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Family never fall ~ A rare conversation [Flashback]

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Family never fall ~ A rare conversation [Flashback]

Mensaje por Cassandra J. Wright el Dom Nov 06, 2016 4:28 pm

Leyenda:
Cassandra: Diálogos en rosa.
Anthony: Diálogos en azul cielo.

30 de septiembre, 14:07 hrs.
Recién llegados a la Mansión Wright luego de que se decretara la liberación inmediata de Cassandra Wright en un juicio llevado a cabo en la Corte Suprema de la Confederación Internacional de Magos.


Uno sentado frente al otro. Los ojos azules de él recorrían el jugueteo de manos que tenía ella, doblando sus dedos suavemente y examinando lo huesudos que estaban. Porque lo estaban. Aunque le ocurrieron muchas cosas antes, jamás se encontró en un estado de salud tan deplorable como el que tenía en ese momento. Anthony podía ver los huesos de los pómulos de ella, su clavícula aún más pronunciada que antes, los huesos de sus hombros sobresaliendo de su vestido rojo y sus piernas tan delgadas como las de un colibrí. Se sentía enfermo cuando la veía de esa manera, tan débil y vulnerable. Se sentía responsable porque debió protegerla más.

Ella, ajena a los pensamientos de Anthony, luchaba por verse compuesta, desinteresada y de su humor usual. Altanero y soberbio, aunque atenuado por la presencia de él. Era consciente de que quizás no lo estaba logrando y que, a medida de que pasaban los minutos en silencio frente a él, con la cabeza gacha en evidente gesto de sumisión que ambos observaban desde luego, sus intentos por parecer normal decaían de manera escandalosa. Cassandra Jane Wright, la heredera de una de las fortunas más acaudaladas de Europa, la empresaria más joven de su generación, celebridad y objeto de admiración y envidia de la comunidad mágica, estaba quebrada. Su alma desgarrada. Su corazón latía con debilidad a causa de ello.

Ambos lo sabían. Ambos callaban. Porque en la casa de los Armstrong-Wright no se habla de sentimientos. ¿Hasta ahora?

-- Sé que te estás preguntando por Eros. –Comenzó él. Sus ojos azules como el cielo de Inglaterra se deslizaban sigilosos y cautos por los más pequeños movimientos en el cuerpo de su hija.- Él… –No era un secreto para nadie que Eros y Anthony llevaban una relación tan mala como la que llevó con Marcus. Ni para Cassandra. Al escuchar el nombre de su tío se removió en el sillón principal de uno de los salones de estar del primer piso de la Mansión Wright, aunque no levantó la mirada a su padrino.-…nos reunimos Domenico, él y yo. Discutimos. Él quería ayudar. –Se rascó la sien con la mano izquierda, preocupado por la manera en que la castaña iba a tomarse la noticia. Suspiró pesadamente.

En ese momento, al escuchar la exhalación, Wright levantó la mirada y lo observó con seriedad. Sabía que era algo grave.- Lo que sea, puedes decírmelo. –Su voz sonó pareja, pero para aquel que la conociera, sabría que hablaba un alma herida.

-- Cassie, tu tío se drogó cuando se enteró de la muerte de Marcus. Casi se mató en una sobredosis. –La sutileza no era una virtud presente en el abanico de dones que poseía Anthony. Cassandra lo sabía. No estaba acostumbrada a sutilezas de parte de él, de todas formas. Aún así, se sorprendió a medias por la noticia. Cada uno lidiaba con su dolor de la manera que podía y los Wright no eran expertos en hacerlo de manera correcta. Ella había intentado suicidarse en variadas ocasiones.- A partir de ello es que le quitaron la licencia de abogado y el tribunal lo condenó a internarse en un centro de rehabilitación de adicciones. En Escocia. –Añadió lo último como si fuera un dato curioso del asunto.

Escuchar aquello no era fácil. Sobre todo recién saliendo de prisión. Con su padre muerto y su tío condenado a otra prisión, lo único que le quedaba como familia eran los Armstrong. Dirigió su mirada oscura como su alma hasta los profundos ojos azules del mayor. Su cuerpo comenzó a temblar como si tuviera frío.- ¿Quién lo denunció? –Incrédula, su voz sonó menos firme que antes. Anthony se puso de pie y se pasó la mano por el cabello con desespero. Eso nunca era un buen indicio.- Bartholomew Specter. Él es el nuevo…

Fue interrumpido por Cassandra: - El nuevo ministro de magia, ya lo sé. Escuché a los aurores hablando de él en Azkaban. –No se escuchaba reproche de su parte por no haber sido visitada ningún día en la prisión. En realidad, se alegraba de que no fuera él ni nadie. Aún sentía vergüenza porque Domenico la vio de esa manera.- Esperaba que tú fueras el nuevo ministro. –Pero no lo esperaba porque él fuese a presentarse como candidato, sino porque no esperaba que fuera a dejar el rumbo de la comunidad mágica en las manos de alguien más, especialmente en alguien como Specter. No obstante, sabía las razones que motivaron a Anthony para estar en el ministerio y aquella razón ya no existía porque ella fue la encargada de eliminarla.

-- Ya…como todos. –Se podía escuchar un poco de diversión en medio del semblante serio que tenía. Cassandra se sintió confundida, pero no dijo nada al respecto.

-- Anthony, lo lamento mucho. –Y su voz se desvaneció tras un nudo en su garganta motivado por los resentimientos contra sí misma y el gran sentimiento de culpa que cargaba. Lágrimas pesadas de soledad y remordimiento cruzaron sus mejillas como ríos en pleno en invierno. Otra vez en sus pupilas dilatadas se llevó a cabo el asesinato de su padre, el rayo verde impactando en su pecho y el cuerpo de Marcus Wright yaciendo inerte en el suelo de Salvio Hexia en ruinas; luciéndose cual pieza de exhibición de un museo morboso y violento. La muerte de Marcus había sido humillante. La asesina su propia hija, ella, la heredera demandando su trono.

Anthony comprendió la situación y se acercó rápidamente a ella, la tomó entre sus brazos y la acunó allí en consuelo. Sentía sus ojos picar también, de rabia e impotencia. De culpa.- Te encontraste en una situación imposible, Cassie. Ni él ni yo te culpamos. –Hablaba también en nombre de Marcus porque los dos imbéciles sabían desde hace meses que aquello iba a ocurrir. Y estaban dispuestos a atravesar por ello para que su hija no perdiera la vida. Ninguno de los dos la culpaba.- La guerra no es culpa tuya, ni las decisiones que nosotros tomamos. La responsabilidad de lo que le ocurrió a Marcus es nuestra. Jamás será tuya. –Le habló en un susurro, como quien le habla a un hijo acunado en su pecho. Quiso llorar, pero no lo hizo. Porque estaba en esa situación y todavía se sentía más hijo de puta que nunca. No podía darle un verdadero consuelo a la heredera de su desaparecido mejor amigo.

Las lágrimas de ella no dejaban de caer, presa del pánico por estar sola y sin familia. Heredaba una gran fortuna, más dinero del que podía asimilar, empresas que sabía cómo administrar pero que no quería; lo heredaba todo por quedarse sin nada.- Eres lo único que me queda, Tony. –Se aferró más a él y estar así se sintió, por primera vez, como en casa. Abrazarlo a él se sintió como abrazar a Marcus y no quiso soltarlo jamás. Extrañaba a su padre, a su carácter estricto pero permisivo, sus perfumes de París y las noches en Londres juntos frente a una chimenea crepitando. Extrañaba a la única persona que jamás se imaginó perder. Se sentía morir. Quería morir. Lo deseaba solamente para poder estar otra vez frente a él y abrazarlo para susurrar un “lo siento”.- Lo siento, papá. –Susurró, con el alma vacía, empuñando en su mano pequeña, nívea y huesuda, la camisa azul cielo de Anthony.

Una silenciosa lágrima recorrió la mejilla del empresario. La misma que no tardó en desaparecer tras una rápida limpieza con su mano.

-- Lo sé. –Admitió en voz baja, profunda, sutil pero seria. Cassandra se sintió protegida. Con su padre.- Por eso es que voy a venir a vivir contigo. –Aquella noticia sí que la tomó desprevenida y dejó de respirar por unos momentos. Jamás había vivido con Anthony, ni con nadie que no fuera Marcus o Thomas.- Debes habitar en la Mansión Wright. Pero yo estaré contigo.-

Cassandra, por primera vez desde que llegó a la mansión, observó a su alrededor. La residencia contaba con más habitaciones de las que jamás la familia Wright hubiese podido llenar. Siempre habían sido una familia que se caracterizaba por ser menuda, solo unos pocos Wright por generación. Era una mansión más grande que las promedio, lujosa, espaciosa, llena de arte y secretos. De magia blanca como oscura, de antiguos secretos de quidditch y pociones de todo tipo. Cassandra vivió su infancia allí, enseñada por Marcus y los mejores tutores del país para hacer de ella una bruja inteligente y perspicaz. Tenía recuerdos de su madre, leyéndole antes de dormir o cantándole canciones de cuna que jamás le brotaban el sueño. Charlotte Wright cocinaba, una parte de la mansión se llenaba de ese aroma a comida hogareña y Cassandra era capaz de casi olerlo al estar allí. Tenía muchos recuerdos de su niñez, de sus días antes de ingresar a Hogwarts. Muchos recuerdos de Marcus leyendo el periódico y viéndose a diario en primera plana. No sabía si tenía las energías suficientes como para vivir allí. En ese momento se dio cuenta de que la elección de un lugar de destino luego de haber salido de Azkaban no era azarosa. Como no lo era nada hecho por Anthony.- Querido Tony, no quiero vivir aquí.

El hombre acarició los brazos fríos como todo el cuerpo de ella, intentando generar un poco de calor y consuelo.- Marcus me hizo prometer que te quedarías en la mansión si algo como lo que ocurrió…ocurría. –El titubeo en las palabras de su padrino no pasó por alto para la mente lenta pero perspicaz de la heredera. No articuló palabra, pero sabía que algo le estaba ocultando.- Él pensó que vivirías con tu tío. No quiero que te quedes sola, Cassie. Si no quieres que me quede aquí, puedo intentar hablar con Thomas para… –Negó rápidamente con la cabeza. Después de que comenzaron los juegos de Salvio Hexia no volvió a verlo más, tampoco recibió noticias suyas estando en prisión. Tampoco estuvo en su juicio. Por primera vez sintió vergüenza por lo que había hecho con su padre, la culpa desapareció por un momento. Otras lágrimas surcaron sus mejillas.- No. –Le interrumpió con rapidez, como un reflejo.- Necesito tomarme un tiempo para saber qué le voy a decir. Él querrá respuestas. –Y no estaba capacitada para darlas. De sus labios pequeños y hermosos, se deslizó un suspiro de desesperación a medias controlada.

El padrino soltó a su ahijada para mirarla a los ojos. De cerca parecía más malograda, enferma. Lucía raquítica, con ojeras muy negras detrás de un velo de maquillaje. La belleza natural de Cassandra, heredada por sus genes de veela, estaba siendo opacada por la atrocidad vivida en Azkaban. Sabía que los dementores podían llegar a hacer enloquecer a una persona, tenía fuentes que le aseguraron que la joven bruja había sufrido mucho de aquello. Sus intentos de suicidio estaban dentro del abanico de información que pudo recabar acerca de su paso por la cárcel para magos.- Le pedí a los elfos que te prepararan un baño de burbujas. –Cassandra asintió en agradecimiento.- También comida para que luego descanses en una habitación que está lista con tus cosas. –Asintió otra vez. La voz de Anthony era compasiva, pero también un hilo de nervios. La castaña no logró percartarse de eso, para ella él seguía siendo un nuevo padre y perfecto. No obstante, sí sabía que todo eso venía cargado de una nueva información menos superficial que la entregada.- Sé que sabes que tu cabeza está inestable. He hablado con un medimago para que te ayude con eso. –Tardó en reaccionar. Jamás le gustaron los medimagos, pero no tenía otra opción. Asintió también.

-- De igual forma contraté a cinco ex aurores para tu seguridad. –Se crispó y se alejó rápidamente poniéndose de pie. Lo miró ceñuda, molesta. Pero su salto fue tan repentino que comenzó a marearse a causa de la circulación lenta de su sangre.- Ninguno es Domenico De Sica. Lo prometo. –Se acercó a ella para tomarla de su brazo y llevar a sentarse otra vez.- Va a ser difícil reinsertarte a la comunidad mágica. Hay quienes todavía creen que no hubo ningún maleficio imperius en medio de lo ocurrido con Marcus y estarán enojados al verte. Además, por mucho que quiera, no podré estar siempre contigo. Necesito que alguien esté contigo mientras yo no. –No tenía fuerzas para replicar, por lo que asintió otra vez dando por zanjado el asunto de los guardias. Ya no había ningún Juramento Inquebrantable al que tener que obedecer respecto de su seguridad, solo existía falta de convicción para oponerse.

Se pasó las manos por la cabeza mientras se paseaba por el salón de estar. En ese momento se apareció un elfo que le sirvió una taza de té a Cassandra. Ella lo olió y se dio cuenta que tenía una infusión mágica para calmar los nervios. De modo que ahora querían drogarla. No pudiendo protestar, simplemente bebió un sorbo. El silencio entre ambos se prolongó por casi un minuto.- Gracias. –No por el té, ni por la bienvenida, ni por la mansión. Agradecía porque él creía en ella, porque movió todos sus recursos para poder sacarla de prisión. Los juicios en la Confederación Internacional de Magos para intentar liberar mortífagos era múltiples, pero ninguno exitoso. Ella era la primera que salía de Azkaban y todo gracias a Anthony. Y a Domenico.

Anthony se removió en su sitio, metiéndose las manos a los bolsillos y extrañando llevar chocolates dentro del derecho.- Nunca le das la espalda a la familia. –Respondió simplemente. Cassandra acabó por sentir que llegaba a su hogar.




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