si solo se dedicaba a lanzar comentarios mordaces y a reprochar cualquier intento que ellos hicieran por tener algún momento agradable, era como si aquella mujer solo supiera sentirse lamentable y volver miserables a quienes la rodearan, ¿acaso desconocería el significado de la felicidad? O ¿Tal vez iría contra su naturaleza?

Alejó aquellos pensamientos en cuanto el agradable olor a las galletas inundo sus sentidos, sin siquiera esperar la respuesta de su padre se encamino hacia la cocina, abriendo el horno y sacando unas perfectas galletas de jengibre horneadas en la bandeja metálica. Sonrió con felicidad y suficiencia antes de voltearse hacia su padre con una sonrisa, mostrando su preparación, para luego dejarlas sobre el mueble y dibujar pequeños diseños sobre esta al mover con su varita los glaseados de diferentes colores- Taraan… -Dijo en tono juguetón, borrando su sonrisa de modo automático en cuanto escucho como la puerta de su madre se cerraba fuertemente en el segundo piso, y es que por una milésima de segundo había olvidado que se encontraba allí.

Quitó las galletas y las coloco en una pequeña bandeja con motivos navideños, apagó el horno, y con un solo movimiento de varita, la cocina quedo impecable, y las galletas quedaron ocultas de la vista, no quería volver a molestarla.

- ¿Teniendo un buen momento en mi ausencia? -Caroline descendió la mirada con rapidez mientras su cuerpo se tensaba ante la acidez que vislumbraba en los vocablos de su madre, negando con rapidez- Has llegado tarde… -Acusó la mujer mientras observaba a su marido con molestia, cruzándose de brazos- Espero que nadie haya interrumpido tu camino a casa. -Susurro en un tono casi interrogatorio mientras le fulminaba con mirada altiva, casi como si estuviera esperando la más mínima incitación para explotar y arruinarles de manera esplendida otra noche buena, invitándolo a mentirle de haberse encontrado con cierta rubia.

- ¿H-hay algo en específico que gustaría cenar? -Caroline se mordió el labio inferior a penas y los vocablos fueron pronunciados, sabiendo que interrumpir sería algo sumamente absurdo, pero no quería que todo se arruinara tan pronto, aunque fuera que esperara hasta la cena, o que al menos fuera por molestarse con ella, no con su padre. Alzó levemente la mirada sin realmente posarla en ella- Me encargaré de prepararlo, así puedes descansar… -Pretendió sonar amable, aunque su madre jamás había siquiera pretendido esforzarse por preparar alguna comida, menos una cena navideña, pero quería intentar no ofenderla aunque sabía que el simple hecho de respirar el mismo aire que ella la haría sentir insultada.
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Re: Christmas horror (?) [Komorowski Family]

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Jue Ene 19, 2017 2:33 pm

Dobromierz tendía a olvidar todo cuando se preocupaba por su hija, no podía pensar en nada más que su felicidad y bienestar, perdía las formas e incluso su característica parsimonia. Reconocía los síntomas que incluían la palidez, el titubeo y el tembleque de labio inferior y extremidades. Eran manifestaciones que Dobromierz había visto antes, por ejemplo cuando la pequeña Caroline sufría una caída en el parque. Así reaccionaba en el primer momento, antes de reponerse de la caída y volver correteando hacia el columpio aun cubierta de barro, dejando atrás a su preocupado padre. Pero, sin importar la cantidad de veces que distinguiera las señales que el cuerpo de su hija representaba cuando algo iba mal, jamás se acostumbraría a ellas como para evitar preocuparse.

Torció el gesto, insatisfecho con la excusa, colocó con firmeza la mano sobre el hombro de Caroline.—Ten más cuidado la próxima vez, enana, no quiero que te hagas daño.—Aconsejó, mostrando su sonrisa de colmillos pronunciados que solía actuar como remedio contra los lapsus de su hija. Dobromierz tenía desentrenado el arte de sonreír, pero la compañía de Caroline siempre suponía un entrenamiento, ya fuera por diversión auténtica o por la sincera intención de reconfortar a su primogénita.—Seguramente te saldrá un moratón.—Sopesó, haciendo el amago de agacharse para inspeccionar la zona, pero fue incapaz debido a que Caroline comenzó a andar para exhibir su cojera.—No importa si tiras algo, lo importante es tu bienestar. Siéntate, ¿quieres que te aplique frío sobre el golpe? —Insistió, palpando los diversos bolsillos de su gabardina en busca de la varita mágica, que para error suyo, nunca tenía a mano.

El golpe pasó a segundo lugar cuando Caroline reparó en la bolsa de papel marrón que ocultaba los tres dulces tras un logo que mostraba la imagen de una sonriente anciana sosteniendo una manga pastelera.—He traído un par de dulces, escoge el que más te guste.—Concedió, agradeciendo que Miranda no estuviera presente. Observó en derredor, buscándola con la mirada, mas Caroline debió interpretar que inspeccionaba la decoración navideña, puesto que realizó una pregunta relacionada con el tópico.—Me encanta, bonita iniciativa.—Revolvió los cabellos pelirrojos de su hija, sintiendo una punzada de culpabilidad cuando apreció su nerviosismo. Seguía siendo una niña, era lógico que quisiera disfrutar de unas navidades normales, y Dobromierz se sintió un fracaso como padre por ser incapaz de brindárselas.—El árbol es mi preferida.—Añadió, cuidándose de evitar preguntar lo primero que pasó por su mente, el cómo había hecho todo sola. Porque no dudaba que Miranda no prestó ninguna ayuda a la actividad, pero prefería no escuchar una confirmación de que su esposa no estaría dispuesta a enterrar el hacha de guerra ni durante fecha tan señalada.  

El olor a galleta de jengibre recién horneada refrescó su memoria, como un estallido de recuerdos con olor a dulce canela. Avivó el fuego de la chimenea entretanto Caroline ultimaba los detalles finales de su receta, aproximándose cuando estuvo todo preparado.—Qué buena pinta.—Exclamó, mostrando felicidad por la alegría de su hija, aunque no fuera un apasionado del dulce. Se fijó en una galleta con forma de hombrecito, escogiéndola como su futura víctima  alimenticia.

Por un segundo Dobromierz creyó que aparecía un dementor en el salón, que arrebató el ambiente feliz y navideño de ambos familiares. Se equivocaba, era mucho peor que un dementor, Miranda. El polaco observó a su mujer mientras decapitaba de un mordisco a la única galleta de jengibre que tomó antes que Caroline ocultase el resto.—Mi amor, tu ausencia convierte en buenos todos los momentos.—Respondió con una sonrisa envenenada, terminándose la galleta y sacudiéndose las migas. Después recordó que solamente hablaba así a Miranda cuando su hija no estaba presente, pues quería evitar que viera peleando a sus padres. Lo remedió alzando las manos en señal de rendición, mirando a la pelirroja mayor como si estuviera apuntándole con un arma.—Broma.—Aclaró, aunque para aquel momento su mujer ya hubiera entrecerrado los ojos y resoplado en señal de clara advertencia. Debía admitir que algunas discusiones se producían por su culpa, Miranda se había granjeado todo el odio hacia ella, llegando a un punto en que Dobromierz detestaba cada una de sus acciones involuntarias. Le ponía nervioso que pestañease demasiado, le exasperaba que respirase por la nariz, odiaba sus escasas sonrisas casi tanto como sus recurrentes muecas de disgusto. La simple presencia de su esposa en su misma habitación le aceleraba la respiración y le hacía sentir una rabia incontenible, totalmente opuesta a su carácter con el resto de gente.—Porque he parado a por unos dulces.—Contestó a la controladora de su mujer, temiéndose que descubriera algo acontecido meses atrás.—Me ha interrumpido una pastelera de ochenta años, ha sido bastante amable pero tranquila.. no es mi tipo.—De nuevo su sarcasmo, que Miranda tanto detestaba y por tanto Dobromierz tanto amaba emplear contra ella.

Miranda pensaba responder a su insolente marido, tenía la respuesta en la punta de la lengua, pero entonces Caroline la interrumpió mencionando la cena. Se giró hacia su hija, con los idénticos ojos turquesa casi saliendo de sus órbitas. Maldijo la presencia de Dobromierz, pues sintió un irrefrenable deseo de abalanzarse sobre aquella niñita que robó todo lo que tenía.—Cállate niña, están hablando los adultos.—Ordenó, conteniendo palabras mayores. Sin embargo, como siempre, Dobromierz se posicionó de parte de su hija. Miranda presenció como su esposo colocaba el brazo sobre los hombros de su hija y la acercaba hacia sí en un amago de abrazo. Tuvo que cerrar el puño con fuerza para contener la rabia que sentía, que más tarde Caroline pagaría en su propia piel.

No, claro que no prepararás la cena, yo lo haré.—Contestó abrazando a Caroline.—Has hecho suficiente por hoy.—Añadió, haciendo referencia a la decoración navideña, aunque sin mencionarla. Buscó su varita y la empleó para hacer volar los ingredientes, que gracias a la magia comenzaron a cocinarse solos. Se agachó para esquivar un saco de harina que corría al encuentro de un cuenco, apoyándose contra la encimera mientras observaba a ambas pelirrojas.—Cariño, puedes ir poniendo la mesa, esto no tardará nada. Bendita magia.—Indicó, sin dejar de mover el brazo que empuñaba la varita como un director de orquesta agitando la batuta, siendo los ingredientes de supermercado los instrumentos de la obra.

Se cumplió lo prometido, en aproximadamente diez minutos la mesa de los Komorowski tuvo a su disposición varios manjares, entre ellos pavo horneado con calor mágico y patatas autogratinadas. Dobromierz tomó asiento, preparado para enfrentarse a una cena incómoda más.
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Re: Christmas horror (?) [Komorowski Family]

Mensaje por Caroline Komorowski el Miér Ene 25, 2017 11:23 am

No pudo evitar que una hermosa sonrisa de agradecimiento y cariño hacia su padre, se formara sobre sus labios al reconocer la sincera preocupación que demostraba, sintiendo un fuerte sentimiento de culpa invadir su pecho al mentirle con tal descaro sobre lo sucedido, más aún cuando la observaba con aquellos hermosos y perfectos ojos turqueses que le creían en ella sin dudar ni un segundo en sus palabras, pidiéndole en silencio que confiará en él y se refugiara en él de necesitarlo. Alejó aquellos pensamientos que la torturaban mientras asentía, restándole importancia al golpe inexistente y al moretón que jamás se produciría en su rodilla- Ya no duele tanto. -Dijo sonriente, sintiendo como sus atenciones, a diferencia de otras ocasiones, solo aumentaban la culpa de mentirle, por lo que pretendió alejar su atención al centrarse en los dulces cuan niña pequeña emocionada, observando los tres pasteles que su padre había traído, decidiéndose por uno que parecía de chocolate, antes de volver a cambiar de tema, puesto su opinión era la única que le importaba al respecto, descendió su mirada casi con timidez y vergüenza, sintiendo un ápice de ilusión al escuchar que le gustaba el gesto que había tenido, riendo divertida- También es mi favorito. -Murmuro volteando su mirada hacia el gran árbol que decoraba uno de los rincones de la sala, dotando de colorida iluminación que parpadeaban de manera intermitente con el pasar de los minutos.

Asintió convencida y aún más feliz con la aprobación de su padre, todo había valido la pena, y por sobretodo se alegraba de haber podido terminar con los arreglos antes de que llegará su padre, aunque el recibimiento no había sido óptimo ni como ella esperaba o había imaginado que sería y solo había una persona responsable de aquello. Pretendió seguir con los preparativos para culminar con la preparación de sus galletas, receta que había practicado mucho el último mes en las cocinas de Hogwarts junto a un pequeño elfo que le había ayudado; Raí, un nombre algo peculiar para un elfo doméstico, aunque ella no tuviera demasiada experiencia entablando conversación con uno para saber, pero la pequeña criatura se había ganado su cariño luego de largas noches conversando entre grandes cantidades de galletas quemadas antes de que las raciones fueran comestibles, y es que la pelirroja se había propuesto hacer todo por su parte, a penas y siguiendo las indicaciones del dotado cocinero del castillo; el especialista de los dulces según sus propias palabras. Había practicado demasiado puesto deseaba salieran perfectas antes de dárselas a su padre, quería darle un pequeño regalo, que por minino que fuera pudiera darle recuerdos de épocas mejores en vísperas de navidad.

- Aun están calientes… -Comenzó a decir al ver que su padre tomaba una galleta, antes de reconocer el sonido de los pasos de su madre, por lo que se adelantó a guardar toda evidencia de lo que estaba haciendo, girándose con sorpresa y casi admiración cuando escuchó como su progenitor lanzaba un comentario sarcástico y mordaz hacia su mujer, como si nada. Entreabrió los labios, pero no pudo decir nada, puesto era primera vez que observaba a su padre tratar así a Miranda, él siempre pretendía calmar la ira de su madre, pretendía que sus comentarios sarcásticos no le importaban, y siempre trataba de fingir que las cosas entre ellos iban bien, aunque Caroline bien sabía que aquel matrimonio tenía tanto futuro como ella la posibilidad de verse abrazada por su madre de manera cariñosa, sin ninguna doble intensión de estrangularla en el proceso.

Y fue entonces que tuvo la estúpida idea de interrumpir a su madre, ¿En qué momento se había golpeado la cabeza para encontrar lógico el hablar mientras ella pretendía hacerlo? Descendió su mirada en señal de arrepentimiento, encogiéndose levemente cuando los vocablos de Miranda llegaron hacia ella, dotados de una naturaleza fría, pero menos cruel de lo que habrían sido de estar a solas con ella, se sobresaltó al sentir el fuerte brazo de su padre casi refugiándola, temiendo alzar su mirada puesto sabía que se encontraría con los ojos desorbitados de su madre- P-pero no tengo problema en… -Se silenció con rapidez al ver como su padre insistía en preparar la cena.

Miranda elevó de manera altanera su mentón mientras observaba con desprecio la tierna escena que solo le provocaba náuseas y unos deseos irrefrenables de acabarla con sus propias manos- ¿Ves? Siempre la consientes, hasta en las más mínimas cosas, es por eso que TU hija es una insoportable -Dijo fulminándolos a ambos con la mirada antes de voltearse, y caminar hacia el salón, retirando con fiereza una guirnalda navideña que colgaba sobre la puerta de la cocina, dejándola caer al suelo y pisándola fuertemente antes de seguir su camino. Escuchó como su marido preparaba la cena y como la mocosa comenzaba a predisponer la mesa frente a ella, quien se mantuvo observándola con brazos cruzados y mirada desdeñada- Por todos los dementores, niña, ¡¿Cómo no sabes poner una mesa?! -Se quejó encontrando errores donde no los había y señalándoselos con molestia y de mala gana entre siseos que ocultaban más insultos que indicaciones en susurros que su esposo no alcanzaba a escuchar. Además, ella no pretendía hacer nada por aquella farsa de cena familiar, todos sabían cómo acababan siempre las reuniones dentro de esa casa, y ella se encargaría únicamente de que esta fuera aún más memorable, que en cada minino minuto ellos sintieran en carne propia la miseria que ella afrontaba cada día desde hace años.

Caroline se sentó con la mirada gacha una vez la mesa estuvo puesta, a penas y permitiéndose esbozar una sonrisa al observar los platillos frente a ella, reconociendo que su padre había mejorado mucho sus aptitudes culinarias desde su cumpleaños- Todo se ve… -Comenzó con una gran sonrisa hacia su padre hasta que la voz de su madre la interrumpió- ¿Y por esto has tardado tanto? -Se quejó observando con desaire la cena frente a ella mientras se cruzaba de brazos observando a su marido- Las papas están quemadas -Mentira y así una tras otra comenzó a liberar sus quejas sobre la cena, mientras su hija se servía un poco en el plato, comenzando a comer en silencio- Esta delicioso… -Escuchó que la niña insolente pronunciaba en un susurro observando a su padre, casi como si deseara que ella no se diera cuenta de lo que estaba haciendo- El pavo está seco. -Dijo sin más luego de llevar un trozo hacia sus labios, degustándolo a penas antes de sumergirse en su copa de vino, sintiéndose aliviada de que la mocosa por fin decidiera callarse- Entonces, luz de mi vida, ¿Has hecho nuevas amistades en Hogwarts o te has encargado de recuperar las antiguas? -Cuestiono con veneno en su voz mientras le observaba con detenimiento, analizando cualquier mínima posible reacción por su parte, si él estaba viéndola, ella lo sabría.
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Re: Christmas horror (?) [Komorowski Family]

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Sáb Ene 28, 2017 6:51 am

La primera escena ofrecida por padre e hija resultó inmejorable, cualquier espectador opinaría, una vez presenciada la preocupación y la ilusión mostrada por la decoración navideña, que formaban parte de una familia perfecta de aquellas simuladas en las sitcom de televisión muggle. En la ideal estampa familiar faltaba la aparición de una encantadora madre, típica mujer risueña enfundada en un vestido floreado, aparecería en el salón para recibir con un beso a su agotado esposo, seguido de un chascarrillo que detonaría risas enlatadas. Sin embargo, lejos de fantasías y quimeras, la vida de los Komorowski distaba mucho de asemejarse a una comedia muggle. La familia no podría ser más imperfecta y desastrosa, llena de rencores que desestabilizaban los cimientos de su hogar.

El cabeza de familia rozó con los dedos las hojas del abeto que decoraba su residencia. El movimiento desencadenó una leve oscilación en los ornamentos que cargaban el árbol. Esferas, nebulosas, ramilletes de muérdago, espumillón y estrella fugaz incluida, todo osciló durante breves segundos antes de retomar su posición original, sin haber sufrido daño alguno en el proceso. Las luces intermitentes iluminaron la sonrisa orgullosa de Dobromierz, gesto efímero que tardó en desvanecerse lo mismo que la guirnalda de luces en volver a parpadear. El polaco aprendió la lección tiempo atrás, jamás debía bajar la guardia, dejarse engañar por una felicidad aparente era un error que su antiguo yo solía cometer, pero tropezar cien veces con la misma piedra dotaba a uno de sabiduría suficiente para dar un rodeo u optar por un sendero distinto. De bajar la guardia encerrado en una jaula con bestias, la consecuencia sería la muerte o un desmembramiento. Su casa no se distinguía tanto de una jaula, y su esposa era lo más parecido a una bestia que hubiera visto jamás, debía andarse con cuidado si quería conservar la cabeza sobre los hombros.

Disfrutaba la calidez de una galleta recién horneada cuando apareció la bestia, dirigiendo hacia su víctima predilecta las exigencias y demostraciones de celos tan típicas de ella. Resultaba irónico que, en su época de noviazgo, Dobromierz considerara la celosía de Miranda una demostración adorable e incluso excitante, una cosa más que añadir a la extensa lista de encantos que el tiempo y la convivencia exterminó por completo. Ya pasó la época de sentar a la pelirroja en su regazo y susurrar contra sus labios que no tenía ojos para ninguna otra, de todos modos nunca fue sincero respecto a eso.

El polaco acogió a su hija en un paternal abrazo, obcecado en la idea de preparar la cena navideña. Bastante esfuerzo gastó Caroline acondicionando la casa para adaptarla a la época festiva, se merecía un descanso mientras que su padre empleaba la magia doméstica para preparar una cena variada.—Ni la escuches.—Recomendó cuando su esposa se marchó, aparentemente enojada por su costumbre de consentir a la hija de ambos. Dobromierz tuvo que morderse la lengua para no insultar a Miranda, en su intento de evitar humillar y faltar al respeto delante de Caroline. La magia apareció cuando el cabeza de familia quedó a solas con los ingredientes y utensilios de cocina, ocupó sencillos encantamientos culinarios aprendidos un mes atrás cuando se encargó de preparar una cena de cumpleaños para una de las pelirrojas presentes.  Una vez terminada la danza alimenticia, las recetas preparadas se dirigieron motu proprio hasta la mesa del comedor.

Una vez dispuesta la mesa, Dobromierz tomó asiento entre las dos mujeres de su vida. El olor a pavo horneado le recordó a navidades previas, inhaló el aroma y sujetó los cubiertos con la idea de trinchar el pavo. La acción fue detenida cuando escuchó la primera de muchas réplicas pronunciadas por Miranda.—He tardado lo típico en estos casos. Lo sabrías si—«no fueras una holgazana inútil»—te gustara más cocinar.—Terminó, tragándose su rabia antes de comenzar a trinchar el pavo, repartiendo después una porción en cada plato. Ignoró la crítica sobre las patatas gratinadas, centrándose en el cumplido de Caroline con una leve expresión de frustración.—Gracias Caroline.—Murmuró, justo cuando la odiosa voz de su mujer comentó que el pavo era seco. Una mirada dispar fulminó a Miranda, secundada por la sonrisa más falsa que Dobromierz fue capaz de formar.—Pues como tú, cariño, seco como tú.—Contestó sarcástico, con un falso afecto cuyo efecto venenoso resultó más tóxico que cualquier insulto.

Probó un jugoso trozo de pavo, detectando la mentira de Miranda cuando calificó la carne como seca. Sujetó la copa de vino, dirigiéndola hacia sus labios y deteniéndose en mitad del camino tras oír su pregunta. Notó resecarse su garganta, pero intentó disimular su nerviosismo lo mejor que pudo, sabía que Miranda buscaba cualquier pretexto para discutir y para dejarle como culpable e infiel frente a su hija.—No he hecho nuevas amistades, nada más que conversar a veces con la maestra de pociones. Por lo demás, mi compañía se limita a estudiantes adolescentes y plantas.—Contestó, verdad a medias. Bebió un largo trago de vino, necesitaría alcohol en las venas para superar la dichosa cena navideña sin morir en el intento.

Miranda expresó su desconfianza con una mirada afilada, tomándose la respuesta de su esposo como una bofetada.—¿Me mientes delante de nuestra hija?.—Respondió con malicia. No tenía pruebas que demostrasen la mentira, más que haber convivido con Dobromierz durante más de una década, motivo sobrante para detectar anomalías en su comportamiento. La pelirroja apuró de un trago hasta la última gota de vino, dejando la copa vacía a disposición de su marido.—Es nuestra hija cuando te conviene, hace unos minutos era solo mi hija.—Respondió el polaco, rellenando la copa de su mujer hasta que el vino tinto besó los límites del recipiente. En la mente de Dobromierz se debatían dos certezas, una le recordaba que emborrachar a Miranda aumentaría su capacidad de ser insoportable, y otra le insistía en que, una vez ebria, bajaría la guardia en algún punto y terminaría cayendo rendida. Por un breve instante, Dobromierz observó a Caroline por el rabillo del ojo, sólo para averiguar cuál sería su reacción como testigo del amago de discusión entre sus progenitores.

Durante diez minutos reinó la paz, el único ruido que hubo en la vivienda fue una miscelánea compuesta por el tintineo de cubiertos, ruidos característicos de la deglución y crujidos de leña chamuscada. Aun habiéndose quejado, Miranda devoró tres patatas supuestamente quemadas e instó a su marido a que la sirviera una nueva porción de pavo. El herborista no protestó, pues la prefería con la boca ocupada, sirvió otro trozo y se dedicó a seguir comiendo en silencio absoluto. Igual que en el mundo muggle, la paz en la familia Komorowski tenía fecha de caducidad, y siempre era Miranda quien entregaba la declaración de guerra.—Niña, deja de comer, te estás poniendo gorda y ningún hombre te querrá.—Acusó a Caroline, contradictorio considerando que su madre comió el triple que ella. Tras el comentario Dobromierz levantó la mirada, sorprendido por su descaro y crueldad, comprobando que el alcohol sonrosó las mejillas de su esposa, que ya apuraba su cuarta copa de vino.—No digas tonterías, está perfecta.—Objetó, conteniendo las ganas de insultar su aspecto como respuesta. Dobromierz revolvió los cabellos naranjas de su hija en ademán reconfortante.—Y ya tiene un hombre que la quiere, su padre.—Exclamó, con orgullo y sospecha, sin intención de ceder el puesto a ningún pretendiente interesado. Ignorando el gesto de malhumor de su esposa, el polaco apartó su plato vacío y se levantó de la mesa.—Tengo una sorpresa antes de seguir comiendo.—Anunció, frotándose las manos. Su semblante no mostraba alegría alguna, sólo indiferencia y cierto malhumor ocasionado por la compañía de su esposa, que provocaba dicho efecto.—Ya mismo lo traigo, está arriba.—Abandonó el salón, precipitándose escaleras arriba hasta la buhardilla donde guardaba los regalos, entre un montón de trastos viejos y polvorientos que llevaban años sin tocarse.
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Re: Christmas horror (?) [Komorowski Family]

Mensaje por Caroline Komorowski el Mar Feb 07, 2017 1:55 am

Sentarse a cenar en familia durante las fiestas navideñas era una hermosa tradición que podía disfrutarse en la mayoría de las familias, probablemente todos juntos decorarán la casa, escuchando música típica mientras degustaban un poco de ponche y comían galletas recién horneadas entre risas e historias vergonzosas y divertidas de cada miembro de la familia, tal vez también se darían el trabajo de distribuir la producción de la cena, para que cada uno tuviera un papel que desempeñar en esta y así todos sentirse orgullosos ante el espectacular resultado final sobre la mesa al momento de comer, reirían halagándose unos a otros, disfrutando de la comida todos juntos y de extensas conversaciones que durarían más horas de las pensadas, yéndose todos a dormir a entradas horas de la noche con una sonrisa sobre sus labios, e ilusión ante los acontecimientos del siguiente día. Sonaba lindo el pensar una realidad así, era tanto como desmotivante y al mismo tiempo le hacía más tolerable el soportar la situación que estaba viviendo en aquel momento, como si pudiera sumirse en una mentira en sus pensamientos para suavizar la tensión del ambiente actual.

Caroline mantuvo su mirada en el plato vació una vez se vio sentada a la mesa junto a sus dos padres, aunque internamente deseaba solo haber pasado aquella festividad con uno de ellos, lejos de la bruja de Miranda. Los insultos no tardaron en llegar, la pelirroja trato de concentrarse en comer, pretendiendo halagar las habilidades culinarias de su padre, las cuales habían mejorado con los años, haciéndolo prácticamente su cocinero favorito. Después de todo él siempre era el mejor en todo a ojos de su hija.

La joven extendió su mano hacia su vaso de zumo de calabaza, uno de sus predilectos, bebiendo un largo sorbo sin atreverse a mirar a sus padres intercambiar hermosas palabras de amor referente al pavo y la sequedad de su madre, lo cual no estaba muy alejado de la realidad, puesto Caroline estaba completamente segura que su madre estaba podrida por dentro. Siguió disfrutando en silencio de su cena, esbozando una efímera sonrisa cada vez que llevaba un nuevo exquisito bocado a su boca, adoraba las papas gratinadas más en contraste con el jugoso sabor del pavo, tal vez debería centrarse en definir el sabor de su cena y así no prestaría atención a la deleitante conversación que estaban llevando sus padres. Con el tiempo había aprendido a bloquearles, distraer su mente con algo más “estimulante”, recuerdos de diferentes momentos en Hogwarts, tareas y objetivos a futuro para su regreso al castillo, como volver a la torre abandonada y disfrutar de la hermosa visión que le entregaba la fachada destrozada del horizonte, también debería aumentar la intensidad de los entrenamientos de su equipo, quizás podría pensar en nuevas maniobras para las prácticas y así mejorar la efectividad de sus jugadas.

Pero todo pensamiento coherente en aquella nube de ideas que la alejaban de su realidad se esfumo por completo al escuchar dos palabras que su madre nunca pronunciaba “nuestra hija” ¿Acababa de aceptar que era su hija en voz alta? Caroline alzó la mirada de manera automática observando con confusión a la mujer frente a ella, antes de girarse hacia su padre ante su contraataque mientras llenaba nuevamente la copa de su madre, ¿Cuántas copas llevaba ya? A penas y habían comenzado a cenar, ¿acaso pretendía emborracharla? Ambos sabían que aquello desencadenaría un infierno que traería paz finalmente, pero tendrían que sobrevivir el infierno primero antes de disfrutar la calma que venía con la inconsciencia de su madre ante la borrachería- Hace unos minutos no la necesitaba en mi fundamento. -Fue la dulce respuesta de Miranda, lo que hizo que Caroline volviera a hundir su mirada en su plato a medio comer, decidiéndose a retomar su labor y seguir degustando la deliciosa comida.

Se tensó una vez más ante las palabras de Miranda, nada nuevo en realidad, siempre le decía lo mismo, nunca nada le daba en el gusto- Que su padre la quiera realmente no importa… -Reprocho la mujer con odio y veneno mientras fulminaba con la mirada a su marido al reconocer el gentil y tierno gesto que tuvo con su hija- Si no es capaz de atraer a un hombre perderá la única utilidad que podría tener para nosotros… Espero mínimo puedas conseguir alguien de buena familia, niña, y así -Señaló su plato- no llegarás a ninguna parte -Cortó con crudeza antes de ahogarse en su copa de vino, bebiendo grandes sorbos, en su mente el única provecho posible que podría obtener de aquella molestia era si está conseguía un pretendiente de buena cuna y situación, que pudiera enaltecer su nombre.

Y aquello fue todo lo que Caroline necesito para perder el apetito, no por la crueldad de su madre, sino por lo que la obligo recordar; a quien le hizo recordar. Presiono sutilmente los puños bajo la mesa, ocultándolos mientras trataba de respirar con calma, pretendiendo alejar la imagen de aquel rubio de ojos platinados en una celda de Azkaban, más aún para reprimir sus deseos de verle, su necesidad de estar a su lado- ¿Qué? -Alzó su mirada en un sobresalto cuando escucho a su padre levantarse, volteándose casi con violencia hacia él extendiendo su mano de manera inútil al verle subir las escaleras quedando con un claro “No” atorado en la garganta. Tembló en su asiento al escuchar la efímera risa de su madre, estaba a solas con ella- Siempre es lo mismo contigo, fingiendo ser la victima de todo esto. -Comenzó la mujer, logrando que Caroline la observara extrañada- ¡No te atrevas a mirarme así! -Golpeó la mesa, volcando un poco de su vino en el proceso lo que la hizo molestarse aún más- A mí no vas a engañarme con esa falsa inocencia, mocosa. No volverás a humillarme o insultarme esta noche, ¿entendiste? ¿O debo sumar más castigos a tu lista? -Amenazó antes de beber jocosa de su copa, disfrutando de sobremanera la ausencia de su marido, y descargando su ira con la niñata frente a ella.

Extendió su mano por sobre la mesa, haciéndose con una de las de su hija, en lo que en cualquier otra familia sería considerado un gesto de amor, pero en esta casa significaba todo lo contrario, Miranda cerró su mano con presión sobre esta, doblando sutilmente sus dedos en un ángulo contrario mientras la observaba con seriedad, disfrutando de la mínima mueca de dolor que observaba, más aún del carente grito que sabía estaba luchando por reprimir- Has mejorado, no puedo negarlo -Soltó sin más, con desprecio, dejándola en cuanto escuchó los sonidos en la escalera, a lo que la joven oculto su mano enrojecida con la otra, descendiéndola sobre su regazo mientras se mordía el labio interior- ¿Cuánto tiempo más piensas tardar? -Exclamó con molestia, vaciando su copa en un último trago antes de llenarla nuevamente.
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Re: Christmas horror (?) [Komorowski Family]

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Miér Mar 01, 2017 11:20 am

Esperaba que la sorpresa ayudara a enfriar los caldeados ánimos, en caso contrario el pavo no sería lo único trinchado en el hogar de la familia Komorowski. Alejarse de su esposa significó un alivio, mientras subía los peldaños Dobromierz tuvo la ocasión de respirar profundamente e intentar calmar los nervios que su insoportable mujer alteraba. No era ninguna novedad. Llevaba aguantando situaciones similares durante más de una década, estaba tan acostumbrado a discutir que incluso podía llegar a disfrutar buscando respuestas irónicas e ingeniosas con las que atacar a Miranda. No, el problema no residía en la falta de costumbre, el problema residía en que odiaba que sucediera frente a las narices de Caroline. Mientras estuviera bajo su control, siempre intentaría evitar que su hija supiera lo agresiva que podía llegar a ser Miranda, y que presenciara que su padre terminaba contagiándose de su agresividad y correspondiendo con la misma moneda. Ella no tenía porque saber eso.

A veces tenía esperanzas, confiaba en que Miranda reflexionaría y comprendería que la vida no terminó tras quedarse embarazada, que la felicidad seguía siendo una posibilidad para ella. En caso contrario, seguirían siendo infelices juntos hasta que la muerte viniera a buscarlos, después de todo en eso consistía el matrimonio. Aunque le hubiera encantado disfrutar de un buen rato en soledad, se obligó a apresurarse porque le parecía una pésima idea dejar solas a madre e hija estando beoda una de las partes, no quería ni imaginar las burradas que podía llegar a decir su esposa tras haber consumido tanto alcohol.

Tras subir las escaleras, se introdujo en la buhardilla que utilizaban como trastero. Intuía que ninguna habría entrado en ningún momento, pues desde hacía muchos años utilizaban el desván para guardar cosas inútiles que ocupaban espacio en la casa. Antiguos juguetes de Caroline, ropa vieja, álbumes de fotos y un sinfín de trastos similares. Los regalos envueltos y en una bolsa se encontraban justo tras un cortacésped muggle averiado, tomó la bolsa y se precipitó escaleras abajo.

Estaba por entrar en el salón cuando escuchó la voz de su mujer echándole en cara que estuviera tardando tanto. «Tan desagradecida como siempre» Tras fruncir el ceño se adentró en la sala, comprobando que Miranda recargaba la copa con el quinto o sexto trago de la noche.—Ya está bien, no me apetece llevarte en brazos a la cama.—Dejó la bolsa sobre la mesa y arrebató a su esposa la bebida, apurándola de un trago. El dulce sabor de la bebida alcohólica fue acompañado por una sensación de ardor que recorrió su garganta y se instaló en su estómago, el vino le pasaría factura más tarde. Su atrevimiento desagradó sobremanera a Miranda, que estuvo a punto de replicar, Dobromierz percibió la separación de sus labios y actuó en consecuencia, hablando en voz alta para impedir que pudiera interrumpirlo con un tropel de protestas.—Santa Claus ha visitado a esta humilde y pacífica familia.—Anunció irónico, aprovechando la ocasión para dirigir una mirada acusadora a la pelirroja adulta. De la bolsa encantada, pequeña en apariencia, sacó un total de cuatro paquetes envueltos en papel de regalo con motivos navideños. Alegremente, entregó dos regalos a su hija y, a regañadientes, ofreció los dos restantes a una Miranda que no merecía más que carbón.

No sería necesario esperar a que desenvolvieran los regalos, Dobromierz sabía sobradamente que Caroline apreciaría cualquier presente entregado por su padre, y que Miranda despreciaría el presente abieramente o disimularía en caso de gustarle. Tomó asiento junto a su hija, contemplando a ambas mujeres con gesto indiferente, esperando las reacciones que sospechaba tendrían lugar enseguida. El mayor paquete de Caroline ocultaba un uniforme de Quidditch con su apellido bordado en letras verdes, igual que lucían los jugadores profesionales que solían ver en el periódico. El segundo regalo guardaba sus viejos guantes de la suerte, por los que sentía tanto aprecio que estaban perfectamente conservados, tanto que relucían como si fueran nuevos. En su adolescencia, Dobromierz solía pregonar que traían suerte, pues jugando con ellos llevó a Slytherin a la victoria en múltiples ocasiones.

Volteó para observar como su esposa rasgaba el papel de regalo con ningún cuidado, ansiosa por descubrir el contenido de su regalo. Con ella siempre resultaba más difícil, aunque el polaco conociera los gustos de la Miranda adolescente, ésta había cambiado tanto que ya no sabía si acertaría con su regalo. El precioso vestido blanco fue un consejo de Míra, seguramente Miranda lo rompería en pedazos de enterarse que su examiga escogió el regalo navideño que su marido le trajo. El segundo paquete, por si el primero no le satisfacía, eran unos pendientes de oro blanco que Dobromierz pudo permitirse comprar gracias a su primer sueldo como profesor de Hogwarts, bastante mejor pagado que su anterior empleo.

¿Y bien? ¿Qué os parece? —Preguntó, fingiendo interés.




hija:
Soy malvado, pero en este mensaje no me salía hacer de Miranda
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Re: Christmas horror (?) [Komorowski Family]

Mensaje por Caroline Komorowski el Miér Mayo 17, 2017 11:57 am

Ups:
Se que dijimos post menos largos, pero... me emocione (?)
perdón

La voz de su padre logró que Caroline liberara un pesado suspiro de alivio mientras ocultaba con vehemencia su mano logrando que el dolor se intensificara tenuemente al preocuparse de presionarla bajo la contraria para no llamar la atención de su padre. Escucho los insultos mascullados por parte de Miranda al verse despojada de su preciada copa, sin importar que está ya estuviera vacía. Se volteó tratando de fingir calma hacia su padre, sin poder evitar sentirse algo sorprendida ante sus palabras puesto había olvidado por completo que era navidad durante el transcurso de la agradable cena familiar. No le sorprendería en absoluto que las horas hubieran transcurrido ya casi llevándolos a las doce y así declarando finalmente el veinticinco de diciembre, puesto para ella la cena había durado demasiado a pesar de no haber siquiera podido finalizar su plato de comida ya fría.

Una sincera sonrisa se posó sobre los labios de la joven al observar los dos paquetes envueltos en diseños coloridos de la ocasión antes de girarse hacia su padre con ilusión y agradecimiento, pero sin atreverse a sacar sus manos debajo de la mesa aun, debía ganar tiempo, por lo que simplemente se limitó a observar las reacciones de su madre mientras abría los obsequios, sin inmutarse ante el gesto fruncido de la mujer mientras rasgaba descuidadamente los envoltorios. Los ojos críticos y fríos de Miranda ocultaban cualquier mínimo ápice de curiosidad que pudiera estar atormentándola ante el desconocido regalo que su esposo le había escogido para aquella fecha, se sorprendería si no se trataba de alguna poción venenosa o una planta extraña y asquerosa que fuera a matarla por la noche. Antes de dar el último tirón del moño, alzo su mirada altanera hacia el hombre que decía amar, y a la molestia sentada a su lado para luego abrir finalmente el primer obsequio, enarco una ceja en cuanto sus sentidos captaron un color níveo de tela, ¿Qué clase de broma era esa? Con algo de asco tomo el presente, haciendo la silla hacia atrás con su cuerpo para permitirse estirar un hermoso vestido frente a sus ojos, pero aun así su expresión no cambio- ¿Blanco? -¿Acaso quería hacerla lucir gorda? ¿Quién regalaba algo blanco a una mujer? El único momento en que una mujer debía usar blanco era para casarse, y ella, por mala suerte, ya había arruinado su vida de aquella manera hace unos años. Bufo por lo bajo, y tomo el siguiente regalo sin decir nada más, sin dar siquiera otra mirada, pero esta vez su semblante si se modificó sutilmente al reconocer unos perfectos pendientes blancos, pero el color le daba exactamente igual puesto eran de oro, siendo quizás el mejor regalo que su esposo le había dado hasta la fecha. Quiso agradecer, quiso sonreír, pero no pudo, ya había olvidado como hacerlo de forma real sin crueldad, además ¿Por qué debería agradecerle por hacer algo bien por primera vez en su vida? ¿Por qué debería agradecerle por intentar recompensarla por haber arruinado todo? No, él estaba simplemente cumpliendo con lo que debía, ella no debía agradecer nada.

Sin decir más removió los pendientes que ya llevaba y se colocó los nuevos, algo que nunca había hecho con ningún obsequio, puesto nunca terminaban de gustarle. Era un agradecimiento silente que esperaba él agradeciera, porque era él quien debía estar agradecido con ella y no al contrario- ¿Habrá postre? -Cuestionó volteándose hacia ambos sin mediar mayor palabra, a lo que el pequeño monstruo se levantó con rapidez de un salto, provocando una sonrisa en la mujer al reconocer que ni siquiera había tocado sus presentes.

- Lo hay, pero… -Se volteó hacia su padre con una sonrisa, sonrisa perfecta que solo logro que Miranda frunciera el ceño- Antes tengo que entregarles algo -Estúpida niñata, aún no entendía como su esposo se dejaba engañar por aquella fachada de ternura patética. Le observo marcharse y sin más tomo otra copa de vino, llenándola y finalizándola de un solo trago.

Caroline, huyo con rapidez del comedor, examinando rápidamente su mano en cuanto estuvo en otro cuarto. Un suspiro de alivio se liberó al ver que la zona enrojecida había vuelto a la normalidad, movió sus dedos permitiéndose abrir y cerrar su puño continuamente hasta que la sensación molesta desapareció para luego dirigirse hacia su bolso y tomar los dos regalos. Si, estaba obligada a regalarle algo a Miranda aun cuando ella nunca le daba nada, pero realmente daba exactamente igual, lo único que le importaba en aquel momento era el pesado paquete cuadrado que llevaba bajo su brazo izquierdo; el primer regalo real que podría darle a su padre, había reunido sus dos primeros sueldos para poder darle aquello para navidad, y estaba sumamente emocionada por ver su reacción al recibirlo, puesto está era solo la primera parte, el verdadero regalo vendría cuando no contarán con la presencia de Miranda.

Volvió al comedor con los dos regalos y un sin número de frutas, flanes y delicias levitando a su alrededor. Los platos a medio terminar de comida se alzaron y en su lugar se vieron depositadas las fuentes con fruta y nata dulce, además de un pote de creme brulee individual para cada uno, que había estado preparando desde temprano- Listo -Sonrió antes de extender una pequeña pero hermosa caja aterciopelada hacia su madre con duda, dejándola frente a ella y luego extender con sus dos manos la caja roja hacia su padre, adornada de un hermoso moño verde- Feliz navidad -Le sonrió, tomando asiento una vez más a su lado. En el interior su padre encontraría una colección de libros de Herbología; libros que en su mayoría sabía que tenía, pero aquellos eran especiales, eran primeras ediciones que se había tardado años en encontrar, pero que finalmente se había podido permitir comprarlos. Había gastado un sueldo completo en ello, la mitad de otro en el hermoso collar, que Miranda para su sorpresa se colocó sin mediar palabra antes de comer, y el resto había ido para el segundo regalo sorpresa de su padre. Si, había gastado todo lo que tenía de momento, pero sabía que siempre trataría de darle todo lo que pudiera a él, a quien había prácticamente abandonado su vida por ella, a quien le había dado todo y más, a quien era todo para ella.

Aun con ojo curioso sobre la silueta sorprendida de su padre se volteó hacia sus propios regalos, y sin poder contener más la emoción, rasgo los envoltorios antes de saltar de emoción al reconocer el perfecto uniforme de Quidditch con su nombre grabado en la espalda- ¡Por Merlín! ¡Es perfecto! -Saltó observándolo desde todos los ángulos, acercándolo a su rostro y abrazándolo, colocándoselo sobre sus ropas normales sin importarle la mala cara de su madre, y abalanzándose sobre su padre entre vitoreo y alabanzas hacia él, porque Miranda simplemente había desaparecido de la mente de la joven- No puedo creerlo, es perfecto, sublime, el mejor -Dijo dando saltitos infantiles mientras tomaba el siguiente, deteniendo sus juegos al reconocer los guantes antiguos de su padre reposando sobre sus manos. Se volteó en silencio hacia él con incredulidad y palpable emoción en el cielo azulado de sus ojos- ¿D-de verdad? -Tragó con pesadez, descendiendo su mirada hacia el cuero desgastado, pero aun conservado en perfectas condiciones, denotando como sus manos temblaban levemente al tomar aquella reliquia una vez más. Siempre desde pequeña los había admirado y se los había pedido a su padre en infantiles caprichos, y ahora finalmente los tenía en sus manos. Sabía lo que significaba aquel par de guantes para su padre, sabía lo que para cualquier jugador de Quidditch significaban sus indumentarias y aun así él se lo estaba regalando. Con cuidado los guardo una vez más en su caja y abrazo a su padre conteniendo el lagrimeo que se acumulaba en sus ojos, él le había dado su vida y ella lo recompensaría cada día de la suya.
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Re: Christmas horror (?) [Komorowski Family]

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