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Never in your wildest dreams. [Grigo]

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Never in your wildest dreams. [Grigo]

Mensaje por Elizabeth H. Wellesley el Miér Dic 28, 2016 4:32 pm

Desde que Andrew había fallecido, la Navidad se había convertido en una tortura para los Wellesley. La casa había dejado de llamarse hogar, las horas se hacían siglos y el llanto reinaba por cada rincón del piso. Como era de esperar, Elizabeth aún no se había atrevido a pisar la habitación de su hermano fallecido, era incapaz de observar sus objetos, su ropa, sus pertenencias y no desmoronarse. No quería que sus padres la viesen así, rota y hundida. Tenía que mostrarse fuerte, ser un ejemplo para ellos y motivarles a continuar con la vida, a luchar cada día y seguir recordando a su mellizo con una sonrisa y no a través e lamentos.

Aquella mañana se había levantado con ánimos, había arreglado su desorganizada habitación, había ayudado a su padre a limpiar el salón mientras Destiny cocinaba un apetitoso solomillo al Whisky y, por último, había colocado la ropa de forma ordenada en el armario. Al caer la tarde, se dio una buena ducha mientras tarareaba las canciones aleatorias que reproducía la radio y, finalmente, agarró la ropa adecuada para aquella noche. Después de tres meses iba a reencontrarse con Zoey, una amiga de la infancia y no podía esperar para abrazarla y ponerla al día de todo.
A pesar de haberse resistido y negarse ante el plan propuesto por la rubia, Lizzy aceptó la propuesta. Era la primera vez que la inglesa pisaría una discoteca y aunque no estaba por la labor, lo había hecho por su amiga. Elizabeth, a menudo se preguntaba por qué no podía ser como las demás y disfrutar de un buen baile, alcohol y tontear con algún que otro chico de buen ver, sin embargo, aquello era un rollo que no pegaba con su personalidad.

-Mamá, me siento absurda. Mírame- pidió observándose así misma en el espejo. Una falda ajustada se posaba sobre su cintura, acompañado de una camisa lisa y una chaqueta negra de cuero. -Zoey dice que voy perfecta pero...- la voz de su madre la interrumpió, asegurándole que no habría chica más guapa que su hija en la fiesta. Elizabeth esbozó una pequeña sonrisa y besó la mejilla de su madre como despedida, agarró el bolso, se aseguró de llevar las llaves y cerró la puerta mientras se dirigía a la zona citada.

Elizabeth contempló el ambiente y decidió esperar a su acompañante antes de entrar en la sala. Observó varias veces el reloj que decoraba su mano izquierda y negó ante la idea de que pudiera haberle dado plantón. "¿Dónde diablos se ha metido?" se preguntó así misma empleando un tono molesto y desvió la mirada hacia un grupo que salía de la discoteca. A simple vista parecían estar borrachos y discutiendo entre ellos mismos, por lo que Elizabeth apartó la mirada para no meterse en líos. Aquel ambiente no iba con ella. "Maldita Zoey, te voy a matar" prometió dejando caer su cuerpo en una farola mientras se apoyaba con un solo pie.
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Re: Never in your wildest dreams. [Grigo]

Mensaje por Grégoire D. Gattive el Dom Abr 16, 2017 11:43 am

Hey there Little Red Riding Hood
You sure are looking good

Caviló en silencio. Los labios prietos contra el filtro del cigarrillo y la mano izquierda aferrada a un vaso de contenido transparente y puro. Aquello era lo más cerca que esos dos adjetivos llegarían jamás a Vólkov; su hábito era la maquinación ladina y la conspiración traicionera, su más fiel herramienta. Envuelto su cuerpo menudo y avaro por una túnica negra, la criatura tenebrosa deambulaba por el pequeño ambiente que hacía las veces de estudio y galería con el garbo del buitre que se acerca con su vuelo pesado a la osamenta pútrida y vomitiva. Mas, para él, la carroña constituía el más fino bocado que destinar a su salvaje glotonería. Como el buitre, no eran los manjares de su mesa plato apto para cualquier paladar, ni la divina obscenidad de su existencia compañía grata para el resto de los mortales. Por eso, el engendro se paseaba en la soledad de su refugio al son de su inspiración plasmada en la belleza del color y el óleo sobre el tapiz.

Sería menester caminar el sendero hacia la corrupción para quien deseara satisfacer cualquier afán de pergeñar por un instante las elucubraciones de su psique. A fin de cuentas, sabido era por todos que se requería adentrarse en las tinieblas para comprender a la oscuridad, y su naturaleza era tal que, una vez en sus fauces, no había escapatoria ni camino de regreso. Así, la curiosidad era la mayor aliada de la Sombra. Para quien tomara la nefasta decisión de procurar asomar la jeta a tal espectáculo, sería una verdad evidente que su mente se hallaba fija en el destino de su hermana. Poco le interesaba la puta italiana de labios carnosos y mirar pecador que había osado atacarle por la espalda. Aunque, en verdad, poco era adjetivo relativo cuando de Vólkov se trataba porque su extensión obedecía sólo a los designios de su mutable capricho, y lo que hoy era para él poco, mañana bien podía ser una insana obsesión. Mas, aunque pusiera empeño en negarlo, se sentía demasiado atraído por la bruja. Quizá porque reconocía en ella a una criatura cortada por la misma tijera. Quizá por eso, la imagen del lienzo era una fiel representación de la italiana. Verla frente a él, recreada por el arte, no hizo otra cosa que endurecerle la polla y catapultarle la imaginación hacia fantasías imposibles de describir en palabras humanas.

—Suficiente—. Reconoció la necesidad de distraerse en vez de verse sometido al cruel placer de masturbarse hasta perder el conocimiento. Lo pensó. Tenía a su alcance una botella de Stolichnaya… De pronto, el pensamiento le pareció de lo más seductor, sobre todo en vistas de la mirada de zorra insaciable que le dedicaba el retrato. Admitía que entregarse al deseo de aquel modo era una nueva forma de superar los límites de su golfonería. «No». Repitió mentalmente, imponiendo una voluntad inesperada al tironeo de la lujuria. Ya pasaría tardes enteras con su mano y su memoria… Cuando tuviera de ella algo más que una simple pintura.

Decidió salir. Sin reemplazar su oscura vestimenta, el mago giró sobre sus talones y Desapareció del refugio que fielmente le había servido desde que puteara a Vladik y a toda su ascendencia. Apareció en un callejón de Londres, junto a unos basureros. —¡¡Oooooooooooostia puta, tronco!! ¿’nde coñeas salio?—. La voz llegó apagada hasta sus oídos, y su tacto sintió contra su cuerpo el abrazo del frío invernal. Mas el ruso no hizo ademán alguno en señal de sufrir la caricia, si no lo contrario. Tras haber pasado noches enteras junto a Lyra en las ventiscas soviéticas, el invierno británico era como un trago de agua tras haberse echado al gaznate una medida entera de vodka. —¿Vas borracho tan temprano?— devolvió con un tono cargado a partes iguales de asco y curiosidad. —Nunca es temprano para empinar el codo, ¿eh, amijoh?—. El hablar farfulleante del ciruja en pedo le arrancó una risotada. Touché. Me caes bien…— amagó una patada virulenta, provocando que el borracho se retorciera y trastabillara contra uno de los contenedores, derramando el contenido precioso de su botella de licor. La risotada volvió a aparecer mientras Grigoriy Vólkov emprendía el camino de salida del callejón.

De humor tolerable gracias al encuentro con el vago ebrio, el varón echó a andar por la calle en dirección a un sitio al que había concedido su atención desde hacía algún tiempo. Se detuvo en seco cuando su línea de visión penetró sin recato el culo de una castaña cuya falda prieta dejaba poco lugar a la imaginación. Sin pensárselo dos veces, se acercó a ella como el basilisco que acecha a su presa. —Qué plan más entretenido, venir un sábado por la noche a mirar la entrada del club muggle. De seguro hay planes peores... aunque no se me viene ninguno a la cabeza—. La figura enjuta y larguirucha del artista Desapareció cuando los ojos de la desconocida acudieron a sus palabras. Apareció frente a ella sin la menor preocupación por los muggles que se demoraban en la entrada. Tenía que agradecerle a Specter por aquel hermoso placer de no ponerle freno a la magia. —En fin, monada, que te han dejado plantada, ¿eh?—. Fingió tristeza aunque la actuación fue funesta. Las tinieblas se arremolinaban ante su presencia y pugnaban por abrazar su desgarbada silueta.

You're everything a big bad wolf could want
Listen to me
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Re: Never in your wildest dreams. [Grigo]

Mensaje por Elizabeth H. Wellesley el Mar Jun 27, 2017 7:01 am

Gritos, ruidos estresantes, música alta y fiestera, discusiones y peleas, un ambiente que Elizabeth nunca había soportado y detestaba hasta la saciedad. Si sus dos mejores amigos, especialmente Heimdall, la viese en aquel lugar después de tantos rechazos a sus similares planes, seguramente no volvería a proponerle ninguna salida más. Sin embargo, se había interesado por los planes de ambos chicos aquella noche, cerciorándose para no llevarse sorpresa alguna y fastidiar su noche.
El ambiente se palpaba tenso al igual que el cuerpo de la inglesa. Se sentía fuera de sí, incómoda y temerosa por los salvajes ciudadanos que se comportaban como animales en celo. Con cierto disimulo y ocultación, retrocedió varios pasos hasta esconder parte de su pequeña y delgada figura en la farola más próxima. Observó y analizó la mejor salida para escabullirse de allí y seguir esperando a su amiga desde una zona más tranquila y acorde a sus preferencias. Así fue, caminó con decisión hasta la esquina más lejana del club muggle que daba lugar a un  solitario y oscuro callejón lleno de restos de bebidas alcohólicas y cigarros.

Frotó sus brazos repetidamente para entrar en calor y concluyó con un suspiro poco alentador. Conocía a Zoey, conocía también los pequeños problemas que contraía y como aquella medicación que tenía que tomar cada tarde, la dejaba exhausta y adormilada. No era de extrañar que se hubiese quedado sobada en el sofá pero, al fin y al cabo, Elizabeth era incapaz de reprocharle nada.
Aburrida y cansada de esperar, dejó caer su cuerpo sobre una fría y estropeada pared, colocó los brazos en forma de jarra y consintió que todo su peso cayese sobre un solo pie. Pero una misteriosa y desconocida voz captó su atención consiguiendo que la castaña diese un brinco, desprevenida. Giró su cuerpo hasta dar con la persona anónima, encontrándose con alguien larguirucho y de aspecto frío. Analizó al masculino de arriba abajo y observó sus ropajes oscuros que le proporcionaban una apariencia peculiar. Enarcó ambas cejas ante el comentario sin comprender de dónde había sacado las confianzas para decirle tal cosa. Con el ceño fruncido, esperó que terminase la conversación casi desafiándolo con la mirada. -Mi pregunta es.. ¿quién ha pedido tu opinión?- preguntó con un tono borde poco habitual en ella. -De hecho, ¿quién te ha dicho que puedes quedarte aquí?- contraatacó dándole la espalda y avanzó varios pasos, próximos a una carretera desalojada. Indignada, se detuvo al borde del acerado y desechó los restos de frustración. -Por cierto, también se te ve muy entretenido. No entiendo por qué no se me ocurrió antes tu plan que el mío. Ya sabes, deambular solo y molestar a las personas, es algo totalmente genial para echar la noche- empleó sarcasmo en cada una de sus palabras y escuchó como los pasos de la persona intimidante, se acercaba hacia ella acortando toda distancia. Una sensación desagradable invadió todo su ser y de alguna manera u otra, supo que sería difícil deshacerse de él.
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