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Someday, you’ll blow us all away [Caroline] #FB

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Someday, you’ll blow us all away [Caroline] #FB

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Sáb Oct 15, 2016 3:06 am

Polonia
10 años atrás


Una semana de vacaciones fue la excusa perfecta para que Dobromierz visitara a sus padres. Viajó a Polonia junto a su esposa y su hija, se alojaron en la vivienda familiar del matrimonio Komorowski. La casa era amplia, con habitaciones de sobra y un gran jardín donde su adorable nieta podría jugar. El tercer día de sus vacaciones destacaba sobre el resto, era especial puesto que Caroline cumplía seis años. Al polaco le costaba creer que ya hubieran pasado seis años desde que nació su hija, desde que dijo adiós a su juventud y tuvo que hacerse cargo de una familia con tan sólo dieciséis años. En fechas que le recordaban al pasado, nunca sabía si debía sentirse dichoso o desgraciado. Quería a su hija sobre todas las cosas, pero el haber ganado al ser más maravilloso de la tierra no dejaba de recordarle todo lo que había perdido. A su esposa le ocurría exactamente lo mismo, Caroline era un vivo recuerdo de su juventud arrebatada, el problema era que Miranda no se molestaba en disimularlo. Trataba con frialdad a la pequeña, incluso más que al propio Dobromierz, cuando Caroline era la única persona inocente, exenta de culpa en la historia de ambos.

Su esposa estaba sentada en el sofá, con el cabello naranja recogido hacia atrás y una expresión ausente típica de ella. La noche anterior había discutido con su suegra, la madre de Dobromierz, las dos mujeres no se toleraban entre ellas. El resultado era que Miranda no se sentía nada cómoda en casa de sus suegros, quería marcharse cuanto antes y lo demostraba siendo más desagradable que nunca.—Miranda, estaré fuera enseñando a Caroline a volar. ¿Te apetece unirte?— Invitó, dirigiéndose a su esposa. La fría respuesta fue inmediata, el polaco no quedó sorprendido.—Me apetece marcharme de este lugar horrible y volver a casa.—Protestó, como tantas veces antes, no le importaba que fuera la primera vez en cinco años que se dignaban a visitar a los abuelos paternos de Caroline. Ni el cumpleaños de la pequeña parecía motivo suficiente para que su madre le prestara atención, nada más allá de un simple felicidades. Dobromierz suspiró.—Tranquila, no tardaremos en irnos. Voy fuera.—Antes de abandonar el salón, el polaco intentó besar a su esposa, sin embargo ella, todo reflejos, apartó el rostro para esquivar el gesto. Quedaba perdida la cuenta de los gestos cariñosos rechazados por su mujer durante los pasados seis años, las muestras de afecto disminuían y Dobromierz perdía las ganas de seguir intentándolo.

Afuera esperaba Caroline, su querida hija, el único motivo de sus escasos instantes de felicidad. Esperaba que la lección de vuelo transcurriera bien y sin accidentes. El padre orgulloso regaló a la niña su primera escoba de juguete con tan sólo cuatro años, puede que aquellos trastos difícilmente se elevaran del suelo y que no pudieran hacer gran cosa, pero lo mucho que disfrutó la pequeña con su escoba de juguete, dejó entrever que lo pasaría en grande el día que montase una escoba de verdad. Dos años después, Dobromierz ya la creía preparada para aprender a volar, claro que los primeros meses debería ser bajo su supervisión, pues Caroline todavía era joven y a su padre le preocupaba que pudiera perderse, o peor, caerse. Como forofo del Quidditch, el polaco veía una ocasión estupenda el ir preparando a su hija para que en un futuro pudiera convertirse en jugadora del equipo de su casa, lo que sería motivo de orgullo y celebración para Dobromierz.

Venga enana, ¿estás preparada para aprender a volar? —Cuestionó en un tono cariñoso, poniendo las manos sobre sus rodillas e inclinándose hacia abajo para así poder mirar a su diminuta hija. Sentimientos contradictorios le embargaban ante la contemplación de su rostro ovalado, los grandes ojos claros y sobretodo los bucles naranjas, herencia directa de su madre. A Dobromierz le costaba creer que hubiera sido partícipe en la creación de un ser tan puro y bello.—Espera, iré a por las escobas y comenzaremos— Revolvió su melena pelirroja y se dirigió a un polvoriento trastero que sus padres tenían en el jardín trasero, en el que guardaban escobas junto a otros utensilios que los vecinos muggles no deberían ver. El polaco sacó una vieja escoba, diez años atrás la más moderna, rápida y codiciada del mercado, actualmente una simple antigualla pasada de moda.—Esta es la escoba de papá— Puntualizó al distinguir el brillo de ilusión en los ojitos de la pequeña. Dejó la escoba contra la pared del trastero y se adentró en su interior, treinta segundos después salió con una escoba cinco veces más pequeña que la anterior, de un tamaño perfecto para el cuerpo menudo de Caroline.—Esta es la tuya, cuando crezcas ya tendrás una normal— Se jactó, pasando el vehículo a su hija y tomando de nuevo el suyo.—¿Estás lista? Cuando lo estés empezaremos tu primera lección de vuelo.
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Re: Someday, you’ll blow us all away [Caroline] #FB

Mensaje por Caroline Komorowski el Dom Oct 16, 2016 12:14 am

Papi querido:
Vale, antes de que me odies...
Diré en mi defensa que mi exceso de inspiración fue por rolear contigo <3 (?)
Y porque me ganó mi propia adorabilidad y me emocione u.u

Prometo que los próximos no serán tan testamentos  
Soy adorable, ámame!(?):

Aquel cumpleaños estaba por superar a todos los anteriores, aunque no habían sido demasiados aun, pero, aun así, ¿Vacaciones en Polonia? ¿Ver a sus abuelos? ¿Recibir amor de alguien más que no fuera su padre? Era perfecto, genial, estupendo, y no podía estar más emocionada, el día antes de viajar prácticamente no había dormido nada, puesto cada cinco minutos saltaba de un brinco de su cama para revisar su pequeña maleta, debía asegurarse de llevar todo, de no olvidar al Sr. Trapos, que, si bien no era un nombre original, definía de manera perfecta a su más preciado peluche, un montón de trapos que daban una forma extraña que ella simplemente adoraba. Cada vez que bajaba de la cama, y corría entre tropezones desesperados para ver si había guardado su muñeco, se daba cuenta que lo tenía entre sus brazos o en la cama, puesto dormía siempre con él, pero el pánico de olvidarlo era tal, que a los diez minutos volvía a ella y saltaba una vez más de su cama a lo mismo.

A la mañana siguiente abrazo el montón de trapos disparejos y con dolor en su alma lo guardo dentro de la maleta, abriéndola a cada minuto para asegurarse que estaba bien antes de irse. Incluso durante el viaje, se volteaba continuamente hacia donde suponía estaba su maleta mientras llevaba uno de sus dedos hacia su boca, mordiéndolo tenuemente con nervios. ¿Y si se aplastaba mucho? O peor aún, ¿y si se caía? Tal vez mágicamente la maleta se abría o simplemente desaparecía de ahí, todo era posible, después de todo vivían en un mundo lleno de magia, y si ella podía cambiar el tono de su cabello a uno verde chillón, su muñeco podía desaparecer mágicamente y no volver nunca más a ella. Durante todo el viaje, no dijo nada, porque estaba lo suficientemente preocupada, además que sabía que de hablar tendría que soportar algún comentario de su madre, pero cuando llegaron, toda su atención se volcó al nuevo lugar que estaba viendo por primera vez, y como toda niña pequeña lanzaba exclamaciones de sorpresa y se movía en todas direcciones sin saber a dónde centrar su atención por completo, y es que el paisaje era diferente, hacía mucho más frio por la época y eso le fascinaba. Ante cualquier cosa, daba pequeños brincos de emoción, tomándole la mano a su padre y colgándose levemente mientras se columpiaba señalándole más de tres direcciones diferentes al mismo tiempo, obviamente manteniendo un tono bajo de voz y hablando únicamente con su padre, todo para no molestar a Miranda.

Al llegar a casa de sus abuelos la pequeña simplemente desapareció entre mimos, besos y palabras de ternura por parte de los padres de su padre, río feliz, siguió a su abuelo a un taller, donde prácticamente choco con varias cosas porque simplemente no podía estarse quieta, se golpeó con una mesa, lo que le dejo un chichón en la frente, tiro algo que no debía pero cuando estaba prácticamente pidiendo disculpas encogida y con temor sintió como le revolvían el cabello y le preguntaban si estaba bien, aquello era nuevo, es decir sabía que su padre era así, pero eso no significa que todos lo fueran, aunque por un lado eso significaba que solo Miranda era rara, y eso mejoraba el mundo en el que la pequeña vivía.

El día siguiente lo paso con su abuela preparando su propio pastel, donde pudo elegir los sabores que quería, y mientras decidían eso, su abuela, la mejor del mundo hay que aclarar, le horneo galletas y le dio un vaso de leche, ¿ya dijimos que es la mejor abuela del mundo? Pues Caroline se lo repetía en cada momento antes de abrazarla y reír ante las historias que le contaba, sorprendiendo de lo pequeño que había sido su padre cuando observo el álbum de fotografías.

Si bien la dinámica en la casa era algo extraña, puesto su madre no participaba en nada más que en las quejas constantes, a Caroline se le antojo todo perfecto, disfruto de la presencia y cariño de sus abuelos, comió como nunca, e hizo ciertas travesuras que incluso fueron celebradas por sus abuelos. Y lo mejor de todo aun no llegaba, faltaba su cumpleaños, y en la mañana de aquel día se encargó de salir temprano para recorrer el gran jardín, bajo sumamente abrigada, porque la noche anterior había nevado, casi al punto de no poder moverse bien, por lo que tropezó con el último peldaño de la escalera del antejardín, cayendo de bruces contra la nieve. Sus risas fueron opacadas por el gran manto blanco en el que se hundió por unos minutos antes de levantarse y salir corriendo por todo el lugar, encontró una rama larga y fingió que era la mejor escoba de la temporada, donde se montó antes de retomar su carrera, pretendiendo que jugaba un partido final, describía torpemente sus jugadas entre tropiezos y caídas constantes, las cuales aludía a la culpa de la bludgers imaginarias o a algún miembro del equipo contrario, los árboles,  que hacia trampas.

- ¡Oh no! -Dijo antes de lanzarse voluntariamente contra un tumulto de nieve, quedando levemente enterrada, lo que no fue parte de su plan- ¡¡el jugador piedra ha lanzado a la estrella del equipo fuera del campo!! -Alzo su voz infantil con falso tono de sorpresa mientras llevaba sus dos manos hacia su rostro, siguiendo con la mirada al imaginario jugador que le había golpeado- ¡Pero los compañeros de la estrella han llegado, perro grande y pequeño se aproximan y no permitirán que anote otro punto! -Señalo justo cuando dos canes atravesaban el “campo” mientras los apuntaba con una de sus pequeñas manos enguantadas, a lo que ambos animales la miraron antes de seguir su camino con tranquilidad- ¡Han fallado! Piedra ha anotado otro punto, de seguir así los árboles ganaran, y ¡el equipo favorito perderá la temporada! -Exclamo con dramatización mientras alzaba y movía sus brazos con desesperación, desviando su mirada de un lado a otro siguiendo el intenso juego que se llevaba a cabo en su mente, hasta que escucho la voz de su padre, a lo que se volteó a mirarle y sonrió ampliamente, mirando una vez más el campo con rapidez- ¡Él buscador del equipo Trapos atrapo la snitch! -Declaro finalmente de la nada antes de salir de la nieve y sacudirse en un divertido movimiento, dando por terminado el partido- ¡Papi! ¡¡Gane la medalla!! -Exclamo dejando caer el palo roñoso que había recogido previamente para luego enseñar una hoja seca y rojiza con sumo orgullo, sin borrar su sonrisa, mientras intentaba acomodarse el gorro que cubría uno de sus ojos, ya que al ser de su abuelo le quedaba algo grande, igual que los guantes.

Se rasco la frente, mientras seguía a su padre a tropezones, deteniéndose luego de analizar sus palabras, ¿aprender a volar? – ¡No soy enana! -Reclamo con indignación mientras daba un tenue golpe con uno de sus pies y corría a ponerse al lado de su padre dando pequeños saltos para llegar más alto- Y-ya casi llego más arriba… -Dijo con tono cansado, para luego reconocer que se había centrado en lo incorrecto, y observar a su padre con suma emoción en sus ojos, continuando con sus pequeños saltitos rápidos- ¿Aprenderé a volar de verdad? ¿Con escoba y no ramitas secas? -Cuestiono con rapidez de manera casi atropellada mientras aplaudía animada- ¡Mi papi es el mejor del mundo! -Dijo alzando su voz con emoción mientras su padre iba por las escobas, las cuales observo con la boca abierta, paseando su mirada brillante por estas. Asintió continuamente y en silencio cuando le explico que la escoba más grande era de él lo cual la alivió en cierta medida y es que no sabía cómo podría siquiera volar en algo tan grande.

Pero al momento de ver la escoba pequeña, su sonrisa se borró por leves segundos mientras sus ojos se abrían con asombro maravillado. Era perfecta, del tamaño preciso, y sin importar lo antigua o vieja que pudiera ser, a los ojos turquesas de la pequeña, era la escoba más perfecta, hermosa y genial que hubiera visto, casi como si hubiera sido hecha para ella en especial. Alzó su mirada hacia su padre con cierta duda entremezclada con una emoción y ansiedad indescifrable en su mirada antes de extender sus manos lentamente hacia esta- ¡Estoy lista! -Dijo volviendo a sonreír, esta vez con mucha más felicidad mientras se subía a la escoba, alzando la mirada hacia su padre, casi como si esperara que contara para que pasara la magia, pero sin siquiera proponérselo al momento de acomodarse bien, comenzó a flotar sobre el suelo, alzándose cada vez más a lo que libero una expresión de emoción y alegría- ¡Mira papi, estoy volando! -Río divertida y feliz antes de que la altura fuera demasiada y la escoba saliera volando con rapidez hacia arriba.


Última edición por Caroline Komorowski el Sáb Nov 05, 2016 10:42 pm, editado 5 veces
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Re: Someday, you’ll blow us all away [Caroline] #FB

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Jue Oct 20, 2016 1:48 pm

Si existía algo más contagioso que la gripe, era la emoción y alegría infantil que Caroline despedía. Su padre siempre se contagiaba con ella, cometía el pecado inocuo de sentirse joven cuando estaba a solas con su hija. También veía resquicios de su niñez reflejados en la pequeña, reminiscencias de un Dobromierz en miniatura, jugando solo y revolcándose en la nieve en el mismo jardín trasero en el que ahora se encontraban. Le parecía que hiciera una eternidad desde que fue un niño sin responsabilidades, añoraba esa época porque sabía que no volvería a vivir nada parecido. Ahora, cuando miraba hacia adelante veía un largo sendero al futuro lleno de responsabilidades, el peso de una familia sobre sus hombros. Dobromierz contuvo la risa cuando la enana reaccionó entusiasmada a la noticia sobre su aprendizaje. El pobre hombre había olvidado que su hija ya sabía volar sin necesidad de usar una escoba, cada día volaba lejos con ayuda de su envidiable imaginación.—Ahí llevas razón campeona, papá es el mejor del mundo — Confirmó orgulloso, distraído en su búsqueda por los entrañables comentarios de la pequeña, que mostraba día a día su incapacidad de quedarse callada. El hogar de los Komorowski era gris, silencioso y aburrido. Como matrimonio rara vez conversaban, sus momentos más intensos eran acaloradas discusiones, que Caroline fuera tan feliz y parlanchina era de agradecer, pues se encargaba de traer el color y la alegría a casa.

La imagen de su pequeña sosteniendo su primera escoba real quedaría grabada para siempre en sus retinas. En sus grandes ojos turquesa quedaba reflejada la ilusión que sentía, indiferente al poco valor monetario que tuviera la vieja escoba que sostenía. Dobromierz apreció que su hija valorase el objeto, pues aunque fuera una antigualla, tenía un gran valor sentimental y simbólico: fue la primera escoba que tuvo Dobromierz, un regalo por su séptimo cumpleaños. Le henchía de orgullo que su pequeña heredase su escoba, y quién sabe, quizás en el futuro también heredaría su amor por el deporte mágico. El polaco se declaraba un hombre sin sueños ni aspiraciones, sin embargo, tenía la esperanza de ver cumplido alguno de sus sueños del pasado a través de su primogénita.

El momento entrañable se resquebrajó en pedazos cuando Caroline montó en la escoba, el rostro de su padre sufrió una mutación, su expresión de orgullo se transfiguró hasta convertirse en una de horror. Notó una taquicardia cuando la diminuta escoba levitó, y después una amenaza de infarto cuando su hija se alejó volando a toda velocidad hacia el cielo blanco de Polonia. No reaccionó con la rapidez que el momento requería, observó atónito el hueco que había dejado Caroline y cerró sus manos desnudas, entumecidas por el frío. Se montó en su vieja escoba mientras maldijo en un tono de voz tan elevado que debió escucharse en todo el país. Dio un fuerte pisotón para despegar y se elevó hacia arriba a tanta velocidad que sus oídos se taponaron y tragó algunos insectos mientras seguía ascendiendo en busca de la niña. Se sentía frustrado por haber sido tan irresponsable, jamás podría perdonarse si algo le ocurría a su hija. La pequeña volaba sola montada en un vehículo que no sabía manejar, desconocía maniobras esenciales como frenar o aterrizar.

El polaco entrecerró los ojos cuando distinguió el llamativo cabello pelirrojo desde la lejanía, acortó la distancia hasta alcanzar a Caroline y ralentizó una vez estuvo junto a ella. Cuando suspiró por alivio, exhaló una nube de vaho congelado.—Vamos a bajar ya— Exclamó en un tono autoritario que rara vez empleaba. Se sentía extraño, una mezcla de enojo, alivio y temor. Liberó la diestra para sujetar con firmeza el palo de la pequeña escoba de Caroline, no sería difícil guiarla debido a su tamaño y ligereza. Dirigió ambas escobas hacia abajo, planeando un descenso mucho más suave de lo que había sido el ascenso, apurado por la desesperación de acudir en socorro de su hija. Tras un minuto de vuelo silencioso, el ex-guardián de slytherin forzó un aterrizaje conjunto en el jardín nevado de sus padres. No pudo respirar tranquilo hasta que su pequeña tuvo ambos pies en tierra firme, entonces le arrebató bruscamente la escoba que minutos atrás le entregaba.—Estoy muy enfadado— Espetó, pero enfado no era lo que sentía realmente. Sentía nervios, le temblaban manos, voz y labios, parecía estar al borde de un ataque, pestañeó varias veces evitando así que sus ojos se humedecieran.—Podría haberte pasado algo—Soltó ambas escobas.—No vuelvas a hacer eso—Ordenó. Se dejó caer sobre sus rodillas, que se hundieron en la nieve, y abrazó a la niña contra él. Caroline no era consciente de lo mucho que la quería, de lo importante que era para él protegerla y evitar que se hiciera daño. Su hija, lo más preciado que existía, el ser más inocente y amable del mundo, tan frágil que tenía miedo de abrazarla demasiado fuerte por si se rompía con la facilidad de una pieza de porcelana, preciosa y valiosa.

Perdían el tiempo, en la Polonia invernal caía pronto la noche y no debían desperdiciar el día con distracciones, si oscurecía o volvía a nevar, entonces el entrenamiento de vuelo tendría que posponerse. Dobromierz intentó centrarse.—Bien— Se levantó y sacudió restos de nieve de sus pantalones oscuros.—Empezaremos de nuevo— Anunció, poco dispuesto a soportar nuevos incidentes. Su dedo índice señaló a Caroline, procuró adoptar una expresión acusadora.—Esta vez no hagas nada que yo no te diga— Le ofreció la pequeña escoba, apartándola hacia atrás justo cuando realizó el amago de tomarla.—¿Te ha quedado claro? Nada que yo no te diga— Repitió tajante antes de devolverle definitivamente la escoba.
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Re: Someday, you’ll blow us all away [Caroline] #FB

Mensaje por Caroline Komorowski el Sáb Oct 22, 2016 11:55 pm

Soy adorable, ámame!(?):

En un comienzo la emoción de estar volando por primera vez inundo sus sentidos por completo, pero a medida que la escoba continuaba subiendo sin que esta fuera su voluntad, una señal de alerta empezó a activarse en su cabeza, comenzó a sentir miedo y por un momento denotó la amenaza de que los nervios se apoderarán de ella casi llevándola a una crisis de pánico. Cerró sus pequeñas manos, con presión alrededor de la escoba, la cual tembló levemente ladeándose en direcciones contrarias, dándole la sensación de que caería en cualquier momento ante algún movimiento brusco e inintencionado. Lanzó un pequeño grito mientras cerraba sus ojos con temor, pero parsimoniosamente recordó todas aquellas “jugadas” que había hecho en la nieve, todo lo que había soñado hacer durante sus seis años, siempre había esperado por aquel momento, por el día en que su padre decidiera enseñarle a volar, cuando finalmente pudiera alejarse de su madre sin tener que preocuparse de que está le gritara solo por salir de su habitación.  

Su respiración comenzó a calmarse, volviendo a su ritmo normal, la escoba dejo de moverse como loca, y al cabo de unos minutos la niña tuvo el valor suficiente para permitirse abrir los ojos, en un comienzo no vio nada puesto al haber permanecido tanto tiempo con sus ojos cerrados con presión, su vista se vio nublada los primeros segundos, pero poco a poco el escenario frente a ella fue tomando forma. Cuando logro finalmente enfocar su vista, lo que vio fue algo que no podría olvidar nunca, el paisaje blanquecino de Polonia se expandía frente a ella al tiempo que las nubes parecían abrirse a su paso, otorgándole una visual clara y perfecta, con la iluminación precisa del gran astro sobre ella. Entreabrió sus labios con asombro mientras un brillo intenso de alegría se establecía en sus ojos turquesas. De alguna manera u otra la velocidad con la que volaba la escoba descendió, llevándola en línea recta y permitiéndole maravillarse con el paisaje que se predisponía ante ella, maravillándola por completo, y es que nunca había visto algo tan hermoso, el tono blanquecino del lugar la llenaba de paz y la alejo por completo de su realidad, olvido todo, absolutamente todo, incluso que hasta hace poco su padre le había dado su primera escoba, a penas y era consciente de que estaba volando pues se encontraba embelesada ante lo que podía observar en aquel instante.

Su momento de calma absoluta se vio resquebrajado en millones de pedazos de manera abrupta y sorpresiva cuando la voz de su padre llego hasta sus oídos declarando que deberían bajar, la pequeña se sobresaltó al punto de perder tenuemente el equilibrio, pero recuperándolo de manera inmediata al aferrarse a la escoba. Se volteó confundida a observarle debido al tono de autoridad que había utilizado, muy pocas veces, por no decir nunca, le hablaba de aquella forma, y aquello le obligo a guardar silencio. Simplemente descendió su mirada sin decir nada durante el descenso, observo la mano de su padre sosteniendo su pequeña escoba mientras volvían a tierra firme, mordiéndose el labio con nerviosismo. Se encogió levemente cuando escucho los siguientes vocablos de su progenitor, ¿estaba enojado? Su padre nunca se molestaba con ella, ¿estaría enojado como Miranda? ¿Acaso eso significaba que a partir de ahora sería como ella? La simple posibilidad hizo que su mundo se cayera a pedazos, las lágrimas comenzaron a llenar sus ojos al tiempo que su barbilla temblaba levemente en un infantil intento por contener el llanto sin siquiera alzar su mirada por el pánico que le provocaba ver la misma mirada de odio de su madre en los hermosos ojos de su padre- P-pero… -A penas espeto, alzando su mirada lentamente cuando escucho un dejo de preocupación, ¿eso significaba que no la odiaba? ¿Acaso solo estaba molesto porque se había preocupado? Ella también había tenido miedo, pero nada malo había sucedido, ¿no?- No hice nada papi… -Murmuro en un tenue balbuceo, sobresaltándose levemente al verle caer de rodillas, tal vez se había hecho daño, la simple idea le dio pavor, pero el abrazo de su padre la reconforto de manera inmediata, intento corresponder con sus pequeños brazos, pero ante la cantidad de ropa que llevaba le era algo difícil alzarlos por completo. Escondió su rostro en el torso de su padre mientras unas pequeñas lágrimas de alivio comenzaban a recorrer sus sonrosadas mejillas. No la odiaba.

Hizo un leve puchero, y limpio con rapidez el atisbo de sus lágrimas sin dejar rastro de estas más que el brillo inusual en sus ojos que normalmente irradiaban felicidad. Imitó a su padre cuando lo vio sacudir sus propias prendas, y después asintió a cada una de sus palabras, por un momento sintió que sus ojos se ponían bizcos para observar el dedo acusador del hombre- L-lo prometo, papi… -Acepto antes de alzar su mirada hacia él mientras asentía fervientemente, no haría nada, absolutamente nada que su padre no le dijera.

Retrocedió un paso de manera automática cuando le extendió la escoba, pasando su mirada desde el mango de esta hacia su padre de manera simultánea y continua mientras escuchaba sus palabras- Nada que tu no digas… -Repitió dando otro paso hacia atrás mientras extendía con anhelo una de sus manitos hacia la escoba, pero rápidamente la alejaba, volviendo a observar a su padre con confusión, ¿era una prueba? Tal vez estaba probando si cumplía con su palabra, la tentaba ofreciéndole lo que más deseaba en este momento, pero él no le había dicho que podía tomarla y había prometido no hacer nada que él no le dijera, no podía tomarla, era obvio. Por lo que con rapidez llevo sus dos manos hacia atrás, cerró sus ojos para no caer ante la tentación y negó continuamente consiguiendo que el gorro fuera recayendo sobre sus ojos cubriéndole el rostro, a penas y vislumbrándose su rojiza nariz entre el gorro y la larga bufanda- ¡No! -Iba a demostrarle que estaba dispuesta a cumplir con su palabra así fuera rechazar lo que más quería, se iba a ganar el derecho de volar con su padre.


Última edición por Caroline Komorowski el Sáb Nov 05, 2016 10:44 pm, editado 2 veces
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Re: Someday, you’ll blow us all away [Caroline] #FB

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Dom Oct 23, 2016 3:21 am

El alivio recorrió su ser cuando se puso fin al dramático momento, que distaba mucho de parecerse a las expectativas que el polaco tenía sobre la fecha. Su intención era hacer del cumpleaños de su hija un día que recordara siempre, pero no por motivos tristes, quería que cuando fuera mayor y pensara en su sexto aniversario lo hiciera con una sonrisa de anhelante felicidad. Le gustaría que todos los recuerdos de Caroline respecto a él fueran felices o entrañables, temía la idea de ver a Caroline adulta odiando a sus padres por haberla criado en un matrimonio sin amor, e intentaba compensarlo dispensando hacia ella todo el amor que Miranda rechazaba. Jamás habría pensado que, a sus veintiún años, le preocuparía tanto la opinión de una niña de seis años hasta el punto de aterrorizarlo. Pensaba en sus padres, en Polonia, a los que había pasado años sin ver, de los que rara vez recibía o enviaba una carta más que en fechas señaladas, y no podía evitar aplicar la situación a Caroline. Sabía que algún día ella crecería, y que su padre se convertiría en una molestia para ella, que no tendría tiempo para estar con él, dolía sólo de pensarlo. Por suerte, todavía quedaban muchos años para que eso ocurriera, mientras la niña fuera menor Dobromierz aprovecharía el tiempo con ella y se ganaría su amor día a día.

Esperó a que sus ojos turquesas dejaran de emanar lágrimas de tristeza, cada gota que caía de sus ojos y humedecía sus mejillas rosadas por el frío, se le clavaba como un puñal. Dobromierz no estaba acostumbrado a ser culpable del llanto de su hija, eso era más bien algo propio de Miranda, el polaco se había acostumbrado a ser el encargado de secarle las lágrimas y sacar a relucir su dulce sonrisa. No creía haber obrado mal, sus intenciones eran buenas, a veces llamar la atención a los niños era necesario, pues de no hacerlo puede que Caroline desobedeciera y volviera a ponerse en peligro.

Frunció el ceño cuando declinó su oferta, con una expresión en su semblante que indicaba las ganas que tenía de volver a tener la pequeña escoba entre sus manos enguantadas. Dobromierz dejó escapar la tensión de minutos atrás en una enternecida carcajada, volvió a empujar la escoba hacia Caroline.—No seas tan literal, niña— Exclamó divertido, aunque quizás la pequeña ni supiera lo que significaba ser literal, y el polaco tampoco sabía cómo explicar eso a una niña de su edad.—Coge la escoba, es tuya si la quieres—No entraba bajo sus planes el regalarle su vieja escoba, pero no esperaba que la antigualla causara un efecto tan positivo en la menor.—Aunque cuando crezcas un poco y si te portas bien te prometo que te compraremos una más grande y de las nuevas—Prometió, planteándose ir ahorrando para cumplir con su palabra. El matrimonio Komorowski no tenía muchos ingresos, casi todo el capital provenía de parte de un préstamo de los abuelos de Caroline. Dobromierz seguía en proceso de estudiante, pero había encontrado un trabajo en una tienda de artículos mágicos de segunda mano. Se dedicaba a prepararlos para el público, como en el caso de las escobas, pulía el mango y recortaba las muchas ramitas desiguales sobrantes. No era un gran trabajo, esperaba que al terminar la carrera conociera algún proveedor interesado en las sustancias y propiedades de las plantas que adquiriría como inversión financiera.

Ahora sí— Exclamó cuando la convenció de tomar la escoba, se aclaró la voz con un grueso carraspeo.—Bienvenida a tu primera lección de vuelo, me llamo Dobromierz Komorowski—Se encorvó para llegar a la oreja de Caroline y bajó la voz.—Pero puedes llamarme papá—Susurró, retomando su posición original, no sin antes dedicar a la pequeña una sonrisa cómplice.—Y seré tu maestro de vuelo—Recogió su propia escoba de entre la nieve y se montó sobre ella, maldiciendo en silencio que no tuviera calefacción.—Bien, primero aprenderemos a hacer el despegue, para ello debemos apoyar el pie en el suelo y dar un pisotón que usaremos para darnos impulso y así ascender hacia arriba—Flexionó la bota derecha, preparándose para acatar sus propias pautas.—Hasta que aprendas, no nos elevaremos más de un metro, así que el pisotón debe ser suave para que no tomemos demasiado impulso—Dicho y hecho, Dobromierz se impulsó suavemente hacia arriba y levitó un metro por encima del suelo. Levitaba a una distancia tan segura que podía ver bien a Caroline, y que de caerse de la escoba no sufrirían daños significativos.
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Re: Someday, you’ll blow us all away [Caroline] #FB

Mensaje por Caroline Komorowski el Lun Oct 24, 2016 1:46 am

Soy adorable, ámame!(?):

Se confundió por completo al escuchar la risa de su padre, por lo que con rapidez llevo sus pequeñas manos hacia el gorro que cubría sus ojos, levantándole para observarle reír con ganas, lo que logro que esbozara una gran sonrisa, adoraba ver y escuchar a su padre reír, era una de sus cosas favoritas en el mundo. Ladeo tenuemente su cabeza observándole con extrañeza al escuchar una palabra a la cual no pudo dotar de significado en su mente, ¿literal? Sonaba a litera, o tal vez a literatura, ¿tendría que ver con libros? Pero de ser así la frase de su padre carecía de sentido, frunció el ceño mientras su mente intentaba comprender a lo que se refería, hasta que observo como nuevamente le ofrecía la escoba, esta vez diciéndole que la tomará- ¿M-mía? -Cuestiono con duda mientras sus ojos se abrían con asombro, traspasando su mirada de su padre hacia la escoba- ¡Por supuesto que quiero! -Exclamo dando un salto y abrazándose a la escoba sin intención alguna de soltarla- Este es el mejor obsequio del mundo, papi -Dijo con suma ilusión mientras observaba su nuevo objeto favorito.

Ante los siguientes vocablos negó con rapidez sin dejar de mirar su escoba con ilusión- Papi, mientras vuele no hace falta que sea nueva… -Se volteó a observarle con completa inocencia mientras le sonreía, aumentando su expresión de felicidad al depositar nuevamente sus ojos azulados sobre su regalo de cumpleaños, rio alegre antes de mirarla exhaustivamente mientras la daba vueltas observándola por completo con sumo cuidado.

Asintió prestándole toda su atención cuando su padre carraspeo previo al inicio oficial de las clases, observándole con detenimiento mientras se presentaba, liberando una pequeña risa divertida al escuchar su susurro- ¡Papi! -Dijo alzando sus brazos con felicidad- ¡El mejor maestro de la historia! -Corrigió las palabras de su progenitor, asintiendo a sus siguientes indicaciones. Le imito con rapidez, subiéndose a la escoba con sumo cuidado para evitar el pequeño accidente anterior, mantuvo sus ojos sobre la figura del hombre todo el tiempo mientras le oía, asintiendo en pleno estado de concentración, desviando su mirada hacia el pie con el que se padre se había impulsado levemente.

Tomo una bocanada de aire, como si intentara darse valor, se acomodó sobre su escoba, volvió a subir tenuemente su gorro y sostuvo con ambas manos el mango de su primera escoba. Descendió su mirada hacia sus propios pies, dudaba mucho poder dar un pisotón similar al de su padre, pero aun así debía ser cuidadosa, no quería volver a preocuparle al tener un pequeño accidente con sus primeras clases de vuelo. Asintió con su cabeza diciéndose que era hora de intentarlo y ver si lo conseguía, por lo que elevo tenuemente su pie derecho y lo deslizó hacia abajo golpeando sutilmente la nieve. De manera parsimoniosa su escoba comenzó a levitar, y si bien ante la sorpresa se tambaleo levemente consiguió recuperar el equilibrio, y mantenerse volando de manera controlada al lado de su padre. Cuando mantuvo su posición por más de un minuto, se volteó hacia el hombre a su lado y le obsequio una de sus más grandes sonrisas de alegría.

- ¡Lo hice! -Celebró feliz sin quitar sus manos de la escoba ante el pequeño temor que de hacerlo perdería el poco control que comenzaba a tener- Papi… ¿A qué edad aprendiste a volar? -Cuestiono como si nada sin remover su atención de la escoba- ¿Quién te enseño a volar? ¿Te costó mucho aprender? ¿Crees que pueda entrar al equipo de Slytherin como tú? -Siguió con su bombardeo de preguntas, sin siquiera detenerse a pensar en la absurda posibilidad de no quedar en la casa de las serpientes, sería algo imposible, su padre había ido allí y ella continuaría con la tradición de forma orgullosa- ¿Podemos hacer esto todos los años? -Agregó una última pregunta, girándose a verle finalmente luego del interminable interrogatorio- Quiero ver a los abuelos más seguido, la abuela prepara unas galletas deliciosas, y el abuelo golpea cosas de forma divertida con un martillo y ninguno me regaña por reír… y… -Descendió levemente su mirada, sintiéndose algo culpable por lo que iba a decir, pero realmente lo deseaba. Presiono el mango de la escoba con nerviosismo sin atreverse a mirar a su padre al pronunciar las siguientes palabras- Tal vez… ¿No podríamos venir sin… Miranda? -Desde hace meses había dejado de llamarle “mamá”, y sabía que posiblemente aquello le costaría un castigo, pero quería ser sincera con su padre. Aun así, el temor le gano, por lo que cerró levemente sus ojos, centrándose en mantener el vuelo como su padre le había dicho.


Última edición por Caroline Komorowski el Sáb Nov 05, 2016 10:50 pm, editado 1 vez
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Re: Someday, you’ll blow us all away [Caroline] #FB

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Miér Oct 26, 2016 1:28 pm

Flotando a un metro sobre su cabeza, suspendido en el aire, Dobromierz contemplaba a Caroline. La tenacidad de su hija no le permitiría rendirse sin haber conseguido aprender a volar, pero aun así el polaco deseaba que el primer despegue de Caroline fuera un éxito, se rehusaba a distinguir una vez más la decepción en sus ojos turquesa. Fue testigo del ritual de  la pequeña previo a realizar el ejercicio. El acomodamiento de gorro y el afianzamiento de sus manos en torno al mango, medida de seguridad que enorgulleció y alivió a Dobromierz a partes iguales. Se fijó en las botas de Caroline, regalo de las navidades pasadas por parte de su abuela materna. El pisotón fue firme, e incluso fuerte considerando su edad, aunque una leve caricia a la nieve comparado con el de su padre. La escoba se elevó junto con la niña, en cuestión de segundos alcanzó a su padre en altura e intercambiaron una sonrisa alegre.

Pocos sentimientos más satisfactorios existen para un padre que presenciar los gritos de júbilo de su hija, las celebraciones tras haber cumplido un propósito por mérito propio. Asintió, orgulloso, cuando Caroline se dirigió a él.—Lo has hecho—Admitió. Lo había hecho, y con una facilidad envidiable, ni el mismísimo Dobromierz fue capaz de realizar un perfecto despegue en el primer intento. Un arsenal de preguntas siguió a las celebraciones. En general, los niños pequeños suelen hacer muchas preguntas, y Caroline no era la excepción. El polaco aguardó entre risas a que terminara el interrogatorio, intentando retener en su mente cada pregunta mencionada para así poder responder todas.

Separó los labios para responder, pero justo tras la última cuestión, Caroline agregó una justificación a su anterior pregunta, seguida de una última incógnita que rompió todos sus esquemas. Volvió a juntar los labios con expresión triste. Miranda merecía el rechazo de Caroline, se lo había ganado, pero aun así Dobromierz sentía lástima por su esposa. Lamentaba que hubiera perdido, por no saber apreciarlo, el inocente y maravilloso cariño de Caroline. El amor de la pequeña sentaba muy bien, saber que ante sus ojos turquesa los muchos defectos que tenía desaparecían, que ella siempre le veía como al mejor padre del mundo incluso aunque no lo fuera.

Llamar Miranda a su madre le costaría una regañina a Caroline, y Dobromierz tendría que aguantar también sus reproches, probablemente ella volvería a echarle la culpa, alegando que mimaba en demasía a Caroline y que por ende ella la consideraba un monstruo por no tratarla del mismo modo. Sería una afirmación cierta y falsa al mismo tiempo. Cierta porque Dobromierz mimaba en exceso a su pequeña, y falsa porque Miranda era estricta, fría y distante como jamás debería ser una madre. El día que Caroline nació, Miranda se negó a sostener a su recién nacido, en primer lugar se negó a acunarlo y amamantarlo. Especialistas dijeron a Dobromierz que el odio irracional hacia su bebé no era tan inusual en madres jóvenes y primerizas, que también era causa de la depresión posparto, que con el tiempo cambiaría.. pero no fue así.—No llames así a tu madre, llámala mamá—Ordenó condescendiente.—Intentaré que vengamos otros años, con mamá—Puntualizó, simplemente no podía coger a la niña e irse a otro país sin invitar a su mujer.—Y también convenceremos a los abuelos para que vengan a vernos de vez en cuando, que son unos vagos y nunca lo hacen—Añadió risueño, mintiendo piadosamente. La relación de Dobromierz con sus padres sufrió un declive cuando este dejó embarazada a una quinceañera, desde entonces preferían evitarse, aunque se quisieran nada volvería a ser lo mismo.

Vamos a ir aprendiendo a desplazarnos horizontalmente, ¿vale? Es muy sencillo, sólo te fijas en la dirección a la que quieres dirigirte, te concentras y..—Era difícil de explicar con palabras, algo que simplemente salía solo. Dobromierz voló hacia la derecha, viró y se dirigió hacia la izquierda. La altitud no varió en ningún momento, se limitó al cambio de direcciones.—Aprendí a volar a los siete años—Comentó, respondiendo a una de sus anteriores preguntas. Pasó volando junto a ella, siguió de largo y levitó hasta posicionarse junto a un árbol nevado.—A ver si eres capaz de volar hasta aquí.—Animó—Me enseñó tu abuelo—Siguió respondiendo. Tras esa seguía una pregunta que Dobromierz no recordaba, así que la saltó y respondió otra que le había llamado demasiado la atención como para olvidarse de ella.—Creo que entrarás en el equipo de quidditch de slytherin, y me convertirás en el papá más orgulloso de todos—Afirmó con una seguridad aplastante.
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Re: Someday, you’ll blow us all away [Caroline] #FB

Mensaje por Caroline Komorowski el Sáb Oct 29, 2016 9:49 am

La sonrisa de orgullo se expandió por sus sonrosados labios al escuchar las palabras de su padre, concediéndole el logro. Rio con emoción y algo de nervios sin apartar su mirada del mango de su escoba y el suelo sobre el que levitaba con torpeza, casi como si creyera que de mirarle fijamente se mantendría en su posición y ella no caería, para luego disparar la gran ronda de preguntas, silenciándose con rapidez al nombrar a su madre, descendiendo aún más su mirada y centrándola en sus manos enguantadas que se aferraban con mayor fuerza sobre el mango de la escoba, sobretodo porque era la primera vez que la llamaba fríamente por su nombre frente a su padre, en sus pensamientos siempre era Miranda, e incluso junto a sus abuelos le había llamado con naturalidad por su nombre sin título y ninguno la había corregido, pero este era su padre.

Se encogió levemente cuando escucho el primer regaño, una orden casi nostálgica, con poco convencimiento, pero era menos de lo que había esperado. ¿Cómo podía llamarla mamá? ¿Cómo darle ese título si ambas lo odiaban? Las veces que lo hacia la regañaba, una vez hasta le había gritado que ella no tenía hijas. Mientras menos la llamará así, menos dolía su alejamiento y su repudio, mientras más se convenciera de que era solo “Miranda”, se le hacía más fácil ignorar su rechazo.

Se mordió el labio inferior sin alzar su mirada al escuchar los siguientes vocablos, venir otra vez con ella sería mejor que no venir en absoluto, sabía que su padre solo intentaba evitar mayores problemas, pero cada vez que se ponía del lado de Miranda, algo en el pecho de Caroline se rompía, obligándola a sentirse más sola que antes. Asintió en silencio, aun sabiendo que sus abuelos no estarían dispuestos a ir a su pequeño hogar, pero tal vez… No, no podía pedirle quedarse allí por su cuenta, no podía dejarlo volver a solas con esa mujer, no podía permitir que ella siguiera absorbiendo la felicidad de su padre sin miramiento, parecía uno de esos monstruos feos con capa negra mal cuidada, los demantores, dementores, así que ella prácticamente debía comportarse como el hechizo contra ellos, dándole buenos momentos a su padre intentando opacar la miseria en la que intentaba rodearlo Miranda. Comenzaría a llamarla así desde ahora, dementora, tal vez así su padre no la regañaría.

Estaba tan sumida en sus cavilaciones que no reconoció cuando su padre cambio el tema de conversación volviendo una vez a la importante clase de su cumpleaños, tampoco le vislumbro volar por el jardín ni modificar su dirección, sus ojos turqueses se mantenían en un punto cualquiera mientras se decidía mentalmente sobre que apodo le vendría mejor a “su madre”, tal vez sería capaz de desarrollar un nombre en clave que ninguno de sus progenitores pudiera encontrar ofensivo y así sería capaz de utilizarlo libremente sin que se le revolviera el estómago al llamarle “mamá” falsamente.

- ¿Siete? -Alzó su mirada parpadeando un par de veces, buscando a su padre con la mirada al no verlo a su lado. Se volteó confusa, cuando le vio pasar a su lado hasta posicionarse junto a un gran árbol- ¿Eso significa que estoy aprendiendo antes que tú? -Cuestiono con sumo asombro e incredulidad, olvidándose por completo del tema sin importancia que antes carcomía sus pensamientos. Esbozo una ligera sonrisa de ilusión mientras sus ojos brillaban emocionados, asintiendo efusivamente ante la meta que su padre le predisponía.

Si llegaba a aprender a volar bien a los seis años lograría que su padre se sintiera orgulloso, y podría realmente aspirar a ser mejor que él, que para ella era realmente el mejor jugador del mundo, porque era su padre, ¿acaso se necesitaba algo más que eso? A sus ojos, no.

Frunció sutilmente su seño mientras se concentraba en la posición de su padre, descendió su mirada hacia su escoba, desviando su mirada de un costado de esta a otro, sabia elevarse, pero ¿Cómo hacia que fuera hacia adelante? Una cosa era levitar sin dirección y otra muy diferente lograr ir hacia donde quería, y sin importar lo cerca que estuviera parecía que no podía moverse. Arrugo aún más su frente mientras movía sutilmente sus piernas a diferente ritmo, obligando que sus pies se mecieran de manera divertida en el aire. Medito en silencio, sin siquiera alzar la mirada hacia su padre en búsqueda de ayuda, no, eso dañaría su orgullo, debía hacerlo sola sino no valdría. Y aquella idea se vio reafirmada al escuchar los vocablos de su padre sobre Slytherin, ver a su padre orgulloso y feliz era todo lo que ella deseaba lograr.

- Tal vez… -Susurro por lo bajo antes de inclinar su cuerpo hacia adelante, a lo que la escoba salió disparada en dirección a su padre- ¡Mucho! -Grito aferrándose al mango y tirando sutilmente de este hacia atrás mientras presionaba sus piernas, a lo que freno de golpe dándole un pequeño zamarreo, provocando que el gorro volviera a caer sobre sus ojos, rio divertida antes de descubrir su visual y sonreírle a su padre con orgullo, e inclinarse levemente una vez más hacia adelante, recorriendo la distancia que faltaba a ritmo pausado y acortado, puesto cada cierto trayecto se detenía para luego retomar su andar- ¡Lo conseguí! -Dijo con emoción al finalmente detenerse al lado de su padre, aunque no alcanzo a frenar bien y casi choca contra el árbol, pero eran mínimos detalles. Rio feliz antes de girar sin remover sus ojos de la escoba, y avanzar calmadamente una vez más hasta posicionarse a su lado- Listo, ¿ahora que, papi? -Cuestiono emocionada- ¿Ya podemos volar por el mundo? O ¿Tal vez podríamos ir a buscar dragones? O… ¿Puedo ver una bludger de cerca? ¡Me encantaría golpear una con todas mis fuerzas! -Extendió sus dos brazos hacia arriba, descendiéndolos con rapidez para aferrarse a su escoba nuevamente, comenzando a moverse alrededor de su padre sin darse cuenta, volando cada minuto con mayor estabilidad y menos pausas- Aunque realmente creo que solo lograría caerme de la escoba... -Medito asintiendo ante el único escenario posible que se formulaba en su mente al pensar enfrentarse contra una bludger.
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Re: Someday, you’ll blow us all away [Caroline] #FB

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Miér Nov 02, 2016 12:53 pm

Dedicar las veinticuatro horas de cada día durante seis años a un mismo ser humano traía diversas consecuencias como, por ejemplo, la de conocerla a fondo. Y Dobromierz conocía suficientemente a su hija como para imaginar que reaccionaría con asombro y entusiasmo al enterarse de que aprendía prematuramente a volar. Las reacciones de los niños, aunque las más auténticas, eran también las más desmedidas. Cuando Caroline se emocionaba, lo hacía sinceramente, sonreía con toda la cara e irradiaba una felicidad contagiosa. Así pues, una vez más, se rindió ante la emoción de su hija e imitó su sonrisa involuntariamente, a la par que asentía con la cabeza para confirmar que aprendía un año antes que él. Quizás convendría haber esperado a que cumpliera siete años, pero Dobromierz la consideraba preparada, y después de ver la desenvoltura que demostraba tener con la escoba, su padre pensaba que tenía una habilidad innata para volar, quizás transmitida por el propio Dobromierz.

El polaco levitó pacientemente junto a la inmensidad del viejo roble, esperando que su hija consiguiera hallar el modo de desplazarse horizontalmente sin variar su altitud. No tenía ninguna prisa, estaba dispuesto a instruirla hasta que la noche cayera sobre Polonia. Se sintió reconfortado al comprobar que Caroline meditaba previa a intentar ejecutar el ejercicio, a diferencia de la primera vez que sostuvo la escoba, cuando su entusiasmo e impulsividad casi le provocan un ataque al corazón de su preocupado padre.

Segundos de reflexión después, Caroline se decidió a actuar. Su diminuta escoba se desplazó hasta el polaco a excesiva velocidad, mas la pequeña consiguió frenar antes de estrellarse y retroceder para situarse junto a su padre.—Bien hecho campeona—Felicitó. Sentía la imperiosa necesidad de celebrar cada logro que Carol consiguiera, creía que eso le ayudaría a evitar inseguridades o temores futuros. Al polaco le sorprendió descubrir que su bebé no llegó al mundo con un manual sobre cómo ser padre, es una materia difícil de aprender, algo para lo que nunca se está preparado. Aun así, se empeñaba en hacer lo posible para que Caroline se convirtiera en una buena persona sin carencias afectivas, aunque temía estar cometiendo errores como padre.

La emoción e impaciencia de su hija logró que sintiera orgullo como profesor, pues reafirmaba el interés que su alumna tenía por la asignatura, en este caso el vuelo. Caroline comenzó un nuevo interrogatorio, mientras que la expresión de su progenitor varió a medida que sus propuestas se volvían más peligrosas. Le horrorizó escuchar la palabra bludger emerger de los labios de su pequeña. Un objeto tan violento junto a un ser tan delicado, combinación inadmisible. Estar dispuesto a enseñar volar a su hija a una edad tan temprana no significaba que la enseñaría a jugar a Quidditch, no usando bludgers reales.—Exacto, te caerías de la escoba. Nada de bludgers por ahora, ni mucho menos dragones, ni volar por el mundo—Enumeró sus prohibiciones mientras volaba en círculos alrededor de la niña. Su avance en vuelo fue inesperado, Dobromierz pensó que les llevaría toda una tarde conseguir que Caroline aprendiera a despegar y equilibrarse sobre la escoba.

Antes de todas las cosas peligrosas que quieres hacer viene un paso muy importante que debes aprender—Puntualizó, adoptando otra vez su mejor tono formal de maestro.—El aterrizaje—Exclamó. Su índice desnudo señaló el suelo nevado, unos metros por debajo de ambos. La ventaja de la escasez de altura era que, de sufrir una hipotética caída, los daños serían mínimos.—Debes fijarte bien en el lugar que quieres aterrizar, y a medida que empieces a descender ir aminorando la velocidad de modo que cuando estés por llegar al suelo podrás volver a apoyar los pies en la tierra antes de bajarte de la escoba—Explicó lentamente, para que Caroline no perdiera el ritmo. Antes de hacer su demostración del ejercicio, esperó a que su hija le confirmase que había captado bien las instrucciones de aterrizaje.

Se concentró en el suelo nevado, cerca del viejo trastero donde guardaban las escobas. Bajó rápidamente, la velocidad de vuelo descendió cuando el plano blanco se amplió, alcanzó el suelo sin problemas y se bajó de la escoba. Un aterrizaje limpio y sin problemas, aunque el suelo resbaladizo suponía una dificultad extra. Alzó la mirada, esperando el aterrizaje de Caroline.—Venga, ven con papá—Alentó y estiró los brazos hacia el cielo para ver bajar a su pequeño angelito.
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Re: Someday, you’ll blow us all away [Caroline] #FB

Mensaje por Caroline Komorowski el Dom Nov 06, 2016 2:28 am

Soy adorable, ámame!(?):


Cada vez que su padre la felicitaba, ella se sentía la niña más feliz de la faz de la tierra, como si todo posible mal se eliminara por una simple aceptación de su parte, la más mínima sonrisa, mirada de orgullo o palabra de confort eran el mejor premio y regalo que la pequeña pelirroja podría pedir, por lo que obviamente sonrió complacida al escucharle llamarla “Campeona”, eso significaba que nada podía ganarle, que podría superar aquella clase de manera perfecta, o al menos no tan desastrosa, y mejor aún tendría toda una tarde a solas con su padre, solo los dos, sin gritos ni  miradas de repudio desde el fondo del salón, nada ni nadie más que ellos y sus escobas. Era definitivamente el mejor cumpleaños que había tenido hasta el momento, y esperaba que los siguientes continuaran en esta línea de perfección.

No pudo evitar más que liberar una divertida risa cuando escucho como su padre reafirmaba su teoría de caerse de la escoba al enfrentarse a una bludger, descartando de forma inmediata todas sus divertidas ideas de cómo podían volver aún más perfecto aquel día- Esta bien, papá -Acepto con una sonrisa alzando únicamente por unos segundos su mirada hacia su progenitor, sonriéndole con felicidad y emoción volviendo automáticamente su atención hacia el mango de su escoba, donde sus manos enguantadas se cerraban con presión para no perder el control de la escoba.

- ¿Algo importante? -Cuestiono con un tono de interés y curiosidad creciente en su voz mientras se giraba a buscar a su padre con la mirada porque sin quererlo seguía dando vueltas a su alrededor. Observándole con detenimiento y admiración al observar el tono formal que utilizaba, casi haciéndole creer por un segundo que ya no era su papi, sino un profesor sumamente importante del mundo mágico, posiblemente una celebridad dentro del Quidditch- ¿Aterrizaje? P-pero quiero seguir volando, papi… -Murmuro haciendo un leve puchero, antes de descender su mirada siguiendo la indicación que su padre hacia hecho, logrando reconocer que estaba a metros del suelo, lo que por unos leves segundos la obligo a verse invadida por una oleada de miedo, ¿y si se caía de aquella altura? Tal vez para un adulto no sería mucho, pero para ella era casi el doble, tal vez sería una buena idea aprender a llegar sana y salva al suelo. Asintió convencida ante aquella idea, además su padre era el hombre más inteligente del planeta, era obvio que él tendría la razón. Volvió a asentir, como si hubiera llegado a un conceso mental antes de alzar su mirada nuevamente hacia su maestro y escuchar con atención sus palabras, de las cuales no entendió absolutamente nada, por lo que se limitó a observar como hacia la demostración, repasando las indicaciones de su padre, mentalmente, mientras él realizaba cada una de las acciones.

Ante su invitación a ir con él, trago pesado antes de asentir levemente temblorosa y volver a observar el suelo- Bien, paso a paso… -Se dijo a sí misma, volviendo su mirada hacia el suelo, entrecerrando sus ojos en un intento de concentrarse en un punto definido sobre el manto blanco de nieve, pero nada pasaba, seguía flotando estática en su posición. Frunció sutilmente el ceño, observando en todas direcciones con algo de duda, antes de depositar su atención nuevamente sobre sus manos rodeando la escoba, moviéndola sutilmente sin que anda sucediera. Se volteó de manera sutil a observar la parte final de su escoba mientras movía sutilmente sus pies que colgaban con tranquilidad. Llevo una de sus manos hacia su cabeza, rascando sobre la tela del gorro sin conseguir poner en práctica las palabras de su padre, lo que la frustraba por completo, frunció el ceño con molestia antes de volver a mover el mango de su escoba, esta vez mucho más brusco, lo que la obligo a salir disparada hacia arriba- ¡¡NO!! ¡ALTO! -Alzo su voz mientras cerraba sus ojos presa del pánico, prácticamente abrazándose a su escoba, pero ante sus gritos su vuelo se detuvo en la altura de las ramas medias del árbol, y es que al parecer con gritos era la única forma en que conseguía realmente controlar sus direcciones de vuelo, al menos de momento mientras aprendía a volar de verdad- ¡Estoy bien! -Aviso de manera inmediata mientras entreabría uno de sus ojos sin permitirse soltar la madera bajo sus guantes. Libero un tenue suspiro antes de descender su mirada hacia su padre, sintiendo una leve y efímera sensación de vértigo, pero sonrió a su padre como si nada- Yo bajare lentamente, lo prometo… -Intento tranquilizarlo, y tranquilizarse a sí misma porque realmente no tenía idea de lo que hacía, pero quería lograr bajar por su cuenta o sino sentiría miedo para siempre al volar y no quería, con aquel convencimiento, volvió su mirada hacia el mango de la escoba, presionando sus manos sobre este.

Se inclinó de manera sutil hacia adelante y comenzó a descender, pero cuando estuvo a dos metros del suelo su vuelo se detuvo automáticamente. Intento inclinarse una vez más, pero nada, zarandeo su escoba levemente y está se quedó estática flotando en el aire con ella encima. Volvió a mirar el suelo, y observo la extensión de su escoba mientras balanceaba sus pies delicadamente, bufando algo frustrada- Papi, mi escoba está descompuesta… -Se quejó haciendo un leve puchero, observándole con cuidado- No puedo aterrizar… -A penas y su voz pronuncio la última letra de la palabra la escoba se precipito hacia el suelo como si ningún mago volara sobre ella, como peso muerto sin inclinación, simplemente se dejó caer con la niña sobre ella. Ante la impresión Caroline solo contuvo la respiración y cerro sus ojos, sonando un “Puff” cuando cayó sobre la nieve, aun “sutilmente” sentada sobre su escoba, y con sus piernas estiradas puesto tuvo la cordura de acomodarlas en el último momento para evitar accidentes mayores- Auch… -Se quejó llevando una de sus manos hacia su espalda baja y su trasero antes de alzar su mirada hacia su padre y esbozar una tenue sonrisa que se interrumpía por un puchero a medias- C-creo que no lo hice bien, papi… -Señalo lo obvio aumentando levemente su sonrisa antes de mirarle preocupada, ¿Estaría molesto? ¿Decepcionado?- Lo lamento...
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