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Someday, you’ll blow us all away [Caroline] #FB

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Someday, you’ll blow us all away [Caroline] #FB

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Sáb Oct 15, 2016 3:06 am

Recuerdo del primer mensaje :

Polonia
10 años atrás


Una semana de vacaciones fue la excusa perfecta para que Dobromierz visitara a sus padres. Viajó a Polonia junto a su esposa y su hija, se alojaron en la vivienda familiar del matrimonio Komorowski. La casa era amplia, con habitaciones de sobra y un gran jardín donde su adorable nieta podría jugar. El tercer día de sus vacaciones destacaba sobre el resto, era especial puesto que Caroline cumplía seis años. Al polaco le costaba creer que ya hubieran pasado seis años desde que nació su hija, desde que dijo adiós a su juventud y tuvo que hacerse cargo de una familia con tan sólo dieciséis años. En fechas que le recordaban al pasado, nunca sabía si debía sentirse dichoso o desgraciado. Quería a su hija sobre todas las cosas, pero el haber ganado al ser más maravilloso de la tierra no dejaba de recordarle todo lo que había perdido. A su esposa le ocurría exactamente lo mismo, Caroline era un vivo recuerdo de su juventud arrebatada, el problema era que Miranda no se molestaba en disimularlo. Trataba con frialdad a la pequeña, incluso más que al propio Dobromierz, cuando Caroline era la única persona inocente, exenta de culpa en la historia de ambos.

Su esposa estaba sentada en el sofá, con el cabello naranja recogido hacia atrás y una expresión ausente típica de ella. La noche anterior había discutido con su suegra, la madre de Dobromierz, las dos mujeres no se toleraban entre ellas. El resultado era que Miranda no se sentía nada cómoda en casa de sus suegros, quería marcharse cuanto antes y lo demostraba siendo más desagradable que nunca.—Miranda, estaré fuera enseñando a Caroline a volar. ¿Te apetece unirte?— Invitó, dirigiéndose a su esposa. La fría respuesta fue inmediata, el polaco no quedó sorprendido.—Me apetece marcharme de este lugar horrible y volver a casa.—Protestó, como tantas veces antes, no le importaba que fuera la primera vez en cinco años que se dignaban a visitar a los abuelos paternos de Caroline. Ni el cumpleaños de la pequeña parecía motivo suficiente para que su madre le prestara atención, nada más allá de un simple felicidades. Dobromierz suspiró.—Tranquila, no tardaremos en irnos. Voy fuera.—Antes de abandonar el salón, el polaco intentó besar a su esposa, sin embargo ella, todo reflejos, apartó el rostro para esquivar el gesto. Quedaba perdida la cuenta de los gestos cariñosos rechazados por su mujer durante los pasados seis años, las muestras de afecto disminuían y Dobromierz perdía las ganas de seguir intentándolo.

Afuera esperaba Caroline, su querida hija, el único motivo de sus escasos instantes de felicidad. Esperaba que la lección de vuelo transcurriera bien y sin accidentes. El padre orgulloso regaló a la niña su primera escoba de juguete con tan sólo cuatro años, puede que aquellos trastos difícilmente se elevaran del suelo y que no pudieran hacer gran cosa, pero lo mucho que disfrutó la pequeña con su escoba de juguete, dejó entrever que lo pasaría en grande el día que montase una escoba de verdad. Dos años después, Dobromierz ya la creía preparada para aprender a volar, claro que los primeros meses debería ser bajo su supervisión, pues Caroline todavía era joven y a su padre le preocupaba que pudiera perderse, o peor, caerse. Como forofo del Quidditch, el polaco veía una ocasión estupenda el ir preparando a su hija para que en un futuro pudiera convertirse en jugadora del equipo de su casa, lo que sería motivo de orgullo y celebración para Dobromierz.

Venga enana, ¿estás preparada para aprender a volar? —Cuestionó en un tono cariñoso, poniendo las manos sobre sus rodillas e inclinándose hacia abajo para así poder mirar a su diminuta hija. Sentimientos contradictorios le embargaban ante la contemplación de su rostro ovalado, los grandes ojos claros y sobretodo los bucles naranjas, herencia directa de su madre. A Dobromierz le costaba creer que hubiera sido partícipe en la creación de un ser tan puro y bello.—Espera, iré a por las escobas y comenzaremos— Revolvió su melena pelirroja y se dirigió a un polvoriento trastero que sus padres tenían en el jardín trasero, en el que guardaban escobas junto a otros utensilios que los vecinos muggles no deberían ver. El polaco sacó una vieja escoba, diez años atrás la más moderna, rápida y codiciada del mercado, actualmente una simple antigualla pasada de moda.—Esta es la escoba de papá— Puntualizó al distinguir el brillo de ilusión en los ojitos de la pequeña. Dejó la escoba contra la pared del trastero y se adentró en su interior, treinta segundos después salió con una escoba cinco veces más pequeña que la anterior, de un tamaño perfecto para el cuerpo menudo de Caroline.—Esta es la tuya, cuando crezcas ya tendrás una normal— Se jactó, pasando el vehículo a su hija y tomando de nuevo el suyo.—¿Estás lista? Cuando lo estés empezaremos tu primera lección de vuelo.
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Re: Someday, you’ll blow us all away [Caroline] #FB

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Dom Nov 06, 2016 4:40 am

El orgulloso papá, con los brazos extendidos hacia el cielo, esperó vanamente el aterrizaje de su pequeña. Basándose en lo visto anteriormente, creyó que no tendría dificultades excesivas para detener el vuelo, craso error. Todo empezó con el tiempo de reacción, más retardado que en pasadas ocasiones, con su hija levitando en el aire sin conseguir mover su escoba prestada hacia ninguna dirección. Mas entonces Dobromierz lo tomó por una ventaja más que un contratiempo, determinó que su pequeña estaba meditando antes de tomar una decisión, gesto maduro y sensato para una persona de su edad. Le tomó unos segundos comprender que Caroline no meditaba, sino que atravesaba complicaciones que le impedían realizar el ejercicio.—¡CAROLINE, DEBES DESCENDER CON CUIDADO!— Recordó su padre con un grito, pero sus indicaciones se perdieron en el aire cuando, para mayor desgracia de su padre, su escoba ascendió velozmente hacia arriba. «Otra vez no» Casi vomita el corazón por la boca, se llevó las manos al pecho y observó a su hija, ahora a una altura tan distante que no podía distinguir sus facciones, no podía visualizar su rostro, seguramente pálido por el susto.

Dos palabras entonadas por una voz suave y dulce consiguieron que recobrara el aliento. Dos palabras, un canto celestial para sus oídos. ''Estoy bien'' Su pequeña se encontraba bien, descartando el susto no había sufrido ningún daño con el repentino ascenso. Su mano rodeó el mango de la escoba con firmeza, obcecado en volar una vez más hasta su hija para forzar un aterrizaje seguro sobre la nieve, evitando así nuevos peligros. El despegue estuvo a punto de realizarse cuando volvió a escuchar la voz de su pequeña, prometiendo que bajaría lentamente. Vaciló. Dobromierz más que nada en el mundo quería volar hasta su hija, pues sabría que solucionaría el problema en cuestión de segundos, pero ella quería hacer las cosas sola. De subir a buscarla una vez más, quizás Caroline desarrollara miedo a volar, razón por la que decidió darle otra oportunidad. Contempló impotente, apretando el mango hasta casi hacerlo crujir, como su hija retomaba la calma e intentaba reanudar el ejercicio.

Realizó un buen descenso, no obstante su escoba se detuvo cuando todavía quedaban unos metros de distancia. Su padre asintió cuando escuchó las protestas de Caroline, maldiciendo internamente el haber permitido que volara en una escoba tan vieja, que evidentemente no funcionaba como antaño.—No te preocupes, yo te bajo—Tranquilizó. Debía encontrarse a dos metros de altura, Dobromierz habría podido ayudar a Caroline simplemente estirando el brazo hacia arriba, sin necesidad siquiera de dar uso a la escoba. Pero el tiempo jugó en su contra, y observó como su hija caía sobre la nieve sin reaccionar a tiempo. La aceleración cardíaca que sintió, seguida de un nudo en la garganta, cuando presenció lo que más temía y fue incapaz de hacer algo por evitarlo.

¡Caroline! — Erradicó toda distancia entre su hija y él, inclinándose hacia abajo para comprobar que se encontraba bien.—Lo has hecho muy bien—Concedió, tomando en brazos a su hija hasta colocarla a horcajadas sobre su cuerpo, como tantas veces hacía cuando se cansaba de caminar. Caroline era ligera, liviana como una pluma, pero no impidió que Dobromierz perdiera el equilibro en un principio, desubicado por la taquicardia que se negaba a abandonar su cuerpo.—He sido yo, no he sabido explicártelo bien. Soy un mal profesor.—«Y el peor padre» Pensó, sabiéndose culpable de haber arriesgado la salud de su hija por modificar a su antojo la edad mínima para dar una primera lección de vuelo. Frotó la dolorida espalda de su pequeña y caminó con ella en brazos, alejándose del escenario del accidente.—No más escobas—Exclamó duramente, resentido consigo mismo. Cinco segundos tardó en reaccionar, en entender que estaba arrebatando la ilusión de su hija por algo que tanto le gustó como volar. Contempló sus ojos turquesas, grandes, redondos y tristes por las palabras que acababa de pronunciar. Su afán de protegerla cedió ante sus deseos de hacerla feliz, sobretodo en una fecha tan señalada.—Por hoy—Añadió a regañadientes, dejando zanjado el tema.

Vamos dentro a revisarte—Dijo, sabiendo las represalias que se avecinaban por parte de Miranda y de sus padres, y se las merecía todas.—Todavía debes soplar las velas en la tarta de chocolate que te ha hecho la abuela—Recordó, esperando que cambiar de tema consiguiera hacer olvidar a Caroline el susto que acababa de vivir.

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Re: Someday, you’ll blow us all away [Caroline] #FB

Mensaje por Caroline Komorowski el Mar Nov 08, 2016 2:19 pm

Sonrió automáticamente cuando su padre le mintió con gentileza, diciendo que lo había hecho bien, cuando incluso ella sabía reconocer que había sido un desastre, uno divertido, pero desastre, al fin y al cabo, pero era su primera vez sobre una escoba tampoco podía esperar milagros de sí misma, y a pesar de la última caída se sentía más que conforme con sus avances, pero quería seguir aprendido. Se dejó alzar por su padre, aferrándose a sus fuertes brazos mientras sus ojos descendían hacia la figura inerte de su pequeña escoba que reposaba sobre la nieve luego del forzoso aterrizaje, sin poder retirar su atención de está intentando comprender que era lo que había hecho mal, que la escoba fuera vieja no había sido impedimento para que su padre volara bien, así que era su culpa por no ser capaz de dominar la escoba. Si recapitulaba toda la lección, en ningún momento había logrado manipularla como deseaba, pero nuevamente, era su primera lección, pero no por ello se sentía menos frustrada, era una derrota, su primera derrota con una escoba y estaba segura de que no sería la última tampoco, y aún así lo único que deseaba era bajar y volver a intentarlo, aunque fuera a conseguir otra caída.

Se volteó con rapidez hacia su padre, sin poder ocultar el asombro inminente en sus facciones cuando escucho la mentira más grande de toda la historia; “Soy un mal profesor”. Entreabrió sus labios indignada, mientras le observaba con detenimiento con una clara expresión de “Estas loco”, ¿Cómo el mejor hombre del mundo iba a ser un mal profesor? Él había explicado todo perfectamente, pero ella no había podido ejecutarlo, simplemente porque no conseguía dominar el maldito estropajo de madera- ¡Eres el mejor maestro de la historia! -Dijo alzando sus manos y dándole tenues y pequeños golpes indoloros en el pecho, mientras se movía fervientemente entre sus brazos.

Iba a continuar con sus reproches respecto a las falacias que hablaba su padre, pero su siguiente sentencia dejo a la pequeña sin habla. Abrió sus ojos con terror y tristeza mientras le observaba sin poder concebir en su mente la horrible idea de no volver a volar en su vida, ¿eso iba a ser todo? ¿Cómo se supone que se iba a convertir en la mejor jugadora de Quidditch sino aprendía a volar?

Libero un suspiro de alivio mientras su cuerpo se relajaba, recostándose sobre el torso de su padre cuando le escucho aclarar que era una prohibición por el día, cerro sus ojos permitiéndose volver a respirar mientras extendía una de sus manos enguantadas y jugaba con un mechón ondulado del cabello de su padre, como si aquello la tranquilizara. Pero entonces recayó en lo que realmente significaba aquello cuando escucho que la revisarían, mientras denotaba como su padre caminaba dirigiendo sus pasos hacia la casa de sus abuelos. No, se negaba rotundamente a volver aun, no llevaban mucho tiempo afuera y no quería ver a Miranda todavía. Si, deseaba su tarta y regalos, como todo niño pequeño, pero aún era temprano, no tenía hambre, quería seguir volando y aún más, quería mantener esa agradable distancia con su adorada madre.

- ¡NO! -Dijo antes de reincorporarse y comenzar a removerse como loca en los brazos de su padre para zafarse de estos- ¡No quiero, no aun! -Reprocho con voz suplicante mientras apoyaba sus dos manos sobre el pecho de su padre y empujaba con todas sus mínimas fuerzas para alejarse de él y de la puerta de la casa- Estoy bien, ya no me duele, la nieve es blandita y… -Dejo de resistirse porque reconoció que no estaba logrando nada de aquella manera, por lo que descendió su mirada mientras sus manos jugaban con los botones de la chaqueta de su padre nerviosamente- No fue tu culpa, me explicaste bien, pero… No logre esa “conexión” de la que me hablabas con la escoba… y ¡eso es mi culpa, no tuya! -Se esmeró por hacerlo entender alzando su mirada con un tenue puchero sobre sus labios- Me falta práctica y… -De un momento a otro, aprovechándose de la distracción de su padre debido a sus palabras, volvió a empujar esta vez tanto con sus manos como pies y cayo a la nieve sentada. Sacudió su cabeza logrando cubrir un poco sus ojos con el gorro antes de levantarse y salir corriendo en dirección a las escobas- ¡Una última vez!

A medida que daba pasos torpes y rápidos arreglaba su gorro para ver por dónde iba, corriendo con todas sus fuerzas y velocidad, las cuales realmente no eran demasiado. A poca distancia de las escobas, piso el borde de su bufanda y cayo de bruces contra la nieve nuevamente, rio antes de levantarse de un salto con la clásica energía infantil, se sacudió un poco y tomo la escoba de su padre en vez de la propia. Con algo de dificultad la arrastro unos cuantos centímetros, volviendo sobre sus pasos- Una vez más… -Dijo dejando caer la escoba y mirando a su padre mientras intentaba acomodar las grandes prendas de ropa que llevaba encima- Enséñame a aterrizar desde tu escoba… los dos juntos… -Suplico con ojos brillantes, mirando con rapidez la escoba en el suelo antes de volver a alzar su mirada hacia su padre- Solo una vez… -Susurro removiendo sus manos con timidez. Estaba segura de que si vivía o sentía como debía ser el aterrizaje podría hacerlo en un futuro, pero se negaba que su último momento en una escoba aquel día fuera en una tonta caída sin conseguir el objetivo, no quería, eso sería rendirse ante lo mínimo. Sin estar convencida de haber convencido a su padre, uso una nueva estrategia, está vez con más convencimiento- Tú me dijiste que aprendemos de las caídas… enséñame a aprender de una… -Esta vez le exigió sutilmente endureciendo su mirada mientras daba un tenue pisotón con indignación en la nieve, presionando sutilmente sus puños. No quería volver aun, quería seguir volando.
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Re: Someday, you’ll blow us all away [Caroline] #FB

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Jue Nov 10, 2016 3:38 pm

Vigiló cada paso con recelo, cuidando que sus botas pisaran firmemente la nieve resbaladiza para así evitar la posibilidad de un resbalón. No solía mostrarse tan cauteloso habitualmente, pues su torpeza era escasa y no requería tal atención, pero cuando cargaba a Caroline entre sus brazos se sentía repentinamente incapaz de dar dos pasos sin correr el riesgo de caerse. Estando en posesión de un obsequio frágil y valioso, sabía que cometer un descuido pondría en peligro su bien más preciado, un riesgo que no estaba dispuesto a correr. Las secuelas de una taquicardia se negaban a abandonar su corazón, el haber puesto en grave peligro a su pequeña durante tres veces en el mismo día era suficiente como para que sus defensas y atenciones de padre protector se duplicasen, rozando la exageración.

Notó como las manitas enguantadas manipulaban un mechón de su cabello, gesto involuntario típico cuando su hija se alteraba. Siendo aun más pequeña, cuando cometía el atrevimiento de meterse entre sus padres durante las noches tras haber sufrido  una pesadilla, Caroline jugaba con los rizos de Dobromierz hasta quedarse dormida. A decir verdad, al polaco también le tranquilizaba el gesto, se brindaban una calma mutua.

La casa de los abuelos Komorowski aumentó su tamaño a medida que se acercaban. Desde el primer momento de las vacaciones, Dobromierz disfrutaba enormemente la visión de la acogedora vivienda familiar. Demasiados años transcurrieron desde la última vez que contempló el hogar donde podría presumir de haber tenido una feliz infancia, repetir la experiencia conseguía que se sintiera joven. Se veía a sí mismo como un niño de las mismas dimensiones que Caroline, una maraña de pelo rizado y una energía arrolladora, suplicando a su padre que soportara la nevada para construir un muñeco de nieve junto a él. Tristemente, salió el sol y derritió el cuerpo del muñeco. Los años pasaron, y su existencia se convirtió en un recuerdo en la mente de Dobromierz.

No debían quedar más de diez pasos para alcanzar la puerta del porche, quedó en proceso de dar el primero cuando Caroline comenzó a revolverse como histérica entre sus brazos. Dobromierz estuvo a punto de soltar a su hija, víctima de la sorpresa, mas cuando comprendió el motivo de su rabieta, sujetó con firmeza a la pequeña intentando mantener el equilibrio para bien de ambos.—Tranquila—Musitó sorprendido, recibiendo con entereza cada impacto contra su pecho, intentos vanos de zafarse por parte de su pequeña luchadora, una batalla perdida de antemano. Una nube de vapor escapó de sus labios cuando suspiró aliviado, pues parecía que su hija desistiera y se centrara ahora en mostrarse persuasiva, justificando la reciente caída como un error que no volvería a cometerse.—Ya he dicho que basta de escobas por ho..—Pronunció su padre, con la guardia baja por haberse creído que el berrinche infantil terminó, cuando al parecer acababa de comenzar. Retrocedió un paso cuando la niña se escapó de entre sus brazos y correteó en dirección a las escobas.

El polaco no cabía en su sorpresa, se sentía atónito, sabía que Caroline tenía sus momentos de rebeldía e insubordinación, pero jamás hasta el límite de empujarle y desobeceder descaradamente una decisión directa. En cuestión de segundos y un par de pasos, Dobromierz completó lo que para Caroline había resultado un recorrido infinitamente más largo. Contempló, todavía anonadado, como la pequeña intentaba rescatar su escoba de entre la espesa nieve. Tenía pensado reprender el comportamiento de su hija, obligarla a entrar en casa y a olvidar el asunto del vuelo hasta dentro de unas semanas. No obstante, su propuesta seguida del brillo infantil en sus ojos turquesas, echaron por tierra todos los planes que Dobromierz hubo tramado. Nada le apetecía más que cumplir un deseo tan humilde y sencillo el día de su cumpleaños, no debía culpar a la pequeña por una rebeldía que seguramente había heredado de sus padres.—Debí enseñarte a no usar mis propias lecciones en mi contra—Se rindió con el fantasma de una sonrisa ante la muestra de perspicacia de su pequeña.

Sólo una vez, enana, una vez y entramos en casa para que puedas soplar las velas—Aseveró, señalando su naricilla con el índice. Tomó la escoba y sacudió del mango los restos de nieve que la convertían en un asiento nada cómodo. Cuando únicamente una fina capa de aguanieve cubrió la escoba, Dobromierz la aproximó hacia su hija.—Sube—Instó. Una vez la pequeña montó la escoba, Dobromierz se sentó detrás de ella y se preparó para despegar. Agarró firmemente el mango de la escoba con la diestra, mientras que el brazo izquierdo rodeó con decisión la cintura de su hija, manteniéndola segura sujeta a él. Un fuerte pisotón dejó su huella en la nieve, y ambos ascendieron velozmente hacia el cielo polaco. El viento se volvía más denso y helado cuando se volaba, pero también más fresco, cada respiración convertida en una bocanada de libertad. Y el polaco amaba esa sensación, entendía perfectamente que su hija quisiera perderse en el cielo y recorrer el mundo volando en escoba, pues a él también le gustaría hacerlo. ¿Podía culpar a la niña por compartir sus mismos gustos y pasiones? Después de todo ella era un reflejo de sus progenitores, tan parecida a su madre en algunos casos, y a su padre en otros.

Es muy bonito, ¿verdad?—Preguntó, observando las generosas vistas del paisaje que su altitud proporcionaba. Dobromierz se permitió volar a una distancia que jamás habría permitido alcanzar a Caroline, pero sabía que estando en su misma escoba, la pequeña no corría peligro alguno. Disfrutó hasta diez minutos de contemplar el cielo gris, las montañas nevadas y la silueta de una ermita construida por muggles de la zona. Escuchó los comentarios de su hija mientras tanto, bajó la mirada y decidió que aquel momento no podía durar eternamente, aunque así lo deseara.—Bien, ¿estás lista para el aterrizaje? —Preguntó.
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Re: Someday, you’ll blow us all away [Caroline] #FB

Mensaje por Caroline Komorowski el Mar Nov 15, 2016 4:33 pm

Sus ojos se abrieron con ilusión al tiempo que observaba a su padre con una sonrisa gigante sobre sus pequeños labios, moviendo sus manos con emoción al escuchar los vocablos de falso reproche, que no significaban más que la derrota de su padre ante aquella discusión. Sonrió con orgullo ante sí misma, al haberle ganado a su padre en una batalla de intelecto, que normalmente pretendía ganar únicamente basándose en comportamientos adorables y comentarios tiernos que finalmente hacían que su padre olvidara el tema, pero no, ahora había sido diferente, le había ganado con fundamentos fuertes, utilizando sus propios consejos en su contra, y sabía que aunque su padre no lo demostrara, aquello le hacía sentir en parte orgullosa, tal vez un poco más de lo que ella se sentía de sí misma en aquel momento.

Extendió sus brazos antes de dar pequeños saltos de alegría y vitoreos cuando su padre confirmo aceptar su idea, verbalmente. Asintiendo fervientemente, liberando una pequeña risa al sentir el casi inexistente tacto sobre su ahora fría y roja nariz redondeada. Se mantuvo en silencio observando cada movimiento que realizaba su progenitor, como si memorizara cada acción, repasándola mentalmente, mientras sus ojos se perdían en las grandes manos de su padre al sacudir la escoba para así votar la gran cantidad de nieve que se había predispuesto sobre esta. Retrocedió por inercia un paso cuando su padre le alentó a subir aproximando la escoba hacia ella, alzo su mirada con leve duda hacia su padre y luego volvió a depositar su atención sobre la escoba, mucho más grande que la pequeña que había utilizado con anterioridad. Entrecerró sus ojos, decidiendo que no podía tener miedo, después de todo montaría la escoba con su padre, y sin importar lo grande que esta fuera sabía que nada le sucedería si estaba con él- Esta bien… -Susurro asintiendo como auto convenciéndose de sus propias palabras antes de dar nuevamente el paso que la había alejado del mango de madera, extendiendo una de sus manos hacia este, denotando que ni siquiera era capaz de rodearlo por completo con su puño cerrado.

Se dio un leve impulso con un salto para subirse, pero quedo la mitad de su cuerpo pequeño colgando, mientras su estómago estaba apoyado sobre la madera, frunció el ceño e hizo otro esfuerzo, haciendo una exagerada exclamación que denotaba su gran gasto energía hasta que pudo sentarse sobre la escoba, a lo que libero un suspiro de falso cansancio, girándose a sonreírle a su padre cuando sintió que este tomaba su posición tras de ella. Con ansias comenzó a mover sutilmente sus pies esperando a que su padre se acomodara, sonriendo con felicidad al denotar el fuerte brazo rodeando su cintura, respondiendo a esto al posicionar sus manos sobre el brazo de su padre, aferrándose a él y cesando el movimiento nervioso de sus pies al saber que pronto iniciarían el vuelo, sin desear perturbarle.

Contuvo la respiración al momento en que se elevaron, sintiendo como el rápido ascenso le prohibía respirar ante el fuerte y constante golpe del frio viento sobre su rostro, que le provoco un estremecimiento agradable, obligándose a afirmarse con más fuerza de su padre sin poder apartar sus ojos del cielo que cada vez se hacía más grande ante ellos. Luego de lo que apenas le parecieron segundos, su padre detuvo el vuelo permitiéndoles disfrutar del paisaje hermoso de Polonia durante aquellas épocas del año, los ojos de la pequeña se abrieron maravillada, mientras ahogaba una expresión de emoción al poder vislumbrar una vez más semejante obra de arte predispuesta ante ella aquel día. Asintió en completo silencio ante la pregunta de su padre, puesto estaba atónita ante el paisaje, desde aquella altura los problemas con su madre parecían mínimos, era como que no podrían alcanzarla allí arriba, sabía que nada malo sucedería, que en aquella distancia ni siquiera los gritos de su progenitora podrían alcanzarla. Ignoro por tanto el constante miedo que la atormentaba cuando sentía los pasos de su madre aproximándose, o como fingía no escuchar las constantes discusiones de su padre, pretendiendo jugar con sus muñecas falsas, es decir sus preciados candelabros u objetos no aptos para niños.

- Papi… ¿no podemos quedarnos aquí para siempre? -Cuestiono en un tono bajo de voz, puesto no pretendía emitir sus pensamientos en voz alta, pero no pudo evitarlo, se sentía a salvo, más aún al saber que su padre la rodeaba con sus brazos, era como si ningún mal pudiera llegar a ella. Cualquier posible temor leve que sintió antes al estar en altura había desaparecido al saber que él estaba a su lado, protegiéndola, y por lo mismo no tenía ningún deseo de descender de aquella interminable paz que se le entregaba- Es el mejor regalo de cumpleaños… -Expreso con rapidez, en un tono de ensoñación y felicidad abrumante mientras se volteaba a observar a su padre un segundo con una gran sonrisa, antes de girarse una vez más hacia las vastas tierras de Polonia.

Su pequeña burbuja de perfección se reventó cuando la pregunta de su padre llego, pero esta vez no reclamo ni libero ningún reproche al respecto, solo asintió con convencimiento, mientras esbozaba una pequeña sonrisa y presionaba un poco más su pequeña mano sobre el brazo de su padre- Si papi, estoy lista… -Dijo asintiendo una vez más, sin apartar su mirada de la hermosa vista que tenían, paseando sus ojos turqueses por cada pequeño árbol nevado, por el rio congelado y por las aves que volaban en dirección contraria, memorizando por completo aquel escenario, sin desear perderlo alguna vez de sus recuerdos- Vamos a casa… -Susurro permitiéndose recostar sutilmente su espalda contra el pecho de su padre, cerrando sus ojos unos segundos haciéndose a la idea de lo que acontecería, no todo sería malo, estaría con sus abuelos, comerían pastel, tal vez alguna galleta y luego irían a dormir, no era un mal plan para finalizar aquel día perfecto, solo esperaba que su madre no tuviera una idea diferente.

Alejó aquellas ideas de su cabeza al tiempo que abría sus ojos con decisión a no perder ningún segundo de lo que iba a suceder ahora, tenía que aprender a aterrizar, y de momento aquella sería su única preocupación. Quería que su padre la observara con orgullo, lograr que se sintiera satisfecho ante sus logros, que viera que había aprendido gracias a él y solo por él, que por él se había enamorado de los cielos, de volar. Y el hecho de compartir aquella pasión con su padre le hacía amar aún más la idea.
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Re: Someday, you’ll blow us all away [Caroline] #FB

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Jue Nov 17, 2016 1:49 pm

Nada, ni siquiera el gélido temporal polaco, sería capaz de arruinar el momento entre padre e hija. Suspendidos en el aire mágicamente, presenciando el escenario de belleza natural abierto ante ellos. La nevada no mostró misericordia ni por las montañas, cuyas cimas aparecían espolvoreadas, de un blanco que no conseguía más que aumentar su esplendor. En una clasificación basada en los instantes más preciados de su vida, sin lugar a dudas, el sexto cumpleaños de su pequeña se posicionaría en segundo lugar, siendo el primero su nacimiento. Dobromierz Komorowski, entre la tierra y el cielo, rodeando a su pequeña con el brazo y en presencia del paisaje de su país natal, creía haber alcanzado el nirvana.

Como no podría ser de otra manera Caroline, sangre de su sangre, pronunció en voz alta el deseo de ambos familiares. Benditos infantes que disfrutaban del privilegio de anunciar en voz alta sus deseos sinceros, no debían tener en consideración la repercusión posterior o limitarse a lo socialmente aceptado. El polaco ahogó una sonrisa que murió incluso antes de manifestarse.—No, cariño, no podemos quedarnos aquí para siempre—Respondió afablemente, obligándose a hablar como un adulto. «Ojalá pudiéramos.» Recostó el mentón entre los cabellos pelirrojos de su pequeña e inhaló el aroma de su champú preferido, el que se empeñaba en escoger siempre que iban a comprar.—Me alegra que te guste, pensé que te haría más ilusión tener un dragón—Bromeó, viéndose obligado a aclarar enseguida que se trataba de una simple broma, pues corría el riesgo de que su hija se ilusionase y por tanto empeñase en tener uno.

Esperó sin prisa alguna a obtener el consentimiento de su hija, que otorgó sorprendentemente sin reproche. El polaco suspiró decepcionado, despidiéndose silenciosamente del paisaje, del vuelo y del momento. Dejó unos segundos de luto antes de prepararse para realizar el aterrizaje.—Atenta—Advirtió, aunque no habría sido necesario, pues los ojos turquesa de su pequeña expresaban una concentración inusual en una niña de su edad, detalle que demostraba la determinación de su carácter.

Rodeó con firmeza el mango de la escoba y fijó un punto de mira, junto al viejo cobertizo. Descendió en picado, a una velocidad moderada, teniendo en cuenta que su hija compartía el viaje y que debía estar atenta a cada paso del procedimiento. El viento a contracorriente agitó la melena pelirroja de Caroline, tapando esta el campo de visión de su padre. El polaco alzó el mentón  para ver por encima de la tormenta anaranjada, aminoró la velocidad a medida que el manto de nieve se amplió ante sus ojos y finalmente la escoba se detuvo a escasos centímetros del suelo.—¿Has prestado atención? La próxima vez practicaremos el aterrizaje—Se bajó de la escoba y ayudó a bajar a Caroline.—Guardemos las escobas y probemos un poco de tarta—Propuso, recogiendo la escoba miniatura de entre la nieve y guardándola junto con la suya propia en el cobertizo.

¿Haría el favor de acompañarme hasta la puerta, señorita?—Preguntó con un falso tono de galantería.  Estrechó su pequeña mano enguantada, caminando cogidos de la mano hasta llegar a la puerta trasera. Debido a la pequeña estatura de Caroline, Dobromierz se veía obligado a encogerse para ello.
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Re: Someday, you’ll blow us all away [Caroline] #FB

Mensaje por Caroline Komorowski el Vie Nov 18, 2016 2:34 am

No sintió ningún ápice de decepción cuando su padre declino amablemente su deseo de permanecer para siempre en el aire, alejados de todos y cada uno de sus problemas, ¿Cómo podría reprocharle por aquello? Después de todo él solo cumplía con su papel de ser un padre responsable y maravilloso, sabía que aquella idea de no bajar jamás era infantil e irreal, pero aun así se le antojaba perfecta a pesar de lo falso que podía ser. Se acomodó entre los brazos de su padre, sin apartar su mirada del escenario magnifico que se extendía frente a ellos, sintiéndose maravillada y sobrecogida ante su esplendor blanquecino. Libero una pequeña carcajada cuando la aclaración de su padre llego a penas y el comentario sobre un dragón fue liberado, él bien sabía que Caroline siempre había tenido una obsesión gigante con aquellas legendarias criaturas aladas, simplemente las adoraba y temía por igual- Para nada papi, prefiero estar contigo a tener un dragón, y ¡eso debería dejar en claro cuánto te quiero! -Exclamo elevando sus brazos en un movimiento que pretendía dar hincapié a sus palabras mientras reía divertida y feliz, después de todo, no habría nada ni nadie a quien pudiera amar más que al hombre que la sostenía en aquel momento.

Tomo una gran bocanada de aire, cerrando sus ojos por unos segundos previos al descenso, asegurándose de haber grabado perfectamente en su memoria aquel paisaje, y aquel momento, que de seguro seria uno de sus recuerdos favoritos con su padre, incluso el mejor. Asintió calmadamente antes de abrir sus ojos turqueses y centrarlos en los movimientos que hacia su padre. El dominio que demostraba sobre una escoba la maravillaba, y solo conseguía que su admiración aumentara a pasos agigantados. Observo en silencio como descendían a velocidad moderada, reparando en la tenue inclinación que su progenitor dirigía la escoba, siendo direccionando con la punta de la escoba el lugar hacia el que quería llegar. Por unos segundos sintió que le faltaba el aliento, y como el frio se apoderaba de ella ante la intensa ráfaga de viento que chocaba contra ellos, alzando su cabellera a penas y con el tenue control que podía proferirle el gorro de lana que llevaba sobre estos. Sonrió fascinada sin poder apartar su mirada del manto blanquecino que comenzaba a crecer ante sus ojos a medida que la distancia se veía consumida con el descenso de ambos sobre el transporte de madera.

- ¡Eso ha sido increíble! -Musito emocionada en cuanto sintió como los pies de su padre tocaban el suelo de manera sutil, suave y casi sin ningún sonido más que un tenue y esponjoso “puff” sobre la nieve. Asintió continuamente ante la pregunta de su padre, dando tenues aplausos al escuchar la posibilidad de continuar con las prácticas en un futuro cercano- Y no me caeré! -Exclamo con emoción y decisión mientras alzaba sus brazos, aceptando la ayuda de su padre para descender de la escoba de gran tamaño- O eso espero… -Susurro por lo bajo, sutilmente pensativa al tiempo que pisaba el manto de nieve bajo sus pies, llevando una de sus manos hacia su mentón para luego encogerse de hombros como si la posibilidad de caerse de la escoba al intentar aterrizar realmente no le aterrara, mientras más cayera más sabría cómo no debía hacerlo, más ganas tendría de no caer y más pronto lo lograría, aunque obviamente preferiría aprender con rapidez y evitarse unas cuantas desplomes, pero sino, no importaba, después de todo su padre siempre decía que se podía aprender de cada experiencia, más aun si era una caída puesto era más difícil levantarse. Pues, aunque tuviera que hacerlo rodando, se levantaría y aprendería a volar para ser la mejor y ver una sonrisa de orgullo en el hermoso rostro de su padre, tal vez existía la posibilidad de que incluso su madre dejara de enojarse tanto con ella si lograba hacer algo bien.

- ¡Pastel! -Dio unos pequeños brincos de emoción, mientras aguardaba a que su padre volviera a dejar las escobas en el cobertizo. Rio con diversión y de manera adorable cuando escucho los siguientes vocablos del hombre y asintió con felicidad, tomando su mano mientras caminaba a su lado, sin ser capaz de borrar su sonrisa mientras le observaba- ¡Mi papi es el mejor del mundo! -Volvió a aseverar mientras caminaba torpemente sobre la nieve, tropezándose más de una vez, siendo únicamente el constante soporte y agarre de su padre el que la salvaba de quedar enterrada en el nevado suelo, en el camino hacia la casa de sus abuelos.
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