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Baby on board | Dobromierz Komorowski [FB]

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Baby on board | Dobromierz Komorowski [FB]

Mensaje por Míra Z. Creagh el Dom Oct 30, 2016 8:34 pm

8 de julio de 1969


Se miró por quinta vez en el espejo y pasó las manos por su rubio cabello en un intento de arreglar su enmarañada melena. No había podido cerrar los ojos en toda la noche, estaba histérica. Hacía un mes que no era capaz de dejar de moverse, de sonreír y sentirse como una idiota; y, la verdad, es que tenía demasiadas razones para sentirse feliz, para sentir que su vida no tenía ni un resquicio. La checa estaba pasando por una época que nunca pensó que viviría. No es que hubiera tenido una infancia complicada ni una vida excesivamente estresante, pero cuando la suerte te sonríe día tras día te sientes completamente agradecida porque los astros te sonrían y ella estaba siendo realmente afortunada en los últimos años.

Pasó las manos por su abdomen con una estúpida sonrisa dibujada en los labios, se levantó la camiseta y se puso de perfil en un intento de buscar algún tipo de curvatura que le diera a entender que aquello era realmente real, que estaba embarazada de dos meses y medio. Recorrió con dos dedos desde la parte del diafragma hasta el corte de su falda larga negra, acariciando su abdomen con lentitud y cariño. Aún no era capaz de creérselo, como había ocurrido aquello. Bueno, en verdad si sabía cómo había ocurrido. El sonrojo acudió a sus mejillas y movió la cabeza hacia ambos lados intentando alejar el calor que la acababa de embargar. Mordió su labio inferior recorriendo su reflejo mientras bajaba la camiseta blanca de tirantes que vestía.

Se sentía nerviosa. Su corazón latía tan deprisa que pensaba que podría estallarle en el pecho. Ni siquiera se creía que Ciarán no se hubiera dado cuenta de que algo estaba pasando cuando le hacía preguntas indiscretas sobre niños o le preguntaba, tontamente, si no la veía algo más gorda. Cuando quería podía estar completamente ciego. Sonrió sentándose en la cama y quedándose atontada observando una fotografía que tenía sobre la mesita de noche de su habitación. Quizás se lo debería de haber dicho cuando lo supo, pero ni siquiera la checa era capaz de asimilar lo que estaba pasando; lo único que pasaba por su cabeza era lo feliz que se sentía y lo… poco que le importaba el resto de cosas que pasaran a su alrededor, se sentía más egoísta que en toda su vida pero es que nada podía opacar la situación que estaba viviendo.

Pero las inseguridades no dejaban de acudir a la mente de la checa cuando pensaba en cómo se lo diría a él, cuando lo tenía que hacer, cuál sería su reacción… demasiadas incógnitas se dibujaban en su mente y hacían que sintiera una presión en el pecho que hacía crecer más y más sus dudas e inseguridades por mucha felicidad que le provocara estar embarazada. Quizás por esa razón había decidido quedar con Dobromierz. Él mismo tenía ya una hija, con la que en su momento fue su mejor amiga, Miranda, así que seguro que podría aconsejarle porque… ¿cómo reaccionó él cuando supo de Caroline? Ella misma estuvo a su lado a intentó aconsejarlo en todo lo que le fue posible pero, claramente, tampoco es que pudiera compartir mucho tiempo juntos y que la checa se sintiera capaz de preguntarle cómo se sentía en relación a que fuera a ser padre. Ciertamente las circunstancias eran bien diferentes, y las edades sobretodo, pero le podría dar la opinión de un padre asustado. Además, quería decírselo. La había tenido dándole la lata sobre Ciarán en incontables ocasiones y no se había quejado, había estado a su lado, al igual que la checa lo había estado al lado de él en las discusiones que mantenía con su mujer, por lo que quería compartir con él su felicidad, quizás incluso sonriera un poco. Las sonrisas faltaban en demasiadas ocasiones en la vida de su amigo, y odiaba con toda su alma que fuera así.

El curso había terminado pero había pensado que el mejor lugar para que se encontraran era Salvio Hexia. Allí todos los conocidos de la checa sabían que tenía una relación y que Dobromierz era un buen amigo suyo pero, por el contrario, si iban a cualquier otro sitio y ella le gritaba que estaba embarazada no habrían personas que no malinterpretaran sus palabras. Volvió a pasar las manos por su cabello y a mirarse en el espejo con nerviosismo. Tomó un par de bocanadas de aire a la par que terminaba por coger una pequeña mochila de color negro y colocarla en su espalda para irse. No quería llegar tarde. Le daba igual tener que esperar sentada en un banco bajo la sombra de algún árbol pero no era capaz de seguir encerrada con sus pensamientos… ni con un espejo cerca o no dejaría de mirarse desde todos los ángulos posibles y existentes.

No recordaba que hubiera quedado tan lejos. El calor hacía que suspirara cada dos por tres, más por impaciencia que por un malestar físico, mientras caminaba. Saludó en un par de ocasiones a unas compañeras de clase que se cruzaron con ella. Las facultades de ambos estaban lo suficientemente cerca como para que se pudieran ver con bastante normalidad sin sentir la presión que ejercía Miranda en la relación de ambos. Aunque Míra estuviera con alguien los celos de la que fue su amiga persistían con fuerza. ¿Acaso no se había dado cuenta de que no… podía tener ojos para otra persona que no fuera Ciarán? La frustraba de sobre manera su actitud en relación con aquel tema que ya debía de haber sido zanjado en el pasado. En cuanto llegó se sentó en un banco de piedra que había a la sombra de un enorme sauce llorón. Tamborileó con sus dedos sobre sus piernas, luego sobre el banco, luego regresó, de nuevo, hasta el golpeteo en sus piernas.

Era paciente. Muy paciente. Pero a cada segundo que permanecía sentada en aquel banco notaba que su corazón estaba más y más acelerado. Si estaba así cuando se lo iba a decir a Dobromierz no quería ni pensar como estaría el día que se lo dijera a Ciarán. Esbozó una pequeña sonrisa nerviosa en sus labios con el solo pensamiento que acababa de cruzar por  su mente. En la carta que le envió a su amigo no le especificó nada, ni siquiera le dio un pequeño adelanto o una pista, solamente lo citó el 8 de julio a las 12:00am en la plaza que había frente a ambas facultades porque se quería despedir de él ahora que daban comienzo las vacaciones de verano y ella regresaría a Escocia con su familia. Extrañaba mucho a su hermana pequeña y el próximo año empezaría su andanza en Hogwarts así que pasarían un verano verdaderamente divertido juntas.
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Re: Baby on board | Dobromierz Komorowski [FB]

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Jue Nov 03, 2016 11:30 am

El polaco no pegó ojo en toda la noche, puesto que su hija de cinco años se sentía inquieta, y su inquietud aumentaba cuando Miranda gritaba que la hiciera callar. De la confrontación entre madre e hija resultaron sus ojeras, oscuras y hundidas bajo una mirada dispar. Se sentía tan agotado que escogió una camisa al azar y se la colocó del revés, con las costuras hacia afuera y los botones invertidos. Descuidos semejantes suscitaron en más de una ocasión las bromas de sus compañeros de facultad, momentos en los que aparecía con la ropa manchada de papilla o encontraba  juguetes de Caroline entre sus materiales de clase. En época estudiantil, los exámenes eran lo peor, pasar toda la noche estudiando tras haber agotado sus energías jugando con su hija durante todo el día.

Consideraba a Míra una gran amiga y su apoyo en tiempos difíciles, razón por la que hizo el esfuerzo de encontrarse con ella aunque su exhausto cuerpo le suplicara un descanso. Bajó las escaleras con desgana, abriendo y cerrando las vallas instaladas años atrás por la seguridad de Caroline. En el salón de la vivienda familiar, una menuda niña pelirroja jugaba tumbada sobre la moqueta, en sus pequeñas manos sujetaba una botella vacía y un viejo candelabro. La mayoría de ocasiones sus muñecos quedaban olvidados en el desván, su imaginación dotaba de vida a cualquier objeto inanimado, inclusive a los que no estuvieran destinados para ello. Despidió a su hija con un beso entre los bucles naranjas, pretendiendo ignorar sus protestas cuando le rogó que no se marchara. Dobromierz sabía lo poco que Carol disfrutaba el quedarse sola con Miranda, pero le costaba comprender que madre e hija mantuvieran una relación tan distante. Mantenía la esperanza de que, durante una de sus salidas, volvería a casa y encontraría juntas a las dos mujeres de su vida, unidas por un irrompible vínculo filial. El polaco también despidió a su esposa con un beso, beso que se mostró reacia a corresponder. Miranda dijo adiós con voz glacial, cruzada de brazos, escéptica ante el embuste de su marido.

Porque sí, Dobromierz mintió a su mujer. Preferiría evitar recurrir al embuste, pero ser sincero agraviaría su situación actual, y el verdadero motivo de su viaje no tenía fines malintencionados. Su coartada era haber recibido una lechuza urgente de la universidad, notificándole que una de las especies criadas en el invernadero se marchitaba a pasos agigantados y por tanto debía impedir que muriera. Una mentira creíble, las plantas permanecían en la facultad durante las vacaciones de verano, los alumnos de herbología se turnaban para visitar los invernaderos en época vacacional para así no descuidar el mantenimiento de los vegetales. Resultaría una desgracia retomar las clases en septiembre para comprobar que todo su trabajo había muerto por dejadez.


. . .


Recorrió los terrenos universitarios, un día soleado iluminaba a un ojeroso y adormilado padre de familia. Se paseó sin ninguna urgencia hasta el lugar acordado en la carta, el punto de unión entre dos facultades. Distinguió a su amiga sentada en un banco, burlando a los rayos de sol bajo el amparo de un sauce llorón. Salix babylonica, árbol familiar de las salicáceas y nativo de Asia. Tres meses atrás, Dobromierz estudió sus propiedades mágicas, conocía su descripción e historia. El espécimen que ensombrecía a Míra no poseía grandes propiedades, pero los alumnos herboristas estudiaron variaciones de sauce francamente interesantes, entre ellas uno que poseía un gran mecanismo de defensa propia.

Ella sonreía, gesto que últimamente tenía por costumbre. El polaco se alegraba de ver feliz a su amiga, pero también le causaba envidia. Le provocaba envidia saber que Míra era capaz de hacer funcionar su relación y, por el contrario, la de Dobromierz se hundía cada vez más. El cariño de su esposa disminuía cada día, la rutina estaba arrasando con los Komorowski, por mucho que se esforzara en intentar hacer funcionar su matrimonio no lo conseguía.

Se sentó junto a ella.—¿Echarás de menos esto?—Preguntó, contemplando el terreno con cierta añoranza prematura. Dobromierz echaría de menos la universidad, valoraba tener una excusa diaria para abandonar su casa durante unas horas. Se sabía un egoísta por ello, pero tomarse un descanso para permitirse comportarse como un joven de veintiún años era un respiro para él, le ayudaba a seguir adelante.—Aunque claro, no puede competir con unas vacaciones en Escocia—Agregó con una pequeña sonrisa melancólica. A Dobromierz le entristecía saber que los encuentros con Míra se volverían menos frecuentes, la alegría de su amiga le contagiaba del mismo modo que lo hacía la de su hija.
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Re: Baby on board | Dobromierz Komorowski [FB]

Mensaje por Míra Z. Creagh el Sáb Nov 05, 2016 8:28 pm

Se mordió el labio inferior meneando las piernas de forma casi frenética, mirando hacia ambos lados de vez en cuando para percatarse de la llegada de Dobromierz antes de que él llegara a acercarse a ella. Ojeó el reloj con impaciencia, quedaban dos minutos para que fuera la hora así que, técnicamente, no llegaba tarde. Apoyó los manos en el banco y se inclinó un poco hacia atrás para observar las ramas del sauce llorón caer hacia abajo. Estiró un brazo para tocar con los dedos una de las ramas cercanas y sonrió como una idiota. Todo la hacía sonreír. Era prácticamente imposible hacer que la sonrisa de la checa desapareciera de sus labios en aquellos últimos meses; lo cierto es que siempre había estado sonriendo pero aún más después de lo acontecido.

Sus dedos rozaron la rama. Extrañaría todo lo que tenía que ver en la universidad cuando acabara su estancia allí el año siguiente, no quería irse pero, a la vez, deseaba terminar para poder dedicarse a algo relacionado con las pociones, no le importaba lo que fuera mientras pudiera estar rodeada de calderos, de ingredientes y de decenas de libros abiertos mientras corría de un lado para otro mirando cual sería la forma más indicada de mezclarlos. En ese sentido Dobromierz le había ayudado en demasiadas ocasiones. Se podría decir que, si no fuera por el hecho de que Miranda no soportaba ni la mera mención de su nombre, habrían pasado más tiempo juntos del que ya pasaban, quizás incluso podría ver a Caroline con más asiduidad. Seguro que estaba preciosa. De forma instintiva apoyó una mano sobre su abdomen cerrando los ojos, inmersa en sus pensamientos. ¿Qué sería? ¿Se parecería a ella o a él? Una amplia de paz se dibujó en los labios de la checa que, ni siquiera, se percató de la llegada de su amigo hasta que él se descubrió cuando habló.

En el mismo momento que el de cabellos castaños ocupó un lugar a su lado en el banco de piedra y habló, se giró hacia él y se tiró encima para abrazarlo con fuerza. Cayó encima de él haciendo que ambos quedaran tumbados sobre el banco mientras se reía abrazada a su amigo. Cualquiera que no conociera ni un ápice a la checa y los viera en aquella tesitura pensaría que el calor les estaba afectando, y no precisamente el calor del mes de julio. Dejó apoyada su frente contra el pecho de su amigo mientras asentía con la cabeza en respuesta a que echaría de menos aquello. Se retiró un poquito de él para incorporarse y quedar sentada mientras lo cogía y ayudaba a incorporarse. Echaría de menos muchas cosas de la Universidad durante el verano pero, sin duda, lo que más le importaba era el hecho de que durante las vacaciones no lo podría ver prácticamente nada. En el periodo lectivo siempre acababa entrando a su facultad por error y chocándose con Dobromierz en algún pasillo, después de esperarlo y preguntar su horario como si de una acosadora se tratara. Y ya no lo podría hacer. Tampoco podría mandarle alguna nota con algún conocido de su clase, básicamente había acabado haciendo amistades allí de tanto pasearse por la zona y preguntar. Se rió inmersa en sus pensamientos a la par que movía la cabeza hacia los lados para retirar esos pensamientos de su cabeza. La mayoría de las ocasiones en las que iba era para preguntar si lo habían visto bien, la gran parte de veces intentaba que no la viera para que no notara que se preocupaba por él.

Se rió  y le dio un ligero golpe en el hombro para, después, apoyar la cabeza observando la gran estatua que había en el centro de la plaza y los espacios con césped y árboles de diferentes tipos. —Aunque adore Escocia… preferiría quedarme aquí, así al menos no tendría que estar dos meses enteros sin verte— comentó alzando una poco la mirada en busca de sus ojos. Suspiró separándose de él y sentándose a horcajadas en el banco, intentando acomodar su falda larga, para poder quedar de cara a él. —Tienes ojeras— torció un poquito el gesto mientras le picaba con un dedo en la parte inferior del ojo derecho; ese ojo que siempre le había resultado curioso por el color diferente que portaba en una parte. —Creo que tengo algo para que no se vean tanto— le dio un toque en la nariz con el mismo dedo.

Tragó saliva y tomó una amplia bocanada de aire. Su corazón latía desbocado desde el momento en el que Dobromierz había llegado pero había preferido empezar con algo… liviano, tener una conversación casual antes de decirle la noticia pero sentía que no podía más, que o lo decía o era muy probable que explotara. —En verdad no te he citado para despedirme de ti… sino porque tengo algo que decirte, Dobro...— susurró con un hilo de voz, notando el corazón latir con fuerza y como el calor se subía a sus mejillas.
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Re: Baby on board | Dobromierz Komorowski [FB]

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Dom Nov 06, 2016 3:58 am

Abstraído observando el horizonte, el arranque cariñoso de su amiga le pilló desprevenido. Notó un cuerpo esbelto ejerciendo presión sobre el suyo, los brazos femeninos rodeándolo mientras que las carcajadas de Míra, más sonoras por el acercamiento, embelesaban al polaco como un canto de sirena. Todavía sorprendido cuando recostó la cabeza sobre su pecho, reaccionó acercando una mano vacilante a su cabeza, enredando los dedos entre su lacio cabello rubio en un ademán cariñoso. Se creía acostumbrado a las demostraciones de afecto que Míra reservaba para sus amigos, mas el abrazo rebasó el cupo de efusión con el que estaba familiarizado. No obstante, el gesto no le contrarió, pues nunca estaba de más recibir a través de una buena amiga el afecto que no recibía por parte de su esposa.

Cuando se desunieron, instintivamente, Dobromierz oteó los alrededores en busca de un transeúnte testigo del abrazo, dispuesto a malinterpretar el gesto. Sin embargo, su mirada no halló vida más allá de dos pájaros que picoteaban el suelo de la plaza desértica, aprovechándose de los restos de comida dejados por alumnos que, con seguridad, debían encontrarse muy lejos en aquel momento. Todo miembro de su facultad, e inclusive algunos alumnos ajenos a ella, conocían el rumor de un joven estudiante de herbología casado y padre de una niña de cinco años. Dicho escándalo le perseguía desde el castillo, aunque debía admitir que le sorprendió que se extendiera tan rápido por la universidad, lugar más grande y variado que Hogwarts en infinidad de aspectos. También coincidía en la institución con viejos compañeros de colegio, personas que le preguntaban por el paradero de su mujer, desaparecida repentinamente tras haber dado a luz. En instantes así, imaginaba qué sería de sus vidas de haber decidido Miranda seguir adelante con su vida en lugar de olvidar para siempre sus sueños y ambiciones como si tener a Caroline hubiera significado el fin de todo.

Siguió la trayectoria de su mirada jade, deteniéndose sobre la inmensa estatua que unía ambas facultades. En vacaciones, los magos encargados del mantenimiento universitario tomaban su trabajo con calma, razón por la que distinguió más de una cagada de pájaro en el rostro tallado de la fallecida eminencia.—Escocia será mejor que verme, te lo aseguro— Dobromierz extrañaría a Míra, persona que aportaba frescura y felicidad a su vida, pero no podía entender porqué el sentimiento era recíproco. Como compañía, dejaba mucho que desear, sus aportaciones se limitaban a miradas somnolientas, suspiros de cansancio y anécdotas sobre una vida doméstica. No pretendía dramatizar, pero se sentía a la sombra del chico que fue cinco años atrás, un acompañante sin lugar a dudas más divertido. Dirigió una mirada de soslayo a la inquieta joven cuando se acomodó a horcajadas sobre el banco, examinando su rostro directamente.—No he dormido mucho—Afirmó, justificando las negras ojeras que oscurecían su mirada dispar. Contuvo una sonrisa al oír su remedio, seguido de una serie de gracias que demostraban la confianza que ella sentía por él.—No me importa que se vean, Mira. ¿Tan feo estoy? —Preguntó sonriente. El joven Komorowski estaba perdiendo la costumbre de acicalarse, de colocarse bien la ropa, engominarse el cabello o recortarse la barba. Lucía un aspecto descuidado, lo que sus compañeros solían denominar con sorna ''un look de papá''.

Como si lo hiciera adrede, Míra le sorprendió por segunda vez consecutiva. Prensó los labios, percibiendo el nerviosismo ajeno, sintiéndose involucrado en la confesión de un modo que le hizo sentir incómodo.—¿Algo qué decirme? ¿A mí?—Preguntó tras una pausa, sorprendido y, sobretodo, intrigado. Descartaba que Míra le hubiera citado en vacaciones con el único objetivo de hablar sobre trivialidades, puede que lo hiciera cuando estudiaban juntos, pero sin duda no haría que Dobromierz saliera de casa y se arriesgara a tener una discusión con su esposa solamente para contarle una chorrada.—¿Qué es?—Insistió, mostrando una impaciencia nada típica de Dobromierz.
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Re: Baby on board | Dobromierz Komorowski [FB]

Mensaje por Míra Z. Creagh el Dom Nov 06, 2016 9:51 am

Rodó los ojos  por sus palabras, siempre cargadas de pesimismo o menos preciándose a sí mismo. La checa le había dicho un millón de veces que estaba cansada de ese comportamiento  por su parte, que sí, podría tener cosas duras en la vida pero no que no tenía que dejar de sonreír, no al menos cuando estuviera con ella o le obligaría a que tirara de sus mejillas para dibujar una sonrisa en sus labios, cosa que no sería la primera vez que hiciera. Su amigo bien sabía que, en ese sentido, no había filtro que parara a una checa completamente decidida a hacerle sonreír siempre que tuviera la más mínima ocasión haciendo un chiste extraño, tirando de sus mejillas, abrazándolo o intentando hacer cosquillas a un cuerpo considerablemente más grande que el suyo; en ocasiones estaba segura de que la consideraba una mosca que no cesaba de chocarse contra su cristal y que, aunque le abriera la ventana para poder salir, entonces cambiaba su trayectoria para volver a chocar una y otra y otra vez. Le extrañaba que no la hubiera mandado lejos para poder tener tranquilidad y poder amargarse o revolcarse en su mierda él solito. Pero no, allí estaba ella para arrastrarlo por muchas excusas que le pusiera de tener que hacer un trabajo o tener clases; siempre lo acababa arrastrando para poder pasar tiempo con él.

La relación que mantenían era demasiado  poco convencional. No se veían tanto como a la checa le gustaría pero, siempre que lo hacían, ella se comportaba como si solamente hiciera dos días que lo hubiera visto y se abrazaba a él como si de un koala se tratara. A veces pensaba en que le estaba dando razones suficientes a Ciarán para estar celoso de su amigo o de molestarlo con aquella actitud, al menos se comportaba comprensivo en aquel aspecto y sabía que Míra se seguiría comportando con Dobromierz de aquella manera. Sus celos no habrían tenido sentido puesto que la checa, cuando estaba con él, no tenía ojos para otra cosa que no fuera Ciarán y se lo demostraba constantemente. Bien conocía de su preocupación y su amor hacia Dobro pero también sabía que él era la única persona que completaba el corazón y la vida de la checa.

Apoyó las manos en el banco y se inclinó un poco hacia él golpeando su frente, levemente, contra el hombro contrario. —Tengo Escocia muy vista, a ti no tanto como me gustaría— dijo separándose un poco y cruzando los brazos con ambas cejas arqueadas pero, sin poder evitarlo, riéndo. —Tú nunca podrías estar feo— contestó mirando hacia otro lado con la barbilla bien alta, como quien presume de su hijo frente a todos porque cree, y sabe en esta ocasión, que es el más guapo y que incluso unas tontas ojeras le quedan bien. —Mi hermana pequeña cree que eres un chico guapo, y los niños nunca mienten— se burló de él.

Mordisqueó su labio inferior. Una de las razones más importantes por las que quería regresar a Escocia era porque se moría de ganas de ver a Catrina. La extrañaba demasiado. Odiaba no pasar tiempo con ella pero la universidad consumía la mayor parte de su tiempo y, la parte que no, su corazón latía desbocado pensando que tendría cinco minutos para ver a Ciarán… por lo que su hermana pequeña se había visto relegada a un segundo puesto que sabía que la pequeña odiaba demasiado. Aquel verano hablaría mucho sobre Hogwarts y… ¡bebés! La checa la había tenido que cuidar a ella pero Catrina nunca se había visto en la tesitura de tener un bebé tan de cerca y cuando ella tuviera a su bebé no dudaría en que Catrina estuviera cerca en todo momento para que viera por las cosas que tuvo que pasar ella cuando le tenía que cambiar sus sucios pañales o soportarla berreando como una desquiciada porque se le habían acabado las galletas… pero también viviría sus primeras palabras, sus sonrisas, sus aventuras en las cocinas lanzándose harina.

Tosió sacada de sus pensamientos. Se había quedado totalmente inmersa en sus divagaciones; últimamente le pasaba con demasiada frecuencia. Pero se había citado con él por una razón muy concreta y era decirle lo que estaba pasando. ¿Se alegraría? No tenía ni la menor idea de cuál sería la reacción de Dobromierz y aquello le daba miedo. Se sentía demasiado insegura y temerosa cuando se lo iba a decir a alguien cuando… ¡es algo bueno! No es como si le fuera a decir que estaba enferma y se iba a morir. —Veamos— titubeó un poquito. Se puso recta y tosió levemente tomando una bocanada de aire. —Quiero que sepas que eres la primera persona a la que se lo voy a decir— entonces la emoción afloró en su voz y jugueteó con el borde de su falda. —Estoy embarazada— soltó de golpe. Sin tentar el terreno, sin pensarlo mucho más y con una nota de emoción, alegría y ansiedad en su voz. Entonces no supo hacia dónde mirar ni qué hacer ni qué decir.
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Re: Baby on board | Dobromierz Komorowski [FB]

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Dom Nov 06, 2016 11:03 am

Entornó los ojos tras oír el halago, sin saber bien cómo reaccionar a algo así. Una carcajada escapó de su garganta cuando escuchó el comentario acerca de lo veraz que era la palabra de un niño.—¿Los niños nunca mienten?—Repitió, con cierta ironía.—Podrías decirle eso al jarrón que hace unos días se ''rompió solo'' —Formó comillas con los dedos, sin disimular la diversión que le causaba relatar dicha anécdota.—Casualmente cuando Caroline jugaba en el salón. Ah, y también se escondió solo bajo la alfombra—La travesura le costó a su hija una regañina, aunque él mismo se encargó después de reparar el jarrón antes de que Miranda notara su ausencia, ahorrando a la pequeña un castigo innecesario por una chiquillada que esperaba no volvería a cometer.—Los niños mienten, pero lo hacen fatal—Determinó.—Así que dale las gracias a tu hermanita, y un saludo de mi parte— En el pasado, los niños no fueron santo de su devoción. Sin embargo, tras el nacimiento de Caroline, su opinión respecto a ellos cambió radicalmente. El ser humano que más tiempo pasaba con él, era una enana de cinco años, razón para haber aprendido a apreciar la inocencia de los niños, a tratar con ellos e incluso considerarlos, en muchas ocasiones, compañía más grata que cualquier persona adulta.

Se meció la descuidada barba cuando su amiga quedó ausente, absorta en pensamientos que sólo ella conocía. No insistió más en conocer el verdadero motivo de la citación, sino que esperó pacientemente a que Míra hallara las palabras y la forma de ordenarlas.  Estar casado con  Miranda dotaría de paciencia a cualquiera, y Dobromierz no era la excepción. Ni la inmensa curiosidad que sentía, ni el deseo de querer conocer sus verdaderas intenciones consiguieron que volviera a mostrarse insistente como lo había sido minutos antes.

Míra no tardó en armarse de valor y anunció la noticia en voz alta, activando un interruptor en la mente ajena, abriendo la puerta a un océano de malos recuerdos.


''Estoy embarazada''


Dos palabras, una combinación de quince letras que cambió su vida para siempre. Las mismas dos palabras, las mismas quince letras que escuchó pronunciar a su novia cinco años atrás. Una noticia anunciada con lágrimas, recibida primero con incredulidad y después conmoción. La joven pelirroja confesando a su novio aquello que no se atrevía a decir a sus padres, inundándose en lágrimas y culpando a Dobromierz por haber sido tan descuidado, por haber insistido, por haberse comportado como cualquier adolescente en su misma situación.

¿Cómo podían quince letras arruinar una vida? Si tan sólo hubieran cobrado un significado distinto, de haberse formado otra combinación con aquellas quince letras todo sería diferente. Cogió aire. Los mechones rubios y la frescura de unos ojos verdes recordaron a Dobromierz que trataba con Míra y no con Miranda, que su viaje en el tiempo fue meramente imaginativo, producto de un Déjà vu provocado por la mención de dos palabras clave.

La situación era completamente diferente. Míra estaba contenta, el brillo de sus ojos lo confirmaba, embarazada a una edad temprana pero aceptable para tener un hijo y, sobretodo, enamorada del hombre que convertiría en padre de su retoño. Un momento feliz, un cuento de hadas que Dobromierz no tenía derecho a estropear por haber protagonizado una escena tan parecida y tan diferente al mismo tiempo.—Perdón—Murmuró, consciente del gran silencio que siguió a la noticia.—Míra, me alegro muchísimo por vosotros—Logró articular, abrazó cariñosamente a su amigo. Rara vez tomaba la iniciativa respecto al contacto físico, solía dejarse querer por ella, pero la ocasión requería una demostración de auténtico cariño.

Al separarse, bajó la mirada hacia su vientre en busca de alguna señal de embarazo, una ligera curvatura o modificación que delatase su estado. No encontró nada, lo único que le indicaba estar junto a una mujer encinta era el brillo en sus ojos jade.—¿Desde cuándo..?—Se interrumpió, pues decidió formular una pregunta que consideraba más importante.—¿Por qué me lo has dicho a mí primero y no a él?



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Re: Baby on board | Dobromierz Komorowski [FB]

Mensaje por Míra Z. Creagh el Dom Nov 06, 2016 12:58 pm

Soltó una carcajada para después colocar las manos frente a su boca en un intento de frenar las risas que no podía cesar de brotar de su boca ante la anécdota del jarrón. Niños. Totalmente. La checa había tenido que cuidar de su hermana cuando era pequeña y cada vez que recordaba todos los platos rotos, los jarrones y hasta las sábanas que había tenido que frotar para sacar a luz cuando jugaban juntas y Catrina acababa metida en la cama con las manos llenas de masa de galletas o con un helado de chocolate. Era completamente destructiva, pero la quería como a nadie. Una pieza que había sido, y seguía siéndolo, esencial por mucho que no pasaran juntas tanto tiempo como le gustaría. Recordaba con diversión como sus amigas se extrañaban de la cercana relación que tenía con su hermana pequeña, su hermana 10 años menor que ella. Que se llevaran tanta edad no significaba nada; la checa disfrutaba de cada minuto que podía pasar con la pequeña paseando, cocinando, pintando o comprando cualquier tontería, lo importante era que lo hacían juntas. No quería ni pensar en cómo hubiera sido su vida de haber sido hija única, sin las sonrisas que le había proporcionado durante todos aquellos años.

—Una mentira piadosa no mata a nadie— bromeó defendiendo a la pequeña y revoltosa Caroline. Cierta nostalgia la invadió al pensar la escasa relación que tenía con la pequeña. Quizás la hija de Dobromierz pudiera acabar teniendo relación con su hija o hijo cuando creciera. —Creo que ya ha dejado de estar enamorada de ti pero seguro que si le digo que le mandas saludos se sonroja— dijo a la par que le picaba con un dedo en la mejilla con la perenne sonrisa en sus labios. Mirar las fotografías de Hogwarts y señalarlo como ‘¿Entonces eres amiga de ese chico?’ seguidos de sus incontables comentarios sobre que ella también estaría con chicos tan guapos. Una lástima que no se comportara así cuando hablaba de Ciarán.

Las palabras quedaban atoradas en su garganta. Lo observaba sin saber cómo decirlo, si dar vueltas en el tema o decírselo directamente. Hasta que lo hizo. No era la primera vez que lo decía en voz alta pero si la primera persona conocida a la que se lo decía; sus padres no tenían constancia de que estaba embarazada, ni sus compañeras de clase, ni sus amigas… nadie lo sabía hasta que fue capaz de decirlo en voz alta frente a Dobromierz. Aunque se estaba empezando a arrepentir de haberlo hecho. Había sopesado los pros y los contras de decírselo; podría ayudarla a enfocar la forma en la que decírselo a Ciarán, quizás algún consejo o hacerla sentir bien, felicitarla… esas cosas; pero también sabía que saberlo no le recordaría una buena experiencia. Por mucho que amara a Caroline la checa sabía que saber de existencia había sido un duro golpe que aún estaba martilleando en la cabeza de su amigo.

Estiró la mano para acercarla hasta la de su amigo. —¿Dobro?— preguntó con cierto miedo en su voz. No  podía alejar el brillo de felicidad de sus ojos de habérselo dicho pero la presión en su pecho no la dejaba respirar con normalidad. Su corazón latía como un caballo desbocado y tragó saliva inclinándose un poco hacia él en el mismo momento en el que habló y la sobresaltó levemente. Si Dobro había reaccionado así no sabía cómo sería la reacción de él. Por Merlín,  estaba realmente asustada en aquel momento. Ni siquiera le servían los pensamientos que relacionaban su reacción con su experiencia vivida, solo podía pensar en que era algo malo y que Ciarán reaccionaría de la misma manera. Que le reprocharía no habérselo dicho antes para poder evitarlo o deshacerse de él. Apretó los labios con su cabeza dando mil vueltas hasta que la abrazó y todo el aire la abandonó, su cuerpo dejó ir la tensión pero por dentro seguía siendo todo un caos. Escondió el rostro contra su hombro, con los ojos cerrados fuertemente, y sin ser capaz de articular palabra alguna. Completamente deshinchada y débil.

Notaba las lágrimas ansiosas por abrirse camino, apretó los labios mirando hacia otro lado. Fijando sus ojos verdes en la estatua de la plaza. —Si tú has reaccionado así no quiero pensar como lo hará él…— susurró sintiendo un escalofrío recorrerla por completo. —¿Y si… no quiere?— preguntó entonces. Pensaba que lo peor sería decirlo en voz alta; se había equivocado, lo peor venía después de haber sido capaz de decirlo. —Dobro, yo…— meneo la cabeza hacia ambos lados sin ser capaz de pronunciar palabra alguna más, apretando las manos contra su rostro.
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Re: Baby on board | Dobromierz Komorowski [FB]

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Lun Nov 07, 2016 12:09 pm

Sería pecar de ingenuo creer que Míra no percibiría el cambio en su expresión, el silencio posterior al anuncio. La sorpresa se palpó en el rostro del polaco, su piel emblanqueció y su mirada entristeció, afectada por los recuerdos del pasado. El embarazo de Míra, aunque una absoluta sorpresa, no era causa directa del malestar que su noticia ocasionó, pero su amiga no tenía porqué conocer esa información. La embarazada interpretó su respuesta, o más bien la ausencia de ella, como una reacción negativa. Ante su ojerosa mirada dispar, Dobromierz contempló como la emoción de Míra se resquebrajó, transformándose en una mezcla de miedo e inseguridad respecto a otra reacción claramente más importante para ella, la de su pareja.

El polaco sintió una punzada de culpabilidad cuando percibió en su amiga las señales de una lucha interna, peleando consigo misma por disimular un llanto que diversos gestos delataban, las lágrimas acumulándose en sus ojos y el ligero temblor del labio inferior. ¿Cómo pudo ser tan insensible? Su amiga le había citado exclusivamente para darle una noticia feliz, claramente Míra esperaba una reacción distinta, más inmediata y alegre. Dobromierz era experto en hundir las expectativas ajenas, en aplastarlas con el peso de su pesimista realidad. Debía entender que, para lo que él fue una pésima noticia, para una pareja feliz y estable debía tratarse de una feliz revelación.

Míra, no te pongas en lo peor—Pidió apenado. Tomó las manos contrarias entre las suyas, apartándolas de su rostro para volver a observar sus preciosos ojos húmedos.—Mírame a los ojos, escúchame—Reclamó, empleando el mismo tono sosegado e indulgente que utilizaba cuando Caroline se alteraba, en los momentos en los que se veía obligado a comportarse como un adulto sensato y responsable, con calmar a su hija como único objetivo. Posó sobre la ajena su mirada decidida, casi sin desperdiciar tiempo pestañeando.—No puedes dejarte engañar por mi reacción, no pienses que significa que no le gustará. Es una noticia estupenda, he reaccionado así porque.. me ha traído algunos malos recuerdos del pasado, tú entiendes el porqué de esos recuerdos—Afirmó. La joven no experimentó la historia en primera persona, pero sí tuvo un papel secundario, vivió el embarazo de Caroline doblemente, por parte de su madre y también por parte de su padre. Para el polaco resultaba extraño que Míra estuviera pasando por una situación tan parecida, mas agradecía que le hubiera considerado un confidente, sin ser consciente de ello, Míra brindó a Dobromierz la oportunidad de recompensar a su amiga por toda la ayuda prestada cinco años atrás.

No puedo decirte si reaccionará bien o mal—Continúo, todavía sosteniendo las manos de Míra con intención de contenerla.—Pero sí que puedo asegurarte algo. No importa cómo reaccione, cuando le conozca—Por primera vez desde que la obligó a mirarle, Dobromierz apartó los ojos de los contrarios, solamente para dirigirlos hacia su vientre.—Se sentirá el hombre más afortunado del mundo—Concluyó, con una seguridad aplastante. Hablaba desde su experiencia personal. Dobromierz vivió en un infierno durante los nueve meses de embarazo, pero todo cambió cuando conoció a su hija. Un sentimiento difícilmente descriptible invadió al polaco cuando observó por primera vez a aquel bebé, pequeño y chillón, revolviéndose entre las sábanas del hospital. Una mirada turquesa de Caroline fue suficiente para asegurarle que nunca jamás amaría a nadie como a ella, que la protegería con su vida y que dedicaría el resto de ella a intentar hacerla feliz.
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Re: Baby on board | Dobromierz Komorowski [FB]

Mensaje por Míra Z. Creagh el Lun Nov 07, 2016 7:14 pm

En el mismo momento que ocultó el rostro tras sus manos la checa rompió a llorar, las lágrimas resbalaban por sus mejillas perdiéndose en alguna parte de su cuello o acababan humedeciendo el cabello que había quedado frente a su rostro tras el movimiento negativo que hizo con la cabeza. Sabía que… quizás sus padres reaccionarían así; que la tacharían de loca, aunque su madre la tuvo a ella cuando tenía solo veinte años, la misma edad que la checa. Quizás hasta se decepcionaran con ella por haber sido tan inconsciente, porque estaba claro que ninguno de los dos había buscado aquello, pero también sabía que todo aquello quedaría a un lado cuando vieran la radiante sonrisa de felicidad que mostraría la rubia. Sonrisa que difícilmente desaparecía. Pero había ocasiones en las que ésta era ocultada por la ansiedad y la congoja que atenazaba el corazón de la rubia cenizo.

Meneó la cabeza en un intento de evitar que retirara las manos de su rostro. En aquel momento solo sentía unas enormes ganas de levantarse del banco e irse corriendo. Correr tan rápido y hasta que sus piernas y corazón no pudieran aguantar más el ritmo, meterse en la cama y estar días y días encerrada llorando. Si así era como se estaba tomando la reacción de su amigo no quería ni pensar en cómo se tomaría la de él. Pensar en aquello solo hacía que la embargara, aún más, la ansiedad; que las lágrimas no cesaran de salir, silenciosas, de sus ojos verde esmeralda. No es que hubiera pensado que sería lo más feliz del mundo, sabía que llevaba un periodo de reflexión asimilar aquello, pero quizás en su cabeza lo había pintado todo demasiado bonito y fácil. Había imaginado que todos se alegrarían, que no pensarían que era joven o que iba a arruinar su vida, que le prestarían su apoyo y le comentarían que se notaba que algo bueno estaba pasando por lo radiante que lucía desde hacía unos meses.

Trago saliva intentando alzar la mirada hacia él pero sin ser capaz de fijar sus ojos en los suyos. Sus manos se encontraban apresadas entre las contrarias y no podía hacer nada para desasirse. Cerró los ojos con fuerza. ¿Cómo no lo había previsto? Días enteros pensando en la forma de decirle que estaba embarazada y, cuando lo hacía, no sucedía nada de lo que había estado flotando en su cabeza. Quizás lo había pintado todo demasiado maravilloso y era algo malo. Sentía un vació en el estómago pero intentó fijar sus ojos verdes en los dispares contrarios. Respiró suavemente por la nariz escuchándolo, sin ser capaz de parar sus estúpidas lágrimas. Lo cierto es que, aunque eran más las ocasiones en las que estaba sonriendo, los momentos en los que se ponía a llorar sin razón alguna eran demasiado numerosos y dolorosos, cualquier pensamiento negativo la hacía llorar como una niña de doce años. —Lo sé, lo siento. Lo pensé, te juro que lo pensé un millón de veces antes de ser capaz de decírtelo porque… no quería recordártelo, no te quería hacer sentir mal, por eso dudaba de decírtelo y entiendo tu reacción pero no puedo evitar pensar que pueda tener la misma y siento que…— hablaba deprisa, con la voz entrecortada y la respiración acelerada mientras sus manos se apretaban contra las de él, en ésta ocasión en afán de no separarse de Dobromierz. —No quería hacerte sentir mal, lo siento…— volvió a susurrar sin pensar más en ella sino en la forma en la que se debía de estar sintiendo él. Era una idiota, no pensaba, ¡no pensaba! En su cabeza solo había visto lo positivo, no podía pensar ni en sueños que estar embarazada podía tener alguna connotación negativa, por lo que se pintó una realidad en las que sus palabras no hicieran recordar a Dobromierz; una realidad que no se acercaba, ni mucho menos, a lo que estaba pasando.

Si pretendía hacerla dejar de llorar con sus palabras, definitivamente, había errado en el intento. Se sintió desfallecer. Si hubiera estado de pie habría acabado cayéndose al suelo sin darle tiempo a reaccionar. —¿Eso crees…?— preguntó con un hilo de voz cuando el aire consiguió regresar a sus pulmones. Bajó la mirada hacia su vientre y luego regresó hasta él, sin poder dejar de llorar. Parpadeó varias veces seguidas, en un intento de aclarar su nublado mirar, pero viendo que no lo conseguía retiró sus manos de las de él e intentó retirar las lágrimas de su rostro con ambas manos. —Confío en él— comentó intentando sosegarse —, le quiero.— una pequeña sonrisa se dejó volver a ver en sus labios. Tomó una amplia bocanada de aire. —Pero tengo miedo de que no quiera o me reclame no habérselo dicho para intentar buscar una… solución— le dolía pensar en aquella palabra, mucho más pronunciarla. —, es auror, ya sabemos cómo son todos de imbéciles con… formar una familia— continuó explicándole las razones por las que no había sido capaz de decírselo desde que lo había sabido. —Estoy de dos meses y medio así que…— bajó la mirada, con las manos entrelazadas sobre su falda.
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Re: Baby on board | Dobromierz Komorowski [FB]

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Mar Nov 08, 2016 3:36 pm

La batalla interna terminó, el llanto se proclamó vencedor y brotó de sus ojos verdes con una abundancia que delataba cuán  difícilmente se detendría. El drástico cambio de actitud en Míra reflejó muchísimo mejor su pasado, entre lágrimas y no sonrisas. Ahora sí, más que antes, segunda vez en su vida que recibía la noticia de un embarazo y que contenía a la remitente en mitad de una crisis. Quizás estuviera maldito, su aura de desmoralización conseguía que las mujeres cuyo aprecio poseía se sintieran desdichadas junto a él, creyéndolo descuidado y pesimista en exceso. Le ocurría con Caroline, que intentaba animarle cuando le notaba alicaído, y ahora también con Míra, que esperaba de él una acogida diferente a la buena - o mala - primicia que decidió anunciarle.

Mientras conversaban, veía deslizarse lágrimas, dejando un recorrido de salada humedad sobre su rostro. Tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas para no pasar sus manos por los regueros de lágrimas que marcaban su piel, pues sus manos seguían ocupadas sujetando las contrarias, evitando así que tuvieran ocasión de volver a cubrirse el rostro para desplegar el llanto en todo su esplendor.—No te preocupes, Míra. Yo tampoco pretendía hacerte sentir mal, y por lo visto me he equivocado a lo grande—En contraposición con la histeria ajena, Dobromierz lucía aparentemente tranquilo, impertérrito. Habitualmente se consideraba un hombre de naturaleza mansa, pero aun en los inusuales momentos en los que perdía la calma, aprendía a fingir perfectamente que tenía la situación bajo control. Solamente en circunstancias puntuales, como cuando Caroline se ponía en peligro, Dobromierz se permitía sacar a relucir su histeria, incapaz de disimular.—Yo lo siento por no haber reaccionado como tú esperabas, como reaccionaría un buen amigo—Se disculpó con una sonrisa apenada, consciente de haber defraudado una vez más sus expectativas. En los últimos años, así eran las cosas. Por mucho que Dobromierz apreciara sinceramente la amistad que tenían, era Míra quien se encargaba de sacarla adelante, ella llevaba las riendas y siempre que podía le hacía un hueco, le preguntaba por su familia, conseguía sacarle más de una sonrisa. Por el contrario, aunque no intencionadamente, Dobromierz descuidaba todo lo que tenía a su alrededor.

Su intentó de consuelo fue detonante de más lagrimas, un fracaso de contención. El polaco atendió a las demostraciones de amor y confianza con las que su amiga se refería a su pareja, no exento de cierta envidia. Mientras tanto, la joven luchaba inútilmente por apartarse las lágrimas del rostro, aumentando su reluciente extensión. Dobromierz levantó las manos con la intención de ayudar, mas una de las palabras que pronunció le conmocionó de tal forma que se detuvo en mitad del proceso.

Una solución. Algo se retorció en su estómago, recordó cuanto habría querido obtener una solución en el pasado, cuanto habría insistido a su novia de haber sido posible. No podía creer que fuera real, que en algún momento de su vida hubiera experimentado dichos deseos y que, de haberse hecho estos realidad, Caroline no existiría. Sacudió la cabeza levemente, intentado espantar como moscas la llegada de los intangibles recuerdos. Prefería no pensar en ello, no tener que imaginar la cara de su pequeña si descubriera que, durante un tiempo, Dobromierz incluso habría rezado a dioses muggles por impedir su nacimiento. Eran pecados silenciosos, pensamientos que uno pensaba pero enseguida apartaba, sintiéndose automáticamente culpable por el simple hecho de haber concebido dicha idea. Palabras que jamás pronunciaría en voz alta, por miedo y, sobretodo vergüenza.

No digas tonterías—Espetó. Como si fuera una idea inconcebible, como si él mismo no hubiera pensado en ella.—No son tan imbéciles, no tanto como un niñato de dieciséis años que se paseaba con el uniforme de quidditch puesto incluso los días que no tenía entrenamiento sólo para presumir frente a dos chicas guapas—Recordó, refiriéndose a sí mismo como a otra persona, un joven fallecido cinco años atrás que ya nada tenía que ver con él.—Si alguien así pudo ser padre, un auror podrá serlo, te lo aseguro—Acarició su mejilla con el dorso del índice, apartando un par de lágrimas en el proceso.

Míra, si de verdad confías en él, debes decírselo pronto—Determinó, desviando la mirada hacia su vientre.—Después de todo, es el padre de tu hijo—Una pequeña sonrisa danzó sobre sus labios, acercó el rostro repentinamente hacia el ajeno.—Tengo una intuición, seguro que será un niño—Murmuró tras bajar el tono de voz, como si estuviera revelando  un asunto confidencial. Pretendía devolver a Míra una de las muchas sonrisas que ella siempre estaba dispuesta a regalarle, o como mínimo conseguir que dejara de llorar.
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