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After all this time, I can´t believe it´s you {Brandon H. Setterfield}

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After all this time, I can´t believe it´s you {Brandon H. Setterfield}

Mensaje por Alexandra J. Leroux el Mar Dic 27, 2016 2:35 pm

"Siempre hay un momento en que el camino se bifurca, cada uno toma una dirección pensando que al final los caminos se volverán a unir. Desde tu camino ves a la otra persona cada vez más pequeña. No pasa nada, estamos hechos el uno para el otro, al final estará ella, pero al final solo ocurre una cosa, llega el puto invierno".



La vida de Alexandra Leroux había dado un giro de 180 grados. Había acabado los estudios básicos dos años más tarde que el resto de sus compañeros de promoción, pero había sido por una causa justificada. No se arrepentía de haber aparcado los estudios momentáneamente para dar a luz a su hijo, aunque sí debía reconocer que hubiese preferido finalizarlos en Hogwarts y no en Beauxbatons, donde a menudo se había sentido fuera de lugar.
Ahora era madre, sí de un niño precioso de 3 años, que respondía al nombre de Ezra. Jamás había imaginado que sería madre, de hecho era algo que siempre había desechado de su mente pues apenas era capaz de cuidarse a sí misma como para cuidar de una criatura tan pequeña.

Sin embargo, ahora no se imaginaba la vida sin el ojiazul. Él le había enseñado a frenar, a ir más despacio y disfrutar de las pequeñas cosas que tiene la vida, y a madurar, en especial. Porque pese a que sabía que contaba con la ayuda de su familia para todo, muchas veces había tenido  que hacer los papeles de madre y de padre para seguir adelante. No había sido fácil y menos desde que los médicos de San Mungo habían diagnosticado al pequeño un problema en el habla que le impedía pronunciar palabra alguna.
La propia Alex se había desmoronado al saberlo, pero nada más ver la sonrisa de su hijo supo que tenía que sacar fuerzas de donde no tenía y luchar porque tuviese una buena calidad de vida.  

Casi inconscientemente, apretó con cariño la mano del crío que llevaba a su lado. La cabeza rubia se giró a mirarla un momento para sonreír y luego volver la vista al balón de fútbol muggle que portaba a duras penas.
-Ten cuidado, Ezra, no me sueltes al cruzar…-le dijo en un tono de voz sereno mientras cogía la manita de él y le aferraba con más fuerza.

La francesa se conocía el camino de memoria pese a que hacía casi tres años desde el nacimiento de su primogénito que no pisaba Londres. La ciudad no había cambiado mucho en ese tiempo, al menos la parte donde vivían los magos y brujas. Se dirigían a una zona residencial donde Adrien, el hermanastro de Leroux, había alquilado un apartamento mientras ella estuviese estudiando en la Academia o trabajando y así no tendría que preocuparse por el bienestar de su hijo durante ese tiempo.
A Ezra le encantaba pasar tiempo con su tío pues desde que habían regresado de Francia no había podido verle todos los días como hacía antes. Sus ojos azules brillaban y todo lo observaba con curiosidad, de vez en cuando asentía brevemente ante las explicaciones que le daba su madre en francés.
No obstante, el balón se escurrió de entre sus dedos y salió botando calle abajo lo que provocó que veloz como un rayo, el crío se soltase de su madre y corriese torpemente en pos del balón.
-¡¡Eh,Ezra!!¡¡Ezra!!¡¡Christopher!!-gritó llamándole incluso por su segundo nombre y provocando que varios magos de prominentes barbas se volviesen a mirarla. Alexandra comenzó a correr, algo difícil ya que el atuendo que llevaba no era el mejor para ello, la larga túnica verde esmeralda impedía que se viese la minúscula minifalda que llevaba y el top de lentejuelas que también portaba. Si a todo eso le añadimos unos tacones de aguja, era casi misión imposible alcanzar al chico rubio.

Alex soltó un bufido y siguió corriendo hasta que observó la cabeza rubia del niño parada en medio de la acera junto a un chico no mucho mayor que ella, a menos a simple vista.
-Disculpa…-murmuró al desconocido. Volvió la vista a su hijo y le regañó en francés provocando que el crío agachase un tanto la cabeza.
El extraño mantenía el balón de fútbol bajo el control de su pie derecho, sin embargo no fue hasta que el niño cogió de la túnica a su madre cuando ella desvío la vista al desconocido.
No podía ser. Los ojos azules de Alex se abrieron de par en par sin dar crédito a lo que veían. No podía creerlo. Anda que no había hombres en el mundo y tenía que dar con él precisamente.

Tenía la boca seca. Había imaginado ese encuentro cientos de veces en su cabeza, pero todas esas veces que había ideado el diálogo de  lo que diría y en qué tono parecía haberse desvanecido  por completo de su mente.
-Hola Brad-el tono de su voz fue hasta dulce cuando pronunció el nombre del chico, ese mismo que llevaba tatuado en su brazo derecho, ahora oculto bajo la túnica, al igual que el ligero atuendo que llevaba. Y menos mal porque... ¿qué iba a pensar de ella si se enteraba qué se dedicaba al sexo y que justo ahora al dejar a su hijo con Adrien, había quedado con un cliente?

Tragó saliva.
Qué difícil es saludar a alguien cuando ya has probado a qué saben sus labios…


Última edición por Alexandra J. Leroux el Dom Ene 22, 2017 8:53 am, editado 1 vez
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Re: After all this time, I can´t believe it´s you {Brandon H. Setterfield}

Mensaje por Invitado el Miér Ene 18, 2017 5:34 pm

"Si alguien está destinado a permanecer en tu vida, tarde o temprano regresa."

La vida de Setterfield se había convertido en todo lo que había soñado; había conseguido aprobar con buena nota para acceder a la universidad de Matto Groso y así especializarse en magizoología, había dejado atrás a las personas que no aportaban momentos positivos a su vida, había viajado a lugares en busca de nuevos animales fantásticos para así conocer su existencia y características, también había vuelto a la ciudad del amor, su queridísima París y había empezado de cero respecto al amor. Sí, tras varios años había conseguido sacar de su cabeza a Alexandra Leroux, aquella persona a la que había amado con todo su corazón y que, a la misma vez, había odiado con todo su ser. Demasiados altibajos, subidas y bajadas constantes, decepciones y tristezas que deterioraban cada vez más la relación, engaños e hipocresías imposibles de sostener y, especialmente, traiciones difíciles de perdonar. En todos aquellos términos se basaba la relación que había tenido antaño con la rubia, sin embargo, cuando Brandon pensaba en ella era incapaz de no sonreír tontamente ante la multitud de buenos recuerdos que habían vivido juntos. Alexandra le robó su primer beso y, por consecuencia, su corazón, fue la primera persona a la que amó, la única a la que le concedió una parte invisible y potencial de él, su alma. También la primera chica a la que se declaró y por la que luchó hasta el final, entregándose en cuerpo y alma, cuyo objetivo no era otro que hacerla feliz. Todos aquellos momentos guardados en el baúl de su corazón, le hacían saber al inglés que, una minúscula parte de él seguía queriendo a Leroux como el primer segundo y que si en algún futuro lejano se reencontraban en sus nuevas vidas, le sonreiría con alegría y recordaría el verano que pasaron bajos los árboles, aprendiendo uno del otro y creciendo en el amor..

No obstante, debía mencionar a Jonah L. Müller, su mejor amigo desde que entró a Hogwarts por primera vez, aquel paliducho y mata de pelo rizada que conoció en los baños de la primera planta. Gran parte de su adolescencia estuvo ligada a él, al chico que robó un trozo de su corazón gracias a su encanto y bondad. Desde el inicio se creó un vínculo difícil de arrancar y Brandon supo de inmediato que el Hufflepuff, tendría un papel imprescindible en el guión de su vida. Y así fue. A medida que los días, semanas y años fueron pasando, se hicieron inseparables, queriéndose como hermanos y compartiendo momentos como íntimos amigos. Sin embargo, aquella preciosa y perfecta relación de amistad se bifurcó hacia un nexo más potente, que hacía que sendos jóvenes se sintieran confusos ante los repentinos sentimientos. Desde un principio, Brandon se negó a aceptar todos los nuevos acontecimientos, inclusive que Jonah se le hubiese declarado en plena borrachera y haberle jurado amor eterno. Éste, preso del miedo y el temor, decidió alejarse del mundo hasta admitir que Jonah le proporcionaba algo que nadie más podía regalarle. Fue entonces cuando descubrió que era posible tener el corazón dividido en dos partes, una y, posiblemente la más fuerte, era para Alexandra, la musa de sus sueños y, por otro lado, para Jonah, el chico que había convertido su vida en un verdadero caos pero que merecía la pena si se trataba de él. No obstante, Brandon nunca llegó a decantarse por una parte u otra, simplemente dejó que el tiempo pusiera cada cosa en su lugar sin tener que tomar una decisión directa. Continuó su amistad con el rizos y procuró no confundir los sentimientos de su mejor amigo soltando comentarios ingeniosos o caricias que pudieran darle alguna esperanza. Y así fue como se despidieron y tomaron caminos separados, dedicándose mutuamente una tímida sonrisa acompañada de un abrazo cálido y lleno de significados no pronunciados.

Londres no había cambiado nada desde la última vez que Brandon pisó sus preciosas calles. Todo seguía igual, el mismo clima, los mismos restaurantes, los mismos bares, inclusive el mismo mendigo que se colocaba en la esquina del parque acompañado de sus fieles mascotas.
Brandon sonrió tristemente ante la imagen y dejó algunos galeones en la palma extendida del pobre que le agradecía el solidario gesto.
El inglés continuó su camino y se apresuró en llegar a su destino, una pequeña confitería bastante famosa debido al sabor exquisito de sus tartas y la magia que contenía en ellos. Desde muy pequeño solía visitar la tienda con su madre y ahora que estaba por Londres no desaprovecharía la oportunidad.
Cabizbajo, sintió un pequeño bulto chocar contra su estómago. Automáticamente desvió su mirada azul cristalina hacia un pequeñín de pelo castaño y ojos azules como el zafiro, radiantes y brillantes. Brandon notó como un escalofrío recorrió su cuerpo de arriba abajo y una parte interna de él pareció morir y revivir al mismo tiempo ante el parecido del crío con su misma persona. -¡Hey, pequeñín! ¿Estás solo? ¿Y mamá?- preguntó colocándose de cuclillas mientras observaba a su alrededor sin encontrar alguna persona a cargo de él. Pero tan pronto como se agachó, tuvo que colocarse en pie para no perder el equilibro y evitar caer rendido al suelo.

No podía creer lo que sus ojos estaban viendo. ¿Alexandra? ¿Era ella? Estaba espectacular, tan perfecta como siempre, mantenía la misma mirada y aquella voz aterciopelada que tantas veces le había robado el sueño.
Casi sin parpadear, miró al crío y después a ella sucesivamente. El hecho de no saber quién era el pequeño al que sujetaba de la mano con fuerza, le hizo sentir histérico. Una manada de celos invadió su cuerpo sin saber por qué, sin embargo, deseaba que no fuese suyo para así saber que no había rehecho su vida con algún otro. -Alex..- murmuró empleando varios tonos a la vez, felicidad, confusión, tristeza.. -Cuánto tiempo- añadió desviando sus ojos hacia el balón muggle que agarraba entre sus manos, cuyo juguete quería ser robado por el pequeño ojiazul. Aprovechó la distracción del infante para señalarle con el dedo y fingir una sonrisa. -¿Quién es?- preguntó inseguro, casi prefería no saber la respuesta. -¿Es..es tuyo?- interrogó y tragó hondo casi escuchando los latidos de su corazón que bombardeaban su pecho una y otra vez.

De todas las personas que esperaba encontrarse en Londres, la rubia era la última que se imaginaba. No podía concebir que después de tanto tiempo estuviese allí, parado delante de ella cual estatua, volviendo a contemplar su belleza sobrehumana y deleitándose en cada poro de su piel, en cada rasgo y perfección, atónito y sin saliva, queriendo despertar de aquel sueño agridulce pero, al mismo tiempo, deseando seguir dormido para la eternidad.
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Re: After all this time, I can´t believe it´s you {Brandon H. Setterfield}

Mensaje por Alexandra J. Leroux el Dom Ene 22, 2017 8:49 am

Dicen que el primer amor no es la primera persona que te gustó, sino aquella por la que hiciste cosas que nunca pensaste qué harías y te hizo sentir cosas inimaginables. Alexandra, pese a que sólo tenía 22 años, era una chica que había tenido múltiples relaciones y experiencias, no obstante era justamente con Brandon con quién se había enamorado de verdad.
Enamorar, quizá podía sonar como una palabra demasiado fuerte. Ella, que siempre había jurado que no se enamoraría, que jamás estaría detrás de un hombre para no cometer los mismos errores que su madre, Claire había cometido en el pasado.
Sin embargo, no podemos planificar nuestra vida al milímetro, y eso era algo que nuestra protagonista francesa había aprendido tarde.

Encontrarse con Brandon en mitad de una calle de Londres había bastado para que el mundo y las seguridades de Leroux se viniesen abajo. ¿Qué era eso?¿Una cruel broma del destino?¿Casualidad? No lo sabía bien, pero por un instante deseó coger la manita de su hijo y huir rumbo a París. Tan pronto como esa idea cruzó por su mente, la desechó. No podía seguir huyendo. No podía rendirse y decir adiós a todos los sueños por los que tanto se había esforzado porque su ex estuviese ahí. No significa nada, Alex, se recordó a sí misma, más la voz de su consciencia tardó poco en replicar: Claro que significa.
La francesa se encontró negando de manera casi imperceptible con la cabeza, como si con aquel sencillo gesto, aquellos pensamientos se desvaneciesen tan rápido como habían aparecido. Pasó el peso de su cuerpo de un pie a otro y suspiró.

Conocía a Brad como las líneas que conformaban ambas palmas de sus manos, sabía que su presencia ahí también le había sorprendido, es más, aquel tono de voz al pronunciar su nombre de pila tampoco le pasó desapercibido. Un escalofrío recorrió su espina dorsal al escucharle de nuevo. No obstante, verle en cuclillas mirando a Ezra le bastó para saber que sería un buen padre. En realidad era algo que ya había intuído, pero no fue hasta entonces cuando supo que estaba en lo cierto. La manera de hablar y mirar a su propio hijo (aunque él lo desconociese) le partía el alma.
-Demasiado-respondió a su vez con un tono de voz que se le antojó demasiado lejano cuando escuchó aquel cuánto tiempo.
-No puede hablar, pero te puede escuchar-comentó, sin saber bien el motivo por el cual lo había dicho en voz alta. Acarició la cabeza del niño en un gesto protector y le sonrío. Sabía que el inglés se encontraba incómodo, y lo cierto es que para ella tampoco era una situación fácil. Se sentía perdida, pese a que multitud de veces había imaginado y soñado ese reencuentro entre ambos.
Los ojos azules de él volvieron a posarse en los suyos y fue inevitable que su sonrisa no se ampliase más. Nunca entre ellos había habido silencios incómodos, ni siquiera cuando tenían aquellas discusiones tan sonadas en Hogwarts. Sin embargo, todo eso parecía haber sido hace muchísimo tiempo. Algo entre ellos se había roto y para desgracia de Alex, parecía casi imposible de volver a reparar.

-¿Qué ha sido de ti? Imagino que conseguiste entrar en Matto Grosso y estudiar Magizoología. Ya habrás terminado… ¿a qué te dedicas ahora?-preguntó sin ánimo de resultar demasiado curiosa pues no era su intención. Se interesaba por la vida del muchacho, pues al fin y al cabo había compartido muchos momentos con él y recordaba a la perfección cada uno de los sueños del ex Gryffindor.

El corazón parecía querer salirse del pecho cuando escuchó aquella pregunta que pese a que estaba segura de que llegaría, no sabía bien qué contestar. ¿Le mentía? ¿Le decía la verdad? Tragó saliva, no obstante, Ezra fue más rápido y aceptó el balón que el británico le tendía. No obstante, el niño apenas le hizo caso. Algo insólito, porque aquel balón era casi sagrado para él y se lo volvió a tender al desconocido con un gesto, como si fuese un regalo para él. Al hacerlo, acabó abrazándose a su pierna como si se tratase de una barca de salvamento.
Alex se apresuró a tirar de su pequeño bracito.
-Ezra no…- susurró, más el aludido emitió un gruñido y siguió abrazado a su pierna.

-Pa…pá…- murmuró con excesiva dificultad.

Alexandra Leroux contempló la escena sin dar crédito alguno a lo que sus ojos y sus oídos estaban escuchando y viendo por sí mismos. Le pareció que esa escena estaba ocurriendo muy lejos de ella, que aquello no era real y que pronto se despertaría. Se pellizcó en el brazo y al sentir el leve dolor supo que aquello estaba ocurriendo de verdad.
Sus ojos se anegaron de lágrimas. Ezra había dicho su primera palabra, algo que ningún médico ni muggle ni mágico había esperado que ocurriese. Es más, le habían quitado la idea de la cabeza diciendo que su hijo jamás hablaría. Sin embargo, para ella aquello no había sido posible de encajar, y se había gastado todo el dinero que poseía en buscar cualquier tipo de tratamiento para que su hijo pudiese al menos pronunciar alguna palabra suelta.
Y ahí estaba. Aquella palabra había sido pronunciada. Aquel “papá” en inglés. En su mente se sucedían multitud de recuerdos. Puede que Ez no tuviese un padre como tal, pero Alexandra nunca le había ocultado la identidad del mismo, le había enseñado fotografías de ambos e incluso todas las noches, el crio se dormía con la foto que se movía en el álbum mágico de ambos juntos.

-Ha dicho papá ¿verdad?-preguntó en voz alta, subiendo la voz una octava y siendo consciente por primera vez de que las lágrimas salían sin control de sus ojos y resbalaban por su rostro. –De verdad que lo siento…-empezó a decir, sin tener el valor para mentirle  ni añadir más al respecto. No sabía cómo reaccionar, tampoco creía que Brandon se mereciese enterarse de esa manera, (si es que había alguna mejor), pero su hijo tampoco se merecía que le tratasen como un loco.

Las piernas le temblaban y tenía la boca seca. La temperatura parecía haber subido de repente. Sin embargo, sabía que era producto del ataque de ansiedad que estaba padeciendo. Se quitó el abrigo que portaba dejando que la multitud de tatuajes que portaba al descubierto, incluido aquel “Brandon” que tenía impregnado en su piel, como si con tenerlo tatuado en el corazón no fuese suficiente.
Estuvo a punto de desprenderse también de la túnica que portaba a riesgo de quedarse vestida como lo que era en realidad, una chica de compañía. Pero recordó que aquello podía ser demasiado, no sólo para Setterfield, sino para cualquier transeúnte que caminase por ahí. Pues aquel lugar residencial era una buena zona, desde luego, no en los ambientes donde ella se movía por motivos de trabajo.

No se atrevía a mirar aquellos ojos que un día aprendió a querer tanto. De la misma tonalidad con la que su propio hijo la miraba todos los días. Ni siquiera miró a su hijo. Por primera vez no le preocupaba qué estaría haciendo.
-Tengo una cita  ahora…la cancelaré…-dijo con voz trémula.-Sólo quiero que vengas conmigo. Sé que probablemente no quieras venir con alguien de quien no has sabido absolutamente nada durante este tiempo, con alguien que de un día para otro desapareció sin dar explicaciones y no te culpo…-argumentó con la voz rota y algo ronca a causa de las lágrimas derramadas.-Ni siquiera sé si tienes planes, pero si alguna vez te he importado… ven conmigo-murmuró armándose de valor para fijar la mirada en la suya.
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Re: After all this time, I can´t believe it´s you {Brandon H. Setterfield}

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