Oh Lord, save me (Sinclair & Marlene)

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Oh Lord, save me (Sinclair & Marlene)

Mensaje por G. Robin Fiennes el Miér Nov 16, 2016 4:02 am

Recuerdo del primer mensaje :

Noche del 31 de Octubre
Apartamento de las locas Sinclair y Marlene


No fue muy complicado que la pelirroja accediera a trasladarse desde el lugar de la fiesta a otro más tranquilo. La cabeza le seguía palpitando como si un pájaro carpintero hubiera encontrado en ella el mejor lugar donde crear su nido; el mareo persistía, de hecho, si hubiese tratado de caminar sola lo más seguro es que iría haciendo eses previamente a caer de nuevo al suelo así que no pudo rechazar la ayuda de Sinclair. Aunque de saber que usarían la aparición como método de transporte -una pequeña fracción de su ser hubiera rogado por un autobús muggle-, habría tenido tiempo de advertir a la noruega que lo más seguro es que la hiciera vomitar.

Sin embargo careció de tiempo para ello. Confió en el apoyo que le ofrecía la castaña, ni si quiera tuvo tiempo de preguntar cuando todo se movió a su alrededor de manera brusca y creyó que volvía a desmayarse, que esta vez se abriría del todo la cabeza; esa vez fueron sus pies los primeros en tomar contacto con el suelo pero de no haber estado sujeta a Sinclair seguro que hubiese caído de bruces –Sinclair...- musitó siendo apreciable el malestar en su tono –¿Puedes dejarme caer? Creo que voy a vomitar- le pidió esperando que lo hiciera, a no ser que le tuviera mucho aprecio a la limpieza del suelo, que podría mancharse por la mezcla de suciedad y un poco de sangre. Sólo quería evitar engorrar más una situación que desde un inicio fue complicada.
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Re: Oh Lord, save me (Sinclair & Marlene)

Mensaje por W. S. Sinclair el Jue Feb 02, 2017 2:20 am

Evitar sonreír es como tratar de ignorar una botella de agua tras días sin hidratarse. Sus ocurrencias, aunque irrelevantes, aligeran la situación aun cuando la noruega no lo cree posible, aferrada a su terquedad. El conocido apodo le ocasiona una oleada más de nostalgia y culpabilidad que pronto se ve abrumada por la mueca que se instala en sus labios al escuchar la queja que musita la americana. Sinclair se mantiene inusualmente silenciosa en todo momento, convencida de que tras el comentario en contra de Ignotus Peverell la joven guardaría silencio, pero logra contradecirla al añadir una de sus incoherencias histriónicas. ¿Patitos de Goma? ¿Qué son y que propósito tiene su existencia? No lo sabe, ni se le antoja preguntar en el momento. Su curiosidad innata se agazapa en su fuero interno, intimidada por la presencia de la pelirroja.

Como es de esperar, levantarse no le resulta fácil a la joven estudiante. Sus quejas hacen más que obvio el hecho de que su malestar aún está en su apogeo y no da señas de querer dar tregua. La noruega se muerde la lengua e intenta, como puede, no irse de bruces contra la bañera mientras ayuda a Robin a ponerse de píe. Tras haber llevado a cabo semejante hazaña sin salir heridas, ambas se dirigen en silencio y entre tambaleos hacia una de las habitaciones que Sinclair bien conoce, pues es ahí donde pasa la noche en las ocasiones que visita. En el camino se encuentran a Marlene, quien les facilita la entrada y les sigue segundos después en medio de palabrerío del que Sinclair se desconecta momentáneamente tras haber escuchado el pedido de Robin. -Lo sé, a eso vamos. Aguanta solo un poco más-. Unos cuantos pasos más, y por fin logran alcanzar el borde de la cama donde su amiga ha dejado un canasto lleno de ropa y otras cosas. Esta vez sí se dispone a escuchar a Marlene, su expresión reflejando el agradecimiento que no tarda en verbalizar-Gracias, rubia. Te debo una enorme- dice, y le sonríe ligeramente, hasta que la susodicha anuncia su partida y los sentidos de la noruega suenan las alarmas.

-Mar- empieza a llamarla, escudriñando en su mente por alguna excusa, la más irrelevante, para lograr que no la deje a merced de su acompañante. Por bendita suerte no debe pensar demasiado, porque Marlene detiene su marcha y se dirige una vez más a la americana, que esta con una pierna en la realidad y la otra en el mundo de Morfeo. -Robin-Sinclair se adelanta y contesta por ella, queriendo motivar una conversación, aunque fuese de puro relleno.  -Puedo ayudarte con un apodo apropiado, tengo una lista más que suficiente y apropiada: Chiquilla insensata, chichón de piso, incordio, dolor de culo, fosforito en llamas -enumera sarcásticamente- No sé, el que prefieras le va perfecto- continua, observando al objeto de sus burlas de mala gana de reojo. El cansancio se ve reflejado en sus jóvenes facciones que ya se dan a ver con más claridad a medida que el maquillaje de zombie desaparece. Logra avistar, sin mucho esfuerzo, los orbes castaños, cansadas, que seguramente le observaran con reproche muy pronto. Repara en ella, en su aspecto, y en el propio brazo que rodea la cintura ajena con la intención de ayudarle a mantener el balance.

Too close…

Cual resorte, Shaw se levanta de su lugar y se dirige a Marlene con impasibilidad tambaleante -¿Te molesta quedarte con ella por un momento? Ahora lo mencionas, creo que tengo algo que ayudara con el dolor de su herida entre mis cosas. No tardo- las palabras abandonan sus labios casi a trompicones, tan rápido como ella abandona la habitación, sin siquiera darle oportunidad a la irlandesa de negarse. Necesita aire y silencio con urgencia, aclarar sus pensamientos para dejar de actuar como un manojo de nervios, totalmente impropio de ella, y sabe que no podrá hacerlo junto a Robin o con la mirada inquisitiva de Marlene intentando descifrarla. Solo espera que partida no levante sospechas innecesarias, aunque tiene la ligera sensación de que ya es demasiado tarde para eso.
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Re: Oh Lord, save me (Sinclair & Marlene)

Mensaje por G. Robin Fiennes el Miér Feb 08, 2017 2:50 pm

Danzando entre el mundo de los insomnes y somnolientos, la joven camina bajo el amparo de la noruega que sigue allí tanto en las buenas como en las malas, siendo en concreto de las últimas en las situaciones donde a menudo el mundo, el destino, una energía, como Seraphina quisiera llamarlo, las junta en un mismo lugar; el brazo en torno a su cintura resulta el principal causante de que la pelirroja no se haya encontrado todavía en el suelo, pero ni la férrea sujeción de Sinclair es suficiente para acallar las quejas de una cansada Robin. Es cuando escucha la voz de Marlene –Mhm- gruñe la chica como única respuesta a la pregunta sobre la excesiva diversión de la noche. A la contestación le secunde otro ruido gutural cuando al fin su trasero toca cama, deseando dejarse caer pero las chicas presentes parecen haberse compinchado para actuar en contra a los deseos de la alumna.

Vagamente es consciente de la conversación que están teniendo las tres –dos, porque Robin estaba en una situación que ni llegaba a ser capaz de declarer su edad-, ¿Quién es Rómulo? ¿Y Kiara?

¿Pero cuánta gente vive aquí?-

La pregunta sale casi inconsciente de entre sus labios, sin tener en cuenta la posibilidad de que la rubia no esté hablando de personas mas eso ya sería demasiado trabajo mental. Las palabras vienen, van, sin embargo no es consciente ni de la mitad de las mismas, tan sólo en un momento de lucidez dentro del abismo de sopor en el que estaba cayendo cuando es nombrada –Presente- murmura sin mucho sentido. Llega a escuchar los apodos que la castaña ofrece a Marlene como resolución a sus dudas, resultando difícil para Robin arquear una ceja para expresarse –Chiquilli insinsiti, chichín di pisi, incirdii- remeda con voz pastosa. No tarda en perderse de nuevo, en decaer en los brazos del ansiado sueño al que desea rendirse en una posición no muy cómoda a decir verdad ya que permanece en estado sedente, ¿A esperas de qué? Quien sabe, ya que por su parte se tiraría a dormir en esas pintas.

Quien sabe si sería Dios como los no-maj llaman a ese supuesto ser superior, llamarlo energía o Merlín sabe. Su codiciado deseo de hacerse con una postura más cómoda llega de una forma imprevista. Desprovista del apoyo que hasta entonces la sostenía, cae cual árbol talado sobre el colchón y suelta un quejido dada la brusquedad; gruñe como si de un animalillo se tratara mientras empieza a removerse en la cama, en busca de esa postura perfecta, lista para caer en brazos de Morfeo y pasando por alto cualquier cruce de palabras entre las adultas presentes.
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Re: Oh Lord, save me (Sinclair & Marlene)

Mensaje por Marlene S. Mckinnon el Dom Mar 26, 2017 8:52 pm

Arquea una ceja ante los apodos que le da la morena a la pelirroja, pues estaba segura de que alguna vez se había referido a ella de esa manera “Oh si, reconozco el de chiquilla insensata y dolor de culo” –Wally, suenas como una completa amargada- la regañó con una sonrisa burlona antes de cruzar sus brazos sobre su prominente barriga –Ah no, espera, eso eres- rio por lo bajo cuando la pelirroja remedó cada una de las palabras de la morena en aquella manera infantil con la cual estaba muy familiarizada –Oh, creo que me quedaré con “dolor en el culo de Wally”- le guiñó un ojo a la morena dispuesta a salir de la habitación para dejarlas solas.

Pero no, una embarazada cansada no podía tener un momento de tranquilidad, ahora debía vigilar que una pelirroja no muriera ahogada en su propio vomito.

-Bueno…- se encogió de hombros confundida y caminó a una de las sillas que se encontraban en la habitación, dejándose caer sobre esta para descansar los pies mientras esperaba que la morena llegara y cambiaran de guardia. –Tía Wally no nos deja dormir- susurró a la bebé en su vientre lo suficientemente bajo para no incomodar a su invitada -¿Notaste cómo la ve?- pregunto mientras se acariciaba el vientre- oh no, claro que no lo notaste, ¿o sí?, ¿Cómo van las cosas allá adentro? ¿Estas dormida?- nada, ni una sola patada, debía estar descansando también, como la chica tendía en la cama. La estudio por un momento desde la silla en la que se encontraba, parecía tan joven estando así, dormida, nadie creería que hace unos minutos era un desastre de sangre y balbuceos borrachos –Así que Wally te trajo de América- susurró como si conversara con la muchacha a pesar de que sabía que esta no la escuchaba –Nuestra Wally es toda una rompe corazones- sonrió negando con la cabeza antes de recostarse en la silla y cerrar los ojos por un segundo sintiendo la presencia del sueño apoderándose de ella hasta quedarse completamente dormida.


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Re: Oh Lord, save me (Sinclair & Marlene)

Mensaje por W. S. Sinclair el Miér Abr 19, 2017 6:38 pm

En su breve ausencia se dedica a respirar, una, dos, tres veces, hasta que logra aplacar la mar de sentimientos encontrados que arremeten en su pecho. No comprende cómo es posible que la simple presencia de alguien logre descolocarle de aquella forma, aunque admite que lo que más le alarma de todo es la posibilidad de que Marlene ate cabos y se dé cuenta de que trae algo entre manos, de que algo le preocupa, porque entonces tendrá que dar explicaciones y no se ve en la capacidad de hacerlo. Aprovecha el momento para removerse el bigote falso, que ya de por si prendía de un hilo. Se desata el corbatín, y desbrocha los primeros botones de  su camisa, atiborrando sus pulmones libremente por primera vez desde la aparición estelar de la pelirroja. Procura tranquilizarse para intentar, como mínimo, llevar a cabo su última tarea, y así poder entregarse a los brazos de Morfeo y olvidarse de tanto jolgorio. Para olvidarse de ella.

Así pues, retorna a la estancia dispuesta a lidiar con su aversión, pero nada le prepara para asimilar el panorama con el que se encuentra, y debe parpadear varias veces para comprender que aquel silencio inédito no es parte de su imaginación. Ambas brujas yacen dormidas, una sobre la cama, otra sobre el pequeño sofá en la esquena de la habitación. Sinclair deja escapar un suspiro que retenía sin ser consiente, regocijándose en la calma que le invade al ver que Odín le ha sonreído y ha hecho su vida un poco más fácil, de momento. Con ayuda de su varita y un poco de paciencia, y en medio de gruñidos y quejas, conduce a Marlene hasta su habitación y cierra la puerta, no sin antes asegurarse de abrigarla, y de que la rubia reposa cómodamente sobre su cama. Después, regresa a la habitación donde Robín duerme, como un tronco, inmovible, y se permite bajar la guardia por escasos minutos.

La observa, la paz que reina en sus facciones, el cansancio que es obvio bajo sus parpados, y la inocencia en su expresión. Sonríe, sin darse cuenta, y seguido baja la  mirada al ser golpeada por una oleada de añoranza. – ¿Por qué no podías quedarte donde no podías arruinarlo todo?- Pregunta al aire, consciente de que nadie le escuchara, de que no recibirá respuesta. Suspira, resignada y, con ungüento en mano, toma asiento sobre el bordillo de la cama, con cuidado de no despertarla.  Limpia la herida, que tras librarse de tanto carmín se reduce a una laceración de mediano tamaño, inflamada, la piel que la rodea enrojecida. –Lo tenías todo bajo control, seguro-murmura, destilando ironía. Desliza dos dedos en el contenido y con cuidado, lo aplica sobre la zona irritada. Cuando termina, toma una de las mantas que Marlene ha dejado en el canasto y cubre el cuerpo adormilado de la americana. Le da un último vistazo, se permite un último flaqueo, antes de dirigirse hacia el sofá en el que antes reposaba Marlene. Sabe que, por mucho que lo intente, no podrá conciliar el sueño aquella noche. Sus pensamientos cabalgan libremente en los terrenos de su mente, impidiéndole alcanzar el estado idóneo para sumirse en el mundo de los sueños. Y así es como decide pasar la noche velando por la americana, de alguna forma retribuyendo el mal trago que le hizo con sus actitudes, a raíz de su indecisión. En algún momento de la noche, el cansancio por fin se abre paso en su cuerpo, y cae dormida mientras se delita en el recuerdo de un amanecer inolvidable entre las nubes de Washington.
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