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Mr. Elve & Miss. Hobbit (?) [Dunnestrong]

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Mr. Elve & Miss. Hobbit (?) [Dunnestrong]

Mensaje por Evelyne Dunne el Dom Nov 27, 2016 12:21 am

Recuerdo del primer mensaje :

Mediados de noviembre

Se dejó caer en su cama, aun levemente cansada, pero con renovadas energías luego de aquella relajante ducha. Sonrió divertida cuando uno de sus gatos se subió sobre su cabeza, desordenando con sus pequeñas patas los rubios cabellos de la mujer que yacían desparramados sobre el cobertor, humedeciéndolo. Se estiro con algo de pereza, aun tan solo con la toalla rodeando su cuerpo, antes de quitar al felino y levantarse lentamente, girándose a observar el closet de cuerpo completo que tenía frente a ella, frunció el ceño sin ganas de levantarse y perder tiempo buscando prenda por prenda, por lo que extendió su mano para hacerse con su varita y en un rápido movimiento se vio completamente vestida, con el cabello seco y en un moño medio alto.

Se volteó a jugar con su gato unos tenues segundos, el cual se vio más divertido por el dorado collar que recaía holgado alrededor del cuello de su dueña, lo que la obligo a reír nuevamente antes de levantarse. Dio un rápido vistazo a su espejo y esbozo una sonrisa ante el atuendo, definitivamente no era un conjunto que usaría solo para estar en casa, pero tal vez no sería malo ir a dar un paseo, o salir un momento después de gastar toda su mañana y tarde en limpiar y ordenar el sótano, sin magia. No, no era estúpida, pero realmente le agradaba encontrar pequeñas fotografías, u objetos de su infancia que la llevaban a un mar de recuerdos, por lo que había tardado únicamente por sumergirse en vivencias del pasado más que por el poco desastre que yacía en el lugar. Es más, en su acción doméstica del día, había encontrado un pequeño cuaderno de partituras musicales que su padre había escrito, eran tres melodías de nivel medio, pero que recordaba perfectamente haber escuchado cuando era pequeña.

Mientras caminaba hacia el salón, movió sutilmente su varita para llenar el plato de comida de sus mascotas mientras pasaba por la cocina, para luego sentarse calmadamente sobre el sillón y suspirar con una sonrisa ante el agradable aroma a lavanda que desprendía el lugar. Con un extraño sentimiento de satisfacción volvió a sacar su varita, para invocar su guitarra, acomodándola sobre sus piernas, y el libro de su padre, que dejo sobre la pequeña mesa de centro antes de comenzar a reproducir las notas allí grabadas por la hermosa y segura caligrafía de su progenitor. Al momento en que la primera nota fue emitida, Finn, su ahora mejor amigo canino, subió de un salto al sillón y se acurruco a su lado, acomodando su cabeza sutilmente sobre la pierna de la joven, entre su abdomen y la guitarra, como si deseara escucharla más de cerca. La joven sonrió antes de acariciar con ternura la cabeza del animal, para luego retomar la melodía sin letra con concentración, tarareando un ritmo imaginario que calzaba con la música que su guitarra componía.

Estaba pensando seriamente el comenzar a escribir algunas palabras en la partitura de su padre cuando un sobre de carta intachable apareció frente a ella, sobresaltándola. Se echó levemente hacia atrás, observando con confusión el color blanquecino y el tamaño medio frente a ella, desviando su mirada hacia ambos costados como si esperara encontrar a alguien ahí- Ni siquiera tienes remitente… -Susurro confundida mientras extendía su mano hacia la carta, denotando un peso extraño dentro de la funda, observo a su perro, el cual ya reincorporado, la observo antes de bostezar y marcharse a hacer algo más entretenido- Gracias por tu interés… -Murmuro la rubia con sarcasmo, volviendo una vez más su vista hacia el envoltorio blanco entre sus manos. Frunció el ceño abriéndolo con cuidado, enarcando aún más su ceja al observar un antiguo, y al parecer costoso, reloj de bolsillo en el fondo de este. Volvió a alzar su mirada, recostando ahora la guitarra sobre su regazo, mirando una vez más por todo su salón sin comprender lo que sucedía. Suspiro antes de llevar una de sus manos hacia su cabello, denotando que no podía desordenarlo como siempre lo hacía, debido al moño que llevaba.

Un tenue peso sobre su hombro volvió a alertarla, volteándose y esbozando una efímera, pero nerviosa sonrisa al reconocer a su gato- Al menos tu pareces más curioso… -Susurro volviendo su atención hacia el sobre, volcándolo, haciendo que el reloj cayera sobre su mano, a lo que todo se volvió difuso. Y sin más, desapareció de su salón con guitarra, gato y reloj en mano, dejando como único ápice de su previa presencia un grito ahogado de sorpresa.

Todo paso demasiado rápido, y como tardo en comprender lo que realmente estaba sucediendo no pudo reaccionar con la velocidad que requirió la situación, para comenzar ella estaba sentada cuando se transportó sin saberlo, porque claro el bendito reloj era un traslador que la llevo a quien sabe dónde, por lo que al aparecer, en quien sabe dónde, perdió el equilibrio con rapidez, no únicamente por la mala posición en la que se encontraba sino por los tacones que se le había ocurrido utilizar, y que si bien poseía maestría para llevarlos con elegancia normalmente, aquella no fue una situación en que realmente se vanagloriara por su habilidad. Pretendió estirar su mano contraria para sostener a su gato, que en pánico ante lo sucedido enterró sus garras en el hombro y espalda de su dueña, produciéndolo un dolor que ignoro en el momento en que denoto que no solo ella estaba cayendo, sino también la preciada guitarra de su padre. Extendió su brazo para sostener la guitarra, casi abrazándola, sin soltar el reloj, antes de estirar la mano libre y contraria a lo que fuera que había para sostenerse y no caer, quedando a pocos centímetros del suelo, en posición insegura, inestable pero que la mantuvo libre del golpe.

Con respiración entrecortada y agitada, se permitió alzar la vista para observar el lugar donde estaba, sin permitirse relajarse, sin siquiera pensar en soltarse del mueble del que obtenía apoyo ni liberar su guitarra del agarre, aunque esta rozaba sutilmente el suelo con su base. No supo cuánto tiempo permaneció en aquella posición, intentando que su mente procesara bien lo que había sucedido, buscando respuestas, a un sin número de interrogantes inconclusas, en el elegante salón que se presentaba frente a ella, sin lograr reconocer nada de lo que veía. El tenue maullido de su gato cuando salto de su hombro al reconocerse a salvo, la despertó, obligándose a levantarse con rapidez, ayudándose del mueble.

Se volteó con lentitud, esperando encontrar en el resto del lugar algo que le diera respuestas, y lo encontró, a él, en todo su esplendor y molesta y despampanante perfección, con una sonrisa altanera que le hizo odiarlo y adorarlo por igual. Ante su simple visión, sintió como sus piernas deseaban fallarle nuevamente al recuperar el último recuerdo que tenia de él, un sutil roce de sus labios que le quito el aliento, el palpable tacto de su mano alrededor de su cintura, que parecía quemarle a través de la delgada tela de su blusa, sus palabras, su sonrisa, todo. Se estremeció levemente antes de retroceder un paso, y liberar un pesado suspiro al tiempo que desviaba su mirada al entender lo que había sucedido, sintiendo el peso de lo que aquello significaba, un mes desde que no le veía, un maldito mes desde aquel efímero roce, semanas desde que se había prohibido pensar en él y ahí estaba, frente a ella, obligándola a sentir todo  aquel mar de sensaciones que le había dejado grabado desde su último encuentro. Volvió a suspirar antes de dejarse caer sentada en un pequeño sillón que había observado al llegar, solo entonces soltando su guitarra, reposándola en el suelo con cuidado. Llevo ambas manos hacia su cabello, negando en un sutil movimiento de cabeza, liberando un nuevo suspiro antes de alzar una vez más su mirada hacia él- Te odio tanto, Anthony Armstrong… -Dijo en un susurro apenas y audible. Mentirosilla.
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Re: Mr. Elve & Miss. Hobbit (?) [Dunnestrong]

Mensaje por Evelyne Dunne el Jue Dic 01, 2016 1:11 am

Dudaba que en cualquier escenario que se hubiera puesto Anthony para ese momento, hubiera pensado que la rubia llegaría de forma poco elegante, casi en abrupta caída con un gato y guitarra en brazos, y es que ella tampoco había esperado semejante desenlace para su noche, pero ahora, sentada junto a él, disfrutando de una conversación intrascendental y sus sonrisas, se alegraba profundamente de la poca sutileza que tenía el empresario para invitarla. No había querido admitirlo, se lo había negado por semanas, pero realmente había extrañado su presencia, y lo que más le molesto al observarle por primera vez aquella noche, fue comprobar que a pesar del tiempo se alegrara tanto de verle.

Se sintió levemente halagada de que quisiera escucharle, aunque probablemente aquel contexto jamás se hubiera dado de no haber llegado con el instrumento por accidente. Al fin y al cabo, todas las cosas sucedían por algo, ¿no? Aumento su sonrisa al tiempo que llevaba nuevamente la copa de licor desconocido hacia sus labios, pudiendo apreciar en el segundo trago un sabor más específico y dulce, sin reparar demasiado en la sensación de ardor que comenzaba a desaparecer en su garganta. Negó con sutileza mientras sonreía observándole- No es necesario, a decir verdad, creo que me estoy haciendo fan de "Dunnestrong"… -Murmuro calmadamente, alejando una vez más el cristal de sus labios, sintiendo un intenso estremecimiento recorrerla, desde su mejilla en donde reposo la mano de Anthony, que envió una señal de alerta por el resto de su cuerpo. Su sonrisa perfecta, sumada a sus palabras la hicieron temer de la fuerza de sus dedos, quedándose sorprendida de reconocer que la copa no se agito en su mano a pesar del intenso temblor que sintió en sus adentros.

Trago con pesadez, dejando la copa a un lado y dedicándose a comer, agradeciendo no haber estado de pie porque de seguro sus piernas le habrían fallado estúpidamente, ante tan mínima caricia que la había sobresaltado, y es que parecía que lo hiciera a propósito, y lo maldijo mentalmente por ello, aun a pesar de que su tacto no se le antojaba más que agradable. Degustando la uva, para calmar sus sentidos, agradeció el cambio de tópico, asintiendo calmadamente al escuchar sobre su gusto musical, a lo que sonrió al comentario sobre los muggles- O ciertas películas de ciencia ficción… -Agrego divertida antes de terminar la brocheta, limpiando sus labios con una servilleta antes de proseguir- Lo que me recuerda, que alguien prometió enseñarme una réplica de C3P0…

Dejo el comentario en el aire, antes de asentir a su siguiente pregunta cuando sabía que realmente solo la había formulado por cortesía, era obvio que él deseaba escuchar música y no fue hasta minutos después que comprendió realmente porque, sintiendo nuevamente aquellos intensos deseos de alejarlo de sus pensamientos. Le siguió con la mirada en silencio, sonriendo con cierta ternura y diversión al ver como el tocadiscos parecía vencerlo en un comienzo, y como él, con orgullo, le demostraba quien mandaba, ganando con un rápido movimiento de su varita. En cuanto las primeras notas instrumentales llenaron el ambiente, Evelyne esbozo una sonrisa sincera, cerrando sus ojos por tenues segundos hasta que la exquisita y magnifica voz de Frank Sinatra llego a sus oídos, obligándola a aumentar aún más su sonrisa, mientras depositaba su atención en la figura de Anthony que volvía a sentarse a su lado, riendo ante la borde burla hacia los americanos- Sin desmerecer al gran Frank y su hermosa voz, he de confesar que creo Michael Jackson también tiene un futuro brillante… Puede que no se vea mucho, pero a veces los norteamericanos tienen buenas ideas… Pero creo que pocos pueden superar la supremacía de Queen…-Bromeo sonriente, guardando silencio para centrarse en las palabras de su compañía, perdiéndose en su voz al punto de no denotar cuando Aina se bajaba de sus piernas, recostándose bajo uno de los sillones.

Volvió a denotar un tenue calor en sus mejillas cuando escucho las palabras que le dedicaba, calor que se intensifico y ramifico por el resto de su cuerpo cuando denoto como él observaba sus labios, obligándola a imitarle por efímeros segundos que fueron más que suficiente para traer a sus recuerdos el tenue y gentil roce de su último encuentro, ahogo un tenue suspiro, desviando sutilmente su mirada para hacerse una vez más con su copa, solo entonces reparando en el extraño y hermoso fenómeno que ocurría en el centro de su copa, que logró calmarla. Se sentía halagada y feliz al saber qué pensará así de ella, que en parte la viera como un apoyo, que pudiera relajarse en su presencia, que se sintiera cómodo a su lado, tanto como ella se sentía con él.

No le pasó desapercibida la pequeña distancia que propuso entre ambos, pero tampoco le dio más importancia, es más por un segundo creyó que el aire volvía a llegar de forma normal al tener unos centímetros más de distancia con él. Tomo un pequeño bocadillo entre sus manos, dando una mordida y regocijándose ante el buen sabor que tenía, asintiendo ante su pregunta mientras culminaba de comer- Mucho, me gusta su voz… -Aclaro con calma antes de finalizar el bocadillo y observarle con atención al escucharle hablar, bebiendo entonces el último trago actual de su copa antes de que esta se rellenara con rapidez, agregando un hielo. Ladeo sutilmente su cabeza antes de reacomodarse sobre el sillón, cruzando una de sus piernas sobre la otra, depositando toda su atención en él, esbozó una sonrisa confusa ante sus primeras palabras, la cual fue borrándose tenuemente al escuchar como si se reconocía como un imbécil cuando deseaba serlo, observándole con cierta confusión, intriga y expectación ante lo que fuera a decir, enarcando una ceja con mayor desconcierto cuando la conclusión de su discurso llego. ¿No le convenía relacionarse con él? ¿Qué clase de incoherencia era esa? ¿Entonces porque la hacía aparecer en su hogar temporal? Había algo extraño en todo aquello, una verdad oculta que comenzaba a pesarle el desconocer. Entrecerró sus ojos observándole en busca de respuestas que no consiguió, puesto sus dudas se multiplicaron cuando escucho el resto.

Ante su confusión no pudo ponerse nerviosa o sentirse halagada al ser llamada alguien especial, puesto se centró principalmente en el resto; él lo echaba a perder. Se mordió sutilmente su labio inferior al tiempo que todas sus conversaciones previas pasaban por su mente con rapidez, mientras sus ojos se perdían en búsqueda rápida sobre las manos ajenas antes de alzarla hacia sus ojos una vez más. Una simple pregunta comenzó a formarse en su mente, pero guardo silencio, porque parte de ella, temió por primera vez a una respuesta. Volvió a llevar la copa hacia sus labios, aun en silencio, sin saber realmente como responder a algo así- Entonces, ¿dices ser de aquellas personas que arruinan las cosas cuando algo bueno llega a sus vidas? -Cuestiono con calma observándole, ¿acaso él era de aquellos que no creían merecer algo bueno por tanto lo arruinaban? E huían sin mirar atrás, arrepintiéndose a cada paso que daban, pero sintiéndose más culpables de devolverse sobre su marcha. Volvió a beber, vaciando la mitad de su copa esta vez en un solo trago. Ella era lo contrario, era de aquellos que luchaban por las cosas, se quedaban a pesar de lo malo, ella no abandonaba- Te diré algo, Anthony… -Hablo con calma, imitando tenuemente sus palabras- No soy tan idiota o inocente como la gente pueda pensar… Que no diga las cosas no significa que no las vea o reconozca, y por tanto creo que puedo elegir por mi misma dónde, cuándo y con quien quedarme… y si he de equivocarme, que así sea, aprenderé de ello… -Susurro antes de culminar su copa, la cual volvió a rellenarse. Aquello podría ser un problema.

La advertencia estaba hecha, a medias, aunque ella no lo sabía, pero, aun así, no deseaba irse, y menos aún deseaba dejar de verle. Si, era terca, pero eso no significaba que luchara por causas perdidas, sabia cuando algo, cuando alguien valía la pena, sabia cuando luchar y cuando dejar de hacerlo, sabia cuando dejar ir a alguien, y aun no era momento.
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Re: Mr. Elve & Miss. Hobbit (?) [Dunnestrong]

Mensaje por Anthony Armstrong el Jue Dic 01, 2016 2:25 am

Recordó lo del robot dorado brillante de la película muggle.- Te aseguro que C3PO está a buen recaudo, pero en Gringotts y no en esta casa. –Se encogió de hombros, divertido ante su recuerdo. Era de la primera vez que se habían visto e intentó pasar desapercibido como el buen Anakin Skywalker. No lo logró, pero se sentía satisfecho de lo que había logrado a partir de ahí.- ¿Quién es Michael Jackson? –Preguntó con una sonrisa socarrona en el rostro y luego asintió.- Queen es de mi agrado también. –Puntualizó recordando mentalmente que iba a mencionar la guitarra en alguna otra ocasión más entrada la noche.

Asintió con la cabeza tras su pregunta. Era lo que acababa de decir, después de todo. No podía decir otra cosa, sino sería menos descarado de lo que es. ¿Un descarado que lo admite? Ese sí que es un descarado. No obstante todo aquello, no lo hacía por un bien propio, sino pensando en el bienestar de ella, puesto ya quedaba demostrado que Armstrong no pensaba en la profesora solo como un rollo nocturno, un polvo y nada más. Hasta el momento apenas y la había tocado. Pero él estaba consciente del efecto que producía en las mujeres y temía que parte del discurso que ella estaba dando estuviera liderado por aquella manera fácil que tenía de atraer a las féminas. No podría asegurarlo hasta que estuviesen todas las cartas sobre la mesa y eso era difícil considerando lo engañoso que podía llegar a ser el empresario.

El problema de todo aquello radicaba en que no estaba ante la presencia de una mujer cualquiera. Anthony podría pegarse en la cabeza por conocerla, por tener con él a una chica que no se había encaramado encima de él y comenzado a quitarle la ropa nada más llegar. No era que no fantaseara con esto, pero sentía a Evelyne como una pieza de porcelana tan fina y frágil que debía cuidarla. Ella podía alegar ser inteligente como para alejarse, podía demostrar ser todo lo fuerte que quisiera, pero él sabía que aquello que estaba guardándose para sí mismo no iba a caerle bien. Ella lo estaba idealizando demasiado, como salido de un cuento, pero la verdad era que el noruego poseía más trucos y engaños de los que ella podría imaginar.

La observó otra vez, haciéndose con la belleza que derrochaba ahí sentada, sin siquiera ser consciente de ello. Con su cabello platino y sus ojos azules y transparentes. Con su piel perfecta. Con una figura tentadora. Con sus piernas esbeltas, cruzadas para llamar la atención de los instintos animales de Anthony. Evelyne era como un arma de aspecto inofensivo a primera vista, pero peligrosa llegado el momento.- Yo no creo que seas idiota. –No, de cierto no lo era. Era inteligente, pero esa inteligencia se nublaba con facilidad al sentir un poco de confianza con alguien, al encontrarse con una persona como él que era capaz de engañar fácilmente a quien se lo propusiera. No obstante, ella estaba pasando por alto, también, que ella no estaba eligiendo dónde y con quién quedarse, sino que había sido compelida a ello gracias a las artimañas de quien le hacía las advertencias.- Me he dado cuenta de que eres observadora y te callas tus descubrimientos. “El tonto no sabe lo que dice; el sabio no dice lo que sabe”[/i]. –Añadió luego de una breve pausa en la que se movió en el sillón para poder quedar de lado y así observarla mejor. Era un deleite tenerla en su residencia.- Esa es la razón por la que no me haces preguntas. No me pides que te hable de mi amigo que murió, no me preguntas si tengo familia… –Ni tampoco hace la otra pregunta que, a sabiendas del rumbo de la conversación, Anthony podía presumir que ella ya se la había formulado en su cabeza.-…solo te interesó mi trabajo, que es lo fácil para conversar. –Sentenció. Hablar de sentimientos es difícil.- Te agradezco, de todas maneras, tu tacto al no preguntar, porque no puedo asegurarte que vayas a obtener una respuesta. –Culminó bebiendo todo el contenido de su copa.

La botella levitó de inmediato hacia su mano y rellenó el recipiente con rapidez y exactitud. Ahora el trago se saboreaba más dulce y frío, no quemaba la garganta. Ante esto, y ya que Evelyne dio todas las luces de no querer irse, lo cual agradecía profundamente en su fuero interno, dejó la copa a un lado, tomó la mano de ella y se puso de pie antes de ayudarla a hacer lo propio con mucho cuidado de no hacerla tropezar o caer a causa de su cruce de piernas o de sus tacones. Una vez ambos de pie, la llevó hasta un costado y la atrajo suavemente hacia su cuerpo, colocando una mano en la cintura de ella y la otra sosteniendo la ajena para comenzar un baile al son de los compases de Frank Sinatra. Era una invitación silenciosa e implícita a la danza que no esperaba ser rechazada. ¡Maldito deseo de tentarse a sí mismo! ¡Y qué inútiles esfuerzos por controlarse!- Mis intenciones no son confundirte, sino, por el contrario, ser todo lo transparente que pueda contigo. –Resolvió en un susurro audible solo para ellos en tremendo salón. La miró a los ojos mientras le hablaba, atento a su expresión, atento al movimiento de sus labios y a la dirección que tomaría su mirada. Olía maravillosamente a jazmín, a una tentación inminente. A una maravilla detrás de sus ojos expectantes, de la curiosidad que le despertaba debajo de su ropa.

Carraspeó.- Deberíamos ir…a que conozcas la mazmorra de pociones. –Dijo un poco serio y alejándose un paso, apenas soltando el agarre del cuerpo ajeno. Su comentario vino justo en un momento de silencio entre una pieza musical y la otra, en el momento preciso de frenarse otra vez. ¿Qué clase de padre iba a ser esta vez si no lograba mantenerse al margen del encanto instigador de veela.
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Re: Mr. Elve & Miss. Hobbit (?) [Dunnestrong]

Mensaje por Evelyne Dunne el Jue Dic 01, 2016 9:33 pm

- ¿Gringotts? -Enarcó una ceja confundida mientras le observaba- ¿Por qué una réplica de un robot de una película muggle requeriría tanta protección? -Cuestiono sin realmente comprenderlo, pero su voz se fue extinguiendo al mencionar los últimos vocablos al tiempo que una idea se asentaba en su mente. Entrecerró sus ojos mientras le miraba con incredulidad, negando sutilmente con su cabeza mientras intentaba convencerse de que era imposible y absurdo. Pero nuevamente, con Anthony Armstrong nada era imposible. Se resignó, suspirando- ¿Está hecha de oro, no es cierto? -Pregunto con mirada casi acusatoria mientras una sonrisa divertida se formaba en sus labios, puesto al preguntarlo en voz alta dejaba de sonar tan irreal como lo había hecho en su mente. Aquella sonrisa se multiplico al escuchar su opinión respecto a uno de sus grupos de música muggle favoritos.

Pero todo atisbo de sonrisa u optimismo se borraron con rapidez cuando la conversación tomo un rumbo más personal, serio, ¿sincero? Se mordió sutilmente el labio cuando vio que asentía a su pregunta, reconociendo que realmente huía de las cosas buenas, ¿Qué clase de masoquista era aquel hombre? ¿Qué clase de imbécil era ella por aun así estar dispuesta a quedarse? Pero no dijo más, no quiso ahondar en aquel tema aun, aunque su alarma interna sonó con descaro ante la situación, sabiendo que aquello le traería más de un problema en un futuro si seguía encontrándose con él. Y por todos los dioses, sí que deseaba verle de nuevo, a pesar de sus supuestas y amables advertencias, quería seguir ahí.

No era imbécil, sabía que con el poder monetario que tenía Anthony, y sus influencias, sumado además a su propio encanto, de seguro tendría un sequito de féminas dispuestas a todo lo que él deseara, en cualquier momento. Era probable que cayeran rendidas a sus pies al simple hecho de verlo, y no podría culparlas, ella misma ya estaba sintiéndose presa de sus encantos, mucho más de lo que quisiera reconocer, pero no por eso no sabría poner un alto de necesitarlo, no por eso no se alejaría de requerirlo, no por ello se permitiría caer como una idiota enamorada ante una primera sonrisa. Si, podía gustar de su presencia, podía sentirse muy atraída por él, y si su cuerpo parecía un mar de nervios o impulsos diversos cuando le tenía cerca, pero aun así podía actuar con racionalidad, después de todo no era tan inocente o ingenua como podía parecer, agradecía la advertencia, pero ya definiría por si misma sus límites cuando el momento llegara. Además, como bien había dicho él, existía la posibilidad de que no volvieran a verse, aunque aquella mínima peripecia le otorgaba una molestia en el pecho.

Alzó su mirada al escuchar sus primeros vocablos, sonriendo con algo de agradecimiento, encogiéndose sutilmente de hombros al escuchar que mencionaba a Marcus Wright nuevamente, bebiendo un trago más de su copa antes de dejarla sobre la mesa- Creo que ese tipo de preguntas tienden a ser realizadas para saciar la curiosidad de quien las produce, aunque oculten aquello en “pretender ayudar a los demás” … -Más de una vez había observado situaciones así, o había sido parte de algún cuestionario que más que ayudarla solo consiguió informar a los demás de su situación, y es que no entendía porque no podían simplemente seguir con sus vidas, respetando el silencio ajeno. Y si, su curiosidad era una de sus mayores debilidades, pero en cuanto a conocimientos en general, no sobre la vida o sufrimiento de otros. No gustaba de preguntar sobre temas delicados, no gustaba ver como las expresiones de los demás se ensombrecían por alguna pregunta incorrecta, no era algo de su agrado- Además, cuando alguien quiere hablar de algo, lo hace sin incentivo de preguntas, ¿no crees? -Completo su idea mientras le observaba calmamente- Así que no es que solo me interese por tu trabajo, sino que… no me gusta presionar por información…

“Cuando deba saberlo, lo sabré” culmino en su mente, convenciéndose de que indagar demasiado donde no era llamada nunca era algo bueno. Desviando por segundos su mirada, permitió que su mente se perdiera al reparar una vez más en la música que inundaba el salón, una tenue sonrisa se formó en sus labios al tiempo que una voz agradable y melodía suaves llegaron hasta sus sentidos, indicándole lo que creía era el final de Pennies from Heaven, una de sus canciones favoritas de Sinatra.

Se volteó con rapidez al sentir el tacto de Anthony, posicionando su atención en el agarre que estrechaba su mano con gentileza, devolviéndolo de forma inconsciente. Entreabrió sus labios, pero no hizo pregunta alguna antes de alzar su vista hacia su rostro, levantándose y permitiéndole guiarla hacia un costado mientras su atención se perdía en el azul brillante de sus ojos. Sintió el característico y agradable escalofrió invadir su cuerpo cuando el brazo de Anthony rodeo su cintura, atrayéndola hacia él, mientras la contraria mantenía el tacto sobre su propia mano, sonrió con cierta alegría al sentir como la guiaba en una danza calmada al ritmo de Frank Sinatra, posicionando su mano libre sobre su brazo, subiéndola de manera sutil por su hombro, finalizando el recorrido agradable recorrido por su musculatura, al detenerla tras de su cuello sin apartar en ningún momento su atención de su mirada. Era extraño, sentía sus nervios a flor de piel por su cercanía, pero al mismo tiempo se sentía en una paz agradable por su proximidad, al verse reflejada en sus ojos, al estar simplemente así con él.

En un comienzo se le antojo algo extraño no tener que esforzarse demasiado para mirarle; el milagro de los tacones, pero al poder ver mejor su rostro dejo de preocuparse ante la extrañeza de la situación en comparación a otros encuentros. Despertó sutilmente de aquella ensoñación cuando su voz la alcanzo, obligándola a sonreírle nuevamente mientras asentía, aun cuando sabía que había muchas cosas que no podría decirle o que tal vez no querría decirle, como le había indicado en vocablos previos. Le observo con algo de extrañeza cuando retrocedió un paso abruptamente luego de carraspear como si tuviera que obligarse a alejarse de ella, y por inercia, ella avanzo un paso hacia él. ¿Qué estaba haciendo?

- Si, es probable… -Respondió perdida en sus ojos por unos segundos, y en la música que les rodeaba, culminando antes de iniciar otra nueva- Pero, ¿podríamos quedarnos así un poco más? -Cuestiono en petición susurrante, en casi un pequeño hilo de voz que broto de sus labios, lo había entonado en pregunta, cuando realmente había pretendido afirmarlo, pero él tampoco había puesto demasiado esfuerzo por soltarla. Además, quería seguir manteniendo aquella cercanía con él, seguir con su mirada perdida en la ajena por un poco más sin importarle el sinnúmero de secretos que les separaran, porque se había sentido demasiado a gusto entre sus brazos, se había sentido demasiado bien estar ahí, así y con él, casi obligándole a desear que no terminara aquella pequeña escena intima.

Por un momento de inconsciencia, se abrazó más a él, al tiempo que la música sonaba a su alrededor, quedando demasiado cerca de su rostro, por lo que de forma automática sus ojos se desviaron casi con deseo hacia los labios de Anthony, y lo supo o más bien lo corroboró; realmente deseaba besarlo, realmente quería volver a sentir el tenue roce de sus labios aunque de manera más intensa que antes. Pero, había algo en ella, algo en sus adentros que le impedía hacerlo, una duda que se había asentado como un virus que comenzaba a crecer. ¿Por qué todo con él se sentía tan correcto e incorrecto a la vez? Liberó un tenue suspiro antes de desviar su mirada con una sonrisa calmada, tal vez debería seguir la idea del empresario más que su mero capricho, tal vez debería alejarse antes de que fuera imposible hacerlo, asintió con calma antes de separase lentamente mientras su mente le gritaba que se detuviera, retrocediendo más de un paso, sintiendo casi como un tormento como la mano de Anthony rozaba su cuerpo al ella obligarle al romper el abrazo, y como su mano dejaba un tacto sutil sobre su torso antes de recaer. Se volteó encaminándose hacia la puerta, girándose a observarle de reojo- ¿Vas a guiarme a las mazmorras o no? -Cuestiono divertida, deteniéndose en el marco de la puerta. ¿Por qué aquella pregunta le había sonado tan extrañamente incitante?
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Re: Mr. Elve & Miss. Hobbit (?) [Dunnestrong]

Mensaje por Anthony Armstrong el Mar Dic 06, 2016 2:59 pm

Sonrió con demasiada obviedad, no necesitó responder la pregunta. En efecto, la réplica del robot estaba hecha de oro fundido y macizo. No era una pieza de arte que fuera a tener expuesta en su casa para que alguien intentara venir a llevársela. Era invaluable. Como la copa del mundo de fútbol de los muggles. De ahí obtuvieron la idea para el androide.

Con todo, no fue sino algo que ella pronunció más adelante lo que le llamó la atención. “ Además, cuando alguien quiere hablar de algo, lo hace sin incentivo de preguntas, ¿no crees?”. ¿Por qué alguien querría comenzar a hablar de algo de su vida así sin más? Puede que Evelyne tuviera la razón en cuanto a una persona común y ordinaria. A una persona que no fuera Anthony. Él, de buenas a primeras, bueno y sano, jamás iba a comenzar a hablar de asuntos que lo afligen ni a contar sus problemas a todo aquel que se le cruce. Ni siquiera si llegasen a preguntar. Sara había intentado preocuparse por eso, decirle que buscara a alguien en quien apoyarse, en su hijo o en su novia. ¿Cómo iba a resultar eso? ¿Cómo iba a ir a decirle a Thomas lo acongojado que estaba con todo? ¿Qué le iba a decir a Taylor sobre eso? Eso no iba a ocurrir. Ni a Evelyne, ni a Nöela, si le preguntaran cómo estaba, les diría que mal. Porque así estaba: mal. Sus sonrisas y todo lo demás, la careta que anteponía a su real estado se trataba nada más que de una distracción, de una imagen del ser perfecto que aparentaba ser. Porque así era él y nadie podía discutirlo. Perfecto. Así que, dada la respuesta de la profesora, y la manera de pensar de Anthony, el tema de conversación quedó hasta ahí.

Así fue como el punto de máximo concentración en esa noche se estaba enfocando en no cometer ninguna estupidez mientras bailaba con ella. Pudo haber durado meses la danza, o solo instantes. No solo no lo sabía, sino que tampoco le importó. Se estaba concentrando y le costaba en sobremanera debido al alcohol que comenzaba a colarse lentamente en su cabeza.

-- Todo el tiempo que quieras. –Pronunció en un susurro. No era que estuviese dispuesto a todo lo que siempre le pidieran, pero esto era diferente. Recorrió las líneas de sus labios rosas con sus ojos meticulosos y desbordantes por curiosidad y deseo. Un deseo carnal, desde luego, pero un deseo también de descubrir a qué sabían esos labios y si eran capaces de hacerlo olvidar el mundo por más de un instante. Sintió que iba a apretar sus manos alrededor de su cintura otra vez, pero en esta ocasión no la dejaría ir. No lo hizo. Aunque la tuviese así de cerca, así de endemoniadamente atractiva y tentadora; aunque tuviese cada milímetro de su cuerpo al acecho de la diminuta figura pegada a él, simplemente la dejó ir y se sintió lo correcto de hacer. Por ahora.

Mientras ella se alejaba, él tomó su copa y la botella voló por los aires hasta servirle más del contenido. Tony lo bebió de un sorbo y le botella le sirvió más. Esta vez bebió de dos tragos antes de dejar el vaso levitando, el cual fue a posicionarse sobre la mesita otra vez de manera  automática.- Voy a guiarte hasta donde no… –Se detuvo de su comentario en doble sentido cuando la vio de pie en el gran umbral de la puerta que daba hacia el pasillo. Estaba atontado, posiblemente por el alcohol, posiblemente por el efecto que las veelas provocaban en él cuando no estaba lo suficientemente alerta como para resistirse a sus encantos. Resopló como con cansancio, sin detenerse a disimular nada, porque aquel juego ya le estaba pareciendo bastante desgastador. SI ella no se iba pronto a su casa, probablemente él no respondería de sus actos. Y se supone que quería ser un padre responsable.

-- Vamos. –Dijo pasando por el lado de ella, demasiado cerca para ser cierto, demasiado provocador, demasiado peligroso. La miró fugaz, luego lideró la marcha por los pasillos, hasta llegar a una biblioteca que probablemente era dos veces del tamaño de la casa de Evelyne, o más. Incluyendo un segundo piso. Pero no se detuvo allí, sino que se dirigió hacia una puerta a un costado. Allí hizo unos movimientos con la varita, pronunciando en voz baja palabras en otro idioma que bien podría haber sido uno nórdico o en latín. Le llevó un poco de trabajo hacer eso, luego una niebla casi imperceptible de color negro se dispersó entre ellos y, acto seguido, la puerta se abrió.

Anthony atravesó el umbral sintiéndose mareado, sonrió. No era asiduo a beber tanto como para sentirse indispuesto, ni menos en compañía de alguien que no conocía tanto, pero el licor que su hermano había mandado a hacer era un tramposo. Como él. Tuvo que aferrarse de un barandal porque la escalera que descendía comenzaba de inmediato al dar unos tres pasos dentro del oscuro pasillo. Al ir bajando, antorchas se encendieron en unas paredes de piedra pulcra. Bajaron en silencio, Anthony no se sentía en condiciones de hablar y bajar una escalera al mismo tiempo.

Al llegar abajo, un gran salón se iluminó, tan grande como la sala de estar en la que habían estado hasta hace escasos minutos atrás, pero con el techo más bajo y un poco más segura. No había ventanas. Las paredes también eran de piedra pero todas estaban cubiertas con costosas estanterías con libros, ingredientes y pociones. En el centro había varios calderos reposando al lado de mecheros y sobre mesones igual de costosos, tan obsesivamente alineados que dolía la vista. Al fondo, había un sitio donde estaba destinado al descanso, con tres sillones de madera y tapizado rojo sangre.- Te sugiero no tocar nada. –Dijo con diversión, mirándola. Parecía una advertencia sin sentido, pero era probable que más de alguna cosa estuviera encantada con magia oscura para alejar a los curiosos. Anthony, como entrenado inefable, era capaz de oler la magia oscura en la estancia.- A no ser que quieras tocarme a mí que, en ese caso, la advertencia no corre.Y el peligro es otro.
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Re: Mr. Elve & Miss. Hobbit (?) [Dunnestrong]

Mensaje por Evelyne Dunne el Miér Dic 07, 2016 12:44 am

Se estremeció sutilmente entre sus brazos cuando la respuesta a su petición llego hasta ella, ¿Cómo se suponía que podría obtener las fuerzas para separarse de él si le respondía de semejante manera? Siguió el recorrido de sus ojos, notando como su cuerpo se tensaba sutilmente al denotar su insistente mirada sobre sus labios, más aún al reconocer el deseo desbordante de sus maravillosos ojos azules, sintiéndose reflejada en aquella necesidad de besarle. Agradeció su fuero interno, que la doto de un control, que por momentos dudo de tener en lo que respectaba a Anthony Armstrong, que le basto para separarse, llevando la atención del momento a un tópico, que por extraño que sonara, no dejaba de parecerle menos importante y tentador que volver a aproximarse a él.

Desvió su mirada sutilmente hacia él, sorprendiéndose con la rapidez que bebía una nueva copa, seguida de otra, al parecer no era la única sumamente afectada con su cercanía, y eso, aunque fuera algo egoísta, la llenaba de una satisfacción exquisita, puesto saber que él deseaba besarla tanto como ella a él, era un tenue alivio a la tortura en la que se estaba transformando el mantenerse en control a su lado, aunque sabía que sus fuerzas por seguir ya estaban menguando. Se volteó, girando el pomo de la puerta, dejándola entreabierta antes de girarse a verle extrañada, enarcando una ceja ante su comentario inconcluso, analizándole en silencio, manteniendo su mirada fija en él mientras se aproximaba hacia ella.

Se apegó de manera inconsciente al marco de la puerta, retrocediendo un paso cuando él paso tan próximo a ella, casi como si su roce le quemara, pero de manera más que agradable, porque a cada paso que Anthony dio por el pasillo, alejándose de ella, sentía como su cuerpo le pedía a gritos culminar con la horrible distancia que él predisponía a cada segundo, por lo que sin remedio le siguió, auto convenciéndose de que únicamente era por su curiosidad por ver aquellas mazmorras de pociones, y no por lo extenuante y disconforme que se sentía al tenerlo tan lejos ahora, cuando aún la huella de su tacto seguía provocándole un cosquilleo sutil sobre la piel. Se aseguró de cerrar la puerta tras de ella, para evitar que Aina escapará del salón.

Le siguió en completo silencio, pretendiendo prestar atención a los elegantes pasillos para calmar su respiración, y así no predisponer su mirada sobre la figura de Anthony que caminaba frente a ella, en su ancha espalda que era cubierta por la fina y suave seda de su camisa, que acentuaba su musculatura, la cual no había perdido a pesar de la considerable pérdida de peso que había tenido desde la última vez que se vieron. Sacudió sutilmente su cabeza antes de su qué mirada descendiera demasiado sobre su figura, agradeciendo el que llegaran a la biblioteca, pues sin siquiera esforzarse sus ojos se predispusieron sobre la enorme cantidad de libros que adornaban las altas y extensas repisas. Se volteó intentando capturar la imagen del maravilloso lugar por completo, paseando su vista de un lado a otro sin poder centrarse en ningún tomo, menos aun cuando denotó que “su guía”, no se detenía ahí, sino que continuaba su andar, por lo que le siguió con rapidez. No quería siquiera pensar en la mínima posibilidad de perderse, puesto con lo enorme que parecía aquella mansión, de seguro vagaría por horas antes de siquiera encontrarse con otra persona u elfo domestico que pudiera ayudarla.

Se detuvo tras de él, observando con interés como realizaba ciertos movimientos, al tiempo que pronunciaba vocablos antiguos, de los que a penas y logro reconocer algunos sueltos, pues sus pensamientos se desviaron en analizar lo agradable que le resultaba su bajo tono de voz, alejándose de aquel peligroso análisis una vez la puerta fue abierta. Se asomó con algo de duda, sonriendo de manera automática al sentir la frialdad típica en el ambiente de una mazmorra, dejando de sentirse fuera de lugar por primera vez desde que llego a la mansión- Esto es mucho mejor… -Susurro por lo bajo, antes de tomarse de la baranda y descender con algo de rapidez, tal vez anhelo, volviendo a sentirse emocionada genuinamente por ver un lugar así, el cual comenzó a mostrarse poco a poco ante ella a medida que las antorchas se encendían a su paso, culminando la iluminación completa del lugar cuando terminaron de descender las escalinatas.

Ahogo un suspiro mientras sus ojos se paseaban maravillados por el lugar, dando unos cuantos pasos más hacia adelante, reparando en los calderos de diversos tamaños, en los frascos de ingredientes y pociones, en el orden perfecto y pulcro de las mesas de trabajo y por sobretodo en el sin número de libros que rodeaban el lugar, tomos antiguos y en perfecto estado, volúmenes tan arcaicos que según muchos expertos estaban perdidos para siempre, observo con asombro títulos que ni en sus más locos sueños pensó ver realmente. Asintió en silencio ante la primera advertencia de Anthony, presa del asombro, quedándose prácticamente sin palabras para responder más que un efímero- No lo haré… -Que fue pronunciado en un hilo de voz entrecortado mientras sus ojos se desvivían por captar hasta el más mínimo detalle. El lugar era impresionante, y denotaba el hormigueo en sus dedos ante el deseo de hacerse con alguno de aquellos tomos entre sus manos, y poder hojear sus innumerables secretos aunque fuera una sola vez, pero estaba en las mazmorras de otra pocionista, y sabia, por propia experiencia, como podían ser de estrictas con sus pertenencias, cada una poseía un afán en el orden que predisponía a sus laboratorios, y por respeto, jamás pretendería inmiscuirse en aquel espacio de manera más intrusiva, le bastaba ser una mera espectadora.

- Eso es increíble… jamás vi un lugar así y… -Se silenció de golpe, volteándose lentamente hacia Anthony con una sonrisa divertida y coqueta en sus labios, observándole en completo silencio con algo de confusión, como si intentara rememorar sus exactas palabras porque estaba segura de haberle escuchado mal. Probablemente sus propios deseos le habían jugado en contra, pero no, lo sabía, confirmándolo al repasar mentalmente una y otra vez sus palabras. Sintió como dentro de ella su autocontrol comenzó a ceder, casi como si escuchara un sin número de cristales rompiéndose en su mente, más aún al observar su sonrisa- ¿Y cuánto podría tocarte? -Pregunto con falso tono inocente, lleno de curiosidad, mientras se volteaba por completo hacia él, cruzándose de brazos mientras enarcaba una ceja, expectante a su respuesta.

Pero entonces, en menos de una milésima de segundo, su control volvió con una molesta alarma a su consciencia, remarcándole la duda que se había predispuesto en ella hace poco. Esbozo una sonrisa al tiempo que descendía su mirada, liberando un suspiro mientras negaba sutilmente con aire rendido, maldiciendo internamente a su moral, al tiempo que llevaba una de sus manos hacia su propio cuello, masajeándolo sutilmente. ¿Cómo preguntar algo a alguien que no gusta de dar respuestas directas? ¿Cómo preguntar algo que temía preguntar? Más aún, ¿Como preguntar cuando no estaba segura de querer oír la respuesta que ya sabía? Libero un nuevo suspiro antes de aumentar su sonrisa, observándole de reojo con calma, sin reproche alguno- No creo que eso le agrade mucho a tu novia… -Susurro en un suspiro, encogiéndose de hombros, con una sonrisa algo ausente antes de girarse y dar unos cuantos pasos más por el lugar, fingiendo prestar su atención a algunos frascos de pociones, cuando aún sentía la fuerte pesadez en su pecho al haber pronunciado aquellos vocablos, denotando como un amargo sabor se impregnaba en su boca, y no, no era el alcohol.
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Re: Mr. Elve & Miss. Hobbit (?) [Dunnestrong]

Mensaje por Anthony Armstrong el Miér Dic 07, 2016 10:49 pm

Suspiró silente, estaba aliviado de que aquella situación a ella le fuera más agradable que la anterior. Encontraba que sería de muy mala educación haberla traído sin tener algo que compartir con ella y que fuera, al menos, interesante. Sin perjuicio de que Evelyne no fuera ávida lectora de información nacional o políticamente relevante, la había prejuzgado como alguien demasiado intelectual, inteligente, y aquello le atraía más que su belleza física. Una mente brillante, que tuviese un tema de conversación y una opinión con fundamento, podría asegurar, podría excitarlo más que un par de pechos bien puestos y piernas perfectas. La profesora tenía todo eso, era perfecta. Incluso le había dado doble ración de lasaña en su casa.

Se movió como un deslizamiento suave y constante en el espacio entre ella y él cuando aseguró que no iba a tocar nada. Se sentía casi levitar a causa del efecto del alcohol, se sentía como si todo estuviera bien. Lo que estaba bien, por supuesto. Sobre todo viendo la sonrisa coqueta y divertida que le dedicaba la mujer tan pronto como escuchó su insinuación. Sí, para qué mentir. ¡Estaba loco por ya traspasar cualquier línea invisible que hubiese entre ellos! De solo recordar el aroma de su perfume mezclándose con su aliento, el roce inevitable de sus labios junto a una despedida que duró más del tiempo del que hubiese gustado. Y es que no fue capaz de hacerse presente en la vida de la pocionista antes, primero debía ordenarse a sí mismo y luego aferrarse a algo nuevo, a algo con la atracción de un imán y la mortalidad de una maldición asesina. A algo que lo probara a sí mismo pero que al mismo tiempo fuera fácil de llevar; estar en presencia de Evelyne era más fácil que pensar en todos los problemas que cargaba sobre sus hombros. Una vía de escape. Pensar en ella como en una capa de caramelo sobre un flan mal hecho.

Iba a responder su pregunta sugerente, pero el cambio de reacción fue más que una advertencia de que no iba por buen camino si lo hacía. ¡Odín! Podría haberle dicho tantas cosas, o quizás no decirlas sino que guiar sus manos a través de su propio cuerpo para mostrarle cuánto podía tocarlo, desde dónde y sobre qué capa. Y, entonces, en menos de lo que esperó decir “quidditch”, aquellas palabras se clavaron como una espina en varias partes de su cabeza. “Novia”. Así que, finalmente, ella había leído algo sobre él. La observó moverse para evitar el contacto visual y aguardó otro segundo. Puede que lo haya hecho, pero no podía estar seguro. Y, maldita sea, Anthony Armstrong es un hijo de puta en todos sus sentidos. No podía menos que comenzar por no afirmar aquel hecho. Después de todo, a él también le dolía tener una novia. Novia embarazada. Novia embarazada y de la que no estaba enamorado.

Se acercó a ella por atrás, otra vez sintiéndose como si se deslizara por el suelo, porque caminar se sentía demasiado vulgar para él. La tomó por la cintura, no conocía otra manera de tomar a una mujer, y le impidió que siguiera alejándose de él. Se apegó a ella lo suficiente como para que su tamaño pudiera cubrir el cuerpo diminuto y perfecto de ella que venía alzado en dos sexys tacones y, entonces, acercó sus labios al oído de ella. Se mordió su propio labio inferior, como si con eso acallara algunos de sus impulsos más bestiales y aguardó, un segundo, a sentir otra vez su aroma de ángel y sus encantos de diabla. Sonrió regocijado.- No sabes de qué estás hablando. –Susurró insinuante. Sin poder evitarlo, dejó un acotado camino de besos por su cuello, que duró dos o tres segundos.- Me estás evitando, Evelyne. –Susurró con los labios puestos en su cuello, sus manos puestas en la cintura marcada y pequeña de ella, con los sentidos embriagados puestos en su cuerpo diminuto de veela.- No lo hagas. –Susurró al final, como una demanda envuelta en una súplica. En ese momento la dio vuelta con pericia y facilidad para poder estar frente a ella, la atrajo hacia sí mismo otra vez y no la soltó. Ya no era capaz de seguir conteniéndose como al inicio. Debió saber que las cosas acabarían así inevitablemente.- Just don’t. –Añadió al final.

Hubo un momento en el que las antorchas pestañearon, las luces se volvieron más tenues y los labios de Anthony se juntaron con los de Evelyne como por atracción inexorable y hecha de una poderosa química. De la garganta del empresario se coló un gemido de placer, de culpabilidad, de “por fin”. Se removió en su sitio, abrió su boca y suspiró al tiempo en que rozaba sus labios otra vez con los de ella, entonces aprisionó el suyo inferior por un instante y lo dejó ir. La apretó un poco más contra su cuerpo y, con ese movimiento, tuvo que avanzar dos pasos hacia ella. Sus labios eran la gloria misma, el cielo dibujado en la tierra. Eran de un ángel y un demonio. Labios instigadores de veela.

Pero el cielo se acabó al instante siguiente. En aquellos dos pasos, Anthony hizo que Evelyne alcanzara una mesa que contenía dos frascos de pociones y unos pocos instrumentos que cayeron al piso. Los frascos se destrozaron en el piso y, al tener contacto la una con la otra, hubo una explosión mediana. No obstante, al caer los utensilios hubo otra explosión y comenzaron a multiplicarse cada vez que uno lograba alcanzar a tocar a Anthony o a Evelyne. El primer afectado fue el empresario, que una espátula rebotó junto a un cáliz contra su pierna y, al contacto, sintió quemarse y hubo 4 y 6 más de cada uno.- ¡AAh! –Gritó de dolor, apartando a Evelyne hacia un lado sin medir su fuerza. Sacó su varita y apuntó a un sitio intermedio entre él y los objetos que se multiplicaban al tocarlo en las piernas y brazos al saltar. Tuvo que retroceder varios pasos empujando hacia atrás a Evelyne para protegerla.- ¡Glacius!  -Exclamó formando un medio muro de hielo para contener los objetos. Lo logró, pero sus piernas se debilitaron y cayó al piso.- Lo siento. –Dijo adolorido. Un encantamiento geminio era lo que debió prever en una circunstancia como esa.

ÉL no lo veía, pero piernas y brazos comenzaban a enrojecerse y a generar ampollas. Su estado de ebriedad parecía haberse curado momentáneamente.
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Re: Mr. Elve & Miss. Hobbit (?) [Dunnestrong]

Mensaje por Evelyne Dunne el Jue Dic 08, 2016 1:05 am

Cada nuevo paso que le alejaba de él, era más difícil de dar, sintiendo como la pesadez de la acusación predispuesta en sus previos vocablos la ahogaba en un mar de confusión y tormento del que deseaba alejarse, aun sabiendo que mientras más se distanciara de él, más añoraría su cercanía. Eran sentimientos tan contradictorios que no sabía cómo hacerles frente, era un maldito enfrentamiento entre sus egoístas deseos y los gritos de su moral que comenzaban a acallarse a cada segundo, perdiendo la fuerza y la intensidad ante el mareo que le provocaba su ansiedad por volver a sentir el tacto de los labios ajenos. Era un choque inminente y recio entre lo correcto y lo incorrecto, así como siempre era con él, puesto Anthony jugaba con la línea de lo moralmente incorrecto como si no le importara, pisoteaba aquella línea como si no existiera, porque realmente no existía para él, y de manera automática la atraía a aquel peligroso juego del que ya no creía poder o querer escapar, estaba completamente atrapada por sus encantos, por su sonrisa, su voz atrayente, sus ojos que la obligaban a perderse en ellos, sus abrazos que la invitaban a un sin número de pensamientos que no podía recordar si quería serenarse, él en sí, en su totalidad le atraía de manera peligrosa, impidiéndole el poder negarse ya. Y se suponía ella era la veela.

Liberó un suspiro ahogado mientras pretendía centrar su atención en lo que fuera, para desviar sus pensamientos de la peligrosa dirección que nuevamente estaban tentados a tomar, distrayéndola de su intención de alejarse, de no permitirse consumirse por el deseo que la carcomía. Sus ojos turqueses finalmente se centraron en un rustico libro de pociones escrito en runas, tomo de civilizaciones antiguas del cual pocos retazos existían, más que nada leyendas y mitos que ya nadie creía, y estaba ahí frente a ella. Eso, logro que el fuego de sus pensamientos se consumiera levemente, dándole un mínimo segundo de paz en el que retomo su andar de manera ilusa. Como si Anthony Armstrong fuera a permitirle alejar sus pensamientos de él, como si fuera a dejar que ella continuara alejándose. Que estúpida había sido.

Se tensó de forma inmediata al sentir sus fuertes manos rodeando su cintura. Ahogo un suspiro que termino por obligarla a contener la respiración al sentir como su cuerpo se apegaba al suyo sin miramiento, impidiéndole cualquier vía de escape que su mente luchaba por encontrar, pero su cuerpo se negaba a realizar. Sintió como un estremecimiento la hizo temblar bajo sus manos al sentir el tenue tacto de su labio a la altura de su oído, denotando como sus piernas parecían flaquear ante su exquisita y tormentosa proximidad. Intentar concentrarse con él tan cerca, sin dejar el más mínimo espacio existente entre ellos, era una de las cosas más difíciles a las que había tenido que enfrentarse, y lo peor de todo era que estaba fallando estrepitosamente, perdiendo cualquier noción de tiempo y espacio. Se sintió a su completa merced cuando escucho aquel susurro sensual junto al roce de su cálido aliento, que le acelero el pulso de manera peligrosa. Cerró sus ojos, sintiéndose presa de la exquisita sensación que recorrió su cuello, denotando como sus labios ardían por anhelar aquel prohibido tacto. Un suspiro entrecortado escapo de sus labios, únicamente pudiendo permitirse negar ante su acusación, mintiendo con descaro, pues era obvio que estaba evitándolo, pero ¿Qué más podía hacer? Sino lo evitaba dudaba poder pasar un segundo más sin besarle, y ante la duda de una posible novia aquello era completamente inaceptable dentro de su moral, así no era ella, no tendía a caer bajo los encantos de los hombres, menos hombres comprometidos, tenía facilidad para rechazarle sin siquiera lamentarlo, pero ahora era totalmente diferente, tal vez por el insignificante pero importante hecho de que Anthony no era como cualquier hombre, y lo peor de todo es que lo sabía, él lo sabía, era consciente de ello y utilizaba sin problema todas sus artimañas por atraerla, y por Merlín lo había logrado con facilidad. Había caído prácticamente sin poner resistencia alguna, ni dar lucha, ¿Qué le estaba pasando? ¿Qué le había hecho ese hombre?

- Anthony… -Comenzó, casi ilusamente pretendiendo disuadirlo, pero aquella suplica oculta en una demanda la estremeció, viéndose por completo sorprendida cuando la giro sin ningún problema, atrayéndola aún más, consumiendo por completo la voz de su consciencia y con ello cualquier intención de alejarse. Había sido algo infantil creer que las cosas no llegarían a ese punto, a creer que podría mantener la situación bajo control. Alzó su mirada, en el último error que cometería aquella noche, entreabriendo sus labios para decirle algo más pero entonces sintió como aprisionándola más entre sus brazos, él se apoderaba de sus labios, obligándola a perderse junto a él en un torbellino de exquisitas sensaciones que invadieron todos sus sentidos. Sus ojos, que en un principio se abrieron presos de la sorpresa, se cerraron de manera instantánea al tiempo que ahogaba un suspiro entrecortado contra su boca. El recuerdo efímero de su tacto previo no era nada en comparación a lo maravilloso que se sentían las caricias tenues y apasionadas que ahora le otorgaban sus labios, haciéndola temblar a cada movimiento y sutil mordida, no dejándole mayor salida que corresponderle, porque por todos los dementores, había deseado aquello prácticamente desde que le vio aparecer en la puerta de su casa, y cada segundo que le había observado aquella noche, en su fuero interno había anhelado besarle. Era una sensación exquisita que jugaba con su razón y contra su buen juicio, pero no importaba, sus labios le hacían olvidar por completo cualquier mínimo problema.

Retrocedió cuando el avanzo de forma automática, sintiendo como su cuerpo era sutilmente aprisionado contra algo, algo que no le importaba realmente, pero si logro terminar todo de manera tan abrupta como había comenzado, pero mucho menos agradable. Abrió sus ojos sobresaltándose ante el sonido, volteándose con confusión, olvidando por un tenue segundo todo lo que acababa de suceder. Hubo una mini explosión que libero una cadena de explosiones que continuaron realizándose. Se vio empujada hacia atrás al mismo momento en que un objeto chocaba contra Anthony, multiplicándose con rapidez, prácticamente creando un sin número de objetos, posiblemente una de las tantas medidas defensivas de la paranoica dueña del laboratorio. Observo al hombre con preocupación al escuchar su exclamación de dolor, aquellos efectos solo podían significar una cosa, pero no tuvo mayor tiempo de reaccionar antes que él solucionara de manera temporal el asunto, para luego derrumbarse frente a ella.

Le observo atónita, era demasiada información para procesar en menos de diez segundos. Pero al momento de escuchar su disculpa, despertó del leve letargo, arrodillándose ante él con preocupación, analizándole de manera seria y con mirada escrutadora, sin dirigirle la mirada porque estaba centrada en analizar los daños, denoto piel enrojecida bajo los puños de la camisa, lo que significaba que tendría el mismo efecto en parte de sus brazos, torso y piernas. Frunció el ceño antes de levantarse con rapidez y tomar su varita; necesitaba algo y era imposible que no existiera en aquella mazmorra- Accio Díctamo… -Pronunció volteándose hacia el medio muro de hielo, denotando como un brillo desde el fondo del laboratorio comenzaba a aproximarse con rapidez, pero había algo más, dos brillos diferentes le seguían. Entrecerró sus ojos, haciéndose con el frasco de la esencia que requería a penas y dos segundos antes de que dos dagas de gran tamaño se lanzaran hacia ella, permitiéndole únicamente dejarse caer al suelo para evitarlas por poco, notando el tenue roce sobre algunos de sus cabellos. Pero contrario a lo que pensó, su caída fue amortiguada por el cuerpo malherido del empresario, lo que la sorprendió obligándole a soltar el frasco, dándole los segundos más largos de su vida- ¡No! -Susurro antes de echarse hacia adelante, empujando con su cuerpo el de Anthony mientras extendía sus brazos para hacerse con la poción de manera casi desesperada. Y es que, si la primera vez dos dagas le habían dado la bienvenida, no quería ver que sucedería al intentar obtener otra poción.

En un instante el frasco se resbalo de entre sus dedos, por lo que volvió a extenderse, logrando sostenerlo finalmente a escasos centímetros del suelo. Liberó un suspiro de alivio, sonriendo triunfalmente, antes de percatarse que yacía recostada sobre Anthony, que debido a su lucha previa se encontraba predispuesto perfectamente sobre el piso marmolado con ella encima, recostada, sobre él, a escasos centímetros. Tragó con pesadez al observarse reflejada en sus ojos, más aún cuando su mirada traicionera se posiciono sobre sus labios, por lo que se levantó de un solo salto, quedando sentada a su lado antes de ayudarle a reincorporarse- Lo lamento… -Murmuro por inercia sin mirarle directamente, arreglando un mechón de su propio cabello con rapidez, en un intento por calmarse sin conseguirlo, pues estaba segura que sus latidos se escuchaban por toda la mazmorra- Te arderá un poco… -Fue la única advertencia que hizo antes de arremangarle el pantalón un poco, dejando caer unas cuantas gotas de Díctamo sobre la piel enrojecida y quemada, para luego girarse hacia él nuevamente, y extender sus manos con duda, antes de alejarlas nuevamente. La piel enrojecida sobresalía por la abertura de la camisa en su pecho; tendría que quitársela, y su fuerza de voluntad no estaba preparada para aquello.  

Suspiro con pesadez, sin atreverse a mirarle a los ojos, alejando cualquier pensamiento y centrándose en lo que estaba haciendo, lo que se vislumbró en un cambio abrupto en el brillo de sus ojos. Volvió a suspirar, esta vez de manera calmada y sin más posiciono sus manos en los botones de la camisa, desabrochándolos con rapidez, y sin temblor, sin perder tiempo en explicarle lo que hacía, creía que era más que obvio. Cuando se deshizo de los botones, se aproximó un poco más hacia él, para remover la camisa con cuidado por sus brazos, pretendiendo no rozar demasiado su piel herida y afectada por el hechizo- Será mejor que te recuestes… -Susurro colocando una de sus manos tras su cuello, y la otra sobre su hombro, empujándolo sutilmente, para luego volverse y tomar el frasco de Díctamo, dejando caer unas cuantas gotas sobre las zonas afectadas.

Volvió a examinarle con detenimiento hasta estar segura de haberse encargado de todas las zonas afectadas, y solo entonces se dejó caer sentada sobre el suelo liberando un suspiro pesado mientras volvía a sentir como su corazón palpitaba con fuerza- Estas bien…-Susurro como si tuviera que auto convencerse de aquello, si, no había sido algo grave, pero se había sentido presa del miedo por tenues segundos, por lo que ahora que se sentía aliviada el mar de sentimientos previos volvieron a ahogarla. Llevo sus manos hacia su cabello, peinándolo hacia atrás mientras tomaba una gran bocanada de aire, denotando como ahora al saberlo bien, la molestia e indignación comenzaban a apoderarse de ella de manera casi cínica porque por los druidas, había disfrutado demasiado del abrupto beso- ¿Qué creías que hacías? -Pregunto con su mirada perdida mientras negaba, llevando una de sus manos hacia sus labios- ¡Por Merlín, tienes novia, Anthony! O eso creo, no se... -Murmuro volteándose a verle a los ojos finalmente, desviando con rapidez la mirada al denotar el error que había cometido al mirarle directamente. Se sentía una estúpida, no sabía con qué tipo de mujeres tendía a relacionarse el empresario, pero lo imaginaba y, si tenía novia y la besaba como si nada, ¿Quién no le decía que no hiciera siempre eso con cualquier mujer que atrapara su atención? Y esa mínima posibilidad la hacía sentir molesta consigo misma por prestarse para aquello. Sentirse una más del montón ante sus ojos dolía, y lo peor es que solo estaba suponiendo cosas, con él no había nada absolutamente seguro y eso le asustaba, no le gustaba. Se sentía presa de la molestia, pero más que estar enojada con él, era consigo misma, por dejarse atraer hasta ese punto, cayendo en su juego y en su red, haciéndole no desear salir de ahí cuando debería correr lo más lejos posible. Se sentía presa de una confusión que carecía de sentido ante todas las contradicciones que luchaban dentro de ella. Si, Anthony le había besado, pero ella no lo había rechazado. Volvió a suspirar, relamiéndose el labio sin saber que parte estaba ganando dentro de su mente, se sentía pasada a llevar, y lo peor es que su cuerpo seguía anhelando el sentirle cerca, sus labios gritaban por el tacto de los suyos. Ya no sabía que estaba haciendo, ¿Tan mal estaba dejarse llevar por aquel deseo? ¿Qué se supone que debía hacer? ¿Cómo enfrentarse a algo así? ¿Cómo hacer frente a alguien así?

- Debería irme… -Murmuro finalmente, sin decirle ninguno de sus pensamientos, sin reprocharle nada más, sin enfrentarlo porque sabía que de nada serviría, no podía apelar a la consciencia de alguien que acostumbraba a hacer lo que quisiera.

Se levantó en silencio, subiendo las escalinatas. Ya le había curado, podría levantarse, o pedirle a algún elfo que le ayudara.
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