Come and get it || Sebastian Morgan

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Come and get it || Sebastian Morgan

Mensaje por Catrina S. Creagh el Mar Oct 11, 2016 6:43 pm

Aquella tarde a la rubia la envolvía el nerviosismo de la expectativa. Si ya de por sí era una muchacha inquieta y activa, el hecho de haber quedado con el auror la tenía atacada. Siempre había sido una jovencita sociable y no tenía problema alguno con charlar con gente nueva o pasar el tiempo con amigos, al contrario, le gustaba y, si se encontraba cómoda, era abierta a la hora de socializar, pues su forma de ser que oscilaba entre lo despreocupado y lo genuinamente bueno le facilitaba la tarea de caer bien. Sin embargo, había algo en el chico en cuestión que hacía que se pusiera de los nervios cada vez que le veía. Tal vez era la actitud moderada y correcta con la que la había guiado por el Departamento de Aurores el día que se habían conocido, una faceta de él que no tardó, al congeniar con la rubia, a dejar ver un tipo con quien Catrina sabía que podría llevarse bien.

Claro que una cosa era llevarse bien y la otra pedirle que fuera a Bulgaria por ella. Y es que cuando Catrina le propuso que fuera a visitarla a su nuevo lugar de estudio no esperaba una respuesta positiva, no esperaba que él aceptara. Llevaban un tiempo hablando y se veían realmente poco, pero a la muchacha le había caído realmente bien ese auror al que había conocido cuando ella todavía estudiaba en el Salvio Hexia.

Se vio a sí misma dando vueltas sin parar en la habitación de la residencia y supo que tenía que calmarse. Quería dar una buena impresión y no terminaba de comprender por qué. Es decir, Sebastian era un amigo, pero había algo que conseguía enervarla demasiado. Y no sabía de qué se trataba. En un intento bastante exitoso de calmarse, la rubia se preparó una infusión que le quitó el frío del cuerpo e hizo que se quedara más calmada. Miró el reloj una vez más y luego se miró en el espejo. Iba arreglada, como siempre. Su estilo de vestir era bastante formal en realidad. Se ajustó la falda que llevaba, alisó el jersey con el escudo de la Academia que llevaba puesto encima de su blusa y se pasó las manos por el pelo para asegurarse de que todo estaba en su sitio. Fuera de los entrenamientos y de la parte más física de sus estudios, Catrina tenía una facilidad curiosa por vestir bien y correcta. Y eso siempre la había ayudado.

Tras un último vistazo al reloj, se echó la túnica por encima de los hombros, para protegerse del frío de fuera, y abandonó su habitación que había dejado en impecable orden para dirigirse a la entrada de la Academia donde, con un poco de suerte, ya estaría Sebastian.
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Re: Come and get it || Sebastian Morgan

Mensaje por Sebastian Morgan el Sáb Oct 15, 2016 5:03 pm

Viajar por Europa era demasiado fácil, todo estaba relativamente cerca y, aunque quisiera ir al lugar más alejado, encontraría una forma de no demorar demasiado. Eso le gustaba, a diferencia de Estados Unidos, los países europeos tenían una unión demasiado arraigada de manera que la Red Flú podía llevarte a, básicamente, cualquier sitio. De manera que la facilidad con la que había llegado a Bulgaria contrastaba escandalosamente con la dificultad que se le presentaba a la hora de hilar cualquier pensamiento coherente.- ¡Oh, no! –Vaciló por un momento, un mal movimiento, y casi había tirado al piso una maceta tan grande como podría serlo un perro. Grande. Cualquier persona podría haberla visto, pero la torpeza de Sebastian no conocía límites, aún menos cuando estaba nervioso.- Concéntrate, Bass. –Murmuró tan imperceptiblemente que nadie pudo haberlo escuchado.

Vestido de auror, Sebastian era todo precisión, determinación, perfección. Vestido como cualquier otro chico de su edad, el que va a ver a la chica que le gusta, el que atraviesa varios países solo porque ella se lo pidió, era torpe como un perro recién nacido. Sí, Catrina le gustaba. Era más que su rostro angelical, sus labios que parecían un poema cuando le sonreía o sus ojos que parecían escrutarlo más de lo que realmente lo hacían. Más que su perfecto cabello rubio, su sensual acento inglés europeo. No, había algo entre la forma en que hablaba y su sentido del humor tan liviano, algo en su característica sonrisa. En su risa natural. Pero no sabía qué. Le gustaba, pero no sabía por qué.

Y le gustaba tanto, como para estar en el hall de la Academia de Aurores esperándola. Estar allí le traía muchos recuerdos, él se había graduado hacía unos cuatro años atrás y desde entonces no había vuelto allí, solo se había enfundado en su uniforme de auror y se hubo sumergido en las aguas profundas de su trabajo en MACUSA. Eso, hasta que hacia julio de aquel año lo enviaron para dar soporte a las tropas de aurores en Gran Bretaña. Y ahora no tenía fecha próxima para regresar a Estados Unidos. De cualquier forma, sus deseos de volver se veían opacados con la perspectiva de poder ver de vez en cuando a Catrina, pensar en algo distinto sería mentirse a sí mismo.

Se pasó las manos por el cabello desordenándolo sin darse cuenta. Su chaqueta de cuero negra cubría una camiseta gris. Aunque sabía que Bulgaria era frío, no sentía tanto en ese momento, de hecho, sintió la temperatura del lugar subir en cuanto vio a Catrina aparecer allí. Sonrió de inmediato y se acercó a ella sin saber muy bien cuál era la manera adecuada de saludarla, por lo que simplemente llegó hasta el frente de ella y no realizó ningún movimiento más, solo la observó sonriente.- ¡Hola! Ya me estaba preguntando si ibas a venir. –Bromeó, aunque no sonó tanto como una broma, sino como un regaño.- Quiero decir, te iba a esperar de todas maneras. Vine hasta aquí por ti. –No sabía si había metido más la pata o había logrado salir ileso de esa, no obstante, no articuló más palabras, así no tenía cómo seguir estropeando el saludo.




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Re: Come and get it || Sebastian Morgan

Mensaje por Catrina S. Creagh el Sáb Oct 15, 2016 6:20 pm

Mientras se dirigía al sitio donde habían quedado, la mente de la rubia viajó a su hermana. Al tiempo, ya tan lejano, en que era la mayor de las Creagh la que salía con un auror. Y cómo a ella, una enana que apenas entendía lo que podía pasar por la mente de su hermana, sentía una rabia infinita hacia el tipo que hacía que su hermana pasara poco tiempo con ella. Y cómo habían cambiado las cosas. Ahora era ella que, sin saber nada de su hermana desde hacía tiempo, no solamente estaba quedando con un auror, sino que también estudiaba para convertirse en uno. Y le gustaba, le gustaba muchísimo. Y pensó también en cómo reaccionaría Míra a todo eso. Y no le gustaba pensar tanto en su hermana, pero no podía evitarlo. Aunque consiguió apartar esos pensamientos de su cabeza cuando, llegando a la entrada, vio al chico.

Si un rato antes su cabeza había estado llena de dudas acerca de la razón por la que se sentía invadida por un nerviosismo inexplicable, cuando vio a Sebastian levantarse y acercarse a ella con esa sonrisa suya sintió que desaparecían todas esas dudas. Sintió un cosquilleo agradable recorriéndole el cuerpo, desde la base de la espalda hasta las puntas de los dedos escondidos en los bolsillos de la túnica que la abrigaba. Se plantó delante del auror y le miró, alzando la cabeza y recordando la altura que le sacaba. Notó en la mirada cierta admiración hacia él, y se preguntó hasta qué punto esa admiración se mezclaba con una atracción latente. Es decir, a la rubia no le habían pasado desapercibidas ni su sonrisa perfecta, ni sus gestos, ni esos ojos que la tenían maravillada, nada. Nada de ese muchacho se le había escapado a Catrina que, un poco nerviosa, miraba al tipo que había viajado hasta la Academia exclusivamente para verla. Solo por ella. Y le gustaba, le gustaba mucho, cada vez lo veía más claro.

No hubo ningún tipo de contacto físico, ni dos besos de cortesía, ni un abrazo, y eran detalles como ese los que hacían que la rubia titubeara cuando se trataba de decir cómo iban las cosas con él. Sin embargo, Catrina se obligó a no pensar demasiado en ella y a atender a las palabras del chico —¿Dudabas que fuera a venir?— preguntó, con una ceja en alto y una sonrisa divertida en los labios, demasiado contenta de verle como para pensar si había sido una broma o algo más parecido a una regañina —. Tenía muchas ganas de verte ya, me alegra que hayas podido venir— le dijo, algo tímida, como si de una confesión se tratara. La muchacha sintió el rubor acudiendo a sus mejillas de forma inevitable y paseó la mirada durante unos segundos por la barba incipiente de Sebastian. No sabía qué tenía esa barba que hacía que notara una sensación agradable en la boca del estómago. Le gustaba, le gustaba más de lo que le gustaba aceptar, porque no sabía hasta qué punto podía tener posibilidades con ese auror mayor que ella.

Se mordió el labio inferior, sonriente, y miró a su alrededor. Estaba emocionada, como una niña pequeña con un juguete nuevo. Solo que no era un juguete, era uno de los chicos más agradables que había conocido jamás. Y ella no era una niña, era una muchacha de veinte años con muchas dudas revoloteándole en la cabeza —¿Tienes algo que hacer en mente o damos una vuelta y ya pensaremos?— preguntó, alegre. Realmente le alegraba muchísimo la presencia de Sebastian, más y todo de lo que esperaba.
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Re: Come and get it || Sebastian Morgan

Mensaje por Sebastian Morgan el Dom Oct 16, 2016 6:08 pm

Sebastian recorrió los detalles del rostro de Catrina con singular disimulo y sigilo. La curva de sus labios al hablar y sonreír, sus ojos que lo miraban con una intención desconocida, la línea de sus cejas que quizás trataba de descifrar porqué ni siquiera él se acercó a darle un beso en la mejilla a modo de saludo.  De pronto se sintió demasiado grande en su propio cuerpo.

- ¡No! Por supuesto que no. Es decir, tú estudias aquí y…no creo que me hayas invitado para no estar. Sería ridículo. –Era mejor que cerrara la boca o terminaría arruinando la relación de amistad que tenía con la aprendiza de auror. Sonrió levemente, demasiado hipnotizado por ella como para notar la estupidez en su sonrisa. No obstante, cuando notó que ella se ruborizaba, desvió la mirada para no incomodarla más. Conocía la sensación de estar ruborizado y que el resto lo notara. Lo odiaba.- La verdad es que pensaba que tú tendrías un plan. –Admitió sintiéndose un poco tonto por no haber previsto esa situación.- Pero dar una vuelta suena bien. Estar aquí me trae muchos recuerdos de cuando estudiaba. –Admitió volviendo a mirarla después de varios segundos, esperando que ya el rubor hubiese pasado.

Comenzó a caminar en dirección al interior de la Academia, recorriendo un pasillo largo y que sabía que llevaba hacia la parte de atrás de manera directa, donde había una especie de cafetería, salvo que no vendía café ni hamburguesas como acostumbraba a comer en Estados Unidos, sino que comida más típica de Bulgaria y brebajes donde lo más normal era el té inglés y masas francesas. Y no, no se detuvo a pensar el motivo de la sangre en su rostro. Porque no le encontraba mucho sentido a que algo que él pudiera haber dicho o hecho le causara aquello. Tenía más sentido pensar en llevarla a un sitio cercano, donde no pasara frío, no estuviera tan concurrido y que pudieran pasar un rato agradable sin interrupciones. El lugar ideal habría sido la habitación de ella, pero sentía que sería incorrecto siquiera sugerirlo, completamente fuera de lugar.

-- Entonces…esto es… –Carraspeó. No estaba seguro de lo que iba a preguntar o si iba a decirlo realmente. Tomó una gran bocanada de aire mirando hacia el frente y metiéndose las manos a los bolsillos de la chaqueta.-… ¿una cita? Es decir… –Estaba balbuceando igual que un idiota. Se rió de su propia torpeza.- Ya sabes, tú me invitaste, yo vine a verte…me agradas, yo te agrado…no sé cuánto, quiero decir, supongo que te agrado. –Arrugó la frente y supo que no se estaba explicando para nada bien. De seguro Catrina se estaría preguntando cómo fue posible que alguien tan torpe se graduara de auror con honores y fuera contratado por MACUSA tan rápido, para luego participar activamente en la guerra mágica de Gran Bretaña en contra de Voldemort; también cómo fue posible que cazara a mortífagos con tanta facilidad. Era todo muy contradictorio.- Porque tú me agradas…y mucho. Por eso estoy aquí, porque también quería verte otra vez. –No sabía si había hablado mucho o el pasillo se acortó, el resultado fue que llegaron rápidamente al lugar donde Bass pretendía ir. Sin esperar una respuesta de su parte, se adelantó para abrirle la puerta y así entrara al lugar que estaba más cálido que los pasillos de la Academia. Una vez ella pasó, él entró al lugar y se quitó la chaqueta de cuero observando el lugar. No había cambiado nada desde que se graduó.




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Re: Come and get it || Sebastian Morgan

Mensaje por Catrina S. Creagh el Lun Oct 17, 2016 12:35 pm

Vio a un muchacho entorpecido y, a sus ojos, tierno, en el lugar que antes, cuando se conocieron, había ocupado un auror con una seguridad en sí mismo que la había sorprendido. Y le pareció adorable por su parte. Porque sí, ser auror era un trabajo que requería mucho a nivel personal, a nivel mental. Una estabilidad, una serie de recursos, un cierto nivel de inteligencia, resistencia, lo que fuera. Pero ver que ese auror fuerte que había conocido en sus visitas al Ministerio era también un humano que se ponía nervioso cuando quedaba con chicas hacía que Catrina tuviera muchas más ganas de ese encuentro.

Ella se puso todavía más nerviosa al darse cuenta de que, en realidad, era ella quien tendría que haber pensado algo que hacer. Es decir, le había dicho que fuera a verla. A Bulgaria. Y encima le preguntaba si él tenía un plan. Se mordisqueó el interior de la mejilla y sonrió, tratando de olvidar el rubor que poco a poco iba desapareciendo de su rostro, dejando que volviera a su tonalidad blancuzca natural, manchada por las pecas —Demos… Demos una vuelta, entonces— asintió. Y empezó a andar con él, dejándose llevar. Porque todavía era nueva en ese lugar, se lo conocía muy poco. Por suerte él parecía saber moverse por la Academia, y terminaron metiéndose en el pasillo que llevaba a la cafetería. A Catrina le sorprendió agradablemente la sinceridad que ocupaba cada  gesto y cada palabra de Sebastian. La forma en que él le dijo, directamente, que ella le gustaba. Y nada podría haber hecho más feliz a la rubia, en esos instantes, que escuchar eso de los labios del auror.

—¿Una cita?— sonrió Catrina. Sintió como si, en una situación normal, eso le habría causado tres ataques de nervios seguidos y un tartamudeo implacable, todo eso sumado a un rubor poco natural. Pero eso no era una situación normal. Estaba con Sebastian, y le gustaba, le gustaba de verdad. Así que, tomando fuerzas de algún lugar desconocido para ella, esbozó una sonrisa cómoda. Más nervios no les harían bien a ninguno de los dos, y ella podía ser fuerte y seguir con todo eso, lo sentía. Sentía que merecía la pena de verdad. Y él le estaba diciendo que ella le agradaba, que se había presentado a la Academia para verla a ella. Y Catrina sabía que no todo el mundo estaría dispuesto a hacer tal cosa. Así que, ensanchando su sonrisa y mirándole, sintiendo de nuevo esa comodidad, asintió —Suena bien, que sea una cita— y, con eso y esa sonrisa, lo dijo todo. Le dijo que él también le agradaba a ella. Que estaba más que feliz de que hubiera ido a verla. Sobraban las palabras para expresar todo eso, supuso ella. Además, no quería ponerse extremadamente roja otra vez.

Pasó por la puerta cuando Sebastian se la aguantó y notó una sensación agradable por todo el cuerpo, hacía más calor en ese sitio. Se desabrochó la túnica y se la colgó de un brazo para luego girarse hacia su compañero y sonreírle —¿Qué te apetece tomar?— inquirió, muy segura de lo que quería ella, porque el té verde con manzana le había robado el corazón desde el día que había llegado. Dudosa, sin embargo, por cómo comportarse, terminó acariciando con suavidad el brazo del chico mientras señalaba donde servían la comida. Retiró la mano rápidamente, con cierto nerviosismo, y dirigió su mirada a la sección de dulces —. Tienen el té muy bueno, ya sabes, y… Y yo estoy enamorada de las galletas de chocolate que hacen— confesó, risueña y con las mejillas rojizas de nuevo, pues no era un secreto para nadie que a la rubia la volvían loca las galletas, fueran del tipo que fueran.
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Re: Come and get it || Sebastian Morgan

Mensaje por Sebastian Morgan el Miér Oct 19, 2016 9:11 pm

¡Augh! Esos momentos, en los que dudó antes de responder, fueron una eternidad. Fue como si el tiempo se detuviera, luego anduviese muy rápido y al instante siguiente volviera a detenerse. ¡Por Dios! Catrina pudo haber estado jugando con un Giratiempos mientras Sebastian esperaba con ansiedad su respuesta, la que finalmente llegó e hizo que todos sus músculos se relajaran y, por fin, pudiera respirar tranquilo. Porque no sabía si él le agradaba de la misma manera en que ella le agradaba a él, es decir, sus sentidos le decían que sí, porque esa sonrisa tan ancha y tan hermosa no podía indicar otra cosa, pero bien podría estar jugando con el auror y todo aquello fuera nada más que de manera platónica. Anduvo con cautela, aunque dijera que “sí” a la cita, al final de la misma no quería desilusionarse tras escuchar “seamos solo amigos”. De modo que solo asintió y no agregó nada más.

Dentro de la cafetería, se sorprendió al sentir el tacto de ella en su brazo. Placentero, pero abrumador. No sabría qué hacer si ella hiciera eso y él estando en el campo persiguiendo a un mago oscuro. Perdería la cabeza, incluso lo matarían. Pero, sabiendo eso, quería que siguiera haciéndolo. No obstante, ella se detuvo y, en respuesta automática, el auror dirigió la mirada a ella y en sus ojos podía leerse que ahora extrañaba esa inocente caricia.- ¿Tomar? –Si todo lo que quería era tomarle la mano.- Si pudiera, tomaría una soda. –Dijo distraídamente, demasiado incómodo con su propio cuerpo como para ser verdad. Intentó concentrarse, porque con esa sensación, terminaría tirando una silla o una mesa al piso. Suspiró.- Pero no tienen de esas aquí, entonces… –Se acercó poco a poco al mostrador para ir a pedir lo que querían. La bruja que estaba del otro lado observó con ojos coquetos a Sebastian, pero él no tenía ojos para nadie más que para Catrina a su lado.- Hola. –Saludó con cordialidad, aunque desinteresado, estaba con la atención puesta en los dulces que habían en el escaparate.- Un chocolate caliente, una caja de galletas de chocolate, una caja de galletas de frambuesas… –Luego observó a la chica que le robaba el aliento porque no estaba muy seguro de lo que ella quería.- ¿Qué quieres para beber? ¿Algo más de comer? –Preguntó a la espera de que ella pidiera todo lo que quisiera y, al final, pagó por todo lo que ordenaron.

Una vez tuvieron las cuentas resueltas con la cajera, quien le sonrió más de la cuenta, Sebastian lideró la marcha hasta una mesa cercana en donde esperarían que les entregaran lo que pidieron. Como el caballero que es, ayudó a Catrina a sentarse corriendo la silla, para luego hacerlo él a su lado. Al hacerlo no pudo evitar observar su rostro otra vez, en busca de alguna señal que le dijera que no estaba cómoda con él o algo por el estilo. A pesar de que Sebastian era muy guapo, él no se veía de esa manera y gracias a eso sus primas siempre se reían de él y del efecto que causaban en las chicas. El auror era demasiado torpe para darse cuenta de esas cosas, mil veces era capaz de reconocer a un espía cuando estaba mintiendo que cuando una chica intentaba coquetear con él.- Estuve en esta Academia dos años y nunca me acostumbré a la diferencia de temperatura que hay aquí con el exterior. En realidad, creo que nunca me acostumbré al frío de la Academia, por eso prefería estar aquí. –Comentó solo porque le traía recuerdos la sensación de bienestar de ese lugar, incluso el aroma a brebajes y dulces.- Este lugar es como una cápsula. En las aulas y el campo de entrenamiento te enseñan cómo derrocar un blanco, reconocer la magia oscura en distintos lugares, tácticas de combate, y, en fin, cosas que seguro tú estás aprendiendo todavía. A soportar la sangre, el dolor físico, el cansancio. Pero luego vienes aquí y es como estar en otro planeta. –Al decir lo último, soltó una carcajada suave.- Todo es dulce, rico, te llena el estómago y olvidas que recién estuviste en un fango recuperando un objeto peligroso. –Se encogió de hombros sonriendo mientras trazaba arabescos en la mesa con el índice, solo llenando el espacio de su mano hacia la mano de Catrina. Cuando la alcanzó, trazó los mismos arabescos, con más suavidad, en el torso de ella.- Suave, delicado, pacífico. Estar aquí me hace olvidar todas las atrocidades que presencié en la guerra mágica. –La miró a los ojos, hablando un poco más en serio, pero con una sonrisa boba danzando en los labios. Ya no se refería a la quietud de la cafetería, evidentemente, sino a la calma que le antojaba la piel de Catrina.




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Re: Come and get it || Sebastian Morgan

Mensaje por Catrina S. Creagh el Jue Oct 20, 2016 4:44 pm

Catrina esbozó una sonrisa curiosa escuchando lo que pedía el chico. Galletas. Galletas de tipos distintos, muchas galletas. Eso era, para ella, el mejor gesto que podría haber tenido. Y es que en el fondo era fácil ganarse a esa muchacha. No hacían falta flores o bombones, aunque no los rechazaría, pero las galletas eran lo que más deseaba del mundo. Cuando dirigió la mirada a la muchacha que les atendía alzó una ceja, viendo cómo repasaba a Sebastian con la mirada. Y no le hizo demasiada gracia ese gesto, pero como el chico parecía no darse cuenta no le dio mayor importancia. Cuando él le preguntó que qué quería dio un paso, quedando a su lado y fijando la vista en la dependienta —Oh, para mí… Tomaré un té Mursalski— dijo, decidida. Ese té de hierbas le había alegrado la existencia. Estaba hecho con una flor que se encontraba en montañas de los Balcanes a tres mil pies de altura, con propiedades curativas, que calmaban la ansiedad, con el factor añadido de ser saludable para ella. Tenía todo lo que a Catrina podría gustarle, sin duda.

Y quién también tenía todo lo que podía gustarle a la rubia era el auror que, caballerosamente, le colocó la silla para que pudiera sentarse y tomó asiento a su lado. Catrina escuchó sus palabras, devorando sus anécdotas con sinigual interés, asimilando cada una de las palabras de Sebastian que, en ese momento, para ella eran lo más interesante del mundo. En sus ojos brillaba la admiración hacia el joven auror cuando empezó a hablar de la guerra mágica. Mencionar ese desgraciado acontecimiento hacía que saltaran todas las alarmas en la rubia, porque había sido la causa de muchas penas en la comunidad mágica y ella, con un sentimiento de empatía desbordante que se le hacía hasta doloroso, sufría también. Y ahí le tenía, un héroe que había luchado en esa guerra, que había arriesgado su vida por la comunidad mágica, diciendo que estar en ese bar le hacía sentir mejor —Me alegra mucho que puedas sentirte así, de verdad… Te lo mereces. Es decir, la gente como tú… Os merecéis todos un descanso de esos horrores— musitó, algo dudosa —. A mí me da algo de miedo este lugar— confesó —. No, la palabra no es “miedo”, pero esta Academia… Impone. Es tan nuevo para mí, tan… Distinto. Estaba acostumbrada al Salvio Hexia, y ahora estar aquí me desorienta completamente. Pero me gusta su forma de enseñar, hay mucha actividad física y me está yendo muy bien— se sinceró, sintiendo que con Sebastian podía hablar de lo que fuera sin problema alguno.

Miró a su alrededor. El muchacho tenía razón acerca de la calidez de aquel lugar, pese al sentimiento de añoranza que invadía a la chica durante la mayor parte del día.  Pero Catrina no podía evitar echar de menos su casa. Era un sentimiento abrumador que lo invadía todo en los momentos de más desánimo de la joven. Una corriente oscura que apartaba su alma de su cuerpo, que hacía que el dolor de las agujetas se multiplicara por cien y le recordara cuán más cómoda era su cama en casa de sus padres. Echaba de menos su cuarto, su almohada, los desayunos de domingo. Y cuando ese sentimiento la acechaba, no tenía ganas de espacios calientes, de lugares nuevos, de extranjeros interesantes. Pero en esos momentos no se sentía así. Tal vez porque la compañía de Sebastian era demasiado agradable como para pensar en lo que había dejado atrás en su casa. Y esa vez, en lugar de echar de menos algo que ya no tenía y le quedaba lejos, pensó en cómo de real se sentía todo. El sol cuando salía, el viento helado, el olor del bosque, de los dulces en la cafetería. Y lo sintió, por primera vez, como su casa.

Las caricias que Sebastian estaba dejando en la mesa se trasladaron hacia el dorso de su mano. Catrina le miró a los ojos con una pequeña sonrisa, estremeciéndose por lo agradable que le resultaba ese contacto físico con él, y se encontró pensando en sentimientos. Y no solía hacer eso, ella. Pero pensó que estos momentos eran preciosos. Que valían más que todo el oro que Gringotts pudiera guardar. Que los dedos del chico trazando formas azarosas en su piel le dejaba una sensación tan agradable en el cuerpo que solamente podía callar, sonreír y observar. Y observando los ojos del muchacho lo supo. Que en esos momentos eran jóvenes y tenían la vida en la palma de la mano. Que podrían pasarse el día simplemente trazando las líneas de las manos ajenas con cuidadas caricias cariñosas o escuchando historias de años atrás. Que el simple hecho de estar a su lado en la cola del bar esperando a pagar le despertaba una euforia interna que le costaba entender. Y tal vez eso no era tan emocionante como los fuegos artificiales de una relación de amor pasional ya construida e instaurada, tal vez no sentía tanto como había hecho en otros tiempos, pero supo que con él estaba a gusto. Y a ella eso le bastaba.

En un momento dado le tomó la mano con la que él la estaba acariciando. Lo hizo en un gesto suave, inmersa en sus pensamientos, y su mirada fue capturada por la marca en la mano de Sebastian. No la tocó directamente por miedo a hacerle daño, pero sí que paseó sus dedos por la piel sin dañar que quedaba al lado de la cicatriz. Le levantó con cuidado la manga para seguir mirando la cicatriz, que parecía extenderse mucho, y sin apartar las manos de su brazo levantó la mirada hacia él —Nunca me has contado la historia de esta. ¿Cómo te la hiciste?— preguntó finalmente, retirando las manos pero posándolas encima de la mesa muy cerca de las de él, temiendo haberse excedido a la hora de tocarle.
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Re: Come and get it || Sebastian Morgan

Mensaje por Sebastian Morgan el Sáb Oct 22, 2016 5:20 pm

Si le pidieran a Sebastian una lista de 10 palabras en las que se definiera, en ningún lugar estaría “héroe”. Ni en una lista de 20. Ni de 50. Simplemente él no se veía de esa manera. Cuando se miraba en el espejo todo lo que veía era a un chico normal, intentando verse decente y sentirse ligero para poder cumplir con su trabajo. Un hombre que estaba demasiado preocupado en que su actuar fuera correcto, que no hiciera nada que no se esperara de él, como para considerarse a sí mismo un héroe o algo parecido. Pero ahí estaba ella, la chica que le movía el piso, diciéndole que se merecía todo el descanso del mundo tras haber mencionado lo de la guerra. Se sintió un poco sobrecogido, bajó la mirada algo nervioso. Si esa no era la imagen que tenía él de sí mismo, no esperaba que alguien más la tuviera. Tampoco se le habría pasado jamás por la cabeza que ella pudiera verlo así.

No obstante, no agregó nada, puesto lo que ella dijo a continuación le dejó algo perplejo. Sabía que muchos de los estudiantes de Salvio Hexia habían sido reubicados en otras academias, sabía que muchos de los estudiantes del programa para aurores fueron a parar a la Academia búlgara, pero no sabía que Catrina había sido una de ellos.- ¡Oh! ¡Tú estabas en Salvio Hexia! Lamento mucho haberla destruido. Aunque ya estaba todo en ruinas cuando llegué, pero lo lamento. –Se sintió un poco culpable por la decepción de Catrina por trasladarse a Bulgaria, en cierto sentido él también contribuyó a esa destrucción. Y la manera correcta, aunque realmente no existía una en una guerra, habría sido provocar el menor daño posible. Con aquella batalla la universidad quedó completamente destruida y jamás volvería a abrir sus puertas.- Ya vas a ver que esta Academia te gustará. Tiene mística. –Dijo sonriendo. Le tenía mucho cariño a ese lugar.- Siempre pensé que este lugar era mejor que Salvio Hexia. Aunque nunca fui allí, precisamente. –Se encogió de hombros un poco, para luego observar la dirección que tomaban las manos de Catrina.

A pesar de que había sido una decepción el que ella no notara la manera en que él le habló tomando su mano, Catrina estaba sosteniendo las de él de una manera bastante peculiar. Se dijo a sí mismo que no volvería a intentar ser cariñoso con ella, acercarse de esa forma para romper la barrera del contacto físico. No obstante, la rubia estaba allí, sosteniendo su diestra con una mirada bastante curiosa mientras le acariciaba los lados de la cicatriz negra que portaba allí, siguiéndola hasta el antebrazo. Ahogó un estremecimiento, no de dolor, sino por la extraña sensación que sentía por sus caricias. Siempre se sentía raro tener a una chica tan cerca.- Esa cicatriz… –Recordó la misión con Robert, su promesa de no decir una palabra de lo que estaban investigando por ser una situación personal y delicada. Suspiró, no quería mentirle, pero tampoco podía contarle toda la verdad.- …la obtuve en una misión en la que me asignaron como compañero a un auror británico. –Al mencionar aquello, sonó más americano que nunca.- Era solo investigación, pero llegamos a un lugar donde había rastros de una poción mal hecha o posiblemente bien hecha. –Bromeó con ello. Rió por lo bajo y la miró un poco cohibido.- Quise hacer que el caldero levitara, pero tan pronto mi varita lo tocó, la poción saltó y me cayó en la mano. No fue placentero. –Apretó los labios y no comentó que casi muere en el intento porque no quería dar lástima. Era una poción hecha para que quien la tocara muriera por no tener asistencia. Por suerte, Bass había tenido la ayuda de Robert. Desde ese momento se habían convertido en buenos amigos.- Estuve en el hospital de magos como dos días en observación. Pero ya estoy bien. Solo a veces me duele o arde. –Le restó importancia puesto no quería preocuparla. Ni a ella ni a nadie. Ni tampoco quería volver al hospital a seguir en “observación”. El medimago que lo había atendido fue muy amable, pero se había muerto de hambre y perdido la acción de campo por dos días.

Cuando terminó de contar la historia, la bruja de la cafetería lo llamó para que retirara sus galletas y brebajes. Así lo hizo llevando una bandeja con todas las cosas hacia la mesa que ocupaba con Catrina y le entregó su té con cuidado para no tirarlo encima. Luego abrió las cajas de galletas y las puso cerca de la aprendiz de auror para que comiera sin tener que estar estirando su brazo por la mesa. Bass tomó una galleta de frambuesas y comió feliz. La apuró con un poco de su chocolate caliente.- Mmmh…esto no ha cambiado ni un poco su sabor. –Murmuró antes de beber un poco más.




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Re: Come and get it || Sebastian Morgan

Mensaje por Catrina S. Creagh el Dom Oct 23, 2016 6:03 pm

La rubia no pudo evitar una pequeña sonrisa cuando Sebastian se disculpó por lo acontecido en el Salvio Hexia. Dejó una sutil caricia en sus dedos y negó con la cabeza, sin poder evitar esa sonrisa amable en sus labios —No tienes que disculparte por nada, ya lo sabes. Al revés, tendría que agradecerte yo lo que hicisteis en el Salvio, podría haber terminado todo mucho peor— dijo, segura de sus palabras —. Además, este sitio en el fondo me gusta. Solo que… Es muy grande y me lo conozco muy poco. Pero ya me iré acostumbrando, y… Y si tú opinas que es mejor, tendré que creerte— se encogió de hombros, risueña. Además, la rubia creía realmente que ese lugar terminaría siendo genial y muy importante para ella. Se encontraba en uno de esos momentos en los que, a pesar de sentirse desesperada por ser rescatada, también estaba convencida de que tenía la fuerza suficiente para salir adelante sola. Que estar en un lugar nuevo, por muy terrorífico que le resultara, era precisamente lo que necesitaba. Que los momentos más difíciles en la vida, los más desafiantes, eran los que escondían el potencial para ser los de más crecimiento personal. Y eso tenía en mente hacer.

A Catrina no le pasó por alto el comentario sobre el “auror británico”, que le arrancó una sonrisa mientras escuchaba a Sebastian, enfrascada en la historia que le estaba relatando. Porque la sentía, realmente la sentía. Sabía que historias como esa podían formar parte de su futuro, cuando ella ya fuera auror de verdad, y le interesaba más que ninguna otra cosa. Escuchó las palabras que narraba el auror como si fuera una niña pequeña escuchando las historias que se cuentan alrededor de un fuego en un camping de verano, con atención e interés, sintiéndose atrapada completamente. Y cada vez sentía más y más admiración. Una misión difícil, una decisión todavía más difícil, una poción hecha probablemente para hacerle daño y una herida más que dolorosa que le hizo estar dos días en el hospital. Eso era intenso, interesante, era cautivador para alguien como Catrina, tan ávida de aventuras, de una vida nueva que la alejara de lo que había vivido hasta que empezó a estudiar.

Pasó los dedos de nuevo por la mano y el antebrazo de Sebastian que no cubría la ropa, sin atreverse todavía a tocar la herida pero sí sintiendo la necesidad de verla, de ser consciente de cuán real era todo eso. De lo que la esperaba en un futuro —Suerte que ya estás bien— musitó. Levantó la mirada hacia él sin apartar sus dedos de la piel ajena y esbozó una pequeña sonrisa —Supongo que algún día yo también tendré cicatrices que enseñar para contar historias de mis misiones— tomó una galleta con la mano libre y la mordió, pensativa. Sabía a gloria. Cerró los ojos durante unos segundos, saboreándola, y cuando los abrió tomó un sorbo de té y miró al chico —La verdad es que este sitio es muy distinto al Salvio Hexia, ¿sabes? Los entrenamientos son muy duros y muy físicos. Es decir, en el Salvio ya lo eran, pero no tanto. Y me alegro de poder trabajar más en eso, lo echaba un poco de menos y supongo que es una de las partes esenciales de ser auror. Y… Y las clases más teóricas son muy interesantes, aunque no tan distintas de las del Salvio— le dijo, distraída, sin darse cuenta de que había vuelto a bajar la mirada a su mano.

Estuvo unos segundos en silencio, con sus dedos cerca de la cicatriz del chico —De verdad, no sabes… No sabes cómo me alegro de que estés bien— repitió, incapaz de callárselo, sincera —. De que estés bien y de que puedas estar aquí— añadió, con las mejillas encendidas, tomando su mano de nuevo y, esta vez, enlazando sus dedos con los de ella. Su mano que, pese a las grietas y el castigo del pasado en batallas y misiones, a Catrina se le hacía suave y delicada. Le aportaba paz. Le hacía olvidar todo lo que, en otros instantes, podría estar preocupándola lo más mínimo. Y mientras se daba cuenta de eso, la rubia levantó la mirada y clavó sus ojos en los de él, dándose cuenta de la sensación extraña y agradable a la vez que sentía en la boca del estómago cada vez que se encontraba con los ojos de Sebastian.
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Re: Come and get it || Sebastian Morgan

Mensaje por Sebastian Morgan el Lun Oct 31, 2016 11:11 pm

No sabía muy bien a qué se refería con “podría haber terminado peor”. Para Sebastian, no había otra opción que haber ganado esa guerra, pero lo único que podía imaginarse era que las cosas hubiesen resultado mejor. Resultaba que se había derramado mucha sangre mágica e, incluso, había muerto el propio ministro británico. Las cosas en Estados Unidos no se veían muy esperanzadoras cuando eso ocurrió. Aunque Sebastian estaba en Inglaterra, no dejó de recibir cartas cifradas para que solo aquel que hubiese estado en la inteligencia de MACUSA pudiera entender. El Congreso se había puesto de cabeza, porque un ministro muerto, una guerra ganada y muchos muertos, significaba un desastre para el nuevo gobierno y para las relaciones internacionales. En parte, ahora su trabajo estaba bajo esa premisa, averiguar la situación real en Inglaterra, ser un espía capaz de infiltrarse de manera que pudiese obtener la información de primera fuente. MACUSA todavía no tomaba una decisión acerca de su posición sobre los movimientos del nuevo ministro británico, por lo que la información que Morgan pudiese recopilar era fundamental. Por ello, él siendo un espía para su gobierno, luego de toda la sangre que vio correr, no podía imaginarse una situación peor.

-- Aquí vas a encontrar una camaradería que no creo que hayas podido encontrar en Inglaterra. Aprovecha de hacer amigos y contactos porque después serán los mismos que vas a ver en todo el mundo. –Dijo con una sonrisa amable en el rostro, no sabía sonreír de otra manera estando cerca de ella. Quizás sonreír como un tonto, embobado por su belleza, pero no era consciente de ello. Mirándose a un espejo, de seguro intentaría forzarse a sí mismo a lucir con seriedad. Pero no era capaz.

Sintió un cosquilleo otra vez al tacto del recorrido de los dedos de ella encima de su piel. Un cosquilleo difícil de describir, que venía también dado por la extraña sensación que le provocaba tener una herida abierta, marchita, un surco negro atravesándole la piel de pura magia negra. A veces daba un shock de dolor, pero en esa ocasión solo ardía un poco opacado por las caricias distraídas de Catrina.- La verdad es que espero que no tengas cicatrices. –Sonó como si fuera una falla estética, pero para Sebastian las cicatrices eran el recordatorio del dolor del campo. No quería que ella, ni que nadie, fuera víctima de ese dolor. Aunque sabía que ella estaba entregada a que eso iba a ocurrir y él lo aceptaba, así como aceptaba que sus amigos que habían escogido ese camino fueran víctimas de heridas que dejaban cicatrices imborrables.

Notó las mejillas sonrosadas de ella otra vez, porque vio encenderse su piel nívea por el rabillo del ojo. Otra vez no volvió a levantar la vista para verla, con el único objetivo de no incomodarla. Aquellas palabras eran alentadoras a sus sentimientos, aunque no se sentía realmente bien recibir tanta atención de su parte. Ella le gustaba, como era obvio para él, incluso si sentía que existía un vacío que no llenaba. Ni ella ni nadie, como si algo se le hubiese perdido al auror. Morgan carraspeó un poco confuso, porque le gustaba estar cerca de ella. Se sentía bien haber ido hasta Bulgaria solo por estar un rato con ella, por tener esa cita. Observó sus manos entrelazadas, sabiendo que era un gesto más alentador que las palabras que acababa de escuchar. En ese momento acabó por levantar la mirada y encontrarse con los ojos azules de ella, que le provocaron nervios y una sensación rara en la boca del estómago. Un cosquilleo en el pecho de nerviosismo. Ni en la más sangrienta de las batallas habría sentido que el mundo daba vueltas. ¿Qué estaba haciendo ahí? ¡Ah, sí! Catrina. Sus ojos. Sus labios. Carraspeó otra vez. Se acercó un poco, en silencio, a retirarle una miga de galleta de la comisura de sus labios con la mano libre y, sin saber cómo ocurrió, terminó presionando sus labios con los de ella. Sintió el aroma del té raro y de las galletas de chocolate que le había ofrecido, en la punta de la nariz. Había un dulce olor en ella que le agradaba, unos labios cálidos que recibieron los propios. Que lo llamen intrépido o desvergonzado por besarla sin previo aviso ni permiso. En ese momento no le importó.




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