Come and get it || Sebastian Morgan

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Come and get it || Sebastian Morgan

Mensaje por Catrina S. Creagh el Mar Oct 11, 2016 6:43 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Aquella tarde a la rubia la envolvía el nerviosismo de la expectativa. Si ya de por sí era una muchacha inquieta y activa, el hecho de haber quedado con el auror la tenía atacada. Siempre había sido una jovencita sociable y no tenía problema alguno con charlar con gente nueva o pasar el tiempo con amigos, al contrario, le gustaba y, si se encontraba cómoda, era abierta a la hora de socializar, pues su forma de ser que oscilaba entre lo despreocupado y lo genuinamente bueno le facilitaba la tarea de caer bien. Sin embargo, había algo en el chico en cuestión que hacía que se pusiera de los nervios cada vez que le veía. Tal vez era la actitud moderada y correcta con la que la había guiado por el Departamento de Aurores el día que se habían conocido, una faceta de él que no tardó, al congeniar con la rubia, a dejar ver un tipo con quien Catrina sabía que podría llevarse bien.

Claro que una cosa era llevarse bien y la otra pedirle que fuera a Bulgaria por ella. Y es que cuando Catrina le propuso que fuera a visitarla a su nuevo lugar de estudio no esperaba una respuesta positiva, no esperaba que él aceptara. Llevaban un tiempo hablando y se veían realmente poco, pero a la muchacha le había caído realmente bien ese auror al que había conocido cuando ella todavía estudiaba en el Salvio Hexia.

Se vio a sí misma dando vueltas sin parar en la habitación de la residencia y supo que tenía que calmarse. Quería dar una buena impresión y no terminaba de comprender por qué. Es decir, Sebastian era un amigo, pero había algo que conseguía enervarla demasiado. Y no sabía de qué se trataba. En un intento bastante exitoso de calmarse, la rubia se preparó una infusión que le quitó el frío del cuerpo e hizo que se quedara más calmada. Miró el reloj una vez más y luego se miró en el espejo. Iba arreglada, como siempre. Su estilo de vestir era bastante formal en realidad. Se ajustó la falda que llevaba, alisó el jersey con el escudo de la Academia que llevaba puesto encima de su blusa y se pasó las manos por el pelo para asegurarse de que todo estaba en su sitio. Fuera de los entrenamientos y de la parte más física de sus estudios, Catrina tenía una facilidad curiosa por vestir bien y correcta. Y eso siempre la había ayudado.

Tras un último vistazo al reloj, se echó la túnica por encima de los hombros, para protegerse del frío de fuera, y abandonó su habitación que había dejado en impecable orden para dirigirse a la entrada de la Academia donde, con un poco de suerte, ya estaría Sebastian.
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Re: Come and get it || Sebastian Morgan

Mensaje por Catrina S. Creagh el Sáb Nov 05, 2016 3:11 pm

La perspectiva de poder encontrar en la Academia algo distinto y más emocionante que lo que había en el Salvio le gustó. Y quería fiarse de las palabras de Sebastian a quién, al fin y al cabo, veía como a una inspiración, además de sentirse tal vez demasiado atraída hacia él. Se mordió el labio inferior y esbozó una sonrisa agradable, que dirigió con total intención hacia el auror. En realidad tal vez ya había visto que tenía razón. Ya había trazado una amistad reforzada con su vecino de cuarto, el francés que hacía que todos sus días fueran un poquito mejor, y tenía la esperanza de que fuera la primera amistad de muchas que podía verse reforzada o creada gracias al paso de la rubia por la academia. No pudo evitar, tampoco, una pequeña sonrisa al recordar cómo le había contado a su amigo que Sebastian iría a verla. Cómo le había hablado del auror con un tono de total adoración, cómo había dejado clarísimas las ganas que tenía de que llegara el día en que el muchacho la visitara. Y, con sus manos juntas y sus miradas chocando constantemente, tomó plena consciencia de que se encontraba en su pequeño cuento de hadas, en un momento cálido que había esperado con fervor.

Catrina miró al muchacho con curiosidad cuando le mencionó que esperaba que no tuviera cicatrices y sonrió un poco. Porque le gustaba, le gustaba mucho, y podía ver en el fondo de sus ojos una vida con demasiada experiencia negativa. Las cicatrices, que para la mente todavía inexperta de Catrina eran un recordatorio de misiones y momentos memorables por el riesgo y la valentía, para él eran una realidad. La rubia bajó la mirada a los surcos de la mano del muchacho y tomó una gran bocanada de aire —Si algún día tengo cicatrices, espero que sean por algo que ha merecido la pena— dijo, con un tono de voz teñido de sinceridad pura.

Unos instantes de silencio, entonces. Catrina dejó su mirada reposando en sus manos, en sus dedos entrelazados, y pensó en cómo se quedaría despierta esa noche porque le costaría un buen tiempo memorizar el sonido de la respiración del muchacho, las formas castigadas de su piel, el calor de su mano. Sabiendo que cuando se metiera entre las sábanas para descansar, Sebastian habría vuelto a su casa y ella se quedaría con esos recuerdos recientes y vivos, aferrándose a ellos para sentir el cosquilleo agradable que en esos momentos la invadía. Una vez más miró la cicatriz del chico y pensó que era, en realidad, una muestra de vulnerabilidad. Y que la parte más bonita de ser vulnerable era que ayudaba a sentirse menos solos. A aprender, a crecer, a ser fuertes. La vulnerabilidad creaba empatía y no dejaba de ser algo que, tomando la forma de una cicatriz oscura, le daba algo único. Una historia, una imperfección, una lucha contra ese dolor que le acechaba a veces.

Cuando levantó la mirada con la intención de añadir algo más a esa conversación que se había quedado silenciosa, sonrió. Vio a Sebastian aclararse la voz, por lo que guardó silencio por si él quería decir algo. Pero no dijo nada. No con palabras, por lo menos. Se acercó a los labios de la rubia y retiró una miga de galleta rezagada que no había llegado a la boca de Catrina y, entonces, la besó. Catrina cerró los ojos, tomada completamente por sorpresa, y se dejó llevar por el beso. Porque aunque una parte de ella esperaba fervientemente ese gesto, la otra, sin duda más pesimista, no paraba de repetirle que eso no pasaría. Que no podía pasar, que ese auror era mil veces mejor que ella en todo. Pero ahí estaban, compartiendo ese beso que a Catrina le hizo perder el norte. Los labios del auror sabían a chocolate y a ella no se le podía ocurrir un beso mejor que ese. Sintió sus mejillas todavía más encendidas a medida que avanzaba el beso, pero no le importó. Le gustaba demasiado como para dejar que la vergüenza ganara. Se separó unos instantes de sus labios, necesitando recuperar la respiración, y le sonrió. Mostrando, con esa sonrisa, que le había gustado el gesto. Mucho, le había gustado —Más te vale venir a visitarme más veces— le susurró, como si fuera un secreto entre ellos dos. Luego sujetó con suavidad el rostro de Bash, acariciándole las mejillas con cariño, y juntó sus labios con los de él otra vez sintiendo que, tras pocos segundos separados, ya echaba de menos su tacto. Era el paraíso.
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Re: Come and get it || Sebastian Morgan

Mensaje por Sebastian Morgan el Sáb Nov 19, 2016 5:59 pm

Había esperado mucho tiempo a que ese momento ocurriera. La atracción que había sentido hacia Catrina había sido casi instantánea y se acrecentó más cuando la fue conociendo a través del tiempo. Había tenido el impulso de besarla muchas veces, pero jamás se atrevió. Jamás, hasta ese momento. Sus labios eran tan suaves y delicados que se le antojaban a la porcelana, pero mucho más cálida y agradable. Con un sabor dulzón, insinuante pero a la vez tímido. Esa joven hacía que Sebastian volviera a sentir cosquillas en la boca del estómago y nerviosismo por lo desconocido. Realmente le gustaba mucho y, luego de aquel beso que no supo aguantar, sabía que ella correspondía ese sentimiento.

Su primera reacción al separarse fue querer pedir disculpas por lo que acababa de hacer. Fue impulsivo, no muy propio de él. Pero es que no pudo aguantarse más. No obstante, las palabras de Catrina resonaron en su cabeza como un bálsamo, lo que le hizo sonreír de felicidad mirando sus labios, los que acababa de probar por primera vez y que, deseando volver a tenerlos contra los suyos, se hicieron eco de sus deseos y volvieron a besarlo. Las manos de Catrina en sus mejillas eran el tacto perfecto y lo que necesitó para acercarse más a ella y corresponder ese beso. También puso sus manos en las mejillas de ella y las acarició, luego siguió enredando los dedos en el cabello rubio de la muchacha. No se podía imaginar un momento mejor que ese.

Pero tuvo que alejarse, porque debía responder a su exigencia y debía resolver dudas que le acecharon de un momento a otro. ¿Por qué su mente no dejaba de trabajar ni en un momento así? Estaba claro que el tiempo se había detenido por un instante que se hizo demasiado largo, pero ahora sus dudas lo azotaban contra la realidad reflejada en los ojos azules de Catrina. Rozó su labio inferior con el de ella, suave. Se deslizó y pegó allí donde fue necesario y le envió algunas respuestas eléctricas al resto de su cuerpo. Sintió que iba a estremecerse.- Vendré todas las veces que me lo pidas. –Respondió en voz baja, porque ese era un momento solo para ellos y no pensaba estropearlo hablándole como si estuviera a varios metros de distancia. Debía recordar que estaban así de cerca.- Y cuando no me lo pidas, vendré de igual forma. –Tomó con su diestra una de las manos de ella y las entrelazó, necesitaba tener ese sentido de pertenencia del uno al otro de una manera extraña.- Aunque eso no sé en qué nos convierte. –Bass había reprobado todos los exámenes de romanticismo.- ¿En…novios? –Susurró en ese espacio compacto que había entre sus labios y los ajenos.- Siento algo muy fuerte estando aquí contigo, Catrina. Estaba nervioso por venir y averiguar que no sintieras lo mismo. –Se sinceró con un poco de culpa y vergüenza. Bajó la mirada a sus manos y, con la libre, acarició el antebrazo de ella, esperando una respuesta.




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Re: Come and get it || Sebastian Morgan

Mensaje por Catrina S. Creagh el Jue Dic 29, 2016 6:35 pm

La sonrisa de Sebastian podría detener guerras y salvar mundos. Eso es lo primero que se le apareció a la rubia en la cabeza cuando el muchacho sonrió ante su petición de visitarla más a menudo. Admiró su sonrisa, sus labios, sus ojos perfectos que la observaban a ella con una dulzura que Catrina desconocía. La proximidad hacía que se le pusiera la piel de gallina, demasiado emocionada de poder estar así con él. —¿Vendrás cuando te lo pida y cuando no te lo pida?— preguntó, alzando las cejas en un gesto de falsa sorpresa —Entonces… Me da a mí que vas a pasar mucho tiempo aquí… ¿No te molesta? Es decir… Yo encantada. Más que encantada, ya lo sabes… Adoro estar contigo— susurró, buscando la mirada del chico con los ojos.

Acarició los dedos de él con una sonrisa teñida de ternura al escuchar lo que le dijo. Había algo de diversión en la forma de tomárselo de la rubia, más que nada porque el temor de Sebastian se le antojó totalmente estúpido a la rubia. Es decir, ¿cómo podía ella no sentirse atraída por ese hombre? ¿No sentir el nerviosismo casi adolescente que la invadía cada vez que él estaba cerca? ¿No apreciar los encantos infinitos que desprendía el joven auror, que la habían fascinado desde el minuto uno? Era un tipo encantador, era… Era exactamente el tipo de persona en la que Catrina se fijaría. El tipo de persona que ella desearía conocer, costara lo que costara. Y había tenido, con él, la suerte de poder conocerle bien, más que bien. De poder compartir momentos geniales que les habían llevado a estar juntos en ese momento, a pocos centímetros de distancia, compartiendo una historia que empezaba entre susurros íntimos.

Cerró los ojos durante unos segundos, sintiendo la caricia que él le dedicaba, y cuando los abrió otra vez sonrió un poco. Novios. La palabra resonaba en su cabeza por el peso que tenía, por la importancia que le daba a todo eso, por —Novios, ¿eh?— sonrió ella, siendo agradable como siempre y manteniendo el mismo tono que había usado él —Novios— repitió —, me gusta cómo suena, sí. Me gusta mucho— confesó, con una sonrisa ilusionada ocupándole los labios —Me gusta casi tanto como la idea de poder tenerte por aquí a menudo… De verdad, es como… Como si lo hicieras todo más agradable— le dijo, con las mejillas enrojeciéndosele. No sabía del todo qué significaba eso, pero sí sabía que lo sentía de verdad. Los pasillos fríos de la academia se habían convertido en un lugar mucho más cálido cuando los había andado al lado del auror. La cafetería, ya de por sí un lugar bastante agradable, era el paraíso cuando las manos de Sebastian rozaban el cuerpo de la aprendiz. Y quería eso, lo quería con una intensidad que apenas lograba comprender.

Sonrió de nuevo, incapaz de no hacerlo en compañía del que ahora parecía que era, de forma oficial y hablada, su novio, y le acarició las mejillas. Sus manos notaron la agradable sensación de la barba incipiente ajena, cosa que hizo que sonriera más todavía. Acercó sus labios a los ajenos y, con cuidado, depositó otro beso en ellos. Un beso suave y cargado de emoción a la vez, un beso que sellaba esa relación que parecía estar empezando y que provocaba que a Catrina el corazón le fuera a mil por hora con el solo tacto del cuerpo de Sebastian.
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