Volver arriba

He'll never be satisfied [Míra] #FB

Página 2 de 2. Precedente  1, 2

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

He'll never be satisfied [Míra] #FB

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Sáb Oct 08, 2016 5:21 am

Recuerdo del primer mensaje :

Finales de agosto de 1979

En casa del matrimonio Komorowski se apagó la última luz. La modesta vivienda era la única en todo el barrio que apagaba las luces tan pronto, destacaba pues en su misma calle ninguna otra casa fallecía tan pronto. Sus vecinas seguían con vida, se distinguían luces desde varias de sus ventanas y pasar junto a ellas desvelaba el movimiento que tenía lugar en su interior: ruidos amortiguados, voces, sonidos procedentes del televisor, música y conversaciones familiares. El matrimonio Komorowski dio su día por terminado. Ambos integrantes yacían en su habitación de matrimonio, en camas separadas por un pasillo impenetrable de rencor. Dobromierz no tenía sueño, habría que ser un niño para sucumbir al llamado de morfeo a una hora tan temprana. Tenía sus ojos híbridos clavados en el techo, iluminado por la claridad que venía de las casas colindantes. Seis años atrás, su esposa insistió en pintar de color caqui el techo, el polaco por su parte prefirió un tono beige más sencillo. No era necesario apuntar que la contemplación actual de Dobromierz era un cielo color caqui, cuyo tono ocre parecía un constante recordatorio de todas sus batallas perdidas en el infierno que debía llamar matrimonio. Cuando no era tormentosa, su vida se describía fácilmente con dos palabras: monótona y aburrida. Tanto que el matrimonio cenaba lo más temprano posible y se acostaban cuando el cielo aún no oscurecía del todo. No podían ser más de las nueve. Una pequeña esperanza residía en el polaco desde unos meses atrás, la esperanza de que una vida menos latosa esperase por él en Hogwarts. Medio equipaje estaba preparado, los baúles con documentos y utensilios frágiles se cerraron mágicamente, debían sobrevivir de una pieza al ajetreado viaje que tenían por delante. Por fortuna, en Hogwarts pasaría más tiempo cerca de la mujer que más quería, y más tiempo lejos de la mujer que aborrecía con mayor intensidad. Considerando ese hecho, el nuevo trabajo se transformaba de manera instantánea en el perfecto plan.

Ya dormida, Miranda se revolvió bajo las sábanas, el sonido originado por la fricción entre cuerpo y seda molestó a Dobromierz. Minutos después la bella durmiente seguía moviéndose en sueños, cada vez que las mantas rozaban su piel, el sonido reincidía. Lo que en principio se antojó molesto para el polaco, se tornó pesado. Se volvía constante el ruido, aumentaba la frustración del marido. Una vez más, lo consideró odioso. Otra repetición, insoportable. Para la vigésima ocasión, Dobromierz aspiró una bocanada de aire e intentó relajar su respiración para evitar cometer un homicidio. En su interior sabía que Miranda no era culpable, sí de muchos otros sucesos, pero no de éste en concreto. Con los años todo lo que provenía de su esposa le irritaba, inclusive los actos involuntarios, por injusto que pareciera. Respiraba fuerte, le irritaba. Pestañeaba demasiado, le irritaba. Se descuidaba, le irritaba. Intentaba arreglarse, le irritaba más. Cada gesto y acción, por la infeliz convivencia, por el error que resultó su enlace y lo poco que ella puso de su parte durante los primeros años matrimoniales, razón que empujó a Dobromierz a desistir y a sumarse a la espiral de odio y rencor. El recíproco aborrecimiento se debía a la certeza de haberse arruinado la vida mutuamente. No obstante, diversos factores le obligaban a seguir durmiendo bajo el mismo techo caqui, y entre ellos estaba la costumbre, lástima, el aprecio por el desprecio y el miedo a lo desconocido, a salir de su monotonía para afrontar un futuro incierto. Era complicado, difícil de entender para una parte no implicada, un matrimonio tóxico y ellos, dos toxicómanos.

Su corazón dio un vuelco cuando llegó a sus oídos el agudo zumbido del timbre. Inesperado, el matrimonio no era propenso a recibir visitas nocturnas, temió que se tratase de una mala noticia, quizás referente al bienestar de su pequeña. Se levantó de la cama de un brinco, pasó de largo junto al lecho donde su mujer aún dormía plácidamente y bajó las escaleras hasta la puerta. Se asomó antes por la mirilla, manipulada con magia para aumentar el campo de visión, otorgaba generosas vistas de todo el rellano. Reconoció a Míra al otro lado de la puerta, su cuerpo se tensó, adoptó una rigidez desmedida. No hacía tanto tiempo desde su último encuentro con la pocionera, cuando recibió su visita inesperada para una consulta express basada en el requerimiento de su conocimiento sobre la herbología. Míra buscaba información sobre la Bursera graveolens, una planta mágica cuya imitación circulaba por el mundo, fácil de adquirir, por gracia y obra de los muggles. Sin embargo, su versión original era escasa, difícil de encontrar y muy preciada para hacer pociones por sus muchas propiedades mágicas. Se encontraba sólo en zonas concretas y recónditas del mundo, en Brasil por ejemplo, donde Dobromierz recomendó buscar. Los antiguos magos de la zona, llamados chamanes, fueron los primeros en descubrir las propiedades mágicas de la planta. Su aceite diluido poseía gran variedad de propiedades curativas, también era un preciado repelente y un aclamado perfume. Comprendía pues, el motivo de su última visita, mas no la razón de su temprano regreso.

Antes de abrir se giró para mirar la escalera en penumbra. Temía el despertar de su esposa como si se tratase de un dragón dormido, una bestia cuyo despertar accidental supondría una catástrofe. Un tsunami de recriminaciones seguiría al despertar, enojo respecto a la visita de otra mujer, antigua compañera que ya suscitaba sus celos en el pasado. Abrió la puerta y salió enseguida, tan pronto sus pies descalzos besaron el rellano se arrepintió de haberlo hecho. En el exterior, el frío nocturno azotó su torso desnudo y erizó el oscuro vello de sus brazos.—¿Qué estás haciendo aquí otra vez?— Preguntó en voz baja, mirando en derredor, temiendo que algún vecino indiscreto contemplase la escena desde su vivienda.—¿Acaso quieres que la maravillosa mujer con la que me casé me mate?

avatar
Mensajes : 223
Instructores

Conservadores


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo


Re: He'll never be satisfied [Míra] #FB

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Sáb Oct 22, 2016 8:36 am

Dobromierz afirmó reiteradamente ante la disculpa, sin atreverse a reprochar o añadir nada respecto al tema. El polaco prefería no seguir hablando sobre su matrimonio, conocía bien los peligros de tratar un tema delicado, los dos tenían distintas opiniones que chocarían constantemente de no desviar la conversación hacia un rumbo menos tormentoso. Después de todo, ambos debían evitar cuestionar la vida del otro. En su existencia, Dobromierz cometió muchos errores, Míra le prestó ayuda y también algún consejo, pero no solía cuestionar la raíz de los problemas ajenos, ni le culpaba abiertamente de sus errores. El polaco conocía la historia de Míra, sabía bien que aunque fueran distintos, la pocionera también cargaba a sus espaldas con un pasado repleto de errores, pero Dobromierz no se consideraba digno de opinar o cuestionar ninguna de las decisiones ajenas, buenas o malas, pues se sabía el menos indicado para juzgar.

En su interior agradeció que guardar silencio diera sus frutos, que volviera a hablarse sobre reproches triviales, sobre la jungla y sobre plantas. Notó que sus pies volvían a pisar un terreno firme y seguro tras haber estado suspendidos en el aire. Otra vez se fijó en el muslo, en el amago de cicatriz, con la piel circundante tintada de un tono rosáceo. Como herborista sabía que las propiedades de la planta brasileña mejorarían significativamente el aspecto de la herida, pero obviamente Míra era demasiado impulsiva como para tomar una muestra antes de dirigirse hecha una furia a casa de los Komorowski con el fin de reprochar al desdichado padre de familia.—La próxima vez..—Comenzó, mas dejó la frase en el aire, sin atreverse a proponer o concretar un futuro encuentro. La amistad entre Míra Creagh y Dobromierz Komorowski era extraña. Los amigos se veían cada mucho tiempo, entonces se ponían al día y ofrecían ayuda al otro, pero no eran los típicos amigos que se veían diariamente, ni semanalmente, ni anualmente. El polaco no disimuló su sorpresa cuando, tras soltarla, Míra le cogió las manos y las manipuló entre las suyas, pequeñas y suaves en comparación.—No suelo usar guantes para tratar con las plantas—Se defendió. Era descuidado respecto a sí mismo, en contraste con lo sobreprotector que se comportaba con su hija.—¿Me traerás crema de manos?—Preguntó irónico, arqueando la ceja izquierda, la única que sabía mover adrede.

Una extraña sensación de vacío le invadió cuando Míra retomó su postura inicial e impuso cierta distancia entre ambos, una distancia común y prudencial que a ojos de Dobromierz fueron kilómetros. Se fundaría el sentimiento del polaco en el hecho de que, como bien se dijo antes, su amistad no era convencional. La cercanía previa al embarazo de Miranda desapareció años atrás, y aunque en más de una ocasión recurrieron al otro en busca de consejo o información, las muestras de afecto físico y el contacto entre ellos era muy limitado, seguramente producto secundario de haber sufrido ambos los celos enfermizos de su esposa.

Siempre le gustó que Míra le hablara sobre su hija, probablemente porque Dobromierz sabía que podían diferir en infinidad de temas, pero existía uno en concreto en el que siempre estarían de acuerdo. Sus hijas. Ambos comprendían bien el tipo de amor que sólo provoca una hija, lo que significaba cambiar y adaptar toda su vida en pro de una persona. Sabrían que no importaba el sufrimiento o el camino, no existía hueco para el arrepentimiento porque todo valdría la pena siempre y cuando fuera por la felicidad de las niñas. O eso creía Dobromierz, y era un pensamiento que ni su mujer compartía, pues no trataba con afecto ni a su propia hija, más bien la consideraba -junto con Dobro- la principal culpable de haber arruinado su vida, y también -junto con Míra- la principal culpable de monopolizar el cariño y atención de su marido. Así pues, disfrutó las nuevas sobre la pequeña Lisa, notando que el carácter de su madre se suavizaba casi imperceptiblemente cuando hablaba sobre ella.—Debe ser muy difícil separarte de ella, pero de vez en cuando tiene que hacerse— Afirmó, contagiándose de la sonrisa triste de su huésped. No supo añadir más, estaba informado sobre el problema de Lisa pero no conocía el caso a fondo, temía hacer un comentario desafortunado por falta de información o por no conocer hasta dónde llegaban sus limitaciones sociales.

Su mirada dispar se encendió al oír el nombre de su hija. El orgullo de su vida, el único tema de conversación sobre el que podría hablar con Míra sin avergonzarse, sin necesidad de agachar la mirada como tendría que hacer cuando se le preguntaba sobre cualquier otro factor de su vida.—Deberías verla ahora, ha crecido muchísimo. Se parece a Miranda cuando tenía su edad— Explicó, pensando en su hija. No era la viva imagen de su madre, tenía muchas similitudes, aunque su carácter era más amable, y sus rasgos más dulces. Alzó el mentón, henchido de orgullo, cuando escuchó la pregunta.—Está en Slytherin, como su padre—Contestó.—Y eso no es todo, también está en el equipo de Quidditch.—Agregó el orgulloso ex-guardián de la época del 65. Como forofo del deporte, uno de sus mayores anhelos como padre fue siempre que Caroline formara parte del equipo de su casa.
avatar
Mensajes : 223
Instructores

Conservadores


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: He'll never be satisfied [Míra] #FB

Mensaje por Míra Z. Creagh el Mar Oct 25, 2016 5:52 pm

Las amistades eran algo realmente frágil, algo que se debía de cuidar con mucho esmero y cariño; y la checa eran pocas las que había cuidado en los últimos años. Alejándose de todo. Huyendo de su vida para labrarse una nueva donde no cometiera los mismos errores y con la que le pudiera dar un futuro más feliz a Lisa. Se arrepintió de mil maneras diferentes el haberse ido sin decirle nada a nadie, exclusivamente a sus padres se lo comunicó, de haber actuado de forma tan impulsiva e inconsciente. Su vida había sido bombardeaba por demasiados flancos y no supo hacer otra cosa que salir corriendo lo más lejos posibles, tenía miedo. ¿Miedo? Era irónico que tuviera miedo y lo arriesgara todo marchándose, caminando hacia un futuro completamente incierto en el que no tendría a nadie a su lado para ayudarla, en el que se sentiría completamente sola más veces de las que podría imaginar. Pero, irónicamente, no temió ese inicio de una nueva vida. Temía más al pasado que al futuro.

Acarició con los pulgares las manos ajenas. Mientras que sus manos eran pequeñas, blancas y suaves las de Dobromierz eran todo lo contrario. Sus ojos vagaron apenas unos segundos, que fueron los que las mantuvo cogidas, por sus manos; inspeccionando cada milímetro con suma lentitud hasta que se percató de lo que estaba haciendo y las soltó resoplando ante su comentario impertinente. Reprimió el impulso de pasar la mano por su rostro para que dejara de arquear la ceja. Incluso le recordó a cuando antes lo hacía, siempre que no estuviera Miranda delante, porque él se reía de alguna idea que aportaba o le hacía un comentario sobre el momento hormonal que estaba pasando su amiga con el embarazo. Siempre se reía o tenía un comentario sarcástico para todo. Y ella también. ¿Dónde habían quedado esas personas? ¿Tanto las había maltratado la vida para que se escondieran con tanto ímpetu dentro de los cuerpos de ambos? —¿Crema de manos? No te mereces eso— masculló rodando los ojos —te traeré caracoles, dicen que su baba es milagrosa— entonces fue ella la que arqueó ambas cejas a la par que cruzaba los brazos bajo su pecho.

En el mismo momento en el que puso distancia entre ellos, la checa esbozó una sonrisa triste en sus labios. Puede que hacía diez años le hubiera molestado tener que hacer aquello pero ya se había vuelto casi un ritual para ella. En sí no le gustaba el contacto físico que no fuera el estrictamente necesario, pero estaba claro que hacía excepciones. Lisa cuando quería abrazarla o los arrebatos de amor que sufría Evelyne y que no podía evitar contagiarse por la felicidad y las sonrisas de la joven. La confianza que hacía que la checa se abriera mucho más en aquel aspecto de su personalidad. Confianza que, aunque tenía en Dobro, no podía dotarle del resto de aspectos que venían fielmente unidos a ese sentimiento. Primero por timidez. Después por imposición. Le siguió la lejanía. Y acabó cerrando el círculo la costumbre. Acostumbrarse a algo que no quieres lleva mucho tiempo, y ellos habían dejado pasar todo ese tiempo transcurrir sin intentar lo contrario.

—Odio tener que separarme de ella— le reconoció con un hilo de voz, tomando una bocanada de aire. Después de todas las cosas que estaban pasando, la inseguridad que reinaba a su alrededor... tenía verdadero miedo a que un día volviera a casa y sus padres le dijeran que algo le había pasado a Lisa. Que algo le había pasado a su hija. Una presión en el pecho la embargó y sintió que todo el aire la abandonaba de súbito, estaba segura de que la expresión en su rostro había cambiado y de que el escaso color de sus rosadas mejillas había desaparecido por completo. —Hay días en los que aparece en mi cabeza el pensamiento de que ahora que he vuelto me la puedan… quitar— susurró con voz tenue. La fuerte Míra. La Míra que había aprendido a no rendirse, a afrontar todos los problemas que se le pusieran delante. Lo único que la podría destrozar tenía un rostro y un nombre.

Su verde mirar se alejó de las fotografías de la pequeña Caroline, carraspeó para recuperar la compostura y escuchar con una pequeña sonrisa la alegría que se dejaba entrever en su hablar, la felicidad tan real reflejada en los ojos azules de Dobromierz. —Entonces seguro que es guapísima, ha sacado los genes buenos— dijo con tono divertido. Lo cierto es que los genes de cualquiera de los dos progenitores le habrían tratado bien a la pequeña Caroline. Lo siguiente la hizo reír y giró el rostro, de forma bastante involuntaria, hacia la escalera. —Esperemos que sea mejor que tú, hasta yo podía colarte algunas quaffles— mintió regresando su atención hasta él. La checa se rompió el tobillo la primera vez que montó en escoba y desde ese mismo momento supo que no participaría en ningún deporte, como así fue.

De súbito apoyó las manos sobre las rodillas de él y le dio un par de golpecitos con las palmas. —Voy a aprovechar mi visita para pedirte algo,— se quedó con las manos quietas y con gesto pensativo —como he vuelto podríamos vernos más seguido— continuó. Arrugó los labios alejando las manos de él y metiéndolas dentro de sendos bolsillos de su sudadera. —Ya sabes, no vernos una vez cada muchos meses o cada… varios años, quiero intentar formalizar mi vida, de nuevo, aquí y, más cercano o menos, eres parte de ella. Lo siento. — se encogió de hombros tras lo dicho. Con su regreso quería volver a contactar con las personas que dejó atrás y él era una de ellas. Luego estaba su hermana. Retomar las relaciones con su familia. Y… bueno, una decisión que aún no había terminado de tomar forma en su cabeza pero que sabía que acabaría llevando a cabo antes de que sus remordimientos la mataran.
avatar
Mensajes : 298
Instructores

Neutrales


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: He'll never be satisfied [Míra] #FB

Mensaje por Dobromierz Komorowski el Miér Oct 26, 2016 1:20 pm

El salón del matrimonio Komorowski quedó en silencio, la quietud únicamente interrumpida por su respiración y el posterior débil hilo de voz que salió de Míra. Su expresión mudó tras la confesión, palideció, el miedo que sentía oscureció sus ojos de jade. Dobromierz compartía el mismo miedo, temía que a Caroline le ocurriera algo, que se la arrebatasen y no poder hacer nada para evitarlo. Cuando su hija era pequeña, durante algunas de sus más intensas discusiones matrimoniales, Miranda le amenazó con llevársela lejos de él. Durante mucho tiempo ver cumplidas sus amenazas fue uno de sus mayores temores, pero con el tiempo admitió que eso no pasaría y escogió considerarlo producto de la cólera irracional de Miranda.—Eso no pasará—En esta ocasión, fue Dobromierz quien cogió su mano, estrechándola en señal de apoyo. Contempló a su amiga con fascinación, veía en ella una madre afectuosa y fuerte, se sorprendió pensando en Míra como la perfecta madre para su hija a diferencia de la inestable arpía del piso superior.—No lo permitiríamos ¿verdad?—Su comisura se movió en el amago de una sonrisa y le soltó la mano.

El polaco notó que su invitada observaba las fotografías que con tanto orgullo exhibía en el salón, las de su hija. Se preguntó por el aspecto actual de Lisa, si habría heredado la belleza de su madre o  por el contrario se parecería a su padre. A Dobromierz no le importaba que Caroline fuera parecida a su madre, no la veía reflejada en ella cuando la miraba, y eso era lo importante.—Eres una mentirosa, tenías suerte de que el mejor guardián de todos los tiempos te dirigiera la palabra—Se burló, fingiendo que el comentario le indignaba más que divertirle. Uno de los mejores días para el joven Dobromierz fue cuando le nombraron capitán de su equipo, al graduarse el anterior, desde entonces se planteó seriamente dedicarse al deporte profesionalmente, se orientó sobre el tema hasta que Miranda quedó embarazada y su vida cambió para siempre. Llevaba mucho tiempo sin jugar a quidditch, pero veía los partidos siempre que podía hacerlo.

El acercamiento le pilló desprevenido, pero más las palabras que siguieron al gesto. Una petición. Por una milésima de segundo, Dobromierz se imaginó cualquier cosa, posibles peticiones que le pondrían en una encrucijada entre deber y placer. No obstante, Míra aclaró antes de que oscureciera, y el polaco se obligó a desviar de su mente todo pensamiento indebido para centrarse en las explicaciones de su amiga.—Sí, claro, podemos vernos más seguido—Respondió al instante. Dobromierz ya tenía asumido que Míra se iría, y con ella se irían sus ganas de volver a sentirse joven, volvería a una monotonía en la que no existían las bromas, los recuerdos del pasado ni los buenos momentos, con una mujer cuyos ojos no irradiaban sabiduría sino odio. Olvidar lo asumido y acostumbrarse a verse con Míra frecuentemente sería sencillo, un auténtico placer. Pronto trabajaría como profesor y viviría en el castillo, por lo que el yugo opresor de su mujer se aflojaría y le permitiría moverse con mayor libertad—No tienes que disculparte—Agregó, aunque creía conocer el motivo de sus disculpas, verse con ella regularmente multiplicaría la cifra de discusiones con su mujer, tarde o temprano descubriría que la relación con su vieja amiga estaba retomándose.

Como si sus sentidos fueran capaces de adivinar cuando una mujer proponía encontrarse con su marido, Miranda despertó. El polaco brincó en su asiento al escuchar los ruidos en el piso superior, el sonido del interruptor y la luz del corredor reflejada en la escalera. Se levantó con una taquicardia que le impidió reaccionar tan rápido como querría, dirigió una mirada rápida a la escalera para comprobar que nadie bajaba todavía.—Míra, lo siento muchísimo pero será mejor que te marches—Declaró apesadumbrado, sabiendo que arriesgaba la recién retomada amistad de la pocionera, que seguramente le considerara un cobarde por eso. No le quedaba más remedio, Miranda sería poco amable con Míra, mas bien agresiva, y Dobromierz no quería tener que presenciar un espectáculo tan lamentable, en el que los tres perderían de cualquier forma. Acompañó a Míra hasta la entrada, la brisa del exterior se coló en la cálida vivienda cuando abrió la puerta procurando hacer el mínimo ruido.—No te enfades, te escribiré pronto—Puede que la próxima vez que la viera, Míra estuviera enfadada por la abrupta despedida, pero valdría la pena reencontrarse con ella aunque estuviera de morros. Siempre valía la pena reencontrarse con Míra, como una corta visita al cielo dentro de una vida condenada al infierno.
avatar
Mensajes : 223
Instructores

Conservadores


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: He'll never be satisfied [Míra] #FB

Mensaje por Míra Z. Creagh el Vie Oct 28, 2016 4:33 pm

Solo pensar en que la pudieran alejar de su lado hacía que el corazón de la checa se estremeciera, que el color la abandonara, que dejara de tener las suficientes fuerzas para seguir respirando. Tenía una completa dependencia a las sonrisas de Lisa, a sus abrazos, a acariciar su cabello ocre y perderse en sus azules ojos. Intentó esbozar una pequeña sonrisa cuando tomó sus manos, seguidamente negó con la cabeza. Cuando hablaba de su hija seguía sintiéndose como una joven de veinte años que no sabía qué hacer con su vida, que sentía que todo se había ido al caño por ser una inconsciente. Tuvo mil discusiones, en su momento, con Miranda sobre lo que había pasado, no fue capaz de decirle que había destrozado su vida, por mucho que en aquel momento fuera lo único en lo que pensara, e intentó apoyarla… per seguía pensando que era una locura lo que estaba a punto de hacer. Ahora se sentía tan estúpida por haber tenido esos pensamientos en aquel momento; daban igual las miradas, daban igual los comentarios. Su hija sería lo más especial que podría tener en la vida.

Arqueó ambas cejas y entonces rio colocando una mano frente a su boca. No debía de olvidar que la que fue su amiga dormía en el piso de arriba y se podría despertar en cualquier momento al notar la falta de su marido a su lado en la cama. Apretó los labios meneando la cabeza hacia ambos lados, con gesto divertido. En los últimos años la checa había tenido pocas situaciones, que no envolvieran a Lisa, en las que realmente se riera por un comentario. —Definitivamente era muy odiaba por que el guapo capitán del equipo de quidditch de Slytherin había decidido que merecía que me prestara atención— fingió un mohín bastante exagerado. —Igualmente te codeabas con la mejor alumna de pociones de todo Hogwarts, el jefe de vuestra casa me adulaba más a mí que a todos vosotros juntos— presumió entonces ella aún con la sonrisa divertida dibujada en sus labios. Quizás por aquella razón sus mejores amigos habían acabado siendo de Slytherin.

Era irónico. Ahora que había vuelto a Escocia quería formalizar su vida; solucionar problemas que había preferido no tocar cuando estaba a miles de kilómetros de ellos. No era lo mismo no tener a su hermana presente cada día que ver las fotografías colgadas en casa de sus padres, no era lo mismo volver a su ciudad natal donde todos sabían de la existencia de Lisa y habían ‘vivido’ su embarazo, no era lo mismo ver su vieja túnica en el armario y recordar a las personas que conoció en Hogwarts. Pero ahora había decidido cambiar todo eso de una vez por todas porque no pensaba volver a irse; lo mejor para Lisa era tener una estabilidad, aquella que le intentó dar durante sus primeros diez años de vida, pero que sabía que le faltaba algo por mucho que la pequeña no mediara para alguna sobre el tema. Tenía tantas cosas que arreglar… y la mitad de ellas la aterraban por completo.

Entrecerró los ojos mientras lo observaba. Su reacción acelerada a sus palabras hizo que sonriera medianamente. —Así podrías ver a Lisa, y yo podría ver algún día a Caroline— agregó pellizcando suavemente su labio inferior con los dientes. —Además de que nuestra relación no se quede en ‘Míra, he encontrado algo que podría interesarte’ o ‘Dobro, ¿crees que me podrías ayudar con esta planta?’— imitó su voz pero de forma bastante patética por lo que hizo un gesto con la mano para que no hiciera comentario alguno sobre lo que acababa de hacer hacía tan solo unos instantes. Algunas cosas no cambiaban, quizás no se conseguía relacionar con mucha gente y ahora era desconfiada como la que más pero seguía recordándose  a la joven que intentaba animar a los demás o cometía una ingente cantidad de imprudencias por no pararse a pensar antes de actuar. Quizás aquel aspecto había sido más restringido por la propia checa, pero seguían pudiendo vislumbrarse vestigios de lo que una vez fue si se paraba a observar un solo segundo. —Seguro que eres un padre maravilloso, Dobro— dijo casi con un hilo de voz ante su tono comprensivo, por no haberla rechazado tras marcharse precipitadamente. Estaba segura de que lo era. En cierto modo sentía envidia de Miranda, de que ella tuviera a alguien como Dobromierz a su lado. Se recordaba teniendo celos de su amiga por estar con él desde que tenía uso de razón. Bajó la mirada sintiéndose una completa idiota.

Entrelazó las manos dentro del bolsillo frontal de su sudadera deportiva, inclinando la cabeza hacia un lado y luego volviéndose hacia sus espaldas con cierto temor. No del tipo de temor de enfrentarse a Miranda sino temor a que todo fuera malinterpretado de un millón de formas posibles que no eran correctas. La luz le dio a entender que alguien en el piso superior había despertado. ¿Quizás Caroline? ¿Quizás Miranda? No tendría tiempo de averiguarlo puesto que un Dobromierz completamente nervioso le dijo que se tenía que ir. Intentó balbucear algo pero nada coherente emergió de sus labios por lo que rodó los ojos mientras se levantaba de la silla y avanzaba hacia la puerta con su amigo instándole por detrás de que caminara. —Deja de… agh— masculló en un susurro casi silencioso mientras se hacía a un lado y observaba como abría la puerta con el mismo cuidado y esmero que el que limpia figuras de porcelana fina. —No me enfado, solo me siento como la amante a la que sacas a la calle cuando se despierta tu mujer… ¿acaso no tienes un armario donde esconderme?— bromeó para intentar relajar un poco el ambiente a la par que daba un paso para salir al exterior de la vivienda. El frío la golpeó con rudeza y le recorrió un escalofrío que hizo que se abrazara un poco a sí misma. —Esperaré esa carta— dije guiñándole un ojo y percatándose de la luz que se proyectaba en la calle desde la ventana. Cerró los ojos y visualizó su casa para desaparecer de la puerta de su amigo.

En el mismo momento en el que el calor de su vivienda la arropó se acercó hasta su habitación donde Lisa abrazaba la almohada con fuerza; una sonrisa se dejó ver en los labios de la checa mientras se tumbaba a su lado y la atraía hacia ella.
avatar
Mensajes : 298
Instructores

Neutrales


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: He'll never be satisfied [Míra] #FB

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Página 2 de 2. Precedente  1, 2

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


Permisos de este foro:

No puedes responder a temas en este foro.