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Baby on board | Dobromierz Komorowski [FB]

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Baby on board | Dobromierz Komorowski [FB]

Mensaje por Míra Z. Creagh el Dom Oct 30, 2016 8:34 pm

Recuerdo del primer mensaje :

8 de julio de 1969


Se miró por quinta vez en el espejo y pasó las manos por su rubio cabello en un intento de arreglar su enmarañada melena. No había podido cerrar los ojos en toda la noche, estaba histérica. Hacía un mes que no era capaz de dejar de moverse, de sonreír y sentirse como una idiota; y, la verdad, es que tenía demasiadas razones para sentirse feliz, para sentir que su vida no tenía ni un resquicio. La checa estaba pasando por una época que nunca pensó que viviría. No es que hubiera tenido una infancia complicada ni una vida excesivamente estresante, pero cuando la suerte te sonríe día tras día te sientes completamente agradecida porque los astros te sonrían y ella estaba siendo realmente afortunada en los últimos años.

Pasó las manos por su abdomen con una estúpida sonrisa dibujada en los labios, se levantó la camiseta y se puso de perfil en un intento de buscar algún tipo de curvatura que le diera a entender que aquello era realmente real, que estaba embarazada de dos meses y medio. Recorrió con dos dedos desde la parte del diafragma hasta el corte de su falda larga negra, acariciando su abdomen con lentitud y cariño. Aún no era capaz de creérselo, como había ocurrido aquello. Bueno, en verdad si sabía cómo había ocurrido. El sonrojo acudió a sus mejillas y movió la cabeza hacia ambos lados intentando alejar el calor que la acababa de embargar. Mordió su labio inferior recorriendo su reflejo mientras bajaba la camiseta blanca de tirantes que vestía.

Se sentía nerviosa. Su corazón latía tan deprisa que pensaba que podría estallarle en el pecho. Ni siquiera se creía que Ciarán no se hubiera dado cuenta de que algo estaba pasando cuando le hacía preguntas indiscretas sobre niños o le preguntaba, tontamente, si no la veía algo más gorda. Cuando quería podía estar completamente ciego. Sonrió sentándose en la cama y quedándose atontada observando una fotografía que tenía sobre la mesita de noche de su habitación. Quizás se lo debería de haber dicho cuando lo supo, pero ni siquiera la checa era capaz de asimilar lo que estaba pasando; lo único que pasaba por su cabeza era lo feliz que se sentía y lo… poco que le importaba el resto de cosas que pasaran a su alrededor, se sentía más egoísta que en toda su vida pero es que nada podía opacar la situación que estaba viviendo.

Pero las inseguridades no dejaban de acudir a la mente de la checa cuando pensaba en cómo se lo diría a él, cuando lo tenía que hacer, cuál sería su reacción… demasiadas incógnitas se dibujaban en su mente y hacían que sintiera una presión en el pecho que hacía crecer más y más sus dudas e inseguridades por mucha felicidad que le provocara estar embarazada. Quizás por esa razón había decidido quedar con Dobromierz. Él mismo tenía ya una hija, con la que en su momento fue su mejor amiga, Miranda, así que seguro que podría aconsejarle porque… ¿cómo reaccionó él cuando supo de Caroline? Ella misma estuvo a su lado a intentó aconsejarlo en todo lo que le fue posible pero, claramente, tampoco es que pudiera compartir mucho tiempo juntos y que la checa se sintiera capaz de preguntarle cómo se sentía en relación a que fuera a ser padre. Ciertamente las circunstancias eran bien diferentes, y las edades sobretodo, pero le podría dar la opinión de un padre asustado. Además, quería decírselo. La había tenido dándole la lata sobre Ciarán en incontables ocasiones y no se había quejado, había estado a su lado, al igual que la checa lo había estado al lado de él en las discusiones que mantenía con su mujer, por lo que quería compartir con él su felicidad, quizás incluso sonriera un poco. Las sonrisas faltaban en demasiadas ocasiones en la vida de su amigo, y odiaba con toda su alma que fuera así.

El curso había terminado pero había pensado que el mejor lugar para que se encontraran era Salvio Hexia. Allí todos los conocidos de la checa sabían que tenía una relación y que Dobromierz era un buen amigo suyo pero, por el contrario, si iban a cualquier otro sitio y ella le gritaba que estaba embarazada no habrían personas que no malinterpretaran sus palabras. Volvió a pasar las manos por su cabello y a mirarse en el espejo con nerviosismo. Tomó un par de bocanadas de aire a la par que terminaba por coger una pequeña mochila de color negro y colocarla en su espalda para irse. No quería llegar tarde. Le daba igual tener que esperar sentada en un banco bajo la sombra de algún árbol pero no era capaz de seguir encerrada con sus pensamientos… ni con un espejo cerca o no dejaría de mirarse desde todos los ángulos posibles y existentes.

No recordaba que hubiera quedado tan lejos. El calor hacía que suspirara cada dos por tres, más por impaciencia que por un malestar físico, mientras caminaba. Saludó en un par de ocasiones a unas compañeras de clase que se cruzaron con ella. Las facultades de ambos estaban lo suficientemente cerca como para que se pudieran ver con bastante normalidad sin sentir la presión que ejercía Miranda en la relación de ambos. Aunque Míra estuviera con alguien los celos de la que fue su amiga persistían con fuerza. ¿Acaso no se había dado cuenta de que no… podía tener ojos para otra persona que no fuera Ciarán? La frustraba de sobre manera su actitud en relación con aquel tema que ya debía de haber sido zanjado en el pasado. En cuanto llegó se sentó en un banco de piedra que había a la sombra de un enorme sauce llorón. Tamborileó con sus dedos sobre sus piernas, luego sobre el banco, luego regresó, de nuevo, hasta el golpeteo en sus piernas.

Era paciente. Muy paciente. Pero a cada segundo que permanecía sentada en aquel banco notaba que su corazón estaba más y más acelerado. Si estaba así cuando se lo iba a decir a Dobromierz no quería ni pensar como estaría el día que se lo dijera a Ciarán. Esbozó una pequeña sonrisa nerviosa en sus labios con el solo pensamiento que acababa de cruzar por  su mente. En la carta que le envió a su amigo no le especificó nada, ni siquiera le dio un pequeño adelanto o una pista, solamente lo citó el 8 de julio a las 12:00am en la plaza que había frente a ambas facultades porque se quería despedir de él ahora que daban comienzo las vacaciones de verano y ella regresaría a Escocia con su familia. Extrañaba mucho a su hermana pequeña y el próximo año empezaría su andanza en Hogwarts así que pasarían un verano verdaderamente divertido juntas.
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Re: Baby on board | Dobromierz Komorowski [FB]

Mensaje por Míra Z. Creagh el Vie Nov 11, 2016 5:46 pm

¿Por qué no podía dejar de pensar en que le había hecho daño? Por la culpa de la checa él había recordado cosas que prefería dejar en el pasado, que prefería que solo vivieran en sus recuerdos porque nunca los podría anular del todo… Siempre queriendo intentar alejar aquellos pensamientos de la cabeza del polaco, haciendo que pensara en otra cosa aunque tuviera que hacer la idiota para conseguir sacarle una tenue sonrisa. Como echaba de menos aquel simple gesto por parte de Dobromierz. Apretó los labios, tragando saliva con cierta dificultad, sintiendo su corazón latir con demasiada rapidez. Estaba segura de que si se metía en su cabeza leería el pensamiento de que solo era una decepción y había conseguido hacer que una noticia como aquella se convirtiera en algo triste, que  no aportaba nada bueno a la vida de la checa cuando era todo lo contrario lo que representaba para ella.

La forma en la que él había madurado, como había afrontado lo que la vida le había puesto delante, y no se rendía. Quizás sí que su vida matrimonial no fuera lo más bonito del mundo pero era todo un ejemplo a seguir para la checa; tener una hija tan joven y estar estudiando algo que le gustaba, ¿cuántas personas se acababan dejando a un lado cuando eran padres y no seguían sus sueños? Puede que hubiera dejado muchas otras cosas a un lado pero para Míra siempre sería el idiota que la había hecho en reír en demasiadas ocasiones en Hogwarts sin importar las veces que también le había hecho enfadar.

Era capaz de meter la pata una y otra y otra vez, de por sí le importaba cuando le hacía daños a las personas, mucho más cuando se trataba de una persona importante para su vida. Apretó los labios, con sus ojos verdes llenos de lágrimas, sin poder reprimir el estúpido llanto que estaba sufriendo. Mordió su labio inferior con fuerza, intentaba respirar con regularidad por la nariz hasta que abrió la boca y cogió una amplia bocanada de aire. Solo quería dejar de llorar puesto que entendía las palabras de Dobromierz, entendía las razones por las que había reaccionado de aquella forma pero no tenía control sobre ello, hacía ya varias semanas que no tenía control sobre varios aspectos de ella misma.

Las manos de la checa luchaban en un intento de limpiar aquellos surcos. Apretó las manos contra su rostro en un intento  de frenarlas de una buena vez, de dejar de ser una sentimental que se pone a llorar por cualquier comentario que no le gusta. Aquellos meses se pasarían como años pero, a la vez, como un suspiro. El tiempo había pasado demasiado rápido desde el momento en el que lo supo, ni siquiera supo cómo reaccionar en aquel momento, si ponerse a llorar o a reír, al final acabó haciendo ambas cosas con incredulidad. Luego… luego pensó en cómo decírselo a Ciarán, en demasiadas ocasiones había estado tentada de gritarle la noticia como quien no quería la cosa, o abrazarle y susurrárselo al oído, o dejarle caer una indirecta de forma que él la entendiera. ¿Por qué era tan idiota a veces? Una ligera risa escapó de los labios de la checa de solo pensar en lo idiota que podía ser en ocasiones pero lo mucho que lo quería por aquel tipo de gestos, por aquella parte de él que solo mostraba con ella.

Jugueteó con el borde de su falda, con la mirada fija en aquella prenda, inmersa en sus pensamientos. Meneó la cabeza hacia ambos lados. —¿Tú crees?— preguntó con voz dudosa, alzando la mirada para que sus ojos se quedaran prendados de los de él pero los cerró en el mismo momento en el acarició su mejilla y esbozó una pequeña sonrisa. —Eres un gran padre, Dobro— le regañó abriendo los ojos y dándole un pequeño toque en el brazo por la tontería que acababa de decir. —Pero… es diferente, ¿sabes? Los aurores tienen todas esas… cosas de que les puede pasar algo y no se arriesgan a tener una familia. Lo sé, sé que no soy auror pero veo constantemente a uno, estoy enamorada de uno,— se corrigió suspirando —se cómo piensan en relación a ese tema. Por eso no se lo he dicho aún, porque no sé cómo reaccionará ni como decírselo exactamente, no quiero… asustarlo— al final acabó hablando con un hilo de voz y, poco a poco, mientras iba las palabras brotaban de sus labios fue bajando la mirada hasta que se quedó perdida en algún sitio.

Una leve sonrisa se dibujó en los labios de la checa. —No estaría mal… podríamos concertar un matrimonio— intentó bromear mientras mordía su labio inferior con nerviosismo. Separó las manos de su falda y se lanzó sobre Dobromierz pasando los brazos por encima de sus hombros y entrelazándolas contra su nuca mientras escondía el rostro contra su pecho. Hacía mucho tiempo que no estaba tan asustada de decir algo porque, de unas simples palabras, dependía toda su vida en aquel momento. De unas simples palabras dependía su felicidad por completo. Se sentía feliz en aquel momento pero, claramente, sería completo si hubiera sido capaz de habérselo dicho hacía ya tiempo. No esconder algo que, para ella, era lo más bonito que le podía pasar en la vida.

—Siento haber llorado— susurró aún con el rostro escondido contra su pecho. Cerró los ojos con fuerza. —Es solo que si no lo aceptara… no sé lo que haría…— ¿Qué haría? Solo esperaba que no fuera como ella los catalogaba a todos. Realmente su vida se volvería del revés.
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Re: Baby on board | Dobromierz Komorowski [FB]

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Sáb Nov 12, 2016 3:31 pm

Respondió con una afirmación a su pregunta, desviando la mirada cuando escuchó el halago que pretendía ser una riña. El polaco no podía considerarse un buen padre, cometía errores en exceso y sabía que el ambiente que veía crecer a Caroline no era del todo adecuado para una niña de su edad. No solamente nació fruto de un accidente, sino que sus primeras semanas de existencia fueron más que una celebración, un estado de luto por parte de su familia. Crecer en un hogar roto dejaba secuelas, Dobromierz intentaba evitar discutir con su esposa delante de la niña, pero en ocasiones resultaba inevitable. Su hija era pequeña, pero no estúpida, no ignoraba la tirantez que existía en la relación entre sus padres, no ignoraba que su madre era infeliz y que la felicidad de su padre se esfumaba cuando trataba con adultos o se creaba artificialmente cuando se dirigía hacia ella. Le avergonzaba la verdad, y creía que la preocupación que sentía Míra era innecesaria, confiaba en que su futuro hijo crecería en un ambiente sano y amoroso, digno reflejo de la relación que mantenían sus padres.

Puede que tengas razón y no entre bajo sus planes formar una familia, pero los planes pueden cambiarse—Contestó. Dobromierz jamás aceptaría un trabajo que arriesgase el bienestar de su familia. Algunos de los empleos que más le interesaban, requerían demasiado tiempo y dedicación, el polaco escogió una carrera humilde para no convertirse en un padre ausente. Comprendía cuan grande resultaría la sorpresa del auror al descubrir que se convertiría en padre, pero debía actuar sabiamente y poner a su familia en primer lugar, incluso aunque hacerlo significara arriesgar su vocación. Nadie conocía mejor el significado de la palabra sacrificio que Dobromierz, sacrificó todo lo que conocía por escoger hacerse cargo de su hija, no concebía que otra persona no hiciera lo mismo.

En ocasiones se preguntaba cómo sería la vida de su familia de haberse decantado por la elección más egoísta. Se imaginaba como un popular jugador de Quidditch, alegre y mujeriego como antaño, permitiéndose derrochar todos sus ahorros en caprichos superficiales. Mientras tanto, imaginaba a una Miranda arruinada, completamente sola y cargando con una niña de cinco años en pésimas circunstancias. El delirio comenzaba bien, pero cuando aparecían mujer e hija todo oscurecía, a Dobromierz se le retorcía el estómago sólo de pensar que podría haber arruinado tan fácilmente la vida de dos jóvenes. Era en ese momento cuando se sentía orgulloso de su familia, con discusiones matrimoniales incluidas, al menos no había abandonado.—Él seguirá teniendo una familia, quiera o no quiera. Y correréis peligro aunque os deje, así que lo más lógico sería que se quedara con vosotros, protegiéndoos.—Concluyó, esperando que fueran simples suposiciones. No quería tener que ver una Míra vulnerable, expuesta a constante peligro por haber cometido el error de fijarse en un auror.

El mundo retomó su curso natural cuando Míra esbozó una leve sonrisa capaz de opacar los vestigios de lágrimas que humedecían sus mejillas. Acostumbrado a una chica risueña, Dobromierz se sintió desorientado cuando su amiga comenzó a llorar, habituado a protagonizar el papel de consolado y no de consolador. Por fortuna, su tristeza empezaba a suavizarse, dejando entrever resquicios de una felicidad latente. En disonancia con su amiga, su sonrisa se esfumó tan pronto apareció la ajena.—Nada de matrimonios—Protestó protector, sintiendo escalofríos ante la mera situación. Le sorprendió el abrazo, pero correspondió el contacto instantáneamente. Su ritmo cardíaco sufrió una aceleración cuando notó la respiración ajena cerca del pecho, pasó la mano entre sus rubios cabellos y carraspeó nervioso.

Sus caricias continuaron mientras que Míra le convertía en testigo de sus temores.—Yo sé lo que harías—Cada vez que sus dedos rozaban las puntas del cabello ajeno, redirigía la mano a su cima y repetía la acción.—Acudirías a tu amigo incondicional, experto en bebés, graduado en la universidad de pañales sucios—Sugirió con el fantasma de una sonrisa.—Te estás poniendo en lo peor, claro— Añadió, una ironía de la vida, pues normalmente el polaco interpretaba el papel de pesimista en su relación de amistad.—Pero debes saber que en el supuesto caso, yo estaré para ti, de la misma forma que tú estuviste para nosotros—Colocó las manos sobre sus hombros y la echó hacia atrás con cuidado, apartándola de su pecho para poder ver su rostro. Las muestras de afecto no eran típicas de Dobromierz, no para gente ajena a su familia, pero creía que era un buen momento para devolver un resquicio del amor que recibía. Apartó un mechón de pelo que se había despeinado e interfería en su objetivo, acercó los labios a su amiga y besó su frente fraternalmente.
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Re: Baby on board | Dobromierz Komorowski [FB]

Mensaje por Míra Z. Creagh el Sáb Nov 12, 2016 11:12 pm

Los planes pueden cambiar. ¿Se refería a los planes de la checa o a los de Ciarán? Porque ella tenía un plan perfectamente trazado en su cabeza y, lo principal, era tener a su bebé. Ni siquiera se había parado a pensar si sería niño o niña, cosas tan triviales que siempre las madres pensaban. Recordaba con claridad, como si hiciera dos días, como ella y Miranda, en los momentos que ella no le quería lanzar algo a la cabeza, por una mezcla de celos y hormonas, pensaban posibles nombres si fuera niño y posibles nombres si era niña, en algunas ocasiones la checa proponía nombres después de haberle consultado a Dobromierz cuales le gustarían a él; las dos amigas se tiraban largas horas diciendo las razones por las que la una y la otra creían si era niño o niña, ‘es una niña porque cuando tienes la tripa más redondita es niña, eso pasó con Catrina’ le decía la checa para destrozar los fundamentos de Miranda. Extrañaba tener a alguien con quien poder hacer aquellas cosas. Claramente la checa tenía a su hermana pequeña, que estaba segura de que reaccionaría con alegría al saber que iba a tener un sobrino o una sobrina, pero no era lo mismo. ¿Cómo le podía comentar a ella... ciertas cosas?

Se rodeaba de mucha gente, era sociable con la mayor parte de sus compañeros y conocía a estudiantes de otras facultades pero no sentía aquel tipo de conexión con nadie. Sus ojos recorrieron a Dobromierz. Tampoco iba a molestarlo a él con sus problemas de madre primeriza, no quería ser un estorbo ni un peso más en la espalda de su amigo, prefería compartir con él solo las alegrías… como era lo que quería hacer aquel día. Decirle que estaba embarazada con la más amplia de las sonrisas, abrazarlo hasta dejarlo sin aire, decirle la cantidad de cosas que ya había pensado comprar y, por supuesto, pedirle consejo. Pero las cosas se habían ido hacia otros derroteros que no resultaron del todo satisfactorios e hicieron que la checa dudara de absolutamente todo lo que tenía a su alrededor; viendo como el castillo de naipes que había construido se derrumbaba con una ligera brisa que apareció en el momento justo. Finalmente lo que había hecho era trasmitirle más preocupaciones que alegrías.

Notó el rubor subir hasta sus mejillas y tuvo que girar el rostro hacia otro lado al sentir aquel intenso calor en su rostro. Comenzó a acariciar su cabello para retirar la atención de su sonrojo hasta que tragó saliva nerviosa. Nunca se había cuestionado tener una familia, ser ella la que formara su propia familia, la suya. Es decir, siempre tuvo sus prioridades claras y eran convertirse en una pocionera reconocida en todo el mundo, seguir sus sueños, pero en el mismo momento en el que él se cruzó en su camino como que aquel sueño, aunque seguía tenido importancia para ella, se vio eclipsado por algo que nunca antes había sentido. Claramente a la checa le habían gustado chicos, realmente se había encariñado de más de uno y de dos y, le gustara o no pensarlo, hubo una época en el que el su corazón se aceleraba demasiado cuando Dobromierz estaba cerca,  pero no se podía comparar con el sentimiento que le embargaba cuando pensaba en él. Suspiró mirándolo de reojo. —Quizás prefiera no hacerlo, prefiera seguir con su trabajo y ya…— susurró un tanto temerosa. Pero, él la quería, ¿no? —Creo que si no se lo digo pronto empezaré hasta a dudar si realmente me quiere— le confesó bajando el tono de voz que estaba usando conforme hablaba.

Antes de lanzarse contra él para abrazarlo se rió, la risa que continuó contra su pecho apenas unos segundos. —Eres un idiota— le dijo con el rostro apoyado contra su pecho. Los matrimonios concertados. Aquello era para gente amargada, ella jamás sería capaz de obligar a su hijo a hacer aquello, y tampoco quería que Dobromierz hiciera aquello con Caroline, ya se ocuparía ella de tirarle de las orejas si se atrevía a tan siquiera pensarlo. Le gustaba cuando hacía aquel tipo de comentarios sobre protectores con Caroline, adoraba cuando se ponía con aquel tono de padre que hacía que la checa lo mirara con admiración al ver lo responsable que se había vuelto, puede que a la fuerza, en comparación a cuando solo era un crío que le gustaba presumir y tontear con cada chica que se cruzaba con él. Aprovechando su atractivo y su atrayente mirada. ¿En qué estaba pensando?

Respiró profundamente su aroma y un escalofrío la recorrió la sentir las manos de su amigo acariciar su cabello mas no dijo nada, permaneció completamente quieta en aquella posición, sintiéndose reconfortada por las atenciones de su amigo y por su respiración regular. Intentó acompasar la suya propia con la de él pero se aceleró un poco cuando acabó riendo y frotando la frente contra su pecho con gesto negativo. Se estaba poniendo en lo peor. Por una vez en la vida ella estaba siendo él y él… ¿ella? Bueno, quizás no del todo, estaba haciendo un esfuerzo por animarla y eso era digno de admirar en una persona como Dobromierz que siempre acababa siendo tan frío y distante con todo el mundo; siempre inmerso en sus pensamientos y dejando que la vida le atropellase en más de una ocasión. —Gracias— dijo antes de que él impusiera cierta distancia que la checa tuvo que aceptar a regañadientes. Suspiró pesadamente abriendo la boca para decir algo pero quedándose completamente petrificada cuando intentó acomodar su cabello y besó su frente.

¿Cuántos segundos se había quedado sin respirar? Seguramente más de los que era humanamente posible. Cerró los ojos con una pequeña sonrisa dibujada en sus labios, satisfecha por aquel gesto de complicidad que acababa de tener su amigo con ella. Nunca se habría esperado algo así de él. Abrió los ojos para mirar hacia arriba y separarse un poquito de él, poner la mano en su rostro y empujarlo hacia atrás para que corriera el aire entre ambos mientras se recomponía. —No estoy acostumbrada a que seas tan cercano, tiene que avisarme o me provocarás un infarto— bromeó esbozando una diminuta sonrisa en sus labios a la par que se acomodaba mejor en el banco, cruzaba las piernas y colocaba la falda para que no se viera nada. —Me alegra saber de que estarás aquí para mí… tendré que preguntarte muchas cosas, y serás el tito Dobro— comentó entonces esbozando una radiante sonrisa.

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Re: Baby on board | Dobromierz Komorowski [FB]

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Mar Nov 15, 2016 11:29 am

El sol brillaba con más fuerza que antes, seguían esquivando su luz bajo la sombra del sauce llorón, testigo inmóvil de tantas historias entre los jóvenes estudiantes. Quizás un día los hijos de ambos buscarían cobijo bajo el mismo árbol, se confiarían secretos bajo el mismo sol. Su mayor deseo, que Caroline tuviera una vida distinta, que disfrutara su juventud y sobretodo fuera feliz.

Le sorprendió la inseguridad mostrada por su amiga respecto a los sentimientos de su pareja. Dobromierz no solía pedir detalles sobre la relación que mantenía con el auror, pero considerando su escasa información, creía que mantenían una relación sana y feliz. Por primera vez, el polaco sintió curiosidad por la personalidad del auror, se preguntó qué clase de carácter tendría como para conseguir que su novia dudara sobre sus sentimientos e incluso plantease escenarios de un futuro abandono. Dobromierz tenía a los aurores por personas comprometidas, amantes de su trabajo, pero incapaces de eludir responsabilidades mayores. Cierto era que Dobromierz jamás conoció a uno personalmente.—Seguro que te quiere—Afirmó, sin un ápice de indecisión. ¿Por qué? Sencillamente, era fácil quererla. Se trataba de una joven alegre, cariñosa y extrovertida. Una joven que siempre hablaba con cariño sobre su pareja, trazando una sonrisa enamorada que debía hacer sentir halagado al que fuera su causante.

Una demostración de afecto, una simple muestra de inocente cariño entre dos amigos. Dependiendo de los ojos que presenciaran la escena, su cercanía sería apropiada o no. Sin lugar a dudas, con razones o sin ellas, el abrazo enojaría a su esposa. Sería intolerable para ella presenciar a su vieja amiga a escasa distancia de su marido, respirando sobre su pecho, mientras que las manos de él se enredaban entre los cabellos equivocados, rubios y no bermejos. En cambio, Dobromierz tacharía de desproporcionada la reacción de su mujer, pues creía comunes los sentimientos que le acechaban cuando Míra estaba tan cerca de él. Creía normal, como hombre, que su ritmo cardíaco se acelerase ante la cercanía de una mujer, fuera ésta una amiga o no. Consideraba lógico y comprensible deleitarse con su fragancia, pues despedía un agradable perfume, y era una de las pequeñas cosas que no habían cambiado durante los últimos años. El polaco, convertido en un padre responsable, junto a Míra se permitía volver a sentirse un admirado capitán de Quidditch, una de las razones por las que se aferraba a su compañía como al mango de la escoba durante una caída en picado.

Esperó dejar claros sus sentimientos con el gesto, que fuera suficiente para demostrar lo agradecido que se sentía por haber mantenido una amistad que, francamente, no merecía. Sin atreverse a admitirlo, Dobromierz sentía un fuerte cariño fraternal hacia ella y la necesidad de protegerla, así que esperaba que sus temores pesimistas no se hicieran realidad, pues en el hipotético caso debería comportarse como un buen amigo e interceder por ella, quizás haciendo entrar a su auror en razón si éste se negaba a aceptar al bebé.

Habría existido un breve instante de silencio de no verse interrumpido por el sutil y dulce canto de las alondras. Frecuentaban mucho el terreno, atraídas por insectos y restos alimenticios.

Dobromierz pestañeó incrédulo, no exento de sorpresa tras ser apartado. La esquiva iniciativa logró que recordara a su mujer, en los últimos meses correspondía cada beso con desapego, se zafaba de entre sus brazos cuando la estrechaban entre las sábanas. ¿Provocaba en Míra la misma repulsión? Irónicamente, la única joven que parecía encantada con su compañía todavía no sabía atarse los cordones. El polaco sonrió aliviado tras la aclaración, concordaba muchísimo más con su percepción sobre la escocesa, que nada tenía que ver con Miranda. Ella era distinta, tan afectuosa con un simple amigo que seguramente debía serlo por triplicado con su pareja. Fantasear con Míra como esposa hacía volar su imaginación, haría cualquier cosa por lograr que Miranda fuera una tercia parte de lo cariñosa y cercana que era su amiga.—Quizás pretendía que sufrieras un infarto y por eso no te he avisado—Bromeó, con una expresión impertérrita y un argumento tan incongruente que delataba lo escasamente acostumbrado que estaba a idear bromas. Su compañía más frecuente tenía cinco años, no se necesitaba ingenio o perspicacia para hacer reír a una niña, en ocasiones ni las palabras urgían, bastaba con un par de manos y la habilidad de hacer cosquillas.

Se supo alegre y satisfecho tras comprobar que el llanto dejó de empañar sus ojos jade. Demostró sus sentimientos con una sonrisa, que se ensanchó al escuchar el apelativo ''tito Dobro''. Imaginó una situación conciliadora entre los cuatro padres. Su esposa retomando la amistad perdida, el polaco convidando a una cerveza al novio de su amiga. Sus dos hijos jugando juntos en el salón. Sesiones de Quidditch los domingos y cena mensual entre matrimonios, con el perdonable abandono de sus hijos en casa de los abuelos. Sería una vida perfectamente artificial, que distaba mucho de parecerse a la cruda realidad. Aun así, Dobromierz ayudaría a Míra en la medida de lo posible.—Puedes preguntarme lo que quieras, estoy muy puesto en materia—Concedió. El que en su día fue un padre primerizo e inexperto, actualmente podía cambiar un pañal con los ojos cerrados y una mano atada a la espalda. La práctica diaria convertía a cualquiera en un experto, no obstante, Dobromierz todavía debía aprender muchas tareas paternales. Un ejemplo, manejar el cabello de su hija, pues causaba destrozos en su melena pelirroja cada vez que trataba de hacerle un peinado con la mejor intención.

Me alegra que estés mejor—Se levantó del banco, sus pantorrillas estaban entumecidas tras una larga conversación.—Sigue contándome mientras caminamos, quiero que me acompañes a los invernaderos, me gustaría enseñarte algo—Ejemplares extraños llegaron antes de las vacaciones, especímenes que seguro gustarían a la pocionera. Dobromierz tendió su mano, realizando el amago de ayudar a su amiga a levantarse, pero enseguida se arrepintió. Estaba embarazada de pocos meses, no indispuesta, carraspeó algo avergonzado y pasó su mano por la nuca, rascándose para disimular el gesto. No quería parecer protector en exceso, pero se aseguraría de alejar a Míra de todas las plantas capaces de perjudicar mínimamente su embarazo o bienestar.
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Re: Baby on board | Dobromierz Komorowski [FB]

Mensaje por Míra Z. Creagh el Miér Nov 16, 2016 7:05 pm

Prefirió no seguir ahondando en el tema de los sentimientos de Ciarán o, realmente, se acabaría volviendo loca. No es que dudara de él, cuando estaban juntos todo era perfecto, pero lo que estaba por decirle era algo realmente complicado que no sabía cómo podía ser acogido por el auror. Nunca le había propuesto nada de aquello, nunca lo habían hablado ni la checa lo había pensado; por su cabeza lo último que había pasado era quedarse embarazada pero no podía negar la felicidad que le embargaba cada vez que lo pensaba. Asintió con la cabeza, no del todo segura de lo que él estaba diciendo. Eran pocas las ocasiones que ambos habían coincidido por lo que no se conocían especialmente bien el uno al otro… solo tenían conocimiento de las cosas buenas que decía la checa de ambos. Definitivamente tal y como los pintaba no podían tener ningún defecto.

Si te parabas a contar las muestras de cariño que tenía la checa con él, te faltaban dedos; si contabas las muestras de cariño de Dobromierz… quizás te sobraran más dedos de los deseados. Por aquella razón cada vez que era él el que iniciaba un contacto entre ambos la checa disfrutaba de cada segundo pegada a su pecho y de sus brazos rodeándola. El beso en su frente la había pillado con la guardia completamente baja por lo que el aire se esfumó completamente de sus pulmones y su mente quedó completamente blanco durante los segundos que duró aquel contacto y ella misma puso cierta distancia entre ambos colocando la mano contra su rostro. Parpadeó incrédula y soltó una carcajada. Llevó las manos a su rostro para presionarlas sobre su boca e intentar dejar de reír, lo cual era una ardua tarea. —Me podría haber dado un infarto, demasiado cerca— le recriminó con las manos aún frente a su boca —pero… no encontrarías a una amiga como yo ni en un millón de años— inquirió golpeándole con un dedo acusador en el hombro.

—Te he tomado la palabra que lo sepas— canturreó con alegría ante su proposición de contestar las preguntas que tuviera la checa cuando tuviera a su hijo. Durante el embarazo, ¿qué consejos le podría dar? Si fue más la checa la que le aconsejó que cosas podía hacer, que cosas podía decirle a Miranda y cuáles no… Pero en el resto era para ella totalmente desconocido, un mundo del que no tenía la menor idea y le aterraba no poder ser una buena madre, pero ahora solamente se debía de preocupar que todo fuera bien, no pensar en como sería cuando estuviera en casa; aunque habías ocasiones en las que la checa fantaseaba en si se parecería a ella o a él, es más, rezaba porque tuviera los ojos azules de él.

Lo observó levantarse, aún con las piernas dobladas y las manos jugueteando con el dobladillo de su falda larga. Una pequeña sonrisa se escapó de los labios de la checa cuando ofreció su mano para ayudarla a levantarse. En verdad Dobromierz no tenía ni una pequeña idea de lo importante que era para ella, lo mucho que significaba aunque… aunque solamente se mantuviera en silencio cuando ella hablaba, aunque no le riera todas las gracias o estuviera más tiempo serio e inmerso en sus pensamientos que haciéndole caso. Con su sola presencia la checa ya se sentía bien; eran el tipo de amistad que no necesitaban hablar cada día o verse a cada minuto, no necesitaban estar horas hablando, la checa se sentía bien simplemente estando a su lado picándole en la mejilla o intentando hacerlo reír, le bastaba con que le dejara desordenar su cabello sin reñirle o rodara los ojos ante algún comentario infantil. ¿Qué esperaba de ella? Solo tenía veinte años, toda la vida por delante y le gustaba hacer idioteces para intentar que sonriera o rodara los ojos. Hasta así se veía guapo.

Estiro la mano para coger la suya en el mismo momento en el que la retiró y la dejó así, con el brazo extendido. Hizo un ligero puchero antes de levantarse, pero no posando sus pies en el suelo sino sobre el banco de piedra sobre el que estaban sentados hacía solo unos segundos. Se inclinó hacia delante para subirse a sus espaldas, entrelazando las manos  frente al pecho del polaco y apoyando la barbilla en su hombro. —Estoy embarazada y me duelen los pies…— susurró con voz apenada mientras le hacía un gesto con la mano para que él comenzara a caminar y dejaba un sonoro beso en su mejilla.

Mientras ‘caminaban’ hacia el invernadero oteó todo desde donde se encontraba. Dobromierz siempre había sido más que ella en todos los sentidos; más alto, más fuerte, más guapo. Suspiró mirando al frente hasta que vislumbró el lugar hacia el que se dirigían. Hizo un gesto para reprimir las risas y se acercó hasta su oído para susurrarle.  —¿Me vas a llevar al huerto?— dijo con tono divertido y separándose rápidamente de su oído porque le había dado la risa y no pretendía dejarlo sordo con sus risas. —¡Eres un hombre casado!— siguió bromeando soltando una de sus manos para desordenarle el cabello y moverse para poder bajarse una vez llegaron a la entrada del lugar.
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Re: Baby on board | Dobromierz Komorowski [FB]

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Vie Nov 18, 2016 6:28 am

Afirmó con la cabeza ante su comentario, concediéndole una razón que no tenía derecho a negar. Varios factores eran los que dotaban de certeza a la afirmación de Míra, entre ellos la individualidad de Dobromierz, sus ineptas aptitudes sociales que obviamente le impedirían encontrar una amiga como ella, o una amiga a secas. Y después, estaba el hecho al que ella se refería desde un principio, aunque no lo dijera en serio, su personalidad singular. No encontraría una amiga tan cariñosa y divertida, una amiga que comprendiera su carácter sin juzgarle por ello, sin necesidad de excusarse. Tampoco encontraría una amiga que perdonara sus involuntarios desaires y que, en lugar de sentirse ofendida por ellos, correspondiera con demostraciones de afecto que no merecía. Conclusión, Míra no podía estar más en lo cierto, le ofrecía una amistad perfeccionada por su naturaleza gentil y un historial de relación que excedía la década.

No me das ningún miedo, si te lo he ofrecido es por algo—Contestó, rebosante de seguridad y orgullo. La paternidad era un terreno en el que Dobromierz llevaba cinco años de ventaja, pocas preguntas al respecto serían capaces de acobardar al polaco. Por fortuna o desgracia, jamás fue uno de esos padres que pasan la mayor parte del crecimiento de sus hijos trabajando o vaciando jarras de cerveza. Puesto que ellos no contaban con la ayuda de sus padres, y que Miranda era una madre depresiva y dejada, tuvo que tomar la iniciativa e improvisar en muchas de las trabas que surgían a medida que Caroline se hacía mayor.

Observó sorprendido como Míra se estiraba sobre el banco, temiendo que se tratara de una de sus monerías con intención de hacerle reír y que le costara una caída nada conveniente en su estado. Le impresionó que saltara sobre su espalda, pero una vez lo hizo se aseguró de evitar que perdiera el equilibrio, cerró las manos sobre sus muslos para sujetarla casi a la altura del pliegue de sus rodillas. Estaba acostumbrado a la ligereza de Caroline, que le pedía constantemente que la cargara a su espalda, aunque debía admitir que Míra resultaba liviana teniendo en cuenta que solía cargar a mujeres quince años menores, y que se suponía que estaba embarazada aunque no fuera notorio.—¿Vas a aprovecharte de mi bondad durante los siete meses restantes?—Preguntó, olvidando que su amiga se ausentaría durante las vacaciones de verano, y que quizás también descuidaría su asistencia universitaria cuando su vientre aumentara y fuera difícil de manejar. Rodó los ojos tras sentir los labios ajenos contra su mejilla, comenzando a andar con la pocionera encaramada a su espalda.

Durante el caminó hacia su facultad, Dobromierz se detuvo en varias ocasiones, al notar como el cuerpo de su amiga se deslizaba y descendía sobre su espalda. En esas breves paradas, la empujaba hacia arriba, aupándola hasta retomar su posición original, postura más cómoda para ambos. Los invernaderos alcanzaron su campo de visión cuando un bisbiseo rozó su oreja y le produjo un escalofrío que entorpeció su recorrido como jinete. Le tomó aproximadamente diez segundos comprender el sentido oculto en sus palabras, lo mismo que tardó en dejar escapar una carcajada impropia en su persona.—Definitivamente el embarazo te ha vuelto aun más boba de lo que ya eras—Exclamó cariñoso cuando cesó su risa, que dejó la secuela de una sonrisa en sus finos labios. Bajó a su amiga con cuidado, colocándose los cabellos rizados cuando se libró del cargamento.

Confío en que podrás seguirme aunque estés embarazada y te duelan los pies—Se burló, no sin antes parodiar su puchero. Avanzó entre los grandes invernaderos, monstruos de pilares y vidrio, gigantes en comparación con los del colegio de magia y hechicería. Se dirigió hasta la entrada de uno en cuestión, situado en el último tramo del laberinto constituido por invernáculos. El interior, repleto de vegetación, se adivinaba a través de los amplios paneles de vidrio, mas dicho presagio era una nimiedad equiparado con lo que aguardaba dentro.—¿Estás preparada?—Preguntó en tono enigmático. Con un elegante gesto, sacó su varita que sobresalía del bolsillo del pantalón, aproximó el instrumento hacia la cerradura que sellaba la puerta del invernadero.—Y no precisamente para que te lleve al huerto—Aclaró cómico, imponiendo una pausa dramática antes de provocar una tenue explosión en el cerrojo, que no tardó en abrirse tras emitir un sonido metálico.
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Re: Baby on board | Dobromierz Komorowski [FB]

Mensaje por Míra Z. Creagh el Vie Nov 18, 2016 7:21 pm

Asintió con la cabeza, con una sonrisa prendida en los labios. Su madre siempre había tenido la idea de que las cosas buenas nunca vienen solas y acaban atrayendo a otras malas, arrasando con muchas cosas a su paso. Pero no se trataba de la vida de la checa, ella lo sentía, dentro de lo posible, demasiado perfecto, sentía que nada podría alterar la situación que estaba viviendo. Bueno, o eso era lo que había pensado hasta ver la reacción de su amigo y sentir que el mundo se le caía encima con miles de pensamientos negativos, sintiéndose completamente atacada por todas las teorías. Intentaba actuar como alguien adulto pero solo tenía veinte años y se encontraba completamente perdida.

No sabía cuantas más veces podría llevar a cabo aquellos movimientos cuando acabara impedida para intentar subirse a la espalda de su amigo por tener algo enorme que marcaría una separación entre ellos y, no, no se estaba  pensando en Miranda en aquella ocasión. ¿Le diría su amigo que la checa estaba embaraza a su mujer? Quizá de aquella manera podría ver por completo que tenía su vida y que no debía de seguir teniendo aquellos celos inhumanos hacia la que fue, en su momento, su mejor amiga. Aunque hubieran pasado ya varios años no podía negar que la extrañaba, extrañaba la relación que habían tenido durante los primeros años en Hogwarts; y que detestó a Dobromierz en el mismo momento en el  que supo que su mejor amiga estaba embarazada de ese estúpido Slytherin con su uniforme de quidditch que creía que tenía  a todo el mundo a sus pies. Pero el mundo había dado giros completamente inesperados cuando se percató de la inseguridad y del temor que él había sufrido al saber lo de Miranda y decidió apoyarlo. Perdió a su amiga porque se acercó a él en un intento de que ambos llevaran bien las cosas. Era una completa ironía que, a día de hoy, aún hacía rodar los ojos a la checa.

—Voy a pegarme a ti durante los siete meses restantes— bromeó con la barbilla apoyada contra su hombro y observando todo a su alrededor. Se conocía el lugar tan bien que podría recorrerlo con los ojos cerrados pero habían sido pocas las ocasiones en las que la checa se hubiera aventurado entre los invernaderos. Su manejo con las plantas, irónicamente, no era el mejor del mundo por lo que seguro que acabaría acercando la mano a una planta carnívora, a algo viscoso y asqueroso o alguna planta que escupiera ácido como modo de defensa de las agresiones externas. Rodeó con las piernas su cadera para no caerse, siendo sujetada por sus manos para mayor seguridad, y con las manos entrelazadas frente a su pecho.

Apretó la mejilla contra la de él, como un gesto cariñoso, entre risas ante su reacción. Le gustaba sorprenderlo, daban igual todos los años que se conocieran, la checa siempre podía salir con lo más inesperado. Apretó más su cuerpo contra el contrario e intentaba no deslizarse conforme él andaba pero, en ocasiones, era inevitable por lo que agradecía que no la dejara caer y la volviera a aupar. —¿Crees que soy boba? Me partes el corazón, idiota— le recriminó alejando su mejilla de la contraria y continuando riendo. Se mordió el labio inferior permitiéndose observarlo mientras él reía. Mientras reía de verdad, no aquellas sonrisas furtivas que en ocasiones esbozaba, no cuando forzaba tener buena cara para que la checa dejara de picarle las mejillas o de hacer el idiota frente a él.

En cuanto sus pies tocaron suelo firme pasó las manos por su larga falda con sus ojos esmeralda aún fijos en la sonrisa que esbozaban sus labios. Apiñó un poquito los ojos haciendo que sus ojos reflejaran lo bien que se sentía en aquel momento, como una carcajada suya o una sonrisa sincera podía hacerla feliz. —Nunca me voy a cansar de decirte que estás mucho más guapo cuando sonríes— arqueó ambas cejas con expresión divertida. Puso las manos contra su ancha espalda para empujarle a que caminara frente a ella. —Solo me estaba aprovechando de tu amabilidad, no te voy a ver en dos meses así que…— al final acabó susurrando con las manos aún contra su espalda y obligándole a caminar. Prefería no pensar en aquello. No quería perder a su amigo, no quería estar tanto tiempo sin verle.

El lugar parecía un laberinto y permaneció con las manos agarradas a la camiseta de él, observando las grandes cristaleras que los rodeaban y contra las que se agolpaba la vegetación, algunas ramas llegaban hasta lugares que ni la checa podía ver por mucho que alzara la mirada. —Ya tengo quien hace eso— bromeó con un guiño. Lo siguiente fue completamente inesperado para ella, sus ojos se abrieron de par en par antes de explotar entre risas. Llevó ambas manos a su abdomen por el fuerte dolor que le recorría de tanto reír, incluso le dolían las mejillas que sentía tirantes. —¿Estás loco?— susurró como buenamente pudo observando el cerrojo completamente destrozado. Regresó su mirar hacia él antes de acercar la mano a la puerta y abrirla. No le dio tiempo a su amigo a  entrar sino que ella se aventuró al interior del invernadero con paso seguro pero girándose hacia él y haciéndole gestos para que la siguiera. —Vamos, y cierra la puerta cuando entres— dijo con ambas manos en su boca para que su voz no resonara tanto en el desierto lugar.

Giró sobre sus talones para adentrarse en aquellos pasillos que tan pocas veces había frecuentado cuando chocó contra algo pegajoso, que no había visto, y se quedó completamente pegada a aquello. —Esto es…— intentó reprimir una arcada que le subió desde la boca del estómago. —Muévete y sálvame— le pidió intentando moverse pero notando que no conseguía separarse ni unos milímetros de aquél… ¿árbol? No sabía que era pero tampoco le interesaba solo quería alejarse de éste. Su rostro casi tocaba aquella sustancia viscosa que la atrapaba.
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Re: Baby on board | Dobromierz Komorowski [FB]

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Sáb Nov 19, 2016 12:16 pm

Una sonrisa danzó en su boca tras oír el reiterativo halago, su mirada dispar escrutó durante un breve momento los ojos esmeralda de su mejor amiga. El polaco comprendía que su intención no era adularle sino aclarar que su felicidad era importante para ella, que disfrutaba de los inusuales instantes en los que Dobromierz se permitía ser feliz, que apreciaba cada sonrisa que el polaco esbozaba a cuentagotas.—Tú nunca te cansarías de nada, eres persistente—Contestó socarrón, conteniendo la palabra cabezota, que según su perspectiva definía estupendamente el carácter de la pocionera. Poco le importaba lucir guapo, pero también disfrutaba el sonreír, pues brindaba un descanso a su cuerpo y mente, normalmente bajo estrés o en tensión. Recorrió el laberinto de invernaderos, empujado por su amiga, cuya fuerza sería incapaz de desplazarlo un centímetro de no estar el polaco dispuesto a cooperar.—Sólo serán dos meses—Simplificó, restando importancia a la separación, que le afectaba más de lo aparente. Creía que necesitaba a Míra inclusive más que ella a él, parecía irónico porque la pocionera solía preocuparse e ir tras él, mientras que Dobromierz se mantenía indiferente. Sin embargo, la mayoría de aspectos en la vida del polaco funcionaban mal, siendo Míra uno de los pilares sobre los que se sostenía, aportándole una estabilidad y una despreocupación juvenil que jamás tendría en su casa. A la hora de la verdad, Míra tenía un hogar estructurado y una pareja decente, podría permitirse prescindir de su mejor amigo el pesimista.

El inmenso invernadero se alzó ante ambos amigos, Dobromierz explosionó el candado con una imperturbabilidad que derivó en un motivo de diversión para su compañía. Esperó que cesaran las carcajadas, preparado para adentrarse en el invernadero, mas la pocionera se le adelantó.—Las damas primero—Concedió irónicamente, entornando los ojos y, obedeciendo las órdenes de Míra, cerró la puerta de cristal que llevaba al exterior del invernáculo.

El interior del invernadero era un mundo alterno, pareciera que hubieran traspasado un portal hacia otra dimensión. Vegetales ocupaban cada centímetro de la estancia, brotaban de un suelo aparentemente natural, se asemejaba a una selva, el trópico embotellado en un frasco de vidrio y acero. En conjunto los vegetales constituían una explosión de colores, un abuso genuino de la gama cromática con predominancia de tonos verdes y escarlatas. Había algunas plantas estáticas de apariencia muggle, otras en constante movimiento. Algunas plantas emitían gruñidos y entonaban melodías, despedían cien aromas distintos que, entremezclados en el aire, conformaban una fragancia sofocante. Las fosas nasales del polaco estaban bien acostumbradas al batiburrillo de olores, a la pestilencia de varias plantas camuflada bajo el perfume floral de otras, impregnadas en la atmósfera. Los factores mencionados anteriormente constituían, en su opinión, un hermoso panorama digno de apreciación. Incluso las personas que se rehusaban a considerar digno de atención el estudio sobre plantas y hongos mágicos, debían ser capaces de reconocer que el interior del invernadero era cautivador. Dobromierz siguió la trayectoria del vuelo de dos mariposas monarca, revolotearon en círculo hasta posarse sobre la densa hojarasca que rozaba la cima. La vegetación crecía desmesuradamente, cubría los paneles de vidrio, el cielo únicamente podía distinguirse desde zonas clave del invernadero, en la mayor parte de la estancia el exterior resultaba una incógnita, una fantasía.

El polaco apartó una enredadera que rozó su rostro y se concentró en su amiga, esperando encontrarse con una Míra fascinada por el paisaje, contemplando cada detalle con fascinación. Se equivocó, pues su amiga no reparó en la belleza del invernadero, estaba ocupada quedándose pegada a un árbol. Dobromierz rió para sus adentros, reparando en la expresión asqueada de la pocionera, que se acentuaba a medida que la viscosa substancia amenazaba con tocar su piel.—Tranquila, es inofensiva—Colocó los brazos en jarras, ojeando a su amiga con mirada inquisitiva.—Al principio me ha sorprendido verte así, pero no entiendo por qué, es típico de Míra que nada más entrar al invernadero te arrimes demasiado a un arce viscoso. Sólo podría pasarte a ti.—Rodeó el árbol, inspeccionando la situación mientras contenía la risa, en ocasiones viéndose obligado a cubrirse la boca con la diestra.—La savia de este árbol tiene propiedades mágicas cohesivas, suele utilizarse como adhesivo.—La información fluyó involuntariamente de entre los labios, como si estuviera dando un examen oral en lugar de intentando socorrer a su amiga. Carraspeó al entender su equivocación.—Claro que a ti eso no te importa nada en este momento.—Se corrigió, sobándose la barba incipiente en un ademán pensativo. No sería complicado elaborar un ungüento que suavizase los efectos adherentes de la savia, pero requeriría unos ingredientes, un instrumental y un tiempo que no poseían.

Estrechó la empuñadura de su varita, que sostenía desde que detonó el mecanismo del cerrojo.—Será mejor que te despegue antes de que la savia toque tu piel—Justificó, pues sabía que la posible solución que rondaba su mente traería reproches por parte de su compañía.—No te preocupes, te pagaré una nueva.—Sin más ceremonias, sin permitir que su amiga respondiera por falta de tiempo, su varita se iluminó y un encantamiento no verbal rasgó la parte delantera de su blusa. Dobromierz cogió a Míra del hombro y la apartó hacia atrás, alejándola del árbol viscoso.

El polaco se quedó estático, observando fijamente el tronco del arce en busca de daños visibles. Una pantomima, una falsa excusa para no desviar la mirada hacia el torso de Míra, ahora libre de vestimenta. La tela del ropaje quedó adherida e irrecuperable, casi enterrada por la viscosa sustancia cada vez más abundante.
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Re: Baby on board | Dobromierz Komorowski [FB]

Mensaje por Míra Z. Creagh el Dom Nov 20, 2016 11:02 am

Rodó los ojos pero no pudo evitar golpear con un dedo índice la nariz de su amigo con la sonrisa aún prendida de sus finos labios. No podía permitir que estuviera con cara seria a su lado, aunque la mayor parte del tiempo estuviera así, con gesto serio escuchando lo que la checa decía, asintiendo con la cabeza o soltando algún comentario cuando se percataba de que lo miraba con el ceño fruncido por dejar que la conversación se convirtiera en un monólogo de la rubia cenizo. Muchas personas se habrían cansado de la situación y, posiblemente, la relación con él se habría acabado cortando después de cierto tiempo pero ella no estaba dispuesta a que aquello pasara. No estaba segura de si hacía las cosas bien, si conseguía que sonriera de verdad o él solo lo hacía para contentarla, o para hacerla callar que era muy posible, pero disfrutaba de su  simple compañía, de sus ojos tristes o cansadas, de sus ojeras, de sus labios con una mueca de seriedad y las miradas de reprobación que le dedicaba cuando se comportaba como una inconsciente; pero también lo hacía de sus sonrisas fugaces, de la calidez de sus abrazos, de lo bien que olía, de la sensación que quedaba en sus labios cuando le daba un beso en la mejilla y notaba su barba picarle.

Al estar parada frente al invernadero en el que iban a entrar recordó la primera vez que entró a uno de ellos. Parecía una verdadera tontería pero hacían ya tres años que fue al lugar en una clase de herbología de primer curso y acabó con una urticaria por ser demasiado curiosa y tocar las plantas que, aunque le advirtieron que no tocara, acabó posando sus manos sobre ellas. Desde aquel día siempre había tenido mucho cuidado con aquel lugar. No se podía fiar de ninguna de las plantas de un invernadero universitario donde hacían miles de cosas con aquellas macetas. Aun así, cuando entraba a uno, se quedaba fascinada por todos los aromas, los colores, las hojas de diversas formas y tamaños, la ingente cantidad de plantas de aquel lugar, como tenía que andar con total cuidado, tener los cinco sentidos en alerta por si acaso tocaba algo que no debía o alguno de  los arbustos acercaba sigilosamente por sus espaldas con la intención de atar sus piernas y hacerla caer.

Por un segundo se imaginó siendo completamente devorada por el árbol contra el que se había chocado. Volvió a intentar tirar hacia atrás para alejarse de éste, ya que parecía que Dobromierz se había quedado completamente absorto en sus pensamientos sobre las estúpidas plantas que los rodeaban, con la intención de despegarse pero, cuanto más tiraba, más sentía que su ropa se adhería a la sustancia pegajosa que caía a borbotones y resbalaba por el tronco. Tragó saliva intentando reprimir las inmensas ganas de vomitar que tenía en aquel preciso instante, notando como le ardía la boca del estómago con el solo pensamiento de que tocara su piel. ¿Y si era corrosivo? ¿Y si se quemaba? Entró en completo pánico. La respiración de la checa se aceleró perceptiblemente metiendo las manos por debajo de la camisa con ademán protector de su abdomen.

Su expresión era de completo terror mientras tomaba grandes bocanadas de aire e intentaba girar el rostro, levemente puesto que el miedo a que le tocara la cara o el cabello le creaba una ansiedad que no era capaz de controlar en aquel preciso instante, lo máximo que le permitía su cuello y los nervios que la recorrían. —¿Inofensiva?— casi le gritó completamente fuera de sus cabales; apretando las manos más contra su abdomen intentando proteger aquella zona. —Deja de hablar y ayúdame o te prometo que te mataré— no sabía ni siquiera que tono de voz estaba usando puesto que el latido de su corazón era todo lo que ocupaba su cabeza. Boom, boom, boom. Lo siguió con la mirada en el camino que hacía rodeando el árbol y lo observaba con curiosidad. Lo único que conseguía que sus latidos no se dispararan del todo era el hecho de que si realmente fuera algo malo la liberaría rápidamente, ¿no? No era tan cruel, ¿verdad?

Respiró profundamente por la nariz, intentando tranquilizarse, pero el olor de la savia hizo que tuviera que apretar los labios con fuerza notando como algo se removía en su abdomen por insistencia. Iba a vomitar. Lo sabía. Llevaba varias semanas que no soportaba los olores fuertes y demasiadas cosas hacían que le dieran vueltas la cabeza, no sabía que iba a hacer cuando tuviera que preparar pociones y no soportara la textura, el olor o el color de la poción que tenía que preparar. —Por favor, haz algo— le imploró entonces con los ojos cerrados. No quería seguir respirando, ni viendo, ni escuchando como resbalaba la savia por el tronco, ni notar aquella textura bajo su camiseta. —Espera, espera, ¿qué? ¿Qué puede pasar si me toca la piel?— casi le gritó pero su voz se quedó atascada en la segunda pregunta, sin saber si llegó a terminar de pronunciarla o no lo hizo. Volvió a tirar, intentó dar un paso hacia atrás pisando algo que no sabía si era el pie de su amigo, alguna raíz o qué demonios era, pero lo cierto es que no le importaba mucho.

Lo siguiente que escuchó, que no fueran los latidos desbocados de su corazón y las palabras sin sentido de Dobromierz, fue el sonido de algo desgarrarse y acto seguido estaba a un par de pasos de distancia del arce viscoso que tenía su blusa completamente pegada con aquella asquerosa sustancia que había tenido demasiado cerca del rostro. Sus manos siguieron contra su abdomen con el miedo aún en todo su cuerpo, sin percatarse de que se había quedado solo con una prenda que cubría su torso, es más, en aquel momento poco le importaba ello. Un sonoro suspiro salió de sus labios a la par que retiraba las manos lentamente y las llevaba al pecho de su amigo para darle un par de golpes. —Estaba asustada y te has puesto a hablar… de las propiedades de esa… cosa— le recriminó intentando sonar calmada pero sabiendo que no lo estaba consiguiendo en absoluto. Seguía notando que su cuerpo temblaba. Bajó la mirada y apretó los labios con gesto enfadado. Entonces sí que se percató de su semi desnudez y tiró de su falda hacia arriba para usarla como un vestido, notando el fuerte rubor de sus mejillas. —No quiero seguir aquí…— musitó casi en un hilo de voz, abrazándose a sí misma, con sus ojos esmeralda fijos en los zapatos de Dobromierz.
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Re: Baby on board | Dobromierz Komorowski [FB]

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Dom Nov 20, 2016 1:04 pm

La histeria de su amiga no impidió que Dobromierz resolviera con calma el problema, como padre aprendió a no perder los estribos ni en las más peliagudas circunstancias, pues la mejor manera de manejar una situación se basaba en mantener la sangre fría, en obedecer a la mente y no al corazón. El polaco no comprendía el comportamiento de Míra, tenía tan asumida la inocencia del árbol viscoso que ni se planteó que su amiga pudiera considerarlo peligroso. Una parte de Dobromierz esperaba que la pocionera confiara más en su amistad, y en que jamás se tomaría con semejante ligereza que su mejor amiga sufriera un peligro mortal. La otra parte se olvidó completamente de que su amiga estaba embarazada, dejándose llevar por el maravilloso entorno que les rodeaba, y entendió que la preocupación de Míra estaba enfocada en el ser que crecía en su interior y no en ella misma. Una vez Míra fue liberada de su captor, Dobromierz deseó librarse también de las recriminaciones que no tardarían en llegar.

Ni intentó frenar los golpes que su amiga asestó contra su pecho, simplemente aguantó con firmeza el reproche, esperando que su amiga perdiera las fuerzas o ganas de seguir golpeándolo.—Perdóname—Musitó, consciente de su error. Como estudiante, Dobromierz era aplicado, cuando tenía una oportunidad de poner en práctica sus conocimientos no solía desaprovecharla, inclusive en los momentos más improcedentes. En su defensa, creyó que la expresión de pánico de su amiga era debida a la repugnancia que sentía por la sustancia pegajosa, y no a un miedo causado por la hipótesis errónea de que la savia podría dañar a su hijo. Identificó en rostro ajeno la palidez posterior al susto, las secuelas del estresante momento en cada expresión, la culpabilidad asestó a Dobromierz con más fuerza que cualquiera de los golpes de la pocionera.

Colocó las manos sobre los hombros de su amiga con intención de reconfortarla, de frenar esos temblores que hacían tiritar todo su cuerpo.—Mírame.—Rogó, por segunda vez aquel día. Una triste mirada dispar se clavó sobre los ojos verde esmeralda de Míra, todavía perturbados tras el sobresalto sufrido.—¿De verdad, Míra?.—Prensó los labios, sus pulgares acariciaron los hombros ajenos.—¿De verdad crees que sería capaz de poneros en peligro? ¿Crees que no correría a ayudarte si estuvieras a punto de hacerte daño? —La emoción en su voz aumentó a medida que habló.—Sé que no soy el amigo más cercano o cariñoso ¿pero en serio me crees tan miserable?—Insistió, liberando sus hombros al mismo tiempo que liberó una honda exhalación. Resignado, aceptó que no merecía la mejor opinión de su vieja amiga, pues su constante pesimismo le hacía parecer un amigo descuidado y desinteresado.

Los vanos intentos que Míra realizó por cubrirse inundaron a su amigo de un sentimiento de lástima entremezclado con culpabilidad. Desabotonó la sencilla camisa blanca que cubría su cuerpo, un cultivo de crisantemos emitió algo parecido a un silbido cuando Dobromierz se quitó la prenda, dejando su torso al descubierto. Colocó la camisa sobre los hombros de su amiga, asegurándose de cubrir su torso con decoro, sin apartar el campo de visión de sus ojos verdes.—Tranquila, ya nos vamos.—Aseguró en un tono protector. Le apenaba perder la oportunidad de mostrar a Míra lo que figuraba bajo sus planes, pero quizás en otro momento pudiera repetirse su visita a los invernaderos.

Rodeó con el brazo los hombros —ahora cubiertos— de su amiga y caminó junto a ella hacia la salida, pensando que en un tiempo debería ofrecer muchas explicaciones a la facultad.
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