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In the chill of the morning | Alexandra Kozlova

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In the chill of the morning | Alexandra Kozlova

Mensaje por Domenico H. De Sica el Dom Oct 09, 2016 7:10 pm

20 de septiembre

El italiano no podía permanecer más tiempo encerrado en casa. Era cierto que la mayor parte del tiempo estaba en Irlanda pero desde el momento en el que Fiorella ingresó en Hogwarts, por el inicio del nuevo curso, la casa estaba exclusivamente a su disponibilidad y en silencio. Nunca pensó que realmente fuera a molestarle el silencio. No escuchar a su hermana practicando algún hechizo, escucharla pasar las páginas de los libros o quejarse de cualquier ruido que provocaran los vecinos contiguos. Hubo un momento en el que pensó darle el permiso para poder ir a Hogsmeade pero sabía que era más seguro estar entre lo muros del castillo; igualmente tenía claro que acabaría concediéndole el permiso de una manera u otra.

Sentía los músculos engarrotados. Sin duda no se trataba del mismo trabajo que había desarrollado durante los últimos años en el Ministerio pero era mejor que si se hubiera quedado trabajando después de todo lo acontecido. Recorrió la habitación con la mirada, escudriñando con sus ojos azules la escasa decoración del cuarto que usaba, meramente, para dormir durante las horas precisas. Semanas antes había escuchado de la existencia de una zona deportiva donde, después de pensarlo, acabó apuntándose a varias de las clases que se impartían, aunque de buena mano sabía que no asistiría a la mayor parte de ellas. Debía de coger varias para poder elegir un horario concreto del uso de la piscina. Aquellos malditos muggles con sus normas absurdas sobre los usos de las instalaciones. Había pagado, le resultaba molesto tener que escoger otras actividades en las que solo ocuparía una plaza que podría ser de otra persona.

Ojeó el reloj. Su horario había sido escogido con cuidado, prefería no tener que encontrarse con una gran cantidad de personas en el lugar, aunque siempre se cruzaba con personas que lo observaban como el gran desconocido que era en la zona. Enredó la mano libre en su cabello, caminando descalzo por la casa. El reloj marcaba las seis de la mañana de un domingo. Nadie iría a aquella hora, pero Domenico estaba demasiado acostumbrado a levantarse antes de que el sol despuntara en el cielo. Poco tardó en equiparse para salir en dirección a lugar que se encontrara a escasos veinte minutos, a pie, de la casa de los hermanos De Sica. El frío del exterior lo azotó y, en aquel momento, se contentó del hecho de que la piscina fuera cubierta.

Sacó la camiseta por su cabeza doblándola y metiéndola en la bolsa, que convenientemente llevaba para aquel uso. Se acercó hasta el agua y entró, directamente, de cabeza en la helada agua. Salió varios metros más adelante. Las estúpidas lesiones de su pierna aún lo molestaban en algunas ocasiones. Meneó la cabeza para retirar el agua de su cabello y luego pasó la mano por su rostro. No había nadie más. Eso hacía las cosas mucho más livianas, aunque lo cierto es que el resto de personas no le molestaban puesto que, llanamente, las ignoraba y se dedicaba a sus ejercicios sin importarle quienes le rodearan.
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Re: In the chill of the morning | Alexandra Kozlova

Mensaje por Alexandra Kozlova el Dom Oct 09, 2016 8:12 pm

No era fácil tener un fin de semana fuera de Hogwarts si no fuese estrictamente necesario y con una misiva oficial de los padres de un alumno. Pero ella lo había logrado, sus padres, ambos muggles, fueron convencidos por Alexandra para que ella pasara un fin de semana en casa, al menos, durante el año escolar. Era la condición para poder regresar a Hogwarts.

Aquel domingo salió temprano por la mañana a ejercitarse. Desde que había comenzado las clases no tenía el mismo tiempo para practicar ninguna disciplina de las que conoce sobre defensa personal. A pesar de ser muy atlética, apasionada con la lucha y deportes, en Hogwarts poco espacio entre todo lo que tenía que hacer encontraba para poder dar rienda suelta a la adrenalina que le entra en el cuerpo cada vez que usa guantes de boxeo o patea un saco. Es por ello que prefirió tomar sus cosas y encaminarse hacia el gimnasio más cercano, que es aquel en el que aprendió todo aquello precisamente. Al ser una conocida de ese lugar, Alexandra simplemente saludó al recepcionista y entró, puesto sus padres luego se encargaban de pagar los días y horas que utilizaba el recinto en época escolar.

Dejó todas sus cosas en un casillero y, para llegar al lugar en donde estaba la sala de boxeo, tuvo que atravesar el spot de la piscina. No había mucha gente, quizás solo el tipo que recién se había lanzado al agua y dos hombres más colocándose sus zapatillas, en clara muestra de que se estaban yendo. Una mujer entró detrás de ella con un moño alto en su cabeza, Alexandra llevaba su cabello rubio suelto y natural hasta casi la mitad de su espalda. En ese momento se detuvo en seco al volver a mirar al hombre que estaba en el interior de la piscina. Aquel movimiento provocó que la mujer detrás de ella la chocara y le dijera algún improperio, que no logró escuchar porque no podía creer su buena suerte, antes de desaparecer hacia el salón de máquinas. Ese rostro lo conocía, de hecho, demasiado bien. Una sonrisa ancha apareció en sus labios y casi dio un saltito por la situación.

Domenico De Sica. Demasiado bueno para ser verdad. Demasiado guapo para ser real. ¡Demasiado apuesto para existir en ese mundo! Se mordió el labio inferior, no pudo evitarlo. Las gotas de agua le resbalaban por el rostro que tenía una mueca de molestia, las mismas que definían los músculos de sus hombros y su cuello. ¡Por Dios! ¡Por Merlín y todos los magos juntos! ¡Qué delicia de hombre! Tomó una gran bocanada de aire y, a pesar de que no hacía calor, se quitó la camiseta deportiva para así quedar solo con su sujetador deportivo y su bombacho negros. Llámenla exagerada, pero así era su necesidad de llamar la atención. No le importaba, ella se decía a sí misma que, de todas maneras, boxeando las camisetas molestaban.

Se deshizo de la camiseta como pudo antes de llegar hasta donde estaba él.- ¡Buenos días! –Saludó con una sonrisa radiante en el rostro, tan hermosa como angelical.- ¡Eres Domenico De Sica! ¡Qué coincidencia! –Su voz británica retumbó por todo el recinto de la piscina.- Pensé que todavía estabas siendo guardaespaldas de Cassandra. Leí ese artículo mal redactado en Corazón de Bruja acerca de ustedes. Hacen bonita pareja, mis compañeras dijeron que definitivamente deberían estar juntos, pero yo no creo lo que esa revista dice. –Se encogió de hombros.- Solo sé que, desde que ella está en Azkaban, por un juicio muy mal hecho y, además, no creo en todo lo que dice la prensa, es decir ¿ella mortífago? No me lo creo… –Hiperventilando.-…ya nadie cree que ustedes hagan una buena pareja. –Sonrió sin haberse inmutado por decir todo aquello sobre el mundo mágico en voz alta en una zona muggle y se colgó los guantes de box en el cuello, cayendo uno a cada lado de él.- Por cierto, te ves muy bien. Ya sabes, para ser alguien quien tuvo una herida grave en su pierna. –Agregó al final. En ese momento pensó que, quizás, su mueca de molestia se debía precisamente a eso. De cualquier forma, solo sonrió y se quedó parada en la orilla de la piscina. ¡Qué ganas sentía de lanzarse y estar en el agua con él!
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Re: In the chill of the morning | Alexandra Kozlova

Mensaje por Domenico H. De Sica el Lun Oct 10, 2016 10:10 am

Hacía demasiado tiempo que no se permitía tener un 'entretenimiento'; los meses precederos habían sido demasiado atareados para el italiano, y no precisamente había disfrutado del tiempo que tenía ocupado en sus quehaceres. El mes que pasó en Florencia fue lo único que consiguió, en cierta medida, desintoxicarlo de toda su ajetreada vida londinense; vida que había soportado y sobrellevado hasta que le acabó ocupando las veinticuatro horas diarias. Todo había cambiado en gran medida. Desde hacía una semanas sentía que había liberado un pesado lastre que cargaba sobre sus hombros desde el mismo momento en el que pronunció aquellas palabras. Las palabras que daban a entender que no quería verse envuelto más por temas que eran ajenos a su vida o su familia. En su momento los tuvo que soportar, era parte del trabajo que le había sido encomendado y que no quería dejar a medias por mucho que le molestara, pero se había alejado de todo aquello por fin.

Volvió a sumergirse en el agua para que las tranquilas y frías aguas sosegaran sus pensamientos. Lo último que quería era tener su mente ocupada con aquellos molestos momentos desde primera hora de la mañana. En el mismo momento que su cabeza atravesó la superficie del agua para tomar aire pasó la mano por su rostro para retirar el exceso de sus ojos y poder abrirlos. Manías.  Desde que era un crío estaba acostumbrado al agua pero no era lo mismo las piscinas que el mar y su subconsciente acogió la idea de que no era correcto abrirlos mientras estos estuvieran en contacto directo con el agua. Costumbres quizás.

Nadó hasta el extremo de la piscina donde sus manos se agarraron al bordillo para darle un respiro antes de hacerse unos largos. Las mayores recomendaciones cuando se tenía alguna lesión era nadar. Y por aquella razón lo hacía. No le disgustaba el agua pero prefería otro tipo de actividades en las que ejercitarse. Soltó las manos y cogió aire para comenzar sus ejercicios en el mismo momento en el que una voz llamó su atención e hizo que volviera la cabeza hacia la orilla más cercana para que sus ojos chocaran con una joven rubia que lo saludaba alegremente primero y, después, hacía referencia a su nombre. El tiempo de reaccionar fue realmente breve. En apenas unos segundos la rubia dio rienda suelta a todo pensamiento que cruzó su cabeza sin pararse a meditar sus palabras ni el lugar en el que se encontraban.

Pero lo hizo sonreír ante sus referencias a la aclamada revista Corazón de Bruja y la supuesta relación que mantenía con Cassandra Wright. Entonces fue cuando le quiso embargar algún recuerdo del rostro de la rubia. ¿Quizás en la fiesta de cumpleaños? La mayoría de los invitados iban disfrazados pero acabó fijándose en todos los asistentes por dos razones: el italiano siempre estaba fijándose de las personas de alrededor, y la segunda razón era porque se encontraba velando por la seguridad de la cumpleañera. —Haces bien en no creer en todo lo que dice la prensa.— fue lo que dijo cuando ella terminó de hablar. Desordenó su húmedo cabello con una mano mientras la otra la mantenía asida al bordillo cercano a la joven. —Deberíais dejar de prestarle atención a  todo lo que ponen en ese tipo de revistas, nuestra relación era meramente profesional.— concluyó apiñando un poco los ojos por lo directa que acababa de ser la joven en sus declaraciones y comentarios en relación a lo que pensaba de su relación con Cassandra Wright.

—¿Cómo sabes...?— no terminó de preguntar puesto que arqueó ambas cejas con relativa sorpresa. —Gracias por tu preocupación, estoy bien, nada grave que no pueda superar— acabó por decir con una media sonrisa. Las mañanas le sentaban relativamente bien. Se cercioró entonces de los guantes de boxeo que colgaban a los lados de su cuello. —La clase de boxeo empezará en cinco minutos— inquirió haciendo alarde de su conocimiento del horario deportivo del lugar y poniéndose de espaldas al bordillo para apoyar los codos y mantenerse a flote.
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Re: In the chill of the morning | Alexandra Kozlova

Mensaje por Alexandra Kozlova el Lun Oct 10, 2016 7:02 pm

Dio dos pasos hacia Domenico, viendo su musculatura endurecerse a medida que se acercaba y se apoyaba en los bordes de la piscina. Las hormonas de la adolescente estaban revolucionadas y es que no era para menos puesto esa era una situación que no se daba dos veces en la vida. Gotas de agua corrían por sus hombros y a Alexandra le llamó la atención la cantidad de cicatrices que podían apreciarse, algunas más notorias que otras, y se maravilló por la valentía que él debía tener para llevar el trabajo que llevaba. Sonrió casi hipnotizada.- Entonces…tú y ella…¿no están saliendo? –Preguntó solo para confirmar, porque no le encontraba sentido a que la inspiración para su vida se pudiera fijar en un hombre como él.- No es que realmente lo crea. Ella…ella…ella se fija en hombres que pertenecen a su mismo estrato social, con intereses similares. Ya sabes, Bartemius Crouch Jr., Lyonel De Beaulieu, Thomas Armstrong. –Sonrió otra vez mientras se arrodillaba para quedar a su altura…o más o menos.

Cuando él comentó que la clase de boxeo ya iba a comenzar, los ojos azules de la rubia viajaron hasta la puerta que iba hasta el salón de boxeo y se debatió internamente en si debía irse de allí o no. Su objetivo para aquella madrugada residía en practicar boxeo, lanzarle algunos puñetazos a personas desconocidas, a muchos muggles que eran sus vecinos, pero por otro lado tenía frente a ella al auror más guapo que existía sobre la faz de la tierra. ¡Que Morgana o alguna bruja la ayudara! En su interior podía escuchar a su hermana diciéndole: “¡Pero qué estás haciendo! ¡Quédate con él! ¡Además puede ayudarnos a conocer a gente importante!”. Sí, definitivamente se iba a quedar con él hasta que el auror se fuera. O hasta que terminara de soportar a una niña como ella.

-- Lo sé. Pero tengo una mejor idea. –Dijo sonriente mirándolo otra vez. Sí, las sonrisas eran de coqueteos, una característica innata en ella. Aunque, a decir verdad, jamás necesitaba coquetear mucho porque su belleza hacía el mayor parte del trabajo por ella.- Aunque quizás es un poco descabellada. –Rió por lo bajo y se sentó con las piernas cruzadas en el piso en clara muestra de que no tenía intenciones de irse.- Soy Alexandra, por cierto. Alexandra Kozlova. –Alargó su mano como ofrecimiento a su presentación. Era primera vez que sentía que era incorrecto no decir su apellido real, pero él conocía a Cassandra y a mucha gente que la conocía como Kozlova y no como Rickman.- A pesar de que me encanta verte en la piscina, es una muy buena vista debo decir, ¿sabes boxear? –Preguntó entrelazando sus manos en su regazo, esperando casi esperanzada que dijera que sí.- O alguna otra disciplina de lucha o defensa personal. Deberías, eres un auror. –Y uno muy guapo. Sonrió.
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Re: In the chill of the morning | Alexandra Kozlova

Mensaje por Domenico H. De Sica el Lun Oct 10, 2016 8:01 pm

Nunca hubiera imaginado que habría acabado encontrándose con alguien que lo conociera. Pero no se trataba solamente de un simple conocer. Se notaba que la joven de cabellos rubios estaba más que enterada de algunas de las circunstancias que habían rodeado la vida del italiano durante los meses precederos. Ni siquiera su hermana tenía constancia de que se había estado encargando de la seguridad personal de la castaña, y que aquella había sido la razón por la que no podían pasar tanto tiempo juntos como le hubiera gustado al tenerla más cerca tras su traslado a Hogwarts.

El hecho de estar completamente estático en el agua hacia que su cuerpo empezara a enfriarse a cada segundo que pasaba. Movía las piernas bajo el agua e incluso se soltó del agarre del bordillo para mover los brazos con cuidado de no salpicar a la recién llegada. Notaba la mirada de la misma recorrerlo, mirarlo fijamente. Ignoró aquellas miradas y se dedicó a otear a su alrededor en busca de alguna persona más en la piscina, cosa que no fue así puesto que ambos estaban solos en el lugar. Al menos de aquella forma las palabras imprudentes de la joven se encontraban lejos de oídos ajenos indeseables. Los ojos azules del italiano se fijaron en los azules de la joven arrodillada, entonces, en el bordillo. —No estamos ni estábamos saliendo, es algo realmente improbable— respondió con voz divertida. Ninguno de los dos soportaba la presencia del otro más de cinco o seis minutos, y si hablaban  el número descendía en picado. Escuchó la enumeración de nombres que pronunció pero ninguno llamó la atención del italiano. Ni siquiera la importaba que era lo que todos ellos tenían en común. —Pero tus compañeras creen que deberíamos estar juntos, quizás no la conoces tan bien como crees— se permitió bromear en relación en aquel tema puesto que se le hacía divertido las reacciones que despertaba en según que personas.

De haber tenido a su hermana cerca, el italiano sabía que habría tenido que contenerla para que no soltara alguno de sus comentarios mordaces o atacara a la rubia ante las miradas que le dirigía. Al contrario que el italiano que permanecía tranquilo, quizás con algo de impaciencia puesto que había ido a ocupar su tiempo en otras labores que no tenían relación a hablar sobre si tenía algún tipo de relación con Cassandra Wright. Estaba cansado de que todo el mundo acabara tocando aquel tema de una forma u otra.

Cuando su atención volvió hasta la joven, ella ya se encontraba sentada en el suelo con las piernas cruzadas dándole a entender su clara intención de hacerle 'compañía'. Alargó su mano para apretar la contraria levemente. —Encantado, Alexandra. ¿Una hermana gemela quizás?— preguntó entonces separando las manos, puesto que la estaba mojando. Tenía la sensación de haber escuchado hablar en alguna ocasión, al menos de pasada, de las hermanas Kozlova. Las hermanas gemelas. Su atención no había sido muy buena cuando se trataba de comentarios en grupo sobre otras mujeres u hombres, no eran de su gusto por lo que prefería desconectar del asunto lo antes posible. Intentó pasar por algo lo directa que se mostraba pero meneó la cabeza con cierta pesadumbre mientras se acercaba hasta el bordillo y apoyaba las palmas de las manos, impulsándose hacia arriba, y saliendo de la piscina en un único impulso. Acabó por sentarse a una distancia prudente de ella, más que nada por no molestarla al mojarla. —Conozco algunas, pero no puedo practicarlas hasta tener completamente recuperada la lesión en mi pierna— comentó ojeando las quemaduras que aún se dejaban entrever en su diestra pero mucho peor era el destrozo que sufrió en su rodilla.

—Por lo que veo estás aprendiendo o practicando boxeo— dijo entonces alargando un brazo para golpear suavemente con el puño uno de los guantes que colgaba de su cuello y que acabó chocando con el otro. Al inclinarse hacia ella se percató de que llevaba el colgante de Andrea, no le gustaba que los demás lo vieran y, teniendo en cuanta lo indiscreta que se mostraba la joven no le agradó la idea. Con un conjuro no verbal ocultó lo que en éste tenía grabado para que, en su lugar, aparecieran las iniciales de su nombre y no las de su hermana.
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Re: In the chill of the morning | Alexandra Kozlova

Mensaje por Alexandra Kozlova el Lun Oct 10, 2016 11:30 pm

Eso. Si no estaban saliendo, ni jamás lo habían hecho, quería decir que el hombre estaba más que soltero y eso era una buena oportunidad para la arribista de Alexandra. Arrugó el ceño, no obstante, puesto su sugerencia acerca de que no conocía muy bien a Cassandra no le pareció correcta.- ¿Y tú la conoces bien? –Preguntó en réplica porque, a decir verdad, no tenía ni una mejor defensa que aquella. Su relación con la castaña se debió a que Damaris y ella fueron una vez sus protegidas y ella les enseñó muchas cosas para estar en sociedad, desde ese momento se había convertido el modelo a seguir de las dos hermanas. La conocía bien, o eso creía.

Se movió un poco de su lugar cuando lo vio salir de la piscina. Salpicó agua por doquier y Alexandra no supo si le gustaba más que estuviera fuera de la alberca o que presumiera sus músculos y su cuerpo perfecto con ella de esa manera. Se quedó pasmada y en silencio por varios segundos haciendo con sus ojos el mismo recorrido que hacían gotas de agua por el cuerpo del auror. Tragó saliva. La situación la superaba con creces.- Yo…ehm… –No supo qué agregar a su respuesta. Se sentía algo tonta y decepcionada puesto había albergado la ilusión de ver a su cuerpo en acción y boxear con él, o quizás practicar jiu jitsu y así tener un poco más de contacto corporal. Pero había sido descuidada y tonta. Y descuidada. Y ahora estaba viendo sus abdominales otra vez.-…lo siento. Por lo de tu pierna, quiero decir. Pensé que ya estabas más mejorado. –Fingió una sonrisa pero todo lo que salió fue una mueca nerviosa. – Sí, tengo una hermana gemela. Su nombre es Damaris, pero está en Estados Unidos. Se fue de intercambio a Ilvermorny. –Comentó un poco ida y tratando de no mirarlo tan descaradamente esta vez.

Entonces se sobresaltó un poco porque él golpeó de puño su guante que colgaba desde su cuello. Lo observó chocar con el otro encima de su pecho y asintió, feliz de poder fijar su atención en algo que fuera objetivo y no en los subjetivos músculos de él. Y en el agua que lo recorría. Y en sus cicatrices.- La verdad es que aprendí a boxear hace tiempo. –Respondió acomodándose de manera que el charco de agua que él estaba dejando, no la alcanzara.- Hace varios años, de hecho. Solo venía a ver si podía golpear el saco o, si tenía suerte, a alguien. Nadie se atreve a pelear conmigo porque creen que soy muy pequeña y delgada. Me subestiman. –Añadió con un tono jocoso en medio de la soledad de la piscina.- Luego, pensé que podría alcanzar con mi guante una de esas perfectas mejillas que tienes. Pero me has roto la ilusión, Domenico De Sica. –Lanzó el dardo asesino, aunque con la misma sonrisa coqueta y un tono bromista de por medio. Debía de existir alguna manera en la que llevar al auror a un cuadrilátero, ya que ella no estaba equipada para meterse a la piscina con él, convencerlo, quizás, no era la mejor manera.

Alexandra se imaginó a sí misma trepando con habilidad y flexibilidad el torso de Domenico, aplicando una llave con sus piernas en el cuello de él y llevarlo al piso para luego rodar, quedar encima de su espalda y jalando su brazo izquierdo para inmovilizarlo. Se imaginó entonces que el dolor de la rodilla de él podría ser invalidante y abortó aquel pensamiento. Luego se imaginó con los guantes puestos y lanzando ganchos a ese rostro divino, de dios griego. Cuando Dios creó a los ángeles, de seguro estaba pensando en Domenico.- ¿Sabes? Me imaginé que eras más antipático. –Se encogió de hombros como si fuera algo normal pensar aquello.- Pero incluso has salido de la piscina para hablar conmigo. Eres amable y simpático. –Y exquisitamente guapo. ¿Ya lo había dicho?- ¡Vamos a boxear! Prometo no ser tan cabrona. –Sonrió con inocencia. Sí, de aquella de la que carecía. Se puso de pie de un salto muy ágil, parecía una pluma elevándose sola.- O puedes volver a la piscina, yo te observo y te sentirás incómodo. -Puso sus manos en su pequeñita cintura.- Vamos. Vamos. -Su cabello le tapó el rostro un poco al verlo hacia abajo.
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Re: In the chill of the morning | Alexandra Kozlova

Mensaje por Domenico H. De Sica el Mar Oct 11, 2016 6:28 pm

Que si la conocía bien. Ni el mismo italiano tenía claro si la conocía de verdad o las cosas que había llegado a saber no eran más que mentiras o hilos que la castaña había tejido para tenerlo todo bien atado a su control. Aunque ahora no tenía ya nada bajo control desde el lugar en el que se encontraba. Frunció el ceño ante sus pensamientos. No le gustaba el camino que acababan de escoger en relación a aquel tema. Se habría conformado con el simple hecho de perderla de vista y alejar todo lo que estuviera relacionado con ella y su familia. —No estoy del todo seguro de si es así— fue lo único que contestó mientras anudaba mejor el cinto de su pantalón y luego pasaba una mano por su cabello en un intento de 'arreglarlo'. —De igual modo no es algo que me importe— le reconoció encogiéndose de hombros levemente, sorprendido por la sinceridad que se estaba gastando con aquella joven que no conocía de absolutamente nada.

Aunque se encontraban en una piscina cerrada, y claramente acondicionada para que el frío del exterior no penetrara en aquella zona del gimnasio, después de haber estado dentro del agua, aunque fueran escasos minutos, notó como el frío lo embargaba durante unos segundos en los que escalofríos lo recorrieron por completo y pasó las manos por sus piernas para generar algo de fricción que lo hiciera entrar en calor. Pensaba que después de sus palabras, en relación a que no podía practicar todo aquel tipo de actividades de momento, la joven de cabellos rubios decidiría marcharse pero no fue así, era más persistente de lo que esperaba. En cierto modo lo esperaba, no tenía pinta de ser la típica niña que se da por contenta cuando no consiguen lo que quieren, y el italiano no era del tipo de personas que concedían a los demás siempre lo que querían. Era educado y cortés, pero nada más lejos de aquello.

Y entonces fue cuando por su mente apareció la imagen de dos rubias exactamente iguales en aquella fiesta de cumpleaños. Estuvo más pendiente de su hermana que del resto de invitados, pero recordaba haberse cruzado con ambas en algún momento puntual, no lo suficientemente interesantes como para hacer que prestara mucha atención a ellas. Además de que se encontraba más pendiente de su hermana y de que la cumpleañera no acabara completamente ebria, cosa que no consiguió ni por asomo. —Creo recordaros, pero está claro que no con tanto detalle como tú me conoces a mí— puntualizó girándose un poco para ver como dos mujeres pasaban por detrás de ellos y los saludaban con un buenos días que el italiano correspondió acompañado de un movimiento de mano. Escuchó el relato sobre su experiencia en aquella disciplina mientras seguía con la mirada fija en el pasillo que llevaba hasta las taquillas. —Las pequeñas sois las peores, muy escurridizas— comentó aún sin regresar su mirada. Lo mejor sería levantarse e ir a coger, como mínimo, la toalla. Pero su último comentario llamó la atención del ojiazul que lo miró con curiosidad. —Y tú me estás dañando el orgullo, Alexandra Kozlova— contestó con una media sonrisa en sus labios a la par que meneaba la cabeza hacia ambos lados. —En otra ocasión quizás tengas el privilegio de medirte conmigo— prosiguió bromeando. El lado bromista de Domenico que contadas personas conocían. Pocas personas habían disfrutado en alguna ocasión de un comentario sarcástico con regusto bromista de boca del italiano.

No pasó de inadvertido las excesivas miradas que le estaba dirigiendo así que apoyó ambas manos a sus lados del cuerpo para levantarse e ir a por la toalla. El italiano no era del tipo de exhibicionista; su agrado por ir con poca ropa era inexistente, y aún más cuando estaba manteniendo una conversación porque, claro estaba, cuando nadaba o estaba en la costa no estaba con toda la ropa. Muchos se extrañaban y sorprendían por las cicatrices que vestían más centímetros de piel de lo que a él le hubiera gustado. En especial odiaba una de las marcas que poseía. Respiró profundamente con las manos aún en una posición concreta para alzarse. —Causo ese efecto— bromeó levantándose del suelo y estirando los brazos hacia atrás. Aún los sentía dormidos debido a que no había podido nadar absolutamente nada al llegar la joven en el momento justo que entró al agua. —Pocas personas tienen mi compañía cuando me encuentro fuera del trabajo por lo que se hacen una idea de como soy en relación a mi actitud cuando estoy dentro de éste— dió un par de pasos pero se interpuso en su camino con su insistencia aún persistiendo. —No me sentiría incómodo en absoluto, pasaría el suficiente tiempo bajo el agua como para no escuchar tu voz o notar tu mirada recorriendo cada brazada que de— se alejó hasta la taquilla donde agarró la toalla blanca que llevaba y la restregaba por su cabello aún húmedo, después la pasó por sus brazos. —Siempre puedes meterte también al agua— recomendó entonces él, aunque la joven no se veía con la intención de hacerlo ni mucho menos.
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Re: In the chill of the morning | Alexandra Kozlova

Mensaje por Alexandra Kozlova el Miér Nov 09, 2016 3:06 pm

Se sintió un poco cohibida, un sentimiento nuevo para ella. ¿Lo conocía realmente bien? No podía asegurarlo, pero al menos había leído mucho de él y recortado varias revistas en donde aparecía su figura en segundo plano. Formaba parte del álbum de hombres guapos en la estratósfera de la comunidad mágica a los que ella sin duda alguna le hincaría el diente. Ser italiano, con esos ojazos, ese cuerpo que le brindaba una más que agradable imagen matutina, esas facciones… ¡Por Morgana! ¡Que alguien le lance una cubeta de agua congelada a la niña!

-- ¿Yo? ¿Qué sería mi privilegio? –Preguntó fingiendo incredulidad, con un histrionismo propio de una adolescente. Se rió de él, porque la estaba subestimando como todos.- ¡Me insultas, Domenico! –Protestó. Claramente había entendido que era una broma y ella se la seguía. Pero eso iba a ser una promesa que no pensaba olvidar, boxear con tal bombón ¡con un auror! Era doble acierto por donde se le mirara. Ok, sabía que él ya no trabajaba como auror, sino como hechicero vigilante en la Confederación Internacional de Magos, pero de seguro su título de la academia decía “Auror”.

Pasó su mirada por la piel expuesta de él, otra vez, fijándose en las múltiples cicatrices. Sentía tanta curiosidad por preguntar o decir algo respecto de ellas, pero quizás sería incómodo. Vamos, Alexandra no le importaba decir todo lo que pensara en voz alta, pero hasta ella sabía que hay veces en la que es mejor callar. No obstante, lo siguió con la mirada cuando se puso de pie.- Me siento honrada, en ese caso. –Replicó sonriente, aunque el siguiente comentario no le causó mucha gracia.- ¡Oye! –Protestó frunciendo el ceño, porque le pareció que él quería escabullirse de la Slytherin. Pero eso a ella no le importaba. Iba a generar algún lazo de amistad con él tarde o temprano. Domenico conocía a muchas personas por su trabajo y era un excelente enganche. Todo el mundo confía en los hechiceros vigilantes-aurores o lo que fuera que consistiera su trabajo.

-- Solo entraré al agua si tú vuelves a hacerlo. –Demandó con una sonrisa. Alexandra no llevaba implementos necesarios para meterse al agua, pero siempre podía improvisar. Conocía algunos trucos con la varita. Se cruzó de brazos y se quedó mirándolo, observando de reojo cómo las gotas de agua todavía le recorrían el torso descubierto.- Aunque… –Hizo una mueca con los labios. En realidad, no quería romper sus pantalones solo por el capricho de meterse al agua. Pensó en otra alternativa mientras miraba los casilleros a los lados de Domenico. Comenzó a abrirlos de uno por uno, revisando las cosas en su interior. De pronto, encontró un short de baño* que, casualmente, era de su talla, el cual venía amarrado con la parte superior de un bikini.- Esto servirá. –Se dijo a sí misma tomando las cosas como si fueran propias, luego observó al rubio.- No sé cómo se dice esto en italiano, pero volveré pronto. –Asintió y salió de allí en dirección a los vestidores.

No tardó mucho en volver. El short le quedaba bien, aunque el sujetador del bikini era un poco grande. De todas maneras, no se acomplejó por ello. Alexandra tenía demasiada seguridad con su cuerpo y se sentía demasiado cómoda con él, como para sentir vergüenza.- ¡Listo! –Dejó sus demás cosas dentro de otro casillero, uno vacío, y se llevó las manos a su cinturita mirándolo.- ¿Podemos? ¿O te crees muy rudo como para nadar conmigo, Domenico? –Bromeó con él antes de dejarlo atrás y meterse a la piscina sin tapujos, con un traje de baño que no era de ella y saltándose la clase de boxeo a la que había ido.
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