Bound by blood and time || Marlene Mckinnon

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Bound by blood and time || Marlene Mckinnon

Mensaje por Connor D. Lowell el Dom Nov 20, 2016 6:32 pm

El escritorio donde reposaban los pies del medimago estaba prolijo y ordenado. Nada podía sacar del aburrimiento al mago que, al no tener pacientes que atender, hacia un sudoku para ejercitar su cerebro. El único sonido que se escuchaba en la habitación era el pasar de las manecillas del reloj de pared. El día laboral seria estresante para alguien que no manejara la presión como Connor usualmente lo hacía, aun así, no podía evitar sentirse agotado y frustrado. Era algo en su cabeza que lo dejaba inquieto, un sentimiento de que tenía algo importante que hacer. Lo dejó para el final de la jornada y aunque tiene muy buena memoria, se le olvidó por andar pensando en los números. Hace unos meses Robert Mckinnon le había dejado claro que su hija necesitaba de su protección. Él acepto incondicionalmente, le prometió que lo haría y sin embargo, a dos meses del acuerdo, no se había pasado por la casa de la joven. Era increíble pensar que el mismo Robert estaba internado en San Mungo donde el ejercía. Las casualidades no sucedieron, al estar en áreas diferentes nunca se cruzaron la vista. Ni con él, ni con Marlene. Era un lazo que la sangre permitía pero el tiempo no.

Agarró su taza de café con leche, tomándose lo restante que quedaba de un solo trago. Sonreía tontamente, ya que terminaba de llenar el último cuadrito del pasatiempo. Su felicidad se agotó cuando el tiempo se agotó. El reloj marcaba la salida, las 12 de la mañana. Soltó un suspiro de amargura mientras abría una gaveta de su escritorio, buscando la famosa carta con la dirección de la casa de su prima. Tenía que enfrentarse al destino y a su propia palabra. Se quitó el uniforme encantado con un hechizo auto-limpiable y auto-planchable, colgándolo en un perchero que se encontraba cerca de la ventana. Su consultorio, el lugar que era su hogar desde hace aproximadamente 2 años, seguramente iba a ser sustituido por incertidumbre. No era muy común que un mago viviera en su oficina, sin embargo, Connor se quedaba ahí porque no sentía la necesidad de tener algo propio.  Tomó su tiempo para ordenar las cosas dentro de su maletín y caminó con buen ánimo por los pasillos del hospital, despidiéndose de sus compañeros con un cariño irrefutable; no sonreía pero el ambiente desprendía confianza y compañerismo. No se duerman, el  tiempo que determina si un paciente vive o muere cabe en un pestañeo. Estén atentos–dijo arbitrariamente sin voltear hacia atrás mientras salía del hospital.  

Ya había tomado su decisión; dio una vuelta alrededor de su propio eje con estilo  y desapareció en un instante. "Busca en el centro del bosque" –recordó textualmente el fragmento de la carta mientras caminaba por el bosque con su varita iluminada con el encantamiento Lumos. Vio a lo lejos un par de casas cuya distancia que lo separaban de él estaba delimitada por un gran lago. Lo rodeó rápidamente, agarrando con fuerza su maletín y observando con cuidado el suelo para evitar caerse. Tocó la puerta dos veces con tranquilidad, confiando que alguien estaba en casa. ¿Será que Robert volvió con su hija para cuidarla? ¿Me regañará por llegar tan tarde?.-pensaba con cierta preocupación. Hola, ¿Hay alguien ahi? -gritó con voz clara mientras golpeaba la puerta de nuevo. Al no mostrarse señal de que alguien estuviese ahí, miró alrededor del sitio que se encontraba lleno de polvo y hojas caídas (casi empantanadas) en la entrada. Solo mi prima podría vivir en un lugar así, en estas condiciones... -dedujo decepcionado mientras  empezaba a retirarse hasta que un haz de luz le indica que abrieron la puerta.
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Re: Bound by blood and time || Marlene Mckinnon

Mensaje por Marlene S. Mckinnon el Sáb Nov 26, 2016 3:05 pm

Era noche y la joven no podía dormir a pesar de la tranquilidad que generaba su hogar. Adoraba su casa, antes había servido como campamento para niños muggles pero al pasar la guerra había quedado abandonada por completo. Su padre le había ayudado a remodelarla hasta convertirla en su casa de ensueño con una hermosa vista hacia el lago. Sus alrededores se encontraban protegidos con hechizos poderosos que limitaban el paso a todo aquel que pisara sus tierras con malas intenciones, después del ataque de Kole en el colegio se había vuelto una persona temerosa, cuidaba su seguridad por el bienestar de su bebé y los que la rodeaban, casi nunca salía sola y solo se permitía disfrutar de la soledad estando en su propio hogar.

Se levantó de su cama, colocándose una enorme bata de algodón sobre su pijama mientras escondía sus pies dentro de unas exageradas pantuflas que parecían dos enormes cabezas de oso polar. Un perezoso Golden retriever se levantó por el movimiento de su dueña y caminó a su lado mientras ella acariciaba su melena al andar. -¿Te desperté Remo?- preguntó al canino con una sonrisa cariñosa mientras recorría la vieja casa encendiendo las luces en el camino –No puedo dormir, tuve pesadillas otra vez- se quejó con el animal recibiendo un ladrido como respuesta –Creo que Lyanna tiene hambre- llevó una mano a su prominente barriga al sentir que la bebé se movía en su interior, siguió caminando hasta que otra bola de pelos gigante paso corriendo a su lado en dirección a la entrada. – ¡Rómulo!- Lo llamó escuchando sus ladridos, el viejo Remo siguió sus pasos ladrando a la vez a lo que estuviera fuera de la vieja casa.

Se acercó a la ventana para espiar a quien estuviera del otro lado de la puerta. Rubio, alto y parecía no estar muy contento con lo que había a su alrededor. Abrió los ojos como platos al recordar una imagen más pequeña de aquel mago. -¿Connor?- abrió los ojos como platos alejándose de la ventana para esconderse de él. –Oh rayos, ¿Qué hace aquí?- miró su barriga intentando cubrirla con la bata- Jod... Ranas Saltarinas, estamos en problemas pequeña- pinchó su ombligo con un dedo tomando una respiración profunda antes de decidir enfrentarse a la realidad. - Romu, Remo, quietos- con la orden ambos perros retrocedieron aún con la guardia alta, mirando la enorme puerta de madera con desconfianza. Se acomodó su bata enrollándola como pudo y abrió la puerta solo lo suficiente para asomar su cabeza -¡Connor! Oh vaya, que sorpresa- soltó una pequeña risa que no pudo opacar sus nervios – ¿Qué te trae por acá?- preguntó aún sin invitarlo a pasar, tenía la esperanza de que solo fuera una visita rápida, aunque sabía que aquello era casi imposible.


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